Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 1075
Autor principal (primer firmante): Pilar Gómez Barreiro
Fecha recepción: 29/07/2026
Fecha aceptación: 25/08/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 1075
SHIFT WORK, SLEEP DISTURBANCES AND FATIGUE AMONG NURSING PROFESSIONALS: IMPLICATIONS FOR SAFETY AND OCCUPATIONAL HEALTH
Autores:
Pilar Gómez Barreiro, Ana Collado Ordovás, Ana Cabello Jabal, Teresa Burillo Serrano, Alba Rubio Marin
Categoría profesional:
Graduado en Enfermería
Resumen
El trabajo a turnos constituye una característica habitual de la organización de los servicios sanitarios y permite garantizar la continuidad de los cuidados durante las 24 horas del día. Sin embargo, la alternancia de turnos, especialmente la realización de turnos nocturnos, puede interferir con el ritmo circadiano y dificultar la obtención de un sueño suficiente y reparador. El objetivo de esta revisión fue analizar la relación entre el trabajo a turnos, las alteraciones del sueño y la fatiga en los profesionales de Enfermería, así como sus posibles implicaciones para la seguridad del paciente y la salud laboral. Se realizó una revisión bibliográfica de la evidencia científica disponible sobre trabajadores sanitarios y profesionales de Enfermería sometidos a turnos rotatorios o nocturnos.
Los estudios revisados muestran una elevada frecuencia de dificultades para conciliar o mantener el sueño, somnolencia, fatiga y alteraciones del ritmo circadiano entre los trabajadores a turnos. La privación de sueño y la fatiga pueden afectar negativamente a la atención, la memoria de trabajo, la capacidad de toma de decisiones y el rendimiento psicomotor. Además, la fatiga puede aumentar el riesgo de errores y eventos adversos, especialmente cuando se combina con jornadas prolongadas, descansos insuficientes y elevada carga asistencial. La prevención requiere un abordaje organizativo e individual que incluya una planificación adecuada de los turnos, periodos suficientes de descanso, educación sobre higiene del sueño y estrategias de gestión de la fatiga. La identificación de profesionales con riesgo de fatiga y la creación de una cultura de seguridad que permita comunicar el cansancio sin estigmatización son elementos esenciales para proteger tanto a los profesionales como a los pacientes.
Palabras clave:
Trabajo por turnos; Sueño; Fatiga; Enfermería; Seguridad del paciente; Ritmo circadiano.
Abstract
Shift work is a common feature of healthcare organization and allows continuity of care throughout the 24-hour day. However, rotating schedules, particularly night shifts, may interfere with circadian rhythms and make it difficult to obtain sufficient and restorative sleep. The aim of this review was to analyze the relationship between shift work, sleep disturbances and fatigue among nursing professionals, as well as their potential implications for patient safety and occupational health. A literature review was conducted on the available scientific evidence concerning healthcare workers and nurses exposed to rotating or night shifts. The reviewed studies show a high frequency of difficulties initiating or maintaining sleep, excessive sleepiness, fatigue and circadian rhythm disturbances among shift workers. Sleep deprivation and fatigue may negatively affect attention, working memory, decision-making capacity and psychomotor performance. Furthermore, fatigue may increase the risk of errors and adverse events, particularly when combined with extended working hours, insufficient rest periods and high workloads. Prevention requires both organizational and individual approaches, including appropriate shift scheduling, adequate rest periods, sleep hygiene education and fatigue management strategies. Identifying professionals at risk of fatigue and developing a safety culture that allows tiredness to be reported without stigmatization are essential to protect both healthcare professionals and patients.
Keywords: Shift Work Schedule; Sleep; Fatigue; Nursing; Patient Safety; Circadian Rhythm.
Introducción
La prestación de cuidados sanitarios durante las 24 horas del día requiere una organización del trabajo basada en diferentes turnos. Los profesionales de Enfermería pueden desarrollar su actividad en turnos de mañana, tarde, noche o mediante sistemas rotatorios.
Esta organización permite garantizar la continuidad asistencial, pero puede alterar los ritmos biológicos y sociales de los trabajadores.
El organismo humano presenta un sistema circadiano que regula diferentes funciones fisiológicas, entre ellas el ciclo sueño-vigilia. La exposición a la luz y la actividad durante el día favorecen la vigilia, mientras que durante la noche se producen cambios fisiológicos que facilitan el descanso.
El trabajo nocturno obliga al organismo a permanecer despierto durante el periodo en el que fisiológicamente se encuentra predispuesto al sueño y a intentar dormir durante el día, cuando las condiciones ambientales y biológicas pueden dificultar el descanso.
Los trabajadores a turnos presentan con frecuencia problemas relacionados con la duración y la calidad del sueño. La literatura científica ha descrito una mayor prevalencia de alteraciones del sueño y somnolencia entre las personas que trabajan en horarios nocturnos o rotatorios. ¹
En el caso de los profesionales de Enfermería, esta situación adquiere especial relevancia debido a las características de su actividad.
La Enfermería requiere mantener una atención constante, interpretar información clínica, administrar tratamientos, realizar procedimientos y tomar decisiones relacionadas con la atención al paciente.
La fatiga puede afectar a diferentes capacidades necesarias para desarrollar estas tareas de forma segura.
La evidencia experimental ha demostrado que la privación de sueño puede alterar la atención, el rendimiento psicomotor y la capacidad cognitiva. ²
Además, el trabajo a turnos puede combinarse con otros factores que favorecen la fatiga, como las jornadas prolongadas, el elevado volumen de trabajo, la carga emocional y la dificultad para mantener un descanso adecuado entre turnos.
La fatiga relacionada con el trabajo sanitario constituye, por tanto, un problema que no debería considerarse únicamente una responsabilidad individual del profesional.
La organización de los horarios y la planificación de los turnos desempeñan un papel fundamental en la prevención.
La fatiga puede afectar a la seguridad del paciente. Los errores relacionados con la atención sanitaria pueden producirse por múltiples factores, y la disminución de la atención y el deterioro del rendimiento asociados a la falta de sueño pueden contribuir a aumentar el riesgo en determinadas circunstancias.
Por este motivo, la gestión de la fatiga debe integrarse dentro de las estrategias de seguridad del paciente y salud laboral.
La prevención requiere combinar medidas organizativas, educativas y personales.
La identificación de los riesgos asociados a la fatiga permite desarrollar estrategias orientadas a reducir sus consecuencias.
Objetivos
Objetivo general
Analizar la relación entre el trabajo a turnos, las alteraciones del sueño y la fatiga en profesionales de Enfermería, así como sus implicaciones para la seguridad del paciente y la salud laboral.
Objetivos específicos
- Identificar las principales alteraciones del sueño asociadas al trabajo nocturno y rotatorio.
- Analizar los efectos de la privación de sueño y la fatiga sobre el rendimiento profesional.
- Describir la posible relación entre fatiga y riesgo de errores en el entorno sanitario.
- Identificar medidas organizativas para prevenir la fatiga relacionada con el trabajo a turnos.
- Describir estrategias individuales de promoción del sueño y recuperación entre turnos.
Métodos
Se realizó una revisión bibliográfica narrativa de la literatura científica relacionada con el trabajo a turnos, el sueño y la fatiga en profesionales de Enfermería y otros trabajadores sanitarios.
La búsqueda se orientó hacia revisiones sistemáticas, estudios observacionales, estudios experimentales y documentos de organismos especializados en seguridad y salud laboral.
Se emplearon términos relacionados con shift work, night shift, nurses, sleep, sleep deprivation, fatigue, circadian rhythm, patient safety y medical errors.
Se incluyeron publicaciones centradas en trabajadores sanitarios, especialmente profesionales de Enfermería, expuestos a turnos nocturnos, rotatorios o jornadas prolongadas.
Se consideraron especialmente los trabajos que analizaban:
- Calidad y duración del sueño.
- Somnolencia y fatiga.
- Alteraciones circadianas.
- Rendimiento cognitivo y psicomotor.
- Errores y seguridad del paciente.
- Organización y gestión de los turnos.
Se excluyeron los estudios centrados exclusivamente en población no laboral o en trastornos del sueño sin relación con la organización del trabajo.
La información se organizó en cuatro áreas:
- Alteraciones del sueño asociadas al trabajo a turnos.
- Fatiga y repercusiones sobre el rendimiento.
- Relación entre fatiga y seguridad del paciente.
- Estrategias de prevención y gestión de la fatiga.
Resultados
Alteraciones del sueño en profesionales que trabajan a turnos
El trabajo nocturno y los horarios rotatorios pueden alterar el ciclo sueño-vigilia.
Los profesionales que trabajan durante la noche deben mantener la vigilia en un periodo en el que el organismo presenta una mayor tendencia fisiológica al sueño.
Posteriormente, deben intentar dormir durante el día, cuando existe mayor exposición a la luz, ruido ambiental y actividad social.
Estas circunstancias pueden reducir la duración y la calidad del descanso.
La alteración puede ser especialmente relevante cuando se acumulan varios turnos nocturnos o cuando el intervalo entre jornadas es insuficiente.
Los trabajadores pueden experimentar dificultades para conciliar el sueño, despertares frecuentes o una sensación de descanso insuficiente.
Una revisión sistemática sobre trabajadores a turnos identificó una elevada frecuencia de alteraciones del sueño y síntomas compatibles con trastornos relacionados con el trabajo por turnos. ¹
En los profesionales de Enfermería, las dificultades para mantener un descanso adecuado pueden verse agravadas por la irregularidad de los horarios.
La alternancia entre turnos de mañana, tarde y noche puede dificultar el mantenimiento de unos horarios regulares de sueño.
El organismo debe adaptarse repetidamente a cambios en el momento de dormir y despertar.
El grado de afectación puede variar entre individuos.
Algunos profesionales presentan una mayor tolerancia al trabajo nocturno, mientras que otros experimentan una mayor somnolencia y dificultad para dormir durante el día.
Esta variabilidad hace necesario evitar una visión uniforme de los trabajadores a turnos.
Fatiga y somnolencia
La fatiga puede definirse como un estado de disminución de la capacidad física o mental para mantener un rendimiento adecuado.
En el entorno sanitario, puede manifestarse mediante:
- Somnolencia.
- Dificultad para mantener la atención.
- Disminución de la concentración.
- Lentitud en el procesamiento de información.
- Irritabilidad.
- Disminución de la capacidad de respuesta.
La fatiga puede ser consecuencia de la falta de sueño, pero también puede relacionarse con jornadas prolongadas, elevada carga de trabajo y recuperación insuficiente.
La privación de sueño puede alterar funciones cognitivas importantes para el trabajo sanitario.
Entre ellas se encuentran la atención sostenida, la memoria de trabajo, la velocidad de respuesta y la capacidad de toma de decisiones.
Un estudio experimental clásico mostró que la privación prolongada de sueño puede producir un deterioro significativo del rendimiento psicomotor, con efectos comparables a los observados en situaciones de intoxicación alcohólica. ²
Aunque las condiciones experimentales no son idénticas a la práctica clínica, estos resultados muestran la importancia de considerar la falta de sueño como un factor capaz de modificar el rendimiento.
La somnolencia puede ser especialmente peligrosa durante periodos de baja estimulación, pero también puede afectar a tareas complejas que requieren vigilancia continua.
La percepción subjetiva de la fatiga tampoco siempre coincide con el deterioro real del rendimiento.
Algunas personas pueden acostumbrarse a trabajar cansadas y percibir el cansancio como algo habitual.
Por este motivo, la prevención no debería basarse exclusivamente en la percepción subjetiva del profesional.
Consecuencias cognitivas y psicomotoras
La atención es una capacidad esencial para el desarrollo de la actividad enfermera.
Los profesionales deben identificar cambios en el estado del paciente, interpretar información, reconocer signos de deterioro y realizar múltiples tareas simultáneamente.
La falta de sueño puede afectar a la capacidad de mantener la atención durante periodos prolongados.
También puede aumentar la probabilidad de lapsos de atención.
En el ámbito de la medicación, por ejemplo, una disminución de la atención puede favorecer errores relacionados con la identificación del paciente, la interpretación de una orden o la comprobación de determinados elementos del proceso.
Esto no significa que la fatiga sea la causa única de los errores.
Los errores sanitarios suelen tener un origen multifactorial.
Sin embargo, la fatiga puede constituir un factor que reduzca la capacidad de respuesta ante otras condiciones de riesgo.
La privación de sueño también puede afectar a la memoria de trabajo.
La memoria de trabajo permite mantener temporalmente información necesaria para realizar una tarea.
En un entorno sanitario, los profesionales pueden necesitar retener información mientras realizan procedimientos o reciben nuevas indicaciones.
Una menor capacidad para mantener y procesar información puede aumentar la vulnerabilidad ante situaciones complejas.
Además, la fatiga puede afectar al tiempo de reacción y a la coordinación psicomotora.
Estas alteraciones pueden ser especialmente relevantes durante procedimientos que requieren precisión.
Fatiga y seguridad del paciente
La seguridad del paciente depende de múltiples factores relacionados con la organización, los profesionales, los sistemas de trabajo y las características de la atención.
La fatiga es uno de los factores que pueden influir en el rendimiento de los profesionales.
Una revisión sobre la relación entre la fatiga y la seguridad en profesionales sanitarios señaló que el cansancio y la privación de sueño pueden asociarse con deterioro del rendimiento y mayor riesgo de errores. ³
Los errores pueden producirse en diferentes fases de la atención.
En Enfermería, pueden incluir errores de identificación, administración de medicación, comunicación, registro o realización de procedimientos.
La relación entre fatiga y errores no debe interpretarse de forma simplista.
Un profesional fatigado puede trabajar en un sistema con múltiples barreras de seguridad que eviten que un error alcance al paciente.
Por el contrario, un sistema con una organización deficiente puede aumentar el riesgo incluso cuando el profesional no presenta una fatiga significativa.
Por ello, la prevención debe centrarse en el sistema y no en culpabilizar individualmente al trabajador.
Una cultura de seguridad debe permitir analizar los factores que contribuyen a los errores.
La fatiga debe considerarse un riesgo potencialmente prevenible mediante medidas organizativas.
Organización de los turnos
La planificación de los horarios puede influir en la fatiga y la recuperación.
La organización de los turnos debe considerar:
- Duración de las jornadas.
- Número de noches consecutivas.
- Tiempo entre turnos.
- Rotación de horarios.
- Posibilidad de descanso.
- Carga de trabajo.
- Necesidad de desplazamiento.
Los turnos prolongados pueden aumentar la exposición a la fatiga.
Una revisión de la literatura sobre jornadas prolongadas en profesionales sanitarios señaló que las jornadas extensas pueden asociarse con un mayor riesgo de errores, accidentes y problemas relacionados con la seguridad. ⁴
Las jornadas de 12 horas son frecuentes en numerosos sistemas sanitarios.
Su impacto puede variar dependiendo de la carga de trabajo, el número de turnos consecutivos y el tiempo de recuperación.
La duración del turno no debería analizarse de forma aislada.
Dos jornadas de igual duración pueden producir una fatiga diferente dependiendo de la intensidad de la actividad.
También resulta importante el tiempo entre turnos.
Un periodo insuficiente entre jornadas puede limitar las horas disponibles para desplazamiento, alimentación, descanso y sueño.
Cuando los profesionales encadenan turnos con poco tiempo de recuperación, puede producirse una acumulación progresiva de fatiga.
Estrategias individuales para favorecer el descanso
Aunque la organización constituye un elemento fundamental, los profesionales también pueden aplicar estrategias para favorecer la recuperación.
Entre ellas se encuentran:
- Mantener un entorno de sueño oscuro y silencioso.
- Utilizar medidas para reducir el ruido durante el descanso diurno.
- Mantener horarios de sueño lo más regulares posible cuando el sistema de turnos lo permita.
- Evitar el consumo excesivo de estimulantes antes del periodo previsto de sueño.
- Realizar una transición progresiva hacia el descanso después del turno nocturno.
- Priorizar el tiempo de sueño frente a actividades no esenciales.
La educación sobre higiene del sueño puede ayudar a los profesionales a identificar factores que dificultan su descanso.
Sin embargo, estas medidas no deben utilizarse para trasladar toda la responsabilidad al trabajador.
Un profesional no puede compensar mediante hábitos individuales una organización de turnos que impida sistemáticamente una recuperación suficiente.
La prevención requiere combinar estrategias individuales y organizativas.
Gestión de la fatiga durante el turno
La identificación temprana de la fatiga puede permitir aplicar medidas preventivas.
Los profesionales pueden experimentar signos como:
- Bostezos frecuentes.
- Dificultad para mantener la concentración.
- Irritabilidad.
- Errores inusuales.
- Lentitud en la respuesta.
- Sensación de agotamiento.
La comunicación de estos síntomas debería considerarse una medida de seguridad.
En lugar de interpretar el cansancio como una falta de compromiso, las organizaciones deberían promover una cultura en la que comunicar la fatiga permita adoptar medidas preventivas.
En determinados contextos, las pausas adecuadas pueden contribuir a reducir la somnolencia.
La planificación de pausas debe adaptarse a las necesidades del servicio y garantizar siempre la continuidad de los cuidados.
La evidencia sobre estrategias de gestión de la fatiga en trabajadores sanitarios destaca la importancia de combinar medidas relacionadas con la organización del trabajo, la educación y la identificación del riesgo. ⁵
Discusión
La evidencia disponible muestra una relación consistente entre el trabajo a turnos y la alteración del sueño.
Los profesionales que trabajan durante la noche se enfrentan a una situación en la que las exigencias laborales entran en conflicto con el ritmo circadiano.
Esta situación puede favorecer la reducción del tiempo total de sueño y la aparición de somnolencia.
El problema adquiere especial relevancia en Enfermería debido a la continuidad de la atención y a la necesidad de mantener una vigilancia constante.
Los profesionales deben realizar tareas que requieren atención y precisión en momentos en los que la tendencia fisiológica al sueño es mayor.
La privación de sueño puede afectar a diferentes funciones cognitivas.
La evidencia experimental demuestra que la falta de sueño puede producir alteraciones significativas del rendimiento psicomotor. ²
Estos efectos pueden tener implicaciones para la práctica clínica.
Sin embargo, es importante evitar una interpretación que responsabilice exclusivamente al profesional.
La fatiga no constituye únicamente un problema individual.
La organización de los turnos, la duración de las jornadas, la carga de trabajo y la disponibilidad de periodos de descanso influyen directamente en el riesgo de fatiga.
La revisión de Dall’Ora et al. puso de manifiesto la relación entre diferentes características del trabajo enfermero y resultados relacionados con los profesionales y los pacientes. ⁶
La sobrecarga de trabajo y las condiciones laborales pueden contribuir al agotamiento y dificultar la recuperación.
La duración de los turnos también ha sido objeto de debate.
Las jornadas prolongadas pueden ofrecer determinadas ventajas organizativas, pero pueden aumentar el riesgo de fatiga cuando se combinan con una elevada carga asistencial.
La evidencia disponible sugiere que el riesgo no depende únicamente del número de horas, sino también de la combinación de duración, intensidad y recuperación.
La planificación de los turnos debería tener en cuenta estos factores.
La prevención de la fatiga requiere establecer estrategias de gestión que permitan identificar los momentos de mayor riesgo.
La comunicación de la fatiga debería formar parte de una cultura de seguridad.
Si los profesionales sienten que reconocer el cansancio puede ser interpretado como una debilidad o una falta de profesionalidad, es menos probable que comuniquen el problema.
Por el contrario, una organización que considera la fatiga un riesgo laboral puede desarrollar estrategias más eficaces.
Estas estrategias pueden incluir la revisión de los turnos, la garantía de descansos suficientes y la formación de los profesionales.
La educación sobre higiene del sueño es importante, pero no suficiente.
Un profesional puede conocer perfectamente las recomendaciones de higiene del sueño y, aun así, no conseguir descansar adecuadamente si trabaja durante la noche y debe dormir durante el día en un entorno con ruido o responsabilidades familiares.
Por este motivo, las medidas individuales deben complementar, y no sustituir, las medidas organizativas.
También resulta importante reconocer que no todos los trabajadores responden igual al trabajo nocturno.
La edad, las características individuales, la experiencia, la cronobiología y las condiciones personales pueden influir en la tolerancia a los turnos.
La organización debería evitar asumir que todos los profesionales tienen la misma capacidad para adaptarse a los horarios nocturnos.
La gestión de la fatiga debe integrarse dentro de los programas de seguridad del paciente.
La prevención de errores no puede limitarse a formar a los profesionales sobre procedimientos.
También debe analizar si las condiciones en las que se desarrolla la actividad favorecen o dificultan un rendimiento seguro.
La fatiga puede actuar como un factor que reduce la capacidad de compensar otros riesgos.
En un entorno complejo, la disminución de la atención puede dificultar la identificación de un problema antes de que alcance al paciente.
Por ello, reducir la fatiga constituye una estrategia complementaria de seguridad.
La prevención requiere un enfoque sistémico.
No se trata de evitar todos los turnos nocturnos, algo que no resulta posible en la atención sanitaria, sino de diseñarlos y gestionarlos de forma que se reduzcan los riesgos asociados.
La planificación adecuada, los periodos de descanso suficientes, la reducción de jornadas excesivamente prolongadas y la educación sobre sueño pueden contribuir a mejorar la seguridad y el bienestar profesional.
Conclusiones
El trabajo nocturno y rotatorio puede alterar el ritmo circadiano y dificultar la obtención de un sueño suficiente y reparador.
Los profesionales de Enfermería que trabajan a turnos pueden presentar con mayor frecuencia alteraciones del sueño, somnolencia y fatiga.
La privación de sueño puede afectar a la atención, la memoria de trabajo, el tiempo de reacción y la capacidad de toma de decisiones.
Estas alteraciones pueden tener implicaciones para la seguridad del paciente, especialmente cuando se combinan con jornadas prolongadas, elevada carga de trabajo y periodos insuficientes de recuperación.
La prevención de la fatiga debe abordarse desde una perspectiva organizativa e individual.
La planificación adecuada de los turnos, la garantía de periodos suficientes de descanso, la reducción de jornadas excesivamente prolongadas y la educación sobre higiene del sueño son medidas relevantes.
La comunicación de la fatiga debe considerarse una medida de seguridad y no una muestra de falta de profesionalidad.
La creación de una cultura organizativa que permita identificar y gestionar la fatiga puede contribuir a proteger la salud de los profesionales y mejorar la seguridad de los pacientes.
La prevención de los errores relacionados con la fatiga requiere actuar sobre las condiciones del sistema y no únicamente sobre la responsabilidad individual del profesional.
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