Intervenciones enfermeras no farmacológicas para mejorar el sueño del paciente hospitalizado: revisión bibliográfica

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 1076

Autor principal (primer firmante): Pilar Gómez Barreiro

Fecha recepción: 29/07/2026

Fecha aceptación: 25/08/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 1076

NON-PHARMACOLOGICAL NURSING INTERVENTIONS TO IMPROVE SLEEP IN HOSPITALIZED PATIENTS: A LITERATURE REVIEW

Autores:

Pilar Gómez Barreiro, Alba Rubio Marin, Ana Collado Ordovás, Ana Cabello Jabal, Teresa Burillo Serrano

Categoría profesional:

Graduado en Enfermería

Resumen

El sueño constituye un proceso fisiológico esencial para la recuperación física y psicológica. Sin embargo, la hospitalización puede alterar significativamente el descanso nocturno debido a factores ambientales, asistenciales y relacionados con el propio estado de salud. El objetivo de esta revisión fue analizar las principales intervenciones enfermeras no farmacológicas destinadas a mejorar la calidad del sueño de los pacientes hospitalizados. Se realizó una revisión bibliográfica de la evidencia científica disponible sobre intervenciones aplicables por profesionales de Enfermería en pacientes adultos hospitalizados. Las estrategias identificadas incluyeron la reducción del ruido y la iluminación nocturna, la disminución de interrupciones evitables, la agrupación de cuidados, el control del dolor y otros síntomas, la educación sobre higiene del sueño, la relajación, la musicoterapia, el uso de tapones auditivos y antifaces y la planificación individualizada de los cuidados.

La evidencia disponible indica que el sueño hospitalario se ve afectado por múltiples factores, siendo frecuentes el ruido, la luz, las interrupciones asistenciales, el dolor y la ansiedad. Las revisiones sistemáticas muestran resultados favorables para diferentes intervenciones no farmacológicas, aunque la heterogeneidad de los estudios y la variabilidad en la calidad metodológica dificultan establecer una única estrategia como superior. Las intervenciones enfermeras dirigidas a mejorar el sueño deben integrarse en un plan individualizado que tenga en cuenta las preferencias del paciente, sus necesidades clínicas y los factores ambientales de la unidad. La valoración sistemática del descanso nocturno y la incorporación del sueño como objetivo de los cuidados pueden contribuir a mejorar la experiencia hospitalaria y favorecer la recuperación del paciente.

Palabras clave: Sueño; Hospitalización; Cuidados de Enfermería; Trastornos del sueño-vigilia; Calidad del sueño; Promoción de la salud.

Abstract

Sleep is an essential physiological process for physical and psychological recovery. However, hospitalization can significantly disrupt nighttime rest due to environmental, care-related, and health-related factors. The aim of this review was to analyze the main non-pharmacological nursing interventions aimed at improving sleep quality in hospitalized patients. A literature review was conducted on the available scientific evidence regarding interventions that can be implemented by nurses in hospitalized adults. The identified strategies included reducing nighttime noise and light, minimizing avoidable interruptions, clustering nursing care, controlling pain and other symptoms, providing sleep hygiene education, relaxation techniques, music therapy, the use of earplugs and eye masks, and individualized care planning. Available evidence indicates that hospital sleep is affected by multiple factors, with noise, light, care-related interruptions, pain, and anxiety being frequently reported. Systematic reviews show favorable results for different non-pharmacological interventions, although heterogeneity between studies and variability in methodological quality make it difficult to establish a single superior strategy. Nursing interventions aimed at improving sleep should be integrated into an individualized care plan that considers patient preferences, clinical needs, and environmental factors within the hospital unit. Systematic assessment of nighttime rest and the incorporation of sleep as a nursing care objective may improve the hospitalization experience and support patient recovery.

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Keywords: Sleep; Hospitalization; Nursing Care; Sleep-Wake Disorders; Sleep Quality; Health Promotion.

Introducción

El sueño es un proceso fisiológico fundamental para el mantenimiento de la salud y para la recuperación del organismo. Durante el sueño se producen procesos relacionados con la recuperación física, la regulación emocional, la consolidación de la memoria y el mantenimiento de diferentes funciones fisiológicas. La alteración mantenida del sueño puede repercutir negativamente sobre el bienestar y la recuperación de las personas.

La hospitalización constituye una situación potencialmente disruptiva para el descanso. Los pacientes ingresados pueden experimentar cambios en sus horarios habituales, interrupciones nocturnas, exposición a ruidos, iluminación artificial, dolor, ansiedad y preocupación por su estado de salud. Además, los procedimientos diagnósticos y terapéuticos pueden requerir intervenciones durante el periodo nocturno.

El entorno hospitalario puede alterar tanto la duración como la calidad del sueño. En los pacientes ingresados en unidades convencionales se han descrito como factores perturbadores frecuentes el ruido, la iluminación, las interrupciones relacionadas con los cuidados, el dolor y la ansiedad. ¹

La alteración del descanso puede influir en la experiencia subjetiva de la hospitalización y dificultar la recuperación. Por este motivo, el sueño debería considerarse un aspecto relevante dentro de la valoración integral del paciente y no únicamente una necesidad secundaria frente a otros problemas clínicos.

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Los profesionales de Enfermería mantienen un contacto continuo con los pacientes hospitalizados y participan directamente en la organización de numerosos cuidados. Esta posición permite identificar factores que interfieren con el descanso y aplicar intervenciones dirigidas a favorecer el sueño.

La promoción del descanso puede incluir intervenciones ambientales, conductuales, físicas y organizativas. Entre ellas se encuentran la reducción del ruido, el control de la iluminación, la disminución de interrupciones evitables, la agrupación de cuidados, el tratamiento adecuado de síntomas, la relajación y la educación sanitaria.

Una revisión sistemática centrada específicamente en intervenciones que pueden ser realizadas por profesionales de Enfermería identificó intervenciones ambientales, físicas, conductuales y combinadas. La mayoría de los estudios incluidos describieron mejoras estadísticamente significativas en diferentes parámetros relacionados con el sueño, aunque los autores señalaron la necesidad de estudios de mayor calidad metodológica. ²

Asimismo, una revisión sistemática publicada en 2025 identificó diferentes categorías de intervenciones enfermeras para promover el sueño en adultos y personas mayores hospitalizadas, incluyendo intervenciones educativas y comunicativas, control ambiental y sintomático, planificación de la actividad diaria, evaluación del sueño y cuidados individualizados. ³

Sin embargo, la evidencia no permite afirmar que una única intervención sea universalmente eficaz. Las características del paciente, la unidad de hospitalización y la causa de la alteración del sueño pueden determinar la respuesta a cada intervención.

Por tanto, la promoción del sueño debe formar parte de un enfoque individualizado, en el que la Enfermería valore los factores modificables y diseñe intervenciones adaptadas a las necesidades de cada paciente.

Objetivos

Objetivo general

Analizar la evidencia científica disponible sobre las intervenciones enfermeras no farmacológicas destinadas a mejorar la calidad del sueño de los pacientes adultos hospitalizados.

Objetivos específicos

  • Identificar los principales factores relacionados con la alteración del sueño durante la hospitalización.
  • Describir las intervenciones ambientales que pueden favorecer el descanso nocturno.
  • Analizar la utilidad de la reducción de interrupciones y la agrupación de cuidados.
  • Describir las intervenciones conductuales y de relajación aplicables por Enfermería.
  • Analizar la importancia de la valoración individualizada del sueño dentro del plan de cuidados.

Métodos

Se realizó una revisión bibliográfica narrativa de la literatura científica relacionada con las intervenciones enfermeras no farmacológicas destinadas a mejorar el sueño de pacientes adultos hospitalizados.

La búsqueda bibliográfica se orientó hacia revisiones sistemáticas, metaanálisis y estudios de intervención relacionados con la promoción del sueño en pacientes hospitalizados.

Se utilizaron términos relacionados con sleep, sleep quality, hospitalization, hospitalized patients, nursing interventions, sleep promotion, non-pharmacological interventions, noise, light, sleep hygiene, relaxation y sleep disturbance.

Se incluyeron revisiones sistemáticas y estudios de intervención centrados en pacientes adultos hospitalizados y en estrategias aplicables dentro de la práctica clínica enfermera.

Se excluyeron estudios exclusivamente pediátricos y aquellos centrados exclusivamente en trastornos primarios del sueño sin relación con la hospitalización.

La información se organizó en las siguientes categorías:

  • Factores que alteran el sueño durante la hospitalización.
  • Intervenciones ambientales.
  • Organización de los cuidados e interrupciones nocturnas.
  • Intervenciones físicas y de relajación.
  • Educación y promoción de la higiene del sueño.

Resultados

Factores que alteran el sueño durante la hospitalización

El sueño de los pacientes hospitalizados puede verse afectado por factores relacionados con el entorno, la enfermedad, los tratamientos y la organización de los cuidados.

Entre los factores ambientales se encuentran principalmente:

  • Ruido procedente de alarmas y dispositivos.
  • Conversaciones del personal y otros pacientes.
  • Apertura y cierre de puertas.
  • Iluminación nocturna.
  • Actividad en los pasillos.
  • Temperatura ambiental inadecuada.

Los factores asistenciales incluyen las intervenciones nocturnas, la administración de medicación, la toma de constantes, la realización de procedimientos y otras actividades necesarias para el cuidado del paciente.

A estos factores se añaden el dolor, la disnea, la ansiedad, la preocupación y otros síntomas derivados de la enfermedad.

Una revisión sistemática y metaanálisis sobre el sueño en unidades de hospitalización convencionales identificó el ruido, la luz, las interrupciones relacionadas con los cuidados, el dolor y la ansiedad como factores frecuentes de alteración del descanso. ¹

Por tanto, la promoción del sueño requiere analizar de manera individualizada cuáles son los factores que están afectando a cada paciente.

No todos los pacientes necesitan la misma intervención. En algunos casos, el principal problema puede ser el ruido; en otros, el dolor o la ansiedad.

La identificación de la causa permite seleccionar medidas más específicas y evita aplicar intervenciones generales sin valorar su utilidad real.

Intervenciones ambientales

Las intervenciones ambientales tienen como objetivo reducir los estímulos que pueden dificultar el inicio o el mantenimiento del sueño.

Entre las principales medidas se encuentran:

  • Disminuir el ruido durante la noche.
  • Reducir la intensidad de la iluminación.
  • Evitar conversaciones innecesarias en las habitaciones y pasillos.
  • Regular el volumen de alarmas cuando sea clínicamente posible.
  • Facilitar un entorno confortable.
  • Ofrecer tapones auditivos o antifaces cuando sean adecuados para el paciente.

Las intervenciones destinadas a bloquear estímulos ambientales pueden resultar especialmente sencillas de implementar.

Una revisión sistemática de intervenciones no farmacológicas en pacientes hospitalizados identificó modificaciones ambientales, periodos de silencio y el uso de tapones y antifaces como medidas potencialmente útiles para favorecer el sueño, aunque la calidad de la evidencia fue variable. ⁴

En pacientes críticos, las revisiones sistemáticas también han descrito resultados favorables de diferentes estrategias ambientales, incluyendo antifaces, tapones auditivos y combinaciones de medidas destinadas a reducir estímulos nocturnos. ⁵

Sin embargo, el uso de estas medidas debe individualizarse.

Los tapones auditivos pueden no ser adecuados en pacientes con determinadas necesidades de comunicación o que requieran una vigilancia auditiva continua. De igual modo, los antifaces pueden resultar incómodos para algunas personas.

Por este motivo, la intervención debe basarse en las preferencias del paciente y en su situación clínica.

Reducción de interrupciones y agrupación de cuidados

Las interrupciones nocturnas constituyen uno de los principales factores potencialmente modificables en el entorno hospitalario.

La asistencia nocturna es necesaria en numerosas situaciones, especialmente en pacientes inestables o con necesidades de monitorización continua. Sin embargo, algunas actividades pueden planificarse de forma que se reduzca la fragmentación del sueño.

La agrupación de cuidados consiste en organizar diferentes intervenciones en un mismo periodo cuando la situación clínica del paciente lo permite.

Por ejemplo, determinadas actividades pueden coordinarse para evitar despertar repetidamente al paciente.

Esta estrategia debe realizarse siempre teniendo en cuenta la seguridad del paciente. No deben retrasarse cuidados necesarios ni modificarse los horarios de tratamientos que requieran una administración concreta.

La revisión de las necesidades reales de las intervenciones nocturnas puede contribuir a disminuir interrupciones evitables.

La evidencia disponible indica que las intervenciones dirigidas a mejorar la higiene del sueño o reducir interrupciones pueden producir beneficios sobre la cantidad de sueño, aunque los resultados varían según el tipo de intervención y el contexto. ⁶

La revisión sistemática más reciente centrada en intervenciones enfermeras señala la importancia de la planificación de la actividad diaria, la evaluación del sueño y la individualización de los cuidados como componentes de una estrategia de promoción del descanso. ³

Control del dolor y otros síntomas

El dolor constituye una causa frecuente de dificultad para conciliar o mantener el sueño.

Además del dolor, otros síntomas como la disnea, la tos, el prurito, las náuseas o la ansiedad pueden interferir con el descanso nocturno.

La valoración enfermera debe incluir la identificación de síntomas que puedan estar dificultando el sueño.

En el caso del dolor, es importante valorar:

  • Intensidad.
  • Localización.
  • Características
  • Respuesta al tratamiento.
  • Impacto sobre el descanso.

La intervención puede incluir medidas farmacológicas prescritas y estrategias no farmacológicas.

Entre las medidas no farmacológicas pueden encontrarse la adaptación de la posición, la aplicación de medidas de confort y las técnicas de relajación.

El control sintomático debe integrarse dentro del plan de cuidados y evaluarse posteriormente.

No resulta suficiente administrar una intervención sin comprobar si el paciente ha experimentado una mejoría.

La valoración posterior permite determinar si la estrategia ha sido eficaz o si es necesario modificarla.

Técnicas de relajación y estrategias conductuales

Las intervenciones conductuales pueden ayudar a reducir la activación física y psicológica que dificulta el sueño.

Entre las estrategias que pueden aplicarse se encuentran:

  • Respiración controlada.
  • Relajación muscular.
  • Técnicas de visualización.
  • Música relajante.
  • Educación sobre hábitos de sueño.
  • Reducción de estímulos antes del descanso.

Una revisión de intervenciones no farmacológicas en pacientes hospitalizados describió resultados favorables de diferentes estrategias de relajación y medidas relacionadas con la higiene del sueño, aunque señaló una importante heterogeneidad entre los estudios. ⁶

En pacientes críticos, las revisiones también han encontrado resultados positivos para algunas intervenciones como la música, la aromaterapia, el masaje y otras estrategias de relajación. ⁵

Estas intervenciones pueden resultar especialmente útiles cuando la alteración del sueño está relacionada con la ansiedad o la dificultad para relajarse.

La aplicación de estas técnicas debe adaptarse a las preferencias del paciente.

No todas las personas encuentran relajante la misma actividad. Algunas pueden preferir música, mientras que otras pueden beneficiarse más de ejercicios respiratorios o de un ambiente silencioso.

La participación activa del paciente permite aumentar la individualización de los cuidados.

Educación para la promoción del sueño

La educación sanitaria constituye otra intervención que puede realizarse desde la práctica enfermera.

La educación puede incluir recomendaciones como:

  • Mantener horarios de sueño lo más regulares posible.
  • Evitar estimulantes antes del descanso cuando sea posible.
  • Reducir el uso de dispositivos electrónicos antes de dormir.
  • Realizar actividades relajantes.
  • Evitar siestas prolongadas durante el día.
  • Comunicar la presencia de dolor u otros síntomas.

Durante la hospitalización, algunas recomendaciones pueden ser difíciles de aplicar debido a las características de la enfermedad y del entorno.

Por este motivo, la educación debe ser realista y adaptada a la situación del paciente.

No debe plantearse como una lista rígida de normas, sino como una intervención individualizada.

La revisión publicada en 2025 identificó las intervenciones educativas y comunicativas como una de las categorías de estrategias enfermeras destinadas a favorecer el sueño en adultos y personas mayores hospitalizadas. ³

La educación también permite que el paciente comprenda la importancia de comunicar aquellos factores que están interfiriendo con su descanso.

Un paciente que informa de manera clara de que el dolor, el ruido o la ansiedad le impiden dormir facilita la identificación del problema y la planificación de intervenciones.

Valoración enfermera del sueño

La valoración del sueño debería incorporarse a la evaluación integral del paciente hospitalizado.

Sin embargo, el descanso puede quedar relegado frente a otros aspectos considerados más urgentes.

La valoración puede incluir:

  • Horas aproximadas de sueño.
  • Dificultad para conciliarlo.
  • Número de despertares.
  • Sensación de descanso al despertar.
  • Factores que interfieren con el sueño.
  • Hábitos habituales del paciente.

También puede preguntarse al paciente cuál considera que es el principal problema que está dificultando su descanso.

La percepción del paciente es especialmente importante porque el sueño es una experiencia subjetiva.

Dos pacientes expuestos al mismo entorno pueden valorar de forma diferente la calidad de su descanso.

La revisión sistemática más reciente sobre intervenciones enfermeras destaca la importancia de la evaluación y documentación del sueño como parte de una estrategia sistemática de promoción del descanso. ³

La valoración debe acompañarse de una reevaluación.

Si se aplica una intervención, es necesario comprobar posteriormente si el paciente ha experimentado una mejoría.

Discusión

Los resultados de esta revisión muestran que el sueño hospitalario puede verse alterado por múltiples factores y que las intervenciones enfermeras pueden contribuir a reducir algunos de ellos.

Una de las principales conclusiones es que no existe una intervención universalmente eficaz para todos los pacientes.

La evidencia disponible muestra resultados favorables para diferentes estrategias, pero la calidad y la consistencia de los estudios son variables.

La revisión de Bellon et al. identificó resultados positivos en la mayoría de los estudios sobre intervenciones enfermeras, aunque solo una minoría de los ensayos incluidos presentaba un bajo riesgo de sesgo. ²

Estos resultados sugieren que las intervenciones pueden ser útiles, pero también ponen de manifiesto la necesidad de investigaciones con diseños metodológicos más sólidos.

La revisión publicada en 2025 aporta una perspectiva especialmente relevante para la práctica enfermera al agrupar las intervenciones en diferentes dimensiones: educación, comunicación, control ambiental y sintomático, planificación de la actividad, evaluación del sueño y cuidados individualizados. ³

Esta clasificación apoya la idea de que la promoción del sueño debe ser multidimensional.

El ambiente constituye un elemento importante, pero no es el único.

Reducir el ruido puede no mejorar el sueño de un paciente que presenta un dolor mal controlado. Del mismo modo, ofrecer un antifaz puede resultar insuficiente si el principal problema es la ansiedad.

Por ello, la valoración individualizada resulta esencial.

La evidencia sobre las intervenciones ambientales también debe interpretarse con prudencia. Las revisiones han descrito beneficios potenciales de diferentes estrategias, pero la heterogeneidad entre los estudios dificulta establecer recomendaciones universales. ⁴

En pacientes críticos, algunas intervenciones como el uso de antifaces, la música y las combinaciones de medidas ambientales han mostrado resultados favorables. ⁵ Sin embargo, las necesidades de los pacientes de cuidados intensivos pueden diferir considerablemente de las de los pacientes ingresados en unidades convencionales.

La organización de los cuidados constituye un área especialmente relevante para la Enfermería.

La reducción de interrupciones innecesarias y la agrupación de cuidados pueden favorecer periodos de descanso más prolongados.

No obstante, estas estrategias deben aplicarse sin comprometer la seguridad del paciente.

La priorización de los cuidados nocturnos debe basarse en la situación clínica de cada persona.

Un paciente inestable puede requerir monitorización frecuente, mientras que otro paciente estable puede beneficiarse de una reducción de intervenciones durante la noche.

La promoción del sueño requiere, por tanto, un equilibrio entre las necesidades de vigilancia y la necesidad de descanso.

Otro aspecto relevante es la necesidad de incorporar el sueño como un objetivo explícito de los cuidados.

Cuando el descanso no se valora ni se registra, es menos probable que se diseñen intervenciones específicas.

La evaluación sistemática permite identificar problemas y valorar la respuesta a las medidas aplicadas.

La Enfermería puede desempeñar un papel fundamental en este proceso, especialmente mediante la observación continua del paciente y la posibilidad de adaptar los cuidados.

La promoción del sueño no debería considerarse una intervención aislada que se realiza únicamente durante la noche.

La planificación de la actividad durante el día también puede influir en el descanso nocturno.

La movilización adecuada, la exposición a la luz natural cuando sea posible y la reducción de siestas excesivamente prolongadas pueden contribuir a mantener una mayor diferenciación entre el día y la noche.

Sin embargo, estas medidas deben adaptarse al estado clínico del paciente.

En definitiva, la evidencia disponible apoya un enfoque integral e individualizado de la promoción del sueño hospitalario.

Conclusiones

El sueño de los pacientes hospitalizados puede verse alterado por factores ambientales, asistenciales, físicos y psicológicos.

El ruido, la iluminación, las interrupciones nocturnas, el dolor y la ansiedad constituyen factores frecuentes que pueden dificultar el descanso.

Las intervenciones enfermeras no farmacológicas pueden contribuir a mejorar la calidad y la cantidad del sueño, aunque la evidencia disponible presenta heterogeneidad y diferencias en la calidad metodológica.

La reducción del ruido y de la iluminación, el uso individualizado de antifaces y tapones auditivos, la agrupación de cuidados, la disminución de interrupciones evitables y el control de síntomas constituyen estrategias potencialmente útiles.

Las técnicas de relajación, la educación sanitaria y la planificación individualizada también pueden contribuir a favorecer el descanso.

La valoración del sueño debe incorporarse a la evaluación integral del paciente hospitalizado.

La intervención más adecuada dependerá de los factores específicos que estén alterando el descanso en cada paciente.

La promoción del sueño debe considerarse un componente de los cuidados enfermeros y no una necesidad secundaria dentro de la atención hospitalaria.

La aplicación de estrategias combinadas, individualizadas y adaptadas al contexto clínico puede contribuir a mejorar la experiencia del paciente y favorecer su recuperación.

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