Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 11–Noviembre 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 11: 66
Autor principal (primer firmante): Tamara Calero Bajoz
Fecha recepción: 05/10/2026
Fecha aceptación: 01/11/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(11): 66
Autores:
- Tamara Calero Bajoz
- Francisco José Marín Gaspar
- Natalia Miro Ferrer
- Saudy Mauden Gómez Álvarez
Palabras clave: desgaste profesional, burnout, personal sanitario, estrés laboral, salud ocupacional, prevención de riesgos laborales, bienestar profesional.
Resumen
El síndrome de desgaste profesional, también conocido como burnout, constituye un problema relacionado con la exposición prolongada al estrés laboral que no se ha gestionado adecuadamente. En el ámbito sanitario, las elevadas exigencias asistenciales, la responsabilidad profesional, los turnos de trabajo y la exposición continuada a situaciones de sufrimiento pueden favorecer su aparición.
El objetivo de este artículo es analizar las principales características del síndrome de desgaste profesional en los trabajadores sanitarios, identificar los factores organizativos que contribuyen a su desarrollo y describir las estrategias preventivas que pueden aplicarse en los centros sanitarios.
El desgaste profesional se caracteriza por agotamiento, distanciamiento mental respecto al trabajo y disminución de la eficacia profesional percibida. Sus manifestaciones pueden afectar al bienestar de los trabajadores, las relaciones entre compañeros y el funcionamiento de los servicios asistenciales.
La prevención requiere actuar sobre las condiciones laborales, mejorar la organización de las tareas, facilitar recursos de apoyo y promover una cultura institucional que permita identificar los problemas antes de que se agraven. Las intervenciones individuales pueden resultar útiles, pero deben complementarse con medidas organizativas que aborden las causas del estrés laboral.
Abstract
Burnout is an occupational phenomenon associated with prolonged exposure to workplace stress that has not been successfully managed. In healthcare settings, high care demands, professional responsibility, shift work and continuous exposure to situations involving suffering may contribute to its development.
The aim of this article is to analyse the main characteristics of burnout among healthcare workers, identify the organisational factors associated with its development and describe preventive strategies that can be implemented in healthcare institutions.
Burnout is characterised by exhaustion, increased mental distance from work and reduced perceived professional efficacy. Its manifestations may affect workers’ well-being, relationships among colleagues and the functioning of healthcare services.
Prevention requires addressing working conditions, improving task organisation, providing support resources and promoting an institutional culture that enables early identification of occupational problems. Individual interventions may be useful, but they should be complemented by organisational measures addressing the underlying causes of workplace stress.
Introducción
El trabajo sanitario exige mantener una atención constante a las necesidades de los pacientes, responder ante situaciones imprevistas y asumir responsabilidades que pueden tener consecuencias importantes sobre la salud de otras personas. Estas características convierten a los centros sanitarios en entornos laborales especialmente exigentes.
La actividad asistencial también implica mantener relaciones continuadas con pacientes, familiares y otros profesionales. En determinadas unidades, la exposición al sufrimiento, la enfermedad grave y la muerte forma parte de la actividad cotidiana.
Cuando las exigencias del trabajo se mantienen durante periodos prolongados y los recursos disponibles resultan insuficientes, puede aparecer un estado de estrés laboral persistente que afecta al bienestar de los trabajadores.
El síndrome de desgaste profesional constituye una de las posibles consecuencias de esta situación. La Organización Mundial de la Salud lo incluye en la Clasificación Internacional de Enfermedades, CIE-11, como un fenómeno ocupacional, no como una enfermedad.
Su aparición no debe interpretarse exclusivamente como una dificultad individual para afrontar el trabajo. Las condiciones organizativas, la distribución de las tareas, el apoyo institucional y las relaciones laborales desempeñan un papel importante en su desarrollo.
La prevención requiere identificar los factores de riesgo presentes en los centros sanitarios y establecer medidas que permitan proteger la salud de los profesionales y mantener unas condiciones asistenciales adecuadas.
Desarrollo
Concepto y características del síndrome de desgaste profesional
El síndrome de desgaste profesional se relaciona con el estrés crónico en el entorno laboral que no se ha gestionado de manera satisfactoria.
Según la definición recogida en la CIE-11, se caracteriza por tres dimensiones: sensación de agotamiento o falta de energía, aumento de la distancia mental respecto al trabajo o aparición de sentimientos negativos relacionados con él y reducción de la eficacia profesional percibida.
Estas dimensiones pueden manifestarse de diferentes maneras. Algunos trabajadores experimentan cansancio persistente y dificultades para recuperarse después de la jornada laboral. Otros presentan una actitud de distanciamiento respecto a determinadas tareas o sienten que su esfuerzo no produce los resultados esperados.
El desgaste profesional se refiere específicamente al contexto laboral y no debe utilizarse como diagnóstico para explicar cualquier situación de agotamiento o malestar personal.
Asimismo, sus manifestaciones pueden coincidir parcialmente con las de otros problemas de salud, por lo que resulta importante evitar las autovaloraciones diagnósticas y facilitar una evaluación profesional cuando sea necesaria.
Factores de riesgo en el ámbito sanitario
Los factores que pueden contribuir al desgaste profesional son numerosos y varían según las características de cada puesto de trabajo.
La sobrecarga asistencial constituye uno de los elementos más relevantes. Cuando el número de pacientes o la complejidad de los cuidados supera los recursos disponibles, los trabajadores pueden experimentar dificultades para completar sus tareas en condiciones adecuadas.
La falta de autonomía, la escasa participación en las decisiones organizativas y los cambios frecuentes en los procedimientos también pueden generar estrés laboral.
Otro factor importante es la ausencia de apoyo por parte de los responsables o de los compañeros. Las relaciones laborales conflictivas, la comunicación deficiente y la falta de reconocimiento pueden incrementar la sensación de desgaste.
La exposición continuada a situaciones emocionalmente exigentes, especialmente cuando no existen espacios adecuados para compartir experiencias o recibir apoyo, puede contribuir al agotamiento.
Estos factores no actúan necesariamente de forma aislada. Su acumulación puede aumentar el riesgo de desarrollar problemas relacionados con el estrés laboral.
Sobrecarga asistencial y presión organizativa
La actividad hospitalaria puede presentar importantes variaciones en función de la demanda asistencial, la época del año y las características de los pacientes ingresados.
En situaciones de elevada ocupación, los profesionales pueden verse obligados a atender numerosas tareas simultáneamente, reorganizar continuamente sus prioridades y responder a incidencias inesperadas.
Cuando estas circunstancias se mantienen durante periodos prolongados, pueden aparecer dificultades para realizar pausas, completar los procedimientos previstos o mantener una comunicación adecuada con los pacientes.
La presión organizativa también puede manifestarse mediante objetivos poco realistas, modificaciones frecuentes de los turnos o dificultades para conciliar la vida laboral y personal.
La prevención requiere evaluar las cargas de trabajo reales y adaptar los recursos a las necesidades asistenciales, evitando que las situaciones excepcionales se conviertan en una forma habitual de organización.
Turnos de trabajo y recuperación física
Los centros sanitarios necesitan mantener su actividad durante las veinticuatro horas del día, lo que hace imprescindible la organización de turnos nocturnos, rotatorios y de fin de semana.
Estos horarios pueden dificultar el mantenimiento de rutinas estables de descanso y alterar la conciliación familiar y social.
La recuperación entre jornadas constituye un elemento fundamental para mantener el bienestar físico y psicológico. Cuando los periodos de descanso resultan insuficientes, puede acumularse fatiga y disminuir la capacidad para afrontar las exigencias laborales.
La organización de los turnos debe tener en cuenta la duración de las jornadas, los descansos establecidos y las necesidades de los diferentes servicios.
También resulta conveniente evitar modificaciones innecesarias de los horarios y facilitar que los trabajadores conozcan con suficiente antelación su planificación laboral.
Desgaste emocional y relación con los pacientes
Los profesionales sanitarios mantienen contacto directo con personas que atraviesan situaciones de enfermedad, dolor, dependencia o incertidumbre.
La atención continuada a pacientes graves, la comunicación de situaciones difíciles y el acompañamiento durante el final de la vida pueden generar una elevada carga emocional.
En ocasiones, los trabajadores deben gestionar estas experiencias mientras continúan atendiendo a otros pacientes y respondiendo a las necesidades habituales del servicio.
Cuando no existen recursos adecuados de apoyo, puede aparecer una sensación de agotamiento emocional que dificulte mantener la implicación profesional.
El acompañamiento entre compañeros, la disponibilidad de recursos especializados y una organización que reconozca las exigencias emocionales del trabajo pueden contribuir a prevenir estas situaciones.
Manifestaciones en los trabajadores sanitarios
El desgaste profesional puede manifestarse mediante agotamiento, pérdida de motivación y dificultades para mantener una relación satisfactoria con la actividad laboral.
Algunos profesionales pueden experimentar una sensación de cansancio que no desaparece completamente después de los periodos habituales de descanso.
También pueden aparecer dificultades para concentrarse, irritabilidad o sentimientos negativos relacionados con determinadas tareas profesionales.
El distanciamiento emocional puede constituir una respuesta ante la exposición prolongada a situaciones exigentes, aunque puede afectar a la satisfacción laboral y a las relaciones dentro del equipo.
Estas manifestaciones no son exclusivas del burnout. Su presencia requiere valorar las circunstancias laborales y personales, así como descartar otros problemas que puedan necesitar atención específica.
Consecuencias para la organización sanitaria
El desgaste profesional no afecta únicamente al bienestar individual. También puede tener repercusiones sobre el funcionamiento de los centros sanitarios.
Los problemas relacionados con el estrés laboral pueden contribuir al absentismo, la insatisfacción profesional y la intención de abandonar determinados puestos de trabajo.
La rotación frecuente de trabajadores puede dificultar la continuidad de los equipos y aumentar las necesidades de formación y adaptación del personal.
Asimismo, el agotamiento puede influir en la comunicación entre compañeros y en la capacidad para afrontar situaciones asistenciales complejas.
Sin embargo, no debe atribuirse automáticamente cualquier incidente o problema organizativo al desgaste de los profesionales. La seguridad del paciente depende de numerosos factores y requiere analizar de manera conjunta las condiciones del sistema asistencial.
El desgaste profesional en las diferentes categorías sanitarias
El síndrome de desgaste profesional puede afectar a trabajadores de diferentes categorías, tanto asistenciales como no asistenciales. Aunque las responsabilidades varían según el puesto, todos pueden estar expuestos a factores organizativos que generan estrés laboral.
El personal médico y de Enfermería debe afrontar decisiones clínicas, situaciones de elevada responsabilidad y una relación continuada con los pacientes y sus familiares. En determinadas unidades, estas exigencias se combinan con turnos prolongados, situaciones de urgencia y exposición frecuente al sufrimiento.
Los técnicos en cuidados auxiliares de Enfermería participan directamente en la atención de las necesidades básicas de los pacientes. La carga física, la atención a personas dependientes y el contacto cotidiano con situaciones emocionalmente difíciles pueden representar importantes exigencias laborales.
Los celadores también pueden experimentar sobrecarga relacionada con la movilización de pacientes, los traslados urgentes y la necesidad de responder a las demandas simultáneas de diferentes servicios.
Por su parte, el personal administrativo debe gestionar un volumen considerable de solicitudes y mantener una atención continuada a los usuarios, incluso en situaciones de conflicto o elevada presión asistencial.
La prevención debe contemplar las características de cada puesto, evitando aplicar medidas generales que no respondan a las necesidades reales de los trabajadores.
La importancia del apoyo entre compañeros
Las relaciones laborales constituyen un elemento importante para el bienestar de los profesionales sanitarios. La colaboración, el respeto y la comunicación facilitan el desarrollo de las tareas y pueden contribuir a reducir determinadas situaciones de estrés.
Los equipos que disponen de mecanismos adecuados para compartir información y resolver problemas organizativos pueden afrontar con mayor facilidad las dificultades cotidianas.
El apoyo entre compañeros también permite identificar situaciones en las que un trabajador presenta signos de agotamiento o necesita ayuda para desarrollar sus funciones.
Sin embargo, este apoyo no debe convertirse en una alternativa a la responsabilidad institucional. Los problemas derivados de una distribución inadecuada del trabajo o de la falta de recursos requieren respuestas organizativas.
Prevención desde la organización hospitalaria
La prevención del desgaste profesional debe comenzar con la identificación de los factores de riesgo psicosocial presentes en cada centro sanitario.
La evaluación de las condiciones laborales permite analizar aspectos como la carga de trabajo, la autonomía profesional, la organización de los turnos, las relaciones laborales y el apoyo recibido por los trabajadores.
A partir de los resultados, pueden establecerse medidas destinadas a mejorar la distribución de las tareas, facilitar los descansos y promover una comunicación adecuada entre los equipos y sus responsables.
La participación de los profesionales resulta fundamental, ya que permite conocer las dificultades que aparecen durante la actividad cotidiana y diseñar intervenciones adaptadas a las características de cada servicio.
También es importante establecer procedimientos que permitan comunicar problemas organizativos sin temor a consecuencias negativas.
Las medidas preventivas deben revisarse periódicamente para comprobar su eficacia y detectar nuevas necesidades.
Estrategias individuales y recursos de apoyo
Las intervenciones individuales pueden complementar las medidas organizativas mediante el desarrollo de habilidades para afrontar situaciones de estrés y mejorar la recuperación después de la jornada laboral.
Los programas de apoyo psicológico, las actividades de formación y las intervenciones orientadas a mejorar el bienestar pueden resultar útiles para determinados trabajadores.
También es importante facilitar información sobre los recursos de salud laboral disponibles y los procedimientos para solicitar ayuda.
No obstante, estas estrategias no deben utilizarse para trasladar al trabajador toda la responsabilidad sobre su bienestar. Las técnicas individuales difícilmente pueden compensar de manera sostenida unas condiciones laborales inadecuadas.
Cuando aparecen síntomas persistentes que afectan al descanso, al estado de ánimo o al funcionamiento cotidiano, resulta conveniente solicitar una valoración sanitaria individualizada.
El papel de los servicios de prevención de riesgos laborales
Los servicios de prevención desempeñan una función importante en la identificación y evaluación de los riesgos psicosociales.
Su intervención permite estudiar las condiciones de trabajo y proponer medidas destinadas a reducir la exposición a factores que pueden perjudicar la salud de los profesionales.
La evaluación debe realizarse mediante procedimientos adecuados y contemplar las características de los diferentes puestos y unidades.
También es necesario garantizar la confidencialidad de la información sanitaria de los trabajadores y establecer mecanismos de coordinación con los responsables de los centros.
La prevención del desgaste profesional requiere una actuación continuada que combine la evaluación de riesgos, la planificación de medidas y el seguimiento de los resultados obtenidos.
Evaluación de las intervenciones preventivas
La implantación de medidas preventivas debe acompañarse de procedimientos que permitan conocer su efectividad.
Los centros sanitarios pueden estudiar indicadores relacionados con la satisfacción laboral, las condiciones organizativas, la percepción de apoyo y los resultados de las evaluaciones de riesgos psicosociales.
También pueden analizar las dificultades comunicadas por los trabajadores y las propuestas de mejora planteadas por los equipos.
La interpretación de estos indicadores debe realizarse con precaución, ya que el absentismo, la rotación de personal y otros resultados organizativos pueden estar relacionados con múltiples factores.
El objetivo de la evaluación no debe limitarse a identificar trabajadores afectados, sino a detectar condiciones laborales que puedan modificarse para prevenir nuevos problemas.
Conclusión
El síndrome de desgaste profesional constituye un fenómeno relacionado con la exposición prolongada al estrés laboral y puede afectar a trabajadores de diferentes categorías dentro del ámbito sanitario.
La sobrecarga asistencial, la organización de los turnos, las exigencias emocionales, la falta de autonomía y las dificultades en las relaciones laborales son algunos de los factores que pueden contribuir a su desarrollo.
Sus manifestaciones pueden afectar al bienestar de los profesionales y al funcionamiento de los equipos, por lo que resulta necesario abordar su prevención desde una perspectiva organizativa.
La evaluación de los riesgos psicosociales, la planificación adecuada de los recursos, la mejora de la comunicación y la participación de los trabajadores constituyen elementos fundamentales para desarrollar entornos laborales saludables.
Los recursos individuales de apoyo pueden complementar estas medidas, pero no deben sustituir las actuaciones destinadas a mejorar las condiciones de trabajo.
La prevención del desgaste profesional requiere el compromiso continuado de las instituciones sanitarias, los responsables de los servicios y los propios equipos, con el objetivo de proteger la salud de los trabajadores y favorecer una atención asistencial de calidad.
Bibliografía
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