El sacro

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 495

Autor principal (primer firmante): Ester García Pérez

Fecha recepción: 02/10/2026

Fecha aceptación: 29/10/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 495

Autores:

  • Ester García Pérez
  • Mirian Maria Herrera Agape
  • Ana Isabel, Cuesta Navarro
  • Paula Ramirez Casas
  • Gloria Pradas Villuendas
  • Gloria Gascón López

Categoría: Enfermería, TCAE, Celador, Administrativo, Técnico superior en Higiene bucodental, Técnico superior en salud ambiental, Servicios generales.

Palabras clave: huesos, cuerpo humano, esqueleto, movimiento, estructura.

Introducción

El sacro es un hueso impar, central y de forma aproximadamente triangular que se encuentra en la parte posterior de la pelvis y constituye una parte fundamental de la columna vertebral y del anillo pélvico. Está situado entre la quinta vértebra lumbar y el cóccix, y se encuentra entre los dos huesos coxales. Su función principal es transmitir el peso del tronco desde la columna vertebral hacia la pelvis y las extremidades inferiores. Además, contribuye a formar la pared posterior de la pelvis, protege estructuras nerviosas y proporciona zonas de inserción para numerosos músculos y ligamentos.

El sacro se origina a partir de la fusión de cinco vértebras sacras, denominadas S1, S2, S3, S4 y S5. Durante la infancia y la adolescencia estas vértebras todavía pueden presentar características individuales, pero progresivamente se fusionan hasta formar un único hueso. El proceso de fusión no ocurre de manera completamente simultánea y puede continuar durante los primeros años de la edad adulta. Como consecuencia de esta unión, el sacro presenta una estructura sólida capaz de soportar y transmitir grandes fuerzas mecánicas.

Desarrollo

Su forma triangular se debe principalmente a que las vértebras sacras superiores son más grandes y las inferiores progresivamente más pequeñas. La primera vértebra sacra es considerablemente más ancha y robusta que la quinta. Esta configuración permite que el sacro soporte las cargas procedentes de la columna vertebral y las distribuya hacia las articulaciones sacroilíacas. El vértice del sacro se encuentra orientado inferiormente y se articula con el cóccix.

El sacro presenta una base, un vértice, una superficie anterior o pélvica, una superficie posterior y dos superficies laterales. La base constituye la parte superior del hueso y se articula con la quinta vértebra lumbar. El vértice corresponde a la región inferior y se relaciona con el cóccix. Las superficies laterales se articulan con los huesos coxales mediante las articulaciones sacroilíacas.

La base del sacro está formada principalmente por la primera vértebra sacra. En su parte superior se encuentra una superficie articular denominada promontorio sacro, que se proyecta hacia delante y constituye una referencia anatómica importante. El promontorio sacro forma parte del límite posterior del estrecho superior de la pelvis. Su posición es especialmente importante en anatomía de la pelvis y en obstetricia.

A ambos lados de la base del sacro se encuentran las alas sacras. Estas estructuras se extienden lateralmente desde la primera vértebra sacra y contribuyen a formar la parte posterior de la pelvis. Las alas están relacionadas con músculos, ligamentos y estructuras vasculares de la región pélvica. Su configuración permite que el sacro se adapte al espacio situado entre los dos huesos coxales.

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La superficie anterior del sacro recibe el nombre de superficie pélvica. Es relativamente lisa y cóncava hacia delante. Presenta cuatro líneas transversales que representan los lugares donde se fusionaron los cuerpos de las cinco vértebras sacras. Estas líneas permiten observar externamente el origen vertebral del sacro.

En cada lado de las líneas transversales se encuentran cuatro pares de agujeros sacros anteriores. Estos agujeros permiten el paso de las ramas anteriores de los nervios sacros y de determinados vasos sanguíneos. Los nervios sacros forman parte del sistema nervioso que proporciona sensibilidad y movimiento a diferentes regiones de la pelvis y las extremidades inferiores. La presencia de estos agujeros demuestra la estrecha relación existente entre el sacro y las estructuras nerviosas.

La superficie posterior del sacro es más irregular y presenta diferentes crestas óseas. Estas crestas se originan por la fusión de las apófisis vertebrales de las vértebras sacras. En la línea media se encuentra la cresta sacra media, que corresponde a la fusión de las apófisis espinosas. A ambos lados se encuentran las crestas sacras intermedias y laterales, relacionadas con otras estructuras vertebrales fusionadas.

En la superficie posterior también existen cuatro pares de agujeros sacros posteriores. Estos agujeros permiten el paso de las ramas posteriores de los nervios sacros. Los agujeros anteriores y posteriores proporcionan vías de salida para los nervios que se originan en la médula espinal y atraviesan la región sacra.

En la parte inferior de la superficie posterior se encuentra una estructura denominada hiato sacro. El hiato aparece debido a la ausencia o falta de fusión completa de determinadas estructuras vertebrales inferiores. Su forma y tamaño pueden variar entre las personas. El hiato sacro tiene importancia clínica porque puede utilizarse como referencia para determinadas técnicas de anestesia regional, especialmente el bloqueo caudal.

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A ambos lados del hiato sacro se encuentran los cuernos sacros. Estos representan restos de las apófisis articulares de la quinta vértebra sacra y se relacionan con el cóccix. La región inferior del sacro se articula con el cóccix mediante una pequeña articulación que permite una movilidad limitada.

Las superficies laterales del sacro presentan las superficies auriculares. Estas superficies tienen una forma aproximadamente semejante a una oreja y se articulan con las superficies correspondientes de los huesos ilíacos. La unión entre el sacro y el ilion forma las articulaciones sacroilíacas. Estas articulaciones son fundamentales para la transmisión de las fuerzas entre la columna vertebral y los miembros inferiores.

Las articulaciones sacroilíacas tienen una movilidad limitada, pero poseen una gran estabilidad. Esta estabilidad es necesaria porque soportan importantes fuerzas de compresión y cizallamiento durante la bipedestación, la marcha y otros movimientos. Los ligamentos sacroilíacos anteriores, interóseos y posteriores contribuyen a mantener firmemente unidos el sacro y los huesos coxales.

El sacro desempeña una función esencial en la transmisión del peso corporal. Cuando una persona está de pie, el peso procedente de la columna lumbar se transmite a la primera vértebra sacra. Desde allí se distribuye hacia las superficies auriculares y las articulaciones sacroilíacas, posteriormente hacia los huesos coxales y finalmente hacia las cabezas femorales y las extremidades inferiores. Esta función convierte al sacro en una pieza fundamental de la biomecánica corporal.

Además de soportar y transmitir cargas, el sacro contribuye a formar la pared posterior de la pelvis. Junto con los huesos coxales y el cóccix, delimita la cavidad pélvica y protege diferentes órganos y estructuras. Entre estas estructuras se encuentran el recto, parte de la vejiga y diferentes elementos de los sistemas reproductor y urinario.

El sacro también proporciona inserción a numerosos músculos. Entre ellos se encuentran músculos relacionados con la columna vertebral, la pelvis y las extremidades inferiores. Los músculos glúteos, piriforme y diferentes músculos profundos de la región posterior tienen relaciones anatómicas con el sacro. Estas inserciones permiten que el sacro participe indirectamente en los movimientos de la pelvis y de la articulación de la cadera.

El músculo piriforme, por ejemplo, se origina en la superficie pélvica del sacro y atraviesa la región glútea para insertarse en el fémur. Su posición tiene importancia porque el nervio ciático y otras estructuras nerviosas mantienen relaciones anatómicas con él. Alteraciones de esta región pueden producir síntomas relacionados con la región glútea y la extremidad inferior.

Los ligamentos sacrotuberoso y sacroespinoso también presentan inserciones relacionadas con el sacro. Estos ligamentos conectan el sacro con diferentes partes del hueso coxal y contribuyen a estabilizar la pelvis. Además, transforman determinadas escotaduras óseas en agujeros por los que pasan estructuras nerviosas y vasculares.

La anatomía del sacro presenta diferencias entre individuos. Su tamaño, forma, curvatura y grado de fusión pueden variar. También existen diferencias relacionadas con el sexo. En términos generales, el sacro femenino suele ser más corto, más ancho y menos curvado que el masculino, aunque existe una considerable variabilidad individual. Estas características se relacionan con la configuración general de la pelvis y con las adaptaciones necesarias para el parto.

La posición y forma del sacro tienen importancia obstétrica. El promontorio sacro constituye uno de los límites del estrecho superior de la pelvis. Durante el parto, el feto debe atravesar la cavidad pélvica y el canal del parto, por lo que la configuración del sacro, los huesos coxales y las estructuras blandas influye en las dimensiones disponibles. Sin embargo, el resultado del parto depende de múltiples factores y no únicamente de las características óseas.

Desde el punto de vista clínico, el sacro puede verse afectado por traumatismos, fracturas, enfermedades degenerativas, alteraciones articulares y procesos que afectan a los nervios sacros. Las fracturas del sacro pueden aparecer después de traumatismos importantes, pero también pueden producirse por insuficiencia ósea en determinadas personas. Estas lesiones pueden afectar a los agujeros sacros y, por tanto, comprometer las estructuras nerviosas que pasan por ellos.

El dolor relacionado con el sacro puede proceder de diferentes estructuras. Las articulaciones sacroilíacas, los músculos, los ligamentos y las estructuras nerviosas pueden contribuir a producir dolor en la región lumbar baja o glútea. Por este motivo, la evaluación de un dolor localizado en la región sacra requiere considerar diferentes estructuras anatómicas y no únicamente el hueso.

El sacro también tiene importancia en procedimientos médicos. El hiato sacro puede utilizarse como referencia para determinadas técnicas de anestesia epidural caudal. Además, los agujeros sacros constituyen referencias anatómicas importantes durante procedimientos quirúrgicos y técnicas intervencionistas relacionadas con los nervios sacros.

Conclusión

En conjunto, el sacro es un hueso fundamental para la estructura y funcionamiento de la pelvis. Está formado por la fusión de cinco vértebras sacras y presenta una forma triangular adaptada para soportar y transmitir las fuerzas procedentes de la columna vertebral. Sus principales características incluyen la base, el promontorio, las alas, la superficie pélvica, la superficie posterior, las superficies auriculares, los agujeros sacros y el hiato sacro.

Se articula superiormente con la quinta vértebra lumbar, lateralmente con los huesos coxales e inferiormente con el cóccix. Su función principal consiste en transmitir el peso corporal hacia la pelvis y las extremidades inferiores, pero también participa en la protección de estructuras pélvicas, proporciona inserción a músculos y ligamentos y forma parte de las paredes de la pelvis. Su estrecha relación con las articulaciones sacroilíacas y con las estructuras nerviosas hace que tenga una gran importancia tanto anatómica como clínica. El conocimiento del sacro resulta esencial para comprender la columna vertebral, la pelvis, la biomecánica de la marcha, la transmisión de cargas y numerosas patologías de la región lumbopélvica.

Bibliografía

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