Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 496
Autor principal (primer firmante): Ester García Pérez
Fecha recepción: 02/10/2026
Fecha aceptación: 29/10/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 496
Autores:
- Ester García Pérez
- Mirian Maria Herrera Agape
- Ana Isabel, Cuesta Navarro
- Paula Ramirez Casas
- Gloria Pradas Villuendas
- Gloria Gascón López
Categoría: Enfermería, TCAE, Celador, Administrativo, Técnico superior en Higiene bucodental, Técnico superior en salud ambiental, Servicios generales.
Palabras clave: huesos, cuerpo humano, esqueleto, movimiento, estructura.
Introducción
La pelvis es una estructura ósea compleja situada en la parte inferior del tronco y constituye una zona fundamental de conexión entre la columna vertebral y las extremidades inferiores. Tiene una forma aproximadamente anular y semejante a una cuenca, y está formada por los dos huesos coxales, el sacro y el cóccix. Su función principal es soportar y transmitir el peso del cuerpo hacia las extremidades inferiores, además de participar en la locomoción, proporcionar puntos de inserción para numerosos músculos y ligamentos y proteger diferentes órganos situados en la cavidad pélvica.
La pelvis forma parte del esqueleto axial y apendicular al mismo tiempo, ya que establece la conexión entre ambos. Posteriormente se relaciona con el sacro, que pertenece a la columna vertebral, mientras que lateralmente se articula con los fémures mediante las articulaciones coxofemorales. Esta disposición permite transferir las cargas generadas por el peso corporal desde la columna vertebral hasta las extremidades inferiores. Durante la bipedestación, la pelvis recibe el peso procedente del tronco y lo distribuye hacia ambos miembros inferiores. Durante la marcha, además, permite transmitir las fuerzas entre las piernas y el tronco y proporciona estabilidad al cuerpo.
Desarrollo
Cada lado de la pelvis está formado por un hueso coxal. El hueso coxal es un hueso par y, en el adulto, está constituido por la unión de tres componentes que durante la infancia se desarrollan por separado: el ilion, el isquion y el pubis. Estos tres elementos terminan fusionándose, especialmente alrededor del acetábulo, formando un único hueso coxal. Los dos huesos coxales se encuentran unidos anteriormente mediante la sínfisis del pubis y posteriormente se articulan con el sacro mediante las articulaciones sacroilíacas.
El ilion es la porción superior y más grande del hueso coxal. Tiene una forma amplia y semejante a un abanico y constituye una parte importante de las paredes laterales de la pelvis. Su borde superior recibe el nombre de cresta ilíaca. Esta cresta puede palparse fácilmente en muchas personas y constituye una referencia anatómica importante. En sus extremos se encuentran las espinas ilíacas anterosuperior y posterosuperior, además de las espinas ilíacas anteroinferior y posteroinferior situadas por debajo. Estas prominencias proporcionan puntos de inserción para músculos y ligamentos.
La superficie interna del ilion presenta una depresión denominada fosa ilíaca. Esta zona proporciona una superficie amplia relacionada con el músculo ilíaco, que participa en los movimientos de flexión de la cadera. En la parte posterior e interna del ilion se encuentra la superficie auricular, que se articula con el sacro para formar la articulación sacroilíaca. Esta articulación es especialmente importante para transmitir las cargas entre la columna vertebral y la pelvis.
El isquion constituye la región posteroinferior del hueso coxal. Es una estructura robusta que soporta parte del peso corporal cuando una persona está sentada. Una de sus estructuras más importantes es la tuberosidad isquiática, una prominencia ósea situada en la parte inferior del isquion. Al sentarse, gran parte del peso corporal se transmite a través de estas tuberosidades hacia la superficie de apoyo. También sirven como zona de inserción de músculos y ligamentos relacionados con la cadera y el muslo.
Otra estructura importante del isquion es la espina isquiática. Esta prominencia se encuentra entre la escotadura ciática mayor y la escotadura ciática menor. Las escotaduras ciáticas son importantes porque, junto con determinados ligamentos, contribuyen a formar los agujeros ciáticos a través de los cuales pasan estructuras nerviosas y vasculares. El nervio ciático, por ejemplo, atraviesa la región glútea después de salir de la pelvis a través del agujero ciático mayor.
El pubis constituye la porción anterior e inferior del hueso coxal. Está formado por un cuerpo y ramas superior e inferior. La parte medial del pubis se aproxima al pubis del lado contrario y ambos se unen mediante la sínfisis púbica. Esta articulación se encuentra en la línea media anterior de la pelvis y proporciona continuidad al anillo pélvico. Aunque permite un movimiento muy limitado, posee cierta elasticidad gracias al fibrocartílago situado entre las superficies articulares.
Los tres componentes del hueso coxal convergen en una región lateral denominada acetábulo. El acetábulo es una cavidad profunda con forma aproximadamente hemisférica que recibe la cabeza del fémur. Juntos, el acetábulo y la cabeza femoral forman la articulación coxofemoral o articulación de la cadera. Esta articulación permite movimientos amplios de la extremidad inferior, pero al mismo tiempo proporciona estabilidad suficiente para soportar el peso corporal durante la bipedestación y la marcha.
El acetábulo está formado por contribuciones del ilion, el isquion y el pubis. Su superficie articular está cubierta por cartílago y presenta una configuración adaptada para recibir la cabeza femoral. Alrededor de la cavidad se encuentra el labrum acetabular, una estructura fibrocartilaginosa que contribuye a aumentar la profundidad de la cavidad y favorece la estabilidad de la articulación.
Otra estructura característica del hueso coxal es el agujero obturador. Se encuentra situado por debajo y delante del acetábulo y está delimitado principalmente por el pubis y el isquion. Es uno de los orificios óseos más grandes del cuerpo humano. En el individuo vivo está cubierto en gran parte por una membrana obturatriz, aunque permanece un pequeño conducto denominado conducto obturador por donde pasan estructuras nerviosas y vasculares.
Posteriormente, los dos huesos coxales se articulan con el sacro mediante las articulaciones sacroilíacas. El sacro es un hueso triangular situado en la parte inferior de la columna vertebral y está formado por la fusión de cinco vértebras sacras. Su posición central permite que actúe como una estructura de transmisión de fuerzas entre la columna y los huesos coxales. Las articulaciones sacroilíacas presentan una movilidad limitada, pero poseen una gran estabilidad debido a la configuración de sus superficies y a la presencia de fuertes ligamentos.
Por debajo del sacro se encuentra el cóccix. Está formado por varias vértebras pequeñas fusionadas y constituye la parte más inferior de la columna vertebral. Aunque su tamaño es reducido, participa en las inserciones de músculos y ligamentos del suelo pélvico y contribuye a completar posteriormente la estructura de la pelvis.
Desde el punto de vista anatómico, la pelvis puede dividirse en pelvis mayor y pelvis menor. La pelvis mayor, también denominada pelvis falsa, se encuentra por encima del estrecho superior de la pelvis y está relacionada en gran medida con la cavidad abdominal. La pelvis menor, o pelvis verdadera, se encuentra por debajo de este límite y constituye la cavidad ósea que contiene las principales vísceras pélvicas.
Entre ambas regiones se encuentra el estrecho superior de la pelvis, que está delimitado por diferentes estructuras óseas y constituye una referencia anatómica importante.
La pelvis menor contiene diferentes órganos y estructuras importantes. Entre ellos se encuentran la vejiga urinaria, el recto y parte de los órganos reproductores. La organización exacta de las vísceras varía entre hombres y mujeres. La pelvis también proporciona protección a estas estructuras gracias a la disposición de sus paredes óseas. Además, las estructuras musculares y fasciales del suelo pélvico completan la protección y soporte de los órganos internos.
Una función fundamental de la pelvis es la transmisión del peso corporal. Cuando una persona está de pie, el peso procedente de la columna vertebral se transmite al sacro, pasa a las articulaciones sacroilíacas y continúa hacia los huesos coxales.
Desde estos, las fuerzas llegan a las articulaciones coxofemorales y finalmente a los fémures y al resto de las extremidades inferiores. Esta función convierte a la pelvis en una estructura esencial para mantener la postura y realizar la marcha.
La pelvis también actúa como una zona de inserción muscular. Numerosos músculos del abdomen, la espalda, la región glútea, el muslo y el suelo pélvico se originan o insertan en sus diferentes estructuras. Entre ellos se encuentran los músculos glúteos, iliopsoas, obturadores, aductores, músculos del suelo pélvico y numerosos músculos relacionados con la movilidad de la cadera. La gran cantidad de inserciones musculares explica la importancia de la pelvis en la locomoción y en el mantenimiento de la estabilidad corporal.
La pelvis presenta diferencias anatómicas entre hombres y mujeres. En términos generales, la pelvis femenina suele presentar una cavidad pélvica más amplia, un estrecho superior más redondeado y un ángulo subpúbico más amplio. La pelvis masculina suele presentar una estructura relativamente más estrecha y robusta, con características diferentes en el estrecho superior y en otras referencias anatómicas. Estas diferencias están relacionadas, entre otros factores, con las adaptaciones de la pelvis femenina para el embarazo y el parto.
Durante el embarazo, la pelvis proporciona el marco óseo que contiene y protege parte de las estructuras reproductoras y permite el desarrollo de la cavidad pélvica. Durante el parto, la pelvis ósea forma el canal por el que debe pasar el feto. Por ello, las dimensiones y la configuración del estrecho superior, la cavidad pélvica y el estrecho inferior tienen importancia obstétrica. Sin embargo, el parto también depende de factores como la posición fetal, los tejidos blandos, las contracciones uterinas y las características individuales de la madre.
Las articulaciones y ligamentos de la pelvis contribuyen a mantener su estabilidad. Además de las articulaciones sacroilíacas y la sínfisis púbica, existen fuertes ligamentos que unen el sacro con los huesos coxales. Entre ellos se encuentran los ligamentos sacroilíacos, sacrotuberoso y sacroespinoso. Estos elementos limitan los movimientos excesivos y permiten que la pelvis soporte las fuerzas producidas durante la bipedestación, la marcha y otras actividades físicas.
Las fracturas pélvicas constituyen una de las principales alteraciones clínicas relacionadas con esta región. Pueden producirse después de traumatismos de alta energía, aunque también pueden aparecer por mecanismos de menor energía en personas con huesos debilitados. Debido a que la pelvis contiene vasos sanguíneos, nervios y órganos internos importantes, una fractura grave puede asociarse a lesiones internas y hemorragias importantes. Por este motivo, los traumatismos pélvicos requieren una valoración médica cuidadosa.
La pelvis también presenta importancia en enfermedades degenerativas y traumatológicas relacionadas con la articulación de la cadera. El acetábulo forma parte directamente de la articulación coxofemoral y participa en la transmisión del peso hacia el fémur. Alteraciones de esta articulación pueden producir dolor, limitación del movimiento y dificultades para caminar. La relación entre la pelvis, el acetábulo y el fémur es fundamental para comprender la biomecánica de la cadera.
Conclusión
En conjunto, la pelvis es una estructura fundamental del aparato locomotor. Está formada por los dos huesos coxales, el sacro y el cóccix, y cada hueso coxal está constituido por el ilion, el isquion y el pubis. Estas estructuras forman un anillo óseo resistente que conecta la columna vertebral con las extremidades inferiores. La pelvis permite transmitir el peso corporal, participa en la postura y la locomoción, proporciona inserción a numerosos músculos y ligamentos y protege órganos situados en la región pélvica. Además, el acetábulo permite la articulación con el fémur, mientras que la sínfisis púbica y las articulaciones sacroilíacas proporcionan continuidad y estabilidad al anillo pélvico.
Por sus características anatómicas y funcionales, la pelvis constituye una de las regiones más importantes del esqueleto humano y resulta esencial para comprender la marcha, la estabilidad corporal, la biomecánica de la cadera, la protección de las vísceras y, en la mujer, las características anatómicas relacionadas con el parto.
Bibliografía
- Wobser AM, Adkins Z, Wobser RW. Anatomy, Abdomen and Pelvis: Bones (Ilium, Ischium, and Pubis). StatPearls [Internet]. Treasure Island (FL): StatPearls Publishing; 2023. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK519524/ Centro Biotecnología
- Figueroa C, Jozsa F, Le PH. Anatomy, Bony Pelvis and Lower Limb: Pelvis Bones. StatPearls [Internet]. Treasure Island (FL): StatPearls Publishing; 2023. Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/books/NBK545204/ Centro Biotecnología
- Betts JG, Young KA, Wise JA, Johnson E, Poe B, Kruse DH, et al. Anatomy and Physiology 2e. Houston: OpenStax; 2022. Disponible en: https://openstax.org/books/anatomy-and-physiology- 2e/pages/8-3-the-pelvic-girdle-and-pelvis OpenStax
- Guzmán M. Huesos de la pelvis: ilion, isquion y pubis. Kenhub; 2023. Disponible en: https://www.kenhub.com/es/library/anatomia-es/hues os-de-la-pelvis kenhub.com



