Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 1071
Autor principal (primer firmante): Francisca Fabiana Oliveira Da Costa
Fecha recepción: 29/07/2026
Fecha aceptación: 25/08/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 1071
Identification of Suicide Risk in Psychiatric Patients in a Psychiatric Inpatient Unit.
Autores:
Francisca Fabiana Oliveira Da Costa, Diego Rodríguez Gil, Inés Peiro Cabañas, Sofia Serrano Pascual, Miriam Agúndez Fernández
Categoría profesional:
Enfermería
Resumen
- Introducción: El suicidio constituye un importante problema de salud pública y una de las principales causas de mortalidad prevenible a nivel mundial. Los pacientes con trastornos mentales, especialmente aquellos diagnosticados de trastorno depresivo mayor, presentan un mayor riesgo de desarrollar conducta suicida. La identificación precoz de este riesgo mediante una valoración integral y el empleo de herramientas validadas permite instaurar intervenciones dirigidas a garantizar la seguridad del paciente y prevenir desenlaces desfavorables. En este contexto, el personal de Enfermería desempeña un papel fundamental por su contacto continuado con el paciente y su capacidad para detectar signos de alarma.
- Caso descrito: Se presenta el caso clínico de un varón de 46 años con diagnóstico de trastorno depresivo mayor recurrente que ingresó en una unidad de hospitalización psiquiátrica por empeoramiento de la sintomatología depresiva. La valoración enfermera se realizó mediante el modelo de las 14 necesidades básicas de Virginia Henderson, identificándose múltiples necesidades alteradas y diversos factores de riesgo de conducta suicida. La aplicación de la Columbia-Suicide Severity Rating Scale (C-SSRS) evidenció un riesgo suicida moderado, lo que permitió instaurar precozmente medidas de vigilancia, apoyo emocional y un plan de cuidados individualizado basado en diagnósticos NANDA-I, resultados NOC e intervenciones NIC. La evolución clínica fue favorable tras el abordaje multidisciplinar y el ajuste del tratamiento, disminuyendo el riesgo suicida antes del alta hospitalaria.
- Conclusiones: Este caso pone de manifiesto la importancia de la valoración enfermera integral en la detección precoz del riesgo de suicidio en pacientes con trastornos mentales. La utilización de modelos enfermeros, junto con escalas validadas como la C-SSRS, facilita la identificación de pacientes vulnerables, favorece la planificación de cuidados individualizados y contribuye a la prevención de la conducta suicida. La actuación coordinada del equipo multidisciplinar y el seguimiento continuado resultan esenciales para mejorar la seguridad del paciente y la calidad de la atención en salud mental.
Palabras clave: suicidio; Enfermería psiquiátrica; valoración del riesgo; depresión; salud mental.
Abstract
- Introduction: Suicide is a major public health issue and one of the leading causes of preventable mortality worldwide. Patients with mental disorders, particularly those diagnosed with major depressive disorder, are at increased risk of suicidal behavior. Early identification of suicide risk through comprehensive assessment and the use of validated assessment tools enables the implementation of interventions aimed at ensuring patient safety and preventing adverse outcomes. In this context, mental health nurses play a key role due to their continuous contact with patients and their ability to identify early warning signs.
- Case presentation: This clinical case describes a 46-year-old man diagnosed with recurrent major depressive disorder who was admitted to a psychiatric inpatient unit because of worsening depressive symptoms. A comprehensive nursing assessment was performed using Virginia Henderson’s 14 Basic Needs Model, identifying several altered needs and multiple risk factors for suicidal behavior. The application of the Columbia-Suicide Severity Rating Scale (C-SSRS) revealed a moderate suicide risk, allowing the early implementation of close observation, emotional support, and an individualized nursing care plan based on NANDA-I nursing diagnoses, NOC outcomes, and NIC interventions. Following a multidisciplinary approach and adjustment of pharmacological treatment, the patient’s clinical condition improved, with a reduction in suicide risk prior to hospital discharge.
- Conclusions: This case highlights the importance of comprehensive nursing assessment in the early identification of suicide risk among patients with mental disorders. The use of nursing models together with validated assessment tools such as the C-SSRS facilitates the identification of high-risk patients, supports individualized care planning, and contributes to suicide prevention. A coordinated multidisciplinary approach and continuous follow-up are essential to improve patient safety and the quality of mental health care.
Keywords: suicide; suicide risk; psychiatric nursing; major depressive disorder; mental health.
Introducción
El suicidio constituye uno de los principales problemas de salud pública a nivel mundial y representa una causa importante de mortalidad prevenible. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), más de 720.000 personas fallecen por suicidio cada año, estimándose además que por cada muerte se producen alrededor de 20 intentos de suicidio. La conducta suicida puede presentarse en cualquier etapa de la vida y está influenciada por la interacción de factores biológicos, psicológicos, sociales y ambientales, lo que hace imprescindible un abordaje multidisciplinar y una detección precoz del riesgo (1).
Los trastornos mentales constituyen el principal factor de riesgo para el desarrollo de la conducta suicida, siendo el trastorno depresivo mayor, el trastorno bipolar, la esquizofrenia y los trastornos por consumo de sustancias los diagnósticos más frecuentemente asociados. No obstante, factores como el aislamiento social, las pérdidas afectivas, el desempleo, la desesperanza, el estigma, las enfermedades crónicas o los antecedentes de intentos autolíticos incrementan significativamente la probabilidad de desarrollar ideación o conducta suicida (1).
La identificación precoz del riesgo suicida constituye una prioridad asistencial en los servicios de salud mental. En este contexto, el personal de Enfermería desempeña un papel fundamental debido a su contacto continuado con el paciente, lo que le permite detectar cambios en el comportamiento, el estado emocional, el discurso o el funcionamiento cotidiano que pueden pasar inadvertidos durante otras valoraciones clínicas. La observación sistemática, la entrevista terapéutica y la valoración integral son herramientas esenciales para identificar de forma temprana pacientes con riesgo elevado y establecer medidas preventivas adaptadas a cada situación clínica (2,3).
Para complementar la valoración clínica se recomienda el empleo de instrumentos validados que permitan objetivar la gravedad de la ideación y de la conducta suicida. Entre ellos destaca la Columbia-Suicide Severity Rating Scale (C-SSRS), una de las escalas más utilizadas internacionalmente, que ha demostrado una adecuada validez y capacidad predictiva para identificar pacientes con mayor riesgo de futuros intentos de suicidio. Además, dispone de una versión validada al español, lo que facilita su utilización en la práctica clínica habitual y mejora la estandarización de la evaluación del riesgo suicida (4,5).
La evidencia científica reciente señala que la prevención del suicidio requiere un abordaje integral, interdisciplinar y centrado en la persona. Las intervenciones más eficaces combinan la evaluación continuada del riesgo, la vigilancia clínica, el establecimiento de una relación terapéutica, la implicación de la familia cuando es posible y la coordinación entre los distintos niveles asistenciales. En este proceso, la Enfermería de salud mental ocupa una posición estratégica para garantizar la seguridad del paciente y favorecer una atención basada en la evidencia científica (2,6).
El presente caso clínico tiene como objetivo describir la actuación enfermera en la identificación precoz del riesgo de suicidio en un paciente ingresado en una unidad de hospitalización psiquiátrica, poniendo de manifiesto la importancia de una valoración integral basada en el modelo de Virginia Henderson, la utilización de herramientas de evaluación validadas y la aplicación de un plan de cuidados individualizado para prevenir la aparición de conductas suicidas.
Presentación del caso
Se presenta el caso de un varón de 46 años que ingresa voluntariamente en la Unidad de Hospitalización Psiquiátrica procedente del Servicio de Urgencias por reagudización de un trastorno depresivo mayor.
Antecedentes personales
- Trastorno depresivo mayor recurrente diagnosticado hace diez años.
- Dos ingresos psiquiátricos previos.
- Hipertensión arterial.
- Sin consumo activo de alcohol ni drogas.
- Separado desde hace un año.
- Vive solo.
- Situación de desempleo desde hace nueve meses.
Tratamiento domiciliario
- Sertralina 150 mg/24 horas.
- Lorazepam 1 mg cada 12 horas.
Motivo del ingreso
El paciente refiere empeoramiento progresivo del estado de ánimo durante las últimas seis semanas.
Presenta:
- tristeza persistente;
- pérdida de interés por actividades habituales;
- insomnio;
- anorexia;
- pérdida de aproximadamente 6 kg;
- sentimientos intensos de culpa;
- abandono del autocuidado;
- aislamiento social.
En Urgencias manifiesta:
«Estoy agotado.»
«No encuentro motivos para seguir luchando.»
Sin embargo, niega de forma reiterada intención suicida.
Por este motivo se decide ingreso para estabilización clínica.
Valoración enfermera según las 14 necesidades básicas de Virginia Henderson
A su ingreso en la Unidad de Hospitalización Psiquiátrica, se realiza una valoración integral basada en el modelo de las 14 necesidades básicas de Virginia Henderson.
1. Necesidad de respirar normalmente
El paciente presenta una frecuencia respiratoria de 16 respiraciones por minuto, saturación de oxígeno del 98% y respiración eupneica. No refiere disnea ni presenta antecedentes de patología respiratoria.
Sin alteraciones.
2. Necesidad de comer y beber adecuadamente
Refiere pérdida de apetito desde hace aproximadamente un mes, con una pérdida ponderal estimada de 6 kg. Manifiesta escasa ingesta diaria y ausencia de interés por la alimentación. Mantiene una adecuada hidratación.
Necesidad alterada.
3. Necesidad de eliminar por todas las vías corporales
Micción espontánea, sin alteraciones. Ritmo intestinal conservado, aunque refiere estreñimiento ocasional relacionado con la disminución de la ingesta y de la actividad física.
Necesidad parcialmente alterada.
4. Necesidad de moverse y mantener una postura adecuada
Presenta marcada disminución de la actividad física. Permanece la mayor parte del día sentado o acostado en la habitación. Camina lentamente y precisa estímulo para participar en las actividades terapéuticas de la unidad.
Necesidad alterada.
5. Necesidad de dormir y descansar
Refiere dificultad para conciliar el sueño y múltiples despertares nocturnos desde hace varias semanas. Describe sensación de cansancio durante el día y ausencia de descanso reparador.
Necesidad alterada.
6. Necesidad de escoger la ropa adecuada, vestirse y desvestirse
Es capaz de vestirse de forma autónoma, aunque acude con ropa poco cuidada y manifiesta escaso interés por su imagen personal.
Necesidad parcialmente alterada.
7. Necesidad de mantener la temperatura corporal
Afebril (36,5 °C), sin alteraciones en la termorregulación.
Sin alteraciones.
8. Necesidad de mantener la higiene corporal y la integridad de la piel
Durante la entrevista se observa higiene corporal deficiente y barba de varios días. El paciente reconoce haber descuidado su aseo personal durante las últimas semanas debido a la apatía y la falta de motivación. La piel se encuentra íntegra, sin lesiones.
Necesidad alterada.
9. Necesidad de evitar peligros ambientales y evitar lesionar a otras personas
Aunque inicialmente niega intención autolítica, durante la entrevista verbaliza sentimientos intensos de desesperanza, inutilidad y percepción de ser una carga para su familia. Presenta múltiples factores de riesgo de conducta suicida: trastorno depresivo mayor recurrente, aislamiento social, desempleo, baja adherencia terapéutica y escaso apoyo social. Tras la aplicación de la Columbia-Suicide Severity Rating Scale (C-SSRS) se objetiva un riesgo suicida moderado-alto, por lo que se instauran medidas de vigilancia intensiva según el protocolo de la unidad.
Necesidad gravemente alterada.
10. Necesidad de comunicarse con los demás expresando emociones, necesidades, temores u opiniones
Durante la entrevista mantiene escaso contacto visual, habla con tono de voz bajo y discurso enlentecido. Responde de forma breve y con dificultad para expresar sus emociones espontáneamente, aunque posteriormente verbaliza sentimientos de desesperanza, culpa y falta de expectativas de futuro.
Necesidad alterada.
11. Necesidad de vivir de acuerdo con sus valores y creencias
No refiere creencias religiosas o espirituales relevantes. Manifiesta haber perdido el sentido de su vida y la capacidad para disfrutar de actividades previamente significativas.
Necesidad parcialmente alterada.
12. Necesidad de trabajar y sentirse realizado
Actualmente se encuentra en situación de desempleo desde hace nueve meses. Refiere sentimientos de fracaso personal e inutilidad relacionados con su situación laboral, lo que repercute negativamente en su autoestima.
Necesidad alterada.
13. Necesidad de participar en actividades recreativas
Ha abandonado completamente sus actividades de ocio habituales. Refiere pérdida de interés por salir de casa, practicar deporte y mantener contacto con amistades.
Necesidad alterada.
14. Necesidad de aprender, descubrir o satisfacer la curiosidad que conduce al desarrollo y a la salud
Presenta conciencia parcial de enfermedad. Reconoce la necesidad de tratamiento, aunque admite una adherencia irregular a la medicación durante las últimas semanas. Se muestra receptivo a recibir información sobre su enfermedad y sobre estrategias para prevenir nuevas recaídas.
Necesidad parcialmente alterada.
Valoración del riesgo suicida mediante la Columbia-Suicide Severity Rating Scale (C-SSRS)
Tras la entrevista clínica y la valoración inicial según las necesidades de Virginia Henderson, se administró la Columbia-Suicide Severity Rating Scale (C-SSRS) con el objetivo de objetivar el nivel de riesgo suicida del paciente.
Durante la evaluación, el paciente reconoció haber presentado pensamientos recurrentes relacionados con la muerte en las semanas previas al ingreso. Inicialmente negó una intención suicida inmediata; sin embargo, al profundizar en la entrevista manifestó que en varias ocasiones había deseado «no despertarse» y que había pensado que «su familia estaría mejor sin él». Asimismo, admitió haber experimentado ideas de acabar con su vida, aunque sin verbalizar un plan estructurado ni una intención inmediata de llevarlo a cabo.
La aplicación de la C-SSRS permitió identificar:
Ítem evaluado – Resultado
- Deseo de estar muerto: Sí
- Ideación suicida inespecífica: Sí
- Ideación suicida con pensamientos de acabar con la propia vida: Sí
- Intención suicida: No
- Plan suicida específico: No
- Conducta suicida previa: No
- Conductas preparatorias: No
Los resultados obtenidos fueron compatibles con un riesgo suicida moderado, determinado por la presencia de ideación suicida activa sin planificación ni intención inmediata, asociado a múltiples factores de riesgo clínicos y psicosociales.
Tras comunicar los resultados al psiquiatra responsable, se instauraron las medidas de seguridad establecidas en el protocolo de la unidad, incluyendo vigilancia intensificada, reevaluación periódica del riesgo suicida, establecimiento de una relación terapéutica basada en la escucha activa, retirada de objetos potencialmente peligrosos y coordinación con el equipo multidisciplinar para el diseño del plan terapéutico individualizado.
Evolución de la C-SSRS durante el ingreso
La C-SSRS se administró nuevamente antes del alta hospitalaria con el fin de valorar la evolución del riesgo suicida.
Momento de evaluación – Resultado
- Ingreso: Riesgo suicida moderado
- Alta hospitalaria: Riesgo bajo
En la valoración previa al alta, el paciente negó la presencia de ideación suicida activa, manifestó una disminución significativa de los sentimientos de desesperanza, mostró una mayor adherencia al tratamiento y aceptó continuar el seguimiento por el equipo de Salud Mental Comunitaria. Aunque persistían algunos factores de vulnerabilidad, la reducción de la sintomatología depresiva y la existencia de un plan de seguridad individualizado permitieron considerar un descenso del riesgo suicida.
Diagnósticos Enfermería: taxonomía NANDA, NIC, NOC
Riesgo de suicidio (00205)
Relacionado con:
- trastorno depresivo;
- desesperanza;
- aislamiento social;
- baja autoestima;
- acontecimientos vitales estresantes.
Desesperanza (00124)
Manifestada por:
- verbalizaciones negativas;
- percepción pesimista del futuro;
- sentimientos de inutilidad.
Afrontamiento ineficaz (00069)
Relacionado con incapacidad para utilizar estrategias adaptativas.
Baja autoestima crónica (00119)
Relacionada con autovaloración negativa persistente.
Objetivos (NOC)
- Autocontrol del impulso suicida.
- Nivel de esperanza.
- Afrontamiento de problemas.
- Estado de ánimo.
- Adherencia al tratamiento.
Intervenciones enfermeras (NIC)
Prevención del suicidio (6340)
- Valoración diaria del riesgo.
- Comunicación continua con el equipo multidisciplinar.
- Vigilancia según protocolo.
Vigilancia (6654)
- Observación continua.
- Registro de cambios conductuales.
- Identificación de signos de empeoramiento.
Apoyo emocional (5270)
- Escucha activa.
- Validación emocional.
- Relación terapéutica.
Potenciación de la autoestima (5400)
- Reforzar logros diarios.
- Favorecer la toma de decisiones sencillas.
Enseñanza: proceso de enfermedad (5602)
- Educación sanitaria.
- Importancia de la adherencia farmacológica.
- Reconocimiento precoz de signos de alarma.
Discusión
El presente caso clínico pone de manifiesto la importancia de la valoración enfermera como herramienta fundamental para la detección precoz del riesgo de suicidio en pacientes con trastornos mentales. A pesar de que el paciente negaba inicialmente una intención autolítica inmediata, la identificación de múltiples factores de riesgo (como la desesperanza, el aislamiento social, la pérdida de funcionalidad, la baja autoestima y la escasa adherencia terapéutica) permitió instaurar medidas preventivas desde el momento del ingreso. Estos hallazgos coinciden con la evidencia científica actual, que señala que la negación de la ideación suicida no excluye la existencia de un riesgo elevado, especialmente en pacientes con trastorno depresivo mayor (1,2).
La Organización Mundial de la Salud destaca que el suicidio es un fenómeno multifactorial y que la mayoría de las personas que fallecen por esta causa presentan un trastorno mental previo, siendo la depresión uno de los diagnósticos más frecuentemente asociados (1). En el caso descrito, además del diagnóstico de trastorno depresivo mayor recurrente, coexistían factores psicosociales como el desempleo, la separación de la pareja y la escasa red de apoyo, elementos ampliamente descritos en la literatura como determinantes que incrementan la vulnerabilidad frente a la conducta suicida (3,4).
La valoración enfermera realizada mediante el modelo de las 14 necesidades básicas de Virginia Henderson permitió identificar alteraciones en aspectos fundamentales del funcionamiento del paciente, como la alimentación, el descanso, la comunicación, el autocuidado, la actividad física y, especialmente, la necesidad de evitar peligros ambientales. Este enfoque favorece una evaluación holística de la persona y facilita la identificación de problemas que trascienden el diagnóstico psiquiátrico. Diversos autores destacan que los modelos conceptuales enfermeros proporcionan un marco estructurado para la planificación de cuidados individualizados, mejorando la calidad y continuidad asistencial en salud mental (5).
Otro aspecto relevante del caso fue la utilización de la Columbia-Suicide Severity Rating Scale (C-SSRS) como complemento de la entrevista clínica. La reciente revisión sistemática y metaanálisis de Daray et al. (2025) concluye que esta escala presenta una adecuada capacidad predictiva para identificar pacientes con mayor riesgo de intentos de suicidio futuros, recomendando su empleo junto con la valoración clínica y nunca como único criterio diagnóstico (6). Del mismo modo, la versión española validada por Al-Halabí et al. ha demostrado ser una herramienta fiable y fácilmente aplicable en diferentes dispositivos asistenciales de salud mental (7).
Las intervenciones enfermeras implementadas en este caso, centradas en la vigilancia clínica, el establecimiento de una relación terapéutica, el apoyo emocional y la educación sanitaria, coinciden con las recomendaciones recogidas en las principales guías clínicas internacionales. La revisión paraguas realizada por Sufrate-Sorzano et al. identificó que las intervenciones enfermeras relacionadas con la prevención del suicidio, el fortalecimiento del vínculo terapéutico, la evaluación continua del riesgo y la coordinación interdisciplinar son las que presentan mayor respaldo científico para disminuir la aparición de conductas suicidas (8). Asimismo, la implicación de la familia y la elaboración de un plan de seguridad antes del alta han demostrado reducir las recaídas y favorecer la continuidad de los cuidados tras la hospitalización (9).
Por otra parte, este caso pone de relieve el papel estratégico de la Enfermería dentro del equipo multidisciplinar de salud mental. Debido a su presencia continuada junto al paciente, el personal de Enfermería se encuentra en una posición privilegiada para detectar cambios sutiles en el comportamiento, el estado emocional o el discurso, permitiendo una actuación precoz ante posibles situaciones de riesgo. Diversos estudios señalan que la formación específica de los profesionales de Enfermería en evaluación del riesgo suicida mejora la confianza en la toma de decisiones clínicas y aumenta la capacidad para identificar pacientes vulnerables (10).
Como limitación, se trata de un único caso clínico, por lo que los resultados no pueden generalizarse a toda la población con trastornos mentales. Sin embargo, su valor radica en ilustrar la aplicación práctica del proceso enfermero, el modelo de Virginia Henderson y el uso de herramientas validadas para la detección del riesgo suicida en un contexto asistencial real. La difusión de este tipo de experiencias contribuye a reforzar el conocimiento enfermero y a promover una atención basada en la evidencia científica.
En conjunto, este caso evidencia que una valoración integral, sistemática y centrada en la persona permite identificar precozmente situaciones de riesgo que podrían pasar desapercibidas si únicamente se atiende a la presencia o ausencia de verbalizaciones explícitas de intención suicida. La integración de modelos enfermeros, escalas de valoración y cuidados individualizados constituye una estrategia fundamental para mejorar la seguridad del paciente y prevenir la conducta suicida.
Conclusiones
La identificación precoz del riesgo de suicidio constituye una de las principales responsabilidades de los profesionales de Enfermería en el ámbito de la salud mental. Este caso clínico pone de manifiesto que una valoración integral y sistemática, basada en el modelo de las 14 necesidades básicas de Virginia Henderson, permite detectar factores de riesgo que pueden pasar desapercibidos cuando el paciente no verbaliza de forma explícita la existencia de ideación suicida.
La aplicación del proceso enfermero, junto con el uso de herramientas validadas para la valoración del riesgo suicida y la planificación de cuidados individualizados mediante diagnósticos NANDA-I, resultados NOC e intervenciones NIC, favoreció la instauración precoz de medidas de seguridad y de intervenciones terapéuticas dirigidas a reducir el riesgo de conducta suicida. Asimismo, la coordinación entre los distintos profesionales sanitarios y la implicación del paciente en su proceso asistencial contribuyeron a una evolución clínica favorable.
Este caso refuerza la importancia del papel de la Enfermería como elemento clave en la prevención del suicidio, destacando la necesidad de mantener una vigilancia clínica continuada, establecer una relación terapéutica basada en la confianza y desarrollar competencias específicas en la evaluación del riesgo suicida. Finalmente, resulta imprescindible continuar impulsando la formación de los profesionales y promover la aplicación de cuidados basados en la evidencia científica para mejorar la seguridad del paciente y la calidad de la atención en las unidades de salud mental.
Bibliografía
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