Identificación del paciente con ictus hemorrágico

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 1070

Autor principal (primer firmante): Francisca Fabiana Oliveira Da Costa

Fecha recepción: 29/07/2026

Fecha aceptación: 25/08/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 1070

Identification of a patient at risk of hemorrhagic stroke in the Emergency Department

Autores:

Francisca Fabiana Oliveira Da Costa, Diego Rodríguez Gil, Inés Peiro Cabañas, Sofia Serrano Pascual, Miriam Agúndez Fernández.

Categoría profesional:

Enfermería

Resumen

  • Introducción: El ictus hemorrágico constituye una urgencia neurológica con elevada morbimortalidad, en la que la identificación precoz y el tratamiento inmediato son determinantes para mejorar el pronóstico del paciente. La actuación enfermera desempeña un papel esencial en la valoración inicial, la monitorización clínica y la prevención de complicaciones durante la fase aguda.
  • Caso clínico: Se presenta el caso de un varón de 69 años con antecedentes de hipertensión arterial mal controlada, diabetes mellitus tipo 2 y dislipemia, que acude al Servicio de Urgencias por cefalea intensa de instauración brusca, vómitos, disartria y hemiparesia izquierda. Tras la valoración inicial, se activa el Código Ictus y se realiza una tomografía computarizada craneal urgente, que confirma una hemorragia intraparenquimatosa compatible con ictus hemorrágico. Se lleva a cabo una valoración enfermera según el modelo de las 14 necesidades de Virginia Henderson, identificándose los principales diagnósticos NANDA-I y estableciéndose un plan de cuidados basado en las taxonomías NANDA, NOC y NIC. El paciente recibe tratamiento antihipertensivo intravenoso, monitorización neurológica continua y cuidados enfermeros individualizados, evolucionando favorablemente tras el ingreso en la Unidad de Ictus y el inicio precoz de la rehabilitación.
  • Conclusiones: La identificación precoz del ictus hemorrágico, la aplicación de protocolos asistenciales basados en la evidencia y la intervención coordinada del equipo multidisciplinar son fundamentales para mejorar la evolución clínica. La Enfermería desempeña un papel clave en la detección temprana, la monitorización, la prevención de complicaciones y la educación sanitaria, contribuyendo de forma significativa a la recuperación funcional y a la prevención de nuevos eventos cerebrovasculares.

Palabras clave: Ictus hemorrágico, urgencias, atención de Enfermería, hipertensión arterial.

Abstract

  • Introduction: Hemorrhagic stroke is a neurological emergency associated with high morbidity and mortality, in which early recognition and prompt treatment are essential to improve patient outcomes. Nursing plays a crucial role in the initial assessment, clinical monitoring, and prevention of complications during the acute phase.
  • Case presentation: We present the case of a 69-year-old man with a medical history of poorly controlled hypertension, type 2 diabetes mellitus, and dyslipidemia, who was admitted to the Emergency Department with the sudden onset of a severe headache, vomiting, dysarthria, and left-sided hemiparesis. Following the initial assessment, the Stroke Code was activated, and an urgent cranial computed tomography (CT) scan confirmed an intraparenchymal hemorrhage consistent with a hemorrhagic stroke. A comprehensive nursing assessment was performed using Virginia Henderson’s 14 Basic Needs Model, identifying the main NANDA-I nursing diagnoses and establishing an individualized care plan based on the NANDA-I, NOC, and NIC taxonomies. The patient received intravenous antihypertensive therapy, continuous neurological monitoring, and individualized nursing care, showing a favorable clinical course after admission to the Stroke Unit and the early initiation of a rehabilitation program.
  • Conclusions: Early recognition of hemorrhagic stroke, the implementation of evidence-based clinical protocols, and coordinated multidisciplinary management are essential to improve clinical outcomes. Nursing plays a key role in the early detection of neurological deterioration, continuous monitoring, prevention of complications, and health education, contributing significantly to functional recovery and the prevention of recurrent cerebrovascular events.

Keywords: Hemorrhagic stroke, emergency department, nursing care, hypertension.

Introducción

El ictus constituye una de las principales causas de muerte y discapacidad adquirida en el mundo. Según la Organización Mundial de la Salud, las enfermedades cerebrovasculares representan un importante problema de salud pública debido a su elevada incidencia, mortalidad y repercusión funcional, siendo el ictus hemorrágico el subtipo con mayor gravedad clínica y peor pronóstico a corto plazo. Aunque representa aproximadamente entre el 10 y el 20% de todos los ictus, es responsable de una proporción desproporcionadamente elevada de fallecimientos y secuelas neurológicas graves debido a la rápida expansión del hematoma y al daño cerebral secundario que produce (1–3).

La hemorragia intracerebral espontánea se produce, en la mayoría de los casos, como consecuencia de la rotura de pequeños vasos cerebrales, siendo la hipertensión arterial crónica el principal factor de riesgo modificable. Otros factores asociados incluyen la edad avanzada, la diabetes mellitus, el consumo de alcohol, el tabaquismo, la utilización de tratamiento anticoagulante y determinadas malformaciones vasculares. El adecuado control de estos factores constituye una de las principales estrategias preventivas para reducir la incidencia de esta patología (2,4).

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El reconocimiento precoz de los signos y síntomas de alarma resulta esencial para mejorar el pronóstico del paciente. La aparición brusca de cefalea intensa, alteración del nivel de conciencia, déficit neurológico focal, vómitos, crisis comiciales o cifras muy elevadas de presión arterial deben hacer sospechar la presencia de un ictus hemorrágico y motivar una actuación urgente. En este contexto, el Servicio de Urgencias constituye el primer eslabón asistencial, donde la rapidez en la valoración clínica, la activación del Código Ictus y la realización inmediata de una tomografía computarizada craneal permiten confirmar el diagnóstico e iniciar precozmente las medidas terapéuticas dirigidas a limitar la expansión del hematoma y prevenir el daño cerebral secundario (2,5).

La Enfermería desempeña un papel fundamental durante la atención inicial de estos pacientes. Entre sus competencias destacan la valoración neurológica sistemática mediante escalas validadas, la monitorización continua de las constantes vitales, el control estricto de la presión arterial, la detección precoz del deterioro neurológico y la prevención de complicaciones derivadas de la inmovilidad o del aumento de la presión intracraneal. Las recomendaciones más recientes de la American Heart Association/American Stroke Association destacan que la aplicación de protocolos asistenciales estandarizados y la actuación coordinada de equipos multidisciplinares mejoran los resultados clínicos y reducen la morbimortalidad asociada a la hemorragia intracerebral (2,6).

El presente caso clínico describe la atención integral de un paciente que acude al Servicio de Urgencias con factores de riesgo cardiovascular y manifestaciones clínicas compatibles con un ictus hemorrágico. A través de este caso se pretende poner de manifiesto la importancia de la identificación precoz de los síntomas, la valoración enfermera basada en el modelo de Virginia Henderson y la aplicación de intervenciones fundamentadas en la evidencia científica para favorecer una atención rápida, segura y de calidad.

Presentación del caso

Varón de 69 años que acude al Servicio de Urgencias trasladado por los servicios de emergencias tras presentar un episodio de cefalea intensa de aparición brusca, descrita como «la peor de su vida», acompañada de náuseas, dos vómitos, dificultad para hablar y debilidad en el brazo y la pierna izquierdos.

La familia refiere que el paciente estaba desayunando cuando comenzó súbitamente con la clínica, aproximadamente 35 minutos antes de su llegada a Urgencias.

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Antecedentes personales

  • Hipertensión arterial diagnosticada hace 15 años.
  • Mala adherencia al tratamiento antihipertensivo.
  • Diabetes mellitus tipo 2.
  • Dislipemia.
  • Exfumador (30 paquetes/año).
  • Consumo ocasional de alcohol.
  • Sin antecedentes previos de ictus.

Tratamiento habitual

  • Enalapril 20 mg/24 h (cumplimiento irregular).
  • Metformina 850 mg/12 h.
  • Atorvastatina 40 mg/24 h.

Valoración inicial en urgencias

A su llegada se activa el protocolo de atención urgente.

Constantes vitales

  • TA: 225/118 mmHg
  • FC: 88 lpm
  • FR: 20 rpm
  • Saturación O₂: 95% aire ambiente
  • Temperatura: 36,8 ºC
  • Glucemia capilar: 148 mg/dl

Exploración neurológica

  • Somnoliento, pero despertable.
  • Glasgow: 13 puntos (O3 V4 M6).
  • Disartria.
  • Hemiparesia izquierda (3/5).
  • Desviación de la comisura bucal.
  • Pupilas isocóricas y normorreactivas.
  • NIHSS: 12 puntos.

Ante la elevada sospecha clínica de ictus hemorrágico se activa inmediatamente el Código Ictus, se canalizan dos vías venosas periféricas y se solicita TAC craneal urgente.

La tomografía computarizada evidencia una hemorragia intraparenquimatosa en ganglios basales derechos, compatible con ictus hemorrágico hipertensivo, sin signos de herniación cerebral.

El paciente es valorado por Neurología y Neurocirugía, iniciándose tratamiento antihipertensivo intravenoso, monitorización continua e ingreso en la Unidad de Ictus.

Valoración de Enfermería según las 14 necesidades de Virginia Henderson

  1. Respirar normalmente. Respiración espontánea, SatO₂ del 95%. No precisa oxigenoterapia inicialmente.
  2. Comer y beber adecuadamente. Presenta náuseas y vómitos. Se mantiene en dieta absoluta hasta realizar valoración de la deglución.
  3. Eliminar por todas las vías corporales. Sin alteraciones urinarias ni intestinales conocidas. Se controla balance hídrico.
  4. Moverse y mantener una postura adecuada. Hemiparesia izquierda que limita la movilidad y aumenta el riesgo de caídas.
  5. Dormir y descansar. Refiere imposibilidad para descansar debido a la cefalea intensa.
  6. Escoger ropa adecuada. Dependencia parcial para vestirse debido al déficit motor.
  7. Mantener la temperatura corporal. Afebril.
  8. Mantener la higiene corporal e integridad cutánea. Precisa ayuda parcial para la higiene. Riesgo de deterioro de la integridad cutánea por inmovilidad.
  9. Evitar peligros ambientales. Muy elevado riesgo de complicaciones neurológicas secundarias al sangrado intracraneal. Riesgo de caídas.
  10. Comunicarse. Disartria que dificulta la comunicación verbal.
  11. Vivir según sus valores y creencias. Sin alteraciones detectadas.
  12. Trabajar y sentirse realizado. Jubilado.
  13. Participar en actividades recreativas. No valorable durante la fase aguda.
  14. Aprender. El paciente y la familia presentan conocimientos insuficientes sobre el control de los factores de riesgo cardiovascular.

Diagnósticos enfermeros NANDA-I

00132. Dolor agudo relacionado con aumento de la presión intracraneal, manifestado por cefalea intensa.

00085. Deterioro de la movilidad física relacionado con alteración neurológica secundaria al ictus.

00051. Deterioro de la comunicación verbal relacionado con alteración neurológica, manifestado por disartria.

00155. Riesgo de caídas relacionado con déficit motor y alteración del estado neurológico.

00201. Riesgo de perfusión tisular cerebral ineficaz relacionado con hemorragia cerebral y cifras elevadas de presión arterial.

00047. Riesgo de deterioro de la integridad cutánea relacionado con inmovilidad.

00126. Conocimientos deficientes relacionado con el control inadecuado de los factores de riesgo cardiovascular.

Objetivos NOC

  • Estado neurológico estabilizado.
  • Presión arterial dentro de los objetivos terapéuticos.
  • Ausencia de nuevas complicaciones neurológicas.
  • Prevención de caídas.
  • Conservación de la integridad cutánea.
  • Comunicación eficaz en la medida de sus posibilidades.
  • Adquisición de conocimientos sobre prevención secundaria del ictus.

Intervenciones NIC

Monitorización neurológica (2620)

  • Valorar Glasgow periódicamente.
  • Evaluar NIHSS.
  • Detectar cambios del nivel de conciencia.
  • Vigilar aparición de nuevos déficits neurológicos.

Manejo de la presión arterial (4150)

  • Monitorización continua.
  • Administración de antihipertensivos intravenosos según prescripción.
  • Registro de constantes.

Precauciones para evitar caídas (6490)

  • Barandillas elevadas.
  • Timbre accesible.
  • Supervisión continua durante la movilización.

Prevención de úlceras por presión (3540)

  • Cambios posturales.
  • Valoración mediante escala de Braden.
  • Protección de prominencias óseas.

Manejo del dolor (1400)

  • Valoración periódica mediante escala EVA.
  • Administración de analgesia prescrita.
  • Ambiente tranquilo con mínima estimulación.

Apoyo emocional (5270)

  • Información continua al paciente y familiares.
  • Favorecer la comunicación con el equipo sanitario.

Educación sanitaria (5510)

  • Explicar la importancia del control estricto de la hipertensión.
  • Educación sobre adherencia farmacológica.
  • Promoción de hábitos de vida saludables.
  • Reconocimiento precoz de los síntomas de alarma del ictus.

Evolución

Durante las primeras horas de ingreso el paciente permanece hemodinámicamente estable tras el control de la hipertensión arterial. No presenta deterioro neurológico adicional. La repetición del TAC craneal a las 24 horas muestra estabilidad del hematoma sin expansión.

Tras varios días de ingreso en la Unidad de Ictus inicia un programa de rehabilitación precoz con fisioterapia, logopedia y terapia ocupacional, presentando una mejoría progresiva de la fuerza muscular y de la disartria.

Finalmente es dado de alta con seguimiento por Neurología y Atención Primaria, tratamiento antihipertensivo optimizado y recomendaciones para el control de los factores de riesgo cardiovascular.

Discusión

La hemorragia intracerebral espontánea constituye el subtipo de ictus con mayor mortalidad y discapacidad, a pesar de representar únicamente entre el 10 y el 20% de todos los accidentes cerebrovasculares. En el caso presentado, la identificación precoz de la sintomatología neurológica, la activación inmediata del Código Ictus y la realización urgente de una tomografía computarizada permitieron instaurar el tratamiento específico durante las primeras horas de evolución. Este abordaje coincide con las recomendaciones de la American Heart Association/American Stroke Association (AHA/ASA), que establecen que la atención organizada y el tratamiento precoz disminuyen la expansión del hematoma, reducen las complicaciones y mejoran el pronóstico funcional de los pacientes con hemorragia intracerebral (1,2).

El paciente presentaba hipertensión arterial mal controlada, diabetes mellitus tipo 2 y dislipemia, factores de riesgo ampliamente reconocidos en la literatura científica. Greenberg et al. identifican la hipertensión arterial como el principal factor modificable implicado en el desarrollo de la hemorragia intracerebral espontánea, mientras que Puy et al. destacan que el envejecimiento de la población y la coexistencia de factores de riesgo cardiovascular continúan siendo determinantes en la incidencia y gravedad de esta enfermedad (1,7). Asimismo, la persistencia de un inadecuado control tensional tras el episodio agudo incrementa el riesgo de recurrencia, por lo que el seguimiento estrecho y el control de la presión arterial son fundamentales en la prevención secundaria (11).

La valoración inicial realizada en el Servicio de Urgencias fue determinante para la evolución del paciente. La exploración neurológica mediante la Escala de Glasgow y la National Institutes of Health Stroke Scale (NIHSS), junto con la monitorización continua de las constantes vitales y la realización inmediata de una tomografía computarizada craneal, permitieron confirmar el diagnóstico e iniciar el tratamiento específico sin demora. Estas actuaciones coinciden con las recomendaciones publicadas por Greenberg et al., quienes consideran la neuroimagen urgente el procedimiento diagnóstico de elección para diferenciar el ictus hemorrágico del isquémico e iniciar el tratamiento adecuado lo antes posible (1,5). Además, Ruff et al. incluyen el tiempo hasta la realización de la tomografía computarizada, el control precoz de la presión arterial y la atención en unidades especializadas entre los principales indicadores de calidad asistencial (2).

Uno de los aspectos más relevantes del presente caso fue el control intensivo de la presión arterial desde el ingreso. El paciente presentó cifras iniciales de 225/118 mmHg, iniciándose tratamiento antihipertensivo intravenoso para disminuir el riesgo de expansión del hematoma. Las recomendaciones actuales defienden una reducción precoz, progresiva y controlada de la presión arterial, evitando tanto el mantenimiento de cifras excesivamente elevadas como un descenso brusco que pueda comprometer la perfusión cerebral (1,2). Del mismo modo, Puy et al. destacan que el control hemodinámico constituye una de las intervenciones con mayor impacto sobre la evolución clínica durante las primeras horas de la enfermedad (7).

Aunque en este caso no fue necesario administrar tratamiento hemostático específico, la evidencia disponible muestra que determinadas estrategias farmacológicas pueden ser beneficiosas en pacientes seleccionados. La revisión Cochrane de Al-Shahi Salman et al. concluye que las terapias hemostáticas pueden reducir la expansión del hematoma en situaciones concretas, aunque la evidencia sobre su impacto en la recuperación funcional continúa siendo limitada y requiere una adecuada selección de los pacientes (9). En este contexto, el ensayo clínico TICH-2 evaluó la eficacia del ácido tranexámico en pacientes con hemorragia intracerebral espontánea, observando una reducción discreta en el crecimiento del hematoma, aunque sin demostrar una mejoría significativa en la independencia funcional a largo plazo (8).

La evolución favorable del paciente, sin incremento del volumen del hematoma en la tomografía de control y con recuperación progresiva del déficit neurológico tras el inicio precoz de la rehabilitación, coincide con lo descrito en las guías actuales. Hwang et al. destacan que la monitorización neurológica continuada durante las primeras 24-48 horas permite detectar precozmente el deterioro clínico y orientar las decisiones terapéuticas, mejorando la seguridad del paciente crítico (3). Asimismo, los protocolos asistenciales estructurados y la aplicación de paquetes de cuidados (care bundles) han demostrado reducir la mortalidad hospitalaria y optimizar la atención multidisciplinar de estos pacientes (10).

Desde la perspectiva enfermera, la utilización del modelo de Virginia Henderson permitió identificar de forma integral las necesidades alteradas del paciente y establecer intervenciones dirigidas a prevenir complicaciones asociadas a la inmovilidad, controlar el estado neurológico y favorecer la recuperación funcional. Busl et al. destacan que la implementación de intervenciones enfermeras protocolizadas, incluyendo la monitorización neurológica, el control de la presión arterial, la prevención de broncoaspiraciones, el manejo de la vía aérea y la movilización precoz contribuye significativamente a mejorar la calidad asistencial y la evolución clínica de los pacientes con hemorragia intracerebral (6).

Además, la guía de la European Stroke Organisation recomienda que estos pacientes sean atendidos por equipos multidisciplinares especializados, donde la Enfermería desempeña un papel esencial en la vigilancia clínica, la educación sanitaria y la prevención de complicaciones durante todo el proceso asistencial (12).

Por último, la educación sanitaria proporcionada al paciente y a su familia constituye una de las principales herramientas para prevenir nuevos eventos cerebrovasculares. Las recomendaciones actuales insisten en la necesidad de mantener un adecuado control de la presión arterial, mejorar la adherencia al tratamiento farmacológico y modificar los hábitos de vida relacionados con el riesgo cardiovascular (1,7,11). La participación de Enfermería en este proceso favorece el autocuidado, incrementa el cumplimiento terapéutico y reduce el riesgo de recurrencia.

En conjunto, este caso clínico pone de manifiesto que la identificación precoz de los signos y síntomas, la activación inmediata del Código Ictus, el control intensivo de la presión arterial, la monitorización neurológica continua y la aplicación de cuidados enfermeros basados en la evidencia constituyen elementos fundamentales para mejorar la evolución clínica del paciente con hemorragia intracerebral espontánea. Estos hallazgos son concordantes con las recomendaciones de las principales guías internacionales y con la evidencia científica más reciente (1–12).

Conclusiones

El presente caso clínico pone de manifiesto la importancia de la identificación precoz de los signos y síntomas sugestivos de un ictus hemorrágico en el Servicio de Urgencias, especialmente en pacientes con factores de riesgo cardiovascular como la hipertensión arterial mal controlada. La rápida actuación del equipo multidisciplinar, mediante la activación del Código Ictus, la realización urgente de pruebas de neuroimagen y el inicio temprano del tratamiento, resultó fundamental para estabilizar al paciente, prevenir la progresión del daño cerebral y favorecer una evolución clínica favorable.

Desde la perspectiva enfermera, la valoración integral basada en el modelo de las 14 necesidades de Virginia Henderson permitió identificar de forma sistemática las necesidades alteradas y establecer diagnósticos e intervenciones dirigidas a la monitorización neurológica, el control hemodinámico, la prevención de complicaciones y la promoción de la seguridad del paciente. Asimismo, la educación sanitaria proporcionada al paciente y a su familia desempeñó un papel esencial en la prevención secundaria, reforzando la importancia de la adherencia al tratamiento antihipertensivo, el control de los factores de riesgo cardiovascular y la adopción de hábitos de vida saludables.

En definitiva, este caso evidencia que una atención protocolizada, coordinada y basada en la evidencia científica mejora la calidad asistencial y contribuye a optimizar el pronóstico de los pacientes con hemorragia intracerebral. Además, resalta el papel fundamental de la Enfermería en todas las fases del proceso asistencial, desde la valoración inicial en Urgencias hasta la educación para la salud y el seguimiento posterior, consolidándose como un elemento clave para reducir la morbimortalidad y favorecer la recuperación funcional de estos pacientes.

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