Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 909
Autor principal (primer firmante): Javier Artal Lázaro
Fecha recepción: 27/07/2026
Fecha aceptación: 23/08/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 909
Autores:
Javier Artal Lázaro (DUE)
Inés Lapresta Quílez (DUE)
Celia Lastanao Adán (DUE)
Noelia Cabero Aguilera (TCAE)
Rosa María Lumbreras Gómez (TCAE)
Lorena Royo Villalba (DUE)
Categoría profesional: DUE y TCAE
Palabras clave: flora intestinal, gastroenteritis, virus, bacteria, parasito, diarrea, vomito, dolor abdominal, molestia digestiva, microbiota intestinal, probiótico, antibiótico
Introducción
La gastroenteritis es una de las enfermedades digestivas más frecuentes tanto en niños como en adultos. En la mayoría de los casos está provocada por virus, aunque también puede deberse a bacterias o, con menor frecuencia, a parásitos. Sus síntomas más habituales son diarrea, vómitos, dolor abdominal, fiebre y malestar general. Aunque suele resolverse en pocos días, muchas personas continúan notando molestias digestivas una vez superada la fase aguda. Es entonces cuando surge una duda muy común: ¿Es necesario tomar probióticos para recuperar la flora intestinal?
Durante años se ha hablado de la necesidad de “reponer la flora intestinal” después de una gastroenteritis. En realidad, el término correcto es microbiota intestinal, un conjunto de millones de microorganismos que viven de forma natural en nuestro intestino. Estas bacterias, hongos y otros microorganismos desempeñan funciones esenciales para la salud. Participan en la digestión de algunos alimentos, producen determinadas vitaminas, ayudan a mantener la barrera intestinal y colaboran con el sistema inmunitario para protegernos frente a microorganismos perjudiciales.
Desarrollo
Cuando aparece una gastroenteritis, especialmente si está causada por una infección, este equilibrio puede alterarse. La inflamación intestinal, la diarrea intensa y, en algunos casos, el uso de antibióticos favorecen cambios temporales en la composición de la microbiota. Por este motivo, algunas personas experimentan digestiones más pesadas, gases, distensión abdominal o cambios en el ritmo intestinal incluso después de haber desaparecido los síntomas principales.
Afortunadamente, el organismo posee una gran capacidad para recuperar ese equilibrio de forma natural. En la mayoría de las personas sanas, la microbiota comienza a normalizarse progresivamente durante las semanas siguientes, siempre que se mantenga una alimentación variada y un adecuado estado de hidratación. Sin embargo, en determinadas circunstancias, los probióticos pueden ser una ayuda complementaria.
Los probióticos son microorganismos vivos que, cuando se administran en cantidades adecuadas, pueden aportar beneficios para la salud. Se encuentran en algunos alimentos fermentados y también en preparados comerciales disponibles en farmacias y establecimientos especializados. Su objetivo no es sustituir a las bacterias propias del intestino, sino favorecer un entorno que facilite la recuperación del equilibrio intestinal.
Es importante saber que no todos los probióticos son iguales. Cada uno contiene cepas diferentes y sus efectos pueden variar. Por ello, los resultados observados con una cepa concreta no pueden atribuirse automáticamente a cualquier otro producto. Esta es una de las razones por las que los profesionales sanitarios insisten en elegir probióticos cuya eficacia haya sido estudiada en ensayos clínicos.
Diversas investigaciones han analizado el papel de los probióticos en la gastroenteritis aguda. Algunas cepas, como Lactobacillus rhamnosus GG o Saccharomyces boulardii, han demostrado reducir ligeramente la duración de la diarrea en determinados pacientes, especialmente en niños. Sin embargo, estudios más recientes indican que el beneficio puede ser menor de lo que se pensaba hace algunos años y que no todos los pacientes obtienen el mismo resultado. Por ello, las recomendaciones actuales son más prudentes y consideran que su utilización debe individualizarse.
Una de las situaciones en las que los probióticos pueden resultar especialmente útiles es después de un tratamiento con antibióticos. Estos medicamentos eliminan las bacterias responsables de la infección, pero también afectan a parte de la microbiota intestinal beneficiosa. Como consecuencia, algunas personas desarrollan diarrea asociada al uso de antibióticos o presentan molestias digestivas durante varios días. En estos casos, determinadas cepas probióticas han demostrado disminuir el riesgo de diarrea y favorecer una recuperación más rápida del equilibrio intestinal.
Además del posible beneficio sobre la microbiota, algunos estudios sugieren que ciertos probióticos podrían reforzar la función de la barrera intestinal y contribuir a modular la respuesta inflamatoria. Aunque estos mecanismos todavía continúan investigándose, ayudan a explicar por qué algunas personas refieren una mejor recuperación digestiva tras su utilización.
No obstante, conviene evitar la idea de que los probióticos son imprescindibles después de cualquier gastroenteritis. La recuperación depende, sobre todo, de medidas sencillas que continúan siendo la base del tratamiento. La hidratación adecuada sigue siendo el aspecto más importante, especialmente durante los primeros días. Beber agua, soluciones de rehidratación oral cuando sea necesario y reponer las pérdidas de líquidos ayuda a prevenir complicaciones como la deshidratación.
La alimentación también desempeña un papel fundamental. Durante años se recomendaban dietas muy restrictivas basadas en arroz, manzana o pan tostado. Actualmente se sabe que, una vez controlados los vómitos y siempre que la persona los tolere, es preferible volver de forma progresiva a una alimentación equilibrada. Consumir frutas, verduras, cereales, legumbres, pescado, carnes magras y productos lácteos, cuando exista buena tolerancia, proporciona los nutrientes necesarios para favorecer la recuperación del intestino.
Los alimentos ricos en fibra también contribuyen al equilibrio de la microbiota. La fibra sirve de alimento para muchas bacterias beneficiosas, favoreciendo la producción de sustancias que ayudan a mantener la salud del intestino. Este efecto explica el creciente interés por los llamados prebióticos, componentes de algunos alimentos vegetales que estimulan el crecimiento de microorganismos beneficiosos. Aunque no son lo mismo que los probióticos, ambos pueden actuar de forma complementaria.
Los alimentos fermentados, como el yogur con cultivos vivos o el kéfir, también pueden formar parte de una dieta saludable durante la recuperación, siempre que exista buena tolerancia digestiva. Sin embargo, no deben considerarse equivalentes a los preparados probióticos utilizados en investigación, ya que la cantidad y el tipo de microorganismos presentes pueden variar considerablemente.
Existen algunas situaciones en las que el uso de probióticos requiere mayor precaución. Aunque en personas sanas suelen ser productos seguros, no se recomienda su utilización sin supervisión médica en pacientes con inmunodepresión grave, enfermedades muy debilitantes o portadores de determinados dispositivos intravasculares, ya que en casos excepcionales se han descrito infecciones relacionadas con algunos microorganismos utilizados como probióticos.
También es importante recordar que los probióticos no sustituyen al tratamiento médico cuando existen signos de alarma. Si la diarrea dura varios días, aparece sangre en las heces, existe fiebre elevada, dolor abdominal intenso, vómitos persistentes o signos de deshidratación, es necesario consultar con un profesional sanitario. En estas situaciones puede ser preciso realizar estudios adicionales o indicar un tratamiento específico.
La investigación sobre la microbiota intestinal avanza rápidamente y cada año aparecen nuevos estudios que amplían el conocimiento sobre la relación entre las bacterias intestinales y la salud. Se investiga su posible papel en enfermedades digestivas, metabólicas, alérgicas e incluso neurológicas. Sin embargo, todavía quedan muchas preguntas por responder y no todos los beneficios atribuidos a los probióticos cuentan con el mismo nivel de evidencia científica.
Conclusiones
Recuperarse de una gastroenteritis no depende únicamente de tomar un probiótico. El descanso, una buena hidratación, una alimentación equilibrada y la reintroducción progresiva de los alimentos siguen siendo las medidas más eficaces para favorecer la recuperación. Los probióticos pueden ser un apoyo en determinadas circunstancias y con cepas concretas, pero no constituyen una solución universal.
Bibliografía
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