Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 1073
Autor principal (primer firmante): Pilar Gómez Barreiro
Fecha recepción: 29/07/2026
Fecha aceptación: 25/08/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 1073
Prevention of pressure ulcers in hospitalized patients: the role of nursing in risk identification and management
Autores:
Pilar Gómez Barreiro, Alba Rubio Marin, Teresa Burillo Serrano, Ana Collado Ordovás, Ana Cabello Jabal
Categoría profesional:
Graduado en Enfermería
Resumen
Las úlceras por presión constituyen un importante problema de salud relacionado con la seguridad y la calidad de los cuidados. Su aparición puede prolongar la estancia hospitalaria, aumentar el riesgo de complicaciones y afectar negativamente a la calidad de vida del paciente. La Enfermería desempeña un papel fundamental en su prevención mediante la valoración precoz del riesgo, la inspección sistemática de la piel y la aplicación de medidas individualizadas. El objetivo de esta revisión fue analizar las principales estrategias enfermeras dirigidas a la prevención de las úlceras por presión en pacientes hospitalizados. Se realizó una revisión bibliográfica de la evidencia científica relacionada con los factores de riesgo, las escalas de valoración, los cambios posturales, las superficies especiales para el manejo de la presión, los cuidados de la piel y el soporte nutricional.
Los principales factores relacionados con el desarrollo de úlceras por presión incluyen la inmovilidad, la humedad, la incontinencia, la alteración de la perfusión, la desnutrición y la edad avanzada. La prevención debe comenzar con una valoración individualizada y continuar mediante un plan de cuidados adaptado a las características y necesidades de cada paciente. Los cambios posturales, la utilización de superficies adecuadas, el control de la humedad, la protección de la piel y la optimización del estado nutricional constituyen intervenciones fundamentales. La utilización de escalas de valoración puede ayudar a identificar pacientes en riesgo, aunque no debe sustituir al juicio clínico. La prevención de las úlceras por presión requiere una actuación multidisciplinar y continuada. La Enfermería, por su contacto directo con el paciente y su capacidad para valorar la evolución de la piel, ocupa una posición estratégica para detectar precozmente el riesgo y prevenir la aparición de lesiones.
Palabras clave:
Úlceras por presión; Enfermería; Prevención; Seguridad del paciente; Lesiones por presión; Hospitalización.
Abstract
Pressure ulcers are an important health problem related to patient safety and quality of care. Their development may prolong hospital stay, increase the risk of complications and negatively affect patients’ quality of life. Nursing professionals play a key role in prevention through early risk assessment, systematic skin inspection and individualized interventions. The aim of this review was to analyze the main nursing strategies aimed at preventing pressure ulcers in hospitalized patients. A literature review was conducted on scientific evidence related to risk factors, assessment scales, repositioning, pressure redistribution surfaces, skin care and nutritional support. The main factors associated with the development of pressure ulcers include immobility, moisture, incontinence, impaired perfusion, malnutrition and advanced age. Prevention should begin with an individualized assessment and continue through a care plan adapted to the characteristics and needs of each patient. Repositioning, the use of appropriate support surfaces, moisture control, skin protection and nutritional optimization are key interventions. Risk assessment scales may help identify patients at risk, although they should not replace clinical judgment. Pressure ulcer prevention requires continuous multidisciplinary care. Because of their direct contact with patients and their ability to monitor skin changes, nurses play a strategic role in the early identification of risk and prevention of pressure ulcer development.
Keywords: Pressure Ulcers; Nursing; Prevention; Patient Safety; Pressure Injuries; Hospitalization.
Introducción
Las lesiones por presión constituyen un problema frecuente en pacientes con movilidad reducida y representan un importante desafío para la seguridad del paciente.
La presión mantenida sobre una zona corporal puede provocar alteraciones en la perfusión tisular y producir daño en la piel y en los tejidos subyacentes.
Las lesiones por presión pueden aparecer en diferentes contextos asistenciales, aunque el riesgo aumenta especialmente en pacientes hospitalizados con inmovilidad, deterioro del estado general o dependencia para las actividades básicas.
Estas lesiones pueden producir dolor, infección, deterioro funcional y disminución de la calidad de vida. Además, pueden prolongar la estancia hospitalaria y aumentar la utilización de recursos sanitarios.
La prevención constituye, por tanto, una intervención prioritaria.
Las guías internacionales recomiendan realizar una valoración estructurada del riesgo y aplicar medidas preventivas adaptadas a las necesidades individuales de cada paciente. ¹
La aparición de una lesión por presión depende de diferentes factores.
La presión y la cizalla son mecanismos fundamentales, pero también intervienen la humedad, el estado nutricional, la perfusión tisular, la movilidad y las características de la piel.
La existencia de varios factores de riesgo puede aumentar la probabilidad de desarrollar una lesión. La Enfermería desempeña un papel fundamental en la prevención.
Los profesionales de Enfermería participan en la valoración inicial, la planificación de cuidados, la movilización, la vigilancia de la piel y la educación del paciente y de la familia.
El contacto continuado con el paciente permite detectar cambios cutáneos de forma precoz. La prevención no debe comenzar cuando aparece una lesión.
Debe iniciarse desde el momento en que se identifica un riesgo. Las intervenciones preventivas deben individualizarse.
No todos los pacientes necesitan las mismas medidas.
Un paciente encamado con incontinencia y desnutrición presenta unas necesidades diferentes a las de un paciente con movilidad parcialmente conservada.
La valoración clínica permite establecer las prioridades.
Las escalas de valoración del riesgo pueden contribuir a identificar a los pacientes que requieren medidas preventivas específicas.
Sin embargo, ninguna escala sustituye a la valoración profesional.
Las condiciones del paciente pueden cambiar rápidamente durante la hospitalización.
Por este motivo, la valoración debe repetirse cuando se produzcan cambios clínicos relevantes. La prevención requiere una actuación continua.
Objetivos
Objetivo general
Analizar las principales estrategias de Enfermería dirigidas a la prevención de las lesiones por presión en pacientes hospitalizados.
Objetivos específicos
- Identificar los principales factores de riesgo relacionados con la aparición de lesiones por presión.
- Analizar la utilidad de la valoración estructurada del riesgo.
- Describir las principales medidas de prevención relacionadas con la movilidad y los cambios posturales.
- Analizar el papel de la protección de la piel y el control de la humedad.
- Describir la importancia de la nutrición en la prevención.
- Destacar el papel de Enfermería en la identificación precoz del riesgo y la aplicación de medidas preventivas.
Métodos
Se realizó una revisión bibliográfica narrativa de la literatura científica relacionada con la prevención de las lesiones por presión en pacientes hospitalizados.
La búsqueda se orientó hacia guías clínicas, revisiones sistemáticas, documentos de consenso y estudios relacionados con la prevención y los cuidados enfermeros.
Se utilizaron términos relacionados con pressure injuries, pressure ulcers, prevention, nursing, repositioning, support surfaces, skin care, nutrition y hospitalized patients.
Se incluyeron publicaciones centradas en la prevención de lesiones por presión en adultos y en la práctica clínica hospitalaria.
Se analizaron especialmente los trabajos relacionados con:
Factores de riesgo
- Valoración mediante escalas.
- Cambios posturales.
- Superficies especiales para el manejo de la presión.
- Cuidados de la piel.
- Humedad e incontinencia.
- Nutrición e hidratación.
La información se organizó en las siguientes categorías:
Factores de riesgo
- Valoración del riesgo.
- Movilidad y redistribución de la presión.
- Cuidados de la piel.
- Nutrición.
- Educación y continuidad de los cuidados.
Resultados
Factores de riesgo
La aparición de lesiones por presión se relaciona con la interacción de múltiples factores. Entre los principales factores de riesgo se encuentran:
- Inmovilidad.
- Dependencia para los cambios posturales.
- Edad avanzada.
- Alteraciones de la perfusión.
- Incontinencia.
- Humedad.
- Desnutrición.
- Deterioro del nivel de conciencia.
- Enfermedades crónicas.
- Fricción y cizalla.
La inmovilidad constituye uno de los factores más importantes.
Los pacientes que permanecen durante periodos prolongados en la misma posición pueden mantener una presión continua sobre determinadas prominencias óseas.
La presión mantenida puede comprometer la circulación local y producir daño tisular. La humedad también puede afectar a la integridad de la piel.
La exposición prolongada a orina, heces o sudor puede favorecer la maceración y aumentar la vulnerabilidad cutánea.
La incontinencia requiere una estrategia específica de prevención.
La presencia de incontinencia no debe abordarse únicamente mediante cambios de absorbente.
Es necesario realizar una valoración completa de la piel y establecer medidas para reducir la exposición a la humedad.
La nutrición también puede influir en la integridad tisular.
Los pacientes con ingesta insuficiente o pérdida de peso pueden presentar mayor vulnerabilidad. La identificación de estos factores permite establecer intervenciones preventivas de forma precoz.
Valoración del riesgo
La valoración del riesgo debe realizarse al ingreso y repetirse cuando se produzcan cambios en el estado del paciente.
Las escalas de valoración pueden ayudar a estructurar la evaluación. La escala de Braden es una de las herramientas más utilizadas.
Valora diferentes dimensiones relacionadas con el riesgo, como la percepción sensorial, la humedad, la actividad, la movilidad, la nutrición y la fricción o cizalla. ²
Las escalas permiten identificar pacientes que pueden necesitar medidas preventivas. Sin embargo, la puntuación debe interpretarse junto con la valoración clínica.
Un paciente puede presentar un riesgo relevante, aunque la puntuación no refleje completamente su situación.
La valoración debe incluir la inspección de la piel. Es importante prestar especial atención a:
- Sacro.
- Talones.
- Caderas.
- Codos.
- Tobillos.
- Occipucio.
También deben valorarse zonas sometidas a presión por dispositivos médicos.
Las lesiones relacionadas con dispositivos pueden aparecer por la presión mantenida de:
- Mascarillas.
- Tubos.
- Catéteres.
- Férulas.
- Sistemas de monitorización.
La valoración debe incluir la identificación de estas zonas.
La documentación de la valoración permite realizar un seguimiento de la evolución.
Movilidad y cambios posturales
La movilidad constituye una de las principales medidas preventivas.
Los pacientes que no pueden cambiar de posición de forma autónoma pueden necesitar ayuda para realizar cambios posturales.
La frecuencia debe individualizarse.
No existe un intervalo universal válido para todos los pacientes. La necesidad de movilización depende de:
- Estado de la piel.
- Tolerancia del paciente.
- Nivel de movilidad.
- Estado clínico.
- Superficie utilizada.
- Riesgo individual.
Las guías internacionales recomiendan establecer un plan individualizado de reposicionamiento. ¹ Los cambios posturales deben realizarse evitando la fricción y la cizalla.
La movilización debe efectuarse utilizando técnicas adecuadas y, cuando sea necesario, dispositivos de ayuda.
La posición debe permitir redistribuir la presión. Los talones requieren una atención especial.
En pacientes con elevado riesgo puede ser necesario utilizar medidas para mantener los talones elevados y evitar el contacto prolongado con la superficie de apoyo.
La movilización también debe promoverse cuando el estado del paciente lo permita. La movilización precoz puede contribuir a disminuir el tiempo de inmovilidad.
La prevención debe evitar mantener al paciente en cama cuando no exista una indicación clínica para ello.
Superficies para el manejo de la presión
Las superficies de apoyo pueden contribuir a redistribuir la presión. Entre ellas se encuentran:
- Colchones especiales.
- Colchonetas.
- Cojines.
- Sistemas dinámicos.
- Superficies de redistribución.
La elección debe adaptarse al nivel de riesgo y a las características del paciente. Las superficies especiales no sustituyen a los cambios posturales.
Su función es complementar el resto de las medidas preventivas.
Una revisión Cochrane sobre superficies de apoyo encontró que determinadas superficies pueden reducir el riesgo de desarrollar lesiones por presión en comparación con superficies convencionales, aunque la evidencia presenta diferencias según el tipo de superficie. ³
La utilización de dispositivos debe acompañarse de una vigilancia adecuada. También es necesario comprobar que el dispositivo se utiliza correctamente.
Una superficie diseñada para redistribuir la presión puede perder eficacia si no se ajusta adecuadamente.
Cuidados de la piel
La inspección de la piel permite identificar cambios precoces. La valoración debe incluir:
- Coloración.
- Temperatura.
- Humedad.
- Integridad.
- Presencia de eritema.
- Dolor o sensibilidad.
La aparición de un eritema persistente puede indicar una alteración de la tolerancia tisular. La piel debe mantenerse limpia y seca.
La higiene debe realizarse evitando productos que puedan irritar la piel.
En pacientes con incontinencia, pueden utilizarse productos protectores adecuados.
La piel debe secarse mediante toques suaves. El frotamiento intenso puede aumentar el daño.
La hidratación de la piel también puede ser importante en pacientes con sequedad.
Los productos utilizados deben seleccionarse de acuerdo con las características de la piel. La prevención de la humedad es especialmente importante en pacientes con incontinencia.
La atención debe centrarse en proteger la piel y reducir la exposición prolongada a agentes irritantes.
Nutrición e hidratación
La nutrición constituye un elemento relevante en la prevención de las lesiones por presión. Los pacientes con riesgo deben ser valorados para detectar:
- Pérdida de peso.
- Ingesta insuficiente.
- Dificultad para alimentarse.
- Problemas de deglución.
- Deshidratación.
La valoración nutricional permite identificar a los pacientes que pueden necesitar intervención específica. Las necesidades nutricionales deben individualizarse.
En pacientes con riesgo de desnutrición puede ser necesaria la intervención de profesionales especializados.
La prevención no debe limitarse a administrar suplementos de forma automática. Debe realizarse una valoración completa.
La hidratación también debe tenerse en cuenta.
La ingesta insuficiente puede contribuir al deterioro del estado general. La intervención nutricional debe integrarse dentro del plan de cuidados.
La Enfermería desempeña un papel importante en la vigilancia de la ingesta y en la detección de cambios en el estado nutricional.
Educación del paciente y de la familia
La educación puede favorecer la participación en la prevención.
Cuando el estado del paciente lo permite, se debe explicar la importancia de:
- Cambiar de posición.
- Comunicar dolor o molestias.
- Evitar permanecer en la misma posición durante periodos prolongados.
- Mantener una adecuada higiene.
- Participar en la movilización.
La familia y los cuidadores también pueden colaborar.
La educación debe adaptarse a las capacidades de cada persona.
En pacientes con deterioro cognitivo o dependencia, los cuidadores pueden desempeñar un papel esencial. La continuidad de los cuidados debe garantizarse durante las transiciones asistenciales.
Cuando el paciente pasa a otro nivel asistencial, la información sobre el riesgo y las medidas preventivas debe transmitirse adecuadamente.
La prevención no termina con el alta hospitalaria.
Los pacientes que mantienen factores de riesgo pueden necesitar continuar con las medidas en su domicilio o en otros centros asistenciales.
Discusión
Las lesiones por presión son un problema prevenible en numerosos pacientes, aunque no todos los casos pueden evitarse completamente.
La prevención requiere identificar los factores de riesgo y aplicar medidas adaptadas a cada paciente. La inmovilidad es uno de los principales factores relacionados con el desarrollo de lesiones.
La movilización y el reposicionamiento deben formar parte del plan de cuidados. Sin embargo, la frecuencia de los cambios posturales debe individualizarse.
Las recomendaciones actuales destacan la necesidad de establecer planes adaptados a la situación clínica y a la tolerancia del paciente. ¹
La utilización de escalas permite estructurar la valoración.
La escala de Braden puede facilitar la identificación de diferentes factores de riesgo.² Sin embargo, la puntuación no debe utilizarse de forma aislada.
La valoración clínica es imprescindible.
Las condiciones del paciente pueden cambiar rápidamente.
Por este motivo, la reevaluación es especialmente importante cuando aparece deterioro clínico, disminución de la movilidad o cambios en la nutrición.
Las superficies especiales para el manejo de la presión pueden contribuir a reducir el riesgo. La evidencia muestra diferencias entre los distintos tipos de superficies. ³
La elección debe basarse en el riesgo del paciente y en los recursos disponibles. Las superficies no deben utilizarse como sustituto de la movilización.
La piel requiere vigilancia continua.
La identificación precoz de cambios permite intervenir antes de que aparezca una lesión más profunda. El control de la humedad es especialmente importante.
La incontinencia puede favorecer la alteración de la barrera cutánea.
La higiene y la protección de la piel deben formar parte de los cuidados habituales. La nutrición también debe considerarse.
La desnutrición puede afectar a la capacidad de los tejidos para mantener su integridad y recuperarse del daño.
La valoración nutricional debe integrarse en la prevención. El papel de Enfermería es fundamental.
Los profesionales de Enfermería pueden identificar el riesgo, realizar la valoración de la piel, planificar los cambios posturales y coordinar las diferentes intervenciones.
La prevención requiere también colaboración interdisciplinar.
La participación de profesionales de nutrición, fisioterapia y Medicina puede ser necesaria en función de las características del paciente.
La prevención no debe depender exclusivamente de una única intervención.
La combinación de valoración, movilización, superficies adecuadas, cuidados de la piel y soporte nutricional permite establecer múltiples barreras.
La educación también desempeña un papel importante.
El paciente debe participar en la medida de sus posibilidades.
La familia puede colaborar en la movilización y en la vigilancia de la piel. La información debe adaptarse a la situación individual.
Un aspecto fundamental es la continuidad de los cuidados.
Los cambios de unidad o el alta pueden provocar pérdida de información. El riesgo y las medidas preventivas deben transmitirse adecuadamente. La prevención de las lesiones por presión requiere continuidad.
La valoración realizada en una unidad debe ser conocida por los profesionales que continúan los cuidados. La documentación permite facilitar esta continuidad.
La prevención también debe considerarse una responsabilidad organizativa. Los profesionales necesitan disponer de recursos adecuados.
La falta de superficies especiales, material de movilización o personal suficiente puede dificultar la aplicación de medidas preventivas.
La calidad de los cuidados depende tanto de las competencias profesionales como de las condiciones en las que se desarrollan.
La prevención de las lesiones por presión constituye un indicador de calidad asistencial. La evaluación de la incidencia puede ayudar a identificar oportunidades de mejora.
Los centros sanitarios deben analizar los casos y revisar los procesos preventivos. El objetivo no debe ser únicamente conocer cuántas lesiones se producen.
También es necesario conocer en qué pacientes aparecen, qué factores estaban presentes y qué medidas se habían aplicado.
Este análisis permite mejorar la práctica.
Conclusiones
Las lesiones por presión constituyen un problema relevante de seguridad del paciente y pueden provocar complicaciones importantes.
La prevención debe comenzar con una valoración precoz e individualizada del riesgo.
La inmovilidad, la humedad, la incontinencia, la alteración de la perfusión y la desnutrición son factores relevantes que deben identificarse.
Las escalas de valoración pueden ayudar a estructurar la evaluación, pero no sustituyen al juicio clínico. Los cambios posturales y la movilización deben adaptarse a las necesidades y tolerancia de cada paciente. Las superficies especiales para el manejo de la presión pueden complementar las medidas preventivas.
La inspección sistemática de la piel permite identificar alteraciones de forma precoz.
El control de la humedad y la protección de la barrera cutánea son intervenciones esenciales. La valoración nutricional debe integrarse en la prevención.
La Enfermería desempeña un papel fundamental en la identificación del riesgo, la planificación de cuidados y la vigilancia de la evolución.
La prevención requiere un abordaje multidisciplinar y continuidad durante las diferentes transiciones asistenciales.
La aplicación de múltiples medidas preventivas permite reducir el riesgo de aparición de lesiones y mejorar la calidad de los cuidados.
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