Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 395
Autor principal (primer firmante): Beatriz Alfaro Ciria
Fecha recepción: 30/09/2026
Fecha aceptación: 27/10/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 395
Autores:
Beatriz Alfaro Ciria
Laura Chivite Felipe
Vanesa Jaime Gómara
Ana Palacios Martínez
Laura Armendariz Pérez
Joseba Setas Armendariz
Introducción
La atención a personas que presentan agitación psicomotriz, conductas agresivas o riesgo de autolesión constituye una situación clínica compleja dentro de los servicios de salud mental. En determinadas circunstancias, cuando las estrategias preventivas y de desescalada no han conseguido controlar una situación de riesgo grave e inmediato, pueden utilizarse medidas restrictivas, entre ellas la contención física o mecánica.
La contención mecánica consiste en limitar físicamente el movimiento de una persona mediante dispositivos específicamente diseñados para impedir determinados movimientos corporales. Su utilización debe considerarse una intervención excepcional, proporcional al riesgo y aplicada durante el menor tiempo posible. Los organismos internacionales promueven modelos de atención orientados a disminuir progresivamente las prácticas coercitivas y a priorizar alternativas centradas en la persona y basadas en los derechos humanos. [1]
La utilización de medidas restrictivas no está exenta de riesgos. Se han descrito lesiones físicas, alteraciones respiratorias y circulatorias, lesiones cutáneas, complicaciones musculoesqueléticas y eventos tromboembólicos, además de posibles consecuencias psicológicas relacionadas con la experiencia de coerción. Una revisión sistemática sobre daños físicos asociados a medidas coercitivas encontró lesiones durante la contención física en aproximadamente el 0,8-4 % de los episodios estudiados, aunque los autores señalaron importantes limitaciones en la disponibilidad de datos. [2]
La evidencia más reciente también ha reforzado la importancia de vigilar las complicaciones somáticas. Un estudio poblacional publicado en 2026, realizado en más de 24.000 pacientes ingresados en hospitales psiquiátricos, encontró una asociación entre la contención mecánica y un mayor riesgo de enfermedad tromboembólica venosa durante el periodo posterior a la intervención. Aunque el riesgo absoluto fue bajo, los resultados apoyan la necesidad de incorporar medidas preventivas y vigilancia clínica. [3]
En este contexto, Enfermería desempeña un papel fundamental. La intervención enfermera comienza antes de la propia contención, mediante la identificación de factores de riesgo y la aplicación de medidas preventivas, continúa durante el procedimiento mediante una vigilancia constante y finaliza con la valoración física y psicológica, la documentación y el análisis posterior del episodio.
La prevención de lesiones debe constituir, por tanto, un objetivo prioritario cuando una intervención restrictiva resulta inevitable.
Objetivos
Objetivo general
Analizar las intervenciones de Enfermería dirigidas a prevenir lesiones y complicaciones físicas y psicológicas asociadas a la contención mecánica en personas atendidas en servicios de salud mental.
Objetivos específicos
- Identificar los principales riesgos asociados a la contención mecánica.
- Describir las medidas enfermeras destinadas a prevenir lesiones durante la contención.
- Analizar la importancia de la vigilancia de las funciones respiratoria y circulatoria.
- Identificar las principales complicaciones cutáneas, musculoesqueléticas y vasculares relacionadas con la inmovilización.
- Describir los cuidados enfermeros posteriores a la retirada de la contención.
- Destacar la importancia de utilizar medidas de desescalada y alternativas antes de recurrir a la contención.
- Analizar la importancia de la formación de los profesionales para disminuir las lesiones asociadas a estas intervenciones.
- Promover una atención centrada en la persona y respetuosa con su dignidad.
Metodología
Se realizó una revisión bibliográfica narrativa centrada en la prevención de lesiones asociadas a la contención mecánica estructurada en las siguientes fases:
Estrategia de búsqueda y fuentes de información
La búsqueda bibliográfica se llevó a cabo entre enero y abril de 2026 en las bases de datos PubMed y en las guías de práctica clínica relacionadas con el tema.
Descriptores y operadores booleanos
La búsqueda se ejecutó empleando términos DeCS (Descriptores en Ciencias de la Salud) y MeSH (Medical Subject Headings), combinados a través del operador booleano AND para delimitar la intersección de los conceptos principales:
“Mental health”, “Mechanical restraint”, “Adverse events”, “Contención mecánica”, “Lesiones”, “Psiquiatría”.
Criterios de inclusión y exclusión
Para garantizar la validez y calidad de la evidencia, se aplicaron los siguientes filtros:
- Temporalidad: Artículos publicados exclusivamente en los últimos 9 años (2018-2026).
- Tipo de documento: Artículos originales, revisiones sistemáticas y metaanálisis procedentes de publicaciones académicas con revisión por pares (peer-review).
- Idioma: Documentos en español e inglés.
- Accesibilidad: Textos completos disponibles (full-text).
Resultados
La prevención comienza antes de la contención
La principal medida para prevenir las lesiones asociadas a la contención es reducir, siempre que sea posible, la necesidad de utilizarla.
La evidencia disponible indica que diferentes intervenciones pueden disminuir la frecuencia o duración de la contención mecánica. Una revisión sistemática publicada en 2024 identificó 41 estudios y agrupó las intervenciones estudiadas en cuatro grandes categorías: métodos de calma, recursos del personal, cambios legales y organizativos y modificaciones de la cultura profesional. Aunque los resultados fueron heterogéneos, algunas intervenciones mostraron potencial para reducir el uso de contenciones. [4]
Por ello, Enfermería debe intervenir precozmente ante los primeros signos de agitación mediante:
- Comunicación terapéutica
- Escucha activa
- Reducción de estímulos ambientales
- Identificación de desencadenantes
- Establecimiento de límites claros
- Ofrecimiento de alternativas
- Técnicas de relajación o distracción
- Utilización de espacios tranquilos
- Mantenimiento de una relación terapéutica
La desescalada verbal también puede contribuir a evitar la progresión de determinadas situaciones de agitación hacia intervenciones restrictivas. Un estudio realizado en una unidad de salud mental aguda de Barcelona analizó específicamente la relación entre la utilización de desescalada verbal por Enfermería y la contención mecánica. [5]
Valoración individualizada del riesgo
Antes de aplicar una medida restrictiva debe realizarse una valoración individualizada.
Enfermería debe identificar factores que puedan incrementar el riesgo de lesión, como:
- Antecedentes de episodios de agitación
- Autolesiones previas
- Intoxicación por alcohol u otras sustancias
- Alteraciones neurológicas
- Enfermedad cardiovascular o respiratoria
- Obesidad
- Embarazo
- Discapacidad física
- Alteraciones musculoesqueléticas
- Tratamiento farmacológico con potencial sedante
- Riesgo de trombosis
- Alteraciones de la movilidad
- Deterioro cognitivo.
La valoración debe mantenerse durante todo el episodio, puesto que las condiciones clínicas pueden cambiar rápidamente.
Las recomendaciones NICE establecen que determinadas situaciones, como enfermedad física, discapacidad, embarazo u obesidad, requieren especial precaución cuando se utiliza una intervención física restrictiva. [6]
Prevención de lesiones respiratorias
Una de las prioridades durante cualquier intervención restrictiva es garantizar que la persona pueda respirar adecuadamente.
La contención no debe interferir con la vía aérea ni con la ventilación. NICE recomienda evitar cualquier técnica que ejerza presión sobre el cuello, abdomen o tórax o que obstruya la boca o la nariz. [6]
La vigilancia enfermera debe prestar especial atención a:
- Frecuencia respiratoria
- Esfuerzo respiratorio
- Coloración cutánea
- Nivel de conciencia
- Capacidad para hablar
- Presencia de signos de hipoxia
- Cambios bruscos en el estado clínico
La aparición de dificultad respiratoria, disminución del nivel de conciencia, cianosis u otros signos de deterioro requiere una actuación inmediata.
Prevención de lesiones circulatorias y vasculares
La presión mantenida de los dispositivos de contención puede comprometer la circulación periférica.
Por ello, Enfermería debe valorar periódicamente:
- Coloración de las extremidades
- Temperatura distal
- Presencia de edema
- Pulsos periféricos cuando proceda
- Sensibilidad
- Movilidad distal cuando sea posible
- Presencia de dolor
- Aparición de parestesias
Debe comprobarse además que los dispositivos se encuentren correctamente colocados y que no produzcan una presión excesiva.
La inmovilización prolongada constituye también un factor de preocupación por su posible relación con complicaciones tromboembólicas. Un estudio de 2026 encontró una incidencia acumulada de tromboembolismo venoso a los 30 días de 3,5 por 1.000 personas en el grupo sometido a contención mecánica frente a 1,7 por 1.000 en el grupo sometido a contención química, con una asociación temporal especialmente marcada durante los primeros 14 días. [3]
Estos datos refuerzan la importancia de valorar individualmente el riesgo tromboembólico y de favorecer la movilización y recuperación de la movilidad tan pronto como sea clínicamente seguro.
Prevención de lesiones cutáneas
La inmovilización puede generar presión mantenida sobre determinadas zonas anatómicas y favorecer la aparición de lesiones cutáneas.
Las zonas de mayor riesgo dependerán del dispositivo utilizado y de la posición mantenida.
Enfermería debe realizar:
- Valoración inicial de la piel
- Comprobación de los puntos de presión
- Vigilancia de eritema persistente
- Detección de abrasiones
- Identificación de edema
- Valoración de temperatura y coloración
- Revisión de la correcta colocación de los dispositivos.
- Cambios posturales cuando sean compatibles con la seguridad.
- Higiene y cuidado de la piel
La revisión sistemática sobre acontecimientos adversos asociados a restricciones físicas señala la aparición de lesiones cutáneas entre las complicaciones descritas en la literatura, aunque la calidad y disponibilidad de la evidencia varían considerablemente entre estudios. [7]
Prevención de lesiones musculoesqueléticas
Los movimientos bruscos durante una situación de agitación pueden aumentar el riesgo de lesiones articulares, musculares o ligamentarias.
Además, determinadas posiciones mantenidas pueden generar dolor y limitación funcional.
La intervención enfermera debe orientarse a:
- Utilizar técnicas protocolizadas
- Evitar movimientos innecesariamente bruscos
- Coordinar al equipo
- Mantener una comunicación clara entre profesionales
- Proteger las extremidades
- Evitar hiperextensiones articulares
- Vigilar la aparición de dolor o pérdida de movilidad.
NICE establece que la intervención física debe realizarse por profesionales que trabajen coordinadamente, con funciones claramente definidas y una persona responsable de dirigir el procedimiento. [6]
Importancia de evitar posiciones que comprometan la seguridad
La posición corporal constituye un aspecto esencial de la seguridad.
Las recomendaciones NICE indican que debe evitarse llevar a la persona al suelo durante la contención manual. Si esto resulta inevitable, se recomienda utilizar la posición supina siempre que sea posible y reducir al mínimo el tiempo en posición prona cuando esta sea necesaria. [6]
La literatura también ha estudiado la relación entre posición de contención y lesiones. En una investigación que analizó 680 episodios de contención, la posición prona mostró una posible asociación con lesiones del personal, mientras que diferentes características clínicas del episodio se relacionaron con el riesgo de lesión del paciente. [8]
Estos resultados apoyan la necesidad de que las técnicas de contención se realicen siguiendo protocolos de seguridad y evitando posiciones potencialmente peligrosas.
Vigilancia de constantes y estado de conciencia
La monitorización constituye una de las intervenciones enfermeras más importantes durante y después de una contención.
NICE establece que durante la contención manual debe comprobarse que la vía aérea y la respiración no estén comprometidas y que deben monitorizarse las constantes vitales. Después del episodio, la vigilancia debe mantenerse durante el tiempo clínicamente necesario. [6]
La valoración puede incluir:
- Frecuencia respiratoria
- Saturación de oxígeno
- Frecuencia cardiaca
- Presión arterial
- Temperatura
- Nivel de conciencia
- Coloración
- Estado neurológico
- Dolor
- Estado de las extremidades
La intensidad y frecuencia de la vigilancia deben individualizarse según el estado clínico, el tipo y duración de la intervención y los factores de riesgo de la persona.
Prevención de complicaciones psicológicas
Las consecuencias de una contención no son exclusivamente físicas.
La experiencia puede generar miedo, humillación, pérdida de control, ansiedad o deterioro de la confianza hacia los profesionales.
Un estudio cualitativo realizado con enfermeras de salud mental españolas describió experiencias negativas asociadas a la contención mecánica, incluyendo trauma, lesión moral y deterioro de la confianza en la relación terapéutica. Los autores destacan la importancia del debriefing posterior para favorecer la reconstrucción de la relación terapéutica. [9]
Por ello, Enfermería debe proporcionar información, escuchar las preocupaciones de la persona y permitir que exprese cómo ha vivido el episodio.
Cuidados posteriores a la retirada
La retirada de la contención no debe considerarse el final de la intervención enfermera.
Una vez que el riesgo inmediato ha desaparecido, se debe realizar una nueva valoración integral.
Los cuidados pueden incluir:
- Valoración de constantes
- Exploración de la piel
- Comprobación de circulación y sensibilidad
- Valoración del dolor
- Valoración de la movilidad
- Identificación de lesiones
- Valoración del estado emocional
- Hidratación y alimentación cuando proceda
- Recuperación progresiva de la movilidad
- Registro completo del episodio
NICE recomienda realizar un debriefing inmediato después de una intervención restrictiva cuando los riesgos hayan sido controlados, con el objetivo de identificar daños físicos, riesgos persistentes y repercusiones emocionales tanto en la persona atendida como en los profesionales. [10]
Registro y análisis del episodio
La documentación constituye una herramienta de seguridad.
El registro enfermero debe reflejar, de acuerdo con los protocolos y requisitos legales del centro:
- Motivo de la intervención
- Alternativas intentadas previamente
- Valoración del riesgo
- Tipo de intervención
- Duración
- Estado clínico
- Vigilancia realizada
- Incidencias
- Lesiones detectadas
- Cuidados proporcionados
- Respuesta de la persona
- Medidas adoptadas posteriormente
El análisis de estos episodios permite identificar patrones y oportunidades de mejora.
La revisión sistemática publicada en 2025 sobre contención mecánica en unidades psiquiátricas señaló una gran variabilidad internacional en su utilización y puso de manifiesto la importancia de mejorar la calidad de la investigación y de analizar factores relacionados con pacientes, profesionales y organización. [11]
Formación del personal de Enfermería
La formación constituye una estrategia fundamental para prevenir lesiones.
El entrenamiento debe incluir no solo técnicas de contención, sino también:
- Prevención de la agitación
- Comunicación terapéutica
- Desescalada
- Reconocimiento de factores de riesgo
- Actuación coordinada del equipo
- Monitorización física
- Prevención de complicaciones
- Identificación de situaciones de emergencia
- Cuidados posteriores
- Documentación
- Análisis y debriefing
Un estudio de intervención realizado en unidades psiquiátricas de Singapur encontró que la combinación de entrenamiento del personal, práctica periódica de técnicas de desescalada y contención y organización del liderazgo durante las crisis se utilizó para reducir las lesiones de pacientes durante los episodios de contención. [12]
Por tanto, la formación debe ser práctica, periódica y adaptada a los protocolos específicos de cada centro.
Discusión
La contención mecánica representa una de las intervenciones más complejas dentro de los cuidados de salud mental. Su utilización puede resultar necesaria en determinadas situaciones de riesgo, pero también puede generar complicaciones físicas y psicológicas.
La evidencia disponible señala que las lesiones pueden producirse tanto durante la aplicación de la medida como posteriormente. Entre los problemas descritos se encuentran lesiones físicas, alteraciones cutáneas y musculoesqueléticas, compromiso respiratorio o circulatorio y complicaciones tromboembólicas. [4,5]
Por este motivo, la prevención debe abordarse desde una perspectiva integral.
El papel de Enfermería comienza con la identificación precoz de la agitación y la utilización de medidas de desescalada. Cuando estas medidas no son suficientes y la contención resulta necesaria, la prioridad pasa a ser la seguridad física y psicológica de la persona.
La monitorización continua resulta especialmente relevante. No basta con comprobar que el dispositivo está correctamente colocado: deben vigilarse la respiración, circulación, piel, movilidad, dolor, nivel de conciencia y estado emocional.
Asimismo, la actuación coordinada del equipo es fundamental. Las recomendaciones NICE establecen la necesidad de que los profesionales conozcan sus funciones y exista una persona responsable de dirigir la intervención. [6]
En España, la Estrategia de Salud Mental del Sistema Nacional de Salud 2022-2026 incorpora principios relacionados con la autonomía, los derechos, la toma de decisiones compartida y el protagonismo de las personas usuarias. [13]
Además, el Plan de Acción de Salud Mental 2025-2027 contempla actuaciones dirigidas a la eliminación del uso de contenciones mecánicas y el desarrollo de alternativas a las prácticas coercitivas. [13]
Este enfoque coincide con las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, que promueve servicios de salud mental centrados en la persona y basados en los derechos humanos, con reducción de las prácticas coercitivas. [1]
Por ello, la prevención de lesiones no debe limitarse a mejorar la técnica de contención. Debe incluir también estrategias destinadas a reducir la necesidad de recurrir a ella.
Conclusión
La contención mecánica constituye una intervención restrictiva que puede asociarse a complicaciones físicas y psicológicas, por lo que su utilización debe ser excepcional y estar sometida a criterios de necesidad, proporcionalidad y seguridad.
Enfermería desempeña un papel esencial en todas las fases del proceso: prevención, valoración del riesgo, aplicación segura, monitorización, detección precoz de complicaciones y cuidados posteriores.
La prevención de lesiones requiere una valoración individualizada que permita identificar factores de riesgo respiratorios, cardiovasculares, vasculares, cutáneos y musculoesqueléticos. Durante la intervención resulta imprescindible garantizar una adecuada ventilación, circulación y protección de las zonas corporales sometidas a presión, además de realizar una vigilancia clínica continuada.
Tras la retirada de la contención, la valoración física y psicológica debe continuar hasta garantizar la estabilidad de la persona. El registro y el análisis posterior permiten identificar posibles fallos y desarrollar medidas preventivas para futuras situaciones.
La evidencia reciente sobre complicaciones tromboembólicas refuerza la necesidad de prestar atención no solo a las lesiones inmediatas, sino también a las consecuencias potencialmente tardías de la inmovilización. [7,8]
Finalmente, la formación continuada en desescalada, comunicación terapéutica, prevención de lesiones y actuación coordinada puede contribuir a mejorar la seguridad. La reducción de las prácticas restrictivas debe acompañarse de alternativas terapéuticas y de un modelo de atención centrado en la persona, la dignidad y los derechos humanos.
En definitiva, prevenir las lesiones asociadas a la contención no significa únicamente realizar correctamente una técnica, sino desarrollar una estrategia enfermera integral orientada a evitar la contención cuando sea posible, minimizar sus riesgos cuando resulte necesaria y garantizar cuidados físicos y emocionales adecuados después del episodio.
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