Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 394
Autor principal (primer firmante): Beatriz Alfaro Ciria
Fecha recepción: 30/09/2026
Fecha aceptación: 27/10/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 394
Autores:
Beatriz Alfaro Ciria
Laura Chivite Felipe
Vanesa Jaime Gómara
Ana Palacios Martínez
Laura Armendariz Pérez
Joseba Setas Armendariz
Introducción
La enfermedad renal aguda (ERA) constituye una complicación frecuente en pacientes hospitalizados y se caracteriza por un deterioro brusco de la función renal. Puede aparecer como consecuencia de alteraciones de la perfusión renal, procesos infecciosos, exposición a determinados medicamentos, procedimientos diagnósticos o quirúrgicos y enfermedades agudas que comprometen la estabilidad hemodinámica.
Su relevancia clínica radica no solo en la alteración transitoria de la función renal, sino también en su asociación con una mayor complejidad asistencial y con posibles consecuencias posteriores sobre la salud renal. La detección temprana y la actuación sobre los factores modificables constituyen, por tanto, elementos esenciales para disminuir la progresión del daño renal.
Las recomendaciones actuales consideran especialmente relevantes factores como la enfermedad renal crónica, insuficiencia cardiaca, diabetes, sepsis, hipovolemia, hipotensión, oliguria, edad avanzada y exposición a medicamentos potencialmente nefrotóxicos. NICE también señala el deterioro de las puntuaciones de alerta temprana como un elemento que debe aumentar la sospecha de ERA. [1]
En este contexto, Enfermería ocupa una posición estratégica. La vigilancia continuada del estado clínico, el control de la diuresis, el balance hídrico, la identificación de cambios en las constantes vitales y la revisión de factores de riesgo permiten reconocer precozmente situaciones susceptibles de producir deterioro renal y comunicar oportunamente los hallazgos al equipo multidisciplinar. [4]
Objetivos
Objetivo general
Analizar las principales estrategias de prevención y detección precoz de la enfermedad renal aguda hospitalaria, destacando el papel de Enfermería en la identificación de factores de riesgo y en la aplicación de medidas preventivas.
Objetivos específicos
- Identificar los principales factores de riesgo asociados al desarrollo de ERA en pacientes hospitalizados.
- Describir los parámetros clínicos y analíticos que pueden facilitar su detección precoz.
- Analizar las intervenciones enfermeras dirigidas a mantener una adecuada perfusión renal y prevenir factores desencadenantes.
- Promover una vigilancia estructurada de la diuresis y del balance hídrico.
- Destacar la importancia de la revisión de tratamientos potencialmente nefrotóxicos.
- Favorecer la comunicación precoz entre Enfermería y el resto del equipo sanitario ante signos de deterioro renal.
Metodología
Se realizó una revisión bibliográfica narrativa centrada en la prevención de la enfermedad renal aguda hospitalaria estructurada en las siguientes fases:
Estrategia de búsqueda y fuentes de información
La búsqueda bibliográfica se llevó a cabo entre enero y abril de 2026 en las bases de datos PubMed y en las Guías de Práctica Clínica correspondientes.
Descriptores y operadores booleanos
La búsqueda se ejecutó empleando términos DeCS (Descriptores en Ciencias de la Salud) y MeSH (Medical Subject Headings), combinados a través del operador booleano AND para delimitar la intersección de los conceptos principales:
“Kidney injury”, “Nurse”, “Care”, “Hospital”, “Enfermedad renal”, “Cuidado”, “Enfermería”
Criterios de inclusión y exclusión
Para garantizar la validez y calidad de la evidencia, se aplicaron los siguientes filtros:
- Temporalidad: Artículos publicados exclusivamente en los últimos 9 años (2018-2026).
- Tipo de documento: Artículos originales, revisiones sistemáticas y metaanálisis procedentes de publicaciones académicas con revisión por pares (peer-review).
- Idioma: Documentos en español e inglés.
- Accesibilidad: Textos completos disponibles (full-text).
Resultados
Identificación precoz de pacientes con riesgo de ERA
La prevención comienza con la identificación de los pacientes especialmente vulnerables.
Entre los principales factores de riesgo se encuentran la enfermedad renal crónica, insuficiencia cardiaca, hepatopatía, diabetes, antecedentes de ERA, hipovolemia, sepsis, hipotensión, oliguria y edad avanzada. También debe prestarse atención a pacientes expuestos a determinados medicamentos o a medios de contraste y a aquellos que presentan deterioro clínico. [1]
Desde Enfermería resulta fundamental realizar una valoración inicial estructurada que incluya:
- Antecedentes renales.
- Enfermedades crónicas relevantes.
- Situación hemodinámica.
- Estado de hidratación.
- Diuresis.
- Medicación habitual.
- Exposición reciente a contrastes.
- Presencia de infección o sepsis.
- Intervenciones quirúrgicas recientes o previstas.
- Evolución de las constantes vitales.
La identificación de varios factores simultáneos debe aumentar el nivel de vigilancia.
Monitorización de la diuresis
La diuresis constituye uno de los parámetros más accesibles para detectar alteraciones de la función renal.
La definición clásica de ERA incluye una disminución de la producción de orina por debajo de 0,5 ml/kg/h durante al menos 6 horas, además de los cambios en la concentración de creatinina sérica. [2]
Por este motivo, Enfermería debe registrar de forma rigurosa la eliminación urinaria, especialmente en pacientes críticos o con factores de riesgo.
Una reducción progresiva de la diuresis debe interpretarse junto con otros parámetros clínicos, evitando considerar el volumen urinario de manera aislada.
Ante una oliguria persistente, es necesario comprobar el registro, valorar el estado de hidratación y perfusión, descartar problemas relacionados con dispositivos urinarios cuando existan y comunicar precozmente los cambios clínicamente relevantes. [4]
Control del balance hídrico
El mantenimiento de una adecuada perfusión renal requiere evitar tanto la hipovolemia como una sobrecarga innecesaria de líquidos.
Enfermería participa directamente en la medición y registro de las entradas y salidas de líquidos, incluyendo:
- Fluidoterapia intravenosa.
- Ingesta oral.
- Nutrición enteral o parenteral.
- Diuresis.
- Vómitos.
- Drenajes.
- Otras pérdidas cuantificables.
El balance debe interpretarse junto con constantes vitales, exploración clínica y evolución analítica. La administración de líquidos no debe realizarse de forma automática ante cualquier descenso de la diuresis, ya que el tratamiento debe adaptarse a la situación clínica y hemodinámica individual. [6]
Las recomendaciones actuales de KDIGO ponen especial énfasis en optimizar el estado de volumen y la presión de perfusión dentro de las estrategias de protección renal. [2]
Vigilancia de la función renal
La creatinina sérica continúa siendo uno de los principales marcadores utilizados para identificar cambios en la función renal.
NICE recomienda comparar la creatinina con valores previos y realizar controles con una frecuencia adaptada a la situación clínica, siendo habitual la medición diaria durante la hospitalización cuando existe riesgo de ERA. [3]
Sin embargo, una de las dificultades de la detección precoz es que la creatinina puede aumentar después de que ya se haya producido una disminución significativa de la función renal. [4]
Por ello, Enfermería debe prestar atención no solamente a un valor aislado, sino a su evolución y a la aparición simultánea de cambios en:
- Diuresis.
- Estado hemodinámico.
- Balance hídrico.
- Constantes vitales.
- Estado general.
- Tratamiento farmacológico.
La interpretación conjunta de estos elementos permite detectar situaciones que requieren valoración médica antes de que el deterioro sea más avanzado.
Prevención de la hipovolemia y la hipotensión
La reducción del flujo sanguíneo renal puede contribuir al desarrollo de ERA.
Los pacientes con vómitos, diarrea, hemorragia, fiebre, sepsis, pérdidas importantes o ingesta insuficiente requieren una vigilancia especialmente estrecha.
Las intervenciones enfermeras incluyen:
- Control periódico de constantes vitales.
- Valoración del estado de hidratación.
- Registro de pérdidas.
- Control de la diuresis.
- Administración segura de la fluidoterapia prescrita.
- Reevaluación posterior a las intervenciones.
- Comunicación de hipotensión persistente o deterioro clínico.
Los sistemas de alerta temprana pueden contribuir a identificar el deterioro fisiológico y facilitar una intervención precoz. NICE recomienda utilizarlos para reconocer a los adultos cuyo estado clínico se está deteriorando y que presentan riesgo de ERA. [1,3]
Vigilancia de medicamentos potencialmente nefrotóxicos
La exposición a determinados fármacos puede incrementar el riesgo de daño renal, especialmente cuando coincide con hipovolemia o enfermedad aguda.
NICE identifica, entre otros, los antiinflamatorios no esteroideos, aminoglucósidos, inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina, antagonistas de los receptores de angiotensina II y diuréticos como medicamentos que pueden contribuir al riesgo en determinadas circunstancias. [3]
La actuación enfermera debe incluir la revisión de la medicación prescrita y la identificación de cambios clínicos que puedan modificar la seguridad del tratamiento.
Cuando existe deterioro renal, debe comunicarse al equipo responsable para valorar la necesidad de ajustar tratamientos cuya eliminación dependa de la función renal.
El borrador de la actualización KDIGO 2026 concede especial importancia a la denominada estrategia de protección renal, que incluye retirar los agentes nefrotóxicos cuando sea posible y revisar los cambios necesarios en la dosificación farmacológica. [2]
Pacientes con sepsis y deterioro hemodinámico
La sepsis constituye un importante contexto de riesgo para la aparición de ERA.
En estos pacientes, Enfermería desempeña un papel esencial en la vigilancia de:
- Presión arterial.
- Frecuencia cardiaca.
- Temperatura.
- Saturación de oxígeno.
- Estado mental.
- Diuresis.
- Perfusión periférica.
- Balance hídrico.
- Evolución de parámetros analíticos.
La aparición de hipotensión, oliguria o deterioro general debe comunicarse de forma inmediata siguiendo los protocolos establecidos.
La prevención de la ERA en este contexto no constituye una actuación renal aislada, sino una parte integrada del reconocimiento y tratamiento precoz del deterioro sistémico. [7]
Seguridad ante la utilización de contraste intravenoso
Los procedimientos diagnósticos que requieren medios de contraste yodados requieren una valoración individual del riesgo.
La actualización de NICE de 2024 establece que existe un pequeño aumento del riesgo de ERA en personas con un filtrado glomerular estimado inferior a 30 ml/min/1,73 m ². También recomienda valorar la función renal y las circunstancias clínicas antes de procedimientos no urgentes. [3]
En situaciones urgentes, NICE señala que una prueba con contraste no debe retrasarse cuando hacerlo pueda generar consecuencias clínicas importantes. [1]
Enfermería debe colaborar comprobando antecedentes relevantes, identificando factores de riesgo, asegurando una adecuada comunicación de la información clínica y realizando la vigilancia posterior según el protocolo del centro.
Vigilancia mediante sistemas de alerta
La detección de pequeñas modificaciones clínicas puede permitir actuar antes de que la ERA progrese.
Las escalas de alerta temprana, junto con la vigilancia de la diuresis y los resultados analíticos, pueden integrarse en protocolos de detección precoz. [4]
El nuevo borrador de KDIGO 2026 también incorpora un mayor interés por modelos de predicción de riesgo, biomarcadores y alertas electrónicas como herramientas potenciales para mejorar la identificación temprana y la prevención. [2]
En este modelo, Enfermería constituye uno de los principales puntos de detección del cambio clínico, debido a la continuidad de sus cuidados y a la frecuencia con la que monitoriza al paciente.
Educación sanitaria
La prevención también incluye informar al paciente sobre la importancia de mantener una adecuada ingesta de líquidos cuando esta no esté contraindicada, comunicar disminución importante de la diuresis y evitar la automedicación.
Debe prestarse especial atención a pacientes que reciben tratamientos potencialmente perjudiciales para la función renal o que presentan enfermedades renales previas. [6]
La educación debe adaptarse a las características individuales del paciente y comprobar que la información ha sido comprendida.
Discusión
La ERA hospitalaria constituye un problema clínico en el que la prevención y la identificación temprana tienen una importancia fundamental.
Las recomendaciones de NICE establecen una estrategia basada en la identificación de pacientes de riesgo, vigilancia de la función renal, reconocimiento de la oliguria y actuación sobre factores desencadenantes. [1,3]
La actualización científica también está evolucionando hacia modelos de detección más temprana. El borrador KDIGO 2026 amplía el enfoque tradicional centrado exclusivamente en creatinina y diuresis, incorporando biomarcadores estructurales, modelos de predicción, alertas electrónicas y estrategias multicomponente de protección renal. [2]
En este escenario, la actuación de Enfermería no debe limitarse al registro de datos. La identificación de tendencias, la valoración clínica, la prevención de la hipovolemia, el control de la diuresis, la vigilancia farmacológica y la comunicación de cambios relevantes constituyen intervenciones fundamentales. [4,7]
Un aspecto especialmente importante es evitar una visión fragmentada del paciente. La oliguria, por ejemplo, debe interpretarse dentro del contexto clínico y relacionarse con la presión arterial, el balance hídrico, los medicamentos administrados y la evolución analítica.
Asimismo, las estrategias preventivas deben individualizarse. No todos los pacientes con riesgo de ERA necesitan las mismas intervenciones, y las decisiones sobre fluidoterapia, medicación o pruebas diagnósticas requieren valoración clínica y coordinación multidisciplinar.
Por tanto, la prevención efectiva depende de protocolos claros, formación de los profesionales, comunicación entre disciplinas y una monitorización continua que permita actuar ante los primeros signos de deterioro. [7]
Conclusión
La enfermedad renal aguda es una complicación potencialmente prevenible en numerosos pacientes hospitalizados. La identificación de factores de riesgo y la vigilancia sistemática permiten detectar precozmente situaciones susceptibles de deteriorar la función renal.
Enfermería desempeña un papel esencial mediante la monitorización de la diuresis, control del balance hídrico, vigilancia hemodinámica, seguimiento de parámetros analíticos, identificación de medicamentos potencialmente nefrotóxicos y reconocimiento precoz del deterioro clínico.
La incorporación de protocolos de detección precoz y estrategias multidisciplinares de protección renal puede favorecer una actuación más temprana y segura. Las nuevas recomendaciones internacionales apuntan además hacia una medicina cada vez más orientada a la predicción y prevención del daño renal. [2]
En definitiva, la prevención de la ERA no depende de una única intervención, sino de la suma de múltiples actuaciones de vigilancia y seguridad en las que Enfermería ocupa una posición central.
Bibliografía
- National Institute for Health and Care Excellence (NICE). Acute kidney injury: prevention, detection and management (NG148). Actualizada el 16 de octubre de 2024. NICE; 2019-2024. (Nice)
- Kidney Disease: Improving Global Outcomes (KDIGO). KDIGO Clinical Practice Guideline for Acute Kidney Injury. Kidney International Supplements. 2012;2(1):1-138. (KDIGO)
- National Institute for Health and Care Excellence (NICE). Quality statement 2: Identifying acute kidney injury in people admitted to hospital. Quality Standard QS76. NICE. (Nice)
- Phiona W, Murungi EB, Kasozi J. Impact of an Educational Intervention on Nurses’ Knowledge and Practice in Early Detection of Acute Kidney Injury at Mbarara Regional Referral Hospital, Western Uganda. Adv Med Educ Pract. 2025 Mar 31;16:503-514. doi: 10.2147/AMEP.S516379. PMID: 40191241; PMCID: PMC11970268.
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- Kwong YD, Kao PF. Acute Kidney Injury Provider and Survivor Education: Current and Emerging Tools. Adv Kidney Dis Health. 2025 Mar;32(2):144-153. doi: 10.1053/j.akdh.2025.03.001. PMID: 40222801; PMCID: PMC12852083.
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