Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 396
Autor principal (primer firmante): Beatriz Alfaro Ciria
Fecha recepción: 30/09/2026
Fecha aceptación: 27/10/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 396
Autores:
Beatriz Alfaro Ciria
Laura Chivite Felipe
Vanesa Jaime Gómara
Ana Palacios Martínez
Laura Armendariz Pérez
Joseba Setas Armendariz
Introducción
El delirium es un síndrome neuropsiquiátrico de aparición aguda caracterizado por una alteración fluctuante de la atención, la conciencia y las funciones cognitivas. Puede desarrollarse en el contexto de una enfermedad aguda, después de una intervención quirúrgica, durante una hospitalización prolongada o como consecuencia de diferentes factores predisponentes y precipitantes.
A diferencia de otros trastornos cognitivos, el delirium suele aparecer de forma rápida y presenta una evolución fluctuante a lo largo del día. Esta característica hace que su identificación pueda resultar complicada, especialmente cuando los cambios cognitivos son interpretados erróneamente como una consecuencia normal de la hospitalización o de la edad. [1]
Su aparición se relaciona con un incremento de la complejidad asistencial y puede asociarse a peores resultados clínicos. Entre sus consecuencias se encuentran una mayor duración de la hospitalización, deterioro funcional, alteraciones cognitivas posteriores y aumento de determinados eventos adversos durante el ingreso.
La prevención adquiere especial relevancia porque numerosos factores relacionados con la aparición del delirium son potencialmente modificables. Entre ellos se encuentran la privación del sueño, la inmovilidad, la deshidratación, las alteraciones sensoriales, la ausencia de orientación temporal y espacial, determinados tratamientos farmacológicos y la presencia de factores ambientales estresantes.
La Enfermería ocupa una posición privilegiada para intervenir sobre muchos de estos factores. La continuidad de los cuidados y el contacto frecuente con el paciente permiten detectar cambios sutiles en su comportamiento, mantener rutinas, favorecer la movilidad, controlar la hidratación, facilitar el uso de dispositivos visuales y auditivos y promover un entorno que favorezca la orientación.
La evidencia científica reciente respalda la utilización de intervenciones multicomponente dirigidas desde Enfermería. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026, que incluyó 21 estudios y 6.354 pacientes, encontró una reducción significativa de la incidencia de delirium mediante intervenciones enfermeras que actuaban simultáneamente sobre varios factores de riesgo. También se observaron reducciones en la duración del delirium, las caídas y la estancia hospitalaria. [2]
Por este motivo, el abordaje preventivo del delirium constituye un área de especial interés para la práctica enfermera, ya que permite integrar valoración, vigilancia, educación sanitaria y medidas no farmacológicas dentro de los cuidados habituales.
Objetivos
Objetivo general
Analizar las intervenciones de Enfermería dirigidas a prevenir el delirium durante la hospitalización y reducir las complicaciones asociadas a este síndrome.
Objetivos específicos
- Identificar los principales factores de riesgo relacionados con el desarrollo de delirium.
- Describir las manifestaciones que pueden alertar de la aparición de alteraciones cognitivas agudas.
- Analizar las intervenciones enfermeras destinadas a mantener la orientación del paciente.
- Describir estrategias para favorecer un sueño adecuado durante la hospitalización.
- Analizar la importancia de la movilidad y actividad física en la prevención del delirium.
- Identificar intervenciones dirigidas a prevenir la deshidratación y las alteraciones sensoriales.
- Valorar la importancia de la participación de familiares y cuidadores.
- Analizar la utilidad de los programas multicomponente liderados por Enfermería.
- Destacar la importancia de la detección precoz y la reevaluación continuada.
Metodología
Se realizó una revisión bibliográfica narrativa centrada en la prevención del síndrome confusional agudo-delirium estructurada en las siguientes fases:
Estrategia de búsqueda y fuentes de información
La búsqueda bibliográfica se llevó a cabo entre enero y abril de 2026 en las bases de datos PubMed, Enfispo y Elsevier.
Descriptores y operadores booleanos
La búsqueda se ejecutó empleando términos DeCS (Descriptores en Ciencias de la Salud) y MeSH (Medical Subject Headings), combinados a través del operador booleano AND para delimitar la intersección de los conceptos principales:
“Delirium”, “Nurse”, “Interventions”, “Enfermería”, “Intervenciones”
Criterios de inclusión y exclusión
Para garantizar la validez y calidad de la evidencia, se aplicaron los siguientes filtros:
- Temporalidad: Artículos publicados exclusivamente en los últimos 9 años (2018-2026).
- Tipo de documento: Artículos originales, revisiones sistemáticas y metaanálisis procedentes de publicaciones académicas con revisión por pares (peer-review).
- Idioma: Documentos en español e inglés.
- Accesibilidad: Textos completos disponibles (full-text).
Resultados
Identificación de pacientes con riesgo de delirium
La prevención comienza con la identificación de las personas que presentan una mayor vulnerabilidad.
El riesgo no depende de un único factor, sino de la combinación entre características propias del paciente y circunstancias relacionadas con la hospitalización.
Entre los factores que pueden favorecer la aparición del delirium se encuentran:
- Edad avanzada
- Deterioro cognitivo previo
- Enfermedad aguda
- Alteraciones metabólicas
- Infección
- Deshidratación
- Alteraciones del sueño
- Inmovilidad
- Déficit visual o auditivo
- Polifarmacia
- Utilización de determinados medicamentos
- Procedimientos invasivos
- Estancia hospitalaria prolongada
- Cambios frecuentes de entorno. [3]
La valoración enfermera debe permitir reconocer estos factores desde las primeras horas del ingreso.
La identificación del riesgo no debe realizarse únicamente al inicio de la hospitalización. Debido a la naturaleza fluctuante del síndrome, es necesario mantener una vigilancia continuada y reevaluar al paciente ante cualquier cambio conductual o cognitivo. [1]
Detección precoz de cambios cognitivos
Uno de los principales problemas relacionados con el delirium es que puede pasar desapercibido.
El paciente puede presentar inicialmente cambios discretos, como dificultad para mantener la atención, desorientación temporal, alteraciones del comportamiento o cambios en el ciclo sueño-vigilia.
En otros casos puede aparecer inquietud, irritabilidad o conducta desorganizada. Sin embargo, también existe el delirium hipoactivo, caracterizado por disminución de la actividad, somnolencia y menor interacción con el entorno.
Por este motivo, Enfermería debe prestar atención a cambios respecto al comportamiento habitual del paciente. [4]
La observación continuada permite identificar modificaciones como:
- Dificultad para mantener una conversación
- Pérdida de atención
- Respuestas incoherentes
- Desorientación
- Alteraciones bruscas del comportamiento
- Inversión del ciclo sueño-vigilia
- Somnolencia inhabitual
- Inquietud
- Percepción alterada
- Disminución repentina de la interacción
La detección precoz permite iniciar rápidamente las intervenciones preventivas y facilita la valoración médica de posibles causas subyacentes.
Orientación temporal y espacial
La hospitalización supone para muchas personas una ruptura importante de sus rutinas habituales.
Habitaciones desconocidas, cambios de personal, iluminación artificial y ausencia de referencias temporales pueden dificultar la orientación.
Enfermería puede intervenir proporcionando información sencilla y repetida sobre:
- lugar donde se encuentra el paciente;
- día y momento del día;
- motivo del ingreso;
- actividades previstas;
- profesionales que participan en sus cuidados.
También puede favorecerse la utilización de relojes y calendarios visibles. [5]
Las intervenciones de orientación forman parte de los programas multicomponente utilizados para prevenir el delirium y pueden integrarse fácilmente en los cuidados habituales.
Mantenimiento de los ciclos de sueño y vigilia
Las alteraciones del sueño son frecuentes durante la hospitalización.
Los ruidos nocturnos, las interrupciones constantes, la iluminación artificial y los procedimientos realizados durante la noche pueden alterar el ritmo circadiano.
Por ello, Enfermería debe intentar favorecer un entorno que permita descansar.
Entre las medidas posibles se encuentran:
- reducir el ruido durante la noche
- limitar las interrupciones innecesarias
- disminuir la intensidad de la iluminación
- agrupar determinadas actuaciones cuando sea clínicamente posible
- mantener durante el día una iluminación adecuada
- favorecer la exposición a luz natural
- establecer horarios regulares
Las intervenciones dirigidas al sueño forman parte de diferentes estrategias no farmacológicas para la prevención del delirium. [3,6]
Favorecer la movilidad
La inmovilidad constituye otro factor modificable durante la hospitalización.
El reposo prolongado puede contribuir al deterioro funcional y dificultar la recuperación de las actividades habituales.
Siempre que la situación clínica lo permita, Enfermería debe favorecer la movilización progresiva.
Las intervenciones pueden incluir:
- Sedestación;
- Levantarse de la cama;
- Caminar con supervisión;
- Ejercicios activos o pasivos;
- Participación en actividades cotidianas;
- Reducción del tiempo innecesario en cama.
La movilización debe adaptarse al estado clínico, nivel funcional y riesgo individual del paciente. [4]
Los programas multicomponente que incluyen movilidad entre sus actuaciones han demostrado resultados favorables en la prevención del delirium.
La revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026 encontró que las intervenciones enfermeras multicomponente no solo disminuyeron la incidencia del delirium, sino también determinados resultados adversos, como las caídas y la duración de la hospitalización. [1]
Prevención de la deshidratación
La deshidratación puede actuar como factor precipitante del delirium.
Durante el ingreso hospitalario pueden aparecer dificultades para mantener una ingesta adecuada debido a dependencia funcional, alteración del nivel de conciencia, disfagia, náuseas, falta de acceso al agua o restricciones terapéuticas.
Enfermería debe valorar la capacidad del paciente para beber de forma autónoma y facilitar el acceso a líquidos cuando no exista contraindicación.
Entre las intervenciones se incluyen:
- mantener el agua accesible
- ayudar al paciente a beber cuando sea necesario.
- registrar la ingesta cuando esté indicado
- identificar signos de deshidratación
- comunicar alteraciones relevantes
- coordinarse con el equipo sanitario cuando existan restricciones de líquidos.
La hidratación forma parte de las estrategias no farmacológicas habitualmente incluidas en los programas de prevención. [2,4]
Corrección de alteraciones sensoriales
Los déficits visuales y auditivos pueden dificultar la interacción con el entorno y favorecer la desorientación.
Por ello, cuando el paciente utilice gafas, audífonos u otros dispositivos necesarios para su percepción sensorial, deben permanecer disponibles y en condiciones adecuadas.
Enfermería debe comprobar que:
- Las gafas estén accesibles
- Los audífonos funcionen correctamente
- El paciente pueda comunicarse con los profesionales
- Exista una iluminación suficiente
- Se minimicen barreras ambientales innecesarias
Estas actuaciones son sencillas, de bajo coste y pueden incorporarse fácilmente a los cuidados diarios. [2]
Participación de familiares y cuidadores
La familia puede constituir un elemento de apoyo especialmente importante en pacientes con riesgo de delirium.
Las personas cercanas pueden ayudar a reconocer cambios respecto al estado cognitivo habitual y proporcionar información sobre rutinas, preferencias y formas de comunicación.
Siempre que la situación lo permita, la participación familiar puede favorecer:
- Orientación
- Comunicación
- Tranquilidad
- Mantenimiento de rutinas
- Estimulación cognitiva
- Reconocimiento precoz de cambios
La participación de familiares y cuidadores también aparece entre las estrategias no farmacológicas estudiadas para la prevención del delirium.
Una revisión sistemática de intervenciones enfermeras no farmacológicas identificó, entre otras actuaciones, la educación de familiares, intervenciones multicomponente, exposición a luz, música y estrategias orientadas a favorecer la presencia familiar. [2]
Control del entorno hospitalario
El ambiente puede contribuir al desarrollo o mantenimiento de la confusión.
La presencia constante de ruido, alarmas, cambios de habitación, interrupciones y exceso de estímulos puede resultar especialmente difícil para pacientes vulnerables.
Enfermería puede contribuir a crear un entorno más estable mediante:
- Reducción del ruido
- Mantenimiento de una iluminación adaptada al momento del día.
- Disminución de estímulos innecesarios
- Establecimiento de rutinas
- Información anticipada sobre procedimientos
- Reducción de cambios innecesarios de habitación. [6]
Estas medidas no requieren necesariamente recursos tecnológicos y pueden integrarse en la organización cotidiana de los cuidados.
Evitar intervenciones potencialmente precipitantes cuando sea posible
La prevención también implica revisar determinadas actuaciones que pueden incrementar el riesgo de delirium.
Siempre que sea clínicamente posible, debe evitarse la utilización innecesaria de dispositivos o procedimientos que limiten la movilidad o alteren las rutinas del paciente. [5]
La revisión del tratamiento farmacológico corresponde al equipo médico y farmacéutico, pero Enfermería tiene un papel importante en la identificación de cambios del estado mental posteriores a la administración de medicamentos y en la comunicación de estos hallazgos.
La vigilancia enfermera permite detectar posibles relaciones temporales entre tratamientos y cambios conductuales, facilitando una valoración clínica posterior.
Intervenciones multicomponente
La evidencia actual apoya especialmente la utilización de programas que actúan sobre varios factores de riesgo simultáneamente.
El delirium tiene un origen multifactorial, por lo que una única intervención puede resultar insuficiente.
Un programa preventivo puede integrar:
- Valoración del riesgo
- Orientación
- Movilización
- Hidratación
- Mantenimiento de la percepción sensorial
- Higiene del sueño
- Control ambiental
- Participación familiar
- Vigilancia cognitiva
La revisión sistemática y metaanálisis de 2026 sobre intervenciones lideradas por Enfermería incluyó 21 estudios y 6.354 participantes. Los resultados mostraron una reducción significativa de la incidencia de delirium y también de su duración, las caídas y la estancia hospitalaria. La certeza global de la evidencia fue considerada moderada. [2]
Estos resultados respaldan la incorporación de protocolos estructurados de prevención en los centros sanitarios.
Importancia del papel enfermero
La prevención del delirium requiere coordinación entre diferentes profesionales, pero Enfermería posee una posición especialmente relevante.
La continuidad asistencial permite detectar cambios entre diferentes momentos del día y valorar la respuesta del paciente a las intervenciones.
Además, muchas de las medidas preventivas son intervenciones propias del cuidado enfermero cotidiano.
Una revisión de alcance publicada en 2024 sobre intervenciones enfermeras para prevenir y manejar delirium en pacientes críticos identificó diferentes estrategias no farmacológicas y destacó el papel de Enfermería dentro de un abordaje multidimensional. [3]
Por ello, el desarrollo de protocolos enfermeros estructurados puede contribuir a transformar medidas preventivas aisladas en un programa organizado de cuidados.
Discusión
El delirium constituye un problema clínico relevante debido a su aparición aguda, carácter fluctuante y relación con diferentes complicaciones durante la hospitalización.
Su prevención presenta una particularidad importante: numerosos factores de riesgo son potencialmente modificables. [5,6]
La evidencia disponible no apoya únicamente una intervención aislada, sino estrategias multicomponente que actúan simultáneamente sobre diferentes factores predisponentes.
Este planteamiento resulta especialmente adecuado para la práctica enfermera, puesto que permite integrar la prevención en las actividades asistenciales habituales.
La orientación, la movilización, el mantenimiento de la hidratación, la corrección de déficits sensoriales y la protección del sueño son actuaciones aparentemente sencillas, pero requieren constancia y coordinación.
La revisión publicada en 2026 aporta evidencia adicional a favor de los programas liderados por Enfermería, observando reducciones no solo en la aparición del delirium, sino también en su duración, las caídas y la estancia hospitalaria. [1]
Sin embargo, no todos los pacientes responden de la misma manera y las intervenciones deben adaptarse a su situación clínica.
La prevención tampoco debe entenderse como una actuación exclusiva de Enfermería. La colaboración con medicina, fisioterapia, terapia ocupacional, nutrición, farmacia, auxiliares de Enfermería y familia puede mejorar la continuidad del programa preventivo.
Otro aspecto importante es la formación de los profesionales. Para que un programa funcione, los profesionales deben conocer los factores de riesgo, reconocer los primeros cambios cognitivos y saber qué actuaciones pueden realizar dentro de sus competencias.
La utilización de protocolos estructurados puede facilitar la aplicación homogénea de las medidas preventivas y favorecer que estas se mantengan durante todo el ingreso.
Conclusión
El delirium hospitalario constituye un síndrome agudo que puede aparecer como consecuencia de la interacción entre diferentes factores relacionados con el paciente y con el proceso de hospitalización.
Su prevención representa una oportunidad importante para la práctica enfermera, especialmente porque numerosas intervenciones son no farmacológicas, de bajo riesgo y pueden incorporarse a los cuidados habituales.
La identificación precoz de pacientes vulnerables, la vigilancia cognitiva, la orientación, la movilización, el mantenimiento de una hidratación adecuada, la corrección de déficits sensoriales, la protección del sueño, la regulación del entorno y la participación familiar constituyen elementos fundamentales de un programa preventivo.
La evidencia científica más reciente respalda especialmente los programas multicomponente liderados por Enfermería. Estos programas han demostrado capacidad para reducir la aparición del delirium y algunos resultados adversos asociados a la hospitalización.
La prevención debe plantearse de forma individualizada, teniendo en cuenta las características clínicas, funcionales y cognitivas de cada paciente.
Por tanto, Enfermería desempeña un papel esencial no solo en la detección del delirium cuando ya está presente, sino también en la anticipación de los factores que pueden favorecer su aparición.
La implantación de protocolos preventivos, la formación continuada y la coordinación multidisciplinar pueden contribuir a convertir la prevención del delirium en una intervención sistemática de seguridad y calidad asistencial.
En definitiva, prevenir el delirium no consiste en una única actuación, sino en mantener durante todo el ingreso un conjunto organizado de cuidados destinados a preservar la orientación, la movilidad, el descanso, la hidratación, la percepción sensorial y la conexión de la persona con su entorno.
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