Prevención de las caídas en personas mayores: estrategias de actuación desde Enfermería. Revisión bibliográfica

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 722

Autor principal (primer firmante): Carla Fuste Usón

Fecha recepción: 22/07/2026

Fecha aceptación: 18/08/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 722

Autores:

Carla Fuste Usón, Marta Garvi Vela, María Martín Biel, Andrea Esteban Parejo, Cristina Fernández Bailón y Sandra Trinidad Aznar Casas.

Categoría profesional:

Enfermería.

Resumen

Las caídas representan uno de los principales síndromes geriátricos y constituyen un importante problema de salud pública debido a su elevada frecuencia y a las consecuencias físicas, psicológicas, funcionales y sociales que ocasionan en las personas mayores. Se estima que aproximadamente una de cada tres personas mayores de 65 años sufre al menos una caída al año, incrementándose esta incidencia con la edad, la fragilidad y la presencia de enfermedades crónicas. Además del riesgo de lesiones, fracturas y pérdida de autonomía, las caídas generan un aumento de la morbimortalidad, de las hospitalizaciones y del gasto sanitario.

El objetivo de esta revisión bibliográfica es analizar la evidencia científica disponible sobre los principales factores de riesgo asociados a las caídas en las personas mayores, revisar las estrategias preventivas más eficaces y destacar el papel de la Enfermería en la identificación precoz de pacientes de riesgo y en la implementación de intervenciones preventivas.

Se realizó una revisión narrativa de la literatura científica mediante la consulta de artículos originales, revisiones sistemáticas, guías de práctica clínica y documentos de organismos nacionales e internacionales relacionados con la prevención de caídas en población geriátrica.

La literatura revisada demuestra que las intervenciones multifactoriales, que combinan ejercicio físico, revisión de la medicación, adaptación del entorno, educación sanitaria y seguimiento continuado, son las estrategias más eficaces para disminuir el riesgo de caídas. La Enfermería desempeña un papel esencial en la valoración integral del riesgo, la promoción de hábitos saludables y la educación tanto de las personas mayores como de sus cuidadores.

Palabras clave:

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Caídas; personas mayores; prevención; Enfermería; fragilidad; atención primaria.

Introducción

El progresivo envejecimiento de la población constituye uno de los principales desafíos para los sistemas sanitarios actuales. El aumento de la esperanza de vida ha favorecido un incremento del número de personas mayores, lo que ha supuesto un incremento paralelo de enfermedades crónicas, discapacidad y síndromes geriátricos. Entre estos últimos, las caídas representan uno de los problemas de salud más frecuentes y de mayor impacto sobre la calidad de vida.

La Organización Mundial de la Salud considera las caídas como la segunda causa de muerte por lesiones accidentales a nivel mundial y estima que millones de personas requieren atención sanitaria cada año como consecuencia de este problema. En las personas mayores, las caídas no solo producen lesiones físicas, sino que también generan consecuencias psicológicas como el miedo a volver a caer, disminución de la movilidad, aislamiento social y pérdida de independencia funcional.

La etiología de las caídas es multifactorial. Entre los factores intrínsecos destacan la edad avanzada, la fragilidad, el deterioro del equilibrio, las alteraciones de la marcha, los déficits visuales y auditivos, el deterioro cognitivo, la presencia de enfermedades crónicas y la polimedicación. Por otra parte, los factores extrínsecos incluyen barreras arquitectónicas, iluminación insuficiente, calzado inadecuado, superficies resbaladizas y la ausencia de ayudas técnicas cuando son necesarias.

La evidencia científica demuestra que una proporción importante de las caídas puede prevenirse mediante intervenciones dirigidas a modificar estos factores de riesgo. En este contexto, la Atención Primaria y la Enfermería comunitaria desempeñan un papel fundamental en la identificación precoz de personas vulnerables, la valoración del riesgo de caídas y el desarrollo de programas preventivos adaptados a las necesidades individuales.

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La actuación enfermera resulta especialmente relevante debido a su contacto continuado con las personas mayores, permitiendo realizar una valoración integral que incluya aspectos físicos, funcionales, psicológicos y sociales. Asimismo, la educación sanitaria dirigida tanto a pacientes como a cuidadores constituye una herramienta fundamental para disminuir la incidencia de caídas y sus complicaciones.

La actualización permanente de la evidencia científica permite incorporar nuevas estrategias preventivas basadas en la mejor evidencia disponible, favoreciendo un abordaje multidisciplinar orientado a preservar la autonomía, la seguridad y la calidad de vida de las personas mayores.

Objetivos

Objetivo general

Analizar la evidencia científica disponible sobre la prevención de las caídas en personas mayores y el papel de la Enfermería en su detección e intervención.

Objetivos específicos

  • Identificar los principales factores de riesgo asociados a las caídas en las personas mayores.
  • Describir las consecuencias físicas, psicológicas y sociales derivadas de las caídas.
  • Revisar las intervenciones preventivas con mayor evidencia científica.
  • Analizar el papel de la Enfermería en la valoración del riesgo de caídas.
  • Identificar estrategias educativas dirigidas a pacientes y cuidadores para disminuir la incidencia de caídas.

Métodos

Se realizó una revisión bibliográfica narrativa con el objetivo de actualizar la evidencia científica sobre la prevención de las caídas en personas mayores y las intervenciones enfermeras más eficaces.

La búsqueda bibliográfica se efectuó en las bases de datos PubMed/MEDLINE, Scopus, Cochrane Library y Google Scholar, empleando descriptores DeCS y MeSH relacionados con Falls, Accidental Falls, Older Adults, Aged, Fall Prevention, Nursing, Frailty y Primary Health Care. Los términos se combinaron mediante los operadores booleanos AND y OR para optimizar la estrategia de búsqueda.

Se incluyeron artículos originales, revisiones sistemáticas, metaanálisis, guías de práctica clínica y documentos publicados preferentemente entre 2019 y 2025 en español e inglés. Asimismo, se consultaron documentos elaborados por organismos internacionales como la Organización Mundial de la Salud y sociedades científicas relacionadas con la geriatría y la prevención de caídas.

Como criterios de inclusión se seleccionaron estudios centrados en población mayor de 65 años que analizaran factores de riesgo, intervenciones preventivas o programas de actuación enfermera. Se excluyeron aquellos trabajos duplicados, publicaciones con información insuficiente y estudios realizados exclusivamente en población pediátrica o adulta joven.

Resultados

Epidemiología de las caídas en las personas mayores

Las caídas representan uno de los síndromes geriátricos de mayor relevancia debido a su elevada frecuencia y a las importantes consecuencias que ocasionan sobre la salud de las personas mayores. Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente un 30% de las personas mayores de 65 años experimenta al menos una caída al año, porcentaje que aumenta hasta el 50% en mayores de 80 años y en personas institucionalizadas.

La incidencia de las caídas se incrementa progresivamente con la edad como consecuencia del deterioro funcional, la aparición de enfermedades crónicas y la disminución de la capacidad para mantener el equilibrio. Además, aquellas personas que han sufrido una caída presentan un riesgo significativamente mayor de experimentar nuevos episodios durante el año siguiente.

Las caídas constituyen una de las principales causas de ingreso hospitalario por traumatismo en personas mayores y representan un importante problema sociosanitario debido al incremento de la dependencia, la institucionalización y el consumo de recursos sanitarios.

Factores de riesgo intrínsecos

La literatura científica identifica numerosos factores intrínsecos relacionados con el aumento del riesgo de caídas.

La edad avanzada constituye uno de los principales determinantes debido al deterioro progresivo de la fuerza muscular, la disminución de la velocidad de la marcha y las alteraciones del equilibrio propias del envejecimiento.

La fragilidad también desempeña un papel fundamental. Este síndrome geriátrico se caracteriza por una disminución de la reserva fisiológica que incrementa la vulnerabilidad frente a acontecimientos adversos como las caídas, las hospitalizaciones o la discapacidad.

Las enfermedades neurológicas, entre ellas la enfermedad de Parkinson, el ictus y las demencias, alteran la coordinación motora y aumentan considerablemente el riesgo de caídas.

Asimismo, los déficits visuales y auditivos dificultan la orientación espacial y la detección de obstáculos ambientales.

La polimedicación constituye otro importante factor de riesgo. Diversos estudios han demostrado que el consumo simultáneo de cinco o más fármacos aumenta significativamente la probabilidad de sufrir caídas, especialmente cuando incluyen benzodiacepinas, antidepresivos, neurolépticos, antihipertensivos o hipoglucemiantes.

También se han relacionado con un mayor riesgo de caída la hipotensión ortostática, la incontinencia urinaria, el dolor crónico, la desnutrición, la sarcopenia y el deterioro cognitivo.

Factores de riesgo extrínsecos

Además de las características individuales, numerosos factores ambientales favorecen la aparición de caídas. Dentro del domicilio destacan la presencia de alfombras sin fijación, cables eléctricos, iluminación insuficiente, escaleras sin pasamanos, suelos resbaladizos y la ausencia de barras de apoyo en baños y duchas.

El uso de calzado inadecuado, especialmente zapatillas abiertas o con suela poco adherente, también incrementa el riesgo.

En el ámbito hospitalario cobran especial importancia otros factores como las camas demasiado altas, la falta de acompañamiento durante la deambulación, la utilización incorrecta de ayudas técnicas o la administración reciente de medicación sedante.

La combinación de factores intrínsecos y extrínsecos explica el carácter multifactorial de la mayoría de las caídas en la población geriátrica.

Consecuencias de las caídas

Las repercusiones de una caída van mucho más allá de las lesiones físicas inmediatas.

Entre las consecuencias traumáticas destacan las fracturas, especialmente de cadera, muñeca y húmero proximal, así como traumatismos craneoencefálicos, heridas y contusiones.

Las fracturas de cadera representan una de las complicaciones más graves debido a su elevada morbimortalidad. Una proporción importante de pacientes no recupera el nivel funcional previo, precisando ayudas para las actividades básicas de la vida diaria o ingreso en centros sociosanitarios.

Desde el punto de vista psicológico, muchas personas desarrollan el denominado síndrome poscaída, caracterizado por miedo persistente a volver a caer, inseguridad durante la marcha y disminución progresiva de la actividad física.

Este miedo favorece el sedentarismo, la pérdida de masa muscular, el aislamiento social y el deterioro funcional, estableciéndose un círculo vicioso que incrementa nuevamente el riesgo de sufrir nuevas caídas. Asimismo, las caídas generan un importante impacto económico debido al incremento de ingresos hospitalarios, intervenciones quirúrgicas, rehabilitación y utilización de recursos sociosanitarios.

Valoración del riesgo de caídas

La detección precoz de pacientes con alto riesgo constituye uno de los pilares fundamentales de la prevención.

La valoración debe realizarse de forma integral e incluir antecedentes de caídas previas, enfermedades asociadas, medicación habitual, capacidad funcional, estado cognitivo, equilibrio y características del entorno. Diversas escalas han demostrado utilidad en la práctica clínica.

Escala de Morse

Es una de las herramientas más utilizadas en el ámbito hospitalario. Evalúa variables como antecedentes de caídas, diagnóstico secundario, ayudas para la marcha, terapia intravenosa, tipo de marcha y estado mental, permitiendo clasificar el riesgo como bajo, moderado o alto.

Escala de Downton

Valora factores relacionados con caídas previas, medicación, déficits sensoriales, estado mental y capacidad para la deambulación. Se emplea ampliamente tanto en hospitales como en centros sociosanitarios.

Test de Tinetti

Permite evaluar el equilibrio y la marcha mediante diferentes maniobras funcionales. Una puntuación baja se asocia con un elevado riesgo de caídas y pérdida de autonomía.

Timed Up and Go (TUG)

Consiste en medir el tiempo que tarda una persona en levantarse de una silla, caminar tres metros, girar, regresar y volver a sentarse. Un tiempo superior a 12 segundos suele indicar un incremento del riesgo de caídas.

La utilización sistemática de estas herramientas facilita la identificación precoz de personas vulnerables y permite instaurar intervenciones preventivas individualizadas.

Estrategias preventivas

La evidencia científica demuestra que las intervenciones multifactoriales son las que consiguen mejores resultados en la prevención de las caídas.

Los programas de ejercicio físico dirigidos a mejorar la fuerza muscular, el equilibrio y la coordinación constituyen una de las intervenciones más eficaces. Actividades como el entrenamiento funcional, el tai chi y los programas de ejercicio multicomponente han demostrado reducir significativamente la incidencia de caídas.

La revisión periódica de la medicación permite disminuir el uso innecesario de fármacos asociados al riesgo de caídas, especialmente psicofármacos y antihipertensivos.

La adaptación del domicilio también resulta fundamental. Entre las principales medidas destacan mejorar la iluminación, eliminar obstáculos, instalar barras de apoyo en el baño, utilizar superficies antideslizantes y asegurar un correcto mantenimiento del mobiliario.

La corrección de alteraciones visuales y auditivas, junto con una adecuada nutrición y suplementación de vitamina D en pacientes seleccionados, contribuyen igualmente a disminuir el riesgo.

La educación sanitaria dirigida tanto a las personas mayores como a sus cuidadores constituye una herramienta esencial para favorecer conductas seguras y mejorar la adherencia a las medidas preventivas.

Papel de la Enfermería

La Enfermería desempeña un papel fundamental en todas las fases de la prevención de las caídas.

Durante la valoración inicial, la enfermera identifica factores de riesgo mediante una evaluación integral que incluye antecedentes personales, estado funcional, movilidad, equilibrio, medicación y condiciones del entorno.

Posteriormente, planifica intervenciones individualizadas orientadas a reducir los factores modificables, promoviendo la práctica de ejercicio físico adaptado, la educación sanitaria, la adherencia terapéutica y la utilización adecuada de ayudas técnicas.

En Atención Primaria, las visitas domiciliarias permiten detectar barreras arquitectónicas y establecer recomendaciones específicas para adaptar el hogar a las necesidades de cada persona.

En el ámbito hospitalario, la Enfermería desarrolla protocolos dirigidos a identificar pacientes con alto riesgo, implementar medidas preventivas y disminuir la incidencia de caídas durante el ingreso.

La coordinación con médicos, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales y trabajadores sociales favorece un abordaje multidisciplinar que mejora los resultados clínicos y contribuye a preservar la autonomía de las personas mayores.

Discusión

La evidencia científica revisada confirma que las caídas representan uno de los principales problemas de salud en la población mayor, debido tanto a su elevada incidencia como a las importantes repercusiones físicas, funcionales, psicológicas y sociales que generan. Se estima que una proporción importante de las personas mayores experimentará al menos una caída cada año y que el riesgo aumenta progresivamente con la edad, la fragilidad y la presencia de enfermedades crónicas.

Los resultados obtenidos ponen de manifiesto el carácter multifactorial de las caídas. Ningún factor aislado explica su aparición, sino que suelen producirse por la interacción entre alteraciones propias del envejecimiento y factores ambientales potencialmente modificables. En este sentido, la identificación precoz de personas con alto riesgo constituye uno de los pilares fundamentales para reducir su incidencia.

La literatura revisada coincide en señalar que las intervenciones multifactoriales obtienen mejores resultados que las actuaciones aisladas. Los programas que combinan ejercicio terapéutico, entrenamiento del equilibrio, revisión periódica de la medicación, adaptación del domicilio y educación sanitaria consiguen reducir de forma significativa tanto el número de caídas como las lesiones derivadas de ellas.

El ejercicio físico constituye una de las medidas preventivas con mayor respaldo científico. Programas dirigidos al fortalecimiento muscular, la mejora del equilibrio y el entrenamiento funcional han demostrado disminuir el riesgo de caídas, además de favorecer la autonomía y mantener la capacidad funcional de las personas mayores. Igualmente, intervenciones como el tai chi han mostrado beneficios especialmente en población anciana con riesgo moderado de caídas.

Otro aspecto especialmente relevante es la revisión de la medicación. La polifarmacia y el uso de determinados grupos farmacológicos, como benzodiacepinas, hipnóticos, antidepresivos o antihipertensivos, se asocian a un incremento del riesgo de caídas. La valoración periódica de los tratamientos y la deprescripción cuando está indicada constituyen medidas eficaces dentro de los programas preventivos.

Desde la perspectiva enfermera, la prevención de las caídas debe integrarse en la valoración geriátrica integral. La Enfermería dispone de herramientas validadas para identificar pacientes con riesgo elevado y puede intervenir mediante actividades de educación sanitaria, entrenamiento en medidas de seguridad, promoción del ejercicio físico y coordinación con otros profesionales sanitarios.

En Atención Primaria, las visitas domiciliarias permiten detectar factores ambientales susceptibles de modificación, mientras que en el ámbito hospitalario la aplicación de protocolos específicos disminuye la incidencia de caídas durante el ingreso. La continuidad asistencial y el seguimiento periódico favorecen la adherencia a las recomendaciones y permiten reevaluar el riesgo de forma continuada.

Entre las limitaciones de esta revisión se encuentra su carácter narrativo, lo que impide realizar un análisis cuantitativo de los resultados de los estudios incluidos. No obstante, la selección de revisiones sistemáticas, guías clínicas y documentos de organismos internacionales permite ofrecer una visión actualizada y basada en la evidencia sobre la prevención de las caídas en las personas mayores.

Conclusiones

Las caídas constituyen uno de los síndromes geriátricos más frecuentes y representan una importante causa de morbimortalidad, discapacidad y pérdida de autonomía en las personas mayores.

Su origen es multifactorial y está condicionado por la interacción entre factores intrínsecos, como la fragilidad, las enfermedades crónicas, el deterioro funcional o la polimedicación, y factores extrínsecos relacionados con el entorno y las condiciones de seguridad.

La evidencia científica demuestra que las intervenciones multifactoriales son las más eficaces para reducir el riesgo de caídas, destacando los programas de ejercicio físico, la revisión de la medicación, la adaptación del domicilio y la educación sanitaria.

La Enfermería desempeña un papel esencial en la prevención de las caídas mediante la valoración integral del riesgo, la detección precoz de factores modificables, la educación de pacientes y cuidadores y la coordinación con el resto del equipo multidisciplinar.

La implantación de programas preventivos basados en la evidencia y el seguimiento continuado de las personas mayores contribuyen a preservar la autonomía, mejorar la calidad de vida y disminuir la utilización de recursos sanitarios asociados a las caídas.

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