Fragilidad en las personas mayores: detección precoz e intervenciones enfermeras. Revisión bibliográfica

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 723

Autor principal (primer firmante): Carla Fuste Usón

Fecha recepción: 22/07/2026

Fecha aceptación: 18/08/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 723

Autores:

Carla Fuste Usón, Marta Garvi Vela, María Martín Biel, Andrea Esteban Parejo, Cristina Fernández Bailón y Sandra Trinidad Aznar Casas.

Categoría profesional:

Enfermería.

Resumen

La fragilidad constituye uno de los principales síndromes geriátricos y representa un importante reto para los sistemas sanitarios debido al progresivo envejecimiento de la población. Se caracteriza por una disminución de la reserva fisiológica y de la capacidad del organismo para responder a situaciones de estrés, aumentando la vulnerabilidad frente a acontecimientos adversos como caídas, discapacidad, hospitalización, institucionalización y mortalidad. Su detección precoz permite instaurar intervenciones dirigidas a retrasar o incluso revertir su progresión, favoreciendo un envejecimiento saludable y la conservación de la autonomía funcional.

El objetivo de esta revisión bibliográfica es analizar la evidencia científica disponible sobre la fragilidad en las personas mayores, revisar las herramientas de detección precoz y describir las principales intervenciones enfermeras orientadas a prevenir su progresión y disminuir sus consecuencias.

Se realizó una revisión narrativa de la literatura científica mediante la consulta de artículos originales, revisiones sistemáticas, guías de práctica clínica y documentos publicados por organismos nacionales e internacionales relacionados con la fragilidad y el envejecimiento saludable.

La literatura revisada pone de manifiesto que la valoración geriátrica integral, el ejercicio físico multicomponente, una adecuada intervención nutricional y el abordaje multidisciplinar constituyen las estrategias más eficaces para prevenir la progresión de la fragilidad. La Enfermería desempeña un papel fundamental en la detección precoz, la educación sanitaria, el seguimiento clínico y la promoción del envejecimiento activo.

Palabras clave:

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Fragilidad; personas mayores; envejecimiento; Enfermería; valoración geriátrica; atención primaria.

Introducción

El envejecimiento de la población constituye uno de los fenómenos demográficos más importantes del siglo XXI. El aumento de la esperanza de vida y la disminución de la natalidad han favorecido un incremento progresivo del número de personas mayores, lo que ha supuesto un aumento de la prevalencia de enfermedades crónicas, discapacidad y síndromes geriátricos.

Entre estos síndromes, la fragilidad ha adquirido una especial relevancia debido a su estrecha relación con la pérdida de funcionalidad y el incremento del riesgo de eventos adversos. Se define como un estado de mayor vulnerabilidad fisiológica ocasionado por la disminución de la reserva funcional de múltiples sistemas del organismo, lo que reduce la capacidad para mantener la homeostasis ante situaciones de estrés.

La fragilidad no debe considerarse una consecuencia inevitable del envejecimiento. Aunque su prevalencia aumenta con la edad, numerosos estudios han demostrado que se trata de un proceso potencialmente prevenible e incluso reversible cuando se identifica en fases iniciales y se instauran intervenciones adecuadas.

Las personas mayores frágiles presentan un mayor riesgo de sufrir caídas, hospitalizaciones recurrentes, deterioro funcional, discapacidad, dependencia, institucionalización y mortalidad. Además, la coexistencia de enfermedades crónicas, polimedicación, desnutrición y aislamiento social contribuye a acelerar la progresión del síndrome.

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En este contexto, la Atención Primaria desempeña un papel esencial en la identificación precoz de la fragilidad mediante la valoración integral de la persona mayor. La Enfermería comunitaria ocupa una posición privilegiada para detectar signos iniciales de vulnerabilidad, desarrollar intervenciones preventivas y coordinar actuaciones con el resto del equipo multidisciplinar.

La actualización continua de la evidencia científica resulta imprescindible para mejorar el abordaje de este síndrome geriátrico y favorecer la implantación de estrategias preventivas dirigidas a preservar la autonomía y la calidad de vida de las personas mayores.

Objetivos

Objetivo general

Analizar la evidencia científica disponible sobre la fragilidad en las personas mayores y el papel de la Enfermería en su detección precoz y abordaje.

Objetivos específicos

  • Describir las principales características clínicas de la fragilidad.
  • Identificar los factores asociados al desarrollo del síndrome de fragilidad.
  • Revisar las herramientas utilizadas para la detección precoz de la fragilidad.
  • Analizar las intervenciones con mayor evidencia científica para prevenir su progresión.
  • Describir el papel de la Enfermería en la valoración integral y el seguimiento de las personas mayores frágiles.

Métodos

Se realizó una revisión bibliográfica narrativa con el objetivo de actualizar la evidencia científica sobre la fragilidad en las personas mayores y las intervenciones enfermeras dirigidas a su prevención y manejo.

La búsqueda bibliográfica se llevó a cabo en las bases de datos PubMed/MEDLINE, Scopus, Cochrane Library, CINAHL y Google Scholar, utilizando descriptores DeCS y MeSH relacionados con Frailty, Frail Elderly, Older Adults, Comprehensive Geriatric Assessment, Healthy Ageing, Primary Health Care y Nursing. Los términos se combinaron mediante los operadores booleanos AND y OR para optimizar la estrategia de búsqueda.

Se incluyeron revisiones sistemáticas, metaanálisis, estudios observacionales, ensayos clínicos, guías de práctica clínica y documentos de consenso publicados preferentemente entre 2019 y 2025 en español e inglés.

Los criterios de inclusión contemplaron estudios realizados en población mayor de 65 años que abordaran la detección de la fragilidad, sus factores asociados o las intervenciones dirigidas a prevenir su progresión. Se excluyeron publicaciones duplicadas, estudios con escasa calidad metodológica y trabajos no relacionados con los objetivos de la revisión.

Resultados

Concepto y epidemiología de la fragilidad

La fragilidad constituye uno de los síndromes geriátricos más relevantes debido a su elevada prevalencia y a las importantes repercusiones que presenta sobre la salud de las personas mayores. Se define como un estado clínico caracterizado por la disminución de la reserva fisiológica y de la capacidad para responder de forma adecuada a situaciones de estrés, lo que incrementa la vulnerabilidad frente a acontecimientos adversos como caídas, discapacidad, hospitalización, institucionalización o muerte.

La prevalencia de la fragilidad varía en función de la población estudiada y de los criterios diagnósticos utilizados, situándose aproximadamente entre el 10% y el 18% en personas mayores que viven en la comunidad. Esta cifra aumenta considerablemente en personas mayores de 80 años, pacientes hospitalizados y residentes en centros sociosanitarios.

Además de la fragilidad establecida, existe un estado intermedio denominado prefragilidad, que afecta a un porcentaje aún mayor de la población anciana. Su identificación resulta especialmente importante, ya que constituye una fase potencialmente reversible mediante intervenciones preventivas precoces.

El incremento de la esperanza de vida y el progresivo envejecimiento poblacional hacen prever un aumento de la prevalencia de este síndrome durante las próximas décadas, convirtiéndose en uno de los principales retos para los sistemas sanitarios.

Fisiopatología

La fragilidad es el resultado de la interacción de múltiples mecanismos biológicos asociados al envejecimiento. Entre ellos destaca la pérdida progresiva de masa y fuerza muscular, conocida como sarcopenia, considerada uno de los principales componentes fisiopatológicos del síndrome. La disminución de la masa muscular reduce la movilidad, altera el equilibrio y aumenta el riesgo de dependencia funcional.

Otro mecanismo implicado es la inflamación crónica de bajo grado, caracterizada por un aumento mantenido de mediadores inflamatorios como la interleucina-6 y la proteína C reactiva. Este estado inflamatorio favorece el deterioro muscular, la pérdida de peso y la disminución de la capacidad funcional.

Asimismo, se han descrito alteraciones endocrinas relacionadas con la reducción de hormonas anabólicas, disminución de la vitamina D, resistencia a la insulina y cambios en la regulación del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal.

Todos estos procesos ocasionan una reducción progresiva de la reserva funcional de múltiples órganos y sistemas, favoreciendo la aparición de discapacidad ante acontecimientos de escasa intensidad, como una infección leve o un ingreso hospitalario.

Factores de riesgo

La literatura científica identifica numerosos factores asociados al desarrollo de la fragilidad.

La edad avanzada constituye el principal factor de riesgo, observándose un incremento progresivo de la prevalencia a partir de los 75 años.

El sexo femenino presenta una mayor frecuencia de fragilidad, posiblemente debido a diferencias hormonales, mayor esperanza de vida y mayor prevalencia de osteoporosis y sarcopenia.

La presencia de enfermedades crónicas como diabetes mellitus, insuficiencia cardíaca, enfermedad pulmonar obstructiva crónica, enfermedad renal crónica o artrosis favorece el deterioro funcional y aumenta la vulnerabilidad.

La polimedicación constituye otro importante factor de riesgo, especialmente cuando supera cinco fármacos diarios, incrementando la aparición de efectos adversos, interacciones farmacológicas y deterioro funcional. También se relacionan con la fragilidad la desnutrición, el sedentarismo, el aislamiento social, la depresión, el deterioro cognitivo y las dificultades económicas que limitan el acceso a recursos sociosanitarios.

Herramientas para la detección precoz

La identificación temprana de la fragilidad constituye uno de los objetivos prioritarios en Atención Primaria y Geriatría.

Fenotipo de Fried

Es el instrumento más utilizado en investigación y práctica clínica. Considera cinco criterios:

  • Pérdida de peso involuntaria.
  • Fatiga o agotamiento.
  • Disminución de la fuerza de prensión.
  • Lentitud en la velocidad de la marcha.
  • Bajo nivel de actividad física.

La presencia de tres o más criterios establece el diagnóstico de fragilidad, mientras que uno o dos criterios indican un estado de prefragilidad.

Escala FRAIL

Se trata de una herramienta sencilla formada por cinco preguntas relacionadas con:

  • Fatiga.
  • Resistencia.
  • Capacidad para caminar.
  • Presencia de enfermedades.
  • Pérdida de peso.

Su fácil aplicación permite utilizarla durante las consultas de Atención Primaria y en programas comunitarios de detección precoz.

Clinical Frailty Scale (CFS)

La Clinical Frailty Scale clasifica a las personas mayores según su grado de autonomía, funcionalidad y dependencia mediante una escala de nueve niveles.

Su utilización se ha extendido tanto en hospitales como en Atención Primaria debido a su rapidez y elevada capacidad predictiva para identificar pacientes con mayor riesgo de complicaciones.

Valoración Geriátrica Integral

La Valoración Geriátrica Integral constituye la herramienta de referencia para evaluar a las personas mayores frágiles.

Incluye la valoración de diferentes dimensiones:

  • Estado funcional.
  • Estado cognitivo.
  • Situación emocional.
  • Estado nutricional.
  • Enfermedades crónicas.
  • Medicación.
  • Situación social y familiar.

Esta valoración permite establecer planes de cuidados individualizados adaptados a las necesidades específicas de cada paciente.

Consecuencias de la fragilidad

La fragilidad incrementa significativamente el riesgo de acontecimientos adversos relacionados con la salud. Las personas mayores frágiles presentan una mayor incidencia de:

  • Caídas.
  • Fracturas.
  • Hospitalizaciones.
  • Estancias hospitalarias prolongadas.
  • Reingresos.
  • Discapacidad.
  • Dependencia para las actividades básicas de la vida diaria.
  • Institucionalización.
  • Mortalidad.

Además, la fragilidad se asocia con una disminución de la calidad de vida, pérdida de autonomía y aumento del consumo de recursos sanitarios.

Desde el punto de vista psicológico, el deterioro funcional favorece la aparición de ansiedad, depresión, aislamiento social y sensación de pérdida de control sobre la propia salud.

Intervenciones con mayor evidencia científica

La revisión de la literatura demuestra que la fragilidad puede prevenirse o retrasarse mediante intervenciones multidimensionales.

El ejercicio físico constituye la intervención con mayor nivel de evidencia científica.

Los programas multicomponente que combinan entrenamiento de fuerza, equilibrio, resistencia y flexibilidad consiguen mejorar la capacidad funcional, reducir el riesgo de caídas y favorecer la independencia.

La intervención nutricional también desempeña un papel fundamental.

Una adecuada ingesta proteica, junto con el tratamiento de la desnutrición y la suplementación de vitamina D cuando está indicada, contribuye al mantenimiento de la masa muscular y de la funcionalidad.

La revisión periódica de la medicación permite disminuir la polifarmacia y reducir la aparición de efectos adversos relacionados con el deterioro funcional.

Asimismo, las intervenciones dirigidas a fomentar la participación social, estimular la actividad cognitiva y prevenir el aislamiento contribuyen a mejorar el bienestar físico y emocional de las personas mayores.

La combinación de todas estas medidas obtiene mejores resultados que la aplicación de intervenciones aisladas.

Papel de la Enfermería

La Enfermería desempeña un papel esencial en la prevención, detección y seguimiento de la fragilidad. Durante la consulta de Atención Primaria, la enfermera puede identificar signos iniciales de fragilidad mediante la valoración funcional, la detección de pérdida de peso, la evaluación de la movilidad y la utilización de herramientas validadas como la escala FRAIL o el fenotipo de Fried.

Tras la valoración inicial, la Enfermería planifica intervenciones dirigidas a promover el envejecimiento saludable mediante educación sanitaria, fomento del ejercicio físico, asesoramiento nutricional, revisión de hábitos de vida y apoyo al autocuidado.

Las visitas domiciliarias permiten detectar barreras arquitectónicas, valorar el apoyo familiar e identificar factores sociales que puedan favorecer el deterioro funcional.

En el ámbito hospitalario, la Enfermería participa en la detección precoz de pacientes frágiles, contribuyendo a prevenir el deterioro funcional asociado al ingreso mediante programas de movilización precoz, prevención del síndrome confusional, mantenimiento de la autonomía y planificación del alta.

La coordinación con médicos, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, trabajadores sociales y nutricionistas constituye uno de los pilares fundamentales para garantizar un abordaje multidisciplinar centrado en la persona.

Discusión

La evidencia científica revisada pone de manifiesto que la fragilidad constituye uno de los principales desafíos asociados al envejecimiento poblacional y representa un importante predictor de acontecimientos adversos en las personas mayores. Su presencia se relaciona con un incremento significativo del riesgo de caídas, discapacidad, hospitalización, institucionalización y mortalidad, lo que repercute tanto en la calidad de vida de los pacientes como en la sostenibilidad de los sistemas sanitarios.

Los estudios analizados coinciden en señalar que la fragilidad no debe considerarse una consecuencia inevitable del envejecimiento, sino un síndrome clínico potencialmente prevenible e incluso reversible cuando se identifica en fases iniciales. Este aspecto resulta especialmente relevante, ya que la detección precoz permite instaurar intervenciones dirigidas a preservar la capacidad funcional y retrasar la aparición de dependencia.

La valoración geriátrica integral continúa siendo la herramienta de referencia para la identificación de personas mayores frágiles. Su aplicación permite evaluar de forma conjunta el estado funcional, cognitivo, nutricional, emocional y social del paciente, facilitando la elaboración de planes de cuidados individualizados adaptados a las necesidades de cada persona.

Entre las intervenciones con mayor respaldo científico destaca el ejercicio físico multicomponente, considerado actualmente la estrategia más eficaz para prevenir la progresión de la fragilidad. Los programas que combinan entrenamiento de fuerza, equilibrio, resistencia y flexibilidad han demostrado mejorar la movilidad, disminuir el riesgo de caídas y favorecer el mantenimiento de la autonomía funcional.

La intervención nutricional constituye otro elemento fundamental del abordaje. Una ingesta adecuada de proteínas, junto con la corrección de déficits nutricionales y la suplementación de vitamina D cuando está indicada, contribuye a preservar la masa muscular y reducir la progresión hacia situaciones de dependencia.

Asimismo, la revisión periódica de la medicación adquiere especial importancia en pacientes mayores con polimedicación, ya que la deprescripción de tratamientos potencialmente inapropiados puede disminuir el riesgo de efectos adversos, caídas y deterioro funcional.

Desde la perspectiva enfermera, la detección precoz de la fragilidad debe integrarse en la práctica clínica habitual, especialmente en Atención Primaria. La Enfermería desempeña un papel esencial en la valoración funcional, la promoción del envejecimiento activo, la educación sanitaria y el seguimiento continuado de las personas mayores, favoreciendo la adherencia a las intervenciones preventivas y la coordinación con el resto del equipo multidisciplinar.

Entre las limitaciones de esta revisión se encuentra su carácter narrativo, que no permite establecer comparaciones cuantitativas entre los diferentes estudios incluidos. No obstante, la selección de revisiones sistemáticas, guías internacionales y documentos de consenso recientes proporciona una visión actualizada sobre las principales estrategias para la detección y el manejo de la fragilidad en las personas mayores.

Conclusiones

La fragilidad constituye un síndrome geriátrico de elevada prevalencia que incrementa significativamente el riesgo de discapacidad, dependencia, hospitalización y mortalidad en las personas mayores.

Su identificación precoz mediante herramientas de valoración validadas permite instaurar intervenciones dirigidas a retrasar o revertir su progresión, mejorando la capacidad funcional y la calidad de vida.

La evidencia científica disponible demuestra que el ejercicio físico multicomponente, la intervención nutricional, la revisión de la medicación y la valoración geriátrica integral constituyen las principales estrategias para prevenir el deterioro funcional asociado a la fragilidad.

La Enfermería desempeña un papel fundamental en la detección precoz de este síndrome mediante la valoración integral de la persona mayor, la educación para la salud, el seguimiento continuado y la coordinación con el resto de los profesionales sanitarios.

La implantación de programas preventivos basados en la evidencia científica favorecerá un envejecimiento más saludable, permitirá mantener la autonomía funcional durante más tiempo y contribuirá a disminuir el impacto sociosanitario derivado de la fragilidad.

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