Nutrición enteral del paciente crítico en Unidad de Cuidados Intensivos

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 3–Marzo 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 3: 643

Autor principal (primer firmante): María Pérez Dueñas

Fecha recepción: 02/03/2026

Fecha aceptación: 29/03/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(3): 643

Enteral nutrition of the critically ill patient in the Intensive Care Unit

Autores:

  1. María Pérez Dueñas. Enfermera. Hospital Nuestra Señora de Gracia.
  2. Nieves Álvarez Noguero. Enfermera. Hospital Nuestra Señora de Gracia.
  3. Susana Lozano Genzor. Enfermera. Hospital Miguel Servet.
  4. José María Núñez Vargas. Enfermero. Hospital Nuestra Señora de Gracia.
  5. Miriam Escudero Canela. Enfermera. Hospital Nuestra Señora de Gracia.
  6. Pablo Bazán Giménez. Enfermero. Hospital Nuestra Señora de Gracia.

Resumen

La nutrición enteral (NE) consiste en la administración de nutrientes directamente al tracto gastrointestinal mediante sonda, catéter o estoma, evitando la cavidad oral, y constituye la vía de elección en pacientes críticos con ingesta oral insuficiente. Su inicio temprano, dentro de las primeras 24-48 horas de ingreso en la unidad de cuidados intensivos, requiere estabilidad hemodinámica y función intestinal adecuadas, con monitorización de peristaltismo, tolerancia, residuo gástrico y posibles complicaciones como diarrea o aumento de residuo gástrico. La administración es progresiva y continua, ajustándose al ritmo tolerado por el paciente.

La elección de la vía depende de la duración prevista y características clínicas, incluyendo sonda nasogástrica, nasoyeyunal, gastrostomía o yeyunostomía. Las fórmulas enterales se eligen considerando composición nutricional, densidad energético-proteica y necesidades específicas, incluyendo fórmulas poliméricas, peptídicas, elementales o especiales. La correcta selección, monitorización y ajuste de la NE son fundamentales para garantizar aporte calórico y proteico adecuado, minimizar complicaciones y optimizar la recuperación clínica en pacientes críticos.

Palabras clave:

Unidad de Cuidados Intensivos; Paciente crítico; Fórmulas enterales; Monitorización clínica.

Abstract

Enteral nutrition (EN) delivers nutrients directly to the gastrointestinal tract via tube, catheter, or stoma, bypassing oral intake, and is the preferred route for critically ill patients with insufficient oral intake. Early initiation within 24-48 hours of ICU admission requires hemodynamic stability and functional gastrointestinal tract, with monitoring of peristalsis, tolerance, gastric residuals, and complications such as diarrhea or high residual volume. Administration is continuous and progressive, adjusted to patient tolerance, with route selection based on expected duration and clinical characteristics, including nasogastric, nasojejunal, gastrostomy, or jejunostomy. EN formulas are chosen according to nutritional composition, energy-protein density, and patient-specific needs, including polymeric, peptide-based, elemental, or specialized formulas. Proper selection, monitoring, and adjustment of EN are essential to ensure adequate caloric and protein intake, reduce complications, and optimize clinical recovery in critically ill patients.

Keywords:

Intensive Care Units; Critically Ill Patient; Enteral Nutrition; Clinical Monitoring.

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Desarrollo

La nutrición enteral (NE) se encuentra definida por la asociación americana de nutrición enteral y parenteral (ASPEN) 1 como ‘sistema de suministro de nutrición directamente en el tracto gastrointestinal a través de un tubo, catéter o estoma que pasa por alto la cavidad oral’, y, y se considera la vía de elección frente a la nutrición parenteral cuando la ingesta oral es insuficiente, por ser más fisiológica y favorecer la integridad intestinal 2,3. Del mismo modo, deberá tener una estabilidad hemodinámica y tracto digestivo funcionante.

La necesidad de una estabilidad hemodinámica se debe, como explican en su revisión de 2019 Rendón-Rodríguez, Torres-Wong y Uresti-González 4, al iniciar la nutrición en pacientes hemodinámicamente inestables, aumenta la demanda de oxígeno en mayor proporción de lo que el propio cuerpo puede realizar al desviar la circulación para cubrir las demandas de los órganos vitales, pudiendo producir una isquemia intestinal 4,5.

Dentro de las recomendaciones clínicas actuales, publicadas en 2018 por European Society for Clinical Nutrition and Metabolism (ESPEN) 6 y la Sociedad Americana de Nutrición Parenteral y Enteral (ASPEN)7, la NE debe iniciarse en las primeras 24 – 48 horas desde el ingreso en la unidad de críticos 4, como sugieren las principales guías de práctica clínica actualmente 4, 7, 6, comprobándose en primer lugar la presencia de peristaltismo, y aumentándose de forma progresiva la administración de la NE para comprobar la correcta tolerancia a la misma y monitorizar el posible aumento del residuo gástrico.

En ocasiones, se observa que estos pacientes críticos pueden no llegar a cubrir el 100% de sus requerimientos nutricionales a través de la nutrición enteral, pudiendo valorarse la administración de la nutrición parenteral complementaria (NCP) 4.

En relación con las posibles complicaciones relacionadas con el inicio precoz de la nutrición enteral, es necesario elaborar y seguir guías de actuación para los profesionales 8,9.

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Inicio y monitorización

La NE se iniciará a 20 ml/h, comprobándose el residuo gástrico cada 6 horas, aumentando el ritmo cada 12 horas en caso de buena tolerancia (inferior a 200 ml de débito), hasta llegar a dosis plenas, atendiendo a posibles afectaciones que pudieran aparecer.

Las comprobaciones de residuo se podrán espaciar progresivamente, primero cada 12 horas, hasta llegar a un máximo de cada 24 horas, siempre atendiendo a posibles complicaciones (vómitos, diarreas, distensión abdominal…). En el caso de que aparecieran, volveríamos a la comprobación inicial cada 6 horas. Los principales problemas que pueden aparecer son el aumento de residuo gástrico (ARG) y la diarrea 9. El residuo gástrico se define a partir de 400 ml en la comprobación de residuo, pudiendo realizarse de dos formas diferentes tras parar la NE y administrar 30 ml de agua. Al esperar una hora, podríamos poner la SNG a bolsa o aspirar el contenido a través de la sonda con una jeringa, registrando el volumen obtenido en ambos casos 9.

En el caso de que el residuo se encuentre entre los 200 y 400 ml, valorar la administración de procinéticos al tratamiento (como podría ser el caso de la Metoclopramida).

En su lugar, si el residuo se encuentra por encima de 400 ml, se pondría la SNG a bolsa, se añadiría el procinético al tratamiento. A las 4 horas, se reiniciaría la NE al ritmo previo y, tras pasar 6 horas, se comprobaría nuevamente el residuo gástrico. Si este es superior a 400 ml nuevamente, se pondría a bolsa la SNG, y, al reiniciar la NE a las 4 horas, se iniciaría esta vez a la mitad del ritmo previo 9.

Como podemos observar, el ritmo de administración es continuo, de 24 horas, evitando administraciones intermitentes en la medida de lo posible 9, 10.

Encontramos a su vez, diferentes formas de administración de la nutrición enteral 11,12, por lo que será importante tener en cuenta una serie de características que condicionarán el uso de cada una de ellas (estado nutricional, patología del paciente, edad, duración prevista de la alimentación, …).

Vías de administración

La elección de la vía depende de la duración prevista de la nutrición y las características clínicas del paciente. En el caso de que la duración sea inferior a 4-6 semanas, la elección principal será la sonda nasogástrica (SNG), donde la parte final de la sonda se ubicará en estómago, con sondas de poliuretano entre 12- 14 French idealmente. Si existieran intolerancias gástricas, obstrucciones gástricas o intestinales, o riesgo de broncoaspiración por parte del paciente, se valorará la colocación de una sonda naso-yeyunal o naso-duodenal 11.

Si el tiempo fuera mayor a 4-6 semanas, se realizaría una gastrostomía, siendo el estómago la vía de elección. En el caso de existir riesgo de reflujo gastroesofágico, déficit neurológico, … Se realizará una yeyunostomía 11. En casos de gastrostomía o yeyunostomías se realizarán por vía endoscópica.

En el supuesto de que la vía de administración sea la gástrica, el cabecero de la cama del paciente deberá tener una inclinación de al menos 30º, evitando así posibles broncoaspiraciones.

Fórmulas enterales

Son los productos diseñados para ser administrados al paciente vía enteral, aportando proteínas, grasas y carbohidratos buscando los requerimientos indicados. Por otra parte, gran parte de ellas, suelen tener vitaminas, minerales y electrolitos añadidos.

La selección de la fórmula dependerá principalmente de edad, función gastrointestinal, alergias y necesidades clínicas específicas.

Podemos distinguir tres tipos según el curso de la Sociedad Valenciana de Farmacia Hospitalaria 13 Las fórmulas peptídicas u oligoméricas están diseñadas en módulos individuales de macronutrientes, donde estos se encuentran hidrolizados en sus formas más simples. Este tipo de fórmulas se utiliza especialmente en pacientes con requerimientos de malabsorción, ya que facilitan la digestión y absorción de proteínas, carbohidratos y grasas. Por su parte, las fórmulas elementales o monoméricas presentan también macronutrientes hidrolizados, pero se caracterizan por su elevada densidad, lo que las convierte en fórmulas muy hipertónicas. Debido a esta característica, su administración debe realizarse de manera lenta y controlada para evitar complicaciones gastrointestinales o sobrecarga osmótica. Finalmente, las fórmulas poliméricas contienen macronutrientes en su estructura completa y están indicadas para pacientes con un tracto digestivo funcional. Estas fórmulas requieren que el organismo realice el proceso completo de digestión y absorción de los nutrientes, por lo que se recomiendan en aquellos pacientes que pueden tolerar la alimentación enteral estándar sin dificultades.

Por otra parte, en la revisión publicada en el año 2020 11, divide las fórmulas enterales además de por el tipo de presentación de los nutrientes, por densidad energético-proteica, como podríamos encontrar la isocalórica (siendo esta 1 Kcal/ml), hipercalórica (entre 1,5 y 2 Kcal/ml), las fórmulas hipercalóricas e hiperproteicas, siendo el contenido proteico igual o superior al 18% del aporte calórico total. En el artículo sobre el paciente crítico y NE 10, se describen las dietas normoproteicas si menos del 20% de las calorías proceden de las proteínas, e hiperproteicas si es superior.

Asimismo, las fórmulas diluidas 11, que constituyen una cantidad inferior a 1 Kcal/h. También encontramos fórmulas especiales, para casos específicos de pacientes con patologías concretas, Dentro de este grupo de fórmulas, hallamos aquellas para hepatopatías crónicas, nefropatías, síndromes hiperglucémicos, alteraciones inmunológicas, patologías pulmonares… Incluso, aquellas fórmulas con un mayor contenido en fibra.

Encontramos a su vez las fórmulas para lactantes, donde se pueden observar las de leche materna, o, las destinadas para el inicio de las tomas y seguimiento, las fórmulas concentradas.

En último lugar, las fórmulas basadas en la presentación, donde se dividen en función del sabor de estas, su consistencia…

Debido a la dificultad en la elección de las fórmulas enterales, basándose principalmente en la obtención de tres puntos que define A. Pachón-Bueno 12, como el inicio temprano de la nutrición enteral, seguir un régimen hiperproteico e hipocalórico y conseguir el objetivo calórico ideal tras las primeras 48 horas tras iniciar la nutrición enteral, siendo este último punto, como describe, difícil de conseguir 12.

Conclusiones

En conclusión, la evidencia revisada pone de manifiesto que la nutrición enteral en pacientes de cuidados intensivos es un componente esencial del soporte terapéutico y que su correcta gestión influye directamente en la evolución clínica. El control riguroso por parte de los profesionales sanitarios resulta indispensable para garantizar que estos pacientes, con elevada vulnerabilidad metabólica, reciban de forma oportuna y segura los aportes nutricionales y energéticos necesarios. Solo mediante una monitorización continua, una valoración individualizada y una intervención ajustada a sus requerimientos específicos es posible optimizar los resultados, reducir complicaciones y favorecer la recuperación en un entorno tan crítico como la UCI.

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