Manejo del síncope vasovagal durante una extracción sanguínea

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 220

Autor principal (primer firmante): Laura Teresa Gallo Úriz

Fecha recepción: 20/09/2026

Fecha aceptación: 17/10/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 220

Autores:

  • Laura Teresa Gallo Úriz
  • María Egea Irurzun.

Categoría profesional:

Enfermería.

Resumen

El sistema nacional de salud procesa diariamente unas 200.000 muestras sanguíneas. Los análisis de sangre son pruebas diagnósticas muy frecuentes, rápidas y útiles para obtener información sobre distintos parámetros sanguíneos. Enfermería se encarga de la extracción, identificación y correcto etiquetado de las muestras para su posterior análisis. Una de las complicaciones más frecuentes de la venopunción es el síncope vasovagal, especialmente en población joven y, en mayor medida, en mujeres. La mayoría de las veces este cuadro clínico se resuelve de forma espontánea con medidas muy sencillas.

Sin embargo, si no se toman a tiempo, el paciente empeora y los síntomas son más complejos de tratar; pudiendo llegar a desencadenar: caídas, pérdidas del nivel de consciencia y / o incluso convulsiones. En la gran mayoría de los casos, el síncope vasovagal viene precedido de síntomas prodrómicos que “nos alertan” del cuadro durante las extracciones sanguíneas. Por todo ello, para reducir al mínimo este fenómeno, es importante, desde Enfermería, tener actualizados los conocimientos acerca de los factores desencadenantes, sintomatología y tratamiento del síncope vasovagal.

Palabras clave: síncope vasovagal, extracción sanguínea, venopunción, intervención de enfermería.

Introducción

A pesar de que el síncope vasovagal suele presentar un pronóstico favorable, su aparición durante procedimientos habituales como la extracción sanguínea pone de manifiesto la importancia de mantener una adecuada preparación por parte del personal de Enfermería. El dominio de la técnica de venopunción debe ir acompañado del conocimiento de sus posibles complicaciones y de las intervenciones necesarias para actuar ante ellas. De esta manera, la competencia enfermera no se limita a obtener correctamente una muestra sanguínea, sino que incluye garantizar la seguridad del paciente durante todo el procedimiento.

Otro aspecto relevante es la repercusión emocional que estos episodios pueden generar tanto en el paciente como en los profesionales sanitarios y en las personas presentes. Una pérdida de consciencia durante una extracción puede resultar especialmente llamativa y generar preocupación en el entorno. Una actuación enfermera estructurada, rápida y segura permite disminuir la ansiedad y transmitir confianza, evitando además actuaciones innecesarias o inadecuadas. La formación continuada del personal de Enfermería puede contribuir, por tanto, a mejorar la seguridad durante el procedimiento y a proporcionar una atención más eficaz ante la aparición de complicaciones.

En este sentido, la prevención debería comenzar incluso antes de realizar la venopunción. La identificación de pacientes con antecedentes de síncope durante extracciones previas, el conocimiento de posibles desencadenantes y la creación de un entorno seguro pueden facilitar la anticipación al episodio. En pacientes especialmente susceptibles, realizar la extracción en posición adecuada y mantener una vigilancia estrecha durante los minutos posteriores puede reducir el riesgo asociado a una pérdida brusca de consciencia.

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Objetivos

Objetivos generales

En consecuencia, se ha realizado una revisión de la bibliografía actual, para dar a conocer qué es, las causas y características definitorias del síncope vasovagal, con el fin último, de capacitar al personal de Enfermería con herramientas útiles y básicas de manejo. Ya que, en numerosas ocasiones, un síncope supone un momento angustioso para los profesionales sanitarios que no dominan el cuadro, y, asimismo, para el resto de pacientes y / o familiares que lo presencian indirectamente.

Objetivos específicos

Entre los objetivos específicos podemos definir los siguientes:

  • Definir el síncope vasovagal, factores de riesgo y sus manifestaciones clínicas.
  • Exponer la clasificación completa de los distintos tipos de síncopes vasovagales, así como las intervenciones enfermeras indicadas en cada caso para asistir de manera precoz y eficaz a nuestros pacientes en unidades de extracción sanguínea.

Métodos

En consecuencia, se ha realizado una revisión de la bibliografía actual, con el objetivo de realizar una detección precoz de los síntomas prodrómicos al propio síncope vasovagal instaurado durante las extracciones sanguíneas, y de este modo, evitar posibles complicaciones como, por ejemplo; caídas, pérdidas del nivel de consciencia y / o incluso convulsiones. Dado que la mayoría de las veces este cuadro clínico suele ser complejo de tratar una vez el paciente empeora.

Tras la lectura, revisión y análisis de la siguiente guía clínica: “Guía ESC 2018 sobre el diagnóstico y el tratamiento del síncope” aportada y revisada en 2019 por la Sociedad Europea de Cardiología (ESC); se describen a continuación las características más frecuentes del cuadro ya mencionado. Para que sirva de apoyo en el desarrollo de material educativo y de información para los profesionales de salud que realizan procedimientos diarios de extracciones sanguíneas en su día a día.

Resultados

En primer lugar, es muy relevante conocer el concepto y las manifestaciones clínicas para poder tratar a nuestros pacientes con eficacia y rapidez. El síncope es una afección caracterizada por una pérdida repentina y temporal del conocimiento, causada por una disminución del flujo sanguíneo al cerebro, de inicio rápido, breve duración y recuperación completa espontánea.

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El término "vasovagal" se refiere a la relación entre el nervio vago y los vasos sanguíneos. El nervio vago ayuda a regular la frecuencia cardíaca y los vasos sanguíneos. Si se da una sobreestimulación de éste, el organismo trata de compensarlo, disminuyendo la frecuencia cardíaca y la presión arterial.

En cuanto a la incidencia y prevalencia de un síncope vasovagal tiende a disminuir con la edad del paciente. Es más frecuente en población joven de 15 a 35 años, y puede afectar tanto a hombres como a mujeres. Sin embargo, afecta a las mujeres aproximadamente 1,5 veces más que a los hombres. En jóvenes, hasta el 50 % de las mujeres y el 20 % de los varones han presentado un episodio antes de los 20 años.

En referencia a los factores de riesgo, el síncope vasovagal a menudo es desencadenado por factores exógenos al organismo, es decir, estímulos específicos que proceden del exterior como, por ejemplo: el miedo, el estrés y el dolor en situaciones extremas, la visión de sangre, el hambre, la deshidratación, calor extremo, el esfuerzo físico intenso y durante tiempo muy prolongado, el cambio súbito de decúbito a bipedestación, etc.

Por todo lo anterior, desde nuestra competencia enfermera también debemos conocer la clasificación de los síncopes vasovagales según su gravedad. Diferenciando de manera clara la sintomatología asociada de cada uno, así como las intervenciones de Enfermería dirigidas a cada uno de ellos.

En primer lugar, el escenario más común y el que representa menor peligro para el paciente es el síncope vasovagal leve. Ocurre de manera aislada desencadenado por una causa clara y externa, como una extracción de sangre. En el síncope vasovagal leve el paciente nunca va a perder el nivel de consciencia.

Este síncope viene definido por pródromos, es decir; síntomas que nos alertan de que el paciente puede ir empeorando, si no se toman medidas a tiempo. Los síntomas prodrómicos más frecuentes son: mareo, sudor frío, palidez, malestar, náuseas o visión borrosa, giro de objetos. La detección precoz de estos síntomas nos da la capacidad de reacción y, con ello nos permite adelantarnos al síncope vasovagal moderado-grave.

Las acciones que debemos tomar con un paciente que presenta dichos pródromos son las siguientes: tumbar a nuestro paciente de inmediato para prevenir una posible caída. Levantar las piernas en ángulo de 90º para facilitar el retorno sanguíneo y ayudar a que la sangre retorne al cerebro. Las maniobras de contrapresión como, por ejemplo; toser, apretar nuestra mano con su mano, maniobra Valsalva. Otra opción, es pedirle que realice respiraciones profundas y rítmicas focalizando toda su atención en ellas. Asimismo, si nuestro paciente no tiene náuseas ni sensación de malestar gástrico, ofrecerle algo salado para ingerir; así como darle líquidos a beber de poco en poco. Y, sobre todo, alejar al paciente del desencadenante del vasovagal, ya sea la propia extracción sanguínea, fuente de calor extremo, ejercicio físico, etc.

En segundo lugar, el síncope vasovagal grave es el que cursa con pérdida de consciencia del paciente o también denominado “desmayo”. Esto ocurre porque el nervio vago reacciona de forma exagerada ante un estímulo exógeno al organismo (ver los ya citados con anterioridad); lo cual provoca que la sangre baje súbitamente al cuerpo y no llegue suficiente aporte de oxígeno al cerebro. A pesar de ser aparatoso o intenso, en sí mismo no daña el corazón ni causa la muerte. La lesión de mayor peligro que debemos evitar es la caída repentina del paciente ya que puede golpearse huesos o incluso el cráneo, siendo esta la peor complicación de todas. Normalmente, los desmayos ocurren de forma súbita sin aviso previo, lo que conlleva una recuperación bastante más prolongada que el síncope leve.

Las acciones que debemos tomar dependerán de si el paciente recupera, o no, el nivel de consciencia espontáneamente. En un primer tiempo de forma general: suspender la extracción y retirar la aguja con seguridad, colocar en decúbito supino con las piernas elevadas, salvo contraindicación, mantener la vía aérea permeable y comprobar respiración, toma completa de constantes vitales (presión arterial, frecuencia cardiaca, saturación de O₂, frecuencia respiratoria), incluso glucemia capilar si existe alteración persistente de conciencia, síntomas atípicos o factores de riesgo.

Asimismo, observar coloración, sudoración y perfusión periférica, así como signos de recuperación. Si existe hipoxemia o está clínicamente indicado también, administraremos oxigenoterapia con gafas nasales y / o mascarilla Venturi (según indicación). Además, el paciente debe permanecer tumbado hasta que esté completamente recuperado y posteriormente realizar una incorporación progresiva. Cuando esté consciente y estable, ofrecer alimentos salados y / o líquidos si no hay contraindicación y ha recuperado al completo su nivel de consciencia, y siempre que el paciente no haya manifestado malestar digestivo-gástrico.

Discusión

El síncope vasovagal constituye una de las situaciones clínicas que pueden presentarse durante o inmediatamente después de una venopunción, por lo que su reconocimiento y manejo adquieren especial relevancia dentro de la práctica enfermera. Aunque habitualmente se trata de un cuadro benigno y autolimitado, su aparición durante la extracción sanguínea puede generar una situación de riesgo, principalmente por la posibilidad de que el paciente sufra una caída y, como consecuencia, lesiones secundarias. Por este motivo, la actuación de Enfermería no debe limitarse al tratamiento del episodio una vez instaurado, sino que debe comenzar con la identificación de aquellos pacientes que presentan factores predisponentes.

La literatura revisada pone de manifiesto que el síncope vasovagal presenta una mayor frecuencia en población joven y que determinados estímulos, como el miedo, el dolor, el estrés, la visión de sangre o determinados procedimientos sanitarios, pueden actuar como desencadenantes. Por ello, resulta fundamental que el personal de Enfermería conozca los antecedentes del paciente y permanezca alerta ante la posible aparición de signos y síntomas compatibles con una respuesta vasovagal.

Otro aspecto relevante es la repercusión emocional que estos episodios pueden generar tanto en el paciente como en los profesionales sanitarios y en las personas presentes. Una pérdida de consciencia durante una extracción puede resultar especialmente llamativa y generar preocupación en el entorno. Una actuación enfermera estructurada, rápida y segura permite disminuir la ansiedad y transmitir confianza, evitando además actuaciones innecesarias o inadecuadas.

En este sentido, la prevención debería comenzar incluso antes de realizar la venopunción. La identificación de pacientes con antecedentes de síncope durante extracciones previas, el conocimiento de posibles desencadenantes y la creación de un entorno seguro pueden facilitar la anticipación al episodio. En pacientes especialmente susceptibles, realizar la extracción en posición adecuada y mantener una vigilancia estrecha durante los minutos posteriores puede reducir el riesgo asociado a una pérdida brusca de consciencia.

Conclusión

El personal de Enfermería desempeña un papel fundamental en la prevención, identificación precoz y manejo de estos episodios. El conocimiento de los principales factores desencadenantes, así como la capacidad para reconocer los signos y síntomas prodrómicos, permite intervenir de forma temprana y evitar, en muchos casos, la progresión hacia la pérdida de consciencia.

La adopción de medidas sencillas como garantizar una posición segura, evitar la bipedestación ante la aparición de síntomas, favorecer el retorno venoso, utilizar maniobras de contrapresión cuando estén indicadas y retirar al paciente del estímulo desencadenante contribuye a mejorar la seguridad durante la extracción sanguínea.

Por todo ello, resulta fundamental que los profesionales de Enfermería mantengan actualizados sus conocimientos sobre el síncope vasovagal y dispongan de pautas de actuación claras y basadas en la evidencia. Una adecuada formación permite disminuir la ansiedad tanto del paciente como del profesional, mejorar la calidad de la atención y, especialmente, prevenir las complicaciones derivadas de estos episodios.

Finalmente, esta revisión pone de manifiesto la necesidad de continuar actualizando los conocimientos relacionados con el síncope vasovagal en el ámbito de Enfermería. La protocolización de la actuación y la formación específica pueden favorecer una respuesta ante estos episodios y contribuir a disminuir las complicaciones asociadas, especialmente aquellas derivadas de las caídas.

Bibliografía

  1. Brignole, M., Moya A., Frederik j. (2019). Guía ESC 2018 sobre el diagnóstico Y tratamiento del síncope. Elsevier.Es. Citado el 28 de septiembre de 2026. Disponible en: https://www.elsevier.es/es-revista-revista-del-lab oratorio-clinico-282-pdf-S0300893218304895
  2. Escribano Gómez L., Moriano Gutiérrez A., Esteve T. SÍNCOPE (actualización junio 2025). Guía de Algoritmos en Pediatría de Atención Primaria. Citado el 1 de septiembre de 2026. Disponible en: https://algoritmos.aepap.org/adjuntos/117_Sincope. pdf
  3. Romero Vivas F. (2015) Síncope. En: SECPCC (Ed.). Protocolos de Cardiología y Cardiopatía congénitas (Sección VI). pp. 525-534. Citado el 31 de agosto de 2026. Disponible en https://video.grupocto.com/videosespecialidades/Tr atadoCpediatrica/CARDIOLOGIA_PEDIATRICA_Vol_I.pdf