Manejo del paciente adulto con sepsis

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 326

Autor principal (primer firmante): Vanessa Álvarez Sánchez

Fecha recepción: 28/09/2026

Fecha aceptación: 25/10/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 326

Autores:

  • Vanessa Álvarez Sánchez
  • Alba Estallo Escar
  • Nazaret García Ramos
  • Maria Moreno Martin
  • Marta Leal Pérez
  • María de los Ángeles Mérida Cebollero

Palabras clave: sepsis, shock séptico, infección, antibióticos, fluidoterapia, vasopresores, cuidados críticos.

Resumen

La sepsis constituye una de las principales causas de morbimortalidad hospitalaria y representa una respuesta desregulada del organismo frente a una infección que ocasiona disfunción orgánica potencialmente mortal. Su evolución puede ser rápida y conducir a shock séptico, fracaso multiorgánico y muerte, por lo que el reconocimiento precoz y el inicio inmediato del tratamiento resultan determinantes para mejorar el pronóstico.

El manejo inicial se basa en la identificación del posible foco infeccioso, valoración de la función orgánica, determinación del lactato, obtención de cultivos cuando no retrase el tratamiento y administración precoz de antimicrobianos en aquellos pacientes con alta probabilidad de sepsis o shock séptico. En presencia de hipoperfusión debe iniciarse una reposición de volumen individualizada, utilizando preferentemente cristaloides y evaluando de forma continua la respuesta para evitar tanto una reanimación insuficiente como la sobrecarga de líquidos.

Cuando la hipotensión persiste pese a una adecuada reposición de volumen, la noradrenalina constituye el vasopresor de primera elección. El manejo debe completarse con el control precoz del foco infeccioso, soporte respiratorio y renal cuando resulte necesario, prevención de complicaciones y reevaluación continua de los tratamientos antimicrobianos. El objetivo de este artículo es revisar los principales componentes del manejo hospitalario del paciente adulto con sepsis, desde el reconocimiento inicial hasta la estabilización y recuperación posterior.

Abstract

Sepsis is one of the leading causes of hospital morbidity and mortality and represents a dysregulated host response to infection resulting in life-threatening organ dysfunction. Its progression may be rapid and lead to septic shock, multiple organ failure and death, making early recognition and immediate initiation of treatment essential to improve prognosis.

Initial management is based on identifying the possible source of infection, assessing organ function, measuring lactate, obtaining cultures when this does not delay treatment and administering early antimicrobial therapy in patients with a high likelihood of sepsis or septic shock. In the presence of hypoperfusion, individualised fluid resuscitation should be initiated, preferably using crystalloids, with continuous assessment of response to avoid both inadequate resuscitation and fluid overload.

When hypotension persists despite adequate fluid replacement, norepinephrine is the first-line vasopressor. Management should be completed with early source control, respiratory and renal support when necessary, prevention of complications and continuous reassessment of antimicrobial treatment. The aim of this article is to review the main components of hospital management of adult patients with sepsis, from initial recognition to stabilisation and subsequent recovery.

Introducción

La sepsis constituye una emergencia médica caracterizada por una respuesta desregulada frente a una infección que produce disfunción orgánica. Su gravedad no depende únicamente del microorganismo responsable, sino también de la respuesta inflamatoria, inmunológica, metabólica y circulatoria desarrollada por el organismo.

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La presentación clínica puede ser extremadamente variable. Algunos pacientes presentan inicialmente fiebre, taquicardia y malestar general, mientras que otros debutan con hipotensión, deterioro del nivel de conciencia, oliguria, dificultad respiratoria o alteraciones metabólicas. La ausencia de fiebre no excluye el diagnóstico, especialmente en personas mayores, inmunodeprimidas o con determinadas enfermedades crónicas.

La definición Sepsis-3 establece la presencia de sepsis cuando una infección sospechada o confirmada se acompaña de disfunción orgánica potencialmente mortal. El shock séptico representa una situación de mayor gravedad en la que persisten alteraciones circulatorias y metabólicas importantes y existe una mortalidad considerablemente superior.

Las recomendaciones de la Surviving Sepsis Campaign continúan constituyendo una de las principales referencias internacionales para el tratamiento de adultos con sepsis y shock séptico. Estas guías destacan que la sepsis y el shock séptico son emergencias médicas y que el tratamiento y la reanimación deben iniciarse inmediatamente.

El manejo moderno exige una actuación multidisciplinar que combine tratamiento antimicrobiano, soporte hemodinámico, control del foco y vigilancia estrecha de la función de los diferentes órganos.

Desarrollo

Reconocimiento precoz

El reconocimiento temprano constituye uno de los principales desafíos.

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La sepsis puede comenzar con manifestaciones inespecíficas y evolucionar rápidamente. Por ello, debe sospecharse ante cualquier paciente con una infección posible o confirmada que presente deterioro clínico o signos de disfunción orgánica.

La valoración debe incluir el estado mental, presión arterial, frecuencia cardíaca, frecuencia respiratoria, saturación de oxígeno, temperatura, diuresis y perfusión periférica.

La aparición de hipotensión, alteración del nivel de conciencia, taquipnea, oliguria o hipoxemia debe aumentar especialmente la sospecha.

Las escalas clínicas pueden contribuir a identificar pacientes de riesgo, pero no deben utilizarse aisladamente para descartar sepsis. La valoración médica y la evolución continúan siendo fundamentales.

Valoración inicial

La primera evaluación debe realizarse de forma estructurada y simultánea al inicio de las primeras medidas terapéuticas.

Debe identificarse la posible localización de la infección, antecedentes médicos, inmunosupresión, intervenciones recientes, presencia de dispositivos invasivos y tratamientos antimicrobianos utilizados previamente.

La exploración debe buscar signos de neumonía, infección urinaria, infección intraabdominal, infección cutánea, infección relacionada con catéteres y otros posibles focos.

También debe valorarse la existencia de situaciones que puedan simular o coexistir con sepsis, como shock cardiogénico, hemorragia, embolia pulmonar o reacciones farmacológicas graves.

En un paciente inestable, la realización de pruebas diagnósticas no debe retrasar las intervenciones de soporte necesarias.

Lactato

El lactato constituye un marcador útil dentro de la valoración inicial.

Su elevación puede reflejar alteraciones de la perfusión tisular, aunque existen múltiples mecanismos que pueden contribuir a su incremento y no debe interpretarse de forma aislada.

La Surviving Sepsis Campaign recomienda medir el lactato en adultos con sospecha de sepsis y utilizar su evolución como uno de los parámetros que pueden orientar la reanimación en pacientes con valores elevados.

Una concentración elevada debe aumentar la preocupación clínica y justificar una evaluación rápida de la perfusión.

La normalización o disminución progresiva puede indicar una respuesta favorable, pero las decisiones no deben basarse exclusivamente en alcanzar un valor concreto.

Obtención de cultivos

Siempre que resulte posible deben obtenerse cultivos microbiológicos antes de comenzar el tratamiento antimicrobiano.

Habitualmente se incluyen hemocultivos y muestras dirigidas al foco sospechado, como orina, secreciones respiratorias, líquidos biológicos o material procedente de heridas.

Sin embargo, la obtención de las muestras no debe provocar un retraso significativo en la administración de antimicrobianos cuando el paciente presenta shock séptico o una elevada probabilidad de sepsis.

Una correcta obtención reduce la contaminación y aumenta la posibilidad de identificar el microorganismo responsable.

El aislamiento microbiológico permite posteriormente adaptar el tratamiento y reducir la exposición innecesaria a antibióticos de amplio espectro.

Tratamiento antimicrobiano precoz

Los antimicrobianos constituyen uno de los pilares del tratamiento.

En pacientes con shock séptico o alta probabilidad de sepsis deben iniciarse lo antes posible después del reconocimiento. Las guías internacionales recomiendan administración inmediata, idealmente dentro de la primera hora, en pacientes con shock séptico o una probabilidad elevada de sepsis.

Sin embargo, el tratamiento indiscriminado de todos los pacientes con una posibilidad baja de infección también puede producir consecuencias negativas.

Cuando existe sospecha de sepsis sin shock y el diagnóstico es incierto puede realizarse una valoración rápida dirigida a confirmar o descartar causas infecciosas y no infecciosas antes de iniciar antimicrobianos, siempre evitando retrasos prolongados en aquellos pacientes en los que la infección continúa siendo probable.

Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2024 confirma la importancia pronóstica del tiempo hasta la administración de antibióticos, aunque también muestra que la relación exacta entre el límite de una hora y la mortalidad es compleja y depende de las características del paciente.

Selección inicial de antibióticos

El tratamiento empírico debe cubrir los microorganismos previsibles según el foco, origen comunitario o nosocomial, resistencias locales y características individuales.

Debe considerarse la exposición antibiótica reciente, colonización previa por microorganismos resistentes, inmunosupresión, hospitalizaciones recientes y dispositivos invasivos.

En determinados pacientes puede ser necesario comenzar una combinación amplia hasta disponer de resultados microbiológicos.

La dosis inicial también debe ser adecuada a la gravedad y a las modificaciones farmacocinéticas propias del paciente crítico.

Una vez identificado el microorganismo y conocida su sensibilidad debe reducirse el espectro siempre que sea posible.

Reevaluación del tratamiento antimicrobiano

La antibioterapia debe revisarse diariamente.

La evolución clínica, los resultados de cultivos y otras pruebas pueden confirmar o cuestionar el diagnóstico inicial.

Si se identifica un microorganismo susceptible a un tratamiento más específico debe realizarse una desescalada.

Cuando finalmente no existe evidencia de infección bacteriana debe considerarse la suspensión del tratamiento.

Esta estrategia disminuye los efectos adversos, presión selectiva y aparición de resistencias.

La duración debe individualizarse y depende fundamentalmente del foco, microorganismo, control de la infección y evolución clínica.

Control del foco

Los antibióticos pueden resultar insuficientes cuando persiste un foco anatómico activo.

Entre las situaciones que pueden requerir control se encuentran abscesos, perforaciones intestinales, colecciones intraabdominales, infecciones de prótesis, tejidos necróticos y determinados dispositivos infectados.

Debe identificarse rápidamente si existe una lesión susceptible de drenaje o tratamiento quirúrgico.

La Surviving Sepsis Campaign recomienda implementar la intervención de control del foco tan pronto como resulte médica y logísticamente posible.

El retraso puede mantener el proceso infeccioso y dificultar la estabilización hemodinámica.

Fluidoterapia inicial

Los pacientes con sepsis pueden presentar vasodilatación, aumento de la permeabilidad vascular y reducción del volumen circulante efectivo.

La administración intravenosa de líquidos pretende restaurar la perfusión.

Las guías recomiendan cristaloides como primera opción y sugieren preferentemente soluciones balanceadas frente a suero salino en muchos pacientes.

En el shock séptico o hipoperfusión inducida por sepsis se ha utilizado tradicionalmente una administración inicial aproximada de 30 ml/kg de cristaloides durante las primeras horas.

Sin embargo, este volumen debe integrarse en una valoración clínica continua. No todos los pacientes presentan la misma tolerancia, especialmente aquellos con insuficiencia cardíaca o enfermedad renal.

Evitar la sobrecarga de líquidos

La reposición de volumen no debe continuar automáticamente una vez administrado el tratamiento inicial.

El exceso de líquidos puede favorecer edema pulmonar, empeorar el intercambio gaseoso, aumentar el edema tisular y dificultar la recuperación.

Cada nueva administración debe acompañarse de una reevaluación de la respuesta.

La presión arterial aislada no es suficiente para decidir si un paciente necesita más volumen.

Pueden utilizarse parámetros dinámicos como elevación pasiva de las piernas, variación del volumen sistólico u otras pruebas que estimen la respuesta a líquidos.

El objetivo consiste en administrar el volumen necesario para mejorar la perfusión evitando una acumulación innecesaria.

Evaluación de la perfusión

La respuesta debe evaluarse mediante múltiples parámetros.

La presión arterial, estado mental, temperatura y coloración de la piel, tiempo de relleno capilar y diuresis proporcionan información clínica relevante.

La evolución del lactato puede complementar esta valoración.

Las recomendaciones actuales sugieren utilizar el tiempo de relleno capilar como una medida adicional para guiar la reanimación en pacientes con shock séptico.

Ningún marcador debe interpretarse aisladamente.

La tendencia de diferentes parámetros ofrece una visión más fiable de la recuperación circulatoria.

Vasopresores

Cuando la hipotensión persiste pese a la reanimación inicial o cuando el paciente presenta una hipotensión profunda que hace necesario actuar inmediatamente, deben utilizarse vasopresores.

La noradrenalina constituye el fármaco de primera elección.

El objetivo inicial habitual es alcanzar una presión arterial media aproximadamente de 65 mmHg, aunque posteriormente puede individualizarse según edad, hipertensión previa y respuesta clínica.

La noradrenalina incrementa el tono vascular y permite recuperar la presión de perfusión.

No siempre es necesario esperar a completar grandes volúmenes de fluidoterapia antes de iniciarla cuando la hipotensión es grave.

Administración periférica de vasopresores

Tradicionalmente se esperaba a disponer de un acceso venoso central para iniciar vasopresores.

Sin embargo, esta práctica puede retrasar innecesariamente el tratamiento.

Las recomendaciones actuales aceptan comenzar vasopresores por una vía periférica adecuada durante un periodo corto mientras se consigue un acceso central, siempre que exista vigilancia estrecha del punto de administración.

La vía debe encontrarse preferentemente en una vena proximal y controlarse regularmente para detectar extravasación.

Una vez que el tratamiento se prolonga o requiere dosis elevadas puede ser necesario disponer de un acceso central.

Otros vasopresores

Cuando la noradrenalina no consigue mantener una presión adecuada puede añadirse vasopresina.

En situaciones con requerimientos crecientes puede considerarse posteriormente adrenalina.

La selección depende de la respuesta hemodinámica y situación clínica.

Los vasopresores deben titularse continuamente según la presión y la perfusión.

La administración de dosis elevadas sin investigar causas persistentes de hipotensión puede retrasar la identificación de hipovolemia, disfunción cardíaca o falta de control del foco.

Corticoides

En pacientes con shock séptico que continúan necesitando vasopresores pese a las medidas adecuadas puede utilizarse tratamiento con corticoides intravenosos.

Habitualmente se emplea hidrocortisona.

El objetivo principal es favorecer la reversión del shock y disminuir el tiempo de dependencia de vasopresores en pacientes seleccionados.

No se recomienda administrar corticoides sistemáticamente a todos los pacientes con sepsis.

Debe vigilarse la aparición de hiperglucemia y otros posibles efectos adversos.

Oxigenoterapia

La oxigenación debe valorarse desde el inicio.

Los pacientes con hipoxemia necesitan oxígeno suplementario adaptado a sus necesidades.

No todos los pacientes con sepsis requieren altas concentraciones de oxígeno.

El tratamiento debe ajustarse según la saturación, gasometría y situación respiratoria.

Una infección pulmonar, edema o síndrome de distrés respiratorio agudo pueden aumentar rápidamente las necesidades y obligar a utilizar dispositivos de mayor soporte.

La vigilancia de frecuencia respiratoria, trabajo respiratorio y nivel de conciencia permite identificar precozmente un fracaso respiratorio.

Ventilación mecánica

Algunos pacientes desarrollan insuficiencia respiratoria que requiere intubación y ventilación invasiva.

Cuando existe síndrome de distrés respiratorio agudo deben utilizarse estrategias de ventilación protectora.

Las guías de sepsis recomiendan volúmenes corrientes bajos, aproximadamente 6 ml/kg de peso corporal predicho, en pacientes con síndrome de distrés respiratorio agudo asociado a sepsis.

También debe limitarse la presión de la vía aérea y ajustar la presión positiva al final de la espiración según la situación clínica.

Los casos graves pueden requerir posición prono y otras estrategias de soporte.

Función renal

La lesión renal aguda es una complicación frecuente.

Puede aparecer como consecuencia de alteraciones hemodinámicas, inflamación, nefrotoxicidad y múltiples factores propios del paciente crítico.

Debe monitorizarse la creatinina, diuresis y equilibrio hidroelectrolítico.

Una reducción progresiva de la diuresis puede constituir uno de los primeros signos de deterioro.

Debe evitarse la exposición innecesaria a medicamentos nefrotóxicos y ajustar las dosis de aquellos con eliminación renal.

La necesidad de terapia renal sustitutiva depende de la presencia de complicaciones como hiperpotasemia grave, acidosis refractaria, sobrecarga de volumen o determinadas alteraciones metabólicas y no únicamente de la cifra de creatinina.

Control glucémico

La respuesta al estrés puede producir hiperglucemia incluso en personas sin diabetes previa.

Un control excesivamente estricto aumenta el riesgo de hipoglucemia y no proporciona beneficios suficientes para justificarlo.

Las recomendaciones actuales sugieren comenzar tratamiento con insulina ante hiperglucemia persistente aproximadamente igual o superior a 180 mg/dl, manteniendo posteriormente objetivos moderados.

La glucemia debe controlarse periódicamente.

Los pacientes que reciben insulina intravenosa requieren una monitorización especialmente estrecha para evitar descensos excesivos.

Nutrición

La nutrición forma parte de los cuidados de soporte.

Cuando el tracto gastrointestinal es funcional y no existe contraindicación debe favorecerse la nutrición enteral precoz.

El inicio debe adaptarse a la estabilidad hemodinámica y tolerancia.

Durante una fase de shock no controlado puede ser necesario retrasar temporalmente aportes elevados.

Una vez que la situación mejora, la nutrición contribuye a preservar la masa muscular y apoyar la recuperación.

Debe valorarse el riesgo nutricional, especialmente en personas mayores, pacientes frágiles o con hospitalizaciones prolongadas.

Prevención de tromboembolismo venoso

La inmovilidad, inflamación sistémica y enfermedad crítica aumentan el riesgo de trombosis venosa profunda y embolia pulmonar.

Los pacientes sin contraindicaciones deben recibir profilaxis farmacológica según el protocolo establecido.

Las heparinas de bajo peso molecular son utilizadas frecuentemente, con adaptación a la función renal y al riesgo hemorrágico.

También deben utilizarse medidas mecánicas cuando la anticoagulación esté contraindicada o exista una indicación específica.

La movilización precoz una vez conseguida la estabilidad contribuye igualmente a disminuir las complicaciones del encamamiento.

Prevención de lesiones por presión

Los pacientes con sepsis grave pueden permanecer inmovilizados durante periodos prolongados.

La hipoperfusión, edema, dispositivos invasivos y alteración de conciencia aumentan el riesgo de lesiones cutáneas.

Debe realizarse una valoración periódica de la piel y aplicar medidas preventivas individualizadas.

Los cambios posturales deben adaptarse a la estabilidad hemodinámica.

Las zonas de apoyo y áreas situadas bajo dispositivos requieren una vigilancia especial.

La recuperación de la movilidad debe favorecerse progresivamente cuando la situación lo permita.

Delirium

El delirium aparece con frecuencia en pacientes críticos y puede ser favorecido por infección, alteraciones metabólicas, medicamentos, privación de sueño y entorno de cuidados intensivos.

La aparición de confusión aguda debe valorarse como un posible signo de deterioro y no atribuirse exclusivamente a la edad.

Debe buscarse y corregirse la causa siempre que sea posible.

Las medidas no farmacológicas incluyen favorecer la orientación, mantener ciclos de sueño, reducir sedación innecesaria y facilitar el contacto con familiares.

En pacientes ventilados debe evitarse una sedación más profunda de la estrictamente necesaria.

Papel de enfermería

La vigilancia continuada de Enfermería permite detectar modificaciones clínicas antes de que aparezca un deterioro evidente.

El control de constantes, estado mental, perfusión periférica, diuresis y respuesta a los tratamientos resulta esencial.

Enfermería participa además en la administración rápida de antibióticos, obtención de cultivos, fluidoterapia y manejo de vasopresores.

El balance hídrico debe registrarse con precisión.

La aparición de cambios como mayor requerimiento de oxígeno, reducción de la presión arterial o disminución de la diuresis debe comunicarse inmediatamente.

La aplicación de protocolos estructurados facilita una respuesta rápida y coordinada.

Comunicación entre profesionales

La atención de la sepsis implica habitualmente urgencias, medicina interna, cuidados intensivos, microbiología, farmacia, cirugía y otras especialidades.

La comunicación clara permite reducir retrasos.

La hora de obtención de cultivos, inicio de antibióticos, volúmenes administrados y evolución hemodinámica son datos especialmente importantes durante las transferencias asistenciales.

Las decisiones sobre control del foco deben comunicarse rápidamente a los equipos quirúrgicos o intervencionistas.

La coordinación es especialmente importante durante las primeras horas, cuando múltiples intervenciones deben realizarse prácticamente de manera simultánea.

Paciente mayor y fragilidad

La edad avanzada representa un factor de riesgo importante.

Las personas mayores pueden presentar síntomas menos característicos y no desarrollar fiebre elevada.

Un deterioro funcional repentino, confusión o disminución de la ingesta pueden ser las primeras manifestaciones.

La existencia de insuficiencia cardíaca o renal puede limitar la tolerancia a una fluidoterapia agresiva y obliga a una reevaluación especialmente estrecha.

La fragilidad y situación funcional previa también deben considerarse en la planificación de objetivos terapéuticos.

El tratamiento debe mantener la intensidad necesaria cuando resulte apropiado, evitando asumir que una edad avanzada implica por sí sola una limitación de medidas.

Reevaluación continua

El manejo no consiste únicamente en completar un conjunto inicial de actuaciones. La respuesta debe revisarse repetidamente.

El paciente puede mejorar después de fluidos y antimicrobianos o deteriorarse rápidamente y requerir vasopresores, ventilación o soporte renal.

Debe reconsiderarse el foco si la evolución no es la esperada.

También debe revisarse si el diagnóstico inicial continúa siendo probable.

La reevaluación constituye uno de los elementos fundamentales de la atención porque evita mantener tratamientos que ya no son necesarios y permite escalar rápidamente aquellos que resultan insuficientes.

Secuelas después de la sepsis

Sobrevivir al episodio agudo no siempre implica regresar inmediatamente a la situación previa.

Algunos pacientes presentan debilidad muscular, deterioro cognitivo, dificultades respiratorias, ansiedad, depresión o síntomas de estrés postraumático.

La hospitalización prolongada y la estancia en cuidados intensivos pueden producir una pérdida importante de autonomía.

Las recomendaciones actuales prestan mayor atención a estas secuelas y a la necesidad de planificar la recuperación después del alta.

La rehabilitación física, seguimiento nutricional y apoyo psicológico pueden ser necesarios.

Información a la familia

La sepsis puede evolucionar rápidamente y generar una gran preocupación entre familiares.

La información debe proporcionarse de forma clara y progresiva.

Es importante explicar la gravedad y las medidas adoptadas evitando tanto minimizar la situación como utilizar un lenguaje innecesariamente alarmante.

Cuando el paciente no puede participar en las decisiones, la familia puede aportar información sobre antecedentes, situación funcional y preferencias previamente expresadas.

Las decisiones sobre limitación de tratamientos deben basarse en el pronóstico, valores y objetivos del paciente y no únicamente en la gravedad aislada del episodio.

Conclusión

La sepsis constituye una emergencia médica en la que la rapidez del reconocimiento y tratamiento puede condicionar de forma importante el pronóstico. La aparición de disfunción orgánica ante una infección posible o confirmada debe provocar una valoración inmediata y el inicio simultáneo de las primeras medidas terapéuticas.

La determinación de lactato, obtención de cultivos y administración precoz de antimicrobianos forman parte del abordaje inicial. El tratamiento antibiótico debe adaptarse al foco, características del paciente y resistencias microbiológicas y revisarse posteriormente para reducir el espectro o suspenderlo cuando resulte apropiado.

La reanimación con cristaloides debe individualizarse y acompañarse de una reevaluación continua de la perfusión. La acumulación innecesaria de líquidos puede resultar perjudicial, por lo que después de la fase inicial deben utilizarse parámetros clínicos y dinámicos para decidir nuevas administraciones.

Cuando persiste la hipotensión, la noradrenalina constituye el vasopresor de primera elección. Paralelamente, el control temprano del foco infeccioso resulta fundamental para conseguir una resolución adecuada del proceso.

El manejo debe incluir soporte respiratorio y renal cuando sea necesario, prevención de tromboembolismo, lesiones por presión y delirium, control metabólico y nutrición adaptada. La vigilancia de Enfermería y la comunicación entre los diferentes profesionales son esenciales para reconocer rápidamente cualquier deterioro.

Finalmente, la atención no debe terminar con la resolución de la infección. Las secuelas físicas, cognitivas y emocionales pueden persistir después del alta y requieren una planificación específica de la recuperación. Un manejo precoz, individualizado y multidisciplinar permite reducir la mortalidad y mejorar tanto la supervivencia como la recuperación funcional de las personas que padecen sepsis.

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