Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 11–Noviembre 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 11: 18
Autor principal (primer firmante): Beatriz Alfaro Ciria
Fecha recepción: 04/10/2026
Fecha aceptación: 31/10/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(11): 18
Autores:
- Beatriz Alfaro Ciria
- Laura Chivite Felipe
- Vanesa Jaime Gomara
- Ana Palacios Martínez
- Laura Armendáriz Perrz
Categoría profesional: Enfermería.
Resumen
El incremento de los desplazamientos internacionales, la expansión de los vectores del género Aedes y la modificación de las condiciones ambientales han aumentado la importancia de las enfermedades arbovirales importadas en los servicios sanitarios europeos. Entre ellas, el dengue y el chikunguña constituyen dos entidades de especial interés por su elevada circulación en regiones tropicales y subtropicales y por la capacidad de Aedes albopictus, especie ampliamente establecida en Europa, para participar en su transmisión. La llegada de personas virémicas procedentes de áreas endémicas puede generar, en determinadas circunstancias, cadenas de transmisión local cuando coinciden la presencia del vector, condiciones ambientales favorables y población susceptible.
Los servicios de urgencias representan un punto estratégico para la detección precoz de estas infecciones. El paciente puede consultar inicialmente por un síndrome febril inespecífico y no referir espontáneamente su antecedente de viaje. Por ello, la valoración enfermera debe incorporar sistemáticamente una anamnesis epidemiológica orientada a conocer los países y regiones visitados, las fechas del viaje y del regreso, la exposición a mosquitos y el momento de aparición de los primeros síntomas. La identificación temprana permite simultáneamente iniciar la valoración de gravedad y adoptar medidas destinadas a impedir que un mosquito pueda picar al paciente durante la fase virémica.
Aunque dengue y chikunguña comparten manifestaciones como fiebre, cefalea, mialgias, artralgias y exantema, presentan diferencias clínicas relevantes. El dengue puede evolucionar hacia extravasación plasmática, shock, hemorragia grave y afectación orgánica, por lo que requiere una vigilancia particularmente estrecha durante la fase crítica. El chikunguña se caracteriza principalmente por fiebre y artralgias intensas, que pueden persistir durante periodos prolongados y producir una importante limitación funcional. El solapamiento inicial obliga a mantener el dengue dentro del diagnóstico diferencial cuando se sospecha chikunguña y a evitar ácido acetilsalicílico y antiinflamatorios no esteroideos hasta haber descartado razonablemente el dengue.
El manejo enfermero debe integrar la valoración hemodinámica, la vigilancia de signos de alarma, el control de la fiebre y el dolor, la valoración del estado de hidratación, la monitorización de la diuresis, la prevención de procedimientos invasivos innecesarios y la educación sanitaria. Al mismo tiempo, debe aplicarse una estrategia específica de protección frente al vector. En estos pacientes, el concepto de aislamiento difiere del utilizado para las enfermedades respiratorias transmisibles: la prioridad no es impedir la transmisión directa persona-persona, sino evitar que un mosquito competente tenga acceso al paciente durante la fase en la que puede existir viremia.
La prevención de la transmisión local requiere asimismo una estrecha coordinación entre urgencias, medicina preventiva, microbiología, vigilancia epidemiológica y salud pública. La notificación precoz, la identificación de casos importados, la investigación epidemiológica y, cuando corresponde, la intervención sobre el vector constituye elementos esenciales para impedir que una infección adquirida en el extranjero origine transmisión autóctona.
Palabras clave: dengue; chikunguña; enfermería; urgencias; Aedes albopictus; arbovirosis; enfermedades importadas; aislamiento; vigilancia epidemiológica; transmisión vectorial.
Introducción
Las enfermedades transmitidas por mosquitos del género Aedes han adquirido una importancia creciente dentro de la vigilancia epidemiológica internacional. El dengue y el chikunguña, tradicionalmente asociados a regiones tropicales y subtropicales, se encuentran actualmente en el centro de numerosas estrategias de preparación sanitaria debido a la expansión geográfica de sus vectores y al aumento de los desplazamientos internacionales. La Organización Mundial de la Salud ha señalado que las enfermedades arbovirales transmitidas por Aedes constituyen una amenaza creciente para numerosos sistemas sanitarios, especialmente porque la expansión de los vectores está ampliando las áreas potencialmente receptivas para la transmisión. [1]
La nueva guía de la OMS sobre manejo clínico de enfermedades arbovirales, publicada en 2025, integra por primera vez recomendaciones específicas para dengue, chikunguña, Zika y fiebre amarilla y establece orientaciones aplicables a diferentes niveles asistenciales, incluidos los servicios de urgencias. [1] Este enfoque resulta especialmente relevante en países donde la mayoría de los casos son importados, pero existen poblaciones de mosquitos capaces de mantener posteriormente cadenas de transmisión.
El dengue constituye una de las principales enfermedades virales transmitidas por mosquitos a nivel mundial. La infección puede presentar un amplio espectro clínico, desde cuadros febriles autolimitados hasta dengue grave, caracterizado por extravasación plasmática con shock o dificultad respiratoria, hemorragia grave o afectación grave de órganos. La evolución no siempre resulta evidente a partir de la intensidad de la fiebre, ya que la fase crítica puede aparecer alrededor del momento en que la temperatura comienza a descender. [2]
El chikunguña presenta un perfil clínico diferente. La enfermedad se caracteriza habitualmente por fiebre de inicio brusco y artralgias intensas, frecuentemente acompañadas de cefalea, mialgias, inflamación articular o exantema. Aunque la mayoría de los pacientes evoluciona favorablemente, el dolor articular puede ser incapacitante y persistir durante meses en determinados casos. [3]
La existencia de manifestaciones comunes entre ambas enfermedades supone un reto en los servicios de urgencias. Un paciente que regresa de una zona endémica con fiebre, cefalea y dolor musculoesquelético puede presentar dengue, chikunguña, Zika, malaria u otras infecciones importadas. Por ello, la anamnesis epidemiológica debe formar parte de la valoración inicial del síndrome febril en personas con antecedente reciente de viaje.
La actuación enfermera comienza en muchos casos antes de la valoración médica. El profesional que realiza el triaje puede ser quien identifique por primera vez que el paciente ha regresado recientemente de una zona tropical. La pregunta aparentemente sencilla sobre viajes recientes adquiere así un valor clínico y epidemiológico considerable.
La fecha del viaje y la fecha de regreso permiten establecer la relación temporal entre exposición e inicio de los síntomas. Igualmente, importante es determinar cuándo comenzaron la fiebre, las artralgias, el exantema, los vómitos u otros síntomas. En el contexto del dengue, conocer la evolución temporal permite prestar especial atención al periodo alrededor de la defervescencia, cuando puede aparecer la fase crítica. [2]
En España, esta problemática ha adquirido especial relevancia por la expansión de Aedes albopictus. El Ministerio de Sanidad mantiene un Plan Nacional específico de prevención, vigilancia y control de enfermedades transmitidas por vectores, dentro del cual se incluyen el dengue, el chikunguña y otras arbovirosis transmitidas por Aedes. El plan establece mecanismos de coordinación entre vigilancia epidemiológica, vigilancia entomológica, control vectorial y asistencia sanitaria. [4]
La actualización de la Guía de manejo clínico española publicada en marzo de 2026 refuerza además la necesidad de integrar el manejo individual del paciente con actuaciones dirigidas a prevenir la expansión de estas enfermedades en el territorio nacional. [4]
La importancia de este enfoque se ha puesto de manifiesto en la evolución epidemiológica reciente de Europa. A fecha de 16 de septiembre de 2026, el ECDC había registrado casos de dengue adquirido localmente en Italia y Francia, mientras que también se habían registrado casos autóctonos de chikunguña en Francia e Italia. [5,6] Estos datos no significan que exista una transmisión generalizada en Europa, pero demuestran que la introducción de virus por viajeros virémicos puede coincidir con la presencia de vectores competentes y generar transmisión local.
Desde una perspectiva enfermera, estos acontecimientos implican que la atención al paciente importado no puede limitarse a aliviar sus síntomas. Debe contemplarse simultáneamente la protección del propio paciente, la detección de complicaciones, la educación sanitaria y la prevención de que el paciente constituya una fuente de infección para mosquitos presentes en el entorno.
Objetivos
Objetivo general
Analizar el manejo enfermero de los pacientes con casos importados de dengue y chikunguña atendidos en los servicios de urgencias, integrando la valoración clínica, el control sintomático, las medidas de protección frente al vector y las intervenciones dirigidas a prevenir la transmisión local.
Objetivos específicos
- Describir las intervenciones enfermeras necesarias para la detección precoz de complicaciones y el control de los principales síntomas asociados al dengue y al chikunguña.
- Analizar las medidas de aislamiento, protección individual y control ambiental destinadas a impedir la transmisión vectorial durante la fase virémica.
- Determinar las actuaciones de Enfermería orientadas a la educación sanitaria, vigilancia epidemiológica y coordinación con los servicios de salud pública para prevenir la aparición de transmisión autóctona.
Metodología
Se realizó una revisión narrativa orientada a la práctica clínica enfermera sobre el manejo de casos importados de dengue y chikunguña en los servicios de urgencias. La búsqueda documental se centró en recomendaciones clínicas y epidemiológicas procedentes de organismos nacionales e internacionales, priorizando documentos actualizados y fuentes institucionales de referencia.
Se consultaron las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, los Centers for Disease Control and Prevention, el European Centre for Disease Prevention and Control y el Ministerio de Sanidad de España. Se priorizaron documentos publicados o actualizados durante los últimos años, incorporando especialmente la guía clínica de arbovirosis de la OMS de 2025 y la documentación española actualizada en 2026.
El análisis se estructuró alrededor de las principales necesidades de Enfermería en el contexto de urgencias: identificación epidemiológica del paciente, valoración inicial, estratificación de gravedad, control de síntomas, vigilancia del balance hídrico, prevención de complicaciones, protección frente al vector, educación sanitaria y coordinación con salud pública.
Las referencias bibliográficas fueron incorporadas en el texto mediante numeración correlativa según su primera aparición, siguiendo el sistema Vancouver. Las referencias utilizadas posteriormente conservaron el número asignado inicialmente.
Resultados
Importancia del triaje enfermero ante el paciente febril con antecedente de viaje
El triaje constituye uno de los momentos fundamentales para detectar una arbovirosis importada. En numerosas ocasiones el paciente no consulta específicamente por una enfermedad tropical, sino por síntomas aparentemente comunes como fiebre, cefalea, malestar general o dolor muscular. Si durante la entrevista inicial no se pregunta por los antecedentes epidemiológicos, la sospecha puede retrasarse.
La anamnesis enfermera debe incorporar preguntas dirigidas a determinar si el paciente ha viajado recientemente fuera de España, especialmente a regiones donde exista circulación de dengue o chikunguña. No resulta suficiente con registrar el país visitado: cuando sea posible, debe determinarse también la región, la fecha de llegada, la fecha de salida, las escalas realizadas y las condiciones de exposición.
La fecha de regreso debe relacionarse con la fecha de inicio de los síntomas. También es importante conocer si el paciente recuerda picaduras de mosquitos, aunque la ausencia de este antecedente no excluye la infección.
Debe preguntarse asimismo por otros convivientes o compañeros de viaje con síntomas similares. Esta información puede contribuir a identificar un posible origen común de exposición y puede resultar relevante para la vigilancia epidemiológica.
Desde la perspectiva enfermera, la entrevista debe desarrollarse de manera estructurada, pero sin convertirla en un interrogatorio excesivamente complejo. Una anamnesis breve y dirigida puede proporcionar información suficiente para aumentar considerablemente la sospecha clínica.
La identificación precoz tiene una doble utilidad. En primer lugar, permite establecer rápidamente la prioridad asistencial en función del estado clínico. En segundo lugar, posibilita iniciar medidas de protección frente a los mosquitos antes de disponer de la confirmación microbiológica.
Valoración enfermera inicial
La valoración inicial debe integrar parámetros generales y elementos específicos de estas enfermedades. La temperatura elevada, la frecuencia cardíaca, la presión arterial, la frecuencia respiratoria y la saturación de oxígeno permiten establecer una primera aproximación al estado fisiológico.
Sin embargo, en el dengue la evaluación no debe limitarse a las constantes. La valoración de la perfusión periférica, el llenado capilar, el estado de conciencia, la diuresis, la tolerancia oral y la presencia de sangrado puede aportar información adicional sobre la evolución del proceso.
La OMS recomienda una evaluación clínica dinámica porque la situación del paciente puede cambiar con rapidez, especialmente durante la fase crítica del dengue. [1] La Enfermería debe prestar atención a las tendencias y no únicamente a valores aislados.
El dolor debe valorarse mediante una escala apropiada y describirse en función de localización, intensidad y repercusión funcional. En el chikunguña, la valoración articular debe adquirir un peso específico debido a la intensidad y persistencia que puede presentar el dolor.
La exploración debe prestar atención a la piel y mucosas. La presencia de petequias, equimosis, exantema o sangrado puede aportar información relevante, especialmente en el diagnóstico diferencial y en el seguimiento del dengue.
El estado de hidratación también debe documentarse desde el inicio. La presencia de vómitos, diarrea, ingesta oral insuficiente, fiebre prolongada o signos de hipovolemia puede aumentar el riesgo de deshidratación.
Identificación de signos de alarma del dengue
Una de las principales responsabilidades enfermeras en estos pacientes es identificar precozmente los signos que pueden indicar progresión hacia dengue grave.
Las recomendaciones actuales consideran signos de alarma el dolor abdominal intenso o la sensibilidad abdominal, los vómitos persistentes, la acumulación de líquidos, el sangrado de mucosas, la alteración del estado mental, la hepatomegalia y el aumento progresivo del hematocrito. [2]
La aparición de cualquiera de estos hallazgos debe conducir a una reevaluación clínica inmediata. El paciente deja de ser un caso febril sin complicaciones y pasa a requerir una vigilancia hospitalaria más estrecha.
El dolor abdominal merece una consideración especial porque puede ser inicialmente interpretado como una manifestación gastrointestinal inespecífica. En un paciente con dengue confirmado o sospechado, la aparición de dolor abdominal intenso debe comunicarse sin demora.
Lo mismo sucede con los vómitos persistentes. Además de favorecer la deshidratación, pueden constituir un signo de alarma. La Enfermería debe registrar frecuencia y características de los vómitos y valorar la capacidad del paciente para mantener una adecuada hidratación oral.
El sangrado de mucosas también debe buscarse activamente. La presencia de gingivorragia, epistaxis, hematuria o sangrado vaginal anormal debe quedar documentada y comunicarse al equipo responsable.
La alteración del estado mental requiere especial atención. Somnolencia excesiva, irritabilidad, confusión o disminución del nivel de conciencia pueden indicar afectación sistémica y deben provocar una reevaluación inmediata.
La fase crítica y el falso concepto de mejoría al desaparecer la fiebre
Uno de los aspectos que más puede inducir a error en el dengue es la interpretación de la desaparición de la fiebre. El paciente puede sentirse mejor desde el punto de vista subjetivo al disminuir la temperatura, pero precisamente alrededor de este periodo puede comenzar la fase crítica.
La fase crítica suele producirse entre los días tercero y octavo desde el inicio de la fiebre, aunque la evolución individual puede variar. [2] Durante este periodo puede producirse aumento de la permeabilidad vascular y extravasación plasmática, con riesgo de hipotensión, shock y acumulación de líquidos.
Por este motivo, la Enfermería debe conocer el día de evolución de la enfermedad y relacionarlo con la situación clínica actual. Un paciente que consulta durante el quinto día de enfermedad requiere una valoración particularmente cuidadosa, aunque presente una temperatura inferior a la de días anteriores.
El registro de la evolución temporal debe formar parte de la historia enfermera. La pregunta «¿desde cuándo tiene fiebre?» adquiere así un significado mucho mayor que el de una simple información complementaria.
Manejo de la fiebre
La fiebre constituye uno de los síntomas más frecuentes tanto del dengue como del chikunguña. El objetivo del tratamiento sintomático no debe ser únicamente conseguir una temperatura normal, sino mejorar el confort, reducir el malestar y favorecer una adecuada hidratación.
El paracetamol es generalmente el analgésico-antitérmico de elección inicial. Deben evitarse ácido acetilsalicílico y AINE mientras exista posibilidad de dengue debido al riesgo hemorrágico. [2,3]
Las medidas físicas pueden complementar el tratamiento farmacológico cuando resulten confortables para el paciente. Debe evitarse la aplicación de medidas excesivamente agresivas destinadas a producir descensos rápidos de temperatura.
La valoración enfermera debe incluir también la respuesta al tratamiento. Una disminución de la temperatura no excluye la progresión de la enfermedad, por lo que los cambios térmicos deben interpretarse junto con el resto de los parámetros.
Hidratación y vigilancia del balance hídrico
La hidratación constituye uno de los pilares del manejo del dengue. Los pacientes estables y sin signos de alarma pueden mantener una adecuada hidratación mediante líquidos por vía oral, mientras que los pacientes con intolerancia oral o deterioro clínico pueden requerir fluidoterapia intravenosa. [2]
La Enfermería debe valorar la ingesta de líquidos, las pérdidas y la diuresis. El balance acumulado permite detectar tendencias de deshidratación o, por el contrario, una posible sobrecarga de volumen.
La administración de fluidos intravenosos requiere especial precaución durante el dengue. La fisiopatología de la enfermedad puede producir cambios rápidos en la permeabilidad vascular, de manera que las necesidades de fluidoterapia pueden variar a lo largo de la evolución.
La sobrecarga de líquidos puede producir consecuencias importantes, especialmente cuando comienza a resolverse la extravasación plasmática. Por ello, la administración de líquidos debe acompañarse de reevaluaciones clínicas frecuentes. [1,2]
El control de la diuresis adquiere especial relevancia como indicador indirecto de perfusión renal. La aparición de oliguria debe interpretarse junto con presión arterial, frecuencia cardíaca, perfusión periférica y situación general.
Prevención de hemorragias y procedimientos invasivos
El dengue puede asociarse a trombocitopenia y alteraciones de la hemostasia. Aunque el número de plaquetas por sí solo no determina la gravedad, la presencia de sangrado clínicamente significativo requiere una valoración inmediata.
Desde Enfermería debe evitarse la realización de procedimientos invasivos innecesarios. Las extracciones sanguíneas deben planificarse para reducir el número de punciones y las zonas de venopunción deben vigilarse posteriormente.
En caso de sangrado tras una punción, debe mantenerse una compresión adecuada y prolongada según la situación clínica y el protocolo del centro.
El cuidado de mucosas también debe realizarse evitando traumatismos innecesarios. Las técnicas de higiene deben adaptarse al riesgo hemorrágico y realizarse de forma cuidadosa.
La aparición de hematomas espontáneos, petequias generalizadas, sangrado gingival, epistaxis persistente, hematuria, hematemesis o melenas debe registrarse y comunicarse inmediatamente.
Manejo del dolor en el dengue
El dolor en el dengue puede incluir cefalea, mialgias y artralgias. La valoración enfermera debe determinar su intensidad y repercusión funcional.
El tratamiento debe priorizar analgésicos seguros en el contexto de la sospecha de dengue. El paracetamol constituye la opción habitual, mientras que los AINE deben evitarse. [2]
La Enfermería debe evaluar la respuesta al tratamiento y vigilar posibles efectos adversos. También debe prestar atención a la capacidad del paciente para descansar y mantener una ingesta adecuada.
El dolor intenso que aparece acompañado de otros signos nuevos debe valorarse dentro del contexto general y no atribuirse automáticamente a la propia enfermedad.
Manejo del dolor articular en el chikunguña
En el chikunguña, las artralgias representan uno de los principales problemas clínicos. Pueden afectar a múltiples articulaciones y limitar la movilidad.
El dolor debe valorarse de manera sistemática y repetida. Es importante conocer no solamente la puntuación subjetiva, sino también si el paciente puede caminar, levantarse, dormir o realizar actividades básicas.
Durante la fase aguda, el tratamiento es fundamentalmente sintomático. El reposo relativo y la hidratación se combinan con analgésicos apropiados. [3]
La aplicación de medidas físicas puede mejorar el confort en algunos pacientes, siempre individualizando la intervención.
La persistencia de las artralgias después de desaparecer la fiebre debe explicarse previamente al paciente. El CDC señala que el dolor articular puede persistir durante meses en determinados casos. [3]
Esta información es importante porque permite preparar al paciente para una evolución que puede ser diferente de la de otras infecciones febriles autolimitadas.
Diagnóstico diferencial y seguridad farmacológica
El diagnóstico diferencial entre dengue y chikunguña presenta una importancia especial para Enfermería porque condiciona determinadas decisiones terapéuticas.
Ambas enfermedades pueden cursar con fiebre, cefalea, mialgias, artralgias y exantema. Por ello, la presencia de dolor articular intenso no permite descartar dengue.
El CDC recomienda utilizar paracetamol para la fiebre y el dolor y evitar aspirina y AINE hasta que se haya descartado dengue en pacientes con sospecha de chikunguña. [3]
Esta recomendación debe incorporarse a los protocolos de urgencias para evitar que la automedicación previa o la administración temprana de antiinflamatorios incremente innecesariamente el riesgo hemorrágico.
La Enfermería tiene también un papel educativo importante. El paciente debe comprender que el motivo para evitar ibuprofeno u otros AINE no es que estos fármacos sean necesariamente perjudiciales en el chikunguña, sino que durante las primeras fases no siempre es posible diferenciar clínicamente el chikunguña del dengue.
Aislamiento: diferenciar transmisión directa y transmisión vectorial
El concepto de aislamiento requiere una consideración particular en estas enfermedades.
El dengue y el chikunguña no se transmiten habitualmente mediante contacto casual entre pacientes. Por ello, no requieren el aislamiento respiratorio utilizado para enfermedades transmisibles por gotas o aerosoles.
El principal riesgo epidemiológico durante la fase virémica consiste en la picadura de un mosquito competente. El mosquito adquiere el virus al alimentarse de la persona infectada y posteriormente puede transmitirlo a otras personas.
En consecuencia, el aislamiento del paciente debe orientarse principalmente a impedir el acceso del vector.
Esta diferencia es fundamental para el personal de urgencias. Una habitación perfectamente adecuada desde el punto de vista de las infecciones respiratorias puede no ser suficiente para evitar la transmisión vectorial si permite la entrada de mosquitos.
La protección debe adaptarse al riesgo local y al periodo de actividad del vector. En España, estas medidas adquieren especial relevancia en las áreas donde Aedes albopictus está establecido. [4]
Protección frente a Aedes durante la estancia hospitalaria
Cuando exista sospecha de dengue o chikunguña durante la fase potencialmente virémica, deben establecerse medidas para evitar picaduras.
El paciente puede requerir protección mediante repelentes autorizados, ropa que cubra la mayor superficie corporal posible, barreras físicas y dispositivos de protección frente a mosquitos cuando estén disponibles.
La habitación o espacio asistencial debe minimizar la posibilidad de entrada de mosquitos. La gestión de puertas y ventanas, el estado de las barreras físicas y las condiciones ambientales deben adecuarse a las características del centro.
El objetivo es impedir que un mosquito entre en contacto con el paciente. No se trata de un aislamiento absoluto del enfermo respecto al personal o de otros pacientes, sino de una barrera epidemiológica específica frente al vector.
Esta medida resulta especialmente importante en centros situados en zonas donde el vector está presente y durante los meses de actividad.
Protección durante procedimientos y exploraciones
Las medidas de protección deben mantenerse cuando el paciente abandona temporalmente la habitación o área protegida para realizar pruebas diagnósticas.
La movilización debe planificarse para minimizar el tiempo de exposición y evitar situaciones que puedan favorecer una picadura. Cuando sea posible, los procedimientos deben agruparse para reducir desplazamientos innecesarios.
La coordinación entre Enfermería, diagnóstico por imagen, laboratorio y otros servicios puede contribuir a reducir la permanencia del paciente en áreas no protegidas.
Este aspecto adquiere especial relevancia en hospitales con circulación abierta entre diferentes espacios asistenciales. La prevención vectorial debe contemplarse como una característica transversal del circuito asistencial y no únicamente como responsabilidad del profesional que atiende directamente al paciente.
Protección del paciente vulnerable
Los niños pequeños, pacientes con deterioro cognitivo, personas con dependencia funcional o pacientes gravemente enfermos pueden presentar dificultades para mantener por sí mismos las medidas de protección frente a mosquitos.
En estos casos, Enfermería debe asumir un papel más activo. La comprobación periódica de la integridad de las barreras físicas y la correcta aplicación de repelentes autorizados, cuando estén indicados, forman parte del cuidado.
También debe educarse a familiares y cuidadores. Estos pueden contribuir de forma significativa a mantener la protección frente a picaduras durante la hospitalización y posteriormente en el domicilio.
Prevención de picaduras tras el alta
El alta no debe producirse sin que el paciente comprenda las medidas de prevención vectorial.
Durante la primera fase de la enfermedad, cuando existe viremia, el paciente puede constituir una fuente de infección para mosquitos que posteriormente transmitan el virus.
En el chikunguña, el CDC recomienda evitar las picaduras durante la primera semana de enfermedad, cuando el virus puede encontrarse en la sangre y transmitirse desde la persona infectada a un mosquito. [3]
En el dengue, la prevención de picaduras durante el periodo virémico también resulta fundamental. [2]
La educación debe incluir medidas como uso adecuado de repelentes, ropa protectora, barreras físicas y medidas destinadas a evitar la presencia de mosquitos en el domicilio.
Cuando sea necesario, el paciente debe recibir información escrita para facilitar el cumplimiento de estas medidas.
Educación sobre el reconocimiento de signos de alarma
El paciente con dengue que recibe tratamiento ambulatorio debe conocer los signos que obligan a regresar inmediatamente al hospital.
La aparición de dolor abdominal intenso, vómitos persistentes, sangrado de mucosas, somnolencia o irritabilidad marcada, dificultad respiratoria, disminución importante de la diuresis u otros signos de deterioro debe motivar una nueva valoración urgente. [2]
La información debe proporcionarse verbalmente y, cuando sea posible, acompañarse de instrucciones escritas.
La Enfermería debe comprobar mediante preguntas abiertas que el paciente ha comprendido las recomendaciones. No es suficiente con preguntar si «lo ha entendido»; resulta más útil pedir al paciente que explique qué síntomas le harían regresar a urgencias.
Prevención de la transmisión en el domicilio
La vivienda puede convertirse en un punto de transmisión si existen mosquitos competentes y un paciente virémico.
Por este motivo, las recomendaciones deben extenderse a los convivientes. El paciente debe protegerse especialmente durante las horas y situaciones de mayor exposición al mosquito y debe reducirse la presencia de recipientes que puedan acumular agua.
La prevención doméstica forma parte del enfoque de salud pública y complementa las intervenciones realizadas por las autoridades sobre el vector.
El Ministerio de Sanidad contempla actuaciones integradas sobre los casos importados y el entorno, incluyendo, cuando el riesgo lo requiere, investigación entomológica y control vectorial alrededor de los casos. [4]
Vigilancia epidemiológica
La detección de un caso importado debe activar el circuito de vigilancia correspondiente.
La información recogida en urgencias debe permitir conocer el origen probable de la infección, la fecha de regreso y la cronología de síntomas. Estos datos son fundamentales para determinar si el paciente puede encontrarse en periodo virémico.
La coordinación con medicina preventiva y salud pública permite valorar el riesgo de transmisión secundaria.
El Ministerio de Sanidad establece actuaciones específicas ante casos importados y autóctonos de enfermedades transmitidas por Aedes, incluyendo priorización de actuaciones según el riesgo epidemiológico. [4]
Por tanto, la notificación no debe entenderse como una actuación administrativa independiente del cuidado. Forma parte de la estrategia clínica y epidemiológica necesaria para proteger al paciente y a la comunidad.
Investigación de contactos y casos secundarios
La aparición de un caso importado en un área con presencia de Aedes puede justificar la búsqueda de otros casos dependiendo de la evaluación epidemiológica.
La existencia de personas del mismo grupo de viaje con fiebre, artralgias o exantema puede sugerir una exposición común.
En determinadas circunstancias, la aparición de casos adicionales en personas sin antecedente de viaje puede ser una señal de transmisión autóctona.
La Enfermería de urgencias puede contribuir a detectar estas situaciones mediante una anamnesis adecuada y la documentación precisa de la procedencia y los contactos relevantes.
Coordinación multidisciplinar
El manejo de estas enfermedades no puede desarrollarse de manera aislada dentro de los servicios de urgencias.
La asistencia clínica requiere coordinación con Medicina, Microbiología, Enfermedades Infecciosas cuando proceda y los laboratorios responsables del diagnóstico. La dimensión epidemiológica requiere además comunicación con Medicina Preventiva y Salud Pública.
El control vectorial puede requerir la intervención de los servicios municipales o autonómicos responsables de vigilancia y control de mosquitos.
El Plan Nacional español adopta precisamente un enfoque de «Una Sola Salud», integrando salud humana, sanidad ambiental, vigilancia de vectores y otros sectores. [4]
Esta coordinación resulta particularmente importante cuando existe transmisión autóctona o un aumento significativo de casos importados.
Papel de enfermería en la comunicación con el paciente
El diagnóstico de una enfermedad importada puede generar ansiedad. El paciente puede preocuparse por su gravedad, por la posibilidad de contagiar a familiares o por las consecuencias de haber viajado a una zona endémica.
La comunicación debe ser clara y evitar tanto minimizar el riesgo como generar alarmismo.
Debe explicarse que dengue y chikunguña no se transmiten habitualmente mediante contacto casual entre personas, pero que durante la fase virémica el paciente debe evitar las picaduras de mosquitos para impedir la transmisión indirecta.
Esta explicación ayuda a comprender por qué se adoptan determinadas medidas de protección incluso cuando no existe necesidad de un aislamiento respiratorio convencional.
Preparación y formación del personal de enfermería
La creciente importancia de las arbovirosis importadas hace recomendable que los profesionales de urgencias reciban formación específica.
La formación debe incluir reconocimiento clínico, anamnesis epidemiológica, signos de alarma del dengue, tratamiento sintomático, prevención de hemorragias, protección frente a Aedes y circuitos de notificación.
También debe contemplar simulaciones o casos clínicos que permitan entrenar la identificación rápida de un paciente potencialmente virémico.
La formación debe actualizarse periódicamente debido a la evolución de la distribución geográfica de los vectores y de la epidemiología de estas enfermedades. El ECDC ha señalado que Europa está experimentando temporadas de transmisión de enfermedades transmitidas por mosquitos más largas e intensas, lo que refuerza la necesidad de mantener una vigilancia sostenida. [7]
Seguridad del paciente
La seguridad del paciente debe constituir un eje transversal de todo el manejo.
En el dengue, los principales riesgos asistenciales incluyen el retraso en la identificación del deterioro, la administración inadecuada de líquidos, la utilización de fármacos que aumenten el riesgo hemorrágico y la realización innecesaria de procedimientos invasivos.
En el chikunguña, los principales problemas pueden relacionarse con el control insuficiente del dolor, la pérdida de movilidad y la falta de seguimiento cuando las artralgias persisten.
En ambos casos existe además un riesgo epidemiológico específico: que el paciente virémico sea picado por un mosquito.
Por ello, la seguridad debe contemplar simultáneamente al paciente y al entorno.
Discusión
El manejo de los casos importados de dengue y chikunguña representa un ejemplo claro de cómo la Enfermería de urgencias debe integrar competencias clínicas y epidemiológicas.
Tradicionalmente, el paciente febril se ha abordado principalmente desde la perspectiva diagnóstica y sintomática. Sin embargo, la expansión de los vectores Aedes obliga a incorporar una tercera dimensión: la posibilidad de que un caso importado se convierta en una fuente de transmisión local.
La OMS ha reconocido esta transformación epidemiológica y su nueva guía de 2025 está específicamente diseñada para que las recomendaciones puedan aplicarse también en los servicios de urgencias. [1]
La situación europea actual refuerza la importancia de este enfoque. Durante 2026 se han detectado casos adquiridos localmente de dengue en Italia y Francia, mientras que se han registrado casos autóctonos de chikunguña en Francia e Italia. [5,6] El ECDC señala que el riesgo de transmisión está relacionado con la introducción del virus por viajeros virémicos en zonas donde existen poblaciones establecidas y activas de mosquitos competentes. [5,8]
España dispone de una situación particularmente relevante debido a la presencia de Aedes albopictus en diferentes áreas del territorio. El Plan Nacional español establece una estrategia específica para las enfermedades transmitidas por Aedes y contempla actuaciones alrededor de los casos importados destinadas a evitar que aparezca transmisión autóctona. [4]
Esta situación modifica el papel del servicio de urgencias. La atención al paciente deja de ser exclusivamente individual y adquiere una dimensión colectiva.
La primera intervención crítica continúa siendo el triaje. La identificación de un antecedente de viaje puede modificar completamente la orientación diagnóstica y las medidas de prevención.
La Enfermería posee una posición privilegiada para realizar esta detección porque participa directamente en el primer contacto asistencial. La pregunta sobre viajes internacionales debe considerarse una parte de la anamnesis del síndrome febril y no una información opcional.
Una segunda cuestión fundamental es la diferenciación entre dengue y chikunguña.
Aunque el chikunguña se caracteriza por artralgias intensas, no existe una presentación clínica que permita excluir completamente el dengue únicamente mediante los síntomas. Ambas infecciones pueden coexistir en las mismas regiones y compartir signos clínicos.
Esta circunstancia tiene consecuencias directas sobre el tratamiento. El uso de AINE puede resultar apropiado en determinados pacientes con chikunguña una vez descartado el dengue, pero no debe utilizarse de forma indiscriminada en una fase inicial de incertidumbre diagnóstica. [3]
La vigilancia del dengue constituye probablemente la mayor responsabilidad clínica. La evolución puede ser dinámica y la desaparición de la fiebre puede coincidir con el inicio de la fase crítica.
El profesional de Enfermería debe interpretar la evolución temporal y realizar una valoración repetida. El estado hemodinámico, la diuresis, la perfusión, el estado mental y la presencia de sangrado deben considerarse conjuntamente.
El manejo de líquidos constituye otro aspecto especialmente sensible. La hidratación insuficiente puede favorecer la inestabilidad hemodinámica, pero una administración excesiva puede provocar sobrecarga cuando la permeabilidad vascular se normaliza. [1,2]
Por este motivo, el balance hídrico debe considerarse una herramienta de vigilancia clínica y no únicamente un registro administrativo.
En el chikunguña, el principal desafío enfermero puede ser diferente. El paciente puede presentar una enfermedad aguda sin compromiso hemodinámico grave, pero con un dolor articular extraordinariamente intenso.
La valoración de Enfermería debe considerar la repercusión funcional y no únicamente la intensidad numérica del dolor. El objetivo consiste en facilitar el descanso, la movilidad segura y la autonomía dentro de las posibilidades del paciente.
La dimensión vectorial representa probablemente la diferencia más importante respecto a otros pacientes con enfermedades importadas.
No es correcto hablar de aislamiento en los mismos términos que para una infección respiratoria. El objetivo fundamental es impedir el contacto mosquito-paciente durante la fase virémica.
Esta estrategia requiere que los profesionales conozcan la epidemiología local. En una zona sin presencia de Aedes activo, el riesgo inmediato puede ser diferente del existente en una zona con poblaciones establecidas.
El ECDC considera que la presencia de vectores competentes, las condiciones ambientales y la introducción de viajeros virémicos son factores determinantes para la aparición de transmisión local. [5,8]
El entorno hospitalario debe adaptarse a esta realidad. El control de puertas y ventanas, la protección individual y la planificación de desplazamientos pueden ser intervenciones sencillas, pero epidemiológicamente importantes.
Otro elemento esencial es la educación sanitaria.
La prevención de la transmisión no termina cuando el paciente abandona urgencias. Las recomendaciones deben continuar en el domicilio, especialmente durante la fase virémica.
El paciente debe entender que puede encontrarse clínicamente mejor y seguir constituyendo una fuente potencial de infección para mosquitos.
La educación debe incluir también signos de alarma. En el dengue, el paciente debe conocer que la desaparición de la fiebre no significa necesariamente que haya pasado el periodo de riesgo. [2]
La coordinación con Salud Pública completa este modelo de actuación.
La comunicación de un caso importado permite valorar el riesgo en el entorno, estudiar la presencia del vector y establecer medidas adicionales cuando estén indicadas.
En España, el Plan Nacional contempla precisamente la combinación de vigilancia epidemiológica, vigilancia entomológica y control vectorial. [4]
Por tanto, el papel de Enfermería no se limita al cuidado directo. El profesional contribuye también a generar la información necesaria para que el sistema de vigilancia pueda actuar.
Propuesta de protocolo enfermero de actuación en urgencias
La actuación puede estructurarse como un proceso continuo en el que cada etapa responde a una finalidad clínica y epidemiológica.
Ante un paciente con fiebre y antecedente reciente de viaje a una zona con circulación de dengue o chikunguña, la primera actuación debe ser la identificación epidemiológica. Debe registrarse el país o países visitados, las fechas del viaje y regreso y la fecha de inicio de los síntomas.
A continuación, debe realizarse una valoración clínica completa que incluya constantes vitales, estado general, hidratación, dolor, sangrado, síntomas gastrointestinales, exantema, estado neurológico y diuresis.
Si existe sospecha de dengue, deben buscarse específicamente signos de alarma. El hallazgo de dolor abdominal intenso, vómitos persistentes, sangrado de mucosas, alteración del estado mental, acumulación de líquidos u otros datos de deterioro requiere una reevaluación inmediata y, cuando corresponda, hospitalización. [2]
Mientras permanece la posibilidad de viremia, debe establecerse protección frente a picaduras. Esta protección debe adaptarse al entorno, a las características del paciente y al protocolo del centro.
El tratamiento sintomático debe priorizar paracetamol para fiebre y dolor, evitando aspirina y AINE hasta descartar dengue. [2,3]
La hidratación debe individualizarse. Cuando el paciente pueda beber adecuadamente y no existan signos de alarma, se favorecerá la hidratación oral. Si existe intolerancia oral, deshidratación o deterioro clínico, se valorará la necesidad de fluidoterapia intravenosa con reevaluación frecuente. [1,2]
La vigilancia enfermera debe mantenerse durante toda la estancia. Deben registrarse las tendencias de constantes, balance hídrico, diuresis, dolor y aparición de nuevos signos clínicos.
Antes del alta debe proporcionarse educación sanitaria. El paciente debe conocer los signos de alarma, las medidas para prevenir picaduras y las recomendaciones farmacológicas.
Finalmente, el caso debe seguir el circuito de vigilancia epidemiológica establecido en el centro y en la comunidad autónoma correspondiente.
Indicadores de calidad enfermera
La implantación de un protocolo específico permite establecer indicadores destinados a valorar su eficacia.
Uno de los principales indicadores puede ser el porcentaje de pacientes con síndrome febril y antecedente reciente de viaje a zonas de riesgo en los que se documenta correctamente la anamnesis epidemiológica.
También puede evaluarse el porcentaje de pacientes con sospecha de dengue en los que queda registrada la valoración de signos de alarma y la evolución temporal de la fiebre.
Otro indicador relevante es la correcta documentación del balance hídrico, especialmente en pacientes hospitalizados o con signos de alarma.
La seguridad farmacológica puede monitorizarse mediante el porcentaje de pacientes con sospecha de dengue en los que se evita la administración de AINE y ácido acetilsalicílico durante la fase de incertidumbre diagnóstica.
Desde el punto de vista epidemiológico, puede medirse el tiempo transcurrido entre la identificación del caso sospechoso y su comunicación al circuito correspondiente de vigilancia.
También puede evaluarse el porcentaje de pacientes virémicos que reciben educación documentada sobre prevención de picaduras y signos de alarma antes del alta.
La formación del personal constituye finalmente otro indicador de calidad. La realización periódica de sesiones formativas y simulaciones permite comprobar que los profesionales conocen tanto los aspectos clínicos como las medidas de prevención vectorial.
Conclusiones
El dengue y el chikunguña importados constituyen un reto creciente para los servicios de urgencias españoles debido a la movilidad internacional de la población y a la presencia estable de mosquitos Aedes en diferentes territorios.
La Enfermería desempeña un papel fundamental desde el primer contacto con el paciente. La anamnesis epidemiológica durante el triaje permite identificar antecedentes de viaje y orientar precozmente el diagnóstico.
El dengue requiere una vigilancia particularmente estrecha debido a su potencial evolución hacia extravasación plasmática, shock, hemorragia grave y afectación orgánica. La identificación de signos de alarma y la monitorización continua constituyen intervenciones esenciales.
El chikunguña presenta como manifestación característica las artralgias intensas, que pueden persistir durante meses y comprometer significativamente la movilidad y calidad de vida. El manejo enfermero debe prestar especial atención al dolor, la movilidad y el impacto funcional.
La similitud clínica entre dengue y chikunguña obliga a mantener un diagnóstico diferencial durante la fase inicial. Mientras no se descarte dengue, deben evitarse aspirina y AINE y priorizarse alternativas analgésicas como el paracetamol. [2,3]
El concepto de aislamiento debe adaptarse al mecanismo de transmisión. En estas enfermedades, la prioridad no es establecer un aislamiento respiratorio convencional, sino impedir que los mosquitos competentes entren en contacto con un paciente potencialmente virémico.
La protección frente a picaduras debe comenzar en el propio servicio de urgencias y mantenerse posteriormente en el domicilio durante el periodo de riesgo. Esta intervención adquiere especial importancia en España debido a la presencia de Aedes albopictus.
La prevención de la transmisión local requiere además coordinación entre urgencias, microbiología, medicina preventiva, vigilancia epidemiológica y salud pública. El Plan Nacional español establece precisamente un modelo integrado de vigilancia, control vectorial y respuesta coordinada. [4]
Los recientes episodios de dengue y chikunguña adquiridos localmente en diferentes países europeos demuestran que la transmisión autóctona ya constituye una posibilidad real en territorios donde concurren viajeros virémicos, vectores competentes y condiciones ambientales adecuadas. [5,6]
Por ello, la preparación de los servicios de urgencias debe contemplar estas enfermedades dentro de sus protocolos de atención al paciente febril procedente del extranjero. La formación continuada, la correcta anamnesis epidemiológica, la identificación de signos de alarma, la protección frente al vector y la comunicación temprana con Salud Pública son componentes inseparables de una atención enfermera segura.
La actuación adecuada ante un caso importado no solo puede mejorar la evolución clínica del paciente, sino también contribuir a evitar que una infección adquirida fuera de España origine una cadena de transmisión local. En este contexto, Enfermería se sitúa en una posición estratégica para integrar cuidado individual y protección de la salud colectiva.
Bibliografía
- World Health Organization. WHO guidelines for clinical management of arboviral diseases: dengue, chikungunya, Zika and yellow fever. Geneva: World Health Organization; 2025. ISBN 978-92-4-011111-0.
- Centers for Disease Control and Prevention. Manejo clínico del dengue [Internet]. Atlanta: CDC; 2026 [citado 25 septiembre 2026].
- Centers for Disease Control and Prevention. Síntomas, diagnóstico y tratamiento del chikunguña [Internet]. Atlanta: CDC; 2025 [citado 25 septiembre 2026].
- Ministerio de Sanidad. Plan Nacional de prevención, vigilancia y control de las enfermedades transmitidas por vectores. Parte I: enfermedades transmitidas por Aedes: dengue, chikungunya, Zika y fiebre amarilla. Madrid: Ministerio de Sanidad; 2023-2026.
- European Centre for Disease Prevention and Control. Seasonal surveillance of dengue in the EU/EEA, weekly report: week 38, 2026 [Internet]. Stockholm: ECDC; 2026 [citado 25 septiembre 2026].
- European Centre for Disease Prevention and Control. Seasonal surveillance of chikungunya virus disease in the EU/EEA, weekly report: week 38, 2026 [Internet]. Stockholm: ECDC; 2026 [citado 25 septiembre 2026].
- European Centre for Disease Prevention and Control. Surveillance and control of Culex mosquitoes and Aedes invasive mosquitoes in Europe: questionnaire findings on current practice and needs [Internet]. Stockholm: ECDC; 2026 [citado 25 septiembre 2026].
- European Centre for Disease Prevention and Control. Chikungunya virus disease risk assessment for mainland EU/EEA [Internet]. Stockholm: ECDC; 2026 [citado 25 septiembre 2026].
- Ministerio de Sanidad. Guía de manejo clínico de enfermedades transmitidas por vectores (mosquitos y garrapatas). Madrid: Ministerio de Sanidad; 2026.



