Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 11–Noviembre 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 11: 143
Autor principal (primer firmante): Joseba Setas Armendariz
Fecha recepción: 07/10/2026
Fecha aceptación: 03/11/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(11): 143
Autores:
- Joseba Setas Armendariz
- Alba Zubieta Cordón
- Natalia Antón Aldivar
- Rocio Ausejo Valles
- Ana María López Martínez
- Xavier Alba Oroz
Resumen
Introducción
Los servicios de urgencias hospitalarios atienden diariamente a personas con problemas de salud de gravedad y complejidad muy diferentes. La necesidad de establecer prioridades asistenciales hace del triaje una herramienta fundamental para organizar la demanda y garantizar que las personas con mayor riesgo clínico reciban atención prioritaria.
El personal de Enfermería desempeña un papel esencial en este proceso, participando en la valoración inicial, identificación de signos de alarma, clasificación de prioridad, activación de circuitos asistenciales y reevaluación durante la espera.
Objetivo
Analizar la labor del personal de Enfermería en el triaje de los servicios de urgencias, describiendo sus principales funciones y competencias, así como su importancia en la priorización asistencial, organización del flujo de pacientes y seguridad.
Metodología
Se realizó una revisión bibliográfica narrativa de literatura científica relacionada con el triaje de urgencias y la participación de Enfermería en la valoración y clasificación de pacientes. Se consultaron publicaciones indexadas en PubMed/MEDLINE, priorizando revisiones sistemáticas, revisiones cualitativas, estudios de validación y trabajos recientes sobre sistemas estructurados de triaje.
Resultados
El triaje permite establecer una prioridad clínica inicial mediante una valoración estructurada. Entre las principales funciones de Enfermería se encuentran la identificación del motivo de consulta, valoración del estado general, recogida de información clínica, detección de signos de alarma, valoración de constantes cuando está indicado, aplicación del sistema de clasificación, registro y reevaluación.
La evidencia señala que la exactitud del triaje puede estar condicionada por factores relacionados con el profesional, las características del paciente y el entorno de trabajo. La experiencia y formación específica pueden favorecer la precisión de la clasificación, mientras que la presión asistencial y el volumen de pacientes pueden dificultarla.
Conclusiones
La labor de Enfermería en el triaje constituye una función fundamental para una atención urgente organizada y segura. La valoración debe ser rápida, estructurada y orientada a identificar situaciones potencialmente graves.
La formación específica, la experiencia clínica, el uso adecuado de protocolos, la reevaluación y la auditoría de resultados son elementos importantes para mejorar la calidad del proceso.
Palabras clave: triaje; enfermería; urgencias hospitalarias; clasificación de pacientes; prioridad clínica; seguridad del paciente; valoración enfermera; Manchester Triage System.
Introducción
Los servicios de urgencias constituyen uno de los entornos asistenciales con mayor variabilidad clínica. En un mismo espacio pueden coincidir personas con situaciones potencialmente vitales junto con pacientes cuyos problemas de salud permiten una espera más prolongada.
Esta diversidad hace necesario disponer de mecanismos que permitan establecer prioridades de atención.
El triaje es un proceso de valoración clínica destinado a determinar la prioridad asistencial de las personas que acuden a un servicio de urgencias. Su finalidad principal es identificar quién necesita una atención más inmediata en función de su situación clínica y riesgo potencial.
Por tanto, el triaje no debe entenderse como una simple organización del orden de llegada. Una persona que llega posteriormente puede requerir atención antes que otra si presenta una situación clínica de mayor prioridad.
La utilización de sistemas estructurados pretende reducir parte de la variabilidad existente en la clasificación y facilitar una metodología común.
Entre los sistemas más conocidos se encuentran el Manchester Triage System (MTS), el Emergency Severity Index (ESI), la Canadian Triage and Acuity Scale (CTAS) y otros modelos nacionales o institucionales.
El Manchester Triage System es uno de los sistemas estructurados más utilizados. Su metodología se basa en motivos de consulta, diagramas de flujo y discriminadores clínicos que permiten establecer diferentes niveles de prioridad.
La evidencia disponible indica que el MTS puede ser útil para identificar pacientes de mayor gravedad, aunque su rendimiento varía entre poblaciones y contextos.
En este contexto, el personal de Enfermería desempeña una función fundamental.
La valoración de triaje suele constituir uno de los primeros contactos clínicos estructurados con el paciente. La información obtenida durante esta valoración permite identificar signos de alarma, establecer una prioridad inicial y activar, cuando corresponde, los circuitos asistenciales establecidos.
El proceso requiere conocimientos clínicos, capacidad de observación, toma de decisiones, habilidades de comunicación y experiencia.
Por ello, la labor enfermera en el triaje debe contemplarse como un proceso clínico complejo y no únicamente como la aplicación mecánica de un algoritmo.
Objetivos
Objetivo general
Analizar la labor del personal de Enfermería en el triaje de los servicios de urgencias y su importancia para la priorización asistencial y la seguridad del paciente.
Objetivos específicos
- Describir las principales funciones de Enfermería durante el triaje.
- Identificar los elementos fundamentales de la valoración inicial.
- Analizar la utilidad de los sistemas estructurados de clasificación.
- Identificar factores que pueden influir en la precisión del triaje.
- Describir la importancia de la reevaluación durante la espera.
- Proponer estrategias orientadas a mejorar la calidad y seguridad del proceso.
Metodología
Se realizó una revisión bibliográfica narrativa sobre la función de Enfermería en el triaje de los servicios de urgencias.
Se consultaron publicaciones científicas indexadas principalmente en PubMed/MEDLINE, utilizando términos relacionados con triage, emergency nursing, nurse triage, Manchester Triage System, triage accuracy, patient prioritization y emergency department.
Se priorizaron revisiones sistemáticas, revisiones cualitativas, estudios de validación y publicaciones recientes relacionadas con la calidad y precisión del triaje.
Se incluyeron especialmente publicaciones centradas en:
- Participación enfermera en triaje.
- Exactitud de la clasificación.
- Toma de decisiones enfermera.
- Sistemas estructurados de triaje.
- Factores asociados a subtriaje y sobretriaje.
- Formación y experiencia profesional.
- Organización y calidad del proceso.
- Reevaluación y seguridad.
La información obtenida se organizó en diferentes áreas temáticas: valoración inicial, clasificación, identificación de riesgo, comunicación, reevaluación, formación, seguridad, indicadores y mejora continua.
Por tratarse de una revisión narrativa, no se realizó metaanálisis ni se aplicaron criterios metodológicos propios de una revisión sistemática.
Resultados
El triaje como puerta de entrada a urgencias
El triaje constituye uno de los principales mecanismos de organización de los servicios de urgencias.
Su finalidad es establecer prioridades clínicas y facilitar que los recursos asistenciales sean utilizados de acuerdo con las necesidades de los pacientes.
La prioridad no debe establecerse exclusivamente por orden de llegada.
La clasificación debe tener en cuenta la situación clínica, el riesgo de deterioro y la necesidad potencial de intervención urgente.
La utilización de sistemas estructurados proporciona un lenguaje común para los profesionales y permite establecer criterios de actuación.
Sin embargo, el sistema de clasificación debe considerarse una herramienta de apoyo al juicio clínico y no un sustituto de este.
Funciones de enfermería en el triaje
Las funciones pueden variar según el modelo organizativo y los protocolos de cada institución, pero habitualmente incluyen:
- Recepción inicial.
- Identificación del paciente.
- Identificación del motivo principal de consulta.
- Valoración rápida del estado general.
- Recogida de antecedentes relevantes.
- Identificación de signos de alarma.
- Valoración de constantes cuando esté indicada.
- Aplicación del sistema de clasificación.
- Asignación de prioridad.
- Activación de circuitos asistenciales.
- Comunicación de situaciones de riesgo.
- Registro de la valoración.
- Información al paciente.
- Reevaluación durante la espera.
- Comunicación de cambios clínicos.
Estas actuaciones requieren capacidad para obtener información relevante en un periodo limitado de tiempo.
Valoración inicial de enfermería
La valoración debe ser estructurada y orientada a identificar situaciones de riesgo.
Motivo de consulta
Debe determinarse el problema principal que lleva a la persona a solicitar atención.
El motivo de consulta no necesariamente equivale al diagnóstico definitivo.
Inicio y evolución
Debe determinarse cuándo comenzaron los síntomas y si existe progresión o empeoramiento.
Signos y síntomas asociados
La presencia de determinados síntomas puede modificar sustancialmente la prioridad.
Entre ellos:
- Dolor torácico.
- Disnea.
- Alteración del nivel de conciencia.
- Déficit neurológico.
- Convulsiones.
- Hemorragia.
- Dolor intenso de inicio brusco.
- Alteraciones hemodinámicas.
- Reacciones alérgicas graves.
- Fiebre asociada a determinados factores de riesgo.
- Deterioro general.
Antecedentes
Deben identificarse los antecedentes que puedan modificar el riesgo:
- Enfermedad cardiovascular.
- Enfermedad respiratoria.
- Tratamiento anticoagulante.
- Inmunosupresión.
- Embarazo.
- Cirugía reciente.
- Enfermedad oncológica.
- Patología crónica relevante.
Medicación
La medicación habitual puede aportar información importante para la valoración del riesgo.
Constantes vitales
Dependiendo de la situación clínica y protocolo pueden valorarse:
- Presión arterial.
- Frecuencia cardíaca.
- Frecuencia respiratoria.
- Saturación de oxígeno.
- Temperatura.
- Glucemia.
- Nivel de conciencia.
La selección de las constantes debe adaptarse al estado del paciente y a los protocolos establecidos.
Identificación de signos de alarma
La detección precoz de signos de alarma constituye una de las funciones más importantes del triaje.
Algunos ejemplos son:
Compromiso de la vía aérea
Dificultad para mantener o proteger la vía aérea, estridor u otros signos de compromiso.
Insuficiencia respiratoria
Disnea intensa, hipoxemia, aumento importante del trabajo respiratorio o deterioro respiratorio.
Alteraciones cardiovasculares
Hipotensión significativa, signos de shock, dolor torácico con características de riesgo u otras manifestaciones compatibles con compromiso cardiovascular.
Alteración neurológica
Disminución del nivel de conciencia, déficit neurológico agudo o convulsiones.
Hemorragia
Sangrado importante o signos compatibles con compromiso hemodinámico.
Reacciones alérgicas graves
Manifestaciones compatibles con anafilaxia o compromiso respiratorio / circulatorio.
Deterioro infeccioso grave
Signos compatibles con infección grave y deterioro clínico que requieran valoración prioritaria.
La identificación de estos signos debe conducir, según el protocolo institucional, a la actuación y activación de recursos correspondientes.
Clasificación de prioridad
Una vez realizada la valoración, se aplica el sistema de clasificación correspondiente.
En el Manchester Triage System se emplean cinco niveles de prioridad:
Categoría | Denominación
Rojo | Inmediato
Naranja | Muy urgente
Amarillo | Urgente
Verde | Estándar
Azul | No urgente
Los tiempos objetivo-concretos asociados a cada categoría deben consultarse en la versión del sistema y protocolo vigente en cada organización.
El nivel asignado constituye una prioridad inicial y no debe considerarse invariable durante toda la estancia en Urgencias.
Subtriaje y sobretriaje
La clasificación puede presentar errores.
El subtriaje se produce cuando se asigna una prioridad inferior a la que correspondería a la situación clínica.
El sobretriaje se produce cuando se asigna una prioridad superior.
Ambos fenómenos tienen implicaciones diferentes.
El subtriaje puede aumentar el riesgo de retrasar la atención de personas que necesitan asistencia prioritaria.
El sobretriaje puede incrementar la utilización de recursos destinados a pacientes con mayor necesidad.
La evaluación de ambos fenómenos permite detectar oportunidades de mejora.
Factores que influyen en la precisión del triaje
La precisión de la clasificación no depende exclusivamente del algoritmo utilizado.
Entre los factores relacionados se encuentran:
- Características del profesional.
- Características del paciente.
- Características del entorno laboral.
Entre los factores profesionales se incluyen experiencia y formación.
Entre los relacionados con el paciente se encuentran edad, tipo de problema, presencia de traumatismo, capacidad de comunicación y presentación clínica.
Entre los factores ambientales se encuentran:
- Volumen de pacientes.
- Turno.
- Saturación.
- Recursos disponibles.
- Interrupciones.
- Presión asistencial.
Por ello, mejorar la precisión del triaje requiere intervenir en varios niveles.
Experiencia y formación profesional
La experiencia puede contribuir a reconocer patrones clínicos y detectar situaciones potencialmente graves.
Sin embargo, la experiencia por sí sola no garantiza una clasificación correcta.
Debe acompañarse de:
- Formación específica.
- Protocolos actualizados.
- Entrenamiento periódico.
- Simulación.
- Supervisión.
- Revisión de casos.
- Auditoría.
La formación debe incluir tanto la utilización del sistema de triaje como la valoración clínica necesaria para interpretar adecuadamente la información obtenida.
Toma de decisiones enfermera
La toma de decisiones durante el triaje es compleja.
Los profesionales integran la información obtenida mediante el algoritmo con conocimientos y experiencia clínica, además de tener en cuenta el contexto global del servicio.
Esto permite incorporar información clínica que no siempre aparece de forma directa en un algoritmo.
Sin embargo, también puede generar variabilidad entre profesionales.
Por ello, el equilibrio entre protocolo y juicio clínico constituye un elemento importante de la práctica enfermera.
Comunicación con el paciente
La comunicación debe considerarse una herramienta asistencial.
Durante el triaje, el profesional debe explicar:
- Qué información necesita.
- Qué valoración va a realizar.
- Por qué se establecen prioridades.
- Qué debe hacer el paciente mientras espera.
- Qué síntomas debe comunicar inmediatamente.
También debe comprobarse que la información ha sido comprendida.
La comunicación debe adaptarse a:
- Edad.
- Nivel cultural.
- Barreras idiomáticas.
- Discapacidad.
- Deterioro cognitivo.
- Alteraciones sensoriales.
- Situaciones de ansiedad o estrés.
Una comunicación adecuada puede favorecer la seguridad durante la espera.
Reevaluación
La primera clasificación no debe considerarse definitiva.
La situación clínica puede evolucionar.
Por ello, cuando existe un periodo de espera, la reevaluación constituye una medida de seguridad.
Debe prestarse especial atención a:
- Empeoramiento del dolor.
- Aparición de disnea.
- Alteración de conciencia.
- Nuevas alteraciones neurológicas.
- Inestabilidad hemodinámica.
- Aparición de nuevos síntomas.
- Empeoramiento del estado general.
La frecuencia de reevaluación dependerá de la prioridad, evolución y protocolo institucional.
Triaje y pacientes vulnerables
Algunos pacientes presentan características que pueden dificultar la valoración.
Entre ellos:
- Personas mayores.
- Pacientes pediátricos.
- Personas con deterioro cognitivo.
- Personas con discapacidad.
- Personas con dificultades de comunicación.
- Pacientes con alteraciones de salud mental.
- Embarazadas.
- Personas en situación de vulnerabilidad social.
En estos casos, la valoración debe adaptarse a las circunstancias.
La edad avanzada puede asociarse a presentaciones clínicas atípicas, mientras que en pediatría la valoración de signos y síntomas puede requerir herramientas específicas.
Una clasificación correcta requiere evitar que las dificultades de comunicación o las presentaciones atípicas conduzcan a una infravaloración del riesgo.
Triaje en situaciones de saturación
La saturación del servicio puede dificultar la valoración.
El aumento del volumen de pacientes puede incrementar la presión sobre el profesional y modificar las condiciones habituales de trabajo.
En situaciones de elevada demanda deben reforzarse:
- Priorización.
- Comunicación.
- Reevaluación.
- Coordinación.
- Identificación de pacientes con deterioro.
- Registro de incidencias.
El triaje debe mantener su finalidad clínica incluso en situaciones de presión asistencial.
Indicadores de calidad del triaje
La evaluación mediante indicadores permite conocer el funcionamiento del proceso.
Indicador | Finalidad
Tiempo llegada-triaje | Evaluar accesibilidad
Tiempo de realización del triaje | Valorar eficiencia
Pacientes pendientes de clasificación | Detectar acumulación
Tiempo triaje-atención | Analizar flujo
Porcentaje de reevaluaciones | Evaluar seguridad
Subtriaje | Detectar infrapriorización
Sobretriaje | Detectar sobrepriorización
Incidentes durante la espera | Evaluar seguridad
Abandono sin atención | Detectar problemas de flujo
Reclamaciones relacionadas con espera | Evaluar experiencia
Modificaciones de prioridad | Analizar evolución clínica
Fuente: elaboración propia.
Los indicadores deben interpretarse conjuntamente y teniendo en cuenta las características del servicio.
Auditoría del triaje
La auditoría periódica puede ayudar a identificar errores y oportunidades de mejora.
Un procedimiento de auditoría puede revisar:
- Motivo de consulta.
- Datos recogidos.
- Signos de alarma.
- Prioridad asignada.
- Tiempo hasta atención.
- Evolución clínica.
- Necesidad de modificación de prioridad.
- Resultado final.
El objetivo debe ser identificar áreas de mejora y no establecer una cultura de culpabilización.
Estrategias para mejorar la calidad del triaje
Las estrategias orientadas a mejorar la calidad del triaje enfermero incluyen diferentes líneas de actuación:
Formación inicial
Establecer programas específicos antes de asumir la función de triaje.
Formación continuada
Actualizar periódicamente conocimientos y habilidades.
Simulación
Utilizar escenarios clínicos para entrenar la identificación de situaciones de riesgo.
Protocolos
Mantener algoritmos y procedimientos accesibles y actualizados.
Auditoría
Revisar periódicamente casos y resultados.
Feedback
Proporcionar retroalimentación profesional sobre los resultados de las auditorías.
Reevaluación
Establecer procedimientos claros para pacientes que permanecen en espera.
Gestión de la carga de trabajo
Adaptar la organización cuando el volumen de pacientes aumente.
Triaje y pruebas iniciadas por enfermería
En algunos sistemas sanitarios existen modelos en los que el personal de Enfermería puede iniciar determinadas pruebas diagnósticas protocolizadas durante el triaje.
La literatura ha estudiado esta estrategia como posible mecanismo para reducir tiempos y mejorar el flujo.
Sin embargo, los resultados disponibles son heterogéneos.
Por tanto, cualquier modelo de este tipo debe estar respaldado por protocolos institucionales, competencias profesionales, disponibilidad de recursos y evaluación de resultados.
Triaje y organización del flujo asistencial
El triaje también puede contribuir a organizar los circuitos internos.
Una clasificación adecuada permite orientar a los pacientes hacia:
- Área de críticos.
- Boxes.
- Observación.
- Circuitos de baja complejidad.
- Atención traumatológica.
- Circuitos específicos.
- Áreas de aislamiento cuando proceda.
El objetivo es evitar que todos los pacientes sigan necesariamente el mismo circuito.
La organización debe estar adaptada a las características del hospital.
Nuevas tecnologías e inteligencia artificial
La incorporación de herramientas digitales puede modificar progresivamente el proceso de triaje.
Los sistemas de apoyo a la decisión pueden ayudar a:
- Integrar información clínica.
- Identificar patrones.
- Detectar posibles factores de riesgo.
- Facilitar el registro.
- Apoyar la toma de decisiones.
No obstante, estas tecnologías deben considerarse herramientas de apoyo.
La decisión clínica debe mantenerse bajo responsabilidad profesional y cualquier sistema automatizado debería ser validado antes de incorporarse a la práctica asistencial.
Discusión
La evidencia revisada confirma la relevancia del triaje como mecanismo de priorización en los servicios de urgencias, pero también muestra que se trata de un proceso complejo y condicionado por múltiples variables.
El personal de Enfermería desempeña una función central porque combina la utilización de sistemas estructurados con la valoración clínica individual.
La toma de decisiones de Enfermería no se limita a seguir mecánicamente un algoritmo. Los profesionales integran información clínica, experiencia y contexto para determinar la prioridad.
Los sistemas estructurados pretenden reducir la variabilidad, pero el rendimiento puede variar entre poblaciones y contextos.
Por tanto, la calidad del triaje no puede atribuirse exclusivamente al algoritmo.
La formación es otro componente esencial.
La experiencia y formación pueden influir en la precisión, además de las características del paciente y del entorno.
La reevaluación debe ocupar también un lugar central.
El triaje representa una valoración clínica en un momento determinado. La evolución posterior puede modificar la prioridad.
Esta cuestión resulta especialmente relevante cuando el servicio se encuentra saturado y los tiempos de espera aumentan.
En este contexto, la función enfermera no termina con la asignación de una categoría. La vigilancia de los pacientes pendientes constituye una actividad esencial de seguridad.
La comunicación también debe considerarse parte del proceso clínico.
Explicar al paciente que la atención se organiza según prioridad clínica y no únicamente por orden de llegada puede favorecer la comprensión del funcionamiento del servicio.
Además, informar sobre los síntomas que deben comunicarse inmediatamente permite que el paciente participe en la vigilancia durante la espera.
Otro aspecto importante es la auditoría.
La clasificación debe evaluarse mediante indicadores que permitan identificar subtriaje, sobretriaje, tiempos de espera y modificaciones posteriores de prioridad.
Estos datos pueden utilizarse para mejorar protocolos y formación.
Las tecnologías emergentes pueden ofrecer nuevas posibilidades. Sin embargo, la incorporación de herramientas de inteligencia artificial requiere una evaluación rigurosa de su seguridad y utilidad.
Una herramienta tecnológica no elimina la necesidad de razonamiento clínico ni debe sustituir la responsabilidad profesional.
Entre las principales limitaciones de esta revisión se encuentra la heterogeneidad de los estudios disponibles, tanto en los sistemas de triaje como en las poblaciones y contextos sanitarios estudiados.
Además, los resultados obtenidos en un sistema sanitario no pueden extrapolarse automáticamente a otros.
Por ello, cada organización debe adaptar sus protocolos y procedimientos a su estructura, población atendida y recursos disponibles.
Conclusiones
La labor del personal de Enfermería en el triaje constituye una función esencial dentro de los servicios de urgencias.
El profesional de Enfermería participa en la valoración inicial, identificación de signos de alarma, recogida de información clínica, clasificación de prioridad, activación de circuitos, registro y reevaluación.
El triaje debe entenderse como un proceso clínico de priorización y no como una simple organización del orden de llegada.
Los sistemas estructurados, como el Manchester Triage System, proporcionan un marco común para la clasificación, pero no eliminan la necesidad de juicio clínico.
La evidencia científica muestra que la precisión puede verse influida por la experiencia y formación del profesional, las características del paciente y las condiciones del entorno de trabajo.
La formación específica y continuada, la simulación clínica, la actualización de protocolos y la auditoría pueden contribuir a mejorar la calidad del proceso.
La reevaluación durante la espera constituye una medida esencial de seguridad, especialmente cuando existen demoras o situaciones de elevada presión asistencial.
La enfermera de triaje debe mantener una comunicación clara con pacientes y acompañantes, adaptándola a las características individuales y detectando situaciones de vulnerabilidad.
La calidad del triaje también depende de factores organizativos, por lo que la gestión debe incluir indicadores relacionados con tiempos, prioridad, reevaluación, subtriaje, sobretriaje e incidentes.
En definitiva, la Enfermería desempeña un papel central en la priorización de la atención urgente. La combinación de conocimientos clínicos, sistemas estructurados, experiencia, formación continuada, reevaluación y trabajo en equipo permite desarrollar un triaje orientado a la seguridad y a una adecuada utilización de los recursos asistenciales.
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