Índice
Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 711
Autor principal (primer firmante): Andrea Esteban Parejo
Fecha recepción: 22/07/2026
Fecha aceptación: 18/08/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 711
Autores: Andrea Esteban Parejo, Cristina Fernández Bailón, Sandra Trinidad Aznar Casas, Carla Fuste Usón, Marta Garvi Vela, María Martín Biel.
Categoría profesional: Enfermera
Resumen
La prematuridad es una de las principales causas de morbimortalidad neonatal en el mundo. El método canguro (MC), definido por la Organización Mundial de la Salud como el contacto piel con piel entre el recién nacido y su progenitor/a junto con la lactancia materna exclusiva o casi exclusiva, se ha consolidado como una intervención de bajo coste con impacto sobre la estabilidad clínica del prematuro.
El objetivo es analizar la evidencia científica más reciente sobre el impacto del método canguro en la estabilidad clínica del recién nacido prematuro. El método canguro se asocia a una mayor estabilidad térmica, cardiorrespiratoria y de la oxigenación cerebral, así como a una reducción de la mortalidad neonatal cuando se inicia de forma precoz, incluso antes de la estabilización completa del recién nacido. La evidencia actual respalda la implementación protocolizada y precoz del método canguro en las unidades neonatales, siendo el personal de Enfermería una figura clave en su promoción, supervisión y sostenibilidad en el tiempo.
Palabras clave:
Método canguro; Recién nacido prematuro; Estabilidad fisiológica; Cuidados intensivos neonatales; Contacto piel con piel; Enfermería neonatal.
Introducción
Cada año nacen en el mundo unos 13,4 millones de niños antes de las 37 semanas de gestación y la prematuridad continúa siendo la primera causa de mortalidad en menores de cinco años a nivel mundial. La inmadurez fisiológica del recién nacido prematuro condiciona una elevada vulnerabilidad frente a la inestabilidad térmica, cardiorrespiratoria y metabólica durante los primeros días de vida, periodo crítico en el que se concentra la mayor parte de la mortalidad neonatal.
El método canguro surgió en Bogotá (Colombia) a finales de los años setenta como respuesta a la escasez de incubadoras y desde entonces se ha extendido como una estrategia de cuidado centrado en la familia, reconocida por la Organización Mundial de la Salud como parte del paquete esencial de cuidados del recién nacido de bajo peso. Consiste en el contacto piel con piel continuo y prolongado entre el recién nacido y su madre, padre u otro cuidador, combinado con lactancia materna y un acompañamiento próximo del proceso de hospitalización.
Sus beneficios se han descrito clásicamente en términos de termorregulación, vínculo afectivo y lactancia, pero la evidencia más reciente profundiza en su efecto directo sobre la estabilidad clínica y la supervivencia del recién nacido prematuro, lo que resulta de especial interés para la práctica enfermera en las unidades neonatales.
Objetivos
Objetivo general
Analizar la evidencia científica reciente sobre el impacto del método canguro en la estabilidad clínica del recién nacido prematuro.
Objetivos específicos
- Describir los efectos del método canguro sobre los principales fisiológicos del prematuro (frecuencia cardiaca, saturación de oxígeno, temperatura y oxigenación cerebral)
- Analizar su impacto sobre la morbimortalidad neonatal, con especial atención al momento óptimo de inicio de la intervención.
- Identificar las implicaciones de esta evidencia para la práctica del personal de Enfermería en las unidades de cuidados intensivos neonatales.
Métodos
Se ha realizado una revisión narrativa de la literatura científica entre 2016 y 2026. La búsqueda se llevó a cabo en la base de datos de PubMed/Medline, complementada con Cochrane Library y Web of Science, empleando los términos «kangaroo mother care», «kangaroo care», «skin-to-skin contact», «preterm infant»,
«physiological stability» y «neonatal intensive care unit», combinados mediante operadores booleanos. Se priorizaron ensayos clínicos aleatorizados, revisiones sistemáticas y metaanálisis publicados en los últimos diez años, en español o inglés, que evaluasen parámetros de estabilidad clínica (constantes vitales, oxigenación, termorregulación) o resultados de morbimortalidad en recién nacidos prematuros o de bajo peso. Se excluyeron estudios centrados exclusivamente en recién nacidos a término sanos, comunicaciones a congresos sin texto completo disponible y estudios de diseño no controlado.
Resultados
La evidencia disponible de forma consistente que el método canguro favorece la estabilidad fisiológica del recién nacido prematuro. Una revisión sistema que analizó veinticinco estudios sobre parámetros de monitorización fisiológica concluyó que la frecuencia cardiaca, la saturación arterial de oxígeno y la oxigenación cerebral regional no mostraban cambios adversos significativos antes, durante y después del contacto piel con piel, lo que respalda la seguridad de la intervención incluso en prematuros clínicamente frágiles.
Estudios experimentales más recientes han aportado matices relevantes, un ensayo clínico aleatorizado realizado en una unidad neonatal terciaria observó que, a los sesenta minutos de contacto piel con piel, los prematuros tardíos presentaban mejoras significativas en la oxigenación cerebral medida mediante espectroscopia de infrarrojo cercano, así como en la temperatura corporal, la frecuencia cardiaca, la frecuencia respiratoria y el nivel de confort, en comparación con el grupo control. De forma similar, otro ensayo controlado mostró que el método canguro contribuía a regular la frecuencia cardiaca y el índice de perfusión en prematuros reingresados en la unidad neonatal tras el alta precoz, sugiriendo un efecto estabilizador sostenido más allá del periodo de hospitalización inicial.
En cuanto al momento de inicio, el ensayo multicéntrico del Grupo de Estudio de la OMS sobre el método canguro inmediato, realizado en cinco hospitales de Ghana, India, Malaui, Nigeria y Tanzania con más de 3.200 recién nacidos de bajo peso, demostró que iniciar el contacto piel con piel de forma inmediata tras el nacimiento, antes incluso de la estabilización completa, reducía la mortalidad neonatal a los 28 días en comparación con el método canguro convencional iniciado tras la estabilización (12,0% frente a 15,7%). Un metaanálisis de ensayos clínicos aleatorizados sobre los resultados clínicos del método canguro en las primeras cuatro semanas de vida corroboró estos hallazgos, describiendo reducciones significativas en la mortalidad, la estancia hospitalaria y la incidencia de hipotermia, junto con un aumento de la lactancia materna exclusiva.
Por último, un ensayo cruzado aleatorizado que comparó distintas posiciones maternas durante el método canguro no encontró diferencias significativas en la oxigenación cerebral entre ambas posturas, concluyendo que la estabilidad clínica se mantenía en ambos casos, lo que amplía el margen de flexibilidad para adaptar la práctica a las preferencias y comodidad de cada díada madre-hijo.
Discusión
Los resultados de esta revisión confirman que el método canguro no debe entenderse únicamente como una medida de confort o vinculación afectiva, sino como una intervención clínica con capacidad demostrada de modular la estabilidad fisiológica del recién nacido prematuro. La convergencia de resultados entre estudios observacionales, ensayos clínicos y revisiones sistemáticas, realizados en contextos asistenciales muy diversos, refuerza la solidez de esta evidencia.
Un hallazgo especialmente relevante para la práctica clínica es el relativo al momento de inicio de la intervención. Durante años, el método canguro se ha reservado a recién nacidos ya estabilizados, bajo la premisa de que la manipulación y el traslado podrían comprometer a los prematuros más inestables. Sin embargo, la evidencia más reciente, encabezada por el ensayo multicéntrico de la OMS, sugiere que el contacto piel con piel iniciado de forma precoz, incluso antes de la estabilización completa, resulta seguro y se asocia a una reducción significativa de la mortalidad. Este cambio de paradigma tiene implicaciones directas sobre los protocolos de las unidades neonatales y sobre el papel del personal de Enfermería, que a menudo es quien valora la elegibilidad del recién nacido para iniciar el método canguro y quien acompaña y supervisa la intervención en tiempo real.
No obstante, conviene señalar algunas limitaciones. Gran parte de la evidencia sobre reducción de mortalidad procede de contextos de ingresos bajos y medios, con una carga de prematuridad y unos recursos tecnológicos distintos a los de las unidades neonatales de alta complejidad, lo que obliga a cierta cautela al extrapolar los resultados. Asimismo, persiste heterogeneidad entre estudios en cuanto a la duración, frecuencia e intensidad del contacto piel con piel, lo que dificulta establecer una dosis óptima única. Se necesitan más estudios que analicen especificadamente la seguridad del inicio precoz en prematuros de muy bajo peso conectados a soporte respiratorio invasivo, población en la que la evidencia actual es todavía limitada.
Desde la perspectiva enfermera, estos hallazgos refuerzan la necesidad de protocolizar el método canguro como parte de los cuidados centrados en el desarrollo, formar a los equipos en la valoración de la elegibilidad clínica para su inicio precoz, y acompañar a las familias en un proceso que, además de sus beneficios fisiológicos, fortalece el vínculo y la confianza de los progenitores en el cuidado de su hijo prematuro.
Conclusiones
La evidencia científica actual respalda de forma consistente que el método canguro contribuye a la estabilidad térmica, cardiorrespiratoria y de la oxigenación cerebral del recién nacido prematuro y que su inicio precoz, incluso antes de la estabilización completa, se asocia a una reducción significativa de la mortalidad neonatal. Estos resultados sitúan al método canguro como una intervención clínica de primer orden y no meramente complementaria, dentro de los cuidados del prematuro. El personal de Enfermería desempeña un papel central en la valoración, implementación y sostenibilidad de esta práctica en las unidades neonatales, por lo que su formación continuada y la protocolización de la intervención deben considerarse prioridades para la mejora de los resultados clínicos en esta población vulnerable.
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