Papilectomía endoscópica: indicaciones, técnica, complicaciones y seguimiento

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 169.4

Autor principal (primer firmante): Carlos Fidencio Rios Muñoz

Fecha recepción: 02/10/2026

Fecha aceptación: 12/10/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 169.4

https://doi.org/10.58842/NSTI3740

Endoscopic Papillectomy: Indications, Technique, Adverse Events, and Surveillance

Autor/a:

Carlos Fidencio Ríos Muñoz. Médico residente de Cirugía General

Resumen

Las lesiones neoplásicas de la ampolla de Vater representan un grupo poco frecuente de patologías cuyo manejo requiere una adecuada selección entre tratamiento endoscópico y quirúrgico. La papilectomía endoscópica se ha establecido como una alternativa terapéutica para adenomas ampulares seleccionados, permitiendo la resección de la lesión y la obtención de una pieza para estudio histopatológico, con menor invasividad que el tratamiento quirúrgico.

La adecuada selección del paciente es fundamental. Antes de la resección debe confirmarse histológicamente la presencia de adenoma y evaluar características como tamaño, signos de malignidad y extensión intraductal. La técnica consiste principalmente en resección con asa, preferentemente en bloque cuando las dimensiones de la lesión lo permiten. La pancreatitis y el sangrado constituyen los eventos adversos más frecuentes, por lo que deben implementarse estrategias preventivas, particularmente la colocación profiláctica de una prótesis pancreática.

La recurrencia después de la resección endoscópica no es infrecuente y hace indispensable un programa de vigilancia endoscópica prolongada. El objetivo de esta revisión narrativa es resumir las indicaciones, aspectos técnicos, complicaciones y recomendaciones actuales de seguimiento después de papilectomía endoscópica.

Palabras clave: papilectomía endoscópica; adenoma ampular; ampolla de Vater; duodenoscopia; prótesis pancreática; vigilancia.

Abstract

Ampullary neoplasms are uncommon lesions whose management requires appropriate selection between endoscopic and surgical treatment. Endoscopic papillectomy has become a therapeutic option for selected ampullary adenomas, allowing lesion removal and histopathological assessment while offering a less invasive approach than surgery.

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Appropriate patient selection is essential. Before resection, the diagnosis of adenoma should be histologically confirmed, and lesion size, features suspicious for malignancy, and intraductal extension should be evaluated. The procedure primarily consists of snare resection, preferably en bloc when lesion size allows it. Pancreatitis and bleeding are among the most frequent adverse events; therefore, preventive strategies should be implemented, particularly prophylactic pancreatic duct stenting.

Recurrence after endoscopic resection is not uncommon, making long-term endoscopic surveillance essential. This narrative review summarizes current indications, technical aspects, adverse events, and surveillance recommendations following endoscopic papillectomy.

Keywords: endoscopic papillectomy; ampullary adenoma; ampulla of Vater; duodenoscopy; pancreatic stent; surveillance.

Introducción

Las lesiones de la ampolla de Vater comprenden un espectro que incluye adenomas y carcinomas ampulares. Su importancia radica en el potencial de progresión maligna de las lesiones adenomatosas y en la necesidad de distinguir aquellas susceptibles de tratamiento endoscópico de las que requieren manejo quirúrgico. [1,2]

Tradicionalmente, la resección quirúrgica representaba el tratamiento definitivo de las neoplasias ampulares. Sin embargo, la cirugía puede asociarse con una morbilidad considerable, especialmente cuando se requiere pancreatoduodenectomía. El desarrollo de la endoscopia terapéutica ha permitido establecer la papilectomía endoscópica como una alternativa menos invasiva en pacientes apropiadamente seleccionados. [1,8]

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El procedimiento no debe considerarse una resección endoscópica simple. La cercanía de los conductos pancreático y biliar, la posibilidad de extensión intraductal y el riesgo de pancreatitis, sangrado, perforación y estenosis hacen necesaria una adecuada evaluación previa, experiencia técnica y vigilancia posterior. [1-3]

Objetivo

Describir las indicaciones actuales, evaluación previa, aspectos técnicos, principales eventos adversos y recomendaciones de seguimiento de la papilectomía endoscópica, con énfasis en las recomendaciones internacionales y la evidencia contemporánea.

Métodos

Se realizó una revisión narrativa de la literatura mediante búsqueda bibliográfica en PubMed / MEDLINE, priorizando publicaciones comprendidas entre enero de 2020 y septiembre de 2026.

Se utilizaron combinaciones de los términos endoscopic papillectomy, ampullary adenoma, ampullary neoplasm, ampullectomy, pancreatic stent, adverse events, recurrence y surveillance.

Se priorizaron guías de práctica clínica, documentos de consenso, revisiones sistemáticas y metaanálisis relacionados directamente con la papilectomía endoscópica. Se incluyó una publicación anterior a 2020 por aportar evidencia específica sobre el uso profiláctico de prótesis pancreática. Debido al carácter narrativo de la revisión, no se realizó metaanálisis ni evaluación sistemática del riesgo de sesgo.

Evaluación previa y estadificación

La papilectomía no debe realizarse únicamente con fines diagnósticos. La ESGE recomienda confirmar histológicamente la presencia de adenoma antes de realizar la resección endoscópica.[1] Este principio es importante debido a que las biopsias ampulares pueden presentar limitaciones diagnósticas y el tratamiento debe planificarse de acuerdo con la sospecha clínica, endoscópica e histológica.

La evaluación endoscópica debe valorar el tamaño, morfología, ulceración, friabilidad y otros hallazgos que puedan sugerir invasión. El consenso internacional sobre papilectomía recomienda como evaluación mínima la exploración con duodenoscopio y la toma de biopsias. [3]

La estadificación tiene como objetivo descartar invasión profunda y determinar la presencia de extensión intraductal. La ESGE recomienda el uso de ultrasonido endoscópico y colangiorresonancia para la estadificación de tumores ampulares.[1] Las guías francesas también consideran la duodenoscopia y el ultrasonido endoscópico componentes fundamentales de la evaluación diagnóstica. [8]

Indicaciones y selección del paciente

La principal indicación de papilectomía endoscópica es el adenoma ampular susceptible de resección endoscópica y sin evidencia de invasión profunda. [1,2]

La ESGE recomienda papilectomía endoscópica para adenomas ampulares sin extensión intraductal significativa y favorece la resección en bloque de lesiones de hasta aproximadamente 20-30 mm cuando sea técnicamente posible. [1]

No obstante, la presencia de extensión intraductal modifica la estrategia. La ESGE sugiere considerar tratamiento quirúrgico cuando existe afectación intraductal superior a 20 mm o cuando la resección endoscópica no es técnicamente factible, por ejemplo en determinadas lesiones mayores de 4 cm.[1] Por otro lado, el consenso Delphi alcanzó acuerdo para derivar a cirugía a pacientes con sospecha de malignidad o extensión intraductal mayor de 1 cm. [3]

Estas diferencias reflejan que no existe un punto de corte universal aplicable a todos los pacientes. La decisión debe considerar tamaño, extensión intraductal, sospecha de invasión, posibilidad de resección completa, experiencia del centro y condición clínica del paciente. [1-3,8]

Técnica de papilectomía endoscópica

Una vez seleccionada adecuadamente la lesión, el objetivo es obtener una resección completa que permita una evaluación histopatológica apropiada.

La resección se realiza habitualmente con asa de polipectomía. La ESGE recomienda realizar resección directa con asa sin inyección submucosa rutinaria, debido a que la elevación de la lesión puede dificultar la captura adecuada de la papila y no ha demostrado un beneficio suficiente para recomendar su utilización sistemática. [1]

Siempre que sea técnicamente posible, debe intentarse la resección en bloque. Esta estrategia facilita la valoración histopatológica de los márgenes y puede disminuir la posibilidad de tejido residual. En lesiones de mayor tamaño puede ser necesaria una resección fragmentada, aunque esto dificulta la evaluación histológica y puede afectar la certeza de resección completa. [1]

Después de la resección debe identificarse cuidadosamente el orificio pancreático y valorar la colocación de una prótesis pancreática profiláctica. Asimismo, debe evaluarse el lecho de resección para identificar sangrado, lesión mural o datos que sugieran perforación.

La pieza resecada debe recuperarse para estudio histopatológico. El resultado definitivo determinará si la resección endoscópica puede considerarse tratamiento suficiente o si se requiere evaluación quirúrgica adicional. [1,2]

Prevención de pancreatitis

La pancreatitis post-papilectomía constituye uno de los principales eventos adversos del procedimiento.

La colocación de una prótesis pancreática profiláctica tiene como objetivo mantener el drenaje del conducto pancreático después de la manipulación y resección de la papila. La ESGE recomienda su colocación para disminuir el riesgo de pancreatitis después de papilectomía. [1]

El consenso Delphi también alcanzó acuerdo sobre el uso de prótesis pancreática y sobre la administración de AINE rectal antes de la resección como medidas preventivas. [3]

Un metaanálisis realizado por Wang et al. evaluó la utilidad de las prótesis pancreáticas profilácticas después de papilectomía o ampullectomía endoscópica. Aunque el análisis principal no demostró diferencias estadísticamente significativas para todos los desenlaces, el análisis de sensibilidad mostró una reducción significativa de pancreatitis asociada con la colocación de la prótesis. [6]

La evidencia contemporánea refuerza este concepto. El análisis agrupado publicado por Spadaccini et al. encontró que la colocación profiláctica de prótesis se relacionó con una reducción del riesgo de pancreatitis. [4]

Complicaciones

La papilectomía endoscópica presenta una frecuencia de eventos adversos que no debe subestimarse.

El análisis agrupado de Spadaccini et al., que incluyó 61 estudios y 4,935 lesiones, reportó una tasa global de eventos adversos de aproximadamente 30 %. El sangrado ocurrió en 12.8 % y la pancreatitis en 11.2 %, constituyendo las complicaciones más frecuentes. [4]

La evidencia agregada previa ya había mostrado que, aunque la papilectomía endoscópica presenta elevadas tasas de éxito técnico, la pancreatitis, el sangrado y la recurrencia continúan siendo eventos clínicamente relevantes y justifican una adecuada selección y vigilancia posterior. [5]

El sangrado puede presentarse durante el procedimiento o de forma diferida. Su tratamiento depende de la gravedad y puede incluir métodos endoscópicos de hemostasia. La proximidad de los orificios pancreático y biliar obliga a realizar cualquier intervención hemostática con precaución.

La perforación es menos frecuente pero potencialmente grave. Su sospecha requiere valoración inmediata y el tratamiento debe individualizarse según el tamaño del defecto, estabilidad clínica y posibilidad de manejo endoscópico.

Entre las complicaciones tardías se encuentran la estenosis papilar y alteraciones del drenaje pancreático o biliar. La extensión intraductal se ha asociado con mayor complejidad terapéutica y riesgo de resultados incompletos. [4]

Resultado histopatológico y conducta posterior

El estudio histopatológico de la pieza es indispensable. Debe determinar la naturaleza de la lesión, grado de displasia, presencia de carcinoma y posibilidad de resección completa.

Cuando el resultado confirma adenoma y se considera que la resección ha sido completa, puede continuarse con vigilancia endoscópica. [1]

Por el contrario, la identificación de carcinoma invasor, características histológicas desfavorables o imposibilidad de conseguir una resección oncológicamente adecuada obliga a reconsiderar la estrategia terapéutica y valorar tratamiento quirúrgico. [2,8]

Las guías francesas enfatizan que la papilectomía endoscópica es una opción preferente para adenomas ampulares cuando puede conseguirse una resección R0; cuando esto no es posible, debe considerarse tratamiento quirúrgico. [8]

Recurrencia y seguimiento

La resección aparentemente completa no elimina la necesidad de vigilancia.

El análisis contemporáneo de Spadaccini et al. encontró una tasa agrupada de recurrencia de 15.2 %. Sin embargo, un hallazgo clínicamente relevante fue que 92.4 % de las recurrencias pudieron manejarse endoscópicamente sin necesidad de cirugía. [4]

La ESGE recomienda realizar vigilancia mediante duodenoscopia con biopsias de la cicatriz y de cualquier área anormal durante los primeros 3 meses, posteriormente a los 6 y 12 meses y después de forma anual durante al menos 5 años. [1]

Este seguimiento prolongado es importante porque la recurrencia puede aparecer después de una resección inicialmente considerada exitosa.

Un metaanálisis de Garg et al., que incluyó 39 estudios y 1,753 pacientes, evaluó recurrencia a largo plazo después de ampullectomía endoscópica y quirúrgica. Las tasas agrupadas de recurrencia fueron comparables durante diferentes periodos de seguimiento, aunque estos resultados deben interpretarse considerando las diferencias en selección de pacientes y características de las lesiones tratadas mediante cada técnica. [7]

Discusión

La papilectomía endoscópica se ha consolidado como una alternativa terapéutica para adenomas ampulares adecuadamente seleccionados. Su principal ventaja es permitir una resección menos invasiva que la cirugía y obtener tejido para una evaluación histopatológica completa.

La selección del paciente continúa siendo el punto fundamental. No todas las lesiones ampulares son candidatas a resección endoscópica y la presencia de sospecha de malignidad, invasión profunda o extensión intraductal significativa debe modificar la estrategia. [1-3,8]

Los resultados contemporáneos son favorables, aunque no perfectos. El análisis de 2026 reportó resección completa en 85.9 % de los casos, pero también una recurrencia de 15.2 % y una tasa global de eventos adversos de 30 %.[4] Estas cifras muestran que la papilectomía debe considerarse un procedimiento terapéutico avanzado y no una polipectomía convencional.

La prevención de pancreatitis constituye un componente esencial. La evidencia disponible y las recomendaciones internacionales respaldan particularmente la colocación profiláctica de una prótesis pancreática, acompañada de otras medidas preventivas como AINE rectales cuando no existen contraindicaciones. [1,3,6]

Finalmente, el éxito técnico inmediato no representa el final del tratamiento. La evaluación histopatológica y la vigilancia endoscópica prolongada forman parte integral del manejo. La posibilidad de recurrencia justifica mantener seguimiento durante al menos cinco años. [1]

Conclusiones

La papilectomía endoscópica constituye una alternativa eficaz para el tratamiento de adenomas ampulares adecuadamente seleccionados, particularmente cuando no existe evidencia de invasión profunda ni extensión intraductal significativa.

La evaluación previa debe incluir confirmación histológica del adenoma y una adecuada estadificación. La resección con asa, preferentemente en bloque cuando sea técnicamente posible y sin inyección submucosa rutinaria, constituye la técnica fundamental.

La pancreatitis y el sangrado son las complicaciones más frecuentes. La colocación profiláctica de una prótesis pancreática representa una medida importante para disminuir el riesgo de pancreatitis.

La histopatología definitiva determina la necesidad de tratamientos adicionales. Debido al riesgo de recurrencia, todos los pacientes requieren vigilancia endoscópica prolongada, incluyendo evaluación temprana después de la resección y seguimiento anual durante al menos cinco años.

Bibliografía

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