Dispepsia funcional: manifestaciones clínicas, hábitos dietéticos y manejo desde Atención Primaria

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 378

Autor principal (primer firmante): Natalia Antón Aldivar

Fecha recepción: 30/09/2026

Fecha aceptación: 27/10/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 378

Autores:

  • Natalia Antón Aldívar
  • Rocío Ausejo Valles
  • Ana María López Martínez
  • Xavier Alba Oroz
  • Angel Lapeña Urzáiz
  • Beatriz Alfaro Ciria

Categoría profesional: Enfermería.

Resumen

La dispepsia constituye un conjunto de molestias localizadas en la zona superior del abdomen que pueden manifestarse como digestiones pesadas, hinchazón abdominal, eructos, náuseas, saciedad precoz, pesadez posprandial y dolor o ardor en la parte superior del abdomen. Cuando no se identifica una causa orgánica clara se denomina dispepsia funcional (DF), entidad en la que intervienen mecanismos relacionados, entre otros, con la interacción cerebro-digestiva y la función gastrointestinal.

El abordaje inicial debe incluir una adecuada explicación al paciente, medidas sobre los hábitos de vida y recomendaciones dietéticas individualizadas, evitando restricciones innecesarias. En función de la respuesta clínica pueden emplearse tratamientos farmacológicos, procinéticos, fitoterapia y, en determinados pacientes, intervenciones psicoterapéuticas. Este artículo resume las características de la DF y las principales recomendaciones higiénico-dietéticas y terapéuticas recogidas en el material proporcionado.

Palabras clave: dispepsia funcional; síntomas gastrointestinales; hábitos dietéticos; atención primaria; procinéticos; fitoterapia; psicoterapia.

Introducción

La dispepsia se define como un conjunto de síntomas digestivos que afectan principalmente a la región superior del abdomen. Entre sus manifestaciones se encuentran la sensación de digestión pesada, hinchazón, eructos, náuseas y saciedad precoz, incluso antes de finalizar una comida. También pueden aparecer pesadez posprandial y dolor o ardor en la parte superior del abdomen.

Afecta aproximadamente al 35-40 % de la población general. Sin embargo, únicamente en torno al 20 % de los pacientes que consultan al médico de atención primaria por este motivo se identifica una causa orgánica que explique los síntomas, siendo la mayoría de carácter benigno y una proporción mucho menor de naturaleza maligna. La sintomatología puede relacionarse con diferentes causas, como úlceras, alergias o intolerancias, consumo de alcohol o tabaco y determinados antiinflamatorios.

En el 80 % restante de los casos no se encuentra una causa orgánica que justifique la sintomatología, por lo que se clasifican como casos de dispepsia funcional o no orgánica. En esta situación pueden participar alteraciones de la función gástrica o intestinal, cambios de la microbiota y factores relacionados con el eje cerebro-digestivo. El nerviosismo y la ansiedad al comer también pueden desencadenar o intensificar los síntomas.

Objetivos

Objetivo general

Describir las principales manifestaciones de la dispepsia funcional y sintetizar las medidas higiénico-dietéticas y terapéuticas aplicables a su manejo.

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Objetivos específicos

  • Identificar los síntomas más frecuentes asociados a la dispepsia funcional.
  • Describir recomendaciones dietéticas y de estilo de vida orientadas a mejorar la digestión.
  • Señalar los principales grupos de alimentos y hábitos que pueden favorecer o empeorar los síntomas.
  • Resumir el enfoque escalonado del manejo clínico y la importancia del seguimiento en Atención Primaria.
  • Destacar la necesidad de individualizar las recomendaciones y evitar dietas restrictivas innecesarias.

Métodos

En el presente trabajo se realizó una revisión bibliográfica narrativa de diversos artículos de revista y libros sobre la dispepsia funcional, diagnóstico, manejo clínico y seguimiento desde Atención Primaria. La búsqueda tuvo lugar entre diversas bases de datos electrónicas y páginas de organismos oficiales.

Resultados

Manifestaciones clínicas

  • Saciedad precoz
  • Pesadez posprandial
  • Hinchazón abdominal
  • Dolor o ardor en la parte superior del abdomen.
  • Eructos frecuentes
  • Náuseas.

La intensidad y combinación de estos síntomas puede variar entre pacientes.

Subtipos de dispepsia funcional

Los criterios de Roma IV distinguen dos grandes patrones clínicos:

  • Síndrome de malestar o distrés posprandial: predominan la plenitud después de las comidas y la saciedad precoz.
  • Síndrome de dolor epigástrico: predominan el dolor o el ardor localizado en la región epigástrica.

Estos subtipos no son necesariamente estables. Los síntomas pueden solaparse y cambiar a lo largo del tiempo, por lo que la clasificación debe utilizarse como herramienta orientativa para valorar el síntoma predominante y adaptar el manejo.

Diagnóstico

El diagnóstico inicial de sospecha se establece a partir de la presencia de síntomas compatibles con dispepsia, siempre que el paciente no presente signos o síntomas de alarma ni padezca enfermedades extradigestivas que puedan justificar dicha sintomatología.

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Entre los signos que deben aumentar la sospecha de enfermedad orgánica se encuentran, entre otros, el sangrado digestivo, la anemia, los vómitos persistentes, la disfagia, la pérdida de peso, la fiebre inexplicada y la aparición o empeoramiento significativo de la sintomatología.

Además, es necesario descartar otras posibles causas, como el consumo de sustancias tóxicas (principalmente alcohol y tabaco) o el uso prolongado de determinados medicamentos que pueden provocar síntomas dispépticos. Entre estos fármacos destacan la aspirina y los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), aunque también pueden estar implicados los broncodilatadores, antibióticos, antihipertensivos, medicamentos hipolipemiantes, hormonas y suplementos o sales de calcio y hierro.

La confirmación del diagnóstico de dispepsia funcional se realiza tras comprobar la normalidad de las pruebas analíticas y de las exploraciones digestivas complementarias que estén indicadas. La necesidad de realizar una endoscopia digestiva alta se determinará de manera individualizada, atendiendo a las características y circunstancias de cada paciente.

En aquellos pacientes que nunca hayan sido sometidos a una endoscopia digestiva alta, esta estará indicada especialmente cuando existan síntomas o signos de alarma, en personas mayores de 50 años o cuando la realización de la prueba pueda contribuir a disminuir la preocupación o ansiedad del paciente, ya que un resultado normal puede proporcionar tranquilidad y favorecer su evolución clínica.

Por otro lado, en pacientes que ya dispongan de una endoscopia previa, no será necesario repetirla de forma rutinaria. Se valorará nuevamente su realización ante la aparición de síntomas o signos de alarma, un empeoramiento de la sintomatología o la ausencia de mejoría clínica.

Una vez establecido el diagnóstico de dispepsia funcional, la evolución clínica permite confirmar dicho diagnóstico en aproximadamente el 95 % de los casos. Por ello, estos pacientes pueden ser controlados y tratados habitualmente por su médico sin necesidad de realizar nuevas pruebas diagnósticas. El seguimiento deberá intensificarse únicamente cuando se produzcan cambios relevantes en los síntomas o aparezcan nuevos signos o síntomas de alarma.

Recomendaciones higiénico-dietéticas

Se recomienda mantener una alimentación saludable y comer de forma consciente y relajada, evitando las prisas y favoreciendo una masticación adecuada.

Entre los alimentos y preparaciones recomendados o mejor tolerados se incluyen:

  • Comidas sencillas y de fácil digestión.
  • Pescado no frito y preparado al vapor.
  • Carnes de pollo o conejo y otras opciones bajas en grasa.
  • Frutas y verduras, según tolerancia individual.
  • Aceite de oliva virgen crudo.
  • Preparaciones suaves y una adecuada combinación de alimentos.
  • Combinaciones de hidratos de carbono y proteínas, legumbres y verduras, adaptadas a la tolerancia.

Entre las recomendaciones para evitar o limitar aparecen:

  • Comidas rápidas o realizadas con estrés.
  • Fumar y el consumo de tóxicos.
  • Alimentos excesivamente grasos o preparaciones muy pesadas.
  • Comidas picantes o muy irritantes cuando actúen como desencadenantes.
  • Mezclas de alimentos que el paciente identifique como responsables de sus síntomas.
  • Lácteos u otros alimentos concretos únicamente cuando exista una relación clara con la sintomatología.

En los últimos años han adquirido relevancia diferentes estrategias dietéticas para los trastornos gastrointestinales funcionales, entre ellas las dietas bajas en FODMAP, las dietas restringidas en lactosa o fructosa y las dietas sin gluten.

Sin embargo, la evidencia disponible para recomendar estas intervenciones específicamente en la dispepsia funcional es limitada. Por lo que se aconseja evitar los desencadenantes individuales y las dietas excesivamente restrictivas, salvo en situaciones concretas.

Manejo clínico

Se debe aportar una explicación al paciente sobre qué es la dispepsia funcional, los mecanismos implicados y la evolución habitual de los síntomas, junto con recomendaciones sobre hábitos de vida, alimentación, evitación de desencadenantes individuales, apoyo nutricional cuando sea necesario y valoración de la necesidad de psicoterapia.

Ante la falta de mejoría, se deben contemplar diferentes alternativas según el patrón clínico. En el síndrome de distrés posprandial se incluyen levosulpirida y otros procinéticos, además de fitoterapia. En el síndrome de dolor epigástrico se contempla tratamiento con inhibidores de la bomba de protones (IBP) a dosis simple durante 4-8 semanas, así como procinéticos o fitoterapia en determinados casos.

Intervenciones psicológicas y eje cerebro-intestino

La relación entre el sistema nervioso y el aparato digestivo tiene especial importancia en los trastornos gastrointestinales funcionales.

Los factores psicológicos y psicosociales pueden modificar la percepción de los síntomas, su intensidad y su repercusión sobre la calidad de vida. Por este motivo, la valoración integral del paciente debe contemplar también aspectos relacionados con el bienestar emocional y el contexto psicosocial.

La psicoterapia puede ser útil en determinados pacientes, especialmente cuando existe una importante repercusión funcional o cuando los síntomas persisten a pesar de las medidas iniciales.

El abordaje psicológico no debe interpretarse como una negación del origen físico de los síntomas, sino como parte de un modelo biopsicosocial que reconoce la interacción entre los diferentes mecanismos implicados en la enfermedad.

Seguimiento desde Atención Primaria

La Atención Primaria desempeña un papel fundamental en el diagnóstico inicial, la educación sanitaria y el seguimiento de los pacientes con dispepsia funcional.

El seguimiento debe centrarse principalmente en la evolución de los síntomas y en la respuesta percibida por el paciente, ya que actualmente no existen marcadores bioquímicos o de imagen específicos que permitan monitorizar de manera objetiva la respuesta al tratamiento.

Durante el seguimiento resulta importante:

  • Valorar la evolución de los síntomas.
  • Comprobar la adherencia a las recomendaciones.
  • Revisar posibles factores desencadenantes.
  • Evitar restricciones dietéticas innecesarias.
  • Valorar la repercusión sobre la calidad de vida.
  • Revisar la respuesta al tratamiento.
  • Detectar la aparición de nuevos signos de alarma.

La derivación a atención especializada debe plantearse ante la aparición de signos de alarma, la persistencia o intensidad importante de los síntomas, el fracaso del tratamiento inicial o una repercusión significativa sobre la calidad de vida.

En los pacientes con síntomas complejos o de difícil control puede ser necesario un abordaje multidisciplinar en el que participen profesionales de gastroenterología, nutrición y psicología, entre otros.

Discusión

La dispepsia funcional constituye un trastorno de elevada heterogeneidad clínica que requiere un abordaje individualizado. La variedad de síntomas y el posible solapamiento con otros trastornos gastrointestinales funcionales hacen necesario realizar una adecuada valoración clínica antes de establecer el diagnóstico.

Uno de los principales aspectos que debe destacarse es la importancia de evitar una utilización excesiva de pruebas diagnósticas en pacientes sin signos de alarma.

La alimentación representa otro de los pilares del manejo. Aunque los pacientes pueden identificar determinados alimentos como desencadenantes de sus síntomas, no debe recomendarse de manera sistemática la eliminación de grupos completos de alimentos. Las dietas restrictivas pueden generar dificultades de adherencia y problemas nutricionales, especialmente en población pediátrica.

En este sentido, resulta más adecuado fomentar una alimentación equilibrada y adaptada a la tolerancia individual. La dieta mediterránea puede constituir un modelo alimentario saludable, aunque la evidencia disponible no permite considerarla un tratamiento específico y exclusivo de la dispepsia funcional.

El tratamiento farmacológico también debe individualizarse. La evidencia disponible muestra resultados variables y existen diferencias importantes entre la población adulta y pediátrica. El propio documento de 2025 destaca la limitada calidad de parte de la evidencia disponible y la ausencia de una estrategia terapéutica única que pueda aplicarse a todos los pacientes.

El papel del eje cerebro-intestino también debe tenerse en consideración. La presencia de factores psicológicos o psicosociales no significa que la sintomatología sea exclusivamente psicológica, sino que refleja la compleja interacción existente entre el sistema nervioso y el aparato digestivo.

Por todo ello, el manejo de la dispepsia funcional debe plantearse desde un modelo biopsicosocial, combinando educación sanitaria, alimentación equilibrada, modificación de hábitos, tratamiento sintomático cuando esté indicado y apoyo psicológico en aquellos pacientes que lo necesiten.

Conclusiones

La dispepsia funcional es un trastorno gastrointestinal caracterizado por síntomas como plenitud posprandial, saciedad precoz, dolor o ardor epigástrico y otros síntomas digestivos asociados.

Su presentación clínica es heterogénea y puede clasificarse en síndrome de malestar posprandial y síndrome de dolor epigástrico, aunque ambos pueden solaparse.

El diagnóstico debe basarse principalmente en la valoración clínica y en la identificación de signos de alarma, evitando la realización sistemática de pruebas complementarias cuando no estén indicadas.

Las medidas higiénico-dietéticas constituyen una parte fundamental del manejo. Se debe priorizar una alimentación equilibrada y adaptada a cada paciente, evitando dietas restrictivas innecesarias. La dieta mediterránea puede considerarse un patrón alimentario saludable, aunque la evidencia disponible no permite establecerla como tratamiento exclusivo de la dispepsia funcional.

El tratamiento farmacológico debe individualizarse según el perfil sintomático y la respuesta del paciente. En determinados casos pueden utilizarse IBP, procinéticos o neuromoduladores, siempre valorando la evidencia disponible y las características individuales.

El eje cerebro-intestino y los factores psicosociales pueden influir en la evolución de la enfermedad, por lo que las intervenciones psicológicas pueden formar parte del tratamiento de determinados pacientes.

Finalmente, Atención Primaria tiene un papel esencial en la educación sanitaria, el seguimiento y la detección de signos de alarma, reservando la derivación especializada para aquellos casos que presenten evolución desfavorable, síntomas persistentes o graves, signos de alarma o una repercusión significativa sobre la calidad de vida.

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