Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 928
Autor principal (primer firmante): Marta Morón Ocaso
Fecha recepción: 27/07/2026
Fecha aceptación: 23/08/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 928
Autores:
Marta Morón Ocaso
María Celeste García Carreras
Samuel Roa Mejía
Ana María Peris Gargallo
José Luis Abenia Sancho
Marta González Tomás
Categoría profesional: TOTAL STAFF
Resumen
El acceso universal a la sanidad es un derecho básico que debería garantizar que cualquier persona reciba atención médica en igualdad de condiciones. Sin embargo, en la práctica esto no siempre ocurre, especialmente en el caso de la población migrante, que a menudo se encuentra con barreras como el idioma o la burocracia, que dificultan el acceso al sistema sanitario.
Cuando una persona no domina el idioma del país al que llega, entrar en el sistema de salud se vuelve complicado. Esto dificulta la comunicación y aumenta el riesgo de que ciertos colectivos queden excluidos, algo que las administraciones deben evitar.
Este texto analiza esas dificultades, tanto administrativas como culturales y lingüísticas, y plantea algunas soluciones prácticas: usar pictogramas universales, traducir formularios a varios idiomas, formar al personal en competencias interculturales y simplificar los trámites para obtener la tarjeta sanitaria. Superar estas barreras no solo garantiza el derecho a la salud, sino que también mejora el funcionamiento del sistema en general.
Palabras clave:
Población Migrante; Accesibilidad a los Servicios de Salud; Barreras Administrativas; Competencia Cultural; Equidad en Salud.
Desarrollo
El primer contacto de una persona migrante con el sistema sanitario suele ser en los mostradores de admisión de los centros de salud. Es ahí donde aparecen numerosos problemas: dificultades para comunicarse, desconocimiento de los trámites o falta de preparación intercultural por parte del personal. Todo esto puede generar situaciones de exclusión sin que haya mala intención. Además, estos problemas acaban trasladándose a urgencias, lo que satura el sistema y aumenta los costes.
En general, las dificultades se pueden resumir en tres grandes áreas: el idioma, la burocracia y las diferencias culturales.
El idioma es la barrera principal. La falta de personal que hable varios idiomas o de servicios de traducción hace que trámites como registrarse o entender qué documentos se necesitan se vuelvan lentos y confusos. Esto puede provocar errores, retrasos y mucha inseguridad en el paciente.
Por otro lado, la burocracia también complica las cosas. Los procedimientos no solo son complejos, sino que además varían según la comunidad autónoma. Personas en situaciones más vulnerables, como solicitantes de asilo o migrantes sin regularizar, pueden quedar atrapadas en trámites largos y difíciles. Requisitos como el empadronamiento o la acreditación de recursos económicos pueden convertirse en obstáculos importantes.
A esto se suma la falta de formación específica del personal en temas legales e interculturales. Muchas veces, el personal está saturado y no dispone del tiempo ni de las herramientas necesarias para atender adecuadamente a personas que no conocen cómo funciona el sistema sanitario.
Propuestas de mejora
Para facilitar el acceso a la sanidad a la población migrante, se pueden aplicar varias medidas:
Uso de pictogramas universales: incluir señales claras con iconos fáciles de entender para orientar a los pacientes dentro del centro de salud.
Formularios en varios idiomas: traducir documentos importantes a los idiomas más habituales y ofrecer versiones fáciles de leer, incluso accesibles mediante códigos QR.
Formación intercultural obligatoria: preparar al personal para tratar con diversidad cultural, mejorar la comunicación y conocer mejor la normativa.
Simplificar los trámites: reducir la burocracia y mejorar la coordinación entre administraciones para que los procesos sean más rápidos y sencillos, con el apoyo del trabajador social sanitario.
Conclusión
Las barreras administrativas que afectan a las personas migrantes pueden dificultar seriamente su acceso a la sanidad pública, algo que va en contra de un derecho fundamental. Por eso, es importante que las administraciones trabajen para garantizar la igualdad real en el acceso a la salud. Medidas como mejorar la comunicación, adaptar los trámites a distintos idiomas, formar al personal y simplificar los procedimientos pueden marcar la diferencia. Al final, se trata de hacer el sistema más humano y asegurar que el lugar de origen no determine la calidad de vida de una persona.
Bibliografía
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