La desorientación de las personas mayores durante su estancia hospitalaria: papel del técnico en cuidados auxiliares de Enfermería (TCAE)

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 399

Autor principal (primer firmante): Sandra Melus Garcia

Fecha recepción: 30/09/2026

Fecha aceptación: 27/10/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 399

Autores:

  • Sandra Melús García (TCAE) – Hospital Universitario Miguel Servet. Zaragoza
  • Xaqueline Gonzalez Cabrerizo (TCAE) – Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza
  • Cristina Sancho Arbiol (TCAE) – Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza
  • Ionela Tuzan (TCAE) – Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza
  • Wilson Alberto Yepes Quevedo (Enfermero) – Hospital Clínico Universitario Lozano Blesa. Zaragoza

Resumen

La hospitalización es un evento que causa estrés en las personas mayores y puede provocar cambios a nivel cognitivo, incluyendo la desorientación personal, espacial y temporal. Este fenómeno afecta la seguridad del paciente, aumenta el riesgo de caídas, prolonga la estancia hospitalaria y complica la recuperación funcional.

El Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE) juega un papel crucial en la identificación temprana de síntomas de desorientación, el fomento de la autonomía y la orientación del paciente y la prevención del deterioro cognitivo, debido a su contacto constante con los pacientes.

Palabras clave: TCAE, desorientación, personas mayores, hospitalización, delirium, cuidados geriátricos.

Introducción

El paulatino envejecimiento de la población española ha aumentado significativamente el número de personas mayores hospitalizadas. Este grupo tiene una alta vulnerabilidad a complicaciones relacionadas con la hospitalización, incluida la desorientación aguda o el delirio, que se considera una de las urgencias geriátricas más importantes.

Si bien hace tiempo se creía que algunos episodios de confusión eran parte del envejecimiento normal, ahora se reconoce ampliamente que la desorientación no es una parte fisiológica del envejecimiento, sino que generalmente indica cambios agudos en la función cerebral que requieren evaluación y tratamiento tempranos.

El delirio es una complicación común, pero en su mayoría prevenible. Diversos estudios han demostrado que una proporción importante de episodios pueden evitarse con intervenciones simples no farmacológicas, desarrolladas principalmente por el equipo de Enfermería y los Técnicos en Cuidados Auxiliares de Enfermería.

Desorientación hospitalaria: concepto y relevancia clínica

La incapacidad para identificar adecuadamente el tiempo, el espacio o las personas es lo que se conoce como desorientación. Durante la hospitalización suele ser compatible con delirio, caracterizado por un inicio agudo, curso fluctuante y cambios en la atención y el nivel de conciencia, características que lo distinguen de la demencia, que suele ser progresiva y crónica.

Pero no toda desorientación significa necesariamente un delirio total. Algunos pacientes presentan cambios cognitivos agudos que no cumplen con todos los criterios diagnósticos, lo que sugiere continuidad de la disfunción cognitiva durante la hospitalización.

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Frecuencia y repercusión clínica

El delirium es una de las complicaciones más comunes en pacientes geriátricos hospitalizados, según la evidencia científica. Aproximadamente uno de cada tres pacientes mayores de 70 años admitidos en salas médicas desarrolla delirio, aunque la prevalencia puede superar el 50 % en ciertos grupos de medicina interna y aumenta especialmente después de una cirugía mayor, fractura de cadera, cirugía cardíaca o ventilación mecánica. Los primeros episodios suelen aparecer durante las primeras 48 horas del ingreso hospitalario.

La incidencia es particularmente alta en pacientes con demencia o deterioro cognitivo previo. Estudios recientes muestran que casi el 40 % de los pacientes ancianos hospitalizados tienen algún deterioro cognitivo, siendo más del 50 % de los mayores de 85 años.

La aparición de delirium se asocia con:

  • Incremento de la estancia hospitalaria
  • Mayor riesgo de caídas
  • Arrancamiento accidental de vías y sondas
  • Mayor dependencia funcional
  • Incremento de la mortalidad
  • Mayor institucionalización tras el alta
  • Deterioro cognitivo persistente

Por ello, actualmente se considera un importante indicador de calidad asistencial.

Factores de riesgo

El delirium presenta un origen multifactorial en el que confluyen factores predisponentes y desencadenantes.

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Factores relacionados con el paciente

  • Edad avanzada.
  • Fragilidad.
  • Deterioro cognitivo previo o demencia.
  • Dependencia funcional.
  • Déficit visual y auditivo.
  • Deshidratación.
  • Malnutrición.
  • Infecciones.
  • Dolor.
  • Enfermedades crónicas múltiples.

Factores relacionados con la hospitalización

  • Cirugía.
  • Inmovilidad prolongada.
  • Polifarmacia.
  • Benzodiacepinas, opioides y otros fármacos delirógenos.
  • Cateterización urinaria.
  • Alteraciones hidroelectrolíticas.
  • Privación del sueño.
  • Cambios frecuentes de habitación.

Factores ambientales

  • Ruido nocturno.
  • Iluminación inadecuada.
  • Ausencia de referencias temporales.
  • Entorno desconocido.
  • Separación de la familia.
  • Déficits sensoriales no corregidos.

Detección precoz

Uno de los principales problemas del delirium sigue siendo su infradiagnóstico. Se calcula que más de un tercio de los casos no son detectados por el personal sanitario, en particular la forma hipoactiva, que se suele presentar con letargo, desgano o reducción de la actividad.

Entre las causas destacan:

  • Escasa formación específica.
  • Dificultades en la comunicación interdisciplinar.
  • Limitaciones organizativas.
  • Confusión con la demencia.

Las herramientas de cribado como 4AT, 3D-CAM y Family CAM facilitan la detección precoz y permiten valorar cambios respecto al estado cognitivo basal del paciente.

Papel del técnico en cuidados auxiliares de enfermería

Dado que el TCAE es uno de los profesionales con más tiempo de contacto directo con los pacientes hospitalizados, se vuelve una persona fundamental para prevenir y detectar a tiempo el delirium.

Observación continua

Debe vigilar:

  • Cambios bruscos del comportamiento.
  • Somnolencia o apatía.
  • Agitación.
  • Desorientación temporal o espacial.
  • Lenguaje incoherente.
  • Alucinaciones.
  • Alteraciones del ciclo sueño-vigilia.

Cualquier cambio debe comunicarse inmediatamente al personal de Enfermería.

Favorecer la orientación

El TCAE puede realizar intervenciones sencillas como:

  • Informar sobre el día, la fecha y el lugar.
  • Explicar previamente los procedimientos.
  • Mantener visibles calendarios y relojes.
  • Favorecer la presencia de objetos personales.
  • Facilitar el contacto con familiares.

La orientación debe realizarse de forma flexible y centrada en la persona, evitando correcciones repetitivas que puedan generar ansiedad o desconfianza.

Promoción del descanso

  • Reducir ruidos nocturnos.
  • Evitar interrupciones innecesarias.
  • Mantener horarios regulares.

Movilización precoz

Siempre que la situación clínica lo permita:

  • Sedestación.
  • Deambulación supervisada.
  • Cambios posturales.
  • Ejercicios de movilización.

Hidratación y alimentación

El TCAE participa en:

  • Vigilancia de la ingesta.
  • Ayuda durante las comidas.
  • Control de signos de deshidratación.
  • Registro de incidencias.

Corrección de déficits sensoriales

Debe comprobar que el paciente dispone de:

  • Gafas.
  • Audífonos.
  • Prótesis dentales.

Estimulación cognitiva

Las conversaciones sobre acontecimientos cotidianos, la familia o las actividades habituales ayudan a mantener la orientación y disminuir la ansiedad.

Prevención basada en la evidencia

Actualmente existe un amplio consenso en que las intervenciones no farmacológicas multicomponente constituyen la estrategia más eficaz para prevenir el delirium, consiguiendo reducir su incidencia entre un 30 % y un 50 %.

Estas medidas incluyen:

  • Reorientación frecuente.
  • Movilización precoz.
  • Hidratación adecuada.
  • Corrección de déficits visuales y auditivos.
  • Promoción del sueño.
  • Estimulación cognitiva.
  • Control del dolor.
  • Participación activa de la familia.
  • Evitar sujeciones físicas siempre que sea posible.

El tratamiento farmacológico únicamente está indicado en situaciones de agitación grave que comprometan la seguridad del paciente o del personal sanitario.

Conclusiones

Una de las complicaciones más comunes y significativas en los ancianos es la desorientación durante el período de hospitalización. En la mayoría de las situaciones se trata de un episodio de delirium, un cambio agudo potencialmente prevenible que aumenta la morbilidad y la mortalidad, prolonga la estancia hospitalaria y acelera el deterioro funcional y cognitivo.

El TCAE es un profesional fundamental para la implementación de intervenciones no farmacológicas simples, ya que la evidencia científica muestra que una porción significativa de estos episodios puede prevenirse. Las medidas esenciales que ayudan a incrementar la seguridad del paciente y la calidad de los cuidados incluyen la movilización, la detección temprana, el apoyo emocional, la hidratación, la promoción de la orientación y el monitoreo constante.

Para hacer frente apropiadamente al envejecimiento gradual de la población y a las actuales necesidades de atención, se tiene que tener en cuenta que la capacitación específica de los TCAE en geriatría y prevención del delirium es prioritaria.

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