Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 11–Noviembre 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 11: 55
Autor principal (primer firmante): Nerea Cava Colea
Fecha recepción: 05/10/2026
Fecha aceptación: 01/11/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(11): 55
Autores:
- Nerea Cava Colea
- Nazaret García Ramos
- Maria Moreno Martin
- Iván Beltrán García
- María de los Ángeles Mérida Cebollero
- Vanessa Álvarez Sánchez
Palabras clave: quemaduras, cuidados de enfermería, dolor, heridas, infección, fluidoterapia, cicatrización
Resumen
Las quemaduras constituyen lesiones producidas por agentes térmicos, químicos, eléctricos o por radiación y pueden afectar desde las capas más superficiales de la piel hasta estructuras profundas. Su gravedad depende de la extensión, profundidad, localización, edad del paciente y presencia de lesiones asociadas. Las quemaduras extensas pueden producir alteraciones hemodinámicas, pérdida de líquidos, trastornos metabólicos, infección y afectación multiorgánica.
La atención comienza con una valoración sistemática que permita identificar compromiso de la vía aérea, alteraciones respiratorias y circulatorias, extensión de la superficie corporal quemada y profundidad de las lesiones. En quemaduras extensas puede ser necesaria fluidoterapia intravenosa calculada según el peso y la superficie afectada, con ajustes posteriores según la respuesta clínica y la diuresis.
El control del dolor constituye uno de los principales objetivos de los cuidados. Las heridas deben limpiarse y cubrirse utilizando productos adecuados a sus características, evitando manipulaciones innecesarias. La vigilancia de signos de infección, el soporte nutricional y la movilización precoz ayudan a disminuir complicaciones. La rehabilitación y el seguimiento de cicatrices son especialmente importantes cuando existe afectación profunda o de articulaciones. Un abordaje multidisciplinar permite integrar tratamiento de la herida, prevención de secuelas funcionales y apoyo emocional.
Abstract
Burns are injuries caused by thermal, chemical, electrical or radiation agents and may affect from the most superficial layers of the skin to deeper structures. Their severity depends on the extent, depth, location, patient age and presence of associated injuries. Extensive burns may cause haemodynamic disturbances, fluid loss, metabolic abnormalities, infection and multiorgan involvement.
Care begins with a systematic assessment to identify airway compromise, respiratory and circulatory abnormalities, extent of total body surface area burned and depth of the injuries. Extensive burns may require intravenous fluid resuscitation calculated according to body weight and affected surface area, with subsequent adjustments according to clinical response and urine output.
Pain control is one of the main goals of care. Wounds should be cleaned and covered using products appropriate to their characteristics, avoiding unnecessary manipulation. Monitoring for signs of infection, nutritional support and early mobilisation help reduce complications. Rehabilitation and scar follow-up are particularly important when deep burns or joint areas are involved. A multidisciplinary approach integrates wound treatment, prevention of functional sequelae and emotional support.
Introducción
Las quemaduras pueden producir desde lesiones cutáneas leves hasta cuadros graves con riesgo vital. La piel actúa como barrera frente a la pérdida de líquidos, microorganismos y cambios de temperatura, por lo que una lesión extensa puede alterar múltiples funciones fisiológicas.
La valoración inicial debe determinar la profundidad de la lesión y el porcentaje de superficie corporal afectada. También debe identificar circunstancias que aumentan la gravedad, como quemaduras faciales, lesiones por inhalación, afectación eléctrica o química y compromiso de manos, pies, genitales o grandes articulaciones.
En los pacientes con quemaduras extensas, la respuesta inflamatoria sistémica puede producir un aumento de la permeabilidad capilar y una importante pérdida de volumen intravascular. Esto explica la necesidad de una reposición de líquidos cuidadosamente controlada durante las primeras horas.
El tratamiento local debe acompañarse de analgesia, soporte nutricional, prevención de infecciones y rehabilitación precoz cuando sea necesario.
Desarrollo
Valoración inicial
La valoración debe seguir una secuencia estructurada.
La vía aérea constituye una prioridad, especialmente cuando la quemadura se produce en espacios cerrados o existen lesiones faciales.
Debe observarse la presencia de hollín, alteraciones de la voz, quemaduras en cara o cuello y dificultad respiratoria.
La aparición progresiva de edema puede comprometer la vía aérea horas después del accidente.
Cuando existe sospecha significativa de lesión inhalatoria debe realizarse una valoración precoz especializada.
Respiración y circulación
La saturación de oxígeno, frecuencia respiratoria y trabajo respiratorio deben monitorizarse.
En determinadas exposiciones a humo puede existir intoxicación por monóxido de carbono incluso con una saturación convencional aparentemente normal.
La valoración circulatoria debe incluir frecuencia cardíaca, presión arterial, perfusión periférica y estado mental.
Las quemaduras extensas pueden producir hipovolemia progresiva por pérdida de líquido hacia el espacio intersticial.
La detección precoz permite iniciar una reposición adecuada.
Superficie corporal quemada
La extensión se expresa habitualmente como porcentaje de superficie corporal total quemada.
En adultos puede utilizarse la regla de los nueve.
En niños deben emplearse métodos adaptados a las proporciones corporales, como la tabla de Lund y Browder.
La palma de la mano del propio paciente, incluyendo los dedos, puede utilizarse de forma aproximada para lesiones pequeñas.
La estimación debe excluir generalmente las quemaduras superficiales que solo afectan al eritema.
Profundidad de la quemadura
Las quemaduras superficiales afectan principalmente a la epidermis y suelen presentar eritema y dolor.
Las de espesor parcial afectan epidermis y parte de la dermis y pueden presentar ampollas y una superficie húmeda.
Las lesiones profundas pueden mostrar menor sensibilidad por destrucción de terminaciones nerviosas.
Las quemaduras de espesor total destruyen toda la dermis.
La profundidad puede modificarse durante las primeras horas o días, por lo que debe reevaluarse.
Enfriamiento inicial
En quemaduras térmicas recientes puede utilizarse agua corriente fresca durante un tiempo limitado.
No deben aplicarse hielo directamente ni sustancias caseras.
El frío excesivo puede producir vasoconstricción e hipotermia, especialmente en niños o personas con quemaduras extensas.
Deben retirarse prendas y objetos calientes que no estén adheridos a la piel.
Anillos, relojes y otros objetos deben retirarse antes de que aparezca edema importante.
Prevención de hipotermia
Aunque inicialmente se enfríe localmente la lesión, posteriormente debe evitarse la pérdida general de temperatura.
Las personas con grandes superficies cutáneas dañadas pierden calor con facilidad. La exposición prolongada durante las curas puede favorecer hipotermia.
La temperatura ambiental y corporal deben controlarse.
Los líquidos intravenosos pueden calentarse cuando está indicado en pacientes con grandes quemaduras.
Fluidoterapia
Las quemaduras extensas pueden necesitar reposición intravenosa.
La cantidad inicial puede estimarse mediante fórmulas basadas en peso y superficie corporal quemada.
Estas fórmulas constituyen únicamente un punto de partida.
La administración debe ajustarse según la respuesta del paciente.
El lactato de Ringer se utiliza habitualmente durante la fase inicial de reanimación.
Una reposición insuficiente puede producir hipoperfusión, mientras que el exceso favorece edema y otras complicaciones.
Diuresis
La diuresis constituye uno de los principales parámetros para valorar la respuesta a la fluidoterapia.
Debe registrarse de forma horaria en pacientes graves.
Una disminución puede indicar reposición insuficiente, lesión renal u otras complicaciones.
La cantidad objetivo depende de edad, peso y características de la lesión.
Las quemaduras eléctricas pueden requerir objetivos diferentes debido al riesgo de rabdomiólisis.
La fluidoterapia debe modificarse según la evolución y no mantenerse únicamente por el cálculo inicial.
Quemaduras eléctricas
Las lesiones eléctricas pueden producir un daño interno mayor del que muestra la superficie cutánea.
La corriente puede afectar músculos, nervios y corazón.
Debe conocerse el tipo y voltaje de la exposición cuando sea posible. Puede ser necesaria monitorización electrocardiográfica.
La destrucción muscular puede liberar mioglobina y favorecer lesión renal. Las alteraciones neurológicas y vasculares también requieren vigilancia.
Quemaduras químicas
Las quemaduras químicas requieren retirar rápidamente el agente responsable.
La ropa contaminada debe eliminarse utilizando las medidas de protección adecuadas.
En la mayoría de exposiciones se realiza irrigación abundante con agua, aunque existen productos que necesitan protocolos específicos.
Los productos secos deben retirarse cuidadosamente antes de irrigar.
El personal sanitario debe protegerse para evitar una exposición secundaria.
La identificación del producto facilita seleccionar las medidas correctas.
Dolor
El dolor puede ser intenso y variar durante la evolución.
Las curas y procedimientos suelen aumentar significativamente la intensidad. Debe diferenciarse el dolor basal del dolor relacionado con las intervenciones. Los analgésicos deben administrarse antes de las curas cuando sea posible.
Las quemaduras extensas pueden necesitar opioides intravenosos durante la fase inicial. La valoración debe repetirse después de administrar el tratamiento.
Ansiedad y dolor procedimental
El dolor suele acompañarse de ansiedad.
Explicar previamente el procedimiento ayuda a disminuir el miedo. Pueden utilizarse técnicas de distracción y apoyo psicológico.
En niños, estas intervenciones resultan especialmente importantes. Determinadas curas pueden requerir sedación según extensión y tolerancia.
Una experiencia dolorosa mal controlada puede generar miedo intenso a procedimientos posteriores.
Limpieza de las heridas
La limpieza debe retirar restos visibles y facilitar la valoración. Se utilizan soluciones adecuadas según los protocolos del centro. Debe evitarse traumatizar tejido viable.
Las ampollas se manejan según tamaño, localización y características clínicas. No existe una única estrategia válida para todas las lesiones.
Después de la limpieza debe aplicarse una cobertura adecuada que proteja el lecho y facilite la cicatrización.
Apósitos
La elección depende de profundidad, exudado, localización y riesgo de infección.
Los apósitos modernos pueden permanecer varios días en determinadas heridas, disminuyendo el número de curas dolorosas.
Otros necesitan cambios más frecuentes.
El objetivo es mantener un entorno apropiado para la cicatrización y evitar adherencias traumáticas.
La piel alrededor de la lesión también debe protegerse. La evolución debe reevaluarse en cada cura.
Antimicrobianos tópicos
Algunas quemaduras pueden beneficiarse de productos antimicrobianos locales. La elección depende del tipo de lesión y protocolo utilizado.
No deben aplicarse indiscriminadamente productos capaces de retrasar la epitelización. La utilización debe revisarse conforme cambia la herida.
El tratamiento tópico no sustituye una valoración de infección cuando aparecen signos clínicos compatibles.
Antibióticos sistémicos
Los antibióticos sistémicos profilácticos no se utilizan de rutina en todas las quemaduras.
Su administración indiscriminada favorece resistencias y efectos adversos. Deben utilizarse cuando existe una infección clínica o indicación específica.
La fiebre aislada puede relacionarse con la propia respuesta inflamatoria y no confirma infección.
La valoración debe considerar el estado general, herida, resultados microbiológicos y otros focos.
Infección
La pérdida de la barrera cutánea aumenta el riesgo infeccioso.
Deben vigilarse cambios en el aspecto de la herida, aumento del exudado, mal olor, progresión del eritema y deterioro general.
Las infecciones profundas pueden afectar rápidamente al tejido viable.
La asepsia durante las curas y manipulación de dispositivos resulta fundamental. La higiene de manos continúa siendo una de las principales medidas preventivas.
Tétanos
Debe revisarse el estado de vacunación antitetánica.
La necesidad de dosis de recuerdo o inmunoglobulina depende del tipo de herida y de la historia vacunal.
La profilaxis debe administrarse según las recomendaciones vigentes.
La quemadura ofrece una oportunidad para actualizar la inmunización cuando sea necesario.
Nutrición
Las quemaduras extensas producen un estado hipermetabólico que aumenta considerablemente las necesidades energéticas y proteicas.
El soporte nutricional debe comenzar precozmente en pacientes graves.
La nutrición enteral suele ser preferible cuando el tubo digestivo puede utilizarse. Una ingesta adecuada favorece la cicatrización y ayuda a mantener la masa muscular. El seguimiento nutricional debe adaptarse a la extensión y evolución de las lesiones.
Movilización precoz
La inmovilidad favorece debilidad, rigidez y contracturas.
Debe iniciarse movilización tan pronto como la situación clínica lo permita.
Las articulaciones afectadas necesitan una atención especial. La fisioterapia puede incluir ejercicios activos y pasivos.
El dolor debe controlarse para facilitar la participación.
La rehabilitación precoz reduce el riesgo de secuelas funcionales.
Posicionamiento
Las posiciones mantenidas pueden favorecer contracturas.
La colocación del paciente debe planificarse según las zonas afectadas.
En quemaduras de cuello, axilas, manos y articulaciones resulta especialmente importante evitar posturas que favorezcan acortamientos.
Las férulas pueden ser necesarias en determinadas lesiones.
El plan debe ser individualizado por rehabilitación y fisioterapia.
Quemaduras de manos
Las manos presentan una elevada relevancia funcional. El edema puede aparecer rápidamente.
Debe vigilarse perfusión, movilidad y sensibilidad.
La posición funcional y la movilización precoz son importantes. Las quemaduras profundas pueden requerir cirugía.
La rehabilitación debe continuar después de la cicatrización para conservar fuerza y amplitud de movimiento.
Quemaduras circunferenciales
Las quemaduras profundas que rodean completamente una extremidad pueden actuar como una banda rígida durante el desarrollo del edema.
Esto puede comprometer la circulación distal.
Debe vigilarse color, temperatura, pulsos, sensibilidad y relleno capilar.
Las lesiones circunferenciales del tórax también pueden dificultar la expansión respiratoria.
En determinados casos puede ser necesaria una escarotomía urgente.
Tratamiento quirúrgico
Las quemaduras profundas pueden necesitar escisión del tejido desvitalizado e injertos cutáneos.
La cirugía permite reducir determinadas complicaciones y favorecer el cierre de la herida.
La indicación depende de profundidad, extensión y localización.
Los cuidados posteriores deben proteger el injerto y evitar movimientos que comprometan su adherencia durante las primeras fases.
Posteriormente será necesario recuperar progresivamente la movilidad.
Cicatrices
Las quemaduras profundas pueden producir cicatrices hipertróficas.
Estas pueden provocar alteraciones estéticas, picor y limitación del movimiento.
El seguimiento puede incluir prendas de compresión, productos de silicona, masaje y otras intervenciones.
La estrategia depende de la evolución de la cicatriz.
La protección frente a la exposición solar adquiere especial importancia durante la maduración.
Prurito
El picor es frecuente durante la cicatrización.
Puede interferir con el sueño y provocar lesiones por rascado. La hidratación de la piel puede ayudar.
En casos significativos pueden utilizarse tratamientos farmacológicos. La familia debe conocer que el prurito puede persistir durante meses.
El control adecuado mejora el confort y evita daño secundario sobre la piel nueva.
Imagen corporal
Las cicatrices visibles pueden afectar a la autoestima y adaptación social.
Esto es especialmente relevante cuando afectan a cara, manos u otras áreas expuestas. El impacto psicológico no depende únicamente de la extensión de la lesión.
El apoyo emocional debe iniciarse durante la hospitalización y mantenerse cuando sea necesario.
La rehabilitación debe integrar objetivos físicos y psicosociales.
Cuidados de enfermería
Enfermería participa en la valoración del dolor, curas, vigilancia de la fluidoterapia y detección de complicaciones.
Debe registrar balance hídrico, diuresis y evolución de las heridas en pacientes graves. También participa en la prevención de infecciones y administración de analgesia.
La educación al paciente y a la familia forma parte del proceso.
Los registros fotográficos pueden utilizarse cuando están autorizados y siguiendo la normativa del centro.
Papel del TCAE
Los TCAE colaboran directamente en higiene, movilización, cambios posturales y confort.
También pueden observar cambios en la piel, apósitos, eliminación o estado general durante los cuidados cotidianos.
Las alteraciones deben comunicarse a Enfermería.
En pacientes dependientes, la higiene debe realizarse evitando traumatizar las zonas lesionadas.
La participación coordinada de todo el equipo facilita una atención continua.
Criterios de derivación a unidades especializadas
Las quemaduras extensas o profundas pueden necesitar atención en unidades especializadas.
También deben valorarse especialmente las lesiones de cara, manos, pies, genitales, periné y grandes articulaciones.
Las quemaduras eléctricas, químicas y las lesiones por inhalación presentan igualmente criterios específicos de derivación.
La edad y las enfermedades asociadas pueden modificar la decisión.
La consulta temprana con una unidad de quemados puede ser recomendable ante dudas sobre la gravedad.
Educación al alta
El paciente debe conocer cómo realizar las curas y mantener los apósitos. También debe saber qué signos pueden indicar infección.
La analgesia debe administrarse según la pauta indicada. La protección solar de la piel cicatrizada es fundamental.
Deben explicarse los ejercicios y cuidados de las cicatrices cuando estén indicados.
El seguimiento permite detectar contracturas, alteraciones de cicatrización y otras secuelas.
Conclusión
Las quemaduras constituyen lesiones de gravedad variable que pueden afectar únicamente a la piel o producir alteraciones sistémicas importantes cuando presentan una gran extensión o profundidad.
La valoración inicial debe priorizar la vía aérea, respiración y circulación, prestando especial atención a las lesiones inhalatorias y a las quemaduras eléctricas o químicas.
La extensión y profundidad determinan gran parte de la estrategia terapéutica. En quemaduras extensas, la fluidoterapia debe iniciarse de forma calculada y posteriormente ajustarse según la evolución clínica y la diuresis, evitando tanto la hipoperfusión como la sobrecarga.
El control del dolor constituye una parte fundamental durante toda la atención, especialmente antes de las curas y procedimientos.
El tratamiento local debe buscar una adecuada limpieza, protección del lecho y mantenimiento de condiciones favorables para la cicatrización. Los antibióticos sistémicos no deben emplearse de manera profiláctica en ausencia de infección.
El soporte nutricional y la movilización precoz adquieren especial importancia en las quemaduras extensas. La rehabilitación debe comenzar durante la fase aguda para prevenir rigidez y contracturas.
Las lesiones profundas pueden requerir cirugía e injertos, mientras que el seguimiento posterior debe atender a la evolución de las cicatrices y al impacto funcional y emocional.
Finalmente, el manejo requiere la coordinación de diferentes profesionales. El objetivo no consiste únicamente en conseguir el cierre de las heridas, sino también en prevenir infecciones, conservar la función, controlar el dolor y reducir las secuelas físicas y psicológicas a largo plazo.
Bibliografía
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