Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 11–Noviembre 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 11: 54
Autor principal (primer firmante): Awa Kouyate Diabate
Fecha recepción: 05/10/2026
Fecha aceptación: 01/11/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(11): 54
Autores:
- Awa Kouyate Diabate
- M. Angeles Barrachina Abós
- María Carmen Casas Aler
- Ana Cristina Saz Bazaco
- Natalia Miro Ferrer
- Saudy Mauden Gómez Álvarez
Palabras clave: movilidad reducida, TCAE, movilización, dependencia, cuidados básicos, seguridad del paciente, hospitalización
Resumen
La movilidad reducida es frecuente entre los pacientes hospitalizados y puede estar relacionada con enfermedades agudas o crónicas, intervenciones quirúrgicas, traumatismos, alteraciones neurológicas, edad avanzada o deterioro funcional. La limitación del movimiento puede dificultar la realización autónoma de actividades básicas y favorecer diferentes complicaciones cuando se mantiene durante periodos prolongados.
El Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería participa directamente en la atención cotidiana de estos pacientes mediante la ayuda en la higiene, alimentación, eliminación, vestido, movilización y mantenimiento del confort. Estos cuidados deben adaptarse al grado real de dependencia, favoreciendo que la persona mantenga todas las capacidades que conserva.
La prevención de lesiones por presión, caídas, deterioro cutáneo y consecuencias de la inmovilidad requiere una observación continuada y una correcta coordinación entre profesionales. Las movilizaciones deben realizarse mediante técnicas seguras y utilizando ayudas técnicas cuando estén indicadas. Una atención individualizada permite reducir complicaciones y preservar la autonomía, dignidad y calidad de vida del paciente.
Abstract
Reduced mobility is common among hospitalised patients and may be related to acute or chronic diseases, surgical procedures, trauma, neurological disorders, advanced age or functional impairment. Limited movement can make independent performance of basic activities difficult and may contribute to different complications when prolonged.
Nursing Care Assistants participate directly in the daily care of these patients by assisting with hygiene, nutrition, elimination, dressing, mobilisation and comfort. Care should be adapted to the patient’s actual level of dependence while encouraging the maintenance of remaining abilities.
Preventing pressure injuries, falls, skin deterioration and other consequences of immobility requires continuous observation and proper coordination among healthcare professionals. Mobilisation should be performed using safe techniques and appropriate assistive devices when indicated. Individualised care helps reduce complications while preserving patient autonomy, dignity and quality of life.
Introducción
La capacidad para desplazarse y cambiar de posición de forma autónoma influye directamente sobre numerosas actividades de la vida diaria. Cuando esta capacidad disminuye, la persona puede necesitar ayuda parcial o completa para realizar acciones tan habituales como levantarse, asearse, vestirse o utilizar el baño.
La movilidad reducida no implica necesariamente inmovilidad absoluta. Algunos pacientes pueden caminar con ayuda, otros necesitan dispositivos de apoyo y otros permanecen gran parte del tiempo en cama o silla. Por este motivo, los cuidados deben adaptarse a las capacidades individuales.
Durante la hospitalización, la reducción de la actividad puede favorecer pérdida de fuerza y autonomía, especialmente en personas mayores o previamente vulnerables. Mantener el máximo nivel de movilidad posible constituye por tanto un objetivo importante dentro de los cuidados.
El TCAE participa de manera directa en numerosas actividades relacionadas con la movilización y necesidades básicas, lo que permite además detectar cambios funcionales y comunicarlos al equipo.
Desarrollo
Atención a las necesidades básicas y mantenimiento de la autonomía
La atención debe comenzar valorando qué actividades puede realizar el paciente por sí mismo y en cuáles necesita ayuda. Una persona que tarda más tiempo en vestirse o asearse no necesariamente necesita que el profesional realice completamente estas tareas.
Favorecer la autonomía ayuda a conservar capacidades y proporciona al paciente una mayor sensación de control. La ayuda debe adaptarse a las necesidades reales y modificarse según evolucione su situación.
La higiene constituye uno de los cuidados que con mayor frecuencia requieren asistencia. Dependiendo de la movilidad, puede realizarse en el baño, sentado o en cama. Durante el aseo deben respetarse la intimidad y preferencias y permitir que la persona participe siempre que resulte posible.
La piel necesita una observación especial. La reducción del movimiento puede aumentar el tiempo durante el cual determinadas zonas permanecen sometidas a presión. El sacro, talones, codos y otras prominencias óseas deben vigilarse, especialmente en pacientes que pasan largos periodos en cama.
La ropa de cama debe mantenerse limpia, seca y sin elementos que puedan generar incomodidad. Cuando existe incontinencia, la higiene debe realizarse siempre que resulte necesario para evitar la exposición prolongada de la piel a humedad.
La alimentación también puede verse afectada. Una persona puede tener capacidad para comer, pero no para adoptar por sí sola una posición adecuada o acercar la bandeja.
Facilitar estos elementos puede permitir que mantenga su independencia.
Las necesidades de eliminación requieren igualmente atención. El acceso al baño debe facilitarse cuando sea posible. Si necesita cuña, botella u otros dispositivos, deben colocarse correctamente y retirarse manteniendo la intimidad y comodidad.
Movilización y prevención de complicaciones
La inmovilidad prolongada puede producir diferentes efectos sobre el organismo. La pérdida de fuerza muscular puede aparecer rápidamente cuando disminuye de manera importante la actividad física. También pueden producirse rigidez, disminución de la tolerancia al esfuerzo y mayor dependencia.
Por ello, siempre que la situación clínica lo permita debe favorecerse la movilización indicada. Sentarse, levantarse o caminar pequeñas distancias pueden formar parte del proceso de recuperación.
Los cambios posturales son especialmente importantes en personas incapaces de modificar por sí mismas su posición. Deben realizarse siguiendo el plan establecido y adaptándose al riesgo individual.
La movilización debe efectuarse mediante técnicas seguras tanto para el paciente como para los profesionales. Arrastrar directamente a una persona sobre la cama puede producir fricción y lesiones cutáneas. Cuando sea necesario deben utilizarse entremetidas, dispositivos deslizantes, grúas u otras ayudas técnicas disponibles.
Antes de movilizar es necesario observar el entorno. Frenos de cama o silla, altura adecuada, obstáculos, calzado y presencia de sondas o vías pueden determinar la seguridad del procedimiento.
Cuando existen dispositivos, debe comprobarse que disponen de longitud suficiente y que no quedan atrapados. Después de la movilización es necesario revisar nuevamente su posición.
La prevención de caídas constituye otra prioridad. Un paciente que puede mantenerse de pie no necesariamente puede caminar de forma segura. La debilidad, mareo, medicación o pérdida de equilibrio pueden aumentar el riesgo.
Debe proporcionarse la ayuda indicada y evitar que el paciente intente realizar transferencias para las que todavía no tiene capacidad. Al mismo tiempo, limitar innecesariamente toda movilidad por miedo a una caída también puede favorecer un mayor deterioro funcional.
Confort, seguridad y entorno
El entorno inmediato debe facilitar la autonomía. El timbre debe permanecer accesible y los objetos de uso frecuente deben colocarse al alcance cuando sea seguro.
La cama debe mantenerse a una altura adecuada según el momento asistencial y con los sistemas de seguridad indicados. Las ruedas deben permanecer frenadas cuando corresponda.
El calzado utilizado para caminar debe proporcionar estabilidad. Las prendas excesivamente largas o los objetos situados en las zonas de paso pueden aumentar el riesgo de tropiezos.
Las ayudas técnicas deben encontrarse accesibles y en buen estado. Bastones, andadores o sillas de ruedas deben utilizarse correctamente y ajustarse a las necesidades de la persona.
La silla de ruedas requiere especial atención durante las transferencias. Antes de movilizar al paciente deben comprobarse los frenos y retirar o colocar adecuadamente reposapiés y otros elementos según la maniobra.
El confort postural también es importante. Una persona que no puede recolocarse puede permanecer durante largos periodos en una posición incómoda sin poder solucionarlo. La observación y las preguntas directas permiten detectar estas situaciones.
El dolor puede reducir todavía más la movilidad. Cuando el paciente expresa dolor al moverse o el TCAE observa gestos de molestia, debe comunicarlo para que pueda ser valorado.
Dimensión emocional y papel del TCAE
La pérdida de movilidad puede generar frustración, dependencia y miedo. Una persona que antes realizaba todas sus actividades de manera autónoma puede necesitar repentinamente ayuda para asearse o utilizar el baño.
La forma en que se proporciona esta ayuda influye en su experiencia. Debe evitarse infantilizar al paciente o realizar actividades sin contar con él.
Antes de movilizarlo debe explicarse qué se va a hacer y solicitar su colaboración. Esto mejora la seguridad y permite que utilice las capacidades que conserva.
La intimidad debe mantenerse especialmente durante la higiene, vestido y eliminación. La dependencia física no disminuye el derecho a decidir sobre los propios cuidados.
El TCAE también puede detectar cambios en la capacidad funcional. Un paciente que el día anterior caminaba con ayuda y actualmente no consigue mantenerse sentado puede estar experimentando un cambio relevante que debe comunicarse.
La comunicación entre turnos permite mantener la continuidad de los cuidados y conocer qué tipo de ayuda necesita la persona en cada momento.
Cuando la dependencia continuará después del alta, el paciente y sus cuidadores pueden necesitar educación sobre movilizaciones seguras, ayudas técnicas y prevención de complicaciones.
El objetivo de los cuidados no debe limitarse a suplir las actividades que la persona no puede realizar. Siempre que sea posible debe trabajarse para mantener y recuperar su autonomía.
Conclusión
La movilidad reducida puede afectar de forma importante a la autonomía y aumentar el riesgo de complicaciones durante la hospitalización.
Los cuidados deben adaptarse al grado real de dependencia y favorecer la participación del paciente en todas las actividades que todavía pueda realizar.
El TCAE participa directamente en la higiene, alimentación, eliminación, movilización y mantenimiento del confort.
La inmovilidad prolongada puede favorecer pérdida de fuerza, deterioro funcional y lesiones cutáneas, por lo que debe promoverse la movilidad siempre que la situación clínica lo permita.
Las movilizaciones deben realizarse mediante técnicas seguras y utilizando ayudas técnicas cuando estén indicadas.
La prevención de caídas requiere adaptar el entorno y proporcionar el nivel de ayuda adecuado sin limitar innecesariamente la actividad.
La observación cotidiana permite detectar cambios en la piel, dolor o pérdida progresiva de capacidades.
La intimidad y dignidad deben mantenerse independientemente del grado de dependencia.
La comunicación entre profesionales resulta esencial para garantizar continuidad y adaptar los cuidados a la evolución.
El objetivo final es proporcionar una asistencia segura que prevenga complicaciones y conserve el máximo nivel posible de autonomía del paciente.
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