Competencias y cuidados de Enfermería en el paciente adulto sometido a ECMO en la Unidad de Cuidados Intensivos. Autores

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 11–Noviembre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 11: 38

Autor principal (primer firmante): Alba Zubieta Cordón

Fecha recepción: 05/10/2026

Fecha aceptación: 01/11/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(11): 38

Autores:

  • Alba Zubieta Cordón. Categoría profesional: Enfermería.
  • Laura Chivite Felipe. Categoría profesional: Enfermería.
  • Rocio Ausejo Valles. Categoría profesional: Enfermería.

Resumen

La oxigenación por membrana extracorpórea (ECMO) constituye una modalidad de soporte vital avanzado empleada en pacientes adultos con insuficiencia respiratoria o cardiocirculatoria grave. La elevada complejidad clínica y tecnológica de esta terapia requiere profesionales de Enfermería con conocimientos y competencias específicas que permitan proporcionar unos cuidados seguros, continuos e individualizados. El objetivo de esta revisión es analizar la evidencia científica disponible sobre las competencias y cuidados de Enfermería en el paciente adulto sometido a ECMO en la Unidad de Cuidados Intensivos. Se realizó una revisión bibliográfica narrativa con búsqueda estructurada de la literatura científica publicada principalmente entre enero de 2021 y septiembre de 2026 en las bases de datos PubMed / MEDLINE, CINAHL, Scopus, Web of Science, Cochrane Library y Google Scholar, complementada con documentos de la Extracorporeal Life Support Organization (ELSO).

La evidencia revisada destaca el papel de Enfermería en la valoración y monitorización continua del paciente y del circuito ECMO, la vigilancia de cánulas y oxigenador, el control de la anticoagulación, la prevención y detección precoz de complicaciones hemorrágicas, trombóticas, infecciosas y neurológicas, así como en la prevención del delirium, la movilización y rehabilitación precoz y la atención integral al paciente y su familia. Asimismo, se identifica la necesidad de una formación específica y continuada basada en competencias, simulación clínica y evaluación periódica de habilidades.

En conclusión, los cuidados de Enfermería en ECMO requieren un elevado grado de especialización y la integración de competencias clínicas, técnicas y no técnicas. La formación continuada, la estandarización de protocolos y la coordinación multidisciplinar constituyen elementos fundamentales para favorecer la seguridad y calidad de la atención. No obstante, persisten limitaciones en la evidencia disponible debido a la heterogeneidad de los estudios y a la escasez de investigaciones que evalúen específicamente el impacto de las intervenciones enfermeras sobre los resultados clínicos.

Palabras clave: oxigenación por membrana extracorpórea; ECMO; cuidados de enfermería; enfermería de cuidados críticos; unidad de cuidados intensivos; competencia clínica; seguridad del paciente.

Introducción

La oxigenación por membrana extracorpórea (ECMO, Extracorporeal Membrane Oxygenation) constituye una modalidad de soporte vital extracorpóreo empleada en pacientes con insuficiencia respiratoria o cardiocirculatoria grave en los que las medidas convencionales resultan insuficientes. En función del órgano que requiere soporte predominante, se distinguen fundamentalmente la ECMO venovenosa (VV-ECMO), utilizada principalmente como soporte respiratorio, y la ECMO venoarterial (VA-ECMO), empleada como soporte circulatorio y, en determinadas situaciones, cardiopulmonar. Su utilización requiere una elevada especialización y una atención multidisciplinar continua durante las fases del tratamiento. (1, 2)

El cuidado del paciente sometido a ECMO presenta una elevada complejidad debido a la interacción entre la situación clínica crítica, el soporte extracorpóreo, los dispositivos invasivos y el riesgo de complicaciones potencialmente graves. La vigilancia debe abarcar tanto la evolución clínica del paciente como el funcionamiento del circuito, la perfusión, la oxigenación, el equilibrio hemodinámico y la aparición de acontecimientos adversos. Las recomendaciones de la ELSO establecen además consideraciones específicas para la seguridad y el manejo del circuito ECMO, lo que pone de manifiesto la necesidad de que los profesionales implicados conozcan sus componentes y posibles alteraciones. (1,3)

Dentro de este contexto, Enfermería desempeña un papel esencial en la atención continuada del paciente con ECMO. La práctica enfermera comprende la valoración clínica sistemática, la monitorización del paciente y del circuito, la identificación precoz de complicaciones, la aplicación de medidas preventivas y la colaboración con el equipo multidisciplinar. Además de las competencias técnicas relacionadas con el soporte extracorpóreo, los cuidados enfermeros deben abordar las principales complicaciones asociadas al tratamiento. La anticoagulación constituye uno de los aspectos fundamentales, ya que el contacto de la sangre con las superficies artificiales del circuito puede favorecer fenómenos trombóticos, mientras que la necesidad de anticoagulación incrementa el riesgo hemorrágico. Las recomendaciones ELSO incluyen la valoración individualizada del equilibrio entre trombosis y hemorragia y proporcionan orientaciones para la monitorización y manejo de la anticoagulación durante el soporte ECMO. (4, 5)

La complejidad de estos pacientes también exige considerar aspectos relacionados con la prevención de infecciones, la valoración neurológica, la movilización y la rehabilitación, así como las necesidades nutricionales y psicosociales. Una revisión de alcance publicada en 2026 por Medeiros y colaboradores identificó como elementos de la planificación de los cuidados en adultos sometidos a ECMO la preparación del entorno y del equipo, la participación y preparación de la familia, los recursos humanos y materiales, la monitorización, la sistematización de los cuidados enfermeros, el manejo nutricional y la movilización precoz. Estos resultados apoyan una concepción integral del cuidado que trasciende la mera vigilancia del circuito extracorpóreo. (6)

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La necesidad de una formación específica se ha convertido igualmente en un aspecto prioritario. La evidencia disponible señala la importancia de combinar conocimientos teóricos con habilidades técnicas y no técnicas, entrenamiento práctico y evaluación de competencias. En este sentido, las recomendaciones recientes de la Extracorporeal Life Support Organization (ELSO) sobre formación y educación continuada en ECMO refuerzan la necesidad de programas estructurados orientados a competencias y de estrategias educativas que permitan mantener la preparación de los profesionales que participan en estos cuidados.

Objetivos

Objetivo general

Analizar la evidencia científica disponible sobre las competencias y cuidados de Enfermería dirigidos al paciente adulto sometido a oxigenación por membrana extracorpórea (ECMO) en la Unidad de Cuidados Intensivos.

Objetivos específicos

  • Identificar las principales competencias clínicas, técnicas y no técnicas necesarias para el cuidado enfermero del paciente adulto sometido a ECMO.
  • Describir las intervenciones de Enfermería relacionadas con la valoración y monitorización continua del paciente y del circuito ECMO.
  • Analizar las principales complicaciones asociadas al soporte ECMO y las actuaciones enfermeras dirigidas a su prevención y detección precoz.
  • Examinar los cuidados relacionados con la anticoagulación y la vigilancia de las complicaciones hemorrágicas y trombóticas.
  • Describir las estrategias de Enfermería destinadas a prevenir las infecciones relacionadas con el soporte extracorpóreo y los dispositivos invasivos.
  • Analizar el papel de Enfermería en la movilización, rehabilitación y recuperación funcional del paciente adulto sometido a ECMO.
  • Identificar las principales necesidades formativas de los profesionales de Enfermería y las estrategias educativas utilizadas para adquirir y mantener las competencias necesarias en ECMO.
  • Explorar el papel de Enfermería en la atención integral del paciente y su familia, incluyendo comunicación, humanización y participación familiar.

Metodología

Diseño del estudio

Se realizó una revisión bibliográfica con búsqueda estructurada de la literatura científica con el objetivo de identificar y sintetizar la evidencia disponible sobre las competencias y los cuidados de Enfermería dirigidos al paciente adulto sometido a oxigenación por membrana extracorpórea (ECMO) en la Unidad de Cuidados Intensivos.

Se optó por una revisión narrativa debido a la heterogeneidad de la literatura disponible, que incluye revisiones de alcance, estudios observacionales, estudios cualitativos, estudios multicéntricos, trabajos educativos, revisiones sistemáticas y documentos de consenso y recomendaciones de organismos científicos especializados en ECMO.

Fuentes de información

La búsqueda bibliográfica se realizó en las siguientes bases de datos electrónicas: PubMed / MEDLINE, CINAHL, Scopus, Web of Science y Cochrane Library. Como fuente complementaria se consultó Google Scholar para localizar publicaciones adicionales potencialmente relevantes y documentos no recuperados mediante las estrategias principales.

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Asimismo, se consultaron documentos y recomendaciones publicadas por la Extracorporeal Life Support Organization (ELSO), debido a su relevancia específica en el ámbito del soporte vital extracorpóreo y a la existencia de recomendaciones dirigidas al manejo de pacientes adultos sometidos a ECMO, incluyendo aspectos relacionados con anticoagulación, circuitos, rehabilitación y formación de profesionales.

Estrategia de búsqueda

La búsqueda se realizó utilizando términos relacionados con tres conceptos principales: ECMO, Enfermería y cuidados críticos. Se combinaron descriptores controlados procedentes de Medical Subject Headings (MeSH) y términos libres mediante los operadores booleanos AND y OR.

La estrategia de búsqueda inicial empleada en PubMed / MEDLINE fue:

("Extracorporeal Membrane Oxygenation" OR "Extracorporeal Membrane Oxygenation" OR ECMO OR "extracorporeal life support") AND ("Nursing" OR "Nurses" OR nursing OR "nursing care" OR "nursing management" OR "nursing competency" OR "clinical competence") AND ("Intensive Care Units" OR "critical care" OR ICU)

Posteriormente se realizaron búsquedas complementarias combinando ECMO y Enfermería con términos específicos relacionados con los principales ámbitos de interés del estudio: complicaciones, anticoagulación, infección, delirium, movilización, rehabilitación, formación, competencias profesionales, seguridad del paciente y cuidados humanizados.

Periodo de búsqueda

Se estableció como periodo principal de búsqueda enero de 2021 hasta septiembre de 2026, priorizando publicaciones recientes que permitieran reflejar el estado actual de los cuidados enfermeros en ECMO.

Se incluyeron excepcionalmente publicaciones anteriores a 2021 cuando se consideraron relevantes por constituir guías clínicas, documentos de consenso o trabajos fundamentales para comprender aspectos específicos del manejo del paciente con ECMO.

Esta decisión permite incorporar documentos ELSO fundamentales, como las recomendaciones para VV-ECMO publicadas en 2021 y las guías de anticoagulación, circuitos y movilización desarrolladas posteriormente.

Criterios de inclusión

Se establecieron los siguientes criterios de inclusión:

  • Estudios realizados en pacientes adultos sometidos a ECMO.
  • Publicaciones relacionadas con los cuidados, competencias o funciones de Enfermería en pacientes sometidos a ECMO.
  • Estudios centrados en pacientes ingresados en unidades de cuidados intensivos o entornos de cuidados críticos.
  • Revisiones sistemáticas y de alcance, estudios observacionales, estudios cualitativos, estudios multicéntricos y estudios educativos.
  • Guías clínicas y documentos de consenso relevantes para la práctica enfermera.
  • Publicaciones en español o inglés.
  • Estudios publicados principalmente entre 2021 y 2026.

Criterios de exclusión

Se excluyeron:

  • Estudios realizados exclusivamente en población pediátrica o neonatal.
  • Publicaciones sin relación directa con ECMO o con los cuidados del paciente sometido a soporte extracorpóreo.
  • Estudios centrados exclusivamente en aspectos técnicos del dispositivo sin aplicabilidad para la práctica enfermera.
  • Artículos duplicados.
  • Comunicaciones o documentos sin información científica suficiente para responder a los objetivos planteados.
  • Publicaciones cuyo texto completo no pudiera ser evaluado cuando no existiera información suficiente en otras fuentes fiables.

Resultados

Competencias de enfermería en ECMO

La atención al paciente adulto sometido a oxigenación por membrana extracorpórea (ECMO) requiere que el profesional de Enfermería disponga de competencias específicas que integren conocimientos teóricos, habilidades técnicas, capacidad de valoración clínica, competencias no técnicas y capacidad para actuar ante situaciones de deterioro o emergencia. La complejidad del soporte extracorpóreo implica que los cuidados no se limiten a la vigilancia convencional del paciente crítico, sino que incluyan el conocimiento del funcionamiento del sistema ECMO, la interpretación de sus parámetros y la identificación precoz de alteraciones tanto clínicas como relacionadas con el circuito. (4)

Entre las competencias fundamentales se encuentra el conocimiento de los principios fisiológicos y técnicos de la ECMO, incluyendo las diferencias entre los sistemas veno-venosos y veno-arteriales, los componentes del circuito, el flujo sanguíneo, el intercambio gaseoso, la oxigenación y eliminación de dióxido de carbono, así como los principales parámetros que deben ser vigilados durante el soporte. El conocimiento de estos elementos permite al profesional interpretar los cambios observados en el paciente conjuntamente con las modificaciones de los parámetros del dispositivo y facilita una respuesta precoz ante posibles alteraciones del soporte extracorpóreo. (1, 3)

La competencia enfermera también comprende habilidades de valoración clínica continua. La enfermera debe integrar parámetros hemodinámicos, respiratorios, neurológicos y metabólicos con la información procedente del circuito ECMO, prestando especial atención a modificaciones que puedan indicar deterioro del paciente o una alteración del soporte. Esta vigilancia continua adquiere especial relevancia debido a que la evolución clínica puede ser rápida y a que determinadas complicaciones relacionadas con la ECMO pueden requerir una actuación coordinada e inmediata del equipo multidisciplinar. (4, 7)

La formación continuada constituye, por tanto, un componente esencial de la práctica segura. Las recomendaciones ELSO publicadas por Moore EA y colaboradores en 2026 sobre formación y educación continuada en ECMO plantean un enfoque basado en competencias que integra adquisición de conocimientos, desarrollo de habilidades, simulación, evaluación y aplicación de las capacidades adquiridas en la práctica clínica. Estas recomendaciones apoyan la utilización de programas formativos estructurados y de estrategias de simulación para desarrollar tanto competencias técnicas como no técnicas en los profesionales que participan en la atención de pacientes sometidos a soporte extracorpóreo. (8)

En conjunto, la evidencia disponible indica que la competencia enfermera en ECMO debe abordarse desde una perspectiva integral, combinando conocimientos sobre el soporte extracorpóreo, valoración clínica avanzada, vigilancia del circuito, prevención y detección precoz de complicaciones, habilidades de comunicación y trabajo en equipo, así como formación y actualización continuadas. La identificación y estructuración de estas competencias puede contribuir a homogeneizar la práctica enfermera y facilitar el desarrollo de programas específicos de capacitación en las unidades que atienden a pacientes sometidos a ECMO. (4,8)

Valoración y monitorización del paciente sometido a ECMO

La monitorización del paciente sometido a ECMO constituye una de las funciones esenciales de Enfermería en la Unidad de Cuidados Intensivos. La asistencia debe integrar la valoración clínica convencional del paciente crítico con la interpretación de los parámetros relacionados con el soporte extracorpóreo. La vigilancia debe ser continua y sistemática, permitiendo identificar modificaciones en el estado respiratorio, hemodinámico, neurológico, renal y metabólico y relacionarlas con la evolución del soporte ECMO. Las recomendaciones de la Extracorporeal Life Support Organization (ELSO) destacan la necesidad de una valoración multidimensional del paciente y del sistema, adaptada al tipo de ECMO y a la situación clínica. (1,4)

En la valoración respiratoria, Enfermería debe realizar una vigilancia continua de la frecuencia respiratoria, saturación de oxígeno, patrón ventilatorio, trabajo respiratorio y características de las secreciones, además de valorar la evolución de la gasometría arterial y otros parámetros indicados según la situación clínica. En pacientes con VV-ECMO, la interpretación de estos datos debe realizarse conjuntamente con los parámetros del circuito y con la estrategia ventilatoria establecida, ya que la ECMO modifica de forma importante la relación entre la función pulmonar nativa y el intercambio gaseoso proporcionado por el soporte extracorpóreo. La evolución de la oxigenación y de la eliminación de dióxido de carbono debe interpretarse, por tanto, dentro del contexto clínico global. (1)

La valoración hemodinámica adquiere especial relevancia en los pacientes sometidos a VA-ECMO, aunque también resulta fundamental durante VV-ECMO. Deben vigilarse de forma sistemática la presión arterial, frecuencia y ritmo cardíaco, perfusión periférica, temperatura, diuresis y signos clínicos de hipoperfusión. En función de la modalidad de ECMO y de la situación clínica pueden ser necesarios parámetros hemodinámicos adicionales. En VA-ECMO, la interpretación conjunta de la perfusión sistémica y de la función cardíaca permite detectar cambios que pueden indicar deterioro cardiovascular, necesidad de ajuste del soporte o aparición de complicaciones. (1, 7)

El control de la perfusión y del equilibrio hidroelectrolítico debe acompañarse de una valoración rigurosa de la función renal. El registro de la diuresis horaria, el balance hídrico, la evolución de la creatinina y otros parámetros bioquímicos permite identificar alteraciones de la función renal y valorar la respuesta al tratamiento. El manejo de líquidos debe individualizarse de acuerdo con la situación clínica y el tipo de soporte, evitando tanto la sobrecarga como una depleción excesiva del volumen intravascular. La enfermera desempeña un papel fundamental mediante el registro preciso de entradas y salidas, la administración segura de fluidoterapia y medicación y la comunicación de cambios clínicamente relevantes al equipo multidisciplinar. (1,4)

La valoración neurológica debe formar parte de la monitorización sistemática, especialmente debido al riesgo de complicaciones neurológicas asociadas a ECMO. El nivel de consciencia, respuesta pupilar, capacidad de interacción, aparición de cambios conductuales y presencia de déficits neurológicos deben ser evaluados de manera periódica cuando la situación clínica y el nivel de sedación lo permitan. Las recomendaciones de consenso de ELSO para pacientes adultos con ECMO subrayan la importancia de la detección precoz de la lesión cerebral aguda y de una monitorización neurológica estructurada, ya que la identificación temprana de alteraciones puede facilitar una intervención rápida. (9)

La valoración neurológica debe considerar además la influencia de la sedación, analgesia, bloqueo neuromuscular y otros tratamientos que pueden modificar la exploración clínica. Siempre que las condiciones del paciente lo permitan, debe favorecerse una valoración neurológica periódica y documentada. La aparición de cambios en el nivel de consciencia, pupilas, respuesta motora o comportamiento debe comunicarse inmediatamente, especialmente cuando exista sospecha de accidente cerebrovascular, hemorragia intracraneal u otra lesión neurológica aguda. (9)

La monitorización metabólica incluye el control periódico de glucemia, equilibrio ácido-base, electrolitos, hemograma y parámetros de coagulación, entre otros análisis determinados por la situación clínica y el protocolo de cada unidad. Estos controles permiten identificar alteraciones potencialmente relacionadas con la enfermedad crítica, el tratamiento o el propio soporte extracorpóreo. En particular, la vigilancia de los parámetros hematológicos y de coagulación adquiere especial importancia debido al equilibrio entre riesgo trombótico y hemorrágico asociado a la ECMO, aspecto que será desarrollado específicamente en un apartado posterior. (3, 5)

La valoración nutricional forma igualmente parte de la atención integral del paciente con ECMO. La situación hipermetabólica asociada a la enfermedad crítica, las dificultades para establecer una nutrición adecuada y las particularidades fisiológicas y técnicas de estos pacientes justifican una valoración individualizada y un seguimiento continuado. El consenso ELSO publicado en 2026 sobre nutrición en adultos sometidos a ECMO recoge recomendaciones específicas para la provisión y manejo de la terapia nutricional y destaca que, pese a la existencia de recomendaciones consensuadas, la evidencia disponible continúa siendo limitada y procede principalmente de estudios observacionales. (10)

En conjunto, la monitorización enfermera del paciente con ECMO debe entenderse como un proceso dinámico que integra la valoración clínica del paciente, la interpretación de pruebas complementarias y la información proporcionada por el sistema extracorpóreo. La enfermera debe reconocer tendencias y cambios respecto a la situación basal, documentarlos de forma sistemática y comunicar de manera precoz cualquier deterioro o hallazgo potencialmente relevante. Esta vigilancia continuada constituye un elemento esencial para la detección precoz de complicaciones y para mantener la seguridad durante el soporte ECMO.

Vigilancia y cuidados del circuito ECMO

La vigilancia del circuito ECMO constituye una competencia específica dentro de los cuidados enfermeros del paciente sometido a soporte extracorpóreo. El circuito está compuesto, entre otros elementos, por cánulas, tubuladuras, bomba centrífuga, oxigenador y conexiones, por lo que cualquier alteración mecánica o funcional puede comprometer la eficacia del soporte y la seguridad del paciente. Las recomendaciones de la Extracorporeal Life Support Organization (ELSO) establecen la importancia de la monitorización sistemática del circuito y de la identificación precoz de anomalías que puedan requerir intervención inmediata. (3, 4)

Uno de los aspectos fundamentales de esta vigilancia es la observación de los parámetros de flujo y de las presiones del circuito. La interpretación de estos valores debe realizarse conjuntamente con la situación clínica del paciente, ya que cambios en el flujo, en las presiones o en la resistencia del circuito pueden estar relacionados con alteraciones del volumen intravascular, posición de las cánulas, obstrucciones, acodamientos, problemas de drenaje o fenómenos trombóticos. La identificación de tendencias anómalas resulta especialmente importante para facilitar una valoración precoz por parte del equipo ECMO. (1, 3)

La inspección visual del circuito debe realizarse de forma periódica y sistemática. Enfermería debe comprobar la integridad de las tubuladuras y conexiones, la presencia de acodamientos, desconexiones, fugas, cambios visibles en el circuito y cualquier alteración que pueda comprometer el funcionamiento del sistema. También deben observarse posibles depósitos o formaciones compatibles con fenómenos trombóticos, especialmente en aquellas zonas del circuito en las que puedan aparecer alteraciones del flujo. La valoración visual debe complementarse con la monitorización de los parámetros del sistema y con los controles establecidos por el protocolo de cada centro. (3)

El oxigenador constituye otro elemento esencial del circuito y requiere una vigilancia específica. La aparición de cambios en el intercambio gaseoso, alteraciones de las presiones o modificaciones progresivas del comportamiento del sistema puede indicar deterioro del funcionamiento del oxigenador. La interpretación de estos hallazgos debe realizarse dentro del contexto clínico y técnico, valorando simultáneamente las gasometrías, los parámetros del circuito y la evolución del paciente. Ante una sospecha de disfunción del oxigenador, la actuación debe realizarse siguiendo los protocolos institucionales y en coordinación con el equipo responsable de ECMO. (1,3)

La vigilancia de las cánulas requiere especial atención debido a su relación directa con el funcionamiento del soporte y con el riesgo de complicaciones vasculares o hemorrágicas. Enfermería debe observar la zona de inserción y valorar la presencia de sangrado, hematoma, signos inflamatorios, desplazamiento o cambios en la fijación. También debe comprobar que las conexiones permanezcan seguras y que no existan situaciones que puedan favorecer una movilización accidental de las cánulas. La manipulación de estas estructuras debe realizarse siguiendo procedimientos estandarizados y manteniendo una comunicación adecuada entre los profesionales durante los cambios posturales o procedimientos que puedan generar tracción sobre el sistema. (3, 11)

Los cambios posturales y las movilizaciones requieren una planificación específica en los pacientes con ECMO. La movilización puede aportar beneficios funcionales y contribuir a reducir las consecuencias del encamamiento prolongado, pero debe realizarse tras valorar la estabilidad clínica y la seguridad del sistema. La posición de las cánulas, la estabilidad hemodinámica y respiratoria y la coordinación del equipo deben considerarse antes y durante cualquier movilización. Las recomendaciones ELSO sobre rehabilitación y movilización precoz subrayan la necesidad de desarrollar estrategias estructuradas que permitan realizar estas intervenciones de forma segura y coordinada. (4, 12)

Otro elemento fundamental es la preparación ante las situaciones de emergencia relacionadas con el circuito. La desconexión accidental, la rotura de una tubuladura, la entrada de aire en el sistema, la pérdida de flujo o determinadas alteraciones graves del funcionamiento pueden constituir situaciones potencialmente críticas. Por este motivo, los profesionales deben conocer los protocolos de actuación de su centro, disponer del material de emergencia necesario y mantener una comunicación clara dentro del equipo. La formación específica y la simulación pueden facilitar la adquisición y mantenimiento de estas competencias. (3, 8)

La prevención de errores relacionados con el circuito requiere además una adecuada comunicación y estandarización de los procedimientos. La utilización de listas de comprobación, protocolos institucionales, registros estructurados y sistemas de comunicación entre profesionales puede favorecer la continuidad de los cuidados y reducir la posibilidad de omisiones durante procedimientos de riesgo. La enfermera participa en este proceso mediante la comprobación sistemática del sistema, el registro de incidencias y la comunicación de cualquier modificación relevante al equipo multidisciplinar. (4, 8)

En definitiva, la vigilancia del circuito ECMO exige que Enfermería combine la observación directa del sistema con la interpretación de sus parámetros y la valoración clínica del paciente. El conocimiento de los componentes del circuito, la identificación de alteraciones, la vigilancia de las cánulas, la prevención de desconexiones y la preparación ante situaciones de emergencia constituyen elementos esenciales para garantizar la seguridad del soporte extracorpóreo. Estas competencias deben integrarse en protocolos de actuación y programas de formación específica adaptados a la organización de cada unidad. (3)

Prevención y detección precoz de complicaciones asociadas a ECMO

El tratamiento con ECMO puede asociarse a complicaciones relacionadas tanto con la situación clínica del paciente como con el propio soporte extracorpóreo. Entre las principales se encuentran las complicaciones hemorrágicas y trombóticas, alteraciones vasculares, hemólisis, lesión renal y neurológica, infecciones y problemas mecánicos del circuito. La elevada complejidad de estos pacientes hace que la prevención, vigilancia y detección precoz de estas complicaciones constituyan una parte fundamental de los cuidados de Enfermería en la UCI. (1, 13)

La prevención de complicaciones comienza con una valoración individualizada de los factores de riesgo y con una vigilancia sistemática durante todo el periodo de soporte. Enfermería debe conocer la situación basal del paciente, identificar cambios respecto a ella y reconocer signos que puedan indicar una complicación incipiente. La observación continua debe integrar la exploración clínica, los parámetros hemodinámicos y respiratorios, las pruebas analíticas y la información proporcionada por el circuito ECMO, evitando interpretar de manera aislada cualquiera de estos elementos. (13)

Las complicaciones vasculares adquieren especial relevancia, particularmente en los pacientes sometidos a VA-ECMO mediante canulación periférica. Pueden producirse isquemia aguda de la extremidad, lesión arterial, trombosis, hemorragia, hematoma o síndrome compartimental. Una revisión publicada en 2024 por Hart JP y colaboradores señala que las complicaciones arteriales y venosas pueden aparecer aproximadamente en un 10-30 % de los pacientes con ECMO periférica y que la isquemia de extremidades es especialmente relevante durante VA-ECMO. La vigilancia enfermera debe incluir la valoración periódica de pulsos, temperatura, coloración, relleno capilar, sensibilidad y movilidad de las extremidades, además de la observación del punto de canulación y, cuando esté indicado, la monitorización mediante técnicas como la espectroscopia cercana al infrarrojo (NIRS). (7, 11)

Las complicaciones trombóticas representan otro problema relevante durante la ECMO. El contacto de la sangre con superficies artificiales, las alteraciones de la coagulación propias de la enfermedad crítica y la necesidad de mantener un equilibrio entre anticoagulación y riesgo hemorrágico pueden favorecer fenómenos trombóticos. Estos pueden afectar al propio circuito, las cánulas o el sistema vascular del paciente. Una revisión sistemática en adultos sometidos a ECMO encontró una incidencia elevada de trombosis venosa profunda en pacientes sometidos a cribado sistemático, especialmente en relación con las cánulas y después de la decanulación, aunque los estudios presentaron diferencias importantes en sus métodos de detección. (14, 15)

En paralelo, el riesgo hemorrágico constituye una de las complicaciones más relevantes de la ECMO. Puede manifestarse mediante sangrado en los puntos de canulación, hemorragia gastrointestinal, pulmonar, quirúrgica o intracraneal, entre otras localizaciones. La anticoagulación sistémica, junto con las alteraciones adquiridas de la hemostasia y el contacto de la sangre con el circuito extracorpóreo, contribuye a este riesgo. La enfermera debe realizar una vigilancia sistemática de los puntos de inserción, drenajes, mucosas, secreciones y características de las pérdidas, además de controlar los parámetros analíticos indicados y comunicar precozmente cualquier evidencia de sangrado. (16)

La vigilancia de la hemostasia debe realizarse mediante la integración de las pruebas de coagulación disponibles y la valoración clínica del paciente. Entre las pruebas utilizadas se encuentran el tiempo de tromboplastina parcial activado, el tiempo de coagulación activado, la actividad anti-Xa, el fibrinógeno y otras determinaciones seleccionadas según el protocolo de cada centro. Las pruebas viscoelásticas pueden proporcionar información adicional sobre el estado hemostático en determinadas circunstancias. La selección y frecuencia de las pruebas debe individualizarse y seguir las pautas establecidas por el equipo responsable de ECMO. (5, 17)

Las complicaciones neurológicas requieren una vigilancia especialmente estrecha debido a su potencial gravedad y a la dificultad para detectarlas en pacientes sedados o con alteraciones del nivel de consciencia. Entre las principales lesiones descritas se encuentran la hemorragia intracraneal, el accidente cerebrovascular isquémico, las convulsiones, el edema cerebral y la hipoxia cerebral. La valoración neurológica periódica, siempre que las condiciones del paciente permitan realizarla, debe incluir el nivel de consciencia, pupilas, respuesta motora y aparición de nuevos déficits neurológicos. Cualquier modificación respecto a la situación basal debe ser comunicada de manera precoz. (9)

La infección constituye asimismo una complicación relevante durante el soporte ECMO. La presencia de accesos vasculares, cánulas, dispositivos invasivos, ventilación mecánica y estancias prolongadas en UCI puede favorecer la aparición de infecciones nosocomiales. Las medidas preventivas deben incluir una adecuada higiene de manos, técnica aséptica durante la manipulación de accesos y dispositivos, vigilancia de los puntos de inserción y cumplimiento de los protocolos institucionales de prevención de infecciones asociadas a dispositivos. La aparición de fiebre, cambios hemodinámicos, alteraciones analíticas o modificaciones en las secreciones debe motivar una valoración clínica dirigida. (4, 18)

La hemólisis es otra complicación que puede aparecer durante el soporte extracorpóreo y puede relacionarse con alteraciones del flujo, problemas de drenaje, fenómenos trombóticos o funcionamiento anómalo del circuito. Su detección requiere integrar los hallazgos clínicos y analíticos, incluyendo la evolución de marcadores como la hemoglobina plasmática libre cuando esté indicada. Ante cambios sugestivos de hemólisis, Enfermería debe comunicar los hallazgos y colaborar en la valoración del circuito y del paciente por el equipo ECMO. (3, 13)

La prevención de estas complicaciones requiere un enfoque multidisciplinar y protocolizado. Enfermería desempeña un papel transversal mediante la vigilancia continua, el mantenimiento de los dispositivos, la administración segura de tratamientos, el cumplimiento de medidas de prevención de infecciones, la valoración de las zonas de canulación, la detección de cambios neurológicos y vasculares y la comunicación inmediata de hallazgos relevantes. La capacidad para reconocer patrones de deterioro y actuar de acuerdo con protocolos previamente establecidos resulta especialmente importante en un contexto en el que algunas complicaciones pueden evolucionar rápidamente. (3, 4)

Anticoagulación, hemorragia y trombosis en el paciente sometido a ECMO

La anticoagulación constituye uno de los principales retos durante el soporte con ECMO, debido a la necesidad de mantener la permeabilidad del circuito y reducir el riesgo de fenómenos trombóticos, al mismo tiempo que se intenta minimizar el riesgo de hemorragia. La exposición de la sangre a superficies artificiales, las alteraciones de la coagulación asociadas a la enfermedad crítica y las características individuales del paciente generan un complejo equilibrio hemostático. Las recomendaciones ELSO proporcionan un marco general para la anticoagulación durante ECMO, aunque reconocen la necesidad de individualizar el manejo en función de las características clínicas y del riesgo hemorrágico y trombótico. (5)

La enfermera desempeña un papel fundamental en la administración segura de la terapia anticoagulante y en la vigilancia de su respuesta. Esto incluye la comprobación de la pauta prescrita, la administración mediante los sistemas establecidos por la unidad, la realización de los controles analíticos indicados y la valoración clínica continua de signos de sangrado o trombosis. La interpretación de los resultados debe realizarse conjuntamente con la situación clínica y con las características del circuito, comunicando al equipo cualquier desviación respecto a los objetivos establecidos. (4, 5)

Entre las pruebas utilizadas para monitorizar la anticoagulación se encuentran el tiempo de coagulación activado (ACT), el tiempo de tromboplastina parcial activado (aPTT) y la actividad anti-factor Xa. También pueden emplearse pruebas viscoelásticas y otros parámetros de laboratorio según las características del paciente y el protocolo de la unidad. La evidencia disponible no permite establecer una única prueba como método universalmente superior. Una revisión sistemática de adultos sometidos a ECMO encontró que anti-Xa y aPTT presentaban algunas ventajas respecto al ACT, aunque también observó discordancia frecuente entre las distintas pruebas y una importante heterogeneidad metodológica entre los estudios. (19)

La monitorización mediante anti-Xa ha sido objeto de especial interés en los últimos años. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada por Rajsic S y colaboradores en 2024 incluyó 16 estudios y 1.968 pacientes, observando que los pacientes que presentaron trombosis tenían valores medios de anti-Xa significativamente inferiores. Sin embargo, los autores señalaron las limitaciones de la evidencia disponible y consideraron necesario realizar nuevos estudios para determinar cuál es la estrategia de monitorización más adecuada durante ECMO. (20)

Las complicaciones hemorrágicas pueden afectar a diferentes localizaciones y presentar una gravedad variable. La enfermera debe realizar una valoración sistemática de los puntos de canulación, heridas quirúrgicas, drenajes, mucosas, secreciones respiratorias, orina y heces, además de observar cambios hemodinámicos que puedan sugerir una pérdida sanguínea significativa. La aparición de sangrado activo, descenso de hemoglobina u otros cambios clínicamente relevantes debe comunicarse de forma precoz para permitir la reevaluación de la estrategia anticoagulante y del estado hemostático del paciente. (5, 20)

Entre las complicaciones hemorrágicas, la hemorragia intracraneal presenta especial gravedad debido a su potencial impacto neurológico. Por este motivo, el control del riesgo hemorrágico debe integrarse con la vigilancia neurológica desarrollada anteriormente. La aparición de una alteración neurológica nueva, disminución inexplicada del nivel de consciencia, cambios pupilares o convulsiones debe considerarse una situación que requiere valoración inmediata, especialmente en pacientes con factores de riesgo hemorrágico. (9)

En el extremo opuesto, la reducción excesiva de la anticoagulación puede favorecer la aparición de trombos en el circuito o en el paciente. Los fenómenos trombóticos pueden afectar al sistema ECMO, al oxigenador, a las cánulas o al sistema vascular del paciente. Por ello, la vigilancia enfermera debe incluir tanto la observación del circuito como la identificación de signos clínicos compatibles con trombosis, alteraciones de la perfusión o cambios inesperados en los parámetros del sistema. (5, 20)

La evidencia reciente muestra que las complicaciones hemorrágicas y trombóticas continúan siendo frecuentes durante VA-ECMO. Una revisión sistemática y metaanálisis realizada por Vlok R y colaboradores que incluyó 159 estudios y 21.942 pacientes adultos con VA-ECMO estimó una incidencia agrupada de hemorragia mayor del 40 % y de complicaciones trombóticas del 17 %, aunque los autores señalaron una elevada heterogeneidad entre los estudios y ausencia de trabajos considerados de bajo riesgo de sesgo. Estos resultados deben interpretarse como estimaciones globales de la literatura y no como una probabilidad individual aplicable a cada paciente. (21)

La seguridad de la anticoagulación depende también de la correcta administración y registro de los tratamientos. Es necesario verificar la concentración y velocidad de infusión, mantener una vía adecuada según el protocolo institucional, comprobar los resultados analíticos antes de modificaciones terapéuticas y registrar cualquier incidencia. La comunicación entre Enfermería, medicina, perfusionistas y el resto del equipo ECMO es especialmente importante cuando se producen cambios relevantes en la anticoagulación o aparecen signos de sangrado o trombosis. (4, 5)

En consecuencia, el papel de Enfermería en la anticoagulación del paciente con ECMO no se limita a la administración del tratamiento. Comprende la valoración continua del riesgo hemorrágico y trombótico, la vigilancia clínica y analítica, la observación del circuito, la identificación precoz de complicaciones y la comunicación de los cambios al equipo multidisciplinar. La individualización de la estrategia y el cumplimiento de protocolos específicos constituyen elementos esenciales para mantener un equilibrio adecuado entre prevención de trombosis y seguridad hemorrágica. (5, 20)

Prevención y control de las infecciones asociadas a ECMO

Las infecciones nosocomiales constituyen una complicación relevante en los pacientes adultos sometidos a ECMO. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2024, que incluyó 30 estudios y 4.733 pacientes adultos, estimó una incidencia agrupada de infección nosocomial del 26 %, siendo la neumonía asociada a ventilación mecánica y las infecciones del torrente sanguíneo las localizaciones más frecuentes. Además, la duración del soporte ECMO se relacionó positivamente con el riesgo de infección. Estos datos justifican la incorporación de medidas específicas de prevención y vigilancia dentro de los cuidados enfermeros habituales. (18)

La higiene de manos y la aplicación rigurosa de técnicas asépticas constituyen medidas básicas durante la manipulación de cánulas, accesos vasculares, catéteres y otros dispositivos invasivos. Enfermería debe garantizar el cumplimiento de las medidas de higiene de manos, utilizar las barreras y equipos de protección establecidos y mantener una técnica aséptica durante los procedimientos. Estas medidas deben integrarse en los protocolos generales de prevención de infecciones de la UCI y adaptarse a las características específicas del paciente con ECMO. (18, 22)

El consenso SAVECMO propone, entre otras medidas preventivas, el empleo de apósitos impregnados con clorhexidina o apósitos semipermeables de poliuretano en el lugar de canulación, con cambios condicionados por el estado del apósito y por la presencia de suciedad o sangrado. También establece criterios para la toma de muestras microbiológicas cuando existe sospecha de infección. Estas recomendaciones pueden contribuir a homogeneizar la vigilancia del punto de canulación y facilitar la detección precoz de infección relacionada con ECMO. (23)

La ventilación mecánica constituye otro factor importante dentro de la prevención de infecciones, especialmente por la frecuencia de neumonía asociada a ventilación mecánica en esta población. Las medidas generales de prevención de la neumonía asociada a ventilación deben mantenerse cuando estén indicadas, incluyendo la higiene oral, la valoración de la necesidad de ventilación mecánica, el manejo adecuado de secreciones y la aplicación de las medidas preventivas establecidas en la UCI. La duración prolongada de la ventilación y del soporte ECMO debe considerarse dentro de la valoración global del riesgo infeccioso. (18)

La duración del soporte extracorpóreo constituye un factor de riesgo especialmente relevante. Un metaanálisis publicado en 2024 identificó como factores asociados a infección nosocomial, entre otros, la inmunosupresión, el empleo de VA-ECMO, la terapia renal sustitutiva, la transfusión de concentrados de hematíes, la duración de ECMO, la duración de la ventilación mecánica y la estancia en UCI. Por ello, la intensidad y duración de los tratamientos invasivos deben formar parte de la valoración continua del riesgo infeccioso individual. (24)

Ante la sospecha de infección, Enfermería debe realizar una valoración sistemática que incluya temperatura, situación hemodinámica, características de las secreciones, aspecto de las heridas y puntos de inserción, resultados analíticos y cualquier cambio respecto a la situación basal. La detección de fiebre o hipotermia, hipotensión, taquicardia, deterioro de la oxigenación, leucocitosis o leucopenia y cambios en el estado general debe interpretarse en el contexto de la enfermedad crítica, ya que estos hallazgos no son específicos de infección. (18)

La obtención de muestras microbiológicas debe realizarse de forma dirigida y siguiendo procedimientos estandarizados. En los casos de sospecha de infección del lugar de canulación, el consenso SAVECMO recomienda técnicas de muestreo específicas y establece criterios clínicos y microbiológicos para definir este tipo de infección. La estandarización resulta especialmente importante porque existe una considerable variabilidad entre estudios y centros en la definición y notificación de las infecciones asociadas a ECMO. (23)

En relación con la antibioterapia profiláctica, la evidencia disponible continúa siendo insuficiente y heterogénea para establecer una recomendación universal aplicable a todos los pacientes con ECMO. Una revisión sistemática publicada por Sah R y colaboradores en 2024 encontró resultados potencialmente favorables asociados al uso de profilaxis antibiótica, pero señaló la necesidad de estudios prospectivos y de estrategias adaptadas al contexto clínico. Por otra parte, el consenso internacional SAVECMO de 2026 no recomienda la profilaxis antibiótica sistemática para prevenir la infección del lugar de canulación, incluso en determinados escenarios quirúrgicos. Por tanto, la administración de antibióticos debe seguir la indicación médica, las características individuales del paciente y los protocolos de cada centro, evitando convertir la profilaxis rutinaria en una medida universal. (23, 25)

En definitiva, Enfermería desempeña un papel transversal en la prevención, vigilancia y detección precoz de las infecciones asociadas a ECMO. La observación sistemática del paciente y de los puntos de inserción, el mantenimiento adecuado de los dispositivos, la aplicación rigurosa de las medidas de prevención y la comunicación precoz de los signos de alarma son elementos esenciales de la práctica enfermera. La evidencia más reciente favorece un enfoque basado en paquetes de medidas y protocolos estandarizados, aunque persisten áreas de incertidumbre que requieren investigación prospectiva. (18)

Cuidados neurológicos, sedación y prevención del delirium

Las complicaciones neurológicas constituyen una de las principales causas de morbimortalidad en los pacientes adultos sometidos a ECMO. Estas pueden incluir hemorragia intracraneal, accidente cerebrovascular isquémico, crisis epilépticas, alteraciones de la conciencia y otras formas de lesión cerebral aguda. La valoración neurológica debe formar parte de la monitorización continua del paciente con ECMO. Las recomendaciones de la Extracorporeal Life Support Organization (ELSO) establecen cinco áreas principales de actuación: monitorización neurológica, objetivos fisiológicos iniciales después de la canulación y prevención de la lesión cerebral aguda, tratamiento neurológico, valoración pronóstica y seguimiento posterior. Estas recomendaciones fueron elaboradas mediante un proceso Delphi por un panel internacional multidisciplinar y ponen especial énfasis en la detección precoz y el tratamiento oportuno de las alteraciones neurológicas. (9)

La detección de cambios neurológicos puede verse dificultada por la utilización de sedantes y analgésicos. Por ello, la estrategia de sedación debe individualizarse en función de la situación clínica, indicación de ECMO, ventilación mecánica, procedimientos previstos y riesgo de complicaciones. Siempre que sea clínicamente posible, debe evitarse una sedación excesivamente profunda y debe reevaluarse periódicamente la necesidad de mantenerla, con el objetivo de facilitar la valoración neurológica y favorecer una participación activa del paciente cuando su situación lo permita. (9, 26)

La farmacocinética y farmacodinámica de los fármacos sedantes y analgésicos pueden verse modificadas durante la ECMO. La adsorción de determinados medicamentos al circuito, las alteraciones del volumen de distribución y la disfunción de órganos propia del paciente crítico pueden modificar la exposición farmacológica. Por este motivo, la respuesta clínica debe reevaluarse de manera frecuente y la administración de sedantes y analgésicos debe individualizarse según los objetivos terapéuticos y la evolución del paciente. (26)

El delirium es una complicación especialmente frecuente en los pacientes sometidos a ECMO. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2023, que incluyó diez estudios y 8.580 pacientes, estimó una prevalencia agrupada de delirium del 40,79 %, aunque con una heterogeneidad muy elevada entre los estudios. Las estimaciones variaron según la modalidad de ECMO, con cifras diferentes entre pacientes con VA-ECMO, VV-ECMO y cohortes mixtas. Estos resultados ponen de manifiesto la importancia de mantener una vigilancia activa del delirium en lugar de limitarse a identificar únicamente los casos con manifestaciones clínicas evidentes. (27)

La evidencia más reciente mantiene esta preocupación. Un metaanálisis publicado en 2025, con 13 estudios y 8.679 pacientes adultos, estimó una prevalencia agrupada de delirium del 40,54 %, aunque nuevamente con una heterogeneidad muy elevada. La prevalencia observada también varió considerablemente en función de la herramienta utilizada para diagnosticarlo, lo que indica que las diferencias en los métodos de evaluación pueden explicar parte de la variabilidad existente entre estudios. Los autores señalan la necesidad de establecer protocolos estandarizados de evaluación del delirium específicamente adaptados a la población sometida a ECMO. (28)

La prevención del delirium debe combinar intervenciones farmacológicas y no farmacológicas individualizadas. Entre las medidas enfermeras se incluyen favorecer la orientación temporoespacial, mantener ciclos adecuados de luz y oscuridad, reducir estímulos nocturnos innecesarios, facilitar el uso de gafas o audífonos cuando estén indicados, favorecer la comunicación con el paciente y promover la movilización precoz cuando sea segura. También resulta importante minimizar factores potencialmente modificables como el dolor, la inmovilización prolongada, la privación del sueño y la exposición innecesaria a sedantes. (26)

Ante la aparición de una alteración neurológica aguda, la actuación enfermera debe ser inmediata y estructurada. La aparición de disminución inexplicada del nivel de conciencia, anisocoria, nueva focalidad neurológica, convulsiones, cambios pupilares o alteraciones motoras debe comunicarse de forma urgente y conducir a una reevaluación de la situación respiratoria, hemodinámica, metabólica y del propio circuito ECMO. La valoración debe contemplar, además, posibles causas relacionadas con anticoagulación, embolia, hemorragia, hipoperfusión, hipoxemia o efectos farmacológicos. (9)

La valoración neurológica debe mantenerse durante todo el proceso asistencial y no limitarse al periodo de mayor inestabilidad. El seguimiento posterior a la retirada de ECMO también es relevante, debido a que algunos pacientes pueden presentar secuelas neurológicas, cognitivas o funcionales después de la fase aguda. Por ello, la continuidad asistencial debe contemplar la detección de déficits persistentes y su comunicación para facilitar la intervención rehabilitadora y el seguimiento multidisciplinar. (9)

Movilización precoz, rehabilitación y recuperación funcional del paciente sometido a ECMO

Los pacientes sometidos a ECMO presentan un elevado riesgo de deterioro funcional como consecuencia de la enfermedad crítica, la inmovilización prolongada, la ventilación mecánica, la sedación y la exposición a tratamientos invasivos. La inmovilidad puede favorecer la pérdida de masa y fuerza muscular, la disminución de la capacidad funcional y la aparición de debilidad adquirida en la UCI. Por ello, la rehabilitación debe considerarse un componente del tratamiento integral y comenzar precozmente cuando la situación clínica lo permita. Una revisión integrativa publicada en 2024, que incluyó 13 estudios y 839 pacientes adultos, observó que los programas descritos habitualmente comenzaban durante las primeras 48-96 horas y progresaban desde ejercicios iniciales hasta actividades fuera de la cama como sedestación, bipedestación y marcha. (29)

La ELSO publicó en 2025 la guía específica para rehabilitación y movilización precoz de adultos sometidos a ECMO, elaborada por un equipo internacional e interdisciplinar. El documento considera la rehabilitación y movilización prácticas potencialmente seguras cuando se aplican con una adecuada selección del paciente, planificación, personal entrenado y vigilancia durante la intervención. La guía no establece un protocolo único aplicable a todos los pacientes, sino que insiste en la necesidad de individualizar las decisiones según la situación clínica, modalidad de ECMO, configuración de las cánulas y objetivos terapéuticos. (12)

La movilización debe comenzar con una valoración individualizada de la estabilidad del paciente. Antes de iniciar cualquier actividad es necesario valorar el estado respiratorio y hemodinámico, nivel de conciencia, analgesia y sedación, fuerza muscular, presencia de dispositivos invasivos y características de la canulación. También deben comprobarse los parámetros del circuito ECMO y establecerse previamente los criterios de interrupción de la actividad. Enfermería participa de forma activa en esta valoración y debe comunicar cualquier cambio que pueda modificar la indicación o el nivel de intensidad de la movilización. (12)

La rehabilitación puede estructurarse de manera progresiva, comenzando por movilizaciones pasivas y activas asistidas y avanzando, cuando sea posible, hacia sedestación, ejercicios activos, bipedestación y marcha. La progresión debe adaptarse a la respuesta del paciente y no debe basarse exclusivamente en un cronograma temporal. La revisión publicada por Polastri et al. describe precisamente una tendencia hacia programas de ejercicio progresivo y actividades fuera de la cama, dentro de estrategias multidisciplinares. (29)

Discusión

La presente revisión pone de manifiesto que los cuidados de Enfermería del paciente adulto sometido a ECMO constituyen un proceso altamente especializado que integra competencias clínicas, técnicas y no técnicas. La evidencia reciente coincide en que la enfermera no desarrolla únicamente funciones relacionadas con la vigilancia del paciente, sino que participa de forma continuada en la monitorización del soporte extracorpóreo, prevención y detección precoz de complicaciones, manejo de accesos y cánulas, anticoagulación, prevención de infecciones, cuidados neurológicos, movilización, rehabilitación y comunicación con el paciente y su familia. La revisión de alcance más reciente sobre gestión enfermera de ECMO identifica precisamente conocimientos, habilidades clínicas y no técnicas, actitudes profesionales y funciones y responsabilidades como los cuatro grandes dominios que sustentan una práctica competente. (4)

Uno de los principales hallazgos de esta revisión es, por tanto, la necesidad de considerar la competencia enfermera en ECMO desde una perspectiva multidimensional. El marco desarrollado por Hong et al. ya había identificado cuatro dominios —conocimientos, habilidades, comportamientos y actitudes—, mientras que el estudio multicéntrico publicado posteriormente mostró que la competencia de las enfermeras ECMO se relaciona con variables profesionales y organizativas como la experiencia en UCI, el volumen de pacientes ECMO, la formación recibida y la participación en simulaciones. En conjunto, estos resultados sugieren que la competencia no puede reducirse a la realización correcta de procedimientos técnicos, sino que requiere integración de conocimientos, experiencia y capacidad de actuación en contextos clínicos complejos. (30)

La monitorización constituye uno de los ejes centrales de esta competencia. La situación del paciente con ECMO puede cambiar rápidamente debido a modificaciones de la enfermedad de base, alteraciones hemodinámicas, problemas respiratorios, complicaciones neurológicas, alteraciones de la coagulación o acontecimientos relacionados con el circuito. En consecuencia, la enfermera debe interpretar los parámetros clínicos y del sistema de manera integrada, evitando valorar de forma aislada un único dato. La vigilancia continua adquiere especial importancia porque algunas complicaciones graves pueden manifestarse inicialmente mediante cambios sutiles en la situación clínica o en los parámetros del circuito. (1, 3)

La vigilancia del circuito adquiere una relevancia particular porque la seguridad del paciente depende tanto de su situación fisiológica como del funcionamiento adecuado del soporte extracorpóreo. La inspección sistemática de tubuladuras, cánulas y oxigenador, junto con la interpretación de flujos y presiones y la identificación de cambios respecto a los valores habituales, permite detectar precozmente alteraciones mecánicas o problemas relacionados con la canulación. Esta competencia requiere conocimientos específicos que difícilmente pueden adquirirse únicamente mediante la experiencia general en cuidados intensivos. (3, 4)

La anticoagulación representa otro ámbito en el que se evidencia la complejidad de la práctica enfermera. El objetivo consiste en mantener un equilibrio entre prevenir la trombosis del paciente y del circuito y minimizar el riesgo hemorrágico. Las guías ELSO reconocen la necesidad de monitorización individualizada, mientras que las revisiones sistemáticas recientes muestran que existe heterogeneidad en las estrategias de monitorización y que pruebas como ACT, aPTT y anti-Xa presentan ventajas y limitaciones diferentes. Por ello, no puede considerarse que una única prueba sea universalmente superior en todos los pacientes y situaciones clínicas. (5)

Esta incertidumbre en la monitorización de la anticoagulación refuerza la importancia de la valoración enfermera global. La interpretación de los resultados analíticos debe relacionarse con la existencia de sangrado, cambios en el circuito, necesidad de procedimientos invasivos, transfusiones y situación clínica general. La enfermera participa además en la administración segura de anticoagulantes, vigilancia de efectos adversos, control de accesos y registro de acontecimientos, por lo que su actuación se sitúa en un punto clave entre la monitorización y la prevención de complicaciones. (5, 20)

La prevención de las infecciones constituye otro ámbito donde la vigilancia enfermera adquiere un carácter transversal. Los estudios recientes muestran una incidencia relevante y variable de infecciones nosocomiales en adultos sometidos a ECMO, con especial presencia de infecciones respiratorias y del torrente sanguíneo. La duración prolongada del soporte, la ventilación mecánica y la utilización simultánea de múltiples dispositivos invasivos incrementan la complejidad del control infeccioso. Estos resultados respaldan la necesidad de integrar la prevención de infecciones en todas las fases del cuidado, desde la canulación hasta el mantenimiento diario del soporte. (18)

La evidencia sobre las infecciones asociadas al lugar de canulación también pone de manifiesto la necesidad de protocolos específicos. El consenso internacional SAVECMO de 2026 establece criterios para definir, prevenir, muestrear y tratar la infección del lugar de canulación periférica. Para Enfermería, esto se traduce en la necesidad de realizar una valoración sistemática de la zona de inserción, mantener una técnica aséptica y reconocer precozmente cambios locales que puedan justificar una evaluación microbiológica. (23)

El componente neurológico representa asimismo un área prioritaria. Las guías ELSO de 2024 reconocen que la evidencia de alta calidad sobre lesión cerebral aguda durante ECMO es limitada y, por ello, combinan evidencia disponible con consenso multidisciplinar. La recomendación de realizar monitorización neurológica estructurada durante y después del soporte refuerza el papel de Enfermería en la valoración seriada del nivel de conciencia, pupilas, respuesta motora y aparición de cambios neurológicos. (9)

La frecuencia del delirium descrita en pacientes con ECMO refuerza la importancia de esta vigilancia. Las revisiones disponibles han encontrado prevalencias agrupadas próximas al 40 %, aunque con una heterogeneidad considerable entre estudios y herramientas diagnósticas. Esta variabilidad impide establecer una cifra universal, pero demuestra que el delirium constituye un problema clínico suficientemente frecuente como para justificar su evaluación sistemática cuando las condiciones del paciente lo permiten. La valoración del nivel de sedación, el control del dolor y la aplicación de medidas no farmacológicas forman parte de una estrategia enfermera orientada a reducir factores potencialmente modificables. (27)

La rehabilitación y movilización precoz representan un cambio importante respecto al modelo tradicional basado en la inmovilización durante el soporte extracorpóreo. La guía ELSO de 2025 describe prácticas consideradas útiles y seguras por un grupo internacional multidisciplinar, siempre que exista selección adecuada del paciente, planificación y monitorización. Sin embargo, una revisión sistemática de 2024 concluyó que la evidencia disponible sobre eficacia y seguridad presenta limitaciones importantes y no permitió realizar un metaanálisis debido a la insuficiencia de datos. Por tanto, la movilización debe promoverse cuando esté indicada, pero sin asumir que todos los pacientes ECMO son candidatos a la misma intensidad de rehabilitación. (12)

Desde la perspectiva enfermera, la movilización constituye un buen ejemplo de cómo las competencias técnicas y no técnicas deben integrarse. No basta con conocer los criterios fisiológicos de movilización: también es necesario comprobar la fijación de las cánulas, organizar el circuito, coordinar al equipo, anticipar posibles complicaciones y establecer criterios de interrupción. La guía ELSO subraya precisamente la necesidad de planificación interdisciplinar y de juicio clínico, mientras que la literatura disponible muestra que los programas de rehabilitación suelen incorporar actividades progresivas fuera de la cama. (12, 29)

La dimensión humana de los cuidados no debe quedar relegada por la elevada carga tecnológica del soporte. La evidencia cualitativa indica que los pacientes y familiares pueden experimentar incertidumbre, miedo, pérdida de control y dificultades para comprender el proceso asistencial. La comunicación continuada, la presencia profesional y la participación familiar cuando resulte apropiada constituyen elementos relevantes del cuidado, aunque debe reconocerse que buena parte de la evidencia sobre humanización procede de estudios generales de UCI o de poblaciones ECMO concretas y no de ensayos específicos de intervenciones enfermeras en ECMO. (31)

Un aspecto especialmente relevante que emerge de la revisión es que la competencia individual no puede separarse del contexto organizativo. La revisión de van Esch et al. señala que carga de trabajo, modelos de dotación, oportunidades formativas y apoyo institucional pueden facilitar o dificultar la prestación de cuidados competentes. De manera concordante, estudios sobre el papel enfermero en ECMO han identificado problemas relacionados con insuficiente formación, disponibilidad de profesionales y carga asistencial. Por tanto, mejorar la seguridad de los cuidados no depende exclusivamente de formar individualmente a las enfermeras, sino también de proporcionar estructuras organizativas que permitan aplicar las competencias adquiridas. (4)

En definitiva, los hallazgos de esta revisión indican que el papel de Enfermería en ECMO debe entenderse como una competencia especializada que combina vigilancia clínica continua, conocimiento técnico del sistema extracorpóreo, prevención de complicaciones, capacidad de respuesta ante situaciones críticas, rehabilitación, comunicación y atención centrada en la persona. La evolución de la evidencia en los últimos años ha permitido avanzar desde una concepción predominantemente técnica del cuidado hacia un modelo más integral, aunque todavía son necesarios estudios prospectivos y multicéntricos que evalúen qué estrategias de formación y organización se traducen realmente en mejores resultados clínicos y de seguridad. (4, 8)

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