Atención al niño con colitis ulcerosa durante el ingreso hospitalario

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 240

Autor principal (primer firmante): Maria Del Carmen Mozota Mateo

Fecha recepción: 21/09/2026

Fecha aceptación: 18/10/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 240

Autores:

  • Maria del Carmen Mozota Mateo
  • Pamela Martínez Santana
  • Yudy Carolina Arias Basto
  • Valeria Patricia Jiménez Cifuentes
  • María Elena Salleras Sorolla
  • Joaquín Malo De Molina Muñoz

Palabras clave: colitis ulcerosa, pediatría, enfermedad inflamatoria intestinal, hospitalización, diarrea, cuidados de enfermería, tratamiento.

Resumen

La colitis ulcerosa es una enfermedad inflamatoria intestinal crónica que afecta a la mucosa del colon y presenta una evolución caracterizada por periodos de actividad y remisión. En la población pediátrica puede producir diarrea sanguinolenta, dolor abdominal, urgencia defecatoria, anemia, pérdida de peso y repercusión sobre el crecimiento. Los brotes moderados o graves pueden requerir hospitalización para controlar la actividad inflamatoria, corregir alteraciones hidroelectrolíticas y detectar precozmente posibles complicaciones.

Durante el ingreso debe realizarse una valoración sistemática de la frecuencia y características de las deposiciones, presencia de sangre, dolor abdominal, temperatura, frecuencia cardíaca y estado general. El Pediatric Ulcerative Colitis Activity Index permite estimar de manera estructurada la actividad de la enfermedad. Los corticoides intravenosos constituyen uno de los tratamientos habituales de los brotes graves, mientras que la ausencia de respuesta obliga a valorar precozmente tratamientos de rescate.

Los cuidados incluyen control del balance hídrico, estado nutricional, anemia, dolor y tolerancia alimentaria, además de vigilancia de complicaciones como hemorragia importante, megacolon tóxico o perforación intestinal. Deben evitarse medicamentos que puedan empeorar la evolución y reducirse las intervenciones innecesarias. La coordinación entre gastroenterología pediátrica, Enfermería, nutrición y cirugía resulta fundamental en los casos graves. La educación del niño y su familia y una adecuada planificación del alta permiten mejorar la adherencia y favorecer la continuidad asistencial.

Abstract

Ulcerative colitis is a chronic inflammatory bowel disease affecting the colonic mucosa and characterised by periods of activity and remission. In paediatric patients, it may cause bloody diarrhoea, abdominal pain, faecal urgency, anaemia, weight loss and impaired growth. Moderate or severe flares may require hospitalisation to control inflammatory activity, correct fluid and electrolyte disturbances and detect potential complications at an early stage.

During admission, systematic assessment should include frequency and characteristics of bowel movements, presence of blood, abdominal pain, temperature, heart rate and general condition. The Pediatric Ulcerative Colitis Activity Index provides a structured assessment of disease activity. Intravenous corticosteroids are commonly used to treat severe flares, while lack of response requires early consideration of rescue therapies.

Care includes monitoring fluid balance, nutritional status, anaemia, pain and food tolerance, together with surveillance for complications such as significant haemorrhage, toxic megacolon or intestinal perforation. Drugs that may worsen the course should be avoided and unnecessary interventions reduced. Coordination between paediatric gastroenterology, nursing, nutrition and surgery is essential in severe cases. Education of the child and family and appropriate discharge planning improve adherence and continuity of care.

Introducción

La colitis ulcerosa forma parte de las enfermedades inflamatorias intestinales y se caracteriza por una inflamación crónica de la mucosa del colon.

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A diferencia de la enfermedad de Crohn, la afectación suele comenzar en el recto y extenderse de forma continua hacia segmentos proximales.

La extensión y gravedad presentan una considerable variabilidad.

En niños y adolescentes es relativamente frecuente encontrar una afectación extensa del colon.

La enfermedad puede manifestarse mediante episodios de diarrea sanguinolenta, dolor abdominal, urgencia para defecar y síntomas generales.

Durante los brotes graves puede aparecer anemia, deshidratación, fiebre, taquicardia y deterioro importante del estado general.

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La hospitalización permite realizar una vigilancia estrecha, administrar tratamiento intravenoso y detectar rápidamente una posible falta de respuesta.

El objetivo no consiste únicamente en disminuir la frecuencia de las deposiciones, sino en conseguir el control de la inflamación y prevenir complicaciones.

Desarrollo

Manifestaciones clínicas

La diarrea con presencia de sangre constituye una de las manifestaciones más características.

Puede acompañarse de moco y urgencia defecatoria.

Algunos niños presentan tenesmo y necesidad de acudir repetidamente al baño.

El dolor abdominal suele variar en intensidad y puede aumentar antes de las deposiciones.

La pérdida mantenida de sangre puede producir anemia.

Los brotes intensos pueden acompañarse de fiebre, taquicardia, cansancio y pérdida de peso.

Motivos de hospitalización

El ingreso puede ser necesario cuando existe un brote grave o una respuesta insuficiente al tratamiento ambulatorio.

La frecuencia elevada de deposiciones sanguinolentas constituye un dato importante.

También deben considerarse el estado general, dolor, fiebre, taquicardia y alteraciones analíticas.

La incapacidad para mantener una hidratación adecuada puede requerir tratamiento intravenoso.

La sospecha de una complicación abdominal constituye una indicación de valoración hospitalaria urgente.

Valoración inicial

Al ingreso debe conocerse la duración del brote, frecuencia de deposiciones y cantidad aproximada de sangre.

También deben registrarse dolor, vómitos, fiebre y pérdida reciente de peso. Es necesario revisar los tratamientos recibidos y la adherencia previa.

La exploración abdominal debe valorar distensión, dolor y signos de irritación peritoneal.

Las constantes vitales proporcionan información sobre la repercusión sistémica.

Pediatric Ulcerative Colitis Activity Index

El Pediatric Ulcerative Colitis Activity Index, conocido como PUCAI, constituye una herramienta ampliamente utilizada para valorar la actividad de la colitis ulcerosa pediátrica.

Incluye dolor abdominal, sangrado rectal, consistencia y frecuencia de deposiciones, deposiciones nocturnas y nivel de actividad.

No necesita pruebas invasivas.

Su utilización repetida durante el ingreso permite valorar objetivamente la evolución.

Las puntuaciones elevadas indican una mayor actividad y pueden ayudar a identificar precozmente la necesidad de modificar el tratamiento.

Registro de deposiciones

El número de deposiciones debe registrarse de manera precisa. También es importante describir consistencia y presencia de sangre.

Las deposiciones nocturnas indican una mayor repercusión de la enfermedad. El registro diario permite valorar la respuesta al tratamiento.

La familia puede colaborar aportando información, especialmente en niños pequeños. Los cambios deben comunicarse al equipo responsable.

Balance hídrico

Las pérdidas digestivas importantes pueden producir deshidratación. Debe controlarse la ingesta y las pérdidas.

La diuresis proporciona información sobre el estado de hidratación. El peso puede monitorizarse durante el ingreso.

Cuando existe deshidratación puede ser necesaria fluidoterapia intravenosa. Los líquidos deben adaptarse a la situación clínica y a los resultados analíticos.

Alteraciones electrolíticas

La diarrea intensa puede producir alteraciones de sodio, potasio y equilibrio ácido-base. Los electrolitos deben controlarse especialmente en los brotes graves.

La hipopotasemia puede ser clínicamente relevante y requiere corrección. Las pérdidas deben compensarse de manera individualizada.

Los controles posteriores permiten valorar la respuesta.

Las alteraciones importantes pueden aumentar el riesgo de complicaciones.

Anemia

La anemia es frecuente debido al sangrado intestinal y a la inflamación crónica. También puede coexistir déficit de hierro.

Deben valorarse hemoglobina, parámetros del metabolismo del hierro y otros estudios según la situación.

La reposición de hierro debe adaptarse a la actividad de la enfermedad y gravedad del déficit.

En situaciones de anemia grave y sintomática puede ser necesaria una transfusión. La decisión debe individualizarse.

Marcadores inflamatorios

La proteína C reactiva y la velocidad de sedimentación pueden aportar información sobre la actividad inflamatoria.

La albúmina también resulta relevante.

La hipoalbuminemia puede aparecer durante brotes intensos y asociarse a una enfermedad más grave.

El hemograma permite valorar anemia, leucocitos y plaquetas.

Los resultados deben interpretarse junto con la situación clínica y la evolución del PUCAI.

Descartar infección

Ante un brote debe considerarse la posibilidad de una infección gastrointestinal.

Determinadas infecciones pueden producir síntomas similares o empeorar una enfermedad previamente controlada.

El estudio de heces debe realizarse según el contexto clínico y epidemiológico.

La infección por Clostridioides difficile tiene especial relevancia en pacientes con enfermedad inflamatoria intestinal.

La identificación de una infección puede modificar el tratamiento.

Corticoides intravenosos

Los corticoides intravenosos constituyen el tratamiento inicial habitual de la colitis ulcerosa aguda grave pediátrica.

La respuesta debe evaluarse durante los primeros días.

No resulta adecuado mantener durante demasiado tiempo un tratamiento ineficaz esperando una mejoría tardía.

La valoración mediante PUCAI ayuda a decidir cuándo debe considerarse una estrategia de rescate.

El objetivo es controlar rápidamente la inflamación y evitar complicaciones.

Evaluación de la respuesta

La evolución durante los primeros días es fundamental.

La reducción del sangrado, frecuencia de deposiciones y dolor son signos favorables. La mejoría del estado general también debe considerarse.

El PUCAI permite cuantificar estos cambios.

Una respuesta insuficiente alrededor del tercer día debe alertar sobre un mayor riesgo de fracaso del tratamiento inicial.

Si la actividad continúa siendo elevada hacia el quinto día, debe valorarse seriamente un tratamiento de rescate.

Tratamiento de rescate

Los pacientes que no responden adecuadamente a los corticoides intravenosos pueden necesitar tratamientos de segunda línea.

Infliximab constituye una de las principales opciones.

En determinadas situaciones también pueden utilizarse otros tratamientos especializados.

La selección depende de la situación clínica, tratamientos previos y experiencia del centro.

La decisión debe realizarse precozmente.

Retrasar una estrategia de rescate en un paciente que continúa deteriorándose puede aumentar el riesgo de complicaciones.

Tratamientos biológicos

Los medicamentos biológicos han ampliado considerablemente las posibilidades terapéuticas.

Los anti-TNF se utilizan en pacientes con enfermedad moderada o grave y en determinadas situaciones de corticorresistencia.

Existen además tratamientos dirigidos contra otras vías inflamatorias. La selección debe individualizarse.

Antes de iniciar determinados tratamientos deben revisarse infecciones latentes, vacunación y otros factores de seguridad.

El seguimiento posterior debe valorar eficacia y posibles efectos adversos.

Cirugía

La colectomía puede ser necesaria cuando existe enfermedad grave refractaria al tratamiento médico.

También puede estar indicada ante perforación, hemorragia incontrolable o megacolon tóxico que no responde adecuadamente.

La cirugía no debe considerarse únicamente como un fracaso terapéutico. En determinadas situaciones constituye el tratamiento más seguro.

La valoración por cirugía pediátrica debe realizarse precozmente en los casos graves, incluso aunque inicialmente se continúe intentando tratamiento médico.

Megacolon tóxico

El megacolon tóxico es una complicación grave.

Puede aparecer distensión abdominal importante asociada a toxicidad sistémica. El paciente puede presentar fiebre, taquicardia, dolor y deterioro general.

La sospecha requiere una valoración inmediata.

Deben evitarse medicamentos que disminuyan la motilidad intestinal.

El manejo necesita una estrecha coordinación entre gastroenterología, cirugía y cuidados intensivos cuando existe inestabilidad.

Perforación intestinal

La perforación constituye una urgencia.

El dolor puede aumentar bruscamente y aparecer signos de irritación peritoneal. El deterioro hemodinámico puede ser rápido.

Ante la sospecha deben realizarse las pruebas necesarias sin retrasar la valoración quirúrgica.

La vigilancia abdominal repetida resulta especialmente importante en los pacientes con enfermedad grave.

Un cambio clínico significativo debe investigarse inmediatamente.

Hemorragia

La presencia de sangre en las deposiciones es habitual durante los brotes.

Sin embargo, una hemorragia intensa puede producir inestabilidad hemodinámica y anemia grave.

Debe vigilarse frecuencia cardíaca, presión arterial, perfusión y hemoglobina. Las pérdidas deben valorarse conjuntamente con el estado general.

La necesidad de transfusión depende de la gravedad y repercusión clínica. Una hemorragia incontrolable puede constituir una indicación quirúrgica.

Dolor abdominal

El dolor debe evaluarse regularmente.

Su intensidad y características pueden proporcionar información sobre la evolución. Un aumento brusco o un dolor diferente al habitual obliga a descartar complicaciones. La analgesia debe individualizarse.

Debe evitarse el uso indiscriminado de antiinflamatorios no esteroideos.

El control del dolor no debe impedir una adecuada reevaluación abdominal.

Antidiarreicos

Los medicamentos que disminuyen la motilidad intestinal deben evitarse en los brotes graves.

Pueden aumentar el riesgo de complicaciones como dilatación colónica. La diarrea debe controlarse tratando la inflamación subyacente.

El número de deposiciones constituye además un parámetro importante para valorar la evolución.

Su supresión farmacológica podría dificultar la interpretación clínica.

Nutrición

La alimentación debe mantenerse siempre que sea posible.

No se recomienda el reposo intestinal sistemático como tratamiento de la colitis ulcerosa.

La dieta debe adaptarse a la tolerancia.

Durante un brote intenso pueden ser mejor tolerados determinados alimentos de fácil digestión.

Las restricciones innecesarias pueden empeorar el estado nutricional.

El equipo de nutrición puede intervenir cuando existe pérdida de peso o dificultades para cubrir las necesidades.

Nutrición enteral

A diferencia de la enfermedad de Crohn pediátrica, la nutrición enteral exclusiva no constituye el tratamiento principal para inducir la remisión en la colitis ulcerosa.

Sin embargo, el soporte nutricional sigue siendo importante.

Puede utilizarse nutrición enteral cuando la ingesta oral resulta insuficiente. La vía digestiva debe mantenerse siempre que sea posible.

La nutrición parenteral se reserva para situaciones seleccionadas en las que no puede utilizarse adecuadamente el tracto gastrointestinal.

Crecimiento

La talla y el peso deben vigilarse durante el seguimiento.

Aunque la repercusión sobre el crecimiento suele ser especialmente característica de la enfermedad de Crohn, la colitis ulcerosa también puede afectar al desarrollo cuando existe inflamación persistente, desnutrición o exposición prolongada a corticoides.

La recuperación nutricional forma parte de los objetivos.

Debe evitarse mantener tratamientos capaces de afectar al crecimiento cuando existen alternativas más adecuadas.

Riesgo trombótico

La enfermedad inflamatoria intestinal activa se asocia a un aumento del riesgo de trombosis.

La hospitalización y la inmovilidad pueden incrementar este riesgo.

En adolescentes con brotes graves deben valorarse los factores individuales.

La necesidad de profilaxis farmacológica debe seguir los protocolos pediátricos y la valoración especializada.

La movilización debe favorecerse cuando la situación clínica lo permita.

Infecciones durante la inmunosupresión

Los tratamientos inmunosupresores pueden aumentar el riesgo de determinadas infecciones.

La fiebre durante el ingreso requiere valoración.

Antes de comenzar algunos tratamientos biológicos deben realizarse estudios específicos.

La familia debe conocer la importancia de consultar ante determinados síntomas después del alta.

La prevención debe incluir una revisión adecuada de la vacunación.

Vacunación

El calendario vacunal debe comprobarse durante el seguimiento.

Las vacunas necesarias deberían administrarse antes de una inmunosupresión intensa cuando sea posible.

Las vacunas inactivadas pueden utilizarse generalmente durante la inmunosupresión. Las vacunas vivas necesitan una valoración específica.

La planificación desde etapas tempranas evita dificultades cuando posteriormente es necesario intensificar el tratamiento.

Higiene y cuidados perianales

Las deposiciones frecuentes pueden producir irritación de la región perianal. Debe realizarse una higiene suave después de las deposiciones.

Es importante evitar productos irritantes y fricción excesiva. Las cremas barrera pueden ayudar a proteger la piel.

El estado de la zona debe revisarse periódicamente.

El dolor o lesiones nuevas deben comunicarse para su valoración.

Descanso nocturno

Las deposiciones nocturnas pueden interrumpir repetidamente el sueño. Durante el ingreso deben reducirse otras interrupciones innecesarias.

El descanso adecuado contribuye al bienestar.

La proximidad y facilidad de acceso al baño disminuyen la ansiedad. En pacientes con urgencia intensa deben anticiparse las necesidades.

La organización de los cuidados debe intentar respetar los periodos de sueño siempre que la situación clínica lo permita.

Cuidados de enfermería

Enfermería desempeña un papel esencial en la vigilancia del niño hospitalizado. Debe registrar deposiciones, sangrado, dolor, ingesta y balance hídrico.

También participa en la administración de tratamientos y vigilancia de sus posibles efectos adversos.

Las constantes vitales y el estado general permiten detectar precozmente un deterioro. La comunicación de cambios al equipo médico resulta fundamental.

Papel del TCAE

Los TCAE participan directamente en los cuidados cotidianos.

Pueden colaborar en la observación y registro de las características de las deposiciones según la organización de la unidad.

También realizan cuidados de higiene y ayudan a mantener la integridad de la piel.

La frecuencia elevada de deposiciones puede generar cansancio y vergüenza, especialmente en adolescentes.

Los cuidados deben realizarse preservando siempre la intimidad. Cualquier cambio significativo debe comunicarse a Enfermería.

Impacto emocional

La hospitalización puede resultar especialmente difícil durante la infancia y adolescencia.

La necesidad frecuente de utilizar el baño y la presencia de sangrado pueden generar vergüenza.

También puede existir preocupación por pruebas invasivas, tratamientos y posibilidad de cirugía.

La información debe adaptarse a la edad.

El niño debe participar progresivamente en las decisiones según su capacidad.

El apoyo psicológico puede resultar útil cuando existe un impacto emocional importante.

Apoyo a la familia

Los familiares necesitan comprender por qué el niño requiere hospitalización y cómo se está valorando la respuesta.

Debe explicarse que la mejoría se determina mediante varios parámetros y no únicamente por la desaparición completa de la sangre.

También deben conocer la posibilidad de intensificar el tratamiento si los corticoides no funcionan.

La información progresiva ayuda a preparar decisiones posteriores. Debe existir coherencia entre los diferentes profesionales.

Preparación del alta

El alta requiere una situación clínica suficientemente estable.

Debe existir una clara mejoría del brote y un tratamiento establecido para continuar en domicilio.

La familia debe conocer dosis, horarios y duración prevista de la medicación. También deben programarse controles.

Las instrucciones deben indicar qué síntomas requieren una consulta precoz.

La conciliación farmacológica evita errores entre el tratamiento previo y el nuevo esquema.

Adherencia terapéutica

La adherencia es fundamental para mantener la remisión.

Durante la adolescencia pueden aparecer dificultades relacionadas con rechazo de la enfermedad, horarios o ausencia de síntomas.

Debe explicarse que la inflamación puede reaparecer, aunque el paciente se encuentre inicialmente bien.

Las pautas deben simplificarse cuando sea posible.

El adolescente debe participar progresivamente en la gestión de su tratamiento.

Seguimiento después del ingreso

La respuesta debe continuar evaluándose después del alta.

La evolución clínica puede complementarse con marcadores inflamatorios y calprotectina fecal.

En determinadas situaciones será necesario realizar nuevas evaluaciones endoscópicas.

El objetivo actual busca conseguir un control adecuado de la inflamación y no solamente la desaparición de los síntomas.

Un seguimiento estructurado permite identificar precozmente nuevas recaídas.

Conclusión

La hospitalización del niño con colitis ulcerosa suele estar relacionada con brotes de actividad moderada o grave que requieren una vigilancia más estrecha y un tratamiento intensivo.

La valoración debe incluir frecuencia de deposiciones, sangrado, dolor abdominal, constantes vitales, estado de hidratación y parámetros analíticos. El PUCAI constituye una herramienta especialmente útil para cuantificar la actividad y seguir la respuesta durante el ingreso.

Los corticoides intravenosos representan uno de los tratamientos iniciales del brote grave. Sin embargo, la ausencia de respuesta debe identificarse precozmente para evitar prolongar una estrategia ineficaz y permitir la introducción de tratamientos de rescate.

La vigilancia debe dirigirse especialmente hacia complicaciones como hemorragia grave, megacolon tóxico y perforación intestinal. La valoración quirúrgica precoz forma parte del manejo de los pacientes graves y no debe reservarse exclusivamente para situaciones extremas.

El control del balance hídrico, anemia, estado nutricional, dolor e integridad de la piel constituye una parte esencial de los cuidados diarios. La alimentación debe mantenerse según tolerancia y deben evitarse restricciones innecesarias.

Enfermería y TCAE desempeñan un papel fundamental en la observación continuada, especialmente mediante el registro de las deposiciones, sangrado, dolor, ingesta y cambios del estado general.

Finalmente, la atención debe incluir educación sanitaria y apoyo emocional al niño y su familia. Una adecuada preparación del alta, junto con seguimiento especializado y buena adherencia terapéutica, permite mantener la remisión y reducir el riesgo de nuevos ingresos.

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