Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 239
Autor principal (primer firmante): Maria Del Carmen Mozota Mateo
Fecha recepción: 21/09/2026
Fecha aceptación: 18/10/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 239
Autores:
- Maria del Carmen Mozota Mateo
- Pamela Martínez Santana
- Yudy Carolina Arias Basto
- Valeria Patricia Jiménez Cifuentes
- María Elena Salleras Sorolla
- Joaquín Malo De Molina Muñoz
Palabras clave: deterioro cognitivo, TCAE, cuidados básicos, dependencia, hospitalización, autonomía, seguridad del paciente.
Resumen
El deterioro cognitivo puede afectar a la memoria, orientación, comprensión, comunicación y capacidad para realizar de forma autónoma las actividades básicas de la vida diaria. Durante la hospitalización, el cambio de entorno, la alteración de las rutinas y la propia enfermedad pueden aumentar la desorientación y dependencia de estos pacientes.
La atención debe adaptarse a las capacidades conservadas y proporcionar ayuda en necesidades como higiene, alimentación, eliminación, movilidad, descanso y comunicación. El Técnico en Cuidados Auxiliares de Enfermería mantiene un contacto frecuente con el paciente durante estas actividades y ocupa una posición relevante para detectar cambios en su comportamiento o grado de autonomía.
Las rutinas estables, comunicación sencilla, adaptación del entorno y participación familiar pueden facilitar la atención. Debe evitarse asumir que el diagnóstico de deterioro cognitivo implica una incapacidad completa para decidir o colaborar. El mantenimiento de la dignidad y de la máxima autonomía posible constituye un objetivo fundamental junto con la prevención de caídas, desnutrición, deterioro cutáneo y otras complicaciones asociadas a la dependencia.
Abstract
Cognitive impairment may affect memory, orientation, understanding, communication and the ability to independently perform basic activities of daily living. During hospitalisation, changes in environment, disruption of routines and illness itself may increase disorientation and dependence in these patients.
Care should be adapted to preserved abilities and provide assistance with needs such as hygiene, nutrition, elimination, mobility, rest and communication. Nursing Care Assistants maintain frequent contact with patients during these activities and are therefore in an important position to identify changes in behaviour or level of independence.
Stable routines, simple communication, environmental adaptation and family involvement may facilitate care. A diagnosis of cognitive impairment should not automatically be considered equivalent to complete inability to make decisions or cooperate. Maintaining dignity and the highest possible level of independence is a fundamental objective, together with preventing falls, malnutrition, skin deterioration and other complications associated with dependence.
Introducción
El deterioro cognitivo engloba alteraciones de diferentes funciones como memoria, orientación, atención, lenguaje y capacidad para resolver actividades cotidianas. Su intensidad puede variar considerablemente y no todas las personas presentan las mismas dificultades.
El ingreso hospitalario supone un desafío añadido. La persona abandona temporalmente un entorno conocido y se encuentra rodeada de profesionales desconocidos, ruidos, procedimientos y horarios diferentes. Estos cambios pueden aumentar la inseguridad y desorientación.
Además, una enfermedad aguda puede producir modificaciones rápidas del estado mental. Por ello, cualquier cambio brusco respecto al comportamiento habitual debe comunicarse y no atribuirse automáticamente al deterioro cognitivo previo.
El TCAE participa directamente en numerosos cuidados cotidianos y puede contribuir a mantener rutinas, facilitar la comunicación, prevenir riesgos y detectar alteraciones que necesitan valoración.
Desarrollo
Higiene, vestido y mantenimiento de la autonomía
La capacidad para realizar el aseo puede encontrarse afectada en diferentes grados. Algunos pacientes únicamente necesitan recordatorios o ayuda para preparar el material, mientras que otros requieren asistencia completa.
La intervención debe ajustarse a estas necesidades. Realizar automáticamente todas las actividades puede aumentar la dependencia y eliminar oportunidades para mantener capacidades conservadas.
Las instrucciones deben ser sencillas y proporcionarse progresivamente. Pedir varias acciones simultáneas puede generar confusión. En ocasiones resulta más eficaz indicar primero que se lave la cara y posteriormente continuar con otra actividad.
Mantener un orden similar cada día puede facilitar la colaboración. Las rutinas proporcionan referencias y disminuyen la incertidumbre.
Durante el aseo debe respetarse la intimidad. El deterioro cognitivo no elimina la percepción de vergüenza ni el derecho a recibir cuidados respetuosos.
El vestido puede simplificarse ofreciendo las prendas en el orden en que deben colocarse. Cuando la persona puede elegir, resulta adecuado mantener pequeñas decisiones sobre aspectos cotidianos.
La piel debe observarse durante estos cuidados, especialmente cuando existe dependencia, incontinencia o movilidad reducida. Cualquier alteración debe comunicarse.
Alimentación e hidratación
Las dificultades cognitivas pueden afectar a la alimentación de diferentes formas. Algunos pacientes olvidan que deben comer, no reconocen determinados alimentos o pierden la capacidad para utilizar correctamente los cubiertos.
Antes de proporcionar ayuda completa debe comprobarse qué puede hacer la persona por sí misma. Colocar adecuadamente la bandeja o iniciar la actividad puede ser suficiente para que continúe comiendo.
El ambiente debe ser tranquilo y con pocas distracciones cuando sea posible. Un exceso de estímulos puede dificultar que mantenga la atención.
Debe observarse la cantidad ingerida. Una persona con deterioro cognitivo puede no expresar hambre o sed de forma clara, por lo que existe riesgo de que una reducción de la ingesta pase desapercibida.
Los líquidos deben mantenerse accesibles cuando no exista contraindicación y puedan tomarse de forma segura. Si existe disfagia deben respetarse estrictamente las adaptaciones indicadas.
El rechazo de alimentos no debe interpretarse automáticamente como una conducta problemática. Puede existir dolor, náuseas, dificultad para masticar, miedo o simplemente una preferencia que la persona no consigue comunicar.
Los cambios importantes en la ingesta deben transmitirse al equipo.
Eliminación y continencia
El deterioro cognitivo puede dificultar que el paciente localice el baño, interprete correctamente la necesidad de eliminar o solicite ayuda a tiempo.
Mantener una rutina puede facilitar la continencia. Ofrecer ayuda para acudir al baño en determinados momentos puede ser más adecuado que recurrir automáticamente a absorbentes.
Cuando exista incontinencia debe mantenerse una higiene correcta y cambiar la ropa o productos absorbentes cuando sea necesario para proteger la piel.
La señalización del baño puede resultar útil en determinadas personas. El entorno debe ser sencillo y facilitar su identificación.
También debe vigilarse la aparición de estreñimiento, diarrea o modificaciones importantes en el patrón habitual. Las personas con dificultades de comunicación pueden expresar molestias mediante inquietud o cambios de conducta.
La observación del TCAE puede resultar especialmente útil para identificar estos problemas.
Movilidad y prevención de caídas
El riesgo de caída puede aumentar cuando existen alteraciones de orientación, juicio o percepción del entorno. El paciente puede intentar levantarse sin solicitar ayuda porque no recuerda sus limitaciones.
Sin embargo, mantenerlo inmovilizado de forma innecesaria tampoco constituye una solución adecuada. La reducción excesiva de actividad puede producir pérdida de fuerza y aumentar la dependencia.
Debe favorecerse la movilidad dentro de las posibilidades clínicas y utilizando el nivel de ayuda necesario.
El entorno debe mantenerse ordenado y con los objetos esenciales accesibles. Una iluminación adecuada puede facilitar la orientación, especialmente durante la noche.
Las gafas, audífonos y ayudas para caminar deben mantenerse disponibles cuando el paciente las utiliza habitualmente. Privarle de estos dispositivos puede aumentar la confusión y el riesgo de accidentes.
El calzado debe ser estable y adecuado para los desplazamientos. Las transferencias deben realizarse utilizando técnicas seguras y ayudas técnicas cuando estén indicadas.
El TCAE debe observar cualquier cambio en la capacidad para caminar o mantenerse en pie y comunicarlo.
Comunicación, orientación y comportamiento
La comunicación debe ser clara, tranquila y respetuosa. Es recomendable dirigirse directamente al paciente y proporcionarle tiempo suficiente para responder.
Elevar excesivamente la voz no mejora la comprensión cuando no existe un problema auditivo. Del mismo modo, hablar con los familiares como si el paciente no estuviera presente puede resultar despersonalizador.
Presentarse y explicar qué se va a realizar antes de comenzar un cuidado puede disminuir la inseguridad. Aunque la persona no recuerde posteriormente la explicación, puede ayudarla en ese momento.
Los elementos de orientación, como relojes, calendarios y referencias al momento del día, pueden resultar útiles. Mantener objetos personales o fotografías también puede proporcionar familiaridad cuando las normas de la unidad lo permiten.
La aparición de agitación debe interpretarse como una posible forma de expresar una necesidad. Dolor, necesidad de utilizar el baño, hambre, miedo, ruido o cansancio pueden manifestarse mediante cambios de conducta.
No debe atribuirse automáticamente cualquier comportamiento al diagnóstico previo.
Especialmente importante es detectar cambios bruscos. Una persona habitualmente tranquila que desarrolla de forma repentina una intensa desorientación o somnolencia puede presentar un problema agudo que necesita valoración.
Descanso y adaptación del entorno hospitalario
El sueño puede alterarse considerablemente durante el ingreso. Las interrupciones nocturnas, ruido y cambios de rutina pueden aumentar la desorientación.
Siempre que la actividad asistencial lo permita deben reducirse las interrupciones innecesarias y favorecer un ambiente tranquilo durante la noche.
Durante el día resulta conveniente mantener una diferenciación clara respecto al periodo nocturno. La iluminación natural y la actividad diurna pueden ayudar a conservar referencias temporales.
Los cambios frecuentes de habitación pueden aumentar la desorientación. Aunque no siempre pueden evitarse, mantener cierta estabilidad del entorno puede resultar beneficioso.
Los objetos personales deben colocarse en lugares fácilmente identificables. Cambiar continuamente su ubicación puede generar frustración y favorecer que el paciente crea que se han perdido.
La presencia de familiares o personas conocidas puede proporcionar tranquilidad cuando resulta adecuada y está permitida por la unidad.
Papel del TCAE y atención centrada en la persona
El contacto frecuente convierte al TCAE en un profesional especialmente importante para conocer cómo responde el paciente a las actividades cotidianas.
Puede detectar si necesita progresivamente más ayuda, si comienza a rechazar alimentos, duerme peor, presenta cambios en la eliminación o muestra un comportamiento diferente.
Esta información debe transmitirse al resto del equipo para permitir una valoración adecuada.
Conocer determinados hábitos previos puede facilitar los cuidados. La familia puede proporcionar información sobre horarios, preferencias, forma habitual de comunicación y nivel de autonomía anterior al ingreso.
La atención debe centrarse en la persona y no únicamente en el diagnóstico. Dos pacientes con deterioro cognitivo pueden presentar capacidades y necesidades completamente diferentes.
También debe evitarse infantilizar. Utilizar diminutivos, hablar de forma excesivamente simplificada o tomar todas las decisiones sin contar con el paciente puede afectar a su dignidad.
Siempre que pueda expresar preferencias debe permitirse que participe en las decisiones cotidianas.
El objetivo consiste en proporcionar la ayuda necesaria mientras se conserva el máximo grado posible de autonomía, seguridad y bienestar.
Conclusión
El deterioro cognitivo puede dificultar la realización de numerosas actividades básicas durante la hospitalización.
Los cuidados deben individualizarse según las capacidades conservadas y no únicamente según el diagnóstico.
El TCAE participa directamente en higiene, alimentación, eliminación, movilidad, descanso y mantenimiento del entorno.
Favorecer la participación del paciente permite conservar capacidades y evitar una dependencia innecesaria.
Las instrucciones sencillas y las rutinas estables pueden facilitar la comprensión y colaboración.
La alimentación e hidratación necesitan una vigilancia especial cuando la persona no expresa adecuadamente sus necesidades.
La movilidad debe mantenerse dentro de las posibilidades individuales combinándola con medidas de prevención de caídas.
Las gafas, audífonos y otras ayudas habituales contribuyen a mantener la orientación y comunicación.
Los cambios bruscos de comportamiento o capacidad funcional deben comunicarse y no atribuirse automáticamente al deterioro cognitivo previo.
Una atención basada en la dignidad, autonomía y conocimiento de las necesidades individuales permite proporcionar unos cuidados hospitalarios más seguros y humanizados.
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