Atención hospitalaria al paciente con pancreatitis aguda

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 11–Noviembre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 11: 62

Autor principal (primer firmante): Yudy Carolina Arias Basto

Fecha recepción: 05/10/2026

Fecha aceptación: 01/11/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(11): 62

Autores:

  • Yudy Carolina Arias Basto
  • Valeria Patricia Jiménez Cifuentes
  • María Elena Salleras Sorolla
  • Joaquín Malo De Molina Muñoz
  • Maria del Carmen Mozota Mateo
  • Pamela Martínez Santana

Palabras clave: pancreatitis aguda, dolor abdominal, hospitalización, fluidoterapia, nutrición enteral, complicaciones pancreáticas, cuidados de enfermería

Resumen

La pancreatitis aguda es un proceso inflamatorio del páncreas de aparición brusca y evolución variable. La mayoría de los pacientes presenta formas leves que se resuelven mediante tratamiento de soporte, mientras que una proporción desarrolla necrosis pancreática, fallo orgánico u otras complicaciones que pueden requerir cuidados intensivos y procedimientos endoscópicos, radiológicos o quirúrgicos.

La atención hospitalaria comienza con la confirmación diagnóstica, la identificación de la causa y la valoración precoz de la gravedad. El dolor abdominal intenso constituye la manifestación más característica y requiere un tratamiento analgésico adecuado. La reposición de líquidos debe realizarse de forma individualizada, evitando tanto la hipovolemia como una fluidoterapia excesivamente agresiva. Actualmente se favorece la alimentación oral precoz en los pacientes que la toleran y la nutrición enteral cuando no es posible mantener una ingesta suficiente.

La pancreatitis biliar y el consumo de alcohol constituyen causas frecuentes, aunque también deben considerarse hipertrigliceridemia, determinados medicamentos y otras etiologías. Los antibióticos no están indicados de forma profiláctica en la necrosis estéril. La aparición de infección, insuficiencia respiratoria, deterioro renal o inestabilidad hemodinámica requiere una intensificación del seguimiento. El abordaje multidisciplinar permite identificar precozmente las complicaciones y adaptar el tratamiento a la evolución de cada paciente.

Abstract

Acute pancreatitis is an inflammatory process of the pancreas with sudden onset and a variable clinical course. Most patients develop mild forms that resolve with supportive treatment, while a proportion develop pancreatic necrosis, organ failure or other complications that may require intensive care and endoscopic, radiological or surgical procedures.

Hospital care begins with diagnostic confirmation, identification of the underlying cause and early assessment of severity. Severe abdominal pain is the most characteristic manifestation and requires adequate analgesic treatment. Fluid replacement should be individualised, avoiding both hypovolaemia and excessively aggressive fluid therapy. Current management favours early oral feeding in patients who tolerate it and enteral nutrition when adequate oral intake cannot be maintained.

Biliary pancreatitis and alcohol consumption are common causes, although hypertriglyceridaemia, certain medications and other aetiologies should also be considered. Antibiotics are not indicated prophylactically in sterile pancreatic necrosis. The development of infection, respiratory failure, kidney impairment or haemodynamic instability requires intensified monitoring. A multidisciplinary approach enables early identification of complications and treatment adaptation according to each patient’s clinical course.

Introducción

La pancreatitis aguda es una enfermedad inflamatoria del páncreas que representa una causa frecuente de ingreso hospitalario por patología gastrointestinal. Su evolución puede variar considerablemente entre pacientes.

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La mayoría presenta una pancreatitis leve, sin fallo orgánico ni complicaciones locales relevantes, y puede recuperarse en pocos días. Sin embargo, aproximadamente una quinta parte de los pacientes puede desarrollar una evolución más compleja con necrosis pancreática, colecciones, infección o fallo orgánico.

Las causas más frecuentes son la litiasis biliar y el consumo de alcohol. También pueden intervenir hipertrigliceridemia, determinados medicamentos, procedimientos endoscópicos, alteraciones metabólicas y otras etiologías menos frecuentes.

El manejo ha cambiado durante los últimos años. Actualmente se desaconseja la fluidoterapia excesivamente agresiva, el ayuno prolongado y la administración rutinaria de antibióticos profilácticos. Por el contrario, se favorece una reposición de líquidos moderada y reevaluada frecuentemente, junto con alimentación precoz cuando la situación clínica lo permite.

La atención hospitalaria debe centrarse en aliviar los síntomas, mantener la estabilidad hemodinámica, identificar la etiología y reconocer precozmente a los pacientes con riesgo de una evolución grave.

Desarrollo

Manifestaciones clínicas

El dolor abdominal constituye la presentación más característica.

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Suele localizarse en el epigastrio, aparecer de forma intensa y persistente y puede irradiarse hacia la espalda.

Son frecuentes las náuseas y los vómitos.

Algunos pacientes presentan distensión abdominal y disminución de los ruidos intestinales.

La intensidad del dolor no permite determinar por sí sola la gravedad de la pancreatitis.

En cuadros graves pueden aparecer taquicardia, hipotensión, alteraciones respiratorias, oliguria y signos de hipoperfusión.

Diagnóstico

El diagnóstico se establece habitualmente cuando están presentes al menos dos de tres criterios: dolor abdominal compatible, elevación de lipasa o amilasa superior a tres veces el límite normal y hallazgos característicos en las pruebas de imagen.

La lipasa presenta una utilidad especialmente importante y permanece elevada durante más tiempo que la amilasa.

Una concentración muy elevada de enzimas pancreáticas no implica necesariamente una enfermedad más grave.

Las pruebas deben interpretarse junto con la situación clínica.

Cuando el diagnóstico resulta claro por síntomas y resultados analíticos no siempre es necesario realizar una tomografía computarizada inmediatamente.

Pruebas de imagen

La ecografía abdominal resulta especialmente útil para investigar una posible causa biliar.

Permite identificar litiasis vesicular y dilatación de la vía biliar.

La tomografía computarizada con contraste se reserva generalmente para situaciones en las que el diagnóstico no está claro, existe mala evolución clínica o se sospechan complicaciones.

Realizarla demasiado precozmente puede no mostrar todavía completamente la extensión de una necrosis.

Las guías ACG de 2024 recomiendan reservar la tomografía precoz para pacientes en los que exista incertidumbre diagnóstica o falta de mejoría durante las primeras 48-72 horas.

Identificación de la causa

Determinar la etiología permite prevenir nuevos episodios. La ecografía debe realizarse para buscar litiasis biliar.

Debe preguntarse específicamente por consumo de alcohol y medicamentos.

Cuando no existe una causa evidente se deben valorar los triglicéridos, especialmente si alcanzan concentraciones muy elevadas.

También pueden considerarse hipercalcemia y otras causas menos frecuentes.

Los episodios recurrentes sin etiología identificada pueden necesitar estudios especializados adicionales.

Valoración de gravedad

La gravedad puede modificarse durante las primeras horas, por lo que la evaluación debe repetirse.

La clasificación revisada de Atlanta diferencia pancreatitis leve, moderadamente grave y grave.

La pancreatitis grave se caracteriza fundamentalmente por fallo orgánico persistente.

Durante las primeras fases deben vigilarse presión arterial, frecuencia cardíaca, frecuencia respiratoria, saturación de oxígeno, estado mental y diuresis.

La presencia de respuesta inflamatoria sistémica persistente, deterioro renal o necesidades crecientes de oxígeno puede indicar un mayor riesgo de complicaciones.

Control del dolor

La analgesia constituye una prioridad desde el ingreso.

El dolor puede ser intenso y provocar una importante respuesta de estrés.

Pueden utilizarse diferentes analgésicos según la intensidad y características del paciente.

Los opioides son necesarios en muchos casos y no están contraindicados de forma general en la pancreatitis.

Debe evaluarse regularmente la respuesta y vigilar efectos adversos como sedación, náuseas y estreñimiento.

Un control adecuado facilita además la movilización y mejora el descanso.

Fluidoterapia

La pancreatitis puede producir pérdidas de líquido hacia el espacio extravascular y alteraciones hemodinámicas.

La reposición intravenosa debe iniciarse cuando existe hipovolemia o incapacidad para mantener una hidratación adecuada.

Actualmente se recomienda una estrategia moderadamente agresiva y guiada por la respuesta clínica en lugar de administrar grandes volúmenes de forma sistemática.

El lactato de Ringer suele considerarse una opción apropiada en muchos pacientes.

La fluidoterapia debe reevaluarse especialmente durante las primeras horas para evitar la sobrecarga.

Riesgo de sobrecarga de volumen

Una administración excesiva de líquidos puede favorecer edema pulmonar y otras complicaciones.

El riesgo aumenta en pacientes de edad avanzada y personas con insuficiencia cardíaca o enfermedad renal.

Debe vigilarse la presión arterial, frecuencia cardíaca, diuresis, auscultación pulmonar y balance hídrico.

El tratamiento debe ajustarse según la respuesta.

La presencia de edema, disnea o aumento rápido de peso obliga a reconsiderar el volumen administrado.

Balance hídrico y diuresis

El registro de entradas y salidas resulta especialmente útil en pacientes con pancreatitis moderada o grave.

La diuresis proporciona información sobre perfusión y función renal.

Una disminución progresiva puede indicar hipovolemia, lesión renal aguda o deterioro sistémico.

Debe valorarse conjuntamente con presión arterial, creatinina y otros parámetros. La presencia de oliguria persistente requiere una reevaluación rápida.

Alimentación precoz

El ayuno prolongado dejó de considerarse una medida terapéutica necesaria.

En pancreatitis leve puede iniciarse alimentación oral precoz cuando el paciente presenta tolerancia y no existen vómitos persistentes u otras contraindicaciones.

No es obligatorio comenzar exclusivamente con líquidos claros.

Puede utilizarse una dieta baja en grasa y de consistencia adaptada desde las primeras fases.

La alimentación precoz se asocia con una recuperación más rápida y evita los efectos negativos del ayuno innecesario.

Nutrición enteral

En pacientes con enfermedad grave que no pueden cubrir sus necesidades mediante ingesta oral debe preferirse la nutrición enteral.

Puede administrarse mediante sonda nasogástrica o nasoyeyunal según las circunstancias.

La nutrición enteral ayuda a mantener la integridad de la barrera intestinal y presenta ventajas frente a la nutrición parenteral.

La nutrición parenteral se reserva para situaciones en las que no es posible utilizar adecuadamente el aparato digestivo.

Náuseas y vómitos

Las náuseas y vómitos son frecuentes durante las primeras fases. Deben administrarse antieméticos cuando estén indicados.

La persistencia de vómitos puede dificultar tanto la hidratación como la alimentación. También puede aparecer íleo como consecuencia de la inflamación.

La utilización de sonda nasogástrica no es rutinaria y debe reservarse para pacientes con vómitos persistentes, distensión importante u otras indicaciones concretas.

Oxigenoterapia

La saturación de oxígeno debe controlarse regularmente.

El proceso inflamatorio sistémico puede producir alteraciones pulmonares incluso sin una enfermedad respiratoria previa.

Debe administrarse oxígeno cuando exista hipoxemia.

La aparición de taquipnea, aumento del trabajo respiratorio o necesidades crecientes de oxígeno constituye un signo de alarma.

Los pacientes que desarrollan insuficiencia respiratoria pueden necesitar valoración en cuidados intensivos.

Insuficiencia renal aguda

La lesión renal puede aparecer como consecuencia de hipovolemia, inflamación sistémica y fallo multiorgánico.

Debe vigilarse creatinina y diuresis.

Los fármacos potencialmente nefrotóxicos deben evitarse cuando resulte posible. La reposición de volumen debe corregir la hipoperfusión sin provocar sobrecarga. Los casos graves pueden requerir tratamiento renal sustitutivo.

La presencia de fallo renal persistente modifica significativamente el pronóstico.

Alteraciones metabólicas

La pancreatitis puede asociarse con alteraciones de glucemia y electrolitos.

Debe controlarse la glucosa, especialmente en pacientes con diabetes previa o enfermedad grave.

La hipocalcemia puede aparecer en cuadros intensos. También pueden existir alteraciones de potasio y magnesio.

La corrección debe basarse en los resultados analíticos y la situación clínica. No todas las alteraciones leves necesitan tratamiento específico inmediato.

Pancreatitis biliar

La litiasis constituye una de las causas más frecuentes.

Cuando existe pancreatitis biliar leve se recomienda realizar colecistectomía durante el mismo ingreso, siempre que la evolución clínica lo permita, para disminuir el riesgo de recurrencia.

Retrasar durante largos periodos la intervención puede favorecer nuevos episodios.

La decisión debe adaptarse cuando existe necrosis importante u otras complicaciones que aconsejen posponer la cirugía.

Colangitis y CPRE

La colangiopancreatografía retrógrada endoscópica no está indicada de forma rutinaria en todos los pacientes con pancreatitis biliar.

Debe realizarse precozmente cuando existe colangitis asociada u otras situaciones de obstrucción biliar persistente seleccionadas.

En ausencia de colangitis, realizar sistemáticamente una CPRE urgente no proporciona beneficio en la mayoría de los pacientes.

La valoración clínica y las pruebas de imagen permiten seleccionar a los pacientes que realmente necesitan el procedimiento.

Pancreatitis relacionada con alcohol

Cuando el consumo de alcohol constituye la causa probable debe abordarse también el factor desencadenante.

La abstinencia reduce el riesgo de nuevos episodios.

Durante el ingreso puede ser necesario valorar el riesgo de síndrome de abstinencia. El abordaje debe realizarse sin estigmatizar al paciente.

La intervención breve, educación sanitaria y derivación a recursos específicos pueden formar parte de la planificación del alta.

Hipertrigliceridemia

Las concentraciones muy elevadas de triglicéridos pueden producir pancreatitis.

El tratamiento inicial incluye las mismas medidas de soporte utilizadas en otras etiologías.

Posteriormente resulta fundamental reducir los triglicéridos y tratar los factores que favorecieron su elevación.

La diabetes mal controlada, determinados medicamentos y alteraciones metabólicas pueden contribuir.

El seguimiento después del episodio debe dirigirse a prevenir recurrencias.

Antibióticos

Los antibióticos profilácticos no están indicados en pacientes con pancreatitis aguda ni en la necrosis estéril.

Su administración no ha demostrado prevenir de manera eficaz la infección de la necrosis.

Deben reservarse para pacientes con una infección demostrada o fuertemente sospechada, como colangitis, neumonía, infección urinaria o necrosis pancreática infectada.

El uso innecesario favorece resistencias y efectos adversos.

Necrosis pancreática

La necrosis aparece en una proporción de pacientes con enfermedad más grave. Puede afectar al tejido pancreático y a estructuras peripancreáticas.

La necrosis estéril puede manejarse frecuentemente de forma conservadora.

No existe indicación de intervenir únicamente porque se haya identificado tejido necrótico.

El tratamiento depende de la evolución y especialmente de la presencia o ausencia de infección.

Necrosis infectada

La infección de la necrosis constituye una complicación grave.

Puede sospecharse ante deterioro clínico, fiebre persistente, leucocitosis o sepsis después de una fase inicial de estabilización.

Cuando existe infección pueden ser necesarios antibióticos capaces de alcanzar adecuadamente el tejido pancreático.

Las estrategias modernas favorecen un enfoque escalonado y mínimamente invasivo.

Cuando la situación lo permite, las intervenciones suelen retrasarse para permitir que la colección se organice.

Colecciones pancreáticas

Durante la evolución pueden aparecer colecciones líquidas. Muchas se resuelven espontáneamente y no necesitan intervención.

La necesidad de drenaje depende de infección, síntomas persistentes, obstrucción u otras complicaciones.

No debe tratarse una colección únicamente por su tamaño.

Las decisiones deben realizarse de manera multidisciplinar entre gastroenterología, radiología intervencionista y cirugía.

Cuidados intensivos

Los pacientes con fallo orgánico persistente necesitan vigilancia intensiva.

Puede existir insuficiencia respiratoria, shock, lesión renal o combinación de varios fallos.

La atención requiere monitorización continua y soporte específico de los órganos afectados.

La pancreatitis grave presenta una mortalidad considerablemente superior a las formas leves.

La detección precoz del deterioro y el traslado oportuno a cuidados intensivos son fundamentales.

Prevención del tromboembolismo

La hospitalización, inflamación sistémica e inmovilidad pueden aumentar el riesgo tromboembólico.

Debe realizarse una valoración del riesgo y utilizar profilaxis cuando esté indicada. La movilización precoz también contribuye a reducir complicaciones.

La estrategia debe adaptarse en pacientes con riesgo hemorrágico o procedimientos invasivos programados.

Movilización

Cuando el dolor y la situación clínica lo permiten debe evitarse el encamamiento prolongado.

La movilización progresiva ayuda a mantener la fuerza y reduce complicaciones de la hospitalización.

Puede comenzar con sedestación y desplazamientos cortos. El nivel debe adaptarse a la tolerancia.

En los pacientes graves, fisioterapia puede participar durante la recuperación funcional.

Papel de enfermería

Enfermería desempeña una función esencial durante la hospitalización.

La valoración del dolor, constantes vitales, balance hídrico, diuresis y tolerancia alimentaria permite detectar cambios en la evolución.

También debe vigilarse la respuesta a la analgesia y la fluidoterapia.

La aparición de disnea, hipotensión, disminución de la diuresis, confusión o fiebre persistente debe comunicarse precozmente.

El registro preciso facilita la toma de decisiones y permite valorar las tendencias.

Educación del paciente

Antes del alta debe explicarse la causa probable del episodio y las medidas necesarias para prevenir recurrencias.

En pancreatitis biliar debe conocer el plan relacionado con la colecistectomía cuando corresponda.

Si existe relación con alcohol debe recomendarse abstinencia y facilitar apoyo cuando sea necesario.

En hipertrigliceridemia debe reforzarse el control metabólico.

También debe revisarse la medicación cuando se sospecha un posible origen farmacológico.

Criterios de alta

El alta puede plantearse cuando existe una clara mejoría clínica.

El dolor debe poder controlarse mediante tratamiento oral y el paciente debe tolerar alimentación e hidratación.

También debe mantenerse estabilidad hemodinámica y no presentar signos de complicación que requieran hospitalización.

Las recomendaciones deben incluir tratamiento, dieta según tolerancia y seguimiento. El paciente debe conocer los síntomas que requieren una nueva valoración urgente.

Conclusión

La pancreatitis aguda presenta una evolución muy variable, desde cuadros leves autolimitados hasta una enfermedad grave asociada a necrosis y fallo multiorgánico.

El manejo hospitalario debe comenzar con la confirmación diagnóstica, identificación de la etiología y valoración repetida de la gravedad. La aparición de fallo orgánico persistente constituye uno de los principales indicadores de enfermedad grave.

El control del dolor y una fluidoterapia moderada, individualizada y reevaluada frecuentemente forman parte de las intervenciones iniciales fundamentales. La administración excesivamente agresiva de líquidos debe evitarse debido al riesgo de sobrecarga.

La alimentación oral debe iniciarse precozmente cuando existe tolerancia. Cuando la ingesta no resulta posible, la nutrición enteral se considera preferible a la nutrición parenteral.

Los antibióticos profilácticos no están indicados en la necrosis pancreática estéril. Su utilización debe reservarse para pacientes con una infección demostrada o una sospecha clínica suficientemente elevada.

En pancreatitis biliar leve, la colecistectomía durante el mismo ingreso disminuye el riesgo de nuevos episodios. La CPRE precoz se reserva fundamentalmente para pacientes con colangitis u otras indicaciones específicas.

La necrosis infectada y las colecciones sintomáticas pueden necesitar procedimientos invasivos, aunque las estrategias actuales favorecen intervenciones diferidas y mínimamente invasivas cuando la situación clínica lo permite.

Finalmente, la vigilancia continua del dolor, perfusión, diuresis, función respiratoria y tolerancia nutricional permite detectar precozmente el deterioro. Una atención multidisciplinar y adaptada a la evolución de cada paciente mejora la seguridad y disminuye el riesgo de complicaciones durante la hospitalización.

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