Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 11–Noviembre 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 11: 61
Autor principal (primer firmante): Yudy Carolina Arias Basto
Fecha recepción: 05/10/2026
Fecha aceptación: 01/11/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(11): 61
Autores:
- Yudy Carolina Arias Basto
- Valeria Patricia Jiménez Cifuentes
- María Elena Salleras Sorolla
- Joaquín Malo De Molina Muñoz
- Maria del Carmen Mozota Mateo
- Pamela Martínez Santana
Palabras clave: obesidad mórbida, obesidad grave, hospitalización, seguridad del paciente, cuidados de enfermería, movilización, complicaciones
Resumen
La obesidad mórbida o grave constituye una enfermedad crónica y compleja asociada a un incremento del riesgo de diabetes mellitus tipo 2, enfermedad cardiovascular, apnea obstructiva del sueño, alteraciones respiratorias, enfermedad osteoarticular y otras complicaciones. Durante una hospitalización, estas características pueden aumentar la complejidad de los cuidados y exigir adaptaciones relacionadas con la movilización, administración de medicamentos, prevención de lesiones, realización de pruebas diagnósticas y utilización de equipamiento específico.
La atención hospitalaria debe comenzar con una valoración individual que incluya antecedentes, comorbilidades, capacidad funcional, estado respiratorio, integridad cutánea, riesgo tromboembólico y necesidades de ayuda para las actividades básicas. La movilización debe planificarse previamente y deben utilizarse camas, grúas, sillas y otros dispositivos con capacidad suficiente para el peso y dimensiones corporales del paciente. Estas medidas disminuyen el riesgo de caídas y lesiones tanto para la persona hospitalizada como para los profesionales.
La prevención de complicaciones incluye vigilancia respiratoria, prevención del tromboembolismo venoso, cuidado de la piel y mantenimiento de la movilidad siempre que sea posible. La dosificación de determinados medicamentos requiere considerar las características farmacocinéticas asociadas a la obesidad. La atención debe desarrollarse sin prejuicios relacionados con el peso y preservar en todo momento la privacidad y dignidad. La coordinación multidisciplinar permite proporcionar unos cuidados seguros y adaptados a las necesidades reales de cada paciente.
Abstract
Morbid or severe obesity is a chronic and complex disease associated with an increased risk of type 2 diabetes mellitus, cardiovascular disease, obstructive sleep apnoea, respiratory disorders, osteoarticular disease and other complications. During hospitalisation, these characteristics may increase the complexity of care and require adaptations related to mobilisation, medication administration, prevention of injuries, diagnostic procedures and use of specific equipment.
Hospital care should begin with an individual assessment including medical history, comorbidities, functional capacity, respiratory status, skin integrity, thromboembolic risk and assistance needs for basic activities. Mobilisation should be planned in advance and beds, hoists, chairs and other devices with sufficient capacity for the patient’s weight and body dimensions should be used. These measures reduce the risk of falls and injuries for both the hospitalised person and healthcare professionals.
Prevention of complications includes respiratory monitoring, prevention of venous thromboembolism, skin care and maintenance of mobility whenever possible. Dosing of certain medications requires consideration of pharmacokinetic characteristics associated with obesity. Care should be provided without weight-related prejudice and should preserve privacy and dignity at all times. Multidisciplinary coordination allows safe care adapted to the actual needs of each patient.
Introducción
La obesidad es una enfermedad crónica multifactorial caracterizada por una acumulación excesiva de tejido adiposo capaz de afectar negativamente a la salud.
Aunque tradicionalmente se ha utilizado el índice de masa corporal para clasificar su gravedad, la valoración clínica debe considerar también la distribución de la grasa, las enfermedades asociadas y la repercusión funcional.
El término obesidad mórbida continúa utilizándose ampliamente, aunque actualmente se emplean también expresiones como obesidad grave o clase III.
Durante una hospitalización, el peso corporal elevado puede modificar numerosos aspectos de la asistencia.
La movilización, el posicionamiento, determinadas pruebas diagnósticas y la administración de algunos tratamientos pueden necesitar adaptaciones.
Además, algunas enfermedades asociadas aumentan el riesgo de complicaciones respiratorias, cardiovasculares y tromboembólicas.
El objetivo de la atención hospitalaria debe ser proporcionar cuidados seguros y clínicamente adecuados sin convertir el peso corporal en el único elemento de valoración.
Desarrollo
Valoración inicial
La valoración debe identificar el motivo principal del ingreso y las enfermedades asociadas.
Es frecuente encontrar diabetes mellitus, hipertensión arterial, enfermedad cardiovascular y apnea obstructiva del sueño.
También pueden existir limitaciones importantes de movilidad. Debe conocerse el nivel funcional previo.
La obesidad no implica automáticamente dependencia, por lo que las necesidades deben evaluarse individualmente.
Índice de masa corporal
El índice de masa corporal se calcula dividiendo el peso en kilogramos entre la talla en metros elevada al cuadrado.
Un IMC igual o superior a 40 kg/m ² se ha utilizado tradicionalmente para definir obesidad clase III.
Sin embargo, el IMC presenta limitaciones.
No informa directamente sobre composición corporal ni distribución del tejido adiposo. Por ello, las decisiones clínicas no deben basarse exclusivamente en esta cifra.
Comorbilidades
La obesidad grave se asocia a numerosas enfermedades.
La diabetes mellitus tipo 2 puede dificultar el control metabólico durante situaciones agudas.
La hipertensión y la enfermedad cardiovascular pueden modificar la tolerancia a líquidos y determinados tratamientos.
La enfermedad osteoarticular puede limitar la movilización.
El conocimiento de estas comorbilidades permite anticipar necesidades durante el ingreso.
Valoración respiratoria
El exceso de tejido adiposo puede alterar la mecánica respiratoria.
Algunos pacientes presentan menor capacidad funcional y mayor trabajo respiratorio. Debe vigilarse frecuencia respiratoria, saturación y signos de dificultad.
La posición puede modificar significativamente la ventilación.
En pacientes con síntomas respiratorios deben buscarse también causas agudas y no atribuir automáticamente la disnea al peso corporal.
Apnea obstructiva del sueño
La apnea obstructiva del sueño es frecuente en personas con obesidad grave. Debe preguntarse por el uso domiciliario de CPAP u otros dispositivos.
Cuando el paciente utiliza habitualmente presión positiva durante el sueño, su continuidad durante el ingreso debe valorarse.
Los sedantes y opioides pueden aumentar el riesgo de hipoventilación.
La vigilancia debe intensificarse cuando se administran medicamentos capaces de producir depresión respiratoria.
Síndrome de hipoventilación
Algunos pacientes pueden presentar síndrome de hipoventilación asociado a obesidad.
Se caracteriza por hipoventilación alveolar mantenida que no puede explicarse por otras causas.
Durante una enfermedad aguda puede producirse un deterioro respiratorio.
La administración de oxígeno debe acompañarse de una valoración adecuada cuando existe riesgo de retención de dióxido de carbono.
En determinadas situaciones puede necesitarse ventilación no invasiva.
Posicionamiento respiratorio
La elevación del cabecero puede mejorar la expansión pulmonar. La posición debe adaptarse a la comodidad y estabilidad.
En pacientes con dificultad respiratoria puede resultar útil una postura semisentada.
Debe evitarse mantener posiciones que aumenten la compresión abdominal sobre el diafragma.
Los cambios posturales también contribuyen a prevenir lesiones cutáneas.
Equipamiento adecuado
La seguridad requiere conocer los límites de peso de camas, camillas, sillas y grúas. No debe utilizarse equipamiento por encima de la capacidad indicada por el fabricante. También deben considerarse las dimensiones corporales.
Una cama capaz de soportar el peso puede resultar insuficientemente ancha.
Los centros deberían disponer de protocolos para acceder rápidamente a equipamiento bariátrico cuando sea necesario.
Camas hospitalarias
La cama debe proporcionar espacio suficiente para permitir movimientos y cambios posturales.
Los colchones deben adaptarse tanto al peso como al riesgo de lesiones por presión. Las barandillas no deben comprimir al paciente.
La altura de la cama debe facilitar las transferencias.
La elección correcta puede favorecer la autonomía y disminuir el riesgo de caídas.
Movilización
La movilización debe planificarse antes de comenzar. Debe conocerse cuánto puede colaborar el paciente.
Algunas personas con obesidad grave son completamente autónomas y otras presentan una dependencia importante.
Cuando se necesita ayuda deben utilizarse los dispositivos adecuados.
Intentar realizar manualmente una movilización que supera la capacidad del equipo aumenta el riesgo de lesiones.
Seguridad de los profesionales
Las movilizaciones manuales de grandes cargas pueden producir lesiones musculoesqueléticas.
La utilización de grúas, ayudas deslizantes y otros dispositivos reduce este riesgo.
Debe participar un número suficiente de profesionales.
La técnica debe explicarse antes de iniciar la transferencia.
La seguridad del trabajador y del paciente son objetivos complementarios. Una movilización improvisada puede provocar una caída o lesión grave.
Prevención de caídas
La movilidad limitada, debilidad y utilización de determinados medicamentos pueden aumentar el riesgo.
Debe comprobarse que el mobiliario tenga una capacidad adecuada.
Una silla demasiado estrecha puede dificultar incorporarse y aumentar la inestabilidad. El calzado debe ser seguro.
Los dispositivos de ayuda deben encontrarse al alcance. Debe favorecerse la autonomía cuando sea posible.
Integridad cutánea
Los pliegues cutáneos pueden acumular humedad.
Esto favorece maceración, irritación e infecciones locales. La piel debe inspeccionarse durante los cuidados de higiene.
Las zonas bajo el abdomen, mamas, ingles y otros pliegues requieren especial atención. La higiene debe acompañarse de un secado cuidadoso.
Debe evitarse una fricción excesiva.
Lesiones por presión
La obesidad no protege frente a las lesiones por presión.
La inmovilidad y la dificultad para realizar cambios espontáneos pueden aumentar el riesgo.
Debe realizarse una valoración individual.
Las superficies de redistribución de presión deben tener una capacidad adecuada. Los cambios posturales deben planificarse según tolerancia y situación clínica.
También deben vigilarse las zonas sometidas a presión por dispositivos.
Higiene
La higiene debe realizarse preservando la intimidad. Los pliegues deben limpiarse y secarse cuidadosamente.
Puede necesitarse ayuda de varios profesionales dependiendo del grado de dependencia. Debe evitarse exponer innecesariamente el cuerpo.
La disponibilidad de material adecuado facilita unos cuidados dignos.
La participación del propio paciente debe favorecerse siempre que sea posible.
Accesos venosos
La canalización de vías periféricas puede presentar mayor dificultad en algunos pacientes.
La ecografía puede facilitar la localización vascular. Deben evitarse múltiples intentos innecesarios.
Cuando se prevé un tratamiento prolongado puede valorarse el acceso más adecuado. La fijación debe realizarse cuidadosamente.
La piel debe vigilarse debido a la posibilidad de que el dispositivo quede oculto entre pliegues.
Presión arterial
Los manguitos deben tener un tamaño adecuado.
Utilizar un manguito demasiado pequeño puede producir mediciones incorrectas. La selección debe basarse en la circunferencia del brazo.
Cuando no es posible obtener una medición fiable deben valorarse alternativas. Las decisiones terapéuticas dependen de datos precisos.
El equipamiento debe estar disponible en diferentes tamaños.
Pruebas diagnósticas
Algunos equipos presentan límites de peso o diámetro.
La tomografía computarizada y resonancia magnética pueden no ser utilizables en determinados pacientes si superan estas limitaciones.
Esto debe comprobarse antes del traslado.
La planificación evita desplazamientos innecesarios y situaciones incómodas.
Cuando una prueba no puede realizarse debe buscarse una alternativa diagnóstica adecuada.
La decisión debe basarse en criterios clínicos y técnicos.
Traslados
Los traslados dentro del hospital requieren una planificación específica. La camilla o silla debe ser adecuada.
Los ascensores y espacios de paso pueden presentar limitaciones en casos extremos. Debe garantizarse la seguridad antes de comenzar.
La improvisación puede producir retrasos y accidentes.
La coordinación entre las unidades facilita el procedimiento.
Riesgo tromboembólico
La obesidad constituye un factor asociado a mayor riesgo de tromboembolismo venoso. La inmovilidad durante la hospitalización puede aumentarlo.
Debe realizarse una valoración individual del riesgo.
La profilaxis puede incluir medidas farmacológicas y mecánicas según la situación.
La movilización precoz debe promoverse siempre que sea segura.
Las dosis de determinados anticoagulantes pueden requerir consideraciones específicas.
Profilaxis farmacológica
La elección y dosis deben seguir los protocolos establecidos.
En algunos pacientes con obesidad extrema puede ser necesario adaptar la estrategia. También debe considerarse la función renal y el riesgo hemorrágico.
No debe asumirse que todos los pacientes necesitan la misma dosis.
La respuesta clínica y, cuando esté indicado, determinados controles pueden ayudar a ajustar el tratamiento.
Medicación
La obesidad puede modificar el volumen de distribución y eliminación de determinados medicamentos.
No todos deben dosificarse utilizando el peso corporal total.
En algunos casos se emplean peso ideal, peso ajustado u otros parámetros. La estrategia depende de las características farmacológicas.
Los medicamentos con margen terapéutico estrecho requieren especial atención. Farmacia hospitalaria puede colaborar en la selección de dosis.
Analgesia
El dolor debe tratarse adecuadamente.
No debe infravalorarse ni atribuirse automáticamente a la obesidad.
Los opioides requieren precaución cuando existe apnea del sueño o hipoventilación. La respuesta debe evaluarse después de administrar analgesia.
Puede utilizarse un enfoque multimodal cuando sea apropiado.
El objetivo es conseguir un control suficiente evitando efectos adversos.
Diabetes
La diabetes mellitus tipo 2 es una comorbilidad frecuente.
La enfermedad aguda puede producir hiperglucemia incluso cuando previamente existía un buen control.
Debe realizarse monitorización según la situación.
Los tratamientos domiciliarios pueden necesitar modificaciones durante el ingreso. La insulinoterapia puede utilizarse temporalmente en determinadas situaciones.
La alimentación y los horarios deben coordinarse con el tratamiento.
Nutrición hospitalaria
La hospitalización no debe utilizarse para imponer restricciones alimentarias extremas. La dieta debe adaptarse al motivo del ingreso y a las enfermedades asociadas.
Cuando está indicada una intervención nutricional debe realizarse de manera profesional e individualizada.
El objetivo inmediato puede ser mantener una nutrición adecuada durante la enfermedad aguda.
Las estrategias de pérdida de peso pueden abordarse cuando la situación clínica sea apropiada.
Desnutrición y obesidad
Una persona con obesidad también puede presentar desnutrición.
El exceso de tejido adiposo no garantiza una adecuada masa muscular ni una ingesta suficiente de nutrientes.
La pérdida involuntaria de peso puede ser un signo de riesgo. Debe utilizarse una valoración nutricional completa.
La sarcopenia puede coexistir con obesidad.
Esta combinación puede aumentar la dependencia funcional.
Infecciones
Algunas infecciones pueden presentar dificultades diagnósticas debido a la localización profunda de lesiones o pliegues.
La piel debe revisarse adecuadamente.
Las heridas quirúrgicas necesitan una vigilancia cuidadosa.
El control glucémico también puede influir sobre el riesgo infeccioso.
La fiebre y otros signos deben investigarse de acuerdo con la situación clínica. No deben atribuirse automáticamente a procesos cutáneos.
Cuidados perioperatorios
La obesidad grave puede aumentar la complejidad anestésica y quirúrgica. Debe realizarse una valoración preoperatoria adecuada.
La vía aérea puede presentar dificultades.
También existe mayor riesgo de complicaciones respiratorias y tromboembólicas. El posicionamiento quirúrgico requiere material apropiado.
La planificación multidisciplinar permite anticipar estos riesgos.
Postoperatorio
La vigilancia respiratoria es especialmente importante. Debe favorecerse la movilización precoz.
La analgesia debe permitir respirar profundamente y movilizarse sin producir una sedación excesiva.
La prevención tromboembólica debe mantenerse según indicación. Las heridas quirúrgicas necesitan una inspección adecuada.
La recuperación funcional debe comenzar lo antes posible.
Fisioterapia respiratoria
Los pacientes con riesgo de complicaciones pulmonares pueden beneficiarse de ejercicios respiratorios y movilización.
Debe favorecerse una respiración profunda cuando la situación lo permita. La sedestación precoz puede mejorar la ventilación.
La fisioterapia debe adaptarse a la capacidad funcional. El dolor no controlado puede dificultar la participación. Una adecuada analgesia facilita estas intervenciones.
Autonomía
La obesidad grave no debe equipararse automáticamente con incapacidad. Debe preguntarse al paciente qué actividades realiza habitualmente sin ayuda. Proporcionar asistencia innecesaria puede disminuir la autonomía.
Por el contrario, exigir actividades que no puede realizar de forma segura aumenta el riesgo.
Los cuidados deben adaptarse a la capacidad real.
Mantener la independencia constituye un objetivo importante durante el ingreso.
Estigma relacionado con el peso
Las personas con obesidad pueden haber experimentado discriminación en el sistema sanitario.
Comentarios, bromas o actitudes culpabilizadoras son incompatibles con una atención profesional.
El lenguaje debe ser respetuoso.
Debe pedirse permiso antes de hablar sobre el peso cuando no constituye el motivo principal de la consulta.
Las decisiones clínicas deben basarse en necesidades reales y no en prejuicios.
Privacidad
Determinados procedimientos pueden requerir la participación de varios profesionales. Esto no elimina la obligación de proteger la intimidad.
La exposición corporal debe limitarse a lo necesario.
Las puertas y cortinas deben mantenerse correctamente cerradas. Debe explicarse por qué se necesita ayuda adicional.
La dignidad debe preservarse durante todos los cuidados.
Comunicación
El paciente debe participar en las decisiones.
Muchas personas conocen qué dispositivos y técnicas de movilización les resultan más eficaces.
Preguntar por su experiencia puede facilitar los cuidados.
La comunicación debe ser directa y evitar un tono infantilizador. Los objetivos deben acordarse según la situación clínica.
La escucha activa mejora la relación terapéutica.
Cuidados de enfermería
Enfermería debe realizar una valoración integral y detectar riesgos asociados al ingreso. Participa en la vigilancia respiratoria, prevención tromboembólica y cuidado de la piel. También coordina la administración segura de medicamentos y movilización.
La disponibilidad de equipamiento adecuado debe comprobarse desde el inicio. Los cambios en la capacidad funcional deben registrarse.
La educación sanitaria debe adaptarse a las necesidades del paciente.
Papel del TCAE
Los TCAE tienen un papel relevante en higiene, movilización, confort y observación de la piel.
Durante estos cuidados pueden detectar lesiones, maceración o cambios en los pliegues. Las alteraciones deben comunicarse a Enfermería.
Las movilizaciones deben realizarse utilizando los medios técnicos necesarios.
No debe intentarse compensar la falta de equipamiento mediante un esfuerzo físico excesivo.
El respeto a la intimidad resulta especialmente importante durante la higiene.
Coordinación multidisciplinar
La atención puede requerir participación de medicina, Enfermería, TCAE, nutrición, fisioterapia, farmacia y otros profesionales.
La coordinación evita intervenciones contradictorias.
Los objetivos deben adaptarse al motivo real de hospitalización.
Cuando existe una indicación para tratamiento específico de la obesidad puede planificarse el seguimiento correspondiente.
No todos los ingresos requieren iniciar inmediatamente un programa de pérdida de peso.
Preparación del alta
Debe comprobarse que el paciente puede continuar los cuidados de forma segura. Puede ser necesario valorar movilidad, material domiciliario y apoyo familiar.
Los cambios realizados en la medicación deben quedar claramente reflejados.
Si durante el ingreso se detectan nuevas comorbilidades debe organizarse su seguimiento.
La continuidad asistencial resulta especialmente importante en pacientes con múltiples enfermedades crónicas.
Conclusión
La atención hospitalaria del paciente con obesidad mórbida requiere una valoración individual que considere tanto las comorbilidades como las necesidades funcionales y los riesgos asociados a la hospitalización.
La obesidad grave puede aumentar la complejidad respiratoria, cardiovascular y tromboembólica, por lo que estas áreas necesitan una vigilancia específica.
La disponibilidad de equipamiento adecuado constituye un elemento esencial de seguridad. Camas, sillas, grúas y otros dispositivos deben tener dimensiones y capacidad suficientes.
La movilización debe planificarse previamente y deben utilizarse ayudas técnicas cuando sean necesarias, protegiendo tanto al paciente como a los profesionales.
El cuidado de la piel requiere especial atención a los pliegues, humedad y zonas sometidas a presión. La obesidad no elimina el riesgo de lesiones por presión.
La dosificación de determinados medicamentos puede necesitar ajustes específicos, por lo que no debe utilizarse automáticamente el peso corporal total para todos los fármacos.
La atención debe favorecer la autonomía y evitar asumir dependencia únicamente por el tamaño corporal. Del mismo modo, debe protegerse la privacidad durante todos los procedimientos.
Finalmente, el estigma relacionado con el peso puede deteriorar la relación terapéutica y la calidad de la atención. Una asistencia respetuosa, multidisciplinar y basada en necesidades clínicas permite proporcionar cuidados hospitalarios seguros sin discriminación y centrados en la persona.
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