Atención hospitalaria al paciente pediátrico con enfermedad celíaca

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 11–Noviembre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 11: 63

Autor principal (primer firmante): Yudy Carolina Arias Basto

Fecha recepción: 05/10/2026

Fecha aceptación: 01/11/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(11): 63

Autores:

  • Yudy Carolina Arias Basto
  • Valeria Patricia Jiménez Cifuentes
  • María Elena Salleras Sorolla
  • Joaquín Malo De Molina Muñoz
  • Maria del Carmen Mozota Mateo
  • Pamela Martínez Santana

Palabras clave: enfermedad celíaca, pediatría, dieta sin gluten, hospitalización, nutrición, seguridad alimentaria, educación sanitaria

Resumen

La enfermedad celíaca es un trastorno crónico inmunomediado desencadenado por la ingesta de gluten en individuos genéticamente predispuestos. Durante la infancia puede presentar manifestaciones digestivas clásicas, como diarrea, distensión abdominal, dolor o alteraciones del crecimiento, pero también cuadros extradigestivos o formas prácticamente asintomáticas. El diagnóstico precoz y la instauración de una dieta estricta sin gluten permiten conseguir la recuperación clínica y reducir el riesgo de complicaciones.

La atención hospitalaria al paciente pediátrico con enfermedad celíaca requiere garantizar una adecuada valoración nutricional, evitar la exposición accidental al gluten y mantener la seguridad alimentaria durante todo el ingreso. El tratamiento continúa basándose en una dieta sin gluten de por vida, por lo que la coordinación entre pediatría, gastroenterología, Enfermería, nutrición, cocina hospitalaria y la familia resulta fundamental. Deben considerarse además posibles deficiencias de hierro, vitamina D, folato y otros micronutrientes, especialmente durante el periodo posterior al diagnóstico.

El ingreso hospitalario constituye una oportunidad para revisar la adherencia, identificar dificultades relacionadas con la dieta, reforzar la educación sanitaria y proporcionar herramientas para prevenir contaminaciones cruzadas. El objetivo de este artículo es revisar los principales aspectos de la atención hospitalaria del niño con enfermedad celíaca, incluyendo diagnóstico, cuidados, alimentación, seguimiento nutricional, prevención de exposiciones involuntarias al gluten y participación familiar.

Abstract

Celiac disease is a chronic immune-mediated disorder triggered by gluten ingestion in genetically predisposed individuals. During childhood, it may present with classic digestive manifestations such as diarrhoea, abdominal distension, pain or growth abnormalities, but also with extraintestinal manifestations or virtually asymptomatic forms. Early diagnosis and the establishment of a strict gluten-free diet allow clinical recovery and reduce the risk of complications.

Hospital care for paediatric patients with celiac disease requires adequate nutritional assessment, prevention of accidental gluten exposure and maintenance of food safety throughout hospitalisation. Treatment continues to be based on a lifelong gluten-free diet, making coordination between paediatrics, gastroenterology, nursing, nutrition, hospital catering services and the family essential. Possible deficiencies in iron, vitamin D, folate and other micronutrients should also be considered, particularly during the period following diagnosis.

Hospital admission provides an opportunity to review adherence, identify diet-related difficulties, reinforce health education and provide tools to prevent cross-contact with gluten. The aim of this article is to review the main aspects of hospital care for children with celiac disease, including diagnosis, care, nutrition, nutritional follow-up, prevention of unintended gluten exposure and family participation.

Introducción

La enfermedad celíaca es una enfermedad sistémica inmunomediada desencadenada por el consumo de gluten en personas genéticamente susceptibles. El gluten se encuentra principalmente en trigo, cebada y centeno y la exposición provoca una respuesta inmunológica que produce lesión de la mucosa intestinal y diferentes grados de malabsorción.

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Durante la infancia, la presentación clínica es muy variable. Algunos niños presentan diarrea crónica, distensión abdominal, dolor, vómitos, estreñimiento, escasa ganancia ponderal o retraso del crecimiento. En otros predominan manifestaciones extradigestivas como anemia ferropénica, alteraciones del esmalte dental, cansancio, cefalea, alteraciones hepáticas o retraso puberal.

El reconocimiento de esta diversidad clínica ha permitido diagnosticar la enfermedad en pacientes que antiguamente habrían permanecido sin identificar durante largos periodos.

Las recomendaciones de la European Society for Paediatric Gastroenterology, Hepatology and Nutrition, ESPGHAN, establecen actualmente criterios diagnósticos que permiten confirmar la enfermedad sin biopsia intestinal en determinados pacientes pediátricos que presentan concentraciones de anticuerpos antitransglutaminasa IgA iguales o superiores a diez veces el límite superior de la normalidad y anticuerpos antiendomisio positivos en una segunda muestra. Cuando estos requisitos no se cumplen, la biopsia duodenal continúa teniendo un papel fundamental.

Una vez establecido el diagnóstico, el único tratamiento actualmente disponible consiste en mantener una dieta estricta sin gluten durante toda la vida. Esto convierte la alimentación en un componente terapéutico y obliga a prestar especial atención a cualquier entorno en el que se preparen o administren alimentos, incluido el hospital.

La atención hospitalaria debe garantizar que el niño no sea expuesto accidentalmente al gluten y debe aprovechar cada contacto sanitario para evaluar crecimiento, estado nutricional, adherencia y bienestar psicológico y familiar.

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Desarrollo

Presentación clínica en la infancia

La enfermedad celíaca puede aparecer prácticamente a cualquier edad una vez introducido el gluten en la alimentación.

La forma de presentación depende de múltiples factores y no existe un patrón único. Los niños pequeños pueden presentar síntomas gastrointestinales más evidentes, mientras que escolares y adolescentes pueden mostrar manifestaciones menos específicas.

El dolor abdominal recurrente constituye una causa frecuente de consulta. También pueden aparecer diarrea, estreñimiento, distensión, náuseas, vómitos o falta de apetito.

Las alteraciones del crecimiento deben considerarse especialmente relevantes. Una ganancia de peso insuficiente o un descenso progresivo de los percentiles de talla pueden ser la primera manifestación.

La ausencia de síntomas digestivos no excluye la enfermedad. Algunos niños son diagnosticados durante estudios realizados por anemia persistente, alteraciones bioquímicas o debido a pertenecer a grupos de riesgo.

Grupos de riesgo

Determinadas enfermedades y antecedentes se asocian con una mayor frecuencia de enfermedad celíaca.

Los familiares de primer grado de pacientes celíacos presentan un riesgo superior al de la población general.

También existe una asociación especialmente relevante con la diabetes mellitus tipo 1 y determinadas enfermedades autoinmunes.

Los pacientes con síndrome de Down, síndrome de Turner y otras condiciones genéticas presentan igualmente una mayor prevalencia.

En estos grupos pueden realizarse estrategias de detección incluso cuando los síntomas son escasos.

La presencia simultánea de otras enfermedades crónicas aumenta la complejidad del tratamiento y puede incrementar la carga terapéutica y dietética para el niño y su familia.

Diagnóstico serológico

La determinación de anticuerpos específicos constituye la primera herramienta diagnóstica en la mayoría de los pacientes.

Las recomendaciones ESPGHAN consideran inicialmente la medición de anticuerpos IgA frente a transglutaminasa tisular junto con la determinación de IgA total.

La medición de IgA total permite identificar posibles deficiencias que podrían provocar resultados falsamente negativos.

Un aspecto fundamental es que el niño debe estar consumiendo gluten durante el proceso diagnóstico.

Comenzar una dieta sin gluten antes de completar el estudio puede reducir progresivamente los niveles de anticuerpos y mejorar la mucosa intestinal, dificultando la confirmación posterior.

Por este motivo, ante una sospecha de enfermedad celíaca no debe recomendarse retirar el gluten hasta finalizar adecuadamente el proceso diagnóstico.

Diagnóstico sin biopsia intestinal

Uno de los cambios más importantes en la enfermedad celíaca pediátrica ha sido la posibilidad de establecer el diagnóstico sin realizar una endoscopia en pacientes seleccionados.

Cuando los anticuerpos antitransglutaminasa IgA son iguales o superiores a diez veces el límite superior de la normalidad y se confirma la positividad de anticuerpos antiendomisio IgA en una segunda muestra, puede establecerse el diagnóstico sin biopsia siguiendo los criterios ESPGHAN.

La decisión debe realizarse desde un equipo con experiencia y después de explicar adecuadamente a la familia las diferentes opciones.

Cuando los valores de anticuerpos son inferiores a este umbral, la biopsia intestinal continúa siendo necesaria para confirmar el diagnóstico.

La posibilidad de evitar procedimientos invasivos resulta especialmente beneficiosa durante la infancia, pero exige un cumplimiento riguroso de los criterios establecidos.

Endoscopia y biopsia intestinal

Cuando se requiere biopsia, la endoscopia digestiva alta permite obtener muestras de diferentes zonas del duodeno.

La distribución de las lesiones puede no ser uniforme, por lo que es necesario obtener un número adecuado de muestras.

El procedimiento pediátrico suele realizarse bajo sedación o anestesia según los protocolos hospitalarios.

Los cuidados incluyen preparación previa, cumplimiento del periodo de ayuno, valoración del acceso venoso cuando sea necesario y vigilancia posterior hasta la recuperación completa.

La familia debe recibir información clara sobre el procedimiento y el niño debe recibir una explicación adaptada a su edad para reducir miedo y ansiedad.

Valoración nutricional

La enfermedad activa puede producir alteraciones nutricionales como consecuencia de la lesión intestinal y la malabsorción.

En el momento del diagnóstico deben valorarse peso, talla, índice de masa corporal y evolución previa del crecimiento.

La presencia de anemia ferropénica es relativamente frecuente y puede requerir tratamiento específico.

También pueden aparecer deficiencias de vitamina D, folato, vitamina B12, zinc y otros micronutrientes.

Un estudio pediátrico publicado en 2023 identificó que determinadas deficiencias nutricionales pueden persistir incluso durante el seguimiento de niños que realizan dieta sin gluten, especialmente las relacionadas con hierro, ferritina y vitamina D.

Por este motivo, el seguimiento no debe limitarse a comprobar la desaparición de los síntomas gastrointestinales.

Dieta estricta sin gluten

El tratamiento fundamental consiste en eliminar completamente el gluten de la alimentación.

Deben excluirse trigo, cebada, centeno y sus variedades y derivados que contengan gluten.

Existen numerosos alimentos naturalmente libres de gluten, como frutas, verduras, carnes, pescados, huevos, leche, arroz, patatas, legumbres y otros productos no procesados.

La utilización de estos alimentos facilita una dieta equilibrada y evita una dependencia excesiva de productos industriales específicamente formulados sin gluten.

La ESPGHAN publicó en 2024 un documento específico sobre alimentación sin gluten en pacientes pediátricos, destacando la importancia de enseñar a las familias a seleccionar alimentos adecuados, interpretar correctamente el etiquetado y prevenir el contacto cruzado con gluten.

Seguridad alimentaria durante la hospitalización

El ingreso hospitalario introduce riesgos específicos debido a que el niño depende de los alimentos preparados dentro de la institución.

La enfermedad celíaca debe quedar claramente identificada desde el momento del ingreso para garantizar que la dieta solicitada sea realmente libre de gluten.

El servicio de alimentación hospitalaria debe disponer de procedimientos destinados a evitar errores durante la preparación, almacenamiento, distribución y administración.

No basta con retirar del plato los alimentos aparentemente elaborados con harina. Determinadas salsas, productos procesados, caldos, postres y preparados pueden contener gluten como ingrediente.

El personal responsable debe utilizar información fiable sobre la composición de cada producto.

Prevención del contacto cruzado

La ausencia de gluten en los ingredientes no garantiza por sí sola la seguridad cuando el alimento entra en contacto con superficies, utensilios o productos contaminados.

El contacto cruzado puede producirse mediante tablas de corte, tostadoras, freidoras, recipientes, cucharas o superficies en las que previamente se prepararon alimentos con gluten.

Dentro del hospital deben existir procedimientos que reduzcan estas exposiciones.

Los productos preparados específicamente para pacientes celíacos deben almacenarse de manera que no entren en contacto con otros alimentos.

El personal encargado de distribuir las bandejas también debe comprobar la identidad del paciente y la dieta prescrita antes de entregarla.

Papel de enfermería

Enfermería desempeña una función especialmente relevante porque mantiene un contacto continuado con el niño y su familia durante el ingreso.

Debe comprobar que la dieta administrada coincide con la prescrita y comunicar cualquier incidencia antes de que el alimento sea consumido.

También puede identificar síntomas gastrointestinales, cambios en el apetito, alteraciones en las deposiciones y dificultades relacionadas con la aceptación de la dieta hospitalaria.

Cuando se administran medicamentos por vía oral debe comprobarse su composición cuando exista alguna duda sobre excipientes o formulaciones.

La educación sanitaria constituye otra área fundamental. El ingreso puede utilizarse para detectar conceptos erróneos y reforzar conocimientos sobre alimentación y prevención del contacto cruzado.

Participación del dietista-nutricionista

La dieta sin gluten puede ser nutricionalmente adecuada, pero eliminar determinados cereales sin realizar sustituciones apropiadas puede generar desequilibrios.

El dietista-nutricionista con experiencia en enfermedad celíaca puede valorar la dieta habitual y proponer alternativas adaptadas a la edad, hábitos familiares y necesidades de crecimiento.

Debe prestarse atención al aporte de fibra, hierro, calcio, vitamina D, folato y otros nutrientes.

Algunos productos industriales sin gluten pueden contener cantidades elevadas de grasas, azúcares o sal y menor contenido de fibra y micronutrientes que los productos convencionales equivalentes.

Por ello, una alimentación sin gluten no debe confundirse con consumir exclusivamente productos etiquetados específicamente como tales.

Corrección de deficiencias nutricionales

Cuando se detecta una deficiencia debe establecerse un tratamiento individualizado.

La anemia ferropénica puede requerir suplementación de hierro, especialmente cuando los depósitos se encuentran muy reducidos.

La vitamina D debe corregirse cuando existe deficiencia y también debe garantizarse una ingesta adecuada de calcio.

No se recomienda suplementar de forma indiscriminada todos los micronutrientes sin una valoración previa.

La recuperación de la mucosa intestinal después de retirar el gluten mejora progresivamente la absorción y puede corregir algunas deficiencias.

Sin embargo, determinados estudios han mostrado que la propia dieta sin gluten también puede presentar carencias si no se encuentra correctamente planificada.

Seguimiento después del diagnóstico

El seguimiento permite comprobar la respuesta clínica y serológica y detectar problemas relacionados con la dieta.

Las recomendaciones ESPGHAN sobre manejo y seguimiento de niños y adolescentes con enfermedad celíaca incluyen la valoración periódica del crecimiento, estado nutricional, síntomas, adherencia y anticuerpos específicos.

La primera revisión suele realizarse durante los primeros meses después del diagnóstico.

En cada consulta deben revisarse peso y talla y comprobarse la desaparición o mejoría de los síntomas.

La serología suele disminuir progresivamente con una adecuada adherencia, aunque el tiempo hasta su normalización puede variar.

Una persistencia prolongada de anticuerpos obliga a investigar posibles exposiciones inadvertidas.

Importancia del seguimiento precoz

Los primeros meses después del diagnóstico constituyen un periodo especialmente importante.

La familia debe modificar hábitos de compra, preparación de alimentos, comidas fuera del domicilio y organización de la cocina.

Un estudio realizado en niños con enfermedad celíaca y publicado en 2023 mostró que durante los primeros meses todavía podían identificarse exposiciones al gluten y desequilibrios nutricionales, y que el asesoramiento posterior permitía corregir parte de estos problemas.

El seguimiento precoz ofrece la oportunidad de aclarar dudas antes de que se consoliden prácticas incorrectas.

También permite valorar la adaptación emocional del niño a una dieta que deberá mantener durante toda su vida.

Adherencia al tratamiento

La adherencia puede ser elevada durante los primeros años de vida cuando los adultos controlan prácticamente toda la alimentación.

Con el crecimiento aumenta la exposición a situaciones sociales como cumpleaños, comedor escolar, excursiones, viajes y comidas con amigos.

Durante la adolescencia pueden aparecer transgresiones voluntarias relacionadas con el deseo de sentirse igual que el resto del grupo.

No debe abordarse el incumplimiento exclusivamente desde una perspectiva de reproche.

Es necesario identificar qué dificultades existen y buscar soluciones prácticas.

La educación dietética proporcionada por profesionales entrenados puede mejorar el conocimiento familiar y favorecer una mayor adherencia.

Entorno escolar

La vida del niño se desarrolla durante muchas horas fuera del hogar y el centro educativo debe formar parte de la estrategia de seguridad.

Cuando el niño utiliza comedor escolar debe existir una comunicación adecuada sobre su enfermedad y la necesidad de una dieta estricta sin gluten.

El colegio también debe conocer cómo evitar contaminaciones durante actividades culinarias, celebraciones o excursiones.

No debe excluirse al niño innecesariamente de las actividades.

La planificación anticipada permite que participe de forma segura y evita reforzar la percepción de enfermedad o diferencia respecto a sus compañeros.

Impacto emocional y social

La enfermedad celíaca exige restricciones permanentes que pueden afectar a la vida social.

Comer fuera del domicilio puede generar preocupación por la contaminación y el niño puede sentirse diferente cuando no puede consumir los mismos alimentos que sus compañeros.

Durante la adolescencia estas dificultades pueden adquirir mayor importancia.

Los estudios sobre calidad de vida indican que la enfermedad y la dieta pueden afectar a dimensiones emocionales, sociales y escolares.

La familia también puede experimentar preocupación y aumento de la carga organizativa.

La atención sanitaria debe preguntar activamente sobre estas dificultades y proporcionar apoyo cuando sea necesario.

La familia como parte del tratamiento

Durante la infancia, los cuidadores son responsables de buena parte de la seguridad alimentaria.

Deben aprender a interpretar etiquetas, organizar la cocina doméstica, seleccionar establecimientos seguros y preparar alimentos evitando contaminaciones.

Sin embargo, conforme aumenta la edad debe fomentarse progresivamente la autonomía del niño.

El paciente debe aprender qué alimentos puede consumir, cómo preguntar por los ingredientes y cómo explicar su enfermedad cuando se encuentre fuera del entorno familiar.

Esta transición debe producirse de forma progresiva y adaptada a su madurez.

Persistencia de síntomas

La presencia de síntomas después de iniciar una dieta sin gluten no significa necesariamente que el diagnóstico sea incorrecto.

Una de las primeras posibilidades que debe investigarse es la exposición involuntaria al gluten.

La revisión detallada por un profesional de nutrición puede identificar fuentes ocultas o contaminación cruzada.

También deben considerarse otras causas como estreñimiento funcional, intolerancias alimentarias transitorias u otras enfermedades gastrointestinales.

La repetición sistemática de biopsias no forma parte del seguimiento rutinario cuando la evolución es adecuada.

Se reserva para situaciones seleccionadas en las que persisten dudas diagnósticas o clínicas.

Enfermedades asociadas

Los pacientes celíacos pueden presentar otras enfermedades autoinmunes.

La asociación con diabetes mellitus tipo 1 resulta especialmente relevante porque obliga a combinar dos tratamientos dietéticos y médicos complejos.

En estos pacientes, la dieta debe mantener simultáneamente un adecuado control de hidratos de carbono y una exclusión estricta del gluten.

También pueden coexistir enfermedades tiroideas autoinmunes.

La atención debe evitar fragmentar el seguimiento y procurar que las recomendaciones de diferentes especialistas sean compatibles entre sí.

Transición hacia la adolescencia y edad adulta

La enfermedad celíaca requiere seguimiento durante toda la vida.

A medida que el paciente se acerca a la edad adulta debe adquirir progresivamente responsabilidad sobre su tratamiento.

Debe conocer su diagnóstico, interpretar el etiquetado y comprender las consecuencias de las exposiciones repetidas.

La transición desde gastroenterología pediátrica hacia servicios de adultos debe planificarse y no consistir únicamente en finalizar el seguimiento pediátrico.

Una transición organizada reduce el riesgo de pérdida de seguimiento y favorece el mantenimiento de la adherencia.

Conclusión

La enfermedad celíaca es una enfermedad crónica inmunomediada cuya presentación durante la infancia puede ser muy variable. El diagnóstico debe realizarse siguiendo criterios clínicos y serológicos bien establecidos y, en determinados pacientes, puede confirmarse sin necesidad de biopsia intestinal.

El único tratamiento actualmente disponible continúa siendo una dieta estricta sin gluten durante toda la vida. Esta medida permite la recuperación intestinal y la desaparición progresiva de los síntomas, pero requiere conocimientos específicos y una importante adaptación de los hábitos familiares.

La atención hospitalaria debe garantizar que el niño reciba alimentos completamente libres de gluten y que se apliquen medidas destinadas a prevenir el contacto cruzado. La coordinación entre profesionales sanitarios y servicios de alimentación resulta indispensable para mantener la seguridad durante el ingreso.

La valoración nutricional debe formar parte del abordaje desde el diagnóstico, ya que pueden existir alteraciones del crecimiento y deficiencias de hierro, vitamina D y otros micronutrientes. La dieta sin gluten debe ser equilibrada y basarse preferentemente en alimentos naturalmente libres de gluten, evitando una dependencia excesiva de productos ultraprocesados.

El seguimiento debe evaluar crecimiento, síntomas, serología, adherencia y calidad de vida. Los primeros meses después del diagnóstico son especialmente relevantes para identificar errores dietéticos y reforzar la educación de la familia.

Finalmente, la atención integral debe considerar también las repercusiones psicológicas, sociales y escolares. La combinación de un diagnóstico correcto, alimentación segura, seguimiento nutricional y educación progresiva permite que la mayoría de los niños con enfermedad celíaca alcance un crecimiento adecuado y desarrolle una vida plenamente integrada.

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