Índice
Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 850
Autor principal (primer firmante): Belén Cobo Huesa
Fecha recepción: 25/07/2026
Fecha aceptación: 21/08/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 850
Autores:
BELÉN COBO HUESA
MARIA CARMEN PALOMAR ESCOBEDO
MARIA PILAR LÓPEZ MOYA
MARIA DEL ROSARIO ZAPATER PIRACÉS
MARIA CONCEPCIÓN LANCINA YUS
MARIA CRISTINA ZAPATER PIRACÉS
Categoría profesional: TOTAL STAFF
Palabras clave: acidez estomacal, ardor de estómago, reflujo, pirosis, aparato digestivo, enzima digestiva, gastroscopia
Introducción
La acidez estomacal es una de las molestias digestivas más frecuentes en la población. Se estima que millones de personas experimentan sensación de ardor en el pecho o detrás del esternón al menos una vez al mes, y una parte importante la padece de forma habitual. Aunque en la mayoría de los casos se trata de un problema benigno, cuando los síntomas son persistentes pueden afectar de manera significativa a la calidad de vida e incluso ser un signo de una enfermedad que requiere valoración médica.
Muchas personas utilizan indistintamente los términos acidez, reflujo o ardor de estómago, pero no siempre significan exactamente lo mismo.
¿Qué es la acidez estomacal?
La acidez estomacal, también denominada pirosis, es una sensación de quemazón que suele localizarse detrás del esternón y que, en ocasiones, asciende hacia la garganta. Este síntoma aparece cuando el contenido ácido del estómago asciende hacia el esófago, un órgano que no está preparado para soportar el contacto prolongado con el ácido gástrico.
En condiciones normales, existe una estructura denominada esfínter esofágico inferior, una especie de válvula situada entre el esófago y el estómago. Su función es permitir el paso de los alimentos hacia el estómago e impedir que estos regresen hacia arriba. Cuando este mecanismo pierde eficacia o se relaja de forma inadecuada, el ácido puede refluir y provocar la sensación característica de ardor.
¿Por qué el estómago produce ácido?
El ácido clorhídrico forma parte del funcionamiento normal del aparato digestivo. Su misión es facilitar la digestión de los alimentos, activar determinadas enzimas digestivas y contribuir a eliminar microorganismos que llegan con la comida.
El propio estómago dispone de mecanismos de protección, como una capa de moco y bicarbonato, que impiden que este ácido dañe sus paredes. El problema aparece cuando el ácido entra en contacto con el esófago, cuya mucosa es mucho más sensible.
Principales causas
La acidez puede aparecer por múltiples motivos. Uno de los más frecuentes es la enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE), una alteración crónica en la que el contenido del estómago asciende repetidamente hacia el esófago.
No obstante, también existen factores cotidianos que favorecen su aparición. Las comidas copiosas retrasan el vaciamiento del estómago y aumentan la presión en su interior. Los alimentos ricos en grasas pueden relajar el esfínter esofágico inferior, facilitando el reflujo.
El consumo de alcohol, tabaco, café o bebidas con cafeína también puede favorecer los síntomas en algunas personas. De igual forma, el chocolate, la menta, las bebidas carbonatadas y los alimentos muy picantes pueden actuar como desencadenantes en individuos predispuestos, aunque su efecto no es igual para todo el mundo.
La obesidad constituye otro importante factor de riesgo. El aumento de la presión dentro del abdomen favorece que el contenido gástrico ascienda hacia el esófago. Por este mismo motivo, la acidez es especialmente frecuente durante el embarazo, sobre todo en el tercer trimestre.
Algunos medicamentos, como determinados antiinflamatorios, bloqueantes de los canales del calcio o algunos tratamientos para el asma, también pueden favorecer la aparición de reflujo.
Síntomas más habituales
El síntoma principal es el ardor detrás del esternón, que suele aparecer después de comer o al acostarse. Muchas personas describen además un sabor amargo o ácido en la boca debido al ascenso del contenido gástrico.
En ocasiones pueden aparecer dificultad para tragar, sensación de nudo en la garganta, tos persistente, ronquera o necesidad frecuente de aclararse la voz. Cuando estos síntomas se mantienen en el tiempo es recomendable consultar con un profesional sanitario.
¿Cuándo debe preocupar?
La acidez ocasional suele responder a cambios en la alimentación o al uso puntual de medicamentos antiácidos. Sin embargo, existen situaciones que requieren valoración médica.
Es recomendable consultar si los síntomas aparecen varias veces por semana, si persisten durante semanas, si dificultan la alimentación o si se acompañan de pérdida de peso involuntaria, vómitos repetidos, dificultad para tragar, anemia o presencia de sangre en vómitos o heces.
En personas mayores de 50 años con síntomas de nueva aparición también suele aconsejarse una evaluación médica para descartar otras enfermedades.
¿Cómo se diagnostica?
En la mayoría de los casos, el diagnóstico puede realizarse a partir de los síntomas y de la historia clínica del paciente.
Cuando existe sospecha de enfermedad por reflujo gastroesofágico o aparecen síntomas de alarma, el especialista puede solicitar una gastroscopia, que permite observar directamente el esófago y el estómago.
En algunos pacientes también se realiza una pHmetría esofágica, una prueba que mide durante 24 horas la cantidad de ácido que alcanza el esófago. Otra exploración útil es la manometría esofágica, que estudia el funcionamiento de los músculos del esófago y del esfínter esofágico inferior.
Tratamiento
El tratamiento depende de la intensidad y frecuencia de los síntomas.
En los episodios leves pueden utilizarse antiácidos, que neutralizan el ácido presente en el estómago y proporcionan un alivio rápido, aunque de corta duración.
Cuando los síntomas son más frecuentes, el médico puede indicar antagonistas de los receptores H2 o, más habitualmente, inhibidores de la bomba de protones (IBP), como el omeprazol, pantoprazol o esomeprazol. Estos medicamentos reducen la producción de ácido y constituyen el tratamiento de elección para la enfermedad por reflujo gastroesofágico.
En un pequeño grupo de pacientes que no responde al tratamiento farmacológico o presenta determinadas complicaciones puede valorarse el tratamiento quirúrgico mediante técnicas destinadas a reforzar el esfínter esofágico inferior.
El papel de los hábitos de vida
Las modificaciones del estilo de vida representan una parte fundamental del tratamiento.
Entre las recomendaciones con mayor respaldo científico destacan evitar comidas muy abundantes, no acostarse inmediatamente después de cenar, mantener un peso saludable y dejar de fumar.
También puede resultar útil elevar ligeramente la cabecera de la cama en personas con síntomas nocturnos y aprender a identificar los alimentos que desencadenan molestias de forma individual, ya que no todos afectan por igual a todas las personas.
Mitos frecuentes
Uno de los errores más habituales es pensar que toda acidez se debe a un exceso de producción de ácido. En realidad, muchas personas producen cantidades normales de ácido; el problema es que este asciende hacia el esófago.
Otro mito consiste en creer que beber leche siempre mejora la acidez. Aunque inicialmente puede aliviar el ardor, su contenido en grasas y proteínas puede estimular posteriormente una mayor producción de ácido en algunas personas.
También es frecuente recurrir al bicarbonato sódico como remedio casero. Aunque puede neutralizar temporalmente el ácido, su uso habitual no está recomendado, ya que puede producir alteraciones del equilibrio de sodio y favorecer efectos adversos.
Conclusión
La acidez estomacal es un síntoma muy frecuente que, aunque suele ser benigno, no debe normalizarse cuando aparece de forma repetida. En la mayoría de los casos puede controlarse mediante cambios en los hábitos de vida y, cuando es necesario, con tratamientos farmacológicos eficaces y seguros indicados por un profesional sanitario. Reconocer los factores que favorecen el reflujo, mantener una alimentación equilibrada, evitar el tabaco y controlar el peso corporal son medidas que contribuyen a reducir la aparición de los síntomas. Si la acidez es persistente o se acompaña de signos de alarma, la valoración médica resulta esencial para establecer un diagnóstico adecuado y prevenir posibles complicaciones.
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