Índice
Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 849
Autor principal (primer firmante): Belén Cobo Huesa
Fecha recepción: 25/07/2026
Fecha aceptación: 21/08/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 849
Autores:
BELÉN COBO HUESA
MARIA CARMEN PALOMAR ESCOBEDO
MARIA PILAR LÓPEZ MOYA
MARIA DEL ROSARIO ZAPATER PIRACÉS
MARIA CONCEPCIÓN LANCINA YUS
MARIA CRISTINA ZAPATER PIRACÉS
Categoría profesional: TOTAL STAFF
Resumen
Los abscesos tubáricos, que son integrados habitualmente dentro del concepto de absceso tubo-ovárico, son una de las complicaciones más graves de la enfermedad inflamatoria pélvica, siendo procesos infecciosos localizados en las trompas de Falopio que pueden extenderse al ovario y a otras estructuras pélvicas, generando cuadros potencialmente graves si no se tratan a tiempo. Aunque el uso de antibióticos de amplio espectro continúa siendo la base del tratamiento, el desarrollo de técnicas de drenaje guiadas por imagen y la mejora de los protocolos diagnósticos han presentado alternativas. La presentación clínica puede ser muy variable, desde pacientes con sintomatología escasa hasta cuadros sépticos de elevada gravedad.
Palabras clave:
Absceso tubárico, absceso tubo-ovárico, enfermedad inflamatoria pélvica, salpingitis, infección pélvica, ecografía transvaginal, drenaje percutáneo, fertilidad, antibioterapia, sepsis ginecológica, dolor pélvico, complicaciones infecciosas.
Introducción
Los abscesos tubáricos son una entidad clínica destacada dentro de la patología infecciosa ginecológica, aunque tradicionalmente se describen junto a los abscesos tubo-ováricos debido a la frecuente afectación simultánea de trompas y ovarios, la infección suele iniciarse en las trompas de Falopio como consecuencia de la progresión de una enfermedad inflamatoria pélvica. Las técnicas de imagen cada vez más precisas nos dan la opción de un diagnóstico más temprano, mientras que la incorporación de procedimientos mínimamente invasivos ha reducido la necesidad de cirugía radical en muchas pacientes. A pesar de estos avances, continúa siendo una patología asociada a morbilidad relevante y con potencial repercusión sobre la fertilidad.
Concepto
El absceso tubárico es una colección purulenta localizada en una trompa de Falopio como consecuencia de un proceso infeccioso ascendente del tracto genital femenino. En la práctica, la evolución natural del proceso suele conllevar la afectación del ovario adyacente, dando lugar a la formación de un absceso tubo-ovárico.
La vía de infección más habitual es el ascenso de microorganismos desde la vagina y el cuello uterino hacia el endometrio y las trompas, proceso durante el que se produce inflamación intensa de la mucosa tubárica, edema, destrucción tisular y formación progresiva de material purulento. Cuando la respuesta inflamatoria supera los mecanismos locales de contención, aparecen colecciones encapsuladas que pueden alcanzar tamaños considerables.
Aunque clásicamente se relacionaban con infecciones por Neisseria gonorrhoeae y Chlamydia trachomatis, actualmente se sabe que la mayoría de los abscesos presentan una microbiología polimicrobiana y es frecuente encontrar anaerobios, enterobacterias, estreptococos y microorganismos propios de la flora vaginal, lo que explica la necesidad de emplear tratamientos antibióticos con amplia cobertura.
Epidemiología y predisposición
La mayor parte de los casos se diagnostica en mujeres en edad reproductiva y la relación con la actividad sexual y con los antecedentes de enfermedad inflamatoria pélvica está bien establecida. Sin embargo, existen otros escenarios para su aparición.
Entre los factores predisponentes destacan los antecedentes de infecciones de transmisión sexual, la presencia de episodios previos de enfermedad inflamatoria pélvica, las múltiples parejas sexuales y la utilización reciente de dispositivos intrauterinos. No olvidemos aquí que algunas patologías como la diabetes mellitus, la endometriosis o las situaciones de inmunosupresión pueden incrementar el riesgo de desarrollar formas más graves.
También se han descrito abscesos secundarios a procesos infecciosos extragenitales, como apendicitis, diverticulitis o enfermedad inflamatoria intestinal, donde la infección alcanza la zona por cercanía anatómica.
Del síntoma al diagnóstico
Algunas pacientes consultan por un cuadro claramente infeccioso, mientras que otras presentan síntomas más inespecíficos que dificultan el diagnóstico inicial.
El dolor pélvico o abdominal inferior es el síntoma más frecuente, y puede localizarse en un único lado o afectar ambas fosas ilíacas, aumentando progresivamente de intensidad. La fiebre, los escalofríos y el malestar general suelen acompañar a los casos evolucionados.
No es raro encontrar secreción vaginal anormal, sangrado uterino irregular, dispareunia o molestias urinarias, y en determinadas ocasiones la exploración revela una masa anexial dolorosa. Cuando se produce la rotura del absceso, el cuadro clínico puede evolucionar rápidamente hacia peritonitis o sepsis, situación que recordemos es urgente.
Recordemos aquí que la ausencia de fiebre no excluye el diagnóstico, y que algunas pacientes presentan únicamente dolor abdominal persistente y alteraciones analíticas moderadas.
El diagnóstico se fundamenta en la integración de la historia clínica, la exploración física, los estudios de laboratorio y las pruebas de imagen.
Los análisis suelen mostrar elevación de leucocitos, proteína C reactiva y otros marcadores inflamatorios. También resulta recomendable el estudio microbiológico dirigido a la detección de infecciones de transmisión sexual y otros posibles patógenos.
La ecografía transvaginal es la técnica de imagen de primera elección para identificar masas anexiales, colecciones líquidas, tabiques internos y otros hallazgos compatibles con absceso. Además, es una prueba accesible, rápida y sin radiación.
La tomografía computarizada puede ser de utilidad cuando existen dudas diagnósticas o sospecha de afectación abdominal extensa y la resonancia magnética aporta una caracterización anatómica excelente que ayuda a diferenciar el absceso de otras masas pélvicas.
El diagnóstico diferencial incluye embarazo ectópico, endometrioma infectado, torsión anexial, quistes ováricos complicados, apendicitis, diverticulitis y neoplasias ginecológicas.
Tratamiento antibiótico
El antibiótico es el pilar inicial del tratamiento, y debido al carácter polimicrobiano de la infección, se utilizan pautas de amplio espectro capaces de cubrir bacterias aerobias, anaerobias y microorganismos asociados a enfermedades de transmisión sexual.
Las pacientes con sospecha diagnóstica deben ser valoradas para ingreso hospitalario cuando presenten fiebre elevada, dolor importante, alteraciones analíticas marcadas o masas anexiales significativas. El tratamiento intravenoso nos da la opción de alcanzar concentraciones apropiadas de antibióticos y valorar de forma la evolución clínica.
La respuesta suele apreciarse durante las primeras 48-72 horas mediante la disminución de la fiebre, la mejoría del dolor y la reducción de los marcadores inflamatorios y la ausencia de mejoría obviamente obliga a reconsiderar la estrategia terapéutica.
Drenaje y procedimientos mínimamente invasivos
En los últimos años se ha producido un cambio en el tratamiento de los abscesos anexiales gracias al desarrollo de técnicas de drenaje guiadas por imagen. La punción y drenaje transvaginal ecoguiado es una alternativa eficaz en pacientes seleccionadas. Este procedimiento se usa para evacuar el contenido purulento minimizando el daño tisular y reduciendo la necesidad de intervenciones quirúrgicas más agresivas.
La indicación suele plantearse cuando existe un absceso de tamaño considerable, persistencia de síntomas pese al tratamiento antibiótico o deseo de preservar la fertilidad futura. La experiencia ha mostrado elevadas tasas de éxito y reducción de la estancia hospitalaria.
Cirugía y situaciones de urgencia
Aunque el tratamiento conservador ha ganado protagonismo, la cirugía continúa siendo indispensable en muchos casos. La sospecha de rotura del absceso representa una emergencia médica debido al elevado riesgo de peritonitis generalizada y sepsis. En estos casos suele ser necesario realizar una intervención urgente para controlar el foco infeccioso.
También puede requerirse cirugía cuando fracasan las medidas conservadoras, existen dudas diagnósticas importantes o se sospecha la coexistencia de una neoplasia.
Las técnicas quirúrgicas actuales intentan preservar la función reproductiva siempre que sea posible. No obstante, en infecciones extensas o en pacientes con afectación anatómica grave puede ser necesario realizar procedimientos más radicales.
Repercusión sobre la fertilidad y pronóstico
El pronóstico depende de la gravedad, nuestro tiempo de reacción y la respuesta al tratamiento. Con una actuación a tiempo, la mayoría de las pacientes experimenta una evolución favorable.
Sin embargo, la inflamación intensa puede originar fibrosis, adherencias pélvicas y daño tubárico irreversible aumentando el riesgo de infertilidad y embarazo ectópico en el futuro. Precisamente por este motivo, las estrategias actuales buscan preservar al máximo la anatomía anexial mediante tratamientos conservadores.
Conclusiones
Los abscesos tubáricos son una complicación grave de la enfermedad inflamatoria pélvica cuyo origen suele relacionarse con infecciones ascendentes del tracto genital, aunque pueden intervenir múltiples factores predisponentes y microorganismos. La ecografía transvaginal tiene un rol central en el diagnóstico, complementada por otras técnicas de imagen cuando existen dudas. El tratamiento antibiótico lo antes posible sigue siendo esencial, pero hoy día existen procedimientos de drenaje guiados por imagen que han ampliado las opciones conservadoras. Recordemos la importancia del tema, existe riesgo de sepsis y de pérdida de la fertilidad.
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