Abordaje dietoterapéutico y manejo de Enfermería en el síndrome metabólico asociado a úlcera duodenal: a propósito de un caso clínico

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 1078

Autor principal (primer firmante): Teresa Burillo Serrano

Fecha recepción: 29/07/2026

Fecha aceptación: 25/08/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 1078

Autores:

Teresa Burillo Serrano, Pilar Gómez Barreiro, Ana Collado Ordovás, Alba Rubio Marín, Ana Cabello Jabal

Categoría profesional: Grado en Enfermería.

Resumen

La úlcera péptica es una lesión circunscrita de la mucosa gástrica o duodenal provocada por un desequilibrio entre los factores agresivos (ácido clorhídrico, pepsina) y los mecanismos protectores (moco, bicarbonato, flujo sanguíneo, prostaglandinas). Este trabajo presenta el caso clínico de una paciente de 45 años diagnosticada de úlcera duodenal concomitante con obesidad tipo I, hipertensión arterial e hiperlipemia mixta, cumpliendo criterios diagnósticos de síndrome metabólico.

Se pautó un plan dietético hipocalórico de 1880 kcal/día basado en el sistema de intercambios de alimentos, diseñado bajo un modelo de dieta blanda de fácil digestión. El objetivo principal fue mitigar la sintomatología dolorosa gástrica, favorecer la cicatrización de la mucosa ulcerosa y corregir las alteraciones metabólicas mediante educación nutricional supervisada. Tras la calibración de un menú de 3 días, se obtuvo una distribución de macronutrientes equilibrada (16% proteínas, 29% grasas y 54,7% hidratos de carbono), demostrando que la intervención dietética coordinada desde la consulta de Enfermería, junto con la modificación de estilos de vida, constituyen pilares fundamentales en el manejo integral de esta patología.

Palabras clave:

Úlcera duodenal; Síndrome metabólico; Dietoterapia; Cuidados de Enfermería; Dieta blanda, Restricción calórica; Sistema de intercambios.

Introducción

La úlcera péptica consta de una lesión directa de la mucosa gástrica o duodenal originada por el desequilibrio de factores agresivos (secreción de ácido clorhídrico y pepsina) y los mecanismos protectores de la mucosa (bicarbonato, flujo sanguíneo, moco y prostaglandinas) (1). El síntoma más común es el ardor gástrico (pirosis) y la molestia epigástrica, asociados frecuentemente a la infección por Helicobacter pylori o al uso prolongado de antiinflamatorios no esteroideos (AINE) (1,2).

El patrón doloroso ulceroso consiste en una molestia urente, de naturaleza ardorosa, localizada en la región epigástrica que aparece entre media hora y tres horas tras la ingesta alimentaria, aliviándose de forma característica con la toma de nuevos alimentos o sustancias alcalinas (antiácidos) (1,2). Adicionalmente, muchos pacientes refieren náuseas, vómitos y pérdida de apetito que condicionan significativamente su calidad de vida.

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El abordaje de estos pacientes desde las consultas de Enfermería y nutrición debe ser integral y multidisciplinar, combinando el tratamiento farmacológico (inhibidores de la bomba de protones, antagonistas H2) con modificaciones higiénico-dietéticas y cambios conductuales que reduzcan los factores desencadenantes (2,4). La educación para la salud y la dietoterapia constituyen intervenciones esenciales de Enfermería en la prevención de complicaciones agudas (hemorragia, perforación) y en la promoción del bienestar.

Objetivos

Objetivo general

  • Diseñar, implementar y evaluar un plan dietoterapéutico personalizado para una paciente con úlcera duodenal y síndrome metabólico asociado, mediante un enfoque integral de cuidados de Enfermería.

Objetivos específicos

  • Colaborar en la mejora de la sintomatología dolorosa y favorecer la cicatrización ulcerosa mediante una dieta de fácil digestión estructurada según los principios de la dietoterapia.
  • Disminuir el peso corporal mediante una restricción calórica controlada y adaptada a las necesidades cardiometabólicas, sin comprometer la seguridad nutricional.
  • Promover la educación nutricional orientada a la eliminación de hábitos nocivos (tabaco, alcohol y exceso de café) que exacerben la secreción ácida y dificulten la cicatrización.
  • Coordinar desde la consulta de Enfermería un abordaje multidisciplinar que integre farmacología, nutrición y modificación de estilos de vida.

Métodos

Se realiza un estudio de caso clínico único, siguiendo la metodología de análisis narrativo y descriptivo de un caso paradigmático. La paciente es una mujer de 45 años que acude a la consulta de Enfermería presentando dolor epigástrico crónico, pirosis, náuseas, vómitos y pérdida de apetito secundarios a diagnóstico confirmado de úlcera duodenal.

Proceso de Valoración Nutricional:

Para la valoración nutricional integral se recogieron:

  • Parámetros antropométricos: peso, talla, índice de masa corporal (IMC), pliegues cutáneos (tricipital, bicipital, suprailíaco, subescapular), perímetro de cintura e índice cintura-cadera (ICC) para evaluar distribución de tejido adiposo [3,5].
  • Parámetros analíticos: glucosa en ayunas, perfil lipídico completo (colesterol total, HDL, LDL, triglicéridos), presión arterial sistólica y diastólica.
  • Confirmación diagnóstica: La úlcera duodenal fue confirmada mediante endoscopia digestiva alta, procedimiento de referencia.

Cálculo del Gasto Energético Total (GET):

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El GET se calculó empleando la ecuación de Harris-Benedict [3] con el software EasyDiet®:

  • Mujeres: GET = 655 + (9,6 × peso en kg) + (1,8 × talla en cm) − (4,7 × edad en años)

Diseño de la Intervención Dietética:

Se aplicó el método de intercambios de alimentos, estableciendo una restricción de 500 kcal sobre el GET calculado (déficit moderado recomendado para pérdida de peso segura: 0,5-1 kg/semana) [4,6]. El menú fue estructurado bajo las directrices de una dieta blanda de fácil digestión, evitando alimentos irritantes, hipersecretores y de lenta absorción.

Resultados

Exposición del Caso Clínico

Paciente mujer de 45 años, de profesión administrativa, con elevados niveles de ansiedad y estrés laboral crónico. Presenta un hábito tabáquico activo de 20-25 cigarrillos/día, alto consumo de café (aproximadamente 4-5 tazas/día) y consumo habitual de alcohol de riesgo (40 g/día, equivalente a 3-4 bebidas alcohólicas estándar). Refiere el uso frecuente e inapropiado de AINE (ibuprofeno 600 mg diarios) debido a dolores articulares y cefaleas, sin supervisión médica. No realiza actividad física regular y describe patrones alimentarios irregulares con comidas rápidas y ultraprocesadas.

Tabla 1. Valoración antropométrica, analítica y clínica inicial

Ver tabla al final del artículo.

Diagnóstico de Síndrome Metabólico: Se confirmó la presencia de síndrome metabólico al cumplir tres de los cinco criterios diagnósticos clave (según definición de la IDF/NCEP-ATP III) (2):

  1. Obesidad abdominal (perímetro cintura > 88 cm en mujeres)
  2. Hipertensión arterial (≥ 130/85 mmHg o en tratamiento)
  3. Triglicéridos elevados (≥ 150 mg/dl)

Plan de cuidados y pauta dietoterapéutica

Tras calcular el GET = 2380 kcal/día, se aplicó la restricción de 500 kcal, pautando una dieta terapéutica de 1880 kcal/día.

Distribución de macronutrientes pautada:

  • 15% de proteínas (0,8 g/kg/peso/día = 150 g/día)
  • 30% de grasas (590 kcal, enfatizando grasas insaturadas de origen vegetal)
  • 55% de hidratos de carbono (1034 kcal, priorizando índice glucémico bajo y fibra soluble)

Distribución de la ingesta diaria (5 tomas):

  • Desayuno: 20% (376 kcal)
  • Almuerzo: 5,7% (107 kcal)
  • Comida: 29,2% (550 kcal)
  • Merienda: 16% (300 kcal)
  • Cena: 29,1% (548 kcal)

Criterios dietéticos específicos para úlcera duodenal:

  • ✓ alimentos permitidos: lácteos desnatados, carnes magras (jamón serrano, pavo, atún), pescados blancos, verduras cocidas (calabacín, zanahoria, espinacas), frutas no cítricas (manzana, pera, melocotón), pan blanco, pasta, arroz, aceite de oliva.
  • ✗ alimentos contraindicados: café, alcohol, chocolate, especias picantes, alimentos fritos, productos ultraprocesados, bebidas carbonatadas, cítricos, tomate, alimentos muy grasos.

Ajuste analítico real (calibración a 3 días): 1885 kcal/día (macronutrientes reales: 16% proteínas, 29% grasas, 54,7% hidratos de carbono) (3).

Tabla 2. Menú modelo de fácil digestión (3 días)

Ver tabla al final del artículo.

Discusión

La supresión del consumo de aine resulta prioritaria e imprescindible, dado que estos fármacos reducen la síntesis de prostaglandinas protectoras en la mucosa gástrica, disminuyendo la producción de moco y bicarbonato (1,2). En el caso presentado, la paciente consumía ibuprofeno 600 mg diarios de forma crónica e inapropiada, lo que constituía un factor agresivo perpetuo sobre la mucosa ulcerosa. El cese inmediato de esta medicación, bajo supervisión médica y sustitución por analgésicos alternativos (paracetamol, metamizol), fue fundamental en el protocolo terapéutico (1).

Asimismo, el cese del hábito tabáquico es crítico debido a que el tabaco incrementa la secreción ácida gástrica, reduce el flujo sanguíneo mucoso y dificulta significativamente el proceso de cicatrización de la lesión ulcerosa (1,2). La paciente presentaba un consumo de 20-25 cigarrillos/día, factor que amplificaba tanto la agresión química como la dificultad de reparación tisular.

Con respecto a la dieta blanda propuesta, su finalidad no es curativa por sí misma sino paliativa y sintomática, previniendo la estimulación excesiva de la secreción de ácido clorhídrico y evitando la exacerbación del reflujo gastroesofágico (3,6). Las proteínas se ajustaron a un rango del 15-16% del aporte calórico total ya que, aunque actúan inicialmente como tampón fisiológico del ácido, sus productos de digestión (aminoácidos libres y péptidos) estimulan de forma potente la liberación de gastrina por las células G antrales, aumentando secundariamente la secreción ácida basal (3,6). Esta consideración fisiopatológica justifica no exceder el 16-18% proteico en fases agudas de ulceración.

Por el contrario, se favoreció el uso moderado de grasas de origen vegetal (principalmente ácidos grasos monoinsaturados) por su potente efecto inhibidor de la secreción ácida, mediante la liberación de colecistoquinina (CCK) y péptido inhibidor gástrico (GIP), evitando excesos que pudieran retardar el vaciamiento gástrico y prolongar la exposición mucosa al ácido (3,6). Los hidratos de carbono complejos (arroz, pasta integral, pan blanco) fueron priorizados por su facilidad digestiva y su bajo potencial hipersecretor (6).

La calibración nutricional final obtenida (1885 kcal/día) demostró cubrir de manera completa y segura los requerimientos energéticos de la paciente, manteniendo un balance nitrogenado adecuado (50 g proteína/día) sin provocar estimulación ácida excesiva (4). Sin embargo, es importante destacar que ciertos micronutrientes específicos (hierro, vitaminas D y E, ácido fólico) requieren vigilancia durante la fase de restricción calórica, ya que la disminución del volumen total de alimentos puede condicionar deficiencias a medio-largo plazo (4,7). La recomendación fue balancear la ingesta de micronutrientes a lo largo del ciclo semanal mediante selección diversificada de alimentos y considerar suplementación farmacológica si el seguimiento analítico así lo indicara.

El papel coordinador de la Enfermería desde la consulta de Atención Primaria fue fundamental para el seguimiento periódico de la evolución clínica, el refuerzo educativo en modificación de estilos de vida y la detección precoz de signos de alarma (hematemesis, melenas, dolor severo refractario) que requirieran derivación urgente a Gastroenterología (5). La educación nutricional impartida en sesiones individuales y grupales, junto con el apoyo psicosocial para el control del estrés laboral, constituyeron pilares terapéuticos tan importantes como la dietoterapia misma.

Conclusiones

  • La implementación de una dieta blanda de fácil digestión, estructurada mediante el sistema de intercambios de alimentos, resulta un abordaje dietoterapéutico eficaz para controlar la sintomatología dolorosa, favorecer la cicatrización mucosa y evitar complicaciones agudas (hemorragia, perforación) en la fase aguda de la úlcera duodenal [1,3,6]. Este enfoque basado en la evidencia permite personalizar la restricción calórica sin comprometer la calidad nutricional ni la seguridad del paciente.
  • La restricción calórica moderada (déficit de 500 kcal/día) coordinada desde la consulta de Enfermería permite iniciar de forma segura la corrección de las alteraciones antropométricas y metabólicas características del síndrome metabólico, logrando una pérdida de peso gradual (0,5-1 kg/semana) que es metabólicamente sostenible y no provoca malnutrición [2,4]. En el caso presentado, la intervención estructurada fue bien tolerada, sin síntomas de hipoglucemia, debilidad o deficiencia nutricional acusada.
  • El éxito terapéutico a largo plazo en pacientes con úlcera péptica y síndrome metabólico concomitante radica fundamentalmente en la educación para la salud de carácter multidisciplinar, requiriendo necesariamente: 1) cese completo del hábito tabáquico mediante intervenciones conductuales y/o farmacológicas, 2) eliminación radical de irritantes gástricos (alcohol etílico, bebidas carbonatadas, café, AINE), 3) adopción de hábitos de vida activos (mínimo 150 minutos de actividad física moderada/semana) conformes a las recomendaciones de organismos internacionales (OMS, SENC), 4) manejo del estrés laboral mediante técnicas de relajación, mindfulness o apoyo psicológico, 5) adherencia a la pauta dietética estructurada bajo supervisión periódica de Enfermería y nutrición. Sin estos cambios conductuales, la recurrencia ulcerosa es muy probable.
  • El rol de la Enfermería en Atención Primaria es estratégico y debe ser reforzado, ya que la consulta de Enfermería representa el escenario ideal para la detección precoz de factores de riesgo, la impartición de educación sanitaria individualizada y el seguimiento longitudinal de estos pacientes. La coordinación multidisciplinar con Medicina de Familia, Gastroenterología, Nutrición Clínica y Psicología mejora significativamente los resultados terapéuticos y la calidad de vida percibida.
  • Este caso clínico ilustra que la dietoterapia personalizada, lejos de ser una medida secundaria o complementaria, constituye un pilar terapéutico fundamental e imprescindible en el manejo integral de la úlcera péptica, especialmente cuando coexiste síndrome metabólico, permitiendo no solo la resolución de la patología aguda sino la prevención de complicaciones crónicas asociadas (enfermedad cardiovascular, diabetes tipo 2).

Bibliografía

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  3. Harris JA, Benedict FG. A biometric study of human basal metabolism. Proc Natl Acad Sci U S A. 1918;4(12):370-3.
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Anexos: PDF