Tres pasos para entender las emociones y mejorar la salud: parte 2

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 760

Autor principal (primer firmante): Rosa María Lumbreras Gómez

Fecha recepción: 23/07/2026

Fecha aceptación: 19/08/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 760

Autores:

Rosa María Lumbreras Gómez (TCAE)

Lorena Royo Villalba (DUE)

Javier Artal Lázaro (DUE)

Inés Lapresta Quílez (DUE)

Celia Lastanao Adán (DUE)

Noelia Cabero Aguilera (TCAE)

Categoría profesional: TCAE Y DUE

Palabras clave: consulta sanitaria, paciente, profesional sanitario, regla de los tres, emociones, agotamiento emocional, burnout.

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Introducción

Segundo parte del artículo; “tres pasos para entender las emociones y mejorar la salud, parte 1”

La regla de los tres en la consulta sanitaria

Aunque esta estrategia puede aplicarse en cualquier ámbito de la vida, resulta especialmente útil en la atención sanitaria.

En los pacientes

Recibir un diagnóstico, afrontar una intervención quirúrgica o convivir con una enfermedad crónica genera una importante carga emocional. En estas circunstancias, aplicar la regla de los tres puede facilitar la adaptación.

Imaginemos a una persona recién diagnosticada de diabetes.

En primer lugar, reconoce que siente miedo e incertidumbre. Después comprende que ese miedo está relacionado con los cambios que deberá incorporar a su vida y con el desconocimiento de la enfermedad. Finalmente, regula su respuesta buscando información fiable, resolviendo dudas con el equipo sanitario y aprendiendo poco a poco a manejar la nueva situación.

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Este proceso favorece una actitud más activa frente a la enfermedad y mejora la adherencia al tratamiento.

Diversos estudios muestran que las personas que comprenden mejor sus emociones suelen participar más en las decisiones relacionadas con su salud, siguen con mayor facilidad las recomendaciones médicas y presentan mejores niveles de bienestar psicológico.

En los profesionales sanitarios

La inteligencia emocional también es una herramienta de protección para médicos, enfermeras, fisioterapeutas, psicólogos, técnicos sanitarios y otros profesionales.

La práctica clínica implica tomar decisiones complejas, comunicar malas noticias, acompañar el sufrimiento de pacientes y familiares y trabajar bajo presión. Si estas experiencias no se gestionan adecuadamente, pueden favorecer el agotamiento emocional o burnout.

Aplicar la regla de los tres permite detectar de forma precoz las señales de sobrecarga.

Un profesional puede reconocer que se siente irritable después de varias semanas con exceso de trabajo. Comprender que esa irritabilidad es consecuencia del cansancio acumulado y no de los pacientes facilita buscar soluciones antes de que aparezcan problemas mayores, como el agotamiento emocional o la pérdida de motivación.

Cada vez más hospitales incorporan programas de bienestar emocional precisamente porque la evidencia científica demuestra que cuidar la salud mental de los profesionales también mejora la calidad asistencial y la seguridad del paciente.

Las emociones también influyen en la comunicación

Uno de los beneficios menos conocidos de la inteligencia emocional es su impacto sobre la comunicación.

Cuando una persona reconoce sus emociones resulta más sencillo expresar lo que necesita sin recurrir a la agresividad o al silencio.

En el ámbito sanitario esto adquiere especial importancia.

Un paciente que dice "estoy preocupado porque no entiendo los resultados de la prueba" facilita mucho más la comunicación que quien responde únicamente con enfado o desconfianza.

Lo mismo ocurre con los profesionales. Escuchar activamente, mostrar empatía y validar las emociones del paciente mejora la relación terapéutica y aumenta la confianza.

La evidencia indica que una buena comunicación reduce la ansiedad, favorece la satisfacción con la atención recibida e incluso mejora el cumplimiento de los tratamientos.

Lo que dice la ciencia

En las últimas décadas se han publicado miles de investigaciones sobre inteligencia emocional. Aunque todavía existen aspectos por estudiar, la mayoría coincide en varios puntos:

  • Las personas con mayor inteligencia emocional suelen manejar mejor el estrés cotidiano.
  • Presentan mejores relaciones interpersonales.
  • Tienen mayor capacidad para resolver conflictos.
  • En el ámbito sanitario se asocia con menor riesgo de agotamiento profesional y mejores habilidades de comunicación.
  • Favorece una atención más centrada en el paciente.

Es importante señalar que la inteligencia emocional no sustituye al tratamiento psicológico cuando existe un trastorno mental. En casos de depresión, ansiedad grave u otros problemas de salud mental, la atención por parte de profesionales especializados sigue siendo imprescindible.

La regla de los tres debe entenderse como una herramienta de promoción de la salud emocional, no como una terapia.

¿Se puede entrenar?

La buena noticia es que sí.

La inteligencia emocional no depende únicamente de la personalidad. Igual que aprendemos nuevos hábitos de alimentación o realizamos ejercicio físico para cuidar el cuerpo, también podemos desarrollar habilidades emocionales mediante la práctica.

Algunas recomendaciones sencillas son:

  • Dedicar unos minutos al día a identificar cómo nos sentimos.
  • Ampliar el vocabulario emocional para diferenciar emociones similares.
  • Evitar reaccionar de forma impulsiva cuando aparece una emoción intensa.
  • Practicar la escucha activa durante las conversaciones.
  • Mantener hábitos saludables de sueño, ejercicio y alimentación, ya que el bienestar físico influye directamente en la regulación emocional.
  • Pedir ayuda cuando el malestar emocional persiste o interfiere en la vida diaria.

No se trata de hacerlo perfecto, sino de convertir estos pequeños gestos en una rutina.

Un recurso sencillo para una vida más saludable

Las emociones forman parte de nuestra biología y de nuestra manera de relacionarnos con el mundo. No podemos evitar sentirlas, pero sí aprender a comprenderlas.

La regla de los tres —reconocer, comprender y regular— resume de forma sencilla algunos de los principios mejor respaldados por la investigación en inteligencia emocional. Su aplicación puede ayudar a mejorar la comunicación, reducir el impacto del estrés y favorecer una toma de decisiones más consciente.

En un momento en el que la salud mental ocupa un lugar cada vez más relevante dentro de la atención sanitaria, aprender a gestionar las emociones deja de ser una habilidad secundaria para convertirse en un verdadero recurso de promoción de la salud.

No hace falta eliminar el miedo, la tristeza o el enfado. Basta con escucharlos, entender el mensaje que contienen y decidir cómo queremos responder. En muchas ocasiones, ese pequeño cambio marca una gran diferencia.

Conclusiones

La inteligencia emocional no es una cualidad exclusiva de determinadas personas, sino una habilidad que puede desarrollarse con el tiempo y la práctica. En el ámbito sanitario, donde las emociones forman parte del día a día, aprender a reconocerlas, comprender su origen y regular la respuesta puede marcar una diferencia tanto en el bienestar de los pacientes como en el de los profesionales. La evidencia científica respalda que una adecuada gestión emocional favorece una mejor comunicación, fortalece la relación terapéutica y contribuye a afrontar el estrés de forma más saludable. En definitiva, incorporar estas competencias a la práctica asistencial no solo ayuda a cuidar la salud mental, sino que también promueve una atención más humana, cercana y centrada en las necesidades de las personas.

Bibliografía

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