Índice
Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 830
Autor principal (primer firmante): Celia Lastanao Adán
Fecha recepción: 25/07/2026
Fecha aceptación: 21/08/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 830
Autores:
Celia Lastanao Adán (DUE)
Noelia Cabero Aguilera (TCAE)
Rosa María Lumbreras Gómez (TCAE)
Lorena Royo Villalba (DUE)
Javier Artal Lázaro (DUE)
Inés Lapresta Quílez (DUE)
Categoría profesional: DUE Y TCAE
Resumen
El síndrome de aplastamiento es una de las complicaciones más graves observadas en víctimas de terremotos y colapsos estructurales, la cual ocurre tras la compresión prolongada de grandes masas musculares, generando posteriormente una cascada fisiopatológica que incluye rabdomiólisis, alteraciones electrolíticas severas, hipovolemia e insuficiencia renal aguda. La mortalidad aumenta cuando el diagnóstico y el tratamiento se retrasan, en escenarios con múltiples víctimas, problemas de recursos y, en este caso, falta de sintomatología inicial. Para el personal sanitario, la identificación temprana de los pacientes de riesgo y el inicio urgente del tratamiento representan factores que llevarán a la supervivencia o no. La fluidoterapia agresiva, el control de la hiperpotasemia, la vigilancia hemodinámica y el acceso a terapias de sustitución renal son aspectos críticos.
Palabras clave:
Síndrome de aplastamiento, síndrome de Bywaters, terremotos, rabdomiólisis, insuficiencia renal aguda, Medicina de catástrofes, urgencias, atención prehospitalaria, hiperpotasemia, rescate, fluidoterapia, cuidados críticos.
Introducción
Los terremotos producen un amplio espectro de lesiones traumáticas, pero pocas presentan una repercusión sistémica tan importante como el síndrome de aplastamiento. Desde su descripción clásica durante los bombardeos de Londres en la Segunda Guerra Mundial, este síndrome ha sido identificado repetidamente tras terremotos ocurridos en distintos continentes o hechos similares (hundimiento de edificio, bombardeos de guerra, etc). El incremento de la urbanización y la concentración poblacional en áreas sísmicas han convertido este problema en una prioridad dentro de la Medicina de emergencias y desastres. Aunque la lesión inicial afecta al músculo esquelético, la evolución puede comprometer prácticamente todos los órganos por lo que el conocimiento de esta patología nos interesa a los profesionales implicados en la atención prehospitalaria, hospitalaria y de cuidados críticos.
Síndrome de aplastamiento
El síndrome de aplastamiento aparece cuando una masa muscular permanece sometida a presión durante un periodo prolongado, la compresión mantenida provoca reducción del flujo sanguíneo y agotamiento de las reservas energéticas celulares. Como consecuencia, las membranas celulares pierden su integridad y se produce necrosis muscular.
Mientras la extremidad continúa atrapada, numerosos metabolitos permanecen relativamente confinados en los tejidos lesionados. Sin embargo, una vez liberada la presión, estas sustancias alcanzan rápidamente la circulación sistémica. Entre ellas destacan el potasio, el fósforo, la mioglobina y enzimas musculares. Nótese que existe una demora entre la liberación de la presión y los efectos sistémicos, durante la cual el paciente puede estar aparentemente sano o con síntomas limitados al trauma (heridas, huesos rotos…)
La liberación masiva de potasio constituye uno de los fenómenos más peligrosos, ya que puede desencadenar alteraciones cardíacas mortales. Paralelamente, la mioglobina liberada por el músculo lesionado circula hacia los riñones, donde impulsa la aparición de daño tubular agudo, particularmente en situaciones de hipovolemia y acidosis.
Otro componente importante es la formación de un tercer espacio, pues grandes cantidades de líquido migran hacia la musculatura dañada, produciendo una disminución efectiva del volumen intravascular. El paciente puede desarrollar hipotensión, shock y deterioro progresivo de la perfusión tisular incluso cuando las hemorragias externas son mínimas.
Relación entre terremotos y síndrome de aplastamiento
Los terremotos reúnen condiciones ideales para la aparición de esta entidad, con el colapso de edificios, viviendas e infraestructuras generando atrapamientos prolongados bajo escombros. A diferencia de otros traumatismos, donde la rapidez del rescate suele ser elevada, en los desastres sísmicos las labores de búsqueda pueden prolongarse durante horas o incluso días.
Diversas experiencias internacionales han demostrado que un número considerable de supervivientes rescatados desarrolla rabdomiólisis y complicaciones renales. En muchos eventos sísmicos, los servicios sanitarios deben afrontar simultáneamente una elevada carga asistencial, dificultades logísticas y limitaciones en el acceso a recursos.
Insistimos en que algunos pacientes presentan una aparente estabilidad inicial. Tras la liberación del atrapamiento pueden encontrarse conscientes y hemodinámicamente aceptables, pero deteriorarse rápidamente debido a la reperfusión tisular y a las alteraciones metabólicas asociadas. Esta circunstancia obliga a mantenernos alerta e informar al paciente sobre lo que podría ocurrir.
Síntomas
La presentación es variable y depende de la extensión muscular afectada, la duración de la compresión y el tiempo transcurrido hasta el tratamiento. A nivel local suelen observarse dolor intenso, edema progresivo, aumento de consistencia muscular y limitación funcional. Las extremidades inferiores son las más frecuentemente afectadas, aunque cualquier grupo muscular voluminoso puede verse afectado.
Desde el punto de vista sistémico aparecen manifestaciones relacionadas con la hipovolemia, la insuficiencia renal y los trastornos electrolíticos. Los pacientes pueden presentar taquicardia, hipotensión, oliguria o anuria. La orina oscura, de tonalidad marrón o similar al color de la cola, constituye un hallazgo clásico asociado a la mioglobinuria.
Las alteraciones cardíacas por la hiperpotasemia representan una de las principales causas de muerte precoz. Las modificaciones electrocardiográficas suelen preceder a las arritmias graves, por lo que el control debe iniciarse cuanto antes.
También deben vigilarse signos compatibles con síndrome compartimental, que es una complicación frecuente que agrava la isquemia local y aumenta el daño muscular.
Evaluación inicial del paciente
La valoración inicial sigue los principios generales de la atención al paciente traumatizado, priorizando el control de la vía aérea, la ventilación y la circulación. Sin embargo, en el contexto del síndrome de aplastamiento deben incorporarse rápidamente elementos específicos. Debemos intentar conocer el tiempo aproximado de atrapamiento, el número de extremidades afectadas y las características del mecanismo lesional.
Durante la exploración física resulta importante identificar edema progresivo, alteraciones neurológicas y signos de compromiso vascular, igualmente, debe registrarse la diuresis desde las primeras fases de la atención.
Las pruebas complementarias son lo que nos aclarará la situación pues la elevación marcada de creatina quinasa constituye uno de los indicadores más útiles de destrucción muscular. La monitorización de potasio, creatinina, urea, calcio y fósforo detecta complicaciones potencialmente mortales de forma precoz.
El electrocardiograma debe realizarse de manera temprana y repetirse según la evolución clínica. La presencia de ondas T picudas, alteraciones de la conducción o ensanchamiento del complejo QRS podrían indicar hiperpotasemia significativa.
Trabajo prehospitalario
La atención prehospitalaria tiene influencia directa sobre el pronóstico, y una de las estrategias más aceptadas consiste en iniciar la reposición intensiva de fluidos antes de la liberación completa de la víctima siempre que las circunstancias del rescate lo permitan. Esto es para reducir la concentración de sustancias tóxicas circulantes, mantener la perfusión renal y limitar el desarrollo de insuficiencia renal aguda. La administración de soluciones cristaloides es la base del tratamiento inicial.
La coordinación entre equipos de rescate y personal sanitario debe ser precisa. La extracción precipitada de una víctima sin preparación previa puede favorecer un deterioro metabólico brusco. Por ello, la planificación del rescate debe contemplar la estabilización clínica simultánea.
Durante el traslado se requiere monitorizar continuamente constantes vitales, control del ritmo cardíaco y reevaluación frecuente del estado neurológico y hemodinámico. Los pacientes con atrapamientos prolongados deben considerarse de alto riesgo incluso cuando los signos iniciales parezcan tranquilizadores.
Tratamiento hospitalario
Una vez en el hospital, los objetivos terapéuticos se centran en preservar la función renal, corregir las alteraciones metabólicas y prevenir el fracaso multiorgánico.
La fluidoterapia continúa siendo el eje del tratamiento, en la que el volumen administrado debe individualizarse según la respuesta clínica, la función cardíaca, la diuresis y los parámetros analíticos. La vigilancia estrecha es imprescindible para evitar tanto la infrarresucitación como la sobrecarga hídrica.
La hiperpotasemia exige actuación inmediata, dependiendo de la gravedad pueden requerirse medidas encaminadas a estabilizar la membrana miocárdica, promover el desplazamiento intracelular del potasio y facilitar su eliminación.
La insuficiencia renal es una complicación frecuente y aunque una proporción de pacientes responde adecuadamente a las medidas conservadoras, otros precisan terapias de reemplazo renal. En desastres de gran magnitud, la disponibilidad de diálisis puede convertirse en un factor limitante para la asistencia.
El síndrome compartimental requiere una valoración al detalle y la decisión de realizar procedimientos quirúrgicos debe integrarse con el estado general del paciente, la viabilidad tisular y los recursos disponibles.
Escenarios de catástrofe
Los hospitales pueden sufrir daños estructurales, interrupciones eléctricas o escasez de suministros, al mismo tiempo que reciben una afluencia masiva de heridos.
La necesidad de realizar triaje adquiere una relevancia extraordinaria. Los profesionales deben identificar rápidamente a quienes pueden beneficiarse de intervenciones tempranas y optimizar la utilización de recursos críticos.
Otro tema importante es la disponibilidad de laboratorios, sistemas de monitorización y unidades de diálisis. Los planes de preparación ante desastres deberían contemplar protocolos específicos para la atención de pacientes con rabdomiólisis masiva y daño renal asociado.
Preparación sanitaria
Aunque el síndrome de aplastamiento no puede evitarse una vez producido el derrumbe, sí es posible minimizar sus consecuencias mediante planificación sanitaria.
La formación de los equipos de urgencias y emergencias debe incluir el reconocimiento precoz de la rabdomiólisis y las complicaciones derivadas. Asimismo, resulta recomendable la realización periódica de simulacros de incidentes con múltiples víctimas.
Los sistemas sanitarios de regiones con actividad sísmica deberían disponer de protocolos específicos para la movilización rápida de recursos, la coordinación interhospitalaria y el acceso a terapias sustitutivas renales ante incrementos súbitos de demanda.
Conclusiones
El síndrome de aplastamiento representa una de las principales causas de morbimortalidad entre los supervivientes de terremotos y colapsos estructurales. Su evolución está determinada por fenómenos que incluyen necrosis muscular, rabdomiólisis, hipovolemia e importantes alteraciones metabólicas. La identificación temprana de los pacientes de riesgo y el inicio precoz de medidas de soporte son los elementos que más influyen en la supervivencia. La fluidoterapia intensiva, la vigilancia de la hiperpotasemia y la prevención de la insuficiencia renal deben iniciarse desde las primeras fases de la atención. En escenarios de catástrofe, la coordinación entre rescatadores, equipos prehospitalarios, servicios de urgencias y unidades de cuidados críticos resulta indispensable. Nótese que los pacientes podrían no mostrar síntomas justo tras su liberación, apareciendo un súbito decaimiento tiempo después.
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