Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 11–Noviembre 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 11: 44
Autor principal (primer firmante): Maitane Oroz Astrain
Fecha recepción: 05/10/2026
Fecha aceptación: 01/11/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(11): 44
Autores:
- Maitane Oroz Astrain. Categoría profesional: Enfermería
- Iñigo Pérez Laso. Categoría profesional: Enfermería
- Silvia Gutierrez Vázquez. Categoría profesional: Enfermería
- Cristina Martinez Barandalla. Categoría profesional: Enfermería
- Lorea Apesteguia Bardi. Categoría profesional: Enfermería
- Raquel Villanueva Goyeneche. Categoría profesional: Enfermería
Resumen
El cáncer de mama y sus tratamientos pueden producir alteraciones persistentes en la salud sexual de las mujeres supervivientes, afectando al deseo, la excitación, la lubricación, el orgasmo y las relaciones de pareja. Se realizó una revisión bibliográfica de estudios publicados entre 2016 y 2026 sobre las alteraciones sexuales, factores asociados e intervenciones disponibles. Los resultados muestran un origen multifactorial y beneficios potenciales de estrategias como educación sexual, asesoramiento, lubricantes, hidratantes, fisioterapia del suelo pélvico e intervenciones psicológicas. Enfermería Comunitaria desempeña un papel relevante en la detección precoz, educación sanitaria, prevención y derivación, favoreciendo un abordaje integral e individualizado.
Palabras clave: cáncer de mama, supervivientes cáncer de mama, salud sexual, sexualidad, calidad de vida, enfermería
Introducción
El cáncer de mama constituye el tumor más frecuentemente diagnosticado en las mujeres en España. Según las estimaciones de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), en 2026 se prevé el diagnóstico de 38.318 nuevos casos de cáncer de mama en España, situándose como el tumor con mayor incidencia entre las mujeres.
El aumento de la supervivencia de las pacientes con cáncer de mama ha puesto de manifiesto la necesidad de abordar sus consecuencias a medio y largo plazo. La supervivencia al cáncer de mama no implica necesariamente la recuperación completa del bienestar y la calidad de vida. Las mujeres pueden experimentar diferentes consecuencias físicas, psicológicas y sociales derivadas tanto de la propia enfermedad como de sus tratamientos. Entre ellas, la salud sexual constituye un aspecto relevante, aunque tradicionalmente ha recibido menor atención en el seguimiento de las pacientes.
La sexualidad puede verse afectada durante y después del cáncer de mama, debido a los cambios físicos y hormonales asociados a los tratamientos, así como a las modificaciones en la imagen corporal, la autoestima y el bienestar emocional. Estas alteraciones pueden repercutir en el deseo, la respuesta sexual, la intimidad y las relaciones de pareja, convirtiéndose en un componente importante de la calidad de vida de las mujeres supervivientes.
Objetivos
Objetivo general
Analizar la evidencia científica disponible sobre las alteraciones de la salud sexual en mujeres supervivientes de cáncer de mama y el papel de Enfermería Comunitaria en su abordaje.
Objetivos específicos
- Describir las principales alteraciones de la salud sexual y los factores asociados en mujeres supervivientes de cáncer de mama.
- Identificar las principales estrategias de educación sanitaria e intervenciones enfermeras dirigidas a mejorar la salud sexual y la calidad de vida de estas mujeres.
Métodos
Se realizó una revisión bibliográfica de la literatura científica sobre la salud sexual en mujeres supervivientes de cáncer de mama y el papel de Enfermería en su abordaje. La búsqueda se llevó a cabo en las bases de datos PubMed, Scopus, Web of Science, CINAHL y SciELO, complementándose con documentos de sociedades científicas y organismos oficiales relacionados con el cáncer de mama, la supervivencia y la salud sexual.
Se incluyeron artículos publicados entre 2016 y 2026, en español o inglés, que abordaran las alteraciones de la salud sexual en mujeres con antecedentes de cáncer de mama, los factores asociados, las intervenciones dirigidas a mejorar la función sexual o la calidad de vida y el papel de los profesionales sanitarios en su detección y abordaje. Se priorizaron revisiones sistemáticas, metaanálisis, ensayos clínicos, estudios observacionales y documentos de consenso o recomendaciones de sociedades científicas.
Resultados
La sexualidad femenina constituye un componente afectado tanto por los tratamientos recibidos, como por las consecuencias a nivel psicosocial. Rodrigues-Machado et al. observaron que las alteraciones más estudiadas fueron las relacionadas con el deseo, la excitación, la lubricación, el orgasmo, la satisfacción sexual y la presencia de dispareunia. Los autores señalaron que estas alteraciones son especialmente frecuentes durante el primer año tras el diagnóstico y el tratamiento.
Liu et al. analizaron 36 estudios que incluían a 9.749 supervivientes de cáncer de mama y encontraron una elevada frecuencia de disfunción sexual. Entre los factores asociados identificaron la mastectomía, los tratamientos adyuvantes, la insatisfacción con la imagen corporal y la ausencia de asesoramiento sobre salud sexual, poniendo de manifiesto el carácter multifactorial de estas alteraciones.
Además de los efectos físicos derivados de los tratamientos, Kennedy et al. destacan la influencia de factores psicosociales sobre la sexualidad. Los cambios en la imagen corporal, el malestar psicológico y las modificaciones en las relaciones de pareja pueden interactuar con los síntomas físicos y contribuir a una peor experiencia sexual. Entre las manifestaciones descritas se encuentran la sequedad vaginal, el dolor durante las relaciones y las alteraciones del deseo y de la respuesta sexual.
Entre las estrategias dirigidas a las mujeres con síntomas de disfunción sexual, los tratamientos locales no hormonales constituyen una de las principales opciones. Los lubricantes pueden utilizarse para disminuir la fricción y el dolor durante las relaciones sexuales, mientras que los hidratantes vaginales permiten mejorar la sequedad cuando se utilizan de forma regular. Jaspers et al. observaron que el uso continuado de hidratantes vaginales podía mejorar la sequedad, la dispareunia y la satisfacción sexual en supervivientes de cáncer de mama, aunque señalaron que la calidad y cantidad de la evidencia disponible era limitada.
Perrone et al. revisaron diferentes alternativas para el tratamiento del síndrome genitourinario de la menopausia en supervivientes de cáncer de mama. Los autores analizaron hidratantes y lubricantes vaginales, tratamientos hormonales locales, DHEA, ospemifeno y diferentes terapias físicas. Sus resultados indicaron que estas intervenciones pueden mejorar los síntomas, especialmente cuando se combinan diferentes estrategias, aunque destacaron la necesidad de estudios con mayor tamaño muestral y seguimiento prolongado. Los tratamientos hormonales locales, como los estrógenos vaginales o la DHEA, requieren una valoración individualizada, especialmente en mujeres con tumores hormonodependientes. las características del tumor y el tratamiento endocrino de cada paciente.
Respecto a las terapias con láser vaginal, Löczi et al. mostraron mejoras en algunos parámetros relacionados con la salud vaginal, la sequedad y la dispareunia. Sin embargo, los autores señalaron la existencia de limitaciones metodológicas, escasez de ensayos clínicos aleatorizados y falta de datos sobre los efectos a largo plazo, por lo que estos resultados deben interpretarse con cautela.
Otra estrategia estudiada es la fisioterapia del suelo pélvico. Cyr et al. sugirieron que los ejercicios activos del suelo pélvico pueden mejorar la función sexual y que las intervenciones educativas también pueden contribuir a mejorarla. Además, las intervenciones combinadas con ejercicio físico podrían producir beneficios adicionales sobre la calidad de vida, aunque los autores señalan que todavía existen limitaciones en la evidencia disponible.
Las intervenciones educativas y psicológicas también han mostrado resultados favorables. Las estrategias incluyen asesoramiento individual, educación sobre sexualidad, terapia sexual, intervenciones psicológicas y terapia cognitivo-conductual. Jaspers et al. encontraron que las intervenciones educativas y de asesoramiento dirigidas específicamente a la disfunción sexual producían mejoras en diferentes dimensiones de la salud sexual, aunque con una evidencia heterogénea.
Por último, Pimsen et al. analizaron las experiencias de los profesionales sanitarios en la atención de la salud sexual de las supervivientes de cáncer de mama. Los autores identificaron que, pese a que los profesionales reconocen la importancia de atender la salud sexual, la sexualidad no se aborda de manera sistemática en la práctica clínica y señalaron como principales barreras la falta de conocimientos y formación específica, así como las dificultades para iniciar este tipo de conversaciones.
En conjunto, los resultados muestran que el abordaje de la salud sexual tras el cáncer de mama debe ser multidimensional e individualizado.
Discusión
Las alteraciones de la salud sexual constituyen una necesidad relevante en las mujeres supervivientes de cáncer de mama. La elevada frecuencia de problemas relacionados con el deseo, la excitación, la lubricación, el orgasmo, la satisfacción sexual y la presencia de dolor evidencia que la supervivencia al cáncer no implica necesariamente la recuperación completa de la calidad de vida. Tal y como describen Rodrigues-Machado et al. y Liu et al., existe una importante presencia de la disfunción sexual de carácter multifactorial. Por tanto, la salud sexual debería contemplarse como una dimensión más dentro del seguimiento de las supervivientes y no únicamente cuando la paciente manifiesta espontáneamente algún problema.
Los resultados también muestran que la sexualidad tras el cáncer de mama está condicionada por factores físicos y psicosociales. Los cambios hormonales derivados de determinados tratamientos pueden producir sequedad vaginal, síntomas genitourinarios y dispareunia, mientras que la cirugía y los cambios en la imagen corporal pueden influir en la autoestima, el deseo y la intimidad. Esto pone de manifiesto la necesidad de evitar un abordaje exclusivamente fisiológico de la disfunción sexual y considerar la sexualidad desde una perspectiva biopsicosocial.
En cuanto a las estrategias de intervención, los resultados apoyan la utilización de medidas individualizadas dirigidas tanto a los síntomas físicos como a los aspectos emocionales y relacionales. Los lubricantes e hidratantes vaginales constituyen alternativas no hormonales que pueden utilizarse para mejorar la sequedad y reducir las molestias durante las relaciones sexuales. La educación sexual y el asesoramiento también pueden favorecer la adaptación a los cambios producidos tras el tratamiento. Asimismo, las intervenciones dirigidas al suelo pélvico y determinadas intervenciones psicológicas han mostrado resultados favorables, aunque la heterogeneidad de los estudios dificulta establecer conclusiones definitivas sobre cuál es la estrategia más eficaz.
Los tratamientos hormonales locales requieren especial consideración en las mujeres con antecedentes de cáncer de mama, particularmente cuando se trata de tumores hormonodependientes o se mantiene tratamiento endocrino. Aunque algunos estudios describen una mejoría de los síntomas genitourinarios, su utilización debe individualizarse y valorarse conjuntamente con el equipo médico. De igual manera, los resultados disponibles sobre terapias como el láser vaginal son todavía limitados y presentan diferencias metodológicas entre los estudios. Por ello, resulta necesario evitar la generalización de estas intervenciones y basar su indicación en una valoración individual de riesgos y beneficios.
Un aspecto especialmente relevante es la escasa incorporación de la sexualidad a la práctica asistencial habitual. Los profesionales sanitarios pueden encontrar dificultades para abordar este tema debido a la falta de formación específica, inseguridad para iniciar la conversación, temor a invadir la intimidad de la paciente, falta de tiempo y ausencia de protocolos o herramientas concretas. Esta situación puede generar que las necesidades sexuales permanezcan ocultas, especialmente cuando las pacientes interpretan estos problemas como una consecuencia inevitable del cáncer o consideran que existen cuestiones más prioritarias durante el seguimiento.
En este contexto, Enfermería Comunitaria puede desempeñar un papel relevante en la prevención y detección precoz de las alteraciones sexuales. Su proximidad a las mujeres durante el seguimiento y su enfoque de promoción de la salud permiten crear espacios de comunicación en los que la sexualidad pueda abordarse de manera normalizada. La intervención enfermera no debería limitarse a proporcionar información cuando aparece un problema, sino anticiparse mediante educación sanitaria sobre los posibles efectos de los tratamientos, signos y síntomas que pueden aparecer y recursos disponibles para su manejo. Asimismo, puede realizar una primera valoración, identificar necesidades y facilitar la derivación a ginecología, oncología, fisioterapia del suelo pélvico, psicología o sexología cuando sea necesario.
Además, el papel de Enfermería Comunitaria puede extenderse a la formación y capacitación de otros profesionales sanitarios. Proporcionar herramientas sencillas para iniciar conversaciones sobre sexualidad, como preguntas abiertas, escalas de valoración o modelos estructurados de comunicación, puede favorecer que estos problemas se incorporen de forma rutinaria a las consultas. La formación debería incluir no solo conocimientos sobre las consecuencias físicas de los tratamientos, sino también habilidades comunicativas que permitan abordar la sexualidad con naturalidad, respeto y perspectiva de género. De esta manera, se puede contribuir a generar una atención más proactiva y coordinada, en la que la salud sexual deje de depender exclusivamente de que la paciente plantee el problema.
Finalmente, aunque existe evidencia creciente sobre diferentes intervenciones, persisten limitaciones relacionadas con la heterogeneidad de las poblaciones estudiadas, las diferentes herramientas utilizadas para valorar la función sexual y el tamaño reducido de algunos estudios. También existe una limitada evaluación a largo plazo de determinadas intervenciones. Por ello, son necesarios estudios de mayor calidad metodológica que permitan determinar qué estrategias son más efectivas y cómo integrarlas de forma sostenible en los programas de seguimiento de las supervivientes de cáncer de mama. La incorporación sistemática de la salud sexual a la atención continuada y la formación de los profesionales constituyen elementos fundamentales para avanzar hacia un modelo de cuidados verdaderamente integral y centrado en las necesidades de estas mujeres.
Conclusiones
La salud sexual constituye una dimensión relevante de la calidad de vida de las mujeres supervivientes de cáncer de mama y puede verse afectada por múltiples factores físicos, hormonales, psicológicos y sociales. Las alteraciones más frecuentes incluyen cambios en el deseo y la respuesta sexual, sequedad vaginal, dispareunia, dificultades en la excitación y el orgasmo, así como modificaciones en la imagen corporal y en las relaciones de pareja. Estas alteraciones pueden mantenerse durante la supervivencia y su origen es multifactorial, por lo que requieren un abordaje individualizado e integral.
Las intervenciones disponibles incluyen medidas no hormonales, educación y asesoramiento sexual, intervenciones psicológicas, fisioterapia del suelo pélvico y, en determinadas situaciones, tratamientos hormonales locales u otras terapias. Sin embargo, la heterogeneidad de los estudios y las limitaciones metodológicas existentes dificultan establecer una intervención única como tratamiento estándar. La elección de las estrategias debe adaptarse a las características clínicas de cada mujer, sus preferencias y el tipo de tratamiento oncológico recibido.
Enfermería Comunitaria puede desempeñar un papel fundamental en la identificación precoz de las necesidades relacionadas con la salud sexual, la educación sanitaria y la promoción de una comunicación abierta y normalizada sobre sexualidad. Su intervención puede facilitar la detección de problemas que no siempre son expresados espontáneamente por las pacientes, así como la derivación coordinada a otros profesionales cuando sea necesario. Asimismo, resulta necesario mejorar la formación de los profesionales sanitarios y proporcionar herramientas que faciliten el abordaje de la sexualidad en la práctica asistencial habitual.
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