Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 11–Noviembre 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 11: 11
Autor principal (primer firmante): José Villalba Melús
Fecha recepción: 03/10/2026
Fecha aceptación: 30/10/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(11): 11
Autores:
- José Villalba Melús
- María Carmen Guerrero Segarra
- María Alcalde Delgado
- Berta Delgado Albitre
- María Jesús Moreno Gascón
- Elena Lacasta Miguel
Resumen
La promoción de la actividad física es una de las estrategias fundamentales para prevenir enfermedades crónicas y mejorar el bienestar de la población. Sin embargo, en muchas ocasiones, la recomendación de realizar ejercicio físico se limita a una indicación individual durante la consulta sanitaria, sin establecer un circuito que facilite su implementación y favorezca la adherencia. El presente artículo propone un modelo de intervención que nace en el centro de salud y se desarrolla en el entorno comunitario mediante un programa estructurado de actividad física al aire libre, guiado y coordinado por profesionales.
El modelo implica a los distintos perfiles que integran el centro de salud, incluyendo personal administrativo, trabajo social, medicina, Enfermería y, cuando estén disponibles, fisioterapia y profesionales de la actividad física. La intervención pretende transformar la recomendación de ejercicio en un proceso organizado, accesible y continuado, que incluya valoración, derivación, participación en grupos, seguimiento y evaluación. Además de los beneficios físicos, la actividad grupal al aire libre puede contribuir a mejorar el bienestar psicológico, a disminuir el aislamiento social y a reforzar la relación entre el centro de salud y la comunidad.
Palabras clave: actividad física; atención primaria; centro de salud; promoción de la salud; prevención; ejercicio físico; intervención comunitaria; trabajo multidisciplinar.
Introducción
La inactividad física y el sedentarismo constituyen factores importantes relacionados con el desarrollo de enfermedades crónicas y con una peor calidad de vida. La Atención Primaria ocupa una posición estratégica para identificar a las personas con hábitos sedentarios y promover cambios sostenibles en sus estilos de vida, debido a su proximidad a la población y a su capacidad para realizar un seguimiento continuo.
A pesar de ello, aconsejar al paciente que haga ejercicio no siempre es suficiente. Las barreras relacionadas con la motivación, la falta de conocimientos, la inseguridad, el aislamiento social o la ausencia de recursos accesibles pueden dificultar que la recomendación se traduzca en una conducta sostenida.
En este contexto, el centro de salud puede actuar como punto de partida para un proceso comunitario organizado. La propuesta consiste en establecer un programa de actividad física al aire libre en el que la recomendación individual esté acompañada de una derivación a un recurso concreto, con grupos programados, profesionales responsables y seguimiento posterior.
El interés del modelo radica, además, en su carácter transversal. La intervención no debe considerarse exclusiva de la medicina ni de la Enfermería, sino un proceso en el que pueden participar todos los profesionales del centro de salud, cada uno desde sus competencias.
Justificación
La actividad física regular aporta beneficios para la salud cardiovascular, metabólica, musculoesquelética y funcional, además de contribuir al bienestar psicológico. Las actividades realizadas al aire libre y en grupo pueden aportar beneficios relacionados con la interacción social, el contacto con el entorno y la creación de rutinas.
Desde la perspectiva de la Atención Primaria, resulta especialmente interesante pasar de un modelo basado exclusivamente en el consejo sanitario a otro que facilite la participación real de la población. Para ello es necesario crear un circuito sencillo y conocido por todos los profesionales.
El centro de salud puede convertirse así en un agente de promoción de la salud comunitaria, conectando la atención sanitaria con los recursos del entorno. La actividad física deja de ser únicamente una recomendación durante una consulta y pasa a formar parte de una intervención planificada y coordinada.
Objetivos
Objetivo general
Analizar la utilidad de establecer un programa multidisciplinar de actividad física al aire libre promovido desde el centro de salud, como estrategia de promoción de la salud, prevención de la enfermedad y mejora del bienestar físico, psicológico y social de la población.
Objetivos específicos
- Diseñar un circuito de participación que permita identificar y derivar a personas susceptibles de beneficiarse del programa.
- Definir la participación de los diferentes profesionales del centro de salud.
- Facilitar la práctica regular de actividad física mediante grupos programados y guiados.
- Favorecer la adherencia a la actividad física mediante el acompañamiento y el seguimiento.
- Potenciar la coordinación entre el centro de salud y los recursos comunitarios.
- Reducir las barreras asociadas al sedentarismo, la falta de motivación y el aislamiento social.
- Evaluar los beneficios físicos, psicológicos y sociales derivados de la intervención.
Metodología
Se plantea una propuesta de intervención comunitaria basada en un programa estructurado de actividad física al aire libre cuyo origen se encuentra en el centro de salud. El proceso se organiza en diferentes fases: identificación de participantes, valoración inicial, derivación, incorporación al grupo, realización de la actividad física y seguimiento.
La selección de los participantes podrá realizarse a partir de la actividad asistencial habitual, teniendo en cuenta factores como el sedentarismo, la edad, la capacidad funcional, los hábitos de vida y las necesidades sociales. La participación deberá adaptarse a las características individuales y a las condiciones de seguridad establecidas por los profesionales responsables.
El programa podrá desarrollarse mediante sesiones grupales de caminata u otras actividades físicas adaptadas, realizadas en espacios públicos cercanos al centro de salud. La intensidad, frecuencia y duración deberán ajustarse a las características de cada grupo y a las recomendaciones vigentes.
La evaluación podrá incluir indicadores de participación y adherencia, frecuencia de asistencia, nivel de actividad física, percepción de bienestar, capacidad funcional y satisfacción de los participantes.
Desarrollo: un proceso que nace en el centro de salud
La principal característica de la propuesta es que el programa no surge de manera aislada en la comunidad, sino que se inicia en el propio centro de salud. De esta forma, se establece un circuito conocido por los profesionales y accesible para la población.
El proceso puede comenzar en la consulta médica o de Enfermería, aunque también puede iniciarse a partir de la detección de necesidades realizada por otros profesionales. Una vez identificada la posibilidad de participación, se realiza una valoración y se deriva al programa.
El personal administrativo puede desempeñar un papel relevante en la gestión de la información, la organización de las actividades, la gestión de los participantes y la comunicación de los horarios. Su participación permite que el programa se integre en el funcionamiento cotidiano del centro de salud.
El trabajo social sanitario puede contribuir especialmente a personas con aislamiento social, dificultades socioeconómicas, escasa red de apoyo o dificultades para acceder a recursos comunitarios. En estos casos, la actividad grupal puede constituir, además, una herramienta de integración y participación social.
La medicina de familia puede identificar personas sedentarias o con factores de riesgo y valorar la conveniencia de incorporarlas al programa. Enfermería puede reforzar la educación para la salud, trabajar en los hábitos de vida y realizar el seguimiento de la adherencia.
Cuando haya disponibilidad, la fisioterapia puede aportar una valoración funcional y recomendaciones para adaptar determinadas actividades. Asimismo, la colaboración con profesionales de la actividad física puede garantizar que las sesiones se dirijan de acuerdo con las características y capacidades de los participantes.
De este modo, cada profesional interviene desde su ámbito, pero todos forman parte de un mismo proceso.
Propuesta de circuito
- Detección: identificación de personas que pueden beneficiarse de aumentar su actividad física.
- Valoración: análisis individual de las características, necesidades y posibles limitaciones.
- Información: explicación del programa y de sus objetivos para el usuario.
- Derivación: incorporación al grupo de actividad física más adecuado.
- Actividad programada: realización de sesiones al aire libre con frecuencia y duración previamente establecidas.
- Acompañamiento: seguimiento de la asistencia, de las dificultades y de la evolución.
- Reevaluación: valoración periódica de los resultados y adaptación del programa.
Este circuito permite que la actividad física se mantenga continua y evita que la intervención dependa exclusivamente de la motivación individual del usuario.
Beneficios esperados
La participación regular en actividad física puede contribuir al mantenimiento y a la mejora de la capacidad cardiovascular, la fuerza muscular, la movilidad y la autonomía funcional. En personas mayores, la práctica adaptada puede ser especialmente relevante para conservar la funcionalidad y favorecer un envejecimiento activo.
Desde el punto de vista psicológico, la realización de actividad física se relaciona con una mejora del bienestar y puede contribuir a reducir los síntomas asociados al estrés, la ansiedad y el bajo estado de ánimo.
La realización de actividades en grupo incorpora, además, una dimensión social. Compartir una actividad programada puede favorecer nuevas relaciones, reducir el aislamiento y aumentar la sensación de pertenencia a la comunidad.
Para el centro de salud, el programa representa una oportunidad para reforzar la prevención y promover un papel más activo de los profesionales de la salud en la comunidad.
Papel de los profesionales del centro de salud
El éxito del programa depende de la coordinación del equipo. No se trata de crear una actividad paralela al funcionamiento del centro, sino de integrar el programa en los procesos habituales de atención y de promoción de la salud.
La administración facilita la accesibilidad y la organización; el trabajo social identifica necesidades sociales y comunitarias; medicina y Enfermería realizan la detección, valoración, educación y seguimiento; la fisioterapia puede intervenir en la adaptación funcional; y los profesionales de actividad física pueden dirigir las sesiones cuando formen parte del recurso disponible.
La coordinación debe apoyarse en un protocolo sencillo que establezca quién puede derivar, cómo se realiza la incorporación, qué información debe registrarse y cómo se comunica la evolución del participante.
Actividad física en el entorno rural
Este modelo puede ser de especial interés en municipios pequeños y zonas rurales, donde los recursos deportivos especializados pueden ser limitados. La utilización de parques, caminos, plazas, circuitos urbanos y otros espacios cercanos permite realizar actividades con recursos relativamente sencillos.
Además, en poblaciones pequeñas, la actividad grupal puede tener un efecto adicional en la cohesión social y en la reducción del aislamiento. El centro de salud puede actuar como elemento de conexión entre los profesionales, la población y los recursos de la comunidad.
Discusión
La principal ventaja del modelo propuesto es que convierte una recomendación general en un proceso organizado. La persona no solo recibe el mensaje de realizar actividad física, sino que dispone de una alternativa concreta, programada y acompañada.
El carácter multidisciplinar permite abordar las diversas barreras que pueden limitar la participación. Mientras que medicina y Enfermería pueden identificar necesidades relacionadas con la salud, el trabajo social puede intervenir en factores sociales y el personal administrativo puede facilitar el acceso y la organización.
La intervención también puede contribuir a modificar el papel del centro de salud, pasando de un enfoque centrado exclusivamente en la atención de la enfermedad a una mayor participación en la promoción de la salud y en la utilización de los recursos comunitarios.
No obstante, la implantación requiere planificación, disponibilidad de profesionales, definición de responsabilidades, valoración previa de los participantes y coordinación con los recursos comunitarios. También es necesario establecer criterios de seguridad y mecanismos de evaluación que permitan conocer los resultados reales del programa.
Conclusiones
La actividad física al aire libre puede ser una herramienta sencilla y de gran potencial para la promoción de la salud desde la Atención Primaria. Su eficacia puede reforzarse cuando deja de ser una recomendación aislada y se integra en un programa estructurado que nace en el centro de salud y se desarrolla en la comunidad.
La participación coordinada de administrativos, trabajadores sociales, médicos, enfermeros, fisioterapeutas y profesionales de la actividad física permite abordar de manera integral las necesidades de la población y facilita el acceso al programa.
La creación de un circuito de detección, valoración, derivación, participación y seguimiento puede favorecer la adherencia y convertir la actividad física en una intervención comunitaria continua.
En definitiva, el centro de salud puede actuar como punto de partida para conectar a la población con el entorno comunitario y utilizar la actividad física al aire libre no solo como herramienta de prevención de enfermedades, sino también como medio para mejorar la autonomía, el bienestar y las relaciones sociales.
Bibliografía
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