Prevención de complicaciones en neonatos de madres con infección por virus del Nilo Occidental o arbovirus importados: papel de Enfermería en el seguimiento perinatal, detección de alteraciones del neurodesarrollo y educación familiar

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 11–Noviembre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 11: 19

Autor principal (primer firmante): Beatriz Alfaro Ciria

Fecha recepción: 04/10/2026

Fecha aceptación: 31/10/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(11): 19

Autores:

  • Beatriz Alfaro Ciria
  • Laura Chivite Felipe
  • Vanesa Jaime Gomara
  • Ana Palacios Martínez
  • Laura Armendáriz Perrz

Categoría profesional: Enfermería.

Resumen

La expansión geográfica de los arbovirus y el incremento de los desplazamientos internacionales han aumentado la posibilidad de atender en los sistemas sanitarios europeos a mujeres gestantes infectadas por virus transmitidos por mosquitos. Entre estos agentes destacan el virus del Nilo Occidental (VNO), transmitido fundamentalmente por mosquitos del género Culex, y diferentes arbovirus importados transmitidos por Aedes, como los virus del dengue, chikunguña y Zika. Aunque las consecuencias materno-fetales no son equivalentes entre ellos, determinadas infecciones durante el embarazo pueden asociarse a transmisión vertical, complicaciones perinatales o alteraciones neurológicas y del neurodesarrollo.

La infección materna por VNO durante el embarazo presenta un riesgo bajo pero documentado de transmisión al feto. La evidencia disponible procede principalmente de series pequeñas y casos individuales, por lo que no permite establecer con precisión la frecuencia de infección congénita ni un patrón uniforme de secuelas. Se ha descrito, no obstante, un caso confirmado de infección congénita con afectación cerebral y coriorretinitis, mientras que estudios prospectivos posteriores han encontrado en la mayoría de los recién nacidos resultados favorables. Esta incertidumbre justifica una valoración neonatal individualizada y un seguimiento clínico y del neurodesarrollo adaptado al riesgo.

En el caso del virus Zika, la relación entre infección durante el embarazo y alteraciones congénitas está mucho mejor establecida. La infección intrauterina puede producir microcefalia, alteraciones estructurales cerebrales, afectación ocular, hipoacusia, crisis epilépticas, trastornos de la deglución, contracturas y alteraciones del desarrollo. Además, algunos niños pueden presentar una apariencia normal al nacimiento y desarrollar posteriormente problemas neurológicos o del desarrollo, por lo que la ausencia de anomalías neonatales no debe interpretarse como ausencia absoluta de riesgo.

El chikunguña presenta asimismo un interés especial desde la perspectiva neonatal. La transmisión vertical es infrecuente durante gran parte de la gestación, pero el riesgo aumenta cuando la infección materna se produce cerca del parto. Los recién nacidos infectados pueden desarrollar fiebre, trombocitopenia, exantema, encefalopatía, convulsiones o meningoencefalitis, y estudios recientes han descrito alteraciones posteriores del lenguaje, cognición y desarrollo motor en niños expuestos a infección materna.

El dengue puede asociarse a complicaciones obstétricas y perinatales, especialmente cuando la infección materna se produce durante fases avanzadas del embarazo. El riesgo de prematuridad, bajo peso y otras complicaciones obliga a individualizar la vigilancia materno-fetal y neonatal.

En este contexto, Enfermería ocupa una posición estratégica para garantizar la continuidad asistencial desde el embarazo hasta los primeros años de vida. La valoración del recién nacido, la monitorización neurológica y de la alimentación, la medición seriada del perímetro cefálico, la vigilancia de audición y visión, la identificación precoz de retrasos motores, cognitivos o del lenguaje y la educación familiar constituyen intervenciones esenciales. La actuación enfermera debe integrarse dentro de un equipo multidisciplinar que incluya neonatología, pediatría, obstetricia, neurología, oftalmología, otorrinolaringología, rehabilitación y salud pública cuando esté indicado.

Palabras clave: virus del Nilo Occidental; dengue; chikunguña; Zika; arbovirus; embarazo; recién nacido; transmisión vertical; enfermería neonatal; neurodesarrollo; seguimiento perinatal; educación familiar.

Publica TFG cuadrado 1200 x 1200

Introducción

Las enfermedades producidas por arbovirus constituyen un grupo heterogéneo de infecciones que comparten la transmisión por artrópodos, principalmente mosquitos. Durante las últimas décadas, la globalización, el incremento de los desplazamientos internacionales, la urbanización y los cambios ambientales han favorecido la expansión de algunos de estos agentes y de sus vectores. La Organización Mundial de la Salud ha señalado que los arbovirus transmitidos por mosquitos representan una amenaza sanitaria creciente y que su reconocimiento clínico puede resultar complejo debido a la similitud de las manifestaciones iniciales entre diferentes infecciones. [1]

En España, esta cuestión presenta especial relevancia debido a la presencia de vectores capaces de transmitir diferentes arbovirus. El Plan Nacional de Prevención, Vigilancia y Control de las Enfermedades Transmitidas por Vectores contempla tanto las enfermedades transmitidas por mosquitos del género Aedes, como dengue, chikunguña y Zika, como aquellas transmitidas principalmente por Culex, entre las que destaca la fiebre del Nilo Occidental. [2] La Guía de manejo clínico de enfermedades transmitidas por vectores publicada por el Ministerio de Sanidad en marzo de 2026 incorpora recomendaciones específicas para el diagnóstico, tratamiento y seguimiento de estas enfermedades en el contexto sanitario español. [2]

Aunque muchas infecciones arbovirales cursan de forma leve o asintomática, el embarazo constituye una situación clínica particular. La infección materna puede tener consecuencias diferentes dependiendo del virus, del momento de la gestación, de la presencia de viremia alrededor del parto y de otros factores maternos y fetales. Por este motivo, no resulta adecuado hablar de un único síndrome de «infección arboviral congénita». Cada agente posee mecanismos de transmisión vertical, riesgos fetales y estrategias de seguimiento diferentes.

El virus del Nilo Occidental pertenece al género Flavivirus y se transmite fundamentalmente mediante mosquitos del género Culex. La infección humana puede producir desde un cuadro febril inespecífico hasta enfermedad neuroinvasiva con meningitis, encefalitis o parálisis flácida aguda. Durante el embarazo, la transmisión vertical parece ser poco frecuente, pero está documentada. [3]

La evidencia disponible sobre infección congénita por VNO continúa siendo limitada. Los primeros casos documentados generaron preocupación debido a la descripción de un recién nacido con infección intrauterina confirmada, lesiones quísticas cerebrales y coriorretinitis tras infección materna durante el segundo trimestre. [4] Sin embargo, estudios posteriores han mostrado que la mayoría de las gestaciones afectadas conocidas evolucionan sin evidencia de infección congénita o anomalías clínicas identificables. Una revisión sistemática publicada en 2024, que incluyó siete estudios primarios, concluyó que la mayoría de los embarazos estudiados tuvieron resultados favorables, aunque destacó la necesidad de estudios de mayor tamaño debido al reducido número de casos disponibles. [5]

publica-articulo-revista-ocronos

El dengue presenta una situación diferente. La infección materna se ha relacionado con diferentes complicaciones obstétricas y perinatales, especialmente cuando se produce en fases avanzadas de la gestación. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2024 encontró una prevalencia agrupada de prematuridad del 18,3 % y de bajo peso al nacimiento del 17,1 % entre embarazos afectados por dengue, aunque las asociaciones estadísticas con estos resultados no fueron uniformes y la evidencia mostró heterogeneidad. [6] Estos datos justifican una vigilancia obstétrica y neonatal individualizada, sin asumir que toda infección materna producirá complicaciones.

El chikunguña constituye otra infección de especial interés. Aunque puede existir transmisión vertical en diferentes momentos de la gestación, el mayor riesgo de transmisión al recién nacido se concentra alrededor del periodo periparto cuando la madre presenta viremia. Los neonatos infectados pueden desarrollar una enfermedad grave con manifestaciones neurológicas, hematológicas, cutáneas y respiratorias. [7]

La evidencia más reciente ha reforzado la importancia del seguimiento neurodesarrollativo de estos niños. Un estudio publicado en 2025 observó alteraciones en diferentes dominios del desarrollo en niños expuestos intraútero o perinatalmente al virus chikunguña y concluyó que el seguimiento del neurodesarrollo debería considerarse después de la infección materna durante el embarazo. [8] Posteriormente, una revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026 encontró una asociación entre infección materna por chikunguña y mayor riesgo de resultados neurodesarrollativos adversos, aunque los autores subrayaron la baja certeza de parte de la evidencia y la heterogeneidad entre estudios. [9]

El virus Zika representa probablemente el ejemplo mejor caracterizado de arbovirus con capacidad de producir alteraciones congénitas. La infección durante el embarazo puede ocasionar el denominado síndrome congénito por Zika, que incluye microcefalia, anomalías cerebrales, alteraciones oculares, contracturas, trastornos de la deglución, convulsiones y alteraciones del desarrollo. [10] Además, algunos niños sin microcefalia al nacimiento pueden desarrollar posteriormente alteraciones del crecimiento cefálico, audición, visión o neurodesarrollo. [11]

Esta característica convierte el seguimiento longitudinal en una parte fundamental de la atención. El examen neonatal normal no siempre permite excluir una alteración que se manifestará posteriormente durante el desarrollo.

Desde la perspectiva de Enfermería, la atención debe comenzar durante el embarazo y continuar después del nacimiento. La enfermera obstétrica, neonatal, pediátrica o de Atención Primaria puede participar en diferentes momentos del proceso asistencial, garantizando la transmisión de información entre niveles y ayudando a detectar precozmente signos que requieran valoración especializada.

El objetivo no consiste únicamente en detectar una infección congénita confirmada. También es necesario identificar factores de riesgo, establecer un seguimiento proporcional a la exposición, observar el crecimiento y el neurodesarrollo y proporcionar a la familia herramientas para reconocer signos de alarma.

Objetivos

Objetivo general

Analizar el papel de Enfermería en la prevención y detección precoz de complicaciones neonatales asociadas a la infección materna por virus del Nilo Occidental y otros arbovirus importados, con especial atención al seguimiento perinatal, la vigilancia del neurodesarrollo y la educación familiar.

Objetivos específicos

  1. Identificar las principales complicaciones fetales, neonatales y neurológicas asociadas a la infección materna por virus del Nilo Occidental, dengue, chikunguña y Zika.
  2. Describir las intervenciones enfermeras dirigidas al seguimiento clínico, crecimiento, alimentación, audición, visión y neurodesarrollo de los neonatos expuestos.
  3. Analizar las estrategias de educación familiar y coordinación multidisciplinar destinadas a favorecer la detección precoz de alteraciones y el acceso temprano a las intervenciones terapéuticas y de atención temprana.

Metodología

Se realizó una revisión narrativa de la evidencia científica y de las recomendaciones de organismos nacionales e internacionales relacionadas con la infección por arbovirus durante el embarazo y sus posibles consecuencias fetales, neonatales y del neurodesarrollo.

Se consultaron documentos de la Organización Mundial de la Salud, Centers for Disease Control and Prevention (CDC) y Ministerio de Sanidad de España, así como literatura científica indexada en PubMed. Se priorizaron revisiones sistemáticas, metaanálisis, estudios longitudinales y documentos de práctica clínica relacionados con VNO, dengue, chikunguña y Zika. Se incluyeron publicaciones centradas en infección durante el embarazo, transmisión vertical, resultados neonatales, alteraciones neurológicas y neurodesarrollo infantil, así como recomendaciones sobre evaluación y seguimiento de recién nacidos expuestos.

El análisis se organizó desde una perspectiva enfermera en cuatro áreas fundamentales: seguimiento materno-fetal y preparación neonatal, valoración inicial del recién nacido, vigilancia longitudinal del neurodesarrollo y educación y apoyo familiar. Las referencias bibliográficas se numeraron según el orden de primera aparición en el texto, siguiendo el sistema Vancouver. Las fuentes citadas posteriormente mantuvieron el número asignado inicialmente.

Resultados

Diferencias entre los principales arbovirus en el contexto perinatal

Uno de los primeros aspectos que debe conocer Enfermería es que no todas las infecciones arbovirales tienen el mismo comportamiento durante el embarazo.

El VNO presenta un riesgo de transmisión vertical aparentemente bajo, pero documentado. La información disponible procede principalmente de casos aislados, pequeñas cohortes y estudios observacionales, por lo que no puede establecerse una incidencia precisa de infección congénita. [3,5]

El dengue puede asociarse a complicaciones obstétricas y neonatales, especialmente cuando la infección se produce durante fases avanzadas del embarazo. La vigilancia debe prestar atención al riesgo materno de enfermedad grave y a las posibles repercusiones obstétricas. [6]

El chikunguña tiene especial importancia alrededor del parto. La transmisión vertical puede producirse y los recién nacidos infectados pueden desarrollar enfermedad grave, incluyendo afectación neurológica. [7,9]

Zika constituye el arbovirus con evidencia más sólida de daño fetal relacionado con infección materna. La infección intrauterina puede producir alteraciones estructurales cerebrales y oculares y un amplio espectro de problemas del neurodesarrollo. [10,11] Esta diversidad obliga a evitar protocolos excesivamente genéricos. La existencia de un antecedente de infección materna por «arbovirus» debe conducir a identificar específicamente el agente implicado, el momento de la infección y el grado de confirmación microbiológica.

Valoración de la infección materna durante el embarazo

La atención enfermera comienza antes del nacimiento. Cuando se identifica una infección arboviral durante el embarazo, es necesario registrar el momento de aparición de los síntomas y, cuando se conozca, la fecha probable de infección.

La edad gestacional en el momento de la infección constituye una variable especialmente relevante. En el Zika, por ejemplo, la infección durante el primer y segundo trimestre se ha asociado con un mayor riesgo de anomalías congénitas que la infección durante el tercer trimestre. [10]

En el chikunguña, la infección cercana al parto adquiere especial importancia debido al riesgo de transmisión intraparto y enfermedad neonatal grave. [7]

En el VNO, el momento de la infección también debe registrarse, aunque la evidencia disponible no permite establecer un periodo gestacional con un riesgo definido comparable al descrito para Zika o chikunguña.

La Enfermería debe favorecer una comunicación precisa de esta información entre obstetricia, neonatología y pediatría. El registro de la edad gestacional y de la fecha de infección puede modificar la planificación del seguimiento fetal y neonatal.

Vigilancia prenatal

La vigilancia prenatal debe individualizarse según el agente causal y las circunstancias clínicas.

En el caso de Zika, las recomendaciones del CDC contemplan ecografías fetales seriadas, habitualmente cada 3–4 semanas en determinadas situaciones de infección confirmada o posible, con especial atención a la anatomía cerebral, el crecimiento y otras anomalías estructurales. [12]

En el VNO, las recomendaciones históricas del CDC planteaban considerar una ecografía fetal detallada después de la infección materna, aunque reconocían que la sensibilidad y el valor predictivo de las pruebas para infección fetal no estaban bien establecidos. [4]

En la práctica enfermera, esto implica comprobar que las mujeres con infección documentada o sospechada reciben seguimiento obstétrico adecuado y que la información se transmite correctamente entre profesionales. La enfermera puede contribuir además a identificar dificultades de acceso a las revisiones, barreras sociales, ansiedad materna o problemas de comprensión de las recomendaciones.

Preparación del nacimiento

Cuando existe infección materna potencialmente transmisible al feto o al recién nacido, el equipo debe conocer el antecedente antes del parto. Esto permite preparar una valoración neonatal específica y establecer de antemano qué pruebas podrían ser necesarias.

El caso del chikunguña resulta especialmente importante cuando la madre presenta infección alrededor del parto. El recién nacido puede parecer inicialmente sano y desarrollar síntomas varios días después. La revisión sistemática publicada en 2026 señala que los neonatos con infección vertical pueden comenzar a manifestar signos clínicos aproximadamente entre el tercer y séptimo día de vida. [9]

Por tanto, una valoración neonatal normal inmediatamente después del nacimiento no debe considerarse suficiente cuando existe un antecedente de alto riesgo. La coordinación prenatal entre obstetricia y neonatología permite evitar retrasos diagnósticos y preparar adecuadamente a la familia.

Valoración integral del recién nacido expuesto

La valoración inicial debe comenzar con una exploración física completa y una revisión detallada de los antecedentes maternos. Deben registrarse peso, longitud y perímetro cefálico y compararse con curvas de crecimiento apropiadas para edad gestacional y sexo.

El perímetro cefálico merece especial atención en los casos de posible infección congénita por Zika, pero también constituye un parámetro general de seguimiento neurológico y crecimiento cerebral. No debe realizarse una interpretación aislada de una única medición. Las mediciones seriadas proporcionan información sobre la trayectoria del crecimiento y permiten identificar desaceleraciones posteriores.

La exploración neurológica neonatal debe incluir tono, movilidad espontánea, simetría, reflejos, respuesta a estímulos y estado de alerta. La presencia de hipotonía, hipertonía, movimientos anormales, irritabilidad marcada, letargia, temblores o convulsiones requiere valoración médica.

También debe observarse la capacidad de alimentación, coordinación succión-deglución-respiración y presencia de tos, atragantamiento, fatiga o pausas respiratorias durante las tomas.

Vigilancia neurológica neonatal

La afectación neurológica representa una de las principales preocupaciones en los neonatos expuestos a determinados arbovirus.

En el VNO, la enfermedad neurológica neonatal es excepcional, pero se ha documentado afectación cerebral y ocular en un caso confirmado de transmisión congénita. [4] Además, el virus puede producir enfermedad neurológica grave en personas infectadas, lo que justifica una vigilancia clínica cuidadosa cuando existe exposición materna. [3]

En el chikunguña, la afectación neurológica neonatal está mejor documentada. Se han descrito encefalopatía, encefalitis, convulsiones y alteraciones de neuroimagen. [9]

En Zika, la afectación cerebral puede incluir alteraciones del desarrollo cortical, calcificaciones, ventriculomegalia, anomalías del cuerpo calloso y microcefalia. [10,11]

La Enfermería neonatal debe registrar cualquier cambio neurológico y comunicarlo de forma precoz. En el recién nacido, pequeñas modificaciones del tono, conducta o alimentación pueden constituir los primeros signos de una enfermedad neurológica.

Perímetro cefálico y crecimiento cerebral

La medición del perímetro cefálico debe realizarse con una técnica estandarizada y registrarse en la historia clínica.

En los niños expuestos a Zika, su seguimiento adquiere especial relevancia porque algunos recién nacidos pueden presentar una medida aparentemente normal al nacimiento y desarrollar posteriormente microcefalia o desaceleración del crecimiento cefálico. [10,11] Por ello, no debe considerarse suficiente una medición neonatal aislada.

Enfermería puede desempeñar un papel fundamental al asegurar que el perímetro cefálico se registra en las sucesivas revisiones pediátricas y que cualquier desviación significativa respecto a la trayectoria esperada es comunicada. La interpretación debe realizarse utilizando curvas de crecimiento apropiadas y considerando edad gestacional, sexo y antecedentes familiares.

Evaluación de la alimentación y deglución

Las dificultades de alimentación pueden constituir una manifestación temprana de afectación neurológica. En los niños con síndrome congénito por Zika se han descrito problemas de deglución y alimentación. [10,11] La guía del CDC recomienda vigilar la aparición de tos, atragantamiento, dificultad respiratoria durante las tomas o tiempos de alimentación excesivamente prolongados. [11]

La Enfermería debe observar directamente una toma cuando exista sospecha de alteración y valorar la coordinación entre succión, deglución y respiración. La presencia de episodios repetidos de tos o cianosis, pausas respiratorias, fatiga precoz o rechazo persistente de las tomas debe motivar valoración especializada.

El objetivo no es únicamente garantizar un aporte nutricional adecuado. También se busca prevenir aspiraciones y complicaciones respiratorias secundarias.

Audición

La evaluación auditiva constituye otro componente esencial del seguimiento.

Las infecciones congénitas pueden asociarse a alteraciones auditivas y, en el caso del Zika, la hipoacusia forma parte del espectro de posibles complicaciones. [10,11]

Todos los recién nacidos deben recibir el cribado auditivo neonatal correspondiente al programa sanitario establecido. Cuando existe una exposición de riesgo específica, la estrategia de seguimiento puede requerir evaluaciones adicionales dependiendo de los hallazgos y del protocolo especializado.

La Enfermería debe comprobar que el cribado se ha realizado y documentar el resultado. Si el recién nacido no supera el cribado, debe garantizarse que se completa el circuito diagnóstico y que la familia comprende la importancia de acudir a las citas.

Evaluación oftalmológica

La exploración ocular adquiere especial relevancia en los niños expuestos a Zika y, aunque la evidencia es mucho más limitada, también puede ser importante en casos de infección congénita por VNO.

En el caso documentado de infección congénita por VNO se describió coriorretinitis. [4]

En el síndrome congénito por Zika pueden aparecer alteraciones retinianas y del nervio óptico. [10] Por ello, cuando el protocolo clínico indique valoración oftalmológica, Enfermería debe favorecer la coordinación de la cita y comprobar que se realiza.

La identificación precoz de alteraciones visuales es fundamental porque una discapacidad visual no detectada puede repercutir secundariamente sobre el desarrollo motor, cognitivo y comunicativo.

Detección precoz de alteraciones motoras

El seguimiento motor debe comenzar desde las primeras semanas de vida.

Durante las revisiones deben observarse simetría de movimientos, control cefálico, tono muscular, capacidad de sostener el tronco y adquisición progresiva de habilidades motoras. La hipotonía puede ser un signo inicial de alteración neurológica, mientras que la aparición de hipertonía o espasticidad puede hacerse evidente posteriormente.

En el síndrome congénito por Zika se han descrito alteraciones del tono, contracturas y espasticidad. [10,11] La Enfermería de Atención Primaria desempeña un papel particularmente importante porque mantiene contacto longitudinal con el niño y puede comparar la evolución entre diferentes revisiones.

Detección de alteraciones cognitivas y del lenguaje

El neurodesarrollo debe valorarse como un proceso multidimensional.

No debe limitarse a la adquisición de habilidades motoras. La comunicación, interacción social, lenguaje, resolución de problemas y habilidades adaptativas también deben observarse.

La evidencia disponible en niños expuestos al chikunguña ha señalado posibles alteraciones en dominios lingüísticos, cognitivos y motores. En un estudio longitudinal publicado en 2025, los niños expuestos presentaron mayores tasas de alteraciones en diferentes dominios del desarrollo en comparación con controles, aunque los resultados deben interpretarse teniendo en cuenta el tamaño de la muestra y la naturaleza observacional del estudio. [8]

La revisión sistemática y metaanálisis publicada en 2026 encontró asimismo una asociación entre infección materna por chikunguña y mayor riesgo de resultados neurodesarrollativos adversos, aunque calificó la certeza global de la evidencia como baja y señaló una importante heterogeneidad entre estudios. [9]

Estos resultados no justifican asumir que todos los niños expuestos desarrollarán retrasos. Sí apoyan, sin embargo, la importancia de una vigilancia sistemática y de la derivación temprana cuando aparezcan señales de alerta.

Seguimiento longitudinal del neurodesarrollo

La ausencia de síntomas durante el periodo neonatal no elimina necesariamente la necesidad de seguimiento.

Esta consideración está particularmente bien establecida para la infección congénita por Zika. El CDC señala que algunos bebés pueden parecer sanos al nacimiento y desarrollar posteriormente problemas de salud o necesidades especiales. [10]

Las recomendaciones de evaluación infantil tras exposición congénita a Zika incluyen valoración física, crecimiento, desarrollo, visión y audición y vigilancia de signos neurológicos en las revisiones posteriores. [11] Para el chikunguña, la evidencia más reciente apoya igualmente un seguimiento neurodesarrollativo después de la exposición materna, aunque todavía no existe un calendario universalmente establecido aplicable a todos los niños. [8,9]

En el VNO, la evidencia es mucho más limitada. Un estudio de seguimiento de niños nacidos de madres con enfermedad por VNO durante el embarazo evaluó el desarrollo a los tres años mediante Bayley-III y encontró resultados globalmente favorables, aunque un niño presentó retraso leve en el dominio adaptativo. [13]

Estos datos sugieren que el seguimiento debe ser proporcional al riesgo y a los hallazgos clínicos, evitando tanto la ausencia de vigilancia como la medicalización excesiva de niños sin alteraciones.

Utilización de herramientas estandarizadas de desarrollo

La observación clínica resulta fundamental, pero debe complementarse con instrumentos validados cuando estén indicados. Las escalas de desarrollo permiten identificar desviaciones respecto a los hitos esperados y comparar resultados a lo largo del tiempo.

La guía de evaluación de niños con posible infección congénita por Zika recomienda utilizar herramientas de cribado del desarrollo apropiadas para la edad durante las revisiones pediátricas. [11] La Enfermería puede colaborar en la administración o aplicación de instrumentos de cribado según las competencias del profesional y los protocolos de cada sistema sanitario.

Cuando se detecta una puntuación anormal, no debe interpretarse automáticamente como diagnóstico de una alteración neurológica. El resultado debe conducir a una valoración clínica más completa y, cuando corresponda, derivación a pediatría, neurología o atención temprana.

Signos de alarma que deben motivar valoración especializada

La familia y los profesionales deben conocer determinados signos que justifican una evaluación precoz.

Entre ellos se encuentran convulsiones, pérdida de habilidades previamente adquiridas, alteraciones persistentes del tono, asimetría motora, dificultad significativa para alimentarse, episodios recurrentes de atragantamiento, alteraciones visuales, ausencia de respuesta adecuada a estímulos auditivos, retraso importante en la adquisición de habilidades y cambios llamativos del nivel de alerta.

En niños con antecedentes de infección congénita por Zika, la aparición de microcefalia postnatal, hidrocefalia, convulsiones o alteraciones del desarrollo requiere evaluación específica. [11] En el contexto del chikunguña, la aparición de encefalopatía, convulsiones o signos neurológicos durante la primera semana de vida requiere valoración inmediata debido al riesgo de enfermedad neonatal grave. [9]

Seguimiento específico del recién nacido expuesto al virus del Nilo Occidental

El VNO requiere una aproximación especialmente cuidadosa debido a la limitada evidencia disponible. El CDC considera que una infección materna puede transmitirse al recién nacido, pero señala que el riesgo parece bajo y que solo se han comunicado unos pocos casos de infección neonatal. [3]

La mayoría de las mujeres con infección conocida durante el embarazo han tenido recién nacidos sin evidencia de infección o anomalías clínicas. [3] Por tanto, la actuación enfermera no debe transmitir a las familias una expectativa de daño inevitable.

Cuando existe infección materna confirmada o sospechada, la evaluación neonatal debe individualizarse según la historia clínica, el momento de la infección y los hallazgos neonatales. Si aparecen anomalías neurológicas, oculares o del desarrollo, debe activarse la valoración especializada.

El antecedente debe quedar claramente registrado para garantizar que los profesionales que atiendan al niño posteriormente conozcan la exposición.

Seguimiento específico tras dengue materno

El dengue durante el embarazo requiere una vigilancia orientada tanto a la salud materna como a las posibles complicaciones obstétricas y neonatales.

La evidencia disponible sugiere que la infección materna puede asociarse con resultados adversos como prematuridad, bajo peso o muerte fetal, aunque la magnitud del riesgo no es uniforme entre estudios. [6] Desde Enfermería debe asegurarse que el recién nacido recibe una valoración completa y que el antecedente de dengue materno se comunica al equipo pediátrico.

Cuando la infección se ha producido cerca del parto, la vigilancia neonatal puede requerir especial atención a signos de infección, alteraciones hematológicas y estado general según indicación médica. La Enfermería debe evitar generalizar el riesgo: un antecedente de dengue durante el embarazo no implica por sí mismo que el recién nacido presente infección o complicaciones.

Seguimiento específico tras chikunguña materno

El chikunguña merece especial atención cuando la infección materna se produce durante los últimos días antes del parto.

El CDC señala que la transmisión intraparto puede producirse y que la enfermedad neonatal puede ser grave. [7] El recién nacido puede presentar inicialmente un aspecto normal y desarrollar posteriormente fiebre, exantema, trombocitopenia, alteraciones neurológicas o compromiso sistémico.

La vigilancia debe ser especialmente estrecha durante los primeros días de vida.

La revisión sistemática de 2026 encontró que una proporción importante de los neonatos con infección vertical desarrolló manifestaciones neurológicas y que estas podían aparecer varios días después del nacimiento. [9] La Enfermería neonatal debe prestar especial atención a cambios en el tono, irritabilidad, nivel de alerta, alimentación, temperatura, movimientos anormales y presencia de convulsiones.

Seguimiento específico tras Zika materno

El seguimiento tras exposición prenatal a Zika requiere una estrategia particularmente estructurada debido al riesgo de alteraciones congénitas y del neurodesarrollo.

La evaluación debe contemplar crecimiento, perímetro cefálico, exploración neurológica, audición, visión y desarrollo. Los recién nacidos con signos compatibles con síndrome congénito por Zika requieren evaluación especializada y seguimiento multidisciplinar. [11]

La vigilancia debe mantenerse, aunque el recién nacido no presente microcefalia. Las alteraciones del neurodesarrollo pueden aparecer posteriormente. [10]

La Enfermería tiene una función importante en la continuidad del seguimiento, especialmente en Atención Primaria. La asistencia regular permite detectar cambios que podrían pasar inadvertidos en consultas aisladas.

Lactancia materna y arbovirus

La alimentación del recién nacido debe individualizarse según el virus y las recomendaciones vigentes.

En el chikunguña, el CDC indica que el virus no se ha encontrado en la leche materna y que no se han comunicado casos de transmisión mediante lactancia; por ello, se recomienda mantener la lactancia materna cuando no exista otra contraindicación. [7]

En el VNO se han detectado anticuerpos en leche materna y existe un caso posible de transmisión asociado a lactancia, pero la evidencia disponible es insuficiente para establecer una relación causal clara. [3,5]

En el Zika, la OMS recomienda mantener la lactancia materna porque los beneficios superan los riesgos teóricos de transmisión a través de la leche materna. [14]

Estas diferencias deben explicarse correctamente a las familias. La palabra «arbovirus» no debe utilizarse como motivo genérico para suspender la lactancia.

Educación familiar como intervención preventiva

La educación sanitaria constituye una intervención enfermera central.

Las familias necesitan conocer qué consecuencias son posibles, pero también cuáles no deben asumirse. La comunicación debe evitar generar una expectativa de discapacidad inevitable.

En el caso del VNO, debe explicarse que el riesgo de transmisión vertical es bajo y que la mayoría de los embarazos estudiados han presentado resultados favorables. [3,5]

En el Zika, la comunicación debe ser diferente porque existe evidencia clara de riesgo de alteraciones congénitas. Sin embargo, incluso en este contexto, no todos los niños expuestos presentan anomalías. [10]

En el chikunguña, debe explicarse especialmente el riesgo asociado a la infección materna cercana al parto y la posibilidad de aparición de síntomas después de un periodo inicialmente asintomático. [7,9]

La educación debe adaptarse al nivel de comprensión de la familia y permitir que los progenitores participen activamente en la vigilancia.

Enseñanza a los progenitores sobre signos neurológicos

Los padres deben aprender a reconocer signos de alarma.

Las convulsiones constituyen uno de los signos más importantes y requieren asistencia médica inmediata.

También debe explicarse la importancia de consultar ante dificultades persistentes para alimentarse, episodios de atragantamiento, movimientos anormales, cambios importantes en el tono muscular, disminución de la interacción, somnolencia excesiva o pérdida de habilidades.

En niños mayores, deben comunicarse también posibles retrasos en el lenguaje, movilidad o interacción social.

La educación debe presentarse como una herramienta de detección precoz y no como una fuente de vigilancia constante que genere ansiedad.

Educación sobre el desarrollo normal

Una estrategia útil consiste en explicar a los progenitores los principales hitos esperables de cada etapa.

La familia puede observar progresivamente el control cefálico, la sonrisa social, la interacción visual, la manipulación de objetos, el volteo, la sedestación, el gateo, la marcha y la aparición del lenguaje. No todos los niños adquieren las habilidades exactamente en la misma edad. Lo relevante es valorar la trayectoria global y detectar desviaciones significativas.

La Enfermería puede utilizar las revisiones periódicas para reforzar esta educación y preguntar activamente por nuevos hitos adquiridos.

Atención temprana

Cuando se identifica una alteración del desarrollo, la intervención precoz puede mejorar las posibilidades funcionales del niño. La detección de un retraso no debe esperar a que sea evidente o severo. Si existe una señal de alarma persistente, la derivación debe realizarse según el circuito asistencial establecido.

Los equipos de atención temprana pueden incluir fisioterapia, terapia ocupacional, logopedia, psicología y otros profesionales dependiendo de las necesidades.

En el caso de niños expuestos a chikunguña, la evidencia reciente apoya específicamente la vigilancia del neurodesarrollo para facilitar la identificación temprana de alteraciones. [8,9] En Zika, la necesidad de atención multidisciplinar está ampliamente reconocida. [11]

Apoyo psicológico y comunicación de riesgos

Las infecciones durante el embarazo pueden producir un importante impacto emocional en los progenitores.

La madre puede experimentar sentimientos de culpa, especialmente cuando se comunica la posibilidad de transmisión vertical. Enfermería debe evitar cualquier comunicación que sugiera culpabilidad. La infección por arbovirus puede producirse pese a que la gestante haya adoptado medidas razonables de protección.

La comunicación debe centrarse en las medidas que pueden realizarse a partir del diagnóstico: seguimiento, vigilancia del recién nacido, prevención de nuevas exposiciones y acceso temprano a servicios especializados.

La información debe proporcionarse de manera progresiva, evitando saturar a la familia con una gran cantidad de datos inmediatamente después del nacimiento.

Prevención de nuevas infecciones durante el embarazo

La prevención continúa siendo fundamental.

En las zonas donde circulan mosquitos competentes, las mujeres embarazadas deben recibir información sobre medidas para evitar las picaduras.

Estas incluyen ropa protectora, utilización adecuada de repelentes autorizados y reducción de la exposición a mosquitos.

En el caso del VNO, el CDC recomienda expresamente la protección frente a las picaduras durante el embarazo. [3]

Para los arbovirus transmitidos por Aedes, la OMS recomienda igualmente medidas de protección frente a los mosquitos. [1]

La Enfermería puede reforzar estas recomendaciones durante las consultas prenatales y proporcionar información adaptada al entorno de la gestante.

Prevención secundaria en el hogar

La prevención no finaliza con el nacimiento.

En zonas con presencia de vectores, deben mantenerse las medidas de control de mosquitos en el domicilio.

La eliminación de recipientes con agua estancada, la utilización de barreras físicas y la protección personal reducen la probabilidad de exposición.

En el caso del Zika, además, debe considerarse la transmisión sexual, por lo que la educación debe incluir las recomendaciones específicas vigentes para evitar transmisión durante el embarazo. [15]

La Enfermería puede incorporar estas recomendaciones dentro de la educación prenatal y puerperal.

Registro y continuidad asistencial

El antecedente de infección materna debe quedar claramente documentado en la historia clínica del recién nacido.

El registro debe incluir, cuando esté disponible, el virus implicado, fecha aproximada de infección, resultados microbiológicos, edad gestacional en el momento de la infección y principales actuaciones realizadas.

Esta información resulta especialmente importante cuando el niño cambia de centro sanitario.

La continuidad asistencial permite evitar la repetición innecesaria de pruebas y facilita que los profesionales conozcan el motivo de un seguimiento específico.

Coordinación multidisciplinar

La atención a estos neonatos requiere una estrategia coordinada.

Obstetricia debe proporcionar información sobre la infección materna y la evolución gestacional. Neonatología debe realizar la valoración inicial. Pediatría debe mantener el seguimiento longitudinal. Dependiendo del virus y de los hallazgos pueden intervenir Neurología, Oftalmología, Otorrinolaringología, Rehabilitación, Atención Temprana, Logopedia y otros profesionales.

Enfermería puede actuar como elemento integrador entre los diferentes niveles.

La coordinación resulta especialmente importante en enfermedades poco frecuentes, donde los profesionales pueden tener menor experiencia clínica.

Vigilancia epidemiológica y salud pública

La infección arboviral durante el embarazo puede tener implicaciones que trascienden al paciente individual.

El Plan Nacional español establece sistemas de vigilancia para las enfermedades transmitidas por Aedes y Culex, incluyendo el VNO. [2]

La notificación de casos permite identificar áreas de circulación viral y orientar las medidas de control vectorial.

Enfermería debe conocer los circuitos de comunicación establecidos en su centro y comunidad autónoma y colaborar en la recogida de información epidemiológica.

Discusión

La atención al recién nacido de una madre con infección por un arbovirus requiere una valoración especialmente cuidadosa porque el riesgo no es uniforme entre los diferentes virus.

El VNO constituye un ejemplo de infección en la que existe una posibilidad documentada de transmisión vertical, pero cuyo riesgo parece bajo. Los datos disponibles son insuficientes para definir un patrón uniforme de afectación neonatal. La revisión sistemática publicada en 2024 encontró resultados generalmente favorables en las gestaciones estudiadas, aunque señaló la necesidad de ampliar considerablemente la evidencia. [5]

Esta incertidumbre tiene implicaciones importantes para Enfermería. No sería adecuado tratar a todos los hijos de madres con VNO como si presentaran una infección congénita confirmada. Sin embargo, tampoco debería ignorarse el antecedente materno.

La estrategia más razonable consiste en individualizar la evaluación según el momento de la infección, confirmación microbiológica y hallazgos clínicos, manteniendo un umbral bajo para la valoración especializada ante signos neurológicos, visuales o del desarrollo.

El dengue presenta una problemática principalmente obstétrica y perinatal. La evidencia disponible indica una posible asociación con prematuridad, bajo peso y otros resultados adversos, aunque los resultados de los estudios no son completamente uniformes. [6]

La Enfermería debe prestar especial atención a los antecedentes obstétricos y a la evolución neonatal, sin convertir la exposición en un diagnóstico de enfermedad congénita.

El chikunguña presenta una situación diferente. La transmisión vertical es especialmente relevante cuando la infección ocurre alrededor del parto. [7] La enfermedad neonatal puede ser grave y presentar manifestaciones neurológicas después de un intervalo inicial aparentemente normal.

La evidencia más reciente resulta especialmente importante para la práctica enfermera. El estudio longitudinal publicado en 2025 encontró diferencias en distintos dominios del desarrollo entre niños expuestos y controles [8], mientras que el metaanálisis de 2026 encontró una asociación entre infección materna y resultados neurodesarrollativos adversos, aunque con evidencia de certeza baja. [9]

Esto justifica un seguimiento estructurado, pero no significa que todos los niños expuestos desarrollarán alteraciones. La vigilancia debe permitir detectar precozmente a aquellos que sí presenten dificultades.

Zika constituye el paradigma más claro de infección congénita con potencial afectación neurológica. El síndrome congénito por Zika puede afectar al cerebro, visión, audición, alimentación, tono muscular y desarrollo. [10,11]

Una de las principales enseñanzas para Enfermería es que la ausencia de microcefalia al nacimiento no descarta necesariamente problemas posteriores. Algunos niños aparentemente sanos pueden desarrollar alteraciones posteriormente. [10]

Esto hace que la continuidad asistencial sea fundamental.

La medición del perímetro cefálico, la valoración de hitos del desarrollo, el cribado auditivo y visual y la observación de la conducta constituyen intervenciones relativamente sencillas que pueden repetirse durante los controles habituales.

Otro aspecto esencial es la educación familiar.

La familia debe recibir información suficiente para participar en la vigilancia, pero evitando generar una situación de hipervigilancia o ansiedad.

En este sentido, Enfermería puede traducir la información científica a recomendaciones prácticas: qué observar, cuándo consultar, qué revisiones son necesarias y por qué.

El seguimiento también debe contemplar la alimentación. Los trastornos de deglución pueden aparecer en determinados niños con afectación neurológica, y la identificación temprana permite prevenir aspiraciones y problemas nutricionales. [11]

La audición y la visión también deben incorporarse al seguimiento porque una alteración sensorial puede repercutir secundariamente sobre el desarrollo cognitivo y comunicativo.

La atención temprana representa el último eslabón de esta estrategia. Detectar una alteración solo es útil si existe un circuito que permita actuar sobre ella.

Por ello, Enfermería debe conocer los recursos disponibles y facilitar la derivación cuando corresponda.

Finalmente, debe destacarse la importancia de evitar un enfoque excesivamente centrado en la enfermedad. El objetivo no es etiquetar al recién nacido como «niño de riesgo» de forma permanente, sino identificar de manera racional qué niños necesitan vigilancia adicional y garantizar que aquellos con alteraciones reciban intervención precoz.

Propuesta de protocolo enfermero de seguimiento

Ante el antecedente de infección arboviral materna, el primer paso debe consistir en identificar el agente causal y documentar la fecha aproximada de infección y la edad gestacional en ese momento.

Posteriormente, durante el nacimiento, debe realizarse una valoración neonatal completa que incluya peso, longitud, perímetro cefálico, exploración neurológica, estado de alerta, tono, movilidad espontánea, reflejos, alimentación y presencia de signos clínicos compatibles con infección.

En aquellos virus en los que exista riesgo específico de afectación ocular o auditiva, deben garantizarse los estudios correspondientes según el protocolo establecido.

Durante las primeras semanas, debe mantenerse vigilancia de fiebre, irritabilidad, letargia, convulsiones, alteraciones del tono, dificultades de alimentación, movimientos anormales o cualquier cambio neurológico.

En el caso de exposición a chikunguña cercana al parto, esta vigilancia debe ser especialmente estrecha durante la primera semana debido a la posibilidad de aparición tardía de enfermedad neonatal. [9]

Posteriormente debe establecerse un seguimiento longitudinal del crecimiento y desarrollo. El perímetro cefálico debe medirse seriamente y registrarse en la historia clínica.

Durante las revisiones deben valorarse las adquisiciones motoras, cognitivas, lingüísticas y sociales y utilizarse herramientas de cribado validadas cuando estén indicadas.

Si aparece una alteración, la Enfermería debe facilitar la derivación al profesional correspondiente sin esperar a que el retraso se haga evidente.

La educación familiar debe iniciarse antes del alta. Los progenitores deben conocer los signos de alarma, las pautas de seguimiento, las medidas de prevención de nuevas infecciones y los recursos de atención temprana disponibles.

Finalmente, toda la información debe quedar documentada para garantizar la continuidad asistencial entre maternidad, neonatología, pediatría y Atención Primaria.

Indicadores de calidad enfermera

La calidad del seguimiento puede evaluarse mediante indicadores específicos.

Un primer indicador puede ser el porcentaje de recién nacidos de madres con infección arboviral documentada en los que consta la edad gestacional materna en el momento de la infección y el agente causal.

Otro indicador puede ser el porcentaje de recién nacidos en los que se registra peso, longitud y perímetro cefálico al nacimiento y durante las revisiones posteriores.

Puede evaluarse también la proporción de niños con indicación de valoración auditiva u oftalmológica que completan dichas evaluaciones.

En relación con el neurodesarrollo, resulta útil medir el porcentaje de niños de riesgo en los que se realiza cribado mediante una herramienta validada cuando está indicado.

La detección precoz puede evaluarse mediante el tiempo transcurrido entre la aparición de una señal de alarma y la derivación a Pediatría, Neurología o Atención Temprana.

La educación familiar también puede monitorizarse mediante el registro de información sobre signos de alarma, seguimiento, alimentación y medidas de prevención.

Finalmente, la coordinación asistencial puede valorarse mediante la existencia de un registro compartido y actualizado de los antecedentes maternos y las evaluaciones realizadas al recién nacido.

Conclusiones

La infección materna por virus del Nilo Occidental y otros arbovirus importados constituye una situación que requiere una valoración perinatal individualizada. La evidencia disponible demuestra que los riesgos para el feto y el recién nacido dependen considerablemente del agente causal y del momento de la infección.

El virus del Nilo Occidental presenta un riesgo aparentemente bajo de transmisión vertical, aunque existen casos documentados de infección congénita con afectación neurológica y ocular. La mayoría de los embarazos estudiados ha presentado resultados favorables, pero la escasez de casos impide establecer con precisión el riesgo y justifica mantener una vigilancia clínica individualizada.

El dengue puede asociarse a complicaciones obstétricas y perinatales, especialmente en determinados momentos de la gestación, por lo que el antecedente de infección materna debe comunicarse y considerarse durante la valoración neonatal.

El chikunguña presenta especial relevancia cuando la infección ocurre cerca del parto, debido al riesgo de transmisión intraparto y enfermedad neonatal grave. La evidencia reciente apoya además la realización de seguimiento neurodesarrollativo después de la exposición materna, aunque la certeza de la evidencia todavía es limitada.

El Zika representa el arbovirus con una asociación más claramente establecida con alteraciones congénitas. La vigilancia debe incluir crecimiento cefálico, exploración neurológica, audición, visión, alimentación y desarrollo cognitivo, motor y comunicativo.

La función de Enfermería resulta fundamental en todas estas etapas. La correcta valoración neonatal, el registro seriado del perímetro cefálico, la observación del tono y la movilidad, la detección de dificultades de alimentación, la vigilancia de audición y visión y el seguimiento de los hitos del desarrollo permiten detectar precozmente alteraciones que podrían pasar desapercibidas en una evaluación aislada.

La ausencia de anomalías en el nacimiento no debe considerarse necesariamente equivalente a ausencia de riesgo, especialmente en el contexto de exposición a Zika y, de acuerdo con la evidencia emergente, chikunguña. Por ello, la continuidad asistencial debe constituir un elemento central del manejo.

La educación familiar representa otra intervención esencial. Los progenitores deben recibir información clara sobre los signos de alarma, las revisiones necesarias, la evolución esperable y los recursos disponibles. Esta educación debe realizarse desde una perspectiva de apoyo, evitando generar culpabilidad o ansiedad innecesaria.

La detección precoz solo adquiere verdadero valor cuando se acompaña de acceso temprano a los servicios especializados. Por este motivo, Enfermería debe facilitar la coordinación entre obstetricia, neonatología, pediatría, Atención Primaria, Neurología, Oftalmología, Otorrinolaringología, Rehabilitación y Atención Temprana.

Finalmente, la vigilancia de estos casos debe integrarse en los sistemas de salud pública. El seguimiento de una gestante con arbovirosis y de su recién nacido no constituye únicamente una actuación asistencial individual, sino que forma parte de una respuesta coordinada frente a enfermedades emergentes y reemergentes.

El papel enfermero, por tanto, se extiende desde la prevención durante el embarazo hasta el seguimiento longitudinal del niño. La combinación de vigilancia clínica, detección del neurodesarrollo alterado, educación familiar y coordinación multidisciplinar permite transformar un antecedente infeccioso de riesgo en un proceso asistencial estructurado, orientado a detectar precozmente las complicaciones y favorecer el máximo desarrollo posible del recién nacido.

Bibliografía

  1. World Health Organization. WHO guidelines for clinical management of arboviral diseases: dengue, chikungunya, Zika and yellow fever. Geneva: World Health Organization; 2025. ISBN 978-92-4-011111-0.
  2. Ministerio de Sanidad. Plan Nacional de Prevención, Vigilancia y Control de las Enfermedades Transmitidas por Vectores [Internet]. Madrid: Ministerio de Sanidad; 2026 [citado 25 septiembre 2026]. Disponible en: https://www.sanidad.gob.es/areas/alertasEmergencia sSanitarias/preparacionRespuesta/prevencionVigilan ciaEnfermedades.htm
  3. Centers for Disease Control and Prevention. West Nile and pregnancy [Internet]. Atlanta: CDC; 2024 [citado 25 septiembre 2026]. Disponible en: https://www.cdc.gov/west-nile-virus/causes/pregnan cy.html
  4. Centers for Disease Control and Prevention. Interim guidelines for the evaluation of infants born to mothers infected with West Nile virus during pregnancy. MMWR Morb Mortal Wkly Rep. 2004;53(7):154-157.
  5. Marnezi M, Tsiakalos A, Akinosoglou K. Correlation Between West Nile Virus and Pregnancy: A Systematic Review. Pathogens. 2024;13(12):1129. doi:10.3390/pathogens13121129.
  6. Shabil M, Khatib MN, Zahiruddin QS, Rekha MM, Kaur M, Rani B, et al. Dengue Infection During Pregnancy and Adverse Birth Outcomes: A Systematic Review and Meta-Analysis. Rev Med Virol. 2024;34(5):e2582. doi:10.1002/rmv.2582.
  7. Centers for Disease Control and Prevention. Transmisión del virus del chikunguña [Internet]. Atlanta: CDC; 2025 [citado 25 septiembre 2026]. Disponible en: https://www.cdc.gov/chikungunya/es/php/transmissio n/transmision-del-virus-del-chikunguna.html
  8. Ferreira FCPAD, Nielsen-Saines K, Moreira MEL, Salgado AD, Costa RP, Campos SB, et al. Neurodevelopmental Follow-Up in Children with Intrauterine and Perinatal Exposure to Chikungunya Virus. J Pediatr. 2025;279:114477. doi:10.1016/j.jpeds.2025.114477.
  9. [Autores]. Neurological and neurodevelopmental outcomes in neonates and children after maternal chikungunya infection in pregnancy: a systematic review and meta-analysis. [Internet]. 2026 [citado 25 septiembre 2026]. PubMed PMID: 42005931.
  10. Centers for Disease Control and Prevention. Congenital Zika Syndrome and Other Birth Defects [Internet]. Atlanta: CDC; 2025 [citado 25 septiembre 2026]. Disponible en: https://www.cdc.gov/zika/czs/index.html
  11. Centers for Disease Control and Prevention. Update: Interim Guidance for the Diagnosis, Evaluation, and Management of Infants with Possible Congenital Zika Virus Infection — United States, October 2017. MMWR Morb Mortal Wkly Rep. 2017;66(41):1089-1099.
  12. Centers for Disease Control and Prevention. Clinical Considerations for Pregnant Women with Possible Zika Virus Infection [Internet]. Atlanta: CDC; 2025 [citado 25 septiembre 2026]. Disponible en: https://www.cdc.gov/zika/hcp/clinical-pregnant/ind ex.html
  13. Paisley JE, Hinckley AF, O’Leary DR, Kramer W, Lanciotti RS, Campbell GL, et al. Developmental outcomes in young children born to mothers with West Nile illness during pregnancy. Birth Defects Res A Clin Mol Teratol. 2015;103(9):792-796.
  14. World Health Organization. Guideline: infant feeding in areas of Zika virus transmission. 2nd ed. Geneva: World Health Organization; 2021. ISBN 978-92-4-002918-7.
  15. Centers for Disease Control and Prevention. Treatment and Prevention of Zika Virus Disease [Internet]. Atlanta: CDC; 2025 [citado 25 septiembre 2026]. Disponible en: https://www.cdc.gov/zika/hcp/clinical-care/index.h tml
  16. World Health Organization. Screening, assessment and management of neonates and infants with complications associated with Zika virus exposure in utero. Geneva: World Health Organization; 2016.
  17. Centers for Disease Control and Prevention. Clinical Signs and Symptoms of West Nile Virus Disease [Internet]. Atlanta: CDC; 2025 [citado 25 septiembre 2026]. Disponible en: https://www.cdc.gov/west-nile-virus/hcp/clinical-s igns/index.html
  18. Roberts JA, Kim CY, Hwang S, Hassan A, Covington E, Heydari K, et al. Clinical, Prognostic, and Longitudinal Functional and Neuropsychological Features of West Nile Virus Neuroinvasive Disease in the United States: A Systematic Review and Meta-Analysis. Ann Neurol. 2025;98(1):93-106. doi:10.1002/ana.27220.
  19. Centers for Disease Control and Prevention. West Nile Virus Clinician Training [Internet]. Atlanta: CDC; 2026 [citado 25 septiembre 2026]. Disponible en: https://www.cdc.gov/west-nile-virus/hcp/clinical-s igns/clinician-training.html
  20. World Health Organization. Zika toolkit for health care professionals: assessment and management of congenital Zika virus syndrome. Geneva: World Health Organization; 2017.