Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 11–Noviembre 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 11: 42
Autor principal (primer firmante): Maitane Oroz Astrain
Fecha recepción: 05/10/2026
Fecha aceptación: 01/11/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(11): 42
Autores:
- Maitane Oroz Astrain. Categoría profesional: Enfermería
- Iñigo Pérez Laso. Categoría profesional: Enfermería
- Silvia Gutierrez Vázquez. Categoría profesional: Enfermería
- Cristina Martinez Barandalla. Categoría profesional: Enfermería
- Lorea Apesteguia Bardi. Categoría profesional: Enfermería
- Raquel Villanueva Goyeneche. Categoría profesional: Enfermería
Resumen
El ejercicio físico constituye una estrategia complementaria en el cuidado integral de las personas con cáncer y puede contribuir a mejorar diferentes dimensiones de su salud y calidad de vida. La evidencia científica muestra beneficios sobre el funcionamiento físico, bienestar psicológico, sueño y algunos síntomas relacionados con la enfermedad y sus tratamientos. Sin embargo, los resultados varían según el tipo de ejercicio, las características del paciente y la intervención realizada. En este contexto, la Enfermería comunitaria desempeña un papel relevante mediante la educación sanitaria, promoción de hábitos activos, establecimiento de objetivos individualizados y seguimiento. Integrar el ejercicio en los cuidados puede favorecer un abordaje oncológico más integral.
Palabras clave: cáncer; ejercicio físico; actividad física; calidad de vida; supervivientes de cáncer; enfermería comunitaria; promoción de la salud.
Introducción
El cáncer constituye uno de los principales problemas de salud a nivel mundial. Los tratamientos oncológicos han permitido mejorar la supervivencia de un número creciente de pacientes, pero pueden producir efectos adversos que mermen la calidad de vida de los pacientes. Entre ellos se encuentran la fatiga, la pérdida de condición física, las alteraciones del sueño, el deterioro del bienestar psicológico y la disminución de la capacidad para realizar actividades cotidianas.
En este contexto, la actividad física se ha consolidado como una intervención no farmacológica de interés en el abordaje integral de las personas con cáncer. La evidencia disponible indica que el ejercicio puede contribuir a mejorar diferentes resultados relacionados con la salud y la calidad de vida, tanto durante como después del tratamiento oncológico.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que las personas supervivientes de cáncer realicen actividad física de forma regular, siempre que sea posible y no exista contraindicación. Las recomendaciones generales para adultos incluyen entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica de intensidad moderada, además de actividades de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana. La OMS señala asimismo que, cuando una persona no alcanza estos niveles, realizar alguna cantidad de actividad física es preferible a mantener un comportamiento sedentario.
Desde esta perspectiva, la Enfermería comunitaria puede desempeñar un papel relevante en la promoción de hábitos saludables, la educación sanitaria y el seguimiento de las personas con cáncer y supervivientes.
Objetivos
El objetivo general de este artículo es analizar la evidencia científica sobre los beneficios del ejercicio físico en la calidad de vida de los pacientes oncológicos y el papel de Enfermería comunitaria en su promoción y seguimiento.
Como objetivos secundarios se plantean identificar los principales beneficios asociados al ejercicio físico, conocer las modalidades de ejercicio estudiadas y analizar posibles intervenciones enfermeras orientadas a favorecer su incorporación a la vida cotidiana.
Métodos
Se realizó una revisión narrativa de la literatura científica centrada en la relación entre ejercicio físico, el cáncer y la calidad de vida. Para la identificación de la evidencia se consultaron bases de datos, como PubMed, y organizaciones sanitarias oficiales, como la Organización Mundial de la Salud. Se priorizaron revisiones sistemáticas, metaanálisis y documentos de recomendaciones relacionados con personas adultas con cáncer o supervivientes de cáncer.
Se seleccionaron especialmente publicaciones recientes y estudios de síntesis de evidencia que permitieran valorar los efectos del ejercicio sobre la calidad de vida y otros síntomas relacionados con el cáncer.
Resultados
La evidencia científica revisada muestra una relación favorable entre la práctica de ejercicio físico y diferentes dimensiones de la salud de las personas con cáncer. Bai et al. publicaron una revisión de 80 artículos evidenciando con una calidad moderada-alta los beneficios del ejercicio. Entre ellos se describieron mejoras en el funcionamiento físico, bienestar psicológico, sueño, interacción social y calidad de vida, además de una reducción de determinados efectos adversos relacionados con el cáncer y sus tratamientos. Los resultados también indican que los beneficios pueden variar en función del tipo de ejercicio.
Un metaanálisis en red publicado en European Journal of Oncology Nursing en 2025 incluyó 277 ensayos y 21.018 participantes. Los autores observaron que el ejercicio aeróbico presentaba una elevada probabilidad de ser beneficioso para la fatiga, mientras que el ejercicio de resistencia mostró la mayor probabilidad de mejorar la calidad de vida y el dolor. Para la depresión, los programas con ejercicios variados de fuerza y resistencia presentaron los mejores resultados relativos. Los autores, no obstante, señalan la necesidad de nuevos estudios que confirmen estos resultados.
En supervivientes de cáncer, los resultados son igualmente relevantes. Mármol-Pérez et al. publicaron una revisión sistemática y metaanálisis en 2025 analizando una muestra de 5.528 participantes. Los autores encontraron una pequeña mejoría estadísticamente significativa en la calidad de vida mental asociada a intervenciones basadas en ejercicio, especialmente cuando el ejercicio se combinaba con intervenciones dirigidas al bienestar psicológico. Sin embargo, no observaron una mejoría significativa de la calidad de vida física o global, lo que demuestra que los efectos no son uniformes y deben interpretarse teniendo en cuenta las características de cada intervención y paciente.
Por otro lado, Cano-Uceda et al. elaboraron un metaanálisis centrado en pacientes con cáncer de mama y próstata. Los programas de ejercicio supervisado se asociaban con una mejoría significativa de la calidad de vida. Sin embargo, los autores calificaron la certeza global de la evidencia como baja y señalaron una elevada heterogeneidad entre los estudios.
Discusión
Los resultados respaldan la incorporación progresiva de la actividad física como parte del abordaje integral de las personas con cáncer. El ejercicio no debe considerarse un sustituto del tratamiento oncológico, sino una intervención complementaria dirigida a preservar o mejorar la capacidad funcional y el bienestar del paciente.
La heterogeneidad existente entre los estudios pone de manifiesto que no existe un único programa de ejercicio aplicable a todas las personas con cáncer. El tipo, intensidad, frecuencia y duración deben adaptarse a la situación clínica, tratamiento recibido, capacidad funcional, síntomas y preferencias individuales. Las recomendaciones internacionales también destacan que las personas supervivientes de cáncer deben evitar la inactividad y realizar actividad física en la medida de sus posibilidades y siempre que no exista contraindicación.
En este contexto, Enfermería comunitaria puede desarrollar funciones relacionadas con la valoración de hábitos de actividad física, identificación de barreras, educación sanitaria, establecimiento de objetivos realistas y seguimiento de la adherencia. Asimismo, puede favorecer la coordinación con otros profesionales y recursos comunitarios cuando sea necesario. Este enfoque permite mantener la continuidad asistencial más allá del ámbito hospitalario y abordar al paciente desde una perspectiva integral.
La intervención enfermera debe basarse en una valoración individualizada y evitar recomendaciones genéricas. En pacientes con limitaciones importantes, síntomas persistentes o situaciones clínicas complejas, será necesario coordinar la intervención con el equipo sanitario responsable y adaptar la actividad a las condiciones de cada persona.
Conclusiones
El ejercicio físico puede aportar beneficios relevantes en las personas con cáncer, especialmente sobre la capacidad funcional, el bienestar psicológico, determinados síntomas relacionados con la enfermedad y la calidad de vida. Sin embargo, la magnitud de estos beneficios varía según el tipo de ejercicio, las características de la población y las intervenciones utilizadas.
La Enfermería comunitaria ocupa una posición estratégica para promover la actividad física como parte de los cuidados integrales del paciente oncológico y del superviviente de cáncer. La educación sanitaria, la motivación, la identificación de barreras y el seguimiento individualizado pueden facilitar la incorporación de hábitos activos y saludables.
Por tanto, promover la actividad física desde Enfermería comunitaria puede contribuir a ampliar la atención oncológica más allá del tratamiento de la enfermedad, incorporando una perspectiva centrada también en la funcionalidad, el bienestar y la calidad de vida de la persona. La evidencia actual apoya esta integración, aunque son necesarios estudios adicionales que permitan determinar con mayor precisión qué intervenciones, intensidades y estrategias de seguimiento son más eficaces para cada grupo de pacientes.
Bibliografía
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