Manejo de la quimioterapia en pediatría

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 287

Autor principal (primer firmante): José Francisco Ramos Labrador

Fecha recepción: 24/09/2026

Fecha aceptación: 21/10/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 287

Autores:

  • José Francisco Ramos Labrador
  • Jose Lasala Martin
  • Ancuța Cătălina
  • Elena Lucica Stefaniu
  • Marta Morón Ocaso
  • Ana María Albacar Galve

Introducción

La quimioterapia constituye una de las principales estrategias terapéuticas utilizadas en el tratamiento de diversos tipos de cáncer infantil. Su administración en pacientes pediátricos requiere una atención especialmente cuidadosa debido a las características fisiológicas propias de la infancia, las diferencias en el desarrollo de los órganos y el impacto que la enfermedad puede tener sobre el crecimiento, la nutrición, el desarrollo emocional y la vida familiar. Por ello, el manejo de la quimioterapia en pediatría debe realizarse mediante un abordaje multidisciplinar y siguiendo protocolos específicos de oncología pediátrica.

A diferencia de los adultos, los niños presentan cambios continuos en su peso, superficie corporal y maduración de los diferentes sistemas orgánicos. Estos factores pueden modificar la distribución y eliminación de los medicamentos. Por este motivo, antes de iniciar un ciclo de quimioterapia es necesario realizar una valoración clínica completa que incluya, entre otros aspectos, el diagnóstico oncológico, el estado nutricional, el peso, la talla, la superficie corporal y la función renal y hepática. Los resultados de las pruebas analíticas permiten comprobar si el paciente reúne las condiciones necesarias para recibir el tratamiento previsto y detectar posibles complicaciones.

Desarrollo

La preparación y administración de los fármacos citotóxicos requiere medidas estrictas de seguridad. El personal sanitario debe verificar la identidad del paciente, el medicamento indicado, la dosis, la vía de administración, el horario y las condiciones específicas de conservación y preparación. En pediatría, estos controles adquieren una importancia especial, ya que pequeños errores en el cálculo de una dosis pueden tener consecuencias relevantes. La utilización de sistemas de doble comprobación y protocolos estandarizados contribuye a disminuir los riesgos asociados a la medicación.

La vía de administración depende del medicamento y del protocolo terapéutico. Algunos fármacos se administran por vía intravenosa, mientras que otros pueden utilizarse por vía oral o mediante otras vías específicas. En aquellos niños que necesitan tratamientos prolongados, puede recurrirse a dispositivos de acceso vascular, como catéteres venosos centrales o reservorios implantables. El cuidado adecuado de estos dispositivos es fundamental para reducir el riesgo de infección, obstrucción y otras complicaciones.

Uno de los aspectos más importantes del manejo de la quimioterapia es la prevención y vigilancia de sus efectos adversos. Los medicamentos antineoplásicos pueden afectar no solamente a las células tumorales, sino también a tejidos sanos que presentan una elevada capacidad de división celular. Entre las complicaciones más frecuentes se encuentran las náuseas y los vómitos, la mucositis, la pérdida de apetito, la fatiga y la alteración de las células sanguíneas. La intensidad de estos efectos depende del tipo de medicamento, la dosis, la combinación utilizada y las características individuales del paciente.

La mielosupresión merece una vigilancia especial. La disminución de los neutrófilos puede aumentar el riesgo de infecciones, mientras que la reducción de las plaquetas puede favorecer la aparición de hemorragias. Asimismo, la disminución de los glóbulos rojos puede provocar anemia y contribuir al cansancio. Por ello, los controles hematológicos periódicos forman parte esencial del seguimiento. Ante determinados signos de alarma, como fiebre durante un periodo de neutropenia, el paciente debe recibir una valoración médica urgente siguiendo el protocolo establecido por su equipo de oncología.

La nutrición también desempeña un papel relevante durante el tratamiento. Los cambios en el gusto, las náuseas, los vómitos, las lesiones en la boca o la falta de apetito pueden dificultar que el niño mantenga una alimentación adecuada. El seguimiento por profesionales especializados permite identificar precozmente el riesgo de desnutrición y adaptar las recomendaciones nutricionales a las necesidades del paciente. La hidratación debe vigilarse igualmente, especialmente cuando el tratamiento puede producir alteraciones gastrointestinales o afectar a la función renal.

El cuidado de la boca constituye otro componente importante. Una adecuada higiene oral y la prevención de lesiones pueden ayudar a reducir las complicaciones asociadas a la mucositis y a las infecciones. Las recomendaciones concretas deben adaptarse a la situación clínica y al protocolo de cada paciente, especialmente cuando existen alteraciones importantes de las células sanguíneas.

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Sin embargo, el manejo de la quimioterapia pediátrica no se limita a los aspectos físicos. El diagnóstico de cáncer puede generar miedo, ansiedad y cambios importantes en la vida cotidiana del niño y de su familia. La edad y el nivel de desarrollo influyen en la manera en que cada paciente comprende la enfermedad y el tratamiento. Por esta razón, la comunicación debe adaptarse al nivel de comprensión del niño, utilizando explicaciones sencillas y recursos apropiados para su edad. La participación de los padres o cuidadores resulta fundamental, pero también es importante permitir que el menor participe progresivamente en las decisiones relacionadas con sus cuidados cuando su edad y capacidad lo permitan.

El equipo multidisciplinar puede incluir oncólogos pediátricos, personal de enfermería, farmacéuticos, nutricionistas, psicólogos, trabajadores sociales, especialistas en rehabilitación y otros profesionales. La coordinación entre ellos facilita un seguimiento integral y permite atender no solo la enfermedad, sino también las necesidades educativas, sociales, emocionales y familiares del paciente.

Otro elemento esencial es la educación de la familia. Los cuidadores deben conocer el calendario del tratamiento, las medidas de higiene indicadas, los posibles efectos secundarios y los signos que requieren contactar con el equipo sanitario. También deben recibir instrucciones claras sobre la administración de medicamentos en el domicilio cuando corresponda. Esta educación debe realizarse de forma comprensible y permitir que la familia pueda resolver sus dudas antes de abandonar el centro sanitario.

Conclusión

En conclusión, el manejo de la quimioterapia en pediatría requiere mucho más que la administración de medicamentos antineoplásicos. Implica una planificación individualizada, controles rigurosos de seguridad, vigilancia de los efectos adversos, atención nutricional, prevención de infecciones, cuidado de los accesos vasculares y apoyo psicológico y social. El objetivo es proporcionar un tratamiento eficaz manteniendo, en la medida de lo posible, la seguridad y la calidad de vida del niño. La participación coordinada de profesionales sanitarios y familiares es fundamental para afrontar las distintas etapas del tratamiento y ofrecer una atención centrada en las necesidades particulares de cada paciente.

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