Manejo del dolor en Enfermería: estrategias actuales, desafíos asistenciales y perspectivas de futuro. Revisión bibliográfica

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 743

Autor principal (primer firmante): Sandra Trinidad Aznar Casas

Fecha recepción: 23/07/2026

Fecha aceptación: 19/08/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 743

Autores:

Sandra Trinidad Aznar Casas, Carla Fuste Usón, Marta Garví Vela, María Martín Biel, Andrea Esteban Parejo y Cristina Fernández Bailón.

Categoría profesional:

Enfermería.

Resumen

El dolor continúa siendo uno de los síntomas más frecuentes en la práctica clínica y uno de los principales motivos de consulta en los distintos niveles asistenciales. A pesar de los avances en farmacología, tecnología y conocimiento fisiopatológico, un porcentaje importante de pacientes sigue experimentando un control insuficiente del dolor, lo que repercute negativamente en su recuperación, calidad de vida y satisfacción con la atención recibida. En este contexto, el personal de Enfermería desempeña un papel esencial en la valoración, monitorización y tratamiento del dolor, siendo el profesional sanitario que mantiene un contacto más estrecho y continuado con la persona durante el proceso asistencial.

El objetivo de este trabajo es revisar la evidencia científica disponible sobre el manejo del dolor desde la perspectiva enfermera, analizando las principales estrategias de valoración, las intervenciones farmacológicas y no farmacológicas, así como los retos actuales y las perspectivas futuras para mejorar la calidad de los cuidados.

Se realizó una revisión bibliográfica narrativa mediante la consulta de bases de datos biomédicas nacionales e internacionales, seleccionando publicaciones recientes relacionadas con la evaluación y el manejo del dolor en diferentes ámbitos asistenciales.

La literatura revisada muestra que la combinación de una valoración sistemática, el empleo adecuado de tratamientos analgésicos y la aplicación de intervenciones enfermeras basadas en la evidencia favorecen un mejor control del dolor, reducen complicaciones y mejoran la experiencia del paciente. Asimismo, se identifican barreras relacionadas con la formación de los profesionales, la variabilidad en la práctica clínica y la infrautilización de herramientas de valoración estandarizadas.

Se concluye que el abordaje del dolor requiere un enfoque integral, multidisciplinar y centrado en la persona, en el que la Enfermería desempeña un papel protagonista tanto en la atención directa como en la educación sanitaria, la prevención de complicaciones y la promoción de cuidados humanizados.

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Palabras clave:

Dolor; Enfermería; Manejo del dolor; Analgesia; Valoración del dolor; Cuidados de Enfermería; Dolor crónico.

Introducción

El dolor constituye una de las experiencias humanas más complejas y universales, estando presente en un amplio número de enfermedades agudas y crónicas. Además de representar un mecanismo fisiológico de alerta frente a una lesión o amenaza para el organismo, el dolor puede convertirse en un problema de salud persistente cuando se mantiene en el tiempo, afectando de forma significativa al bienestar físico, emocional y social de la persona. En la actualidad se reconoce como un fenómeno multidimensional en el que intervienen factores biológicos, psicológicos, culturales y sociales, por lo que su abordaje requiere una visión integral y una atención individualizada.

La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor (IASP) define el dolor como una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada, o similar a la asociada, con un daño tisular real o potencial. Esta definición pone de manifiesto el carácter subjetivo del dolor y destaca la importancia de considerar la percepción individual de cada paciente durante el proceso de valoración y tratamiento. En consecuencia, la intensidad del dolor no siempre guarda relación con la magnitud de la lesión, ya que aspectos como las experiencias previas, el estado emocional, las creencias personales o el contexto sociocultural pueden modificar significativamente la respuesta ante un mismo estímulo doloroso.

Desde el punto de vista epidemiológico, el dolor representa uno de los principales problemas de salud pública. Se estima que aproximadamente una de cada cinco personas adultas padece dolor crónico, mientras que una proporción aún mayor experimentará episodios de dolor agudo derivados de procesos quirúrgicos, traumatismos, enfermedades inflamatorias o patologías médicas. El envejecimiento progresivo de la población, el incremento de las enfermedades crónicas y la mayor supervivencia de personas con patologías complejas han contribuido a aumentar la prevalencia del dolor durante las últimas décadas, convirtiéndolo en uno de los mayores desafíos para los sistemas sanitarios.

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Las consecuencias del dolor no se limitan al sufrimiento físico. Numerosos estudios han demostrado que un control analgésico inadecuado favorece la aparición de complicaciones clínicas, prolonga las estancias hospitalarias, retrasa la recuperación funcional y aumenta el riesgo de cronificación. Asimismo, el dolor persistente se asocia con alteraciones del sueño, ansiedad, depresión, aislamiento social y disminución de la calidad de vida, generando además un importante impacto económico derivado del incremento del consumo de recursos sanitarios y de la pérdida de productividad laboral.

En este escenario, el personal de Enfermería ocupa una posición estratégica dentro del equipo multidisciplinar. Su contacto continuado con las personas atendidas permite identificar precozmente cambios en la intensidad del dolor, evaluar la respuesta a las intervenciones terapéuticas y detectar posibles efectos adversos relacionados con el tratamiento analgésico. Además, la Enfermería desempeña un papel fundamental en la educación sanitaria, el acompañamiento emocional y la aplicación de medidas no farmacológicas que complementan el tratamiento médico y contribuyen a mejorar la experiencia del paciente.

La evidencia científica disponible destaca que un manejo adecuado del dolor debe fundamentarse en una valoración sistemática mediante herramientas validadas, la utilización racional de tratamientos farmacológicos y la integración de intervenciones no farmacológicas adaptadas a las características individuales de cada persona. Sin embargo, a pesar de la existencia de guías clínicas y recomendaciones internacionales, persisten importantes diferencias en la práctica asistencial. Entre las principales dificultades descritas se encuentran la infravaloración del dolor, la escasa utilización de escalas específicas en determinados grupos de población, la variabilidad en la administración de analgesia y la necesidad de reforzar la formación continuada de los profesionales sanitarios.

En los últimos años también han surgido nuevos retos relacionados con el manejo del dolor, como el incremento del dolor crónico, el uso seguro de los opioides, el desarrollo de programas de recuperación intensificada tras cirugía (ERAS), la incorporación de tecnologías digitales para la monitorización clínica y la creciente importancia de la humanización de los cuidados. Estos cambios han reforzado la necesidad de que la Enfermería actualice de forma continua sus conocimientos y participe activamente en la implementación de estrategias basadas en la mejor evidencia disponible.

Por todo ello, el presente trabajo tiene como finalidad revisar la literatura científica sobre el manejo del dolor desde la perspectiva enfermera, analizando las estrategias de valoración, las principales intervenciones terapéuticas, las barreras existentes en la práctica clínica y las perspectivas futuras orientadas a mejorar la calidad de los cuidados y la seguridad del paciente.

Objetivos

Objetivo general

Analizar la evidencia científica disponible sobre el manejo del dolor desde la perspectiva enfermera, revisando las estrategias actuales de valoración, las intervenciones terapéuticas y los principales retos asistenciales para mejorar la calidad de los cuidados.

Objetivos específicos

  • Describir el concepto y la clasificación actual del dolor.
  • Revisar las principales herramientas empleadas para la valoración del dolor en los diferentes ámbitos asistenciales.
  • Analizar las intervenciones farmacológicas y no farmacológicas utilizadas en el tratamiento del dolor.
  • Identificar el papel del personal de Enfermería en la prevención, el control y el seguimiento del dolor.
  • Examinar las principales barreras existentes para un adecuado manejo del dolor y las perspectivas de mejora basadas en la evidencia científica.

Métodos

Se realizó una revisión bibliográfica narrativa con el objetivo de recopilar y analizar la evidencia científica disponible sobre el manejo del dolor desde la perspectiva de la Enfermería. La búsqueda bibliográfica se llevó a cabo en las bases de datos PubMed/Medline, Scopus, Cinahl, Cochrane Library, SciELO y Dialnet, complementándose con la consulta de documentos publicados por organismos internacionales y sociedades científicas relacionadas con el estudio y tratamiento del dolor.

Para la estrategia de búsqueda se utilizaron los descriptores DeCS y MeSH pain, pain management, nursing care, pain assessment, acute pain, chronic pain, analgesia y nursing interventions, combinados mediante los operadores booleanos AND y OR.

Se incluyeron artículos publicados preferentemente entre 2020 y 2026, escritos en español o inglés, con acceso al texto completo y relacionados con la práctica enfermera en el manejo del dolor. Asimismo, se incorporaron guías clínicas y documentos de consenso considerados de referencia por su relevancia científica.

Se excluyeron aquellos trabajos duplicados, publicaciones sin revisión por pares, estudios con escasa calidad metodológica y artículos cuyo contenido no guardaba relación con los objetivos de esta revisión.

Tras la selección de la literatura, la información fue organizada en diferentes apartados temáticos para realizar una síntesis narrativa de los principales hallazgos relacionados con la valoración del dolor, las estrategias terapéuticas y el papel del personal de Enfermería.

Resultados

Valoración del dolor en la práctica enfermera

La revisión de la literatura pone de manifiesto que la valoración sistemática del dolor constituye el primer paso para garantizar un tratamiento eficaz y seguro. Diversos estudios coinciden en señalar que la ausencia de una evaluación estructurada favorece la infraestimación del dolor y retrasa la instauración de medidas analgésicas, con el consiguiente impacto sobre la evolución clínica y la satisfacción del paciente.

Las recomendaciones internacionales consideran el dolor como el denominado quinto signo vital, promoviendo su valoración de forma rutinaria junto con la temperatura corporal, la frecuencia cardíaca, la frecuencia respiratoria y la presión arterial. Esta práctica facilita la detección precoz de cambios clínicos y permite valorar la respuesta a las intervenciones instauradas.

La evidencia científica destaca la importancia de utilizar escalas validadas adaptadas a las características de cada paciente. En adultos conscientes, la Escala Visual Analógica (EVA) y la Escala Numérica (EN) continúan siendo las herramientas más utilizadas debido a su sencillez y elevada fiabilidad. En personas con deterioro cognitivo o dificultades de comunicación se recomienda emplear escalas observacionales como PAINAD, mientras que en población pediátrica la escala FLACC ha demostrado una adecuada capacidad para detectar dolor en niños que aún no pueden expresarlo verbalmente. En pacientes críticos, especialmente aquellos sometidos a ventilación mecánica o sedación, la utilización de herramientas como la Behavioral Pain Scale (BPS) o la Critical Care Pain Observation Tool (CPOT) permite objetivar la presencia de dolor mediante la observación de indicadores conductuales.

Más allá de la intensidad, la valoración debe contemplar aspectos como la localización, el tipo de dolor, su duración, los factores desencadenantes, la respuesta a tratamientos previos y el impacto sobre el descanso, la movilidad o el estado emocional. La literatura señala que una evaluación integral favorece la individualización de los cuidados y mejora la toma de decisiones clínicas.

El personal de Enfermería desempeña un papel protagonista durante este proceso debido a su contacto continuado con el paciente. Su presencia constante facilita la monitorización de la evolución del dolor, la detección de cambios clínicos y la comunicación de hallazgos al resto del equipo multidisciplinar, contribuyendo a una atención más segura y eficaz.

Estrategias farmacológicas para el control del dolor

Los estudios revisados coinciden en que el tratamiento farmacológico continúa siendo uno de los pilares fundamentales del manejo del dolor, especialmente durante la fase aguda de la enfermedad o tras procedimientos quirúrgicos. Sin embargo, la tendencia actual apuesta por estrategias de analgesia multimodal que permitan optimizar el efecto analgésico utilizando dosis menores de cada fármaco y reduciendo la aparición de efectos adversos.

Los analgésicos no opioides, como el paracetamol y los antiinflamatorios no esteroideos (AINE), continúan siendo la primera opción en el tratamiento del dolor leve o moderado. La evidencia demuestra que estos medicamentos resultan especialmente eficaces en procesos inflamatorios y en el dolor postoperatorio cuando se administran de forma pautada y en ausencia de contraindicaciones. No obstante, diversos autores insisten en la necesidad de valorar de forma individualizada el riesgo de complicaciones gastrointestinales, cardiovasculares o renales asociado al uso prolongado de AINE.

En pacientes con dolor moderado o intenso, los opioides siguen ocupando un papel relevante. La literatura coincide en que fármacos como la morfina, el fentanilo o la oxicodona proporcionan un adecuado control analgésico cuando se emplean bajo una estrecha supervisión clínica. Sin embargo, diferentes revisiones destacan la importancia de limitar su utilización a las situaciones en las que realmente están indicados, debido al riesgo de efectos adversos, tolerancia y dependencia asociado a tratamientos prolongados.

La evidencia científica subraya que la participación del personal de Enfermería resulta determinante para garantizar un uso seguro de estos medicamentos. La valoración continua del nivel de dolor, la monitorización de posibles efectos secundarios, el control del estado respiratorio y la educación sanitaria dirigida al paciente constituyen intervenciones fundamentales para optimizar los resultados del tratamiento farmacológico.

Intervenciones no farmacológicas

Las intervenciones no farmacológicas han adquirido un protagonismo creciente durante los últimos años como complemento al tratamiento analgésico convencional. La mayoría de los estudios incluidos en esta revisión concluyen que la combinación de medidas farmacológicas y no farmacológicas ofrece mejores resultados que la utilización aislada de cualquiera de ellas.

Entre las estrategias con mayor respaldo científico destacan la aplicación de frío y calor terapéutico, la movilización precoz, las técnicas de relajación, la respiración diafragmática, la musicoterapia, la distracción y la educación sanitaria. Estas intervenciones no sustituyen al tratamiento farmacológico cuando este está indicado, pero sí contribuyen a disminuir la intensidad del dolor, reducir la ansiedad y mejorar la percepción de bienestar.

Diversos ensayos clínicos han demostrado que la movilización precoz tras procedimientos quirúrgicos favorece una recuperación funcional más rápida, disminuye la rigidez articular y reduce la intensidad del dolor durante los primeros días del postoperatorio. Del mismo modo, la aplicación de frío local ha mostrado beneficios en procesos inflamatorios y traumatológicos, mientras que el calor terapéutico resulta especialmente útil en pacientes con dolor musculoesquelético o contracturas.

La musicoterapia y las técnicas de relajación también han mostrado resultados positivos en diferentes contextos asistenciales. Aunque su efecto analgésico suele ser moderado, diversos estudios destacan su capacidad para disminuir la ansiedad, mejorar el estado emocional y aumentar la satisfacción de los pacientes, especialmente durante procedimientos invasivos o ingresos hospitalarios prolongados.

La educación sanitaria constituye otra intervención esencial. Informar al paciente sobre las características del dolor, explicar el tratamiento prescrito y resolver dudas relacionadas con la analgesia favorece la adherencia terapéutica, reduce el miedo y aumenta la participación activa en el proceso de recuperación.

Discusión

La presente revisión bibliográfica pone de manifiesto que el manejo del dolor continúa siendo uno de los principales retos de la práctica clínica, a pesar de los avances experimentados en las últimas décadas en relación con su fisiopatología, valoración y tratamiento. La evidencia científica consultada coincide en señalar que el control inadecuado del dolor repercute negativamente en la recuperación del paciente, favorece la aparición de complicaciones y disminuye su calidad de vida, lo que convierte su abordaje en una prioridad asistencial.

Uno de los aspectos más relevantes identificados durante la revisión es el papel fundamental que desempeña el personal de Enfermería en todas las fases del proceso asistencial. La valoración sistemática del dolor, la monitorización continua de la respuesta al tratamiento, la detección precoz de efectos adversos y la educación sanitaria constituyen intervenciones que contribuyen de manera significativa a mejorar la calidad de los cuidados. Diversos estudios han demostrado que la implantación de protocolos de valoración y el uso de escalas validadas favorecen una administración más precoz de la analgesia, disminuyen la intensidad del dolor y mejoran la satisfacción de los pacientes.

La literatura también destaca la importancia de adoptar un enfoque multimodal e individualizado para el tratamiento del dolor. La combinación de intervenciones farmacológicas con medidas no farmacológicas ha demostrado ofrecer mejores resultados que la utilización aislada de cualquiera de ellas, permitiendo reducir el consumo de opioides y minimizar la aparición de efectos secundarios. En este sentido, estrategias como la movilización precoz, las técnicas de relajación, la educación sanitaria o la musicoterapia constituyen herramientas complementarias de gran utilidad dentro de los cuidados enfermeros.

No obstante, la revisión evidencia la persistencia de diversas barreras que dificultan un adecuado manejo del dolor. Entre ellas destacan la variabilidad en la práctica clínica, la infravaloración del dolor, la escasa utilización de escalas específicas en determinados grupos de población, la sobrecarga asistencial y la necesidad de reforzar la formación continuada de los profesionales sanitarios. Estas limitaciones pueden condicionar una atención menos eficaz y contribuir a que un porcentaje importante de pacientes continúe presentando un control insuficiente del dolor.

Por otra parte, el envejecimiento de la población, el incremento de las enfermedades crónicas y el aumento de pacientes con necesidades complejas plantean nuevos desafíos para los sistemas sanitarios. Todo ello hace necesario potenciar modelos asistenciales centrados en la persona, donde la Enfermería participe activamente en la planificación, evaluación y seguimiento de los cuidados, favoreciendo una atención integral y humanizada.

Entre las limitaciones de este trabajo debe señalarse que se trata de una revisión narrativa, por lo que no se realizó una evaluación cuantitativa de la calidad metodológica de los estudios incluidos. Asimismo, la heterogeneidad de los diseños analizados dificulta la comparación directa de algunos resultados. A pesar de ello, la revisión permite ofrecer una visión actualizada sobre las principales estrategias utilizadas en el manejo del dolor y sobre el papel que desempeña el personal de Enfermería en este ámbito.

Finalmente, la evidencia revisada pone de manifiesto la necesidad de continuar impulsando la investigación enfermera relacionada con el dolor, especialmente en aspectos como la implementación de programas educativos, el desarrollo de nuevas herramientas de valoración, la incorporación de tecnologías digitales y la evaluación de intervenciones no farmacológicas basadas en la evidencia.

Conclusiones

El dolor continúa siendo uno de los síntomas con mayor impacto sobre la salud y la calidad de vida de las personas, constituyendo un importante desafío para los profesionales sanitarios. Su carácter multidimensional exige una valoración integral que tenga en cuenta no solo los aspectos fisiológicos, sino también los factores emocionales, psicológicos y sociales que condicionan la experiencia individual de cada paciente.

La revisión realizada confirma que el personal de Enfermería desempeña un papel esencial en la valoración, prevención, tratamiento y seguimiento del dolor. La utilización sistemática de escalas validadas, junto con una adecuada monitorización clínica y una comunicación eficaz con el resto del equipo multidisciplinar, permite optimizar la toma de decisiones y mejorar la seguridad del paciente.

Asimismo, la evidencia científica respalda la utilización de estrategias de analgesia multimodal, combinando tratamientos farmacológicos con intervenciones no farmacológicas adaptadas a las necesidades de cada persona. Este enfoque favorece un mejor control del dolor, reduce la aparición de complicaciones y contribuye a mejorar la recuperación funcional y la satisfacción de los pacientes.

A pesar de los avances alcanzados, persisten importantes áreas de mejora relacionadas con la formación continuada de los profesionales, la implantación de protocolos estandarizados y la reducción de la variabilidad clínica. Resulta imprescindible seguir promoviendo programas de educación, investigación e innovación que permitan incorporar la mejor evidencia disponible a la práctica asistencial.

En definitiva, el abordaje del dolor debe entenderse como una responsabilidad compartida dentro del equipo multidisciplinar, donde la Enfermería ocupa una posición estratégica para garantizar cuidados seguros, humanizados y centrados en la persona.

Conflicto de intereses

Los autores declaran no presentar conflicto de intereses en relación con la elaboración del presente trabajo.

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