Humanización en unidades de hemodiálisis

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 324

Autor principal (primer firmante): Vanessa Álvarez Sánchez

Fecha recepción: 28/09/2026

Fecha aceptación: 25/10/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 324

Autores:

  • Vanessa Álvarez Sánchez
  • Alba Estallo Escar
  • Nazaret García Ramos
  • Maria Moreno Martin
  • Marta Leal Pérez
  • María de los Ángeles Mérida Cebollero

Palabras clave: hemodiálisis, humanización de la asistencia, atención centrada en el paciente, calidad de vida, comunicación, cuidados de enfermería, apoyo emocional.

Resumen

La hemodiálisis constituye un tratamiento imprescindible para numerosas personas con enfermedad renal avanzada, pero supone una importante modificación de la vida cotidiana. Los pacientes deben acudir de forma periódica a las unidades de diálisis, permanecer conectados durante varias horas a un circuito extracorpóreo y convivir con restricciones dietéticas, farmacológicas y de líquidos, síntomas físicos y una elevada dependencia de los servicios sanitarios. Estas características hacen que la calidad de la atención no pueda valorarse exclusivamente mediante indicadores técnicos como la adecuación dialítica o el control analítico.

La humanización de la asistencia pretende integrar los resultados clínicos con las necesidades emocionales, sociales y personales de quienes reciben tratamiento. La comunicación efectiva, el respeto a la autonomía, la participación en las decisiones, la privacidad, el control de síntomas y la creación de un entorno asistencial confortable constituyen elementos fundamentales. La relación continuada entre pacientes y profesionales ofrece además una oportunidad para detectar problemas que pueden permanecer infravalorados, como ansiedad, depresión, prurito, trastornos del sueño, dolor o dificultades sociales.

La Enfermería ocupa una posición especialmente relevante debido al contacto continuado durante las sesiones. Escuchar activamente al paciente, conocer sus preferencias, facilitar su participación en los cuidados y ofrecer información comprensible permite transformar una técnica altamente protocolizada en una atención verdaderamente centrada en la persona. El objetivo de este artículo es analizar los principales componentes de la humanización en las unidades de hemodiálisis y su importancia para mejorar la experiencia asistencial, la autonomía y la calidad de vida.

Abstract

Hemodialysis is an essential treatment for many people with advanced kidney disease, but it represents a major change in daily life. Patients must regularly attend dialysis units, remain connected to an extracorporeal circuit for several hours and live with dietary, medication and fluid restrictions, physical symptoms and a high degree of dependence on healthcare services. These characteristics mean that quality of care cannot be assessed solely through technical indicators such as dialysis adequacy or laboratory control.

Humanisation of healthcare aims to integrate clinical outcomes with the emotional, social and personal needs of those receiving treatment. Effective communication, respect for autonomy, participation in decision-making, privacy, symptom management and the creation of a comfortable care environment are fundamental elements. The ongoing relationship between patients and healthcare professionals also provides an opportunity to identify problems that may remain underestimated, such as anxiety, depression, pruritus, sleep disorders, pain or social difficulties.

Nursing occupies a particularly relevant position due to continuous contact during dialysis sessions. Actively listening to patients, knowing their preferences, facilitating their participation in care and providing understandable information allows a highly protocolised technique to be transformed into truly person-centred care. The aim of this article is to analyse the main components of humanisation in hemodialysis units and their importance in improving the care experience, autonomy and quality of life.

Introducción

La hemodiálisis es una modalidad de tratamiento renal sustitutivo utilizada en personas cuyos riñones han perdido la capacidad suficiente para mantener el equilibrio interno del organismo. El procedimiento permite eliminar productos de desecho y exceso de líquido mediante la circulación de la sangre a través de un dializador.

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A pesar de los avances técnicos, recibir hemodiálisis supone una carga considerable. La mayoría de los pacientes tratados en centros sanitarios debe acudir varias veces por semana y permanecer conectado durante varias horas. A ello se añaden desplazamientos, espera, controles médicos, medicación y restricciones relacionadas con la alimentación y la ingesta de líquidos.

Esta dependencia prolongada del sistema sanitario transforma la relación entre paciente y profesionales. A diferencia de otros episodios asistenciales breves, las personas en hemodiálisis pueden compartir durante años gran parte de su vida cotidiana con el mismo equipo.

La calidad de la asistencia no debería limitarse a conseguir parámetros clínicos adecuados. La forma en que el paciente es recibido, informado, escuchado y acompañado también determina su experiencia.

La atención centrada en la persona parte de reconocer que el paciente posee conocimientos únicos sobre su propia vida, valores y prioridades. La toma de decisiones compartida se basa precisamente en integrar esta experiencia personal con el conocimiento clínico del profesional. La evidencia actual señala que este enfoque favorece una mayor comprensión de la enfermedad y satisfacción con las decisiones adoptadas.

La humanización debe considerarse, por tanto, una dimensión transversal del tratamiento y no una actuación complementaria reservada exclusivamente para situaciones especialmente difíciles.

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Desarrollo

La experiencia de vivir conectado a hemodiálisis

Comprender la humanización requiere considerar qué significa para una persona depender de la hemodiálisis.

El tratamiento estructura gran parte de la semana y puede condicionar horarios laborales, relaciones sociales, viajes y actividades familiares. Incluso cuando la sesión transcurre sin complicaciones médicas, el tiempo dedicado al desplazamiento, preparación, tratamiento y recuperación puede ocupar una parte considerable del día.

Además, muchos pacientes presentan cansancio después de las sesiones, hipotensión, calambres, prurito, dolor o dificultades para dormir.

La enfermedad puede producir también una sensación de pérdida de libertad. La necesidad de organizar actividades alrededor de la diálisis puede generar frustración y modificar la percepción de autonomía.

Humanizar comienza por reconocer esta carga y evitar considerar la sesión únicamente como un procedimiento técnico.

Atención centrada en la persona

La atención centrada en la persona implica adaptar los cuidados a las necesidades, valores y preferencias individuales.

Dos pacientes con características clínicas similares pueden experimentar el tratamiento de manera completamente diferente.

Una persona puede considerar prioritario mantener su actividad laboral, mientras que otra puede valorar especialmente reducir la fatiga o poder participar en determinadas actividades familiares.

Conocer estas prioridades ayuda a que las decisiones tengan sentido dentro de la vida real del paciente.

Un estudio multicéntrico publicado en 2024 encontró una asociación entre una mayor calidad percibida de atención centrada en la persona y una mayor participación de pacientes en hemodiálisis en la planificación anticipada de cuidados, reforzando la importancia de establecer relaciones asistenciales basadas en comunicación y participación.

Relación terapéutica

La relación entre profesionales y pacientes constituye uno de los pilares de la humanización.

En hemodiálisis existe una característica singular: el contacto repetido. El profesional puede llegar a conocer no solamente la evolución clínica, sino también cambios en el comportamiento habitual, preocupaciones familiares o modificaciones del estado emocional.

La confianza se construye mediante pequeños comportamientos cotidianos.

Llamar al paciente por su nombre, presentarse cuando existe personal nuevo, explicar los procedimientos y preguntar cómo se encuentra son acciones aparentemente sencillas que pueden modificar significativamente su percepción de la atención.

La familiaridad derivada de años de tratamiento no debe convertirse en una pérdida de profesionalidad ni en asumir que se conocen las preferencias sin preguntarlas.

Comunicación efectiva

Una comunicación humanizada debe ser clara, comprensible y bidireccional.

Los profesionales utilizan habitualmente términos como ultrafiltración, peso seco, acceso vascular, aclaramiento o hiperpotasemia que pueden resultar difíciles para personas sin formación sanitaria.

El uso excesivo de lenguaje técnico puede limitar la capacidad del paciente para participar en su propio tratamiento.

Debe comprobarse la comprensión y proporcionar oportunidades para preguntar.

La toma de decisiones compartida en nefrología requiere una comunicación sensible a los valores y prioridades del paciente y reconoce que tanto el profesional como la persona tratada aportan conocimientos esenciales para adoptar decisiones informadas.

La información tampoco debe proporcionarse únicamente cuando existe un problema. Mantener al paciente informado sobre la evolución favorece confianza y sensación de control.

Escucha activa

Preguntar al paciente cómo se encuentra no resulta suficiente si no existe disposición para escuchar la respuesta.

La escucha activa requiere prestar atención al contenido verbal y a las señales no verbales.

Algunos pacientes pueden minimizar determinados síntomas porque consideran que forman inevitablemente parte de la diálisis o porque no desean aumentar la carga de trabajo de los profesionales.

Por ello, problemas como prurito, alteraciones del sueño, dolor, ansiedad o síntomas depresivos pueden permanecer infradiagnosticados.

La utilización de medidas informadas directamente por los pacientes puede facilitar esta detección. Los estudios sobre PROMs en hemodiálisis señalan que estas herramientas pueden identificar síntomas que no siempre son reconocidos durante la atención habitual y favorecer su comunicación al equipo.

Valoración de síntomas desde la perspectiva del paciente

La humanización implica otorgar valor a aquello que el paciente considera importante.

Los indicadores tradicionales de hemodiálisis evalúan principalmente eficacia técnica y resultados biológicos. Sin embargo, alcanzar objetivos analíticos no significa necesariamente que la persona se encuentre bien.

Los pacientes pueden experimentar fatiga, insomnio, prurito, dolor, dificultad respiratoria, ansiedad o tristeza.

Un proyecto de mejora publicado en 2026 mostró que la recogida sistemática de resultados comunicados por los propios pacientes permitió identificar con mayor frecuencia prurito y depresión y dirigir intervenciones específicas. Al inicio existía una diferencia importante entre la frecuencia de síntomas indicada por los pacientes y la reconocida por los profesionales.

Estos resultados ponen de manifiesto la necesidad de preguntar de forma estructurada sobre síntomas que pueden pasar inadvertidos.

Papel de enfermería

Enfermería mantiene un contacto particularmente estrecho con el paciente desde la recepción hasta la finalización de la sesión.

La valoración comienza antes de la conexión mediante el control del peso, constantes vitales, situación del acceso vascular y cambios clínicos desde la sesión anterior.

Este momento permite también observar el estado emocional.

Durante la sesión, la vigilancia continua genera múltiples oportunidades de comunicación.

El cuidado técnico del acceso vascular y del circuito debe integrarse con la atención a las necesidades de confort, información y seguridad.

La profesionalidad no consiste exclusivamente en ejecutar correctamente procedimientos, sino también en explicar qué se está haciendo y mantener al paciente implicado en su tratamiento.

Participación del paciente en los cuidados

La persona sometida a hemodiálisis puede adquirir una amplia experiencia sobre su enfermedad y tratamiento.

Permitir que participe en determinados aspectos puede favorecer autonomía y sensación de control.

El paciente puede aprender a observar su acceso vascular, controlar su peso, identificar signos de sobrecarga de líquidos o reconocer síntomas que requieren consulta.

Algunas unidades desarrollan modelos de cuidados compartidos en los que pacientes seleccionados participan progresivamente en tareas relacionadas con su tratamiento.

La finalidad no es trasladar responsabilidades profesionales, sino ofrecer opciones de participación a quienes desean adquirir mayor autonomía.

La participación debe ser voluntaria y adaptarse a las capacidades y preferencias individuales.

Respeto a la autonomía

La dependencia de una técnica sanitaria no debe traducirse en pérdida de autonomía.

Siempre que sea posible, el paciente debe participar en decisiones relacionadas con su tratamiento.

Las preferencias sobre horarios, modalidad de diálisis, acceso vascular, tratamientos complementarios o planificación futura deben considerarse dentro de los límites clínicamente seguros.

Incluso cuando existe una opción que el profesional considera claramente preferible, resulta necesario explicar beneficios y riesgos y escuchar las preocupaciones del paciente.

Los estudios sobre preferencias relacionadas con el acceso vascular muestran precisamente que las prioridades de profesionales y pacientes pueden diferir. Los profesionales pueden centrarse principalmente en complicaciones y supervivencia del acceso, mientras que las personas pueden valorar aspectos como dolor, miedo a las agujas o impacto corporal.

Dolor asociado a la punción

Para los pacientes con fístula arteriovenosa, la punción forma parte repetitiva de cada sesión.

La frecuencia con la que se realiza no convierte el procedimiento en irrelevante. Algunas personas experimentan dolor significativo o ansiedad anticipatoria.

Debe preguntarse por estas sensaciones y utilizar estrategias disponibles para reducirlas cuando resulte necesario.

La técnica de punción, experiencia profesional, información y preparación pueden influir considerablemente sobre la experiencia.

Antes de realizar la punción resulta adecuado avisar y permitir que el paciente se prepare.

Evitar comentarios que minimicen el dolor contribuye a mantener una relación basada en respeto y confianza.

Privacidad e intimidad

Las unidades de hemodiálisis suelen disponer de varios puestos dentro de un mismo espacio.

Esta distribución facilita la vigilancia, pero puede dificultar la privacidad.

Las conversaciones sobre diagnósticos, resultados, problemas familiares o decisiones terapéuticas deben realizarse intentando preservar la confidencialidad.

Cuando la información es especialmente sensible puede ser necesario trasladar la conversación a un espacio privado.

También debe preservarse la intimidad durante determinadas exploraciones o cuidados.

La familiaridad entre pacientes y profesionales no elimina el derecho a la confidencialidad.

Entorno físico

El entorno influye sobre una persona que permanece varias horas en la misma posición.

La iluminación, temperatura, ruido, comodidad del sillón y disponibilidad de entretenimiento pueden afectar a la experiencia.

La sensación térmica constituye un aspecto relevante porque muchos pacientes refieren frío durante el tratamiento.

Debe valorarse la posibilidad de proporcionar mantas u otras medidas de confort cuando sean compatibles con la vigilancia clínica.

El ruido excesivo generado por conversaciones, televisores o alarmas puede dificultar el descanso.

Las alarmas son esenciales para la seguridad, pero su manejo adecuado evita mantener sonidos innecesarios durante periodos prolongados.

Personalización del entorno

Dentro de las posibilidades de cada unidad pueden respetarse determinadas preferencias.

Algunos pacientes desean descansar durante la sesión, mientras que otros prefieren conversar, leer, escuchar música o utilizar dispositivos electrónicos.

El profesional debe evitar imponer interacciones cuando el paciente desea descansar, salvo que sean necesarias por motivos asistenciales.

Las sesiones repetidas durante años convierten la unidad en un espacio habitual de la vida del paciente.

Pequeñas posibilidades de elección pueden reducir la sensación de institucionalización y favorecer un mayor bienestar.

Ansiedad y depresión

La enfermedad renal avanzada puede afectar significativamente a la salud emocional.

La pérdida de autonomía, incertidumbre sobre el futuro, restricciones y dependencia de la diálisis pueden contribuir a la aparición de ansiedad o síntomas depresivos.

Estos problemas no deben normalizarse como una consecuencia inevitable. El paciente puede necesitar valoración especializada y apoyo psicológico.

La detección puede realizarse mediante entrevista clínica y herramientas estructuradas.

La evidencia reciente demuestra que la depresión puede estar claramente infrarreconocida por los equipos cuando no se pregunta de manera sistemática.

La humanización implica considerar la salud mental parte del tratamiento y no un problema separado de la enfermedad renal.

Apoyo familiar

La enfermedad también afecta a familiares y cuidadores.

Pueden participar en los desplazamientos, organización de la alimentación, medicación y apoyo emocional.

Siempre con autorización del paciente, resulta útil incorporar a la familia en determinados procesos educativos.

Los cuidadores también pueden necesitar información y apoyo.

Sin embargo, su participación nunca debe sustituir automáticamente la voz del paciente cuando este conserva capacidad para decidir.

La comunicación debe dirigirse directamente a la persona tratada y no únicamente a su acompañante.

Dimensión social

La hemodiálisis puede interferir en la situación laboral y económica.

Los horarios fijos dificultan en ocasiones mantener una jornada laboral convencional.

El transporte también puede convertirse en una fuente importante de dependencia y frustración.

Los profesionales deben conocer que algunas dificultades de adherencia pueden estar relacionadas con problemas sociales y no con falta de interés.

La coordinación con trabajo social permite identificar necesidades relacionadas con transporte, situación laboral, recursos económicos o apoyo domiciliario.

La atención humanizada requiere comprender el contexto en el que debe cumplirse el tratamiento.

Flexibilidad organizativa

La organización de una unidad debe garantizar eficiencia, pero también intentar adaptarse razonablemente a las necesidades personales.

Cuando existen posibilidades de elección, los horarios pueden considerar trabajo, estudios, responsabilidades familiares o transporte.

No siempre será posible ofrecer el turno solicitado, pero escuchar la necesidad y explicar las limitaciones resulta diferente de imponer decisiones sin comunicación.

La flexibilidad favorece la conciliación entre tratamiento y vida cotidiana.

El objetivo debe ser que la diálisis ocupe el espacio necesario dentro de la vida del paciente y no que toda su vida quede organizada exclusivamente alrededor del tratamiento.

Información durante las incidencias

Las sesiones pueden presentar alarmas, hipotensión, coagulación del circuito o dificultades del acceso vascular.

Cuando aparece una incidencia, el comportamiento del equipo influye sobre la ansiedad del paciente.

Los profesionales pueden realizar múltiples actuaciones técnicas que resultan incomprensibles para la persona conectada al monitor.

Explicar brevemente qué ocurre y qué se está haciendo puede reducir significativamente el miedo.

La información debe adaptarse a la gravedad y evitar generar alarma innecesaria.

Cuando se resuelve el problema también resulta útil comunicarlo para que el paciente no permanezca preocupado.

Respeto durante situaciones de dependencia

Durante una sesión pueden aparecer mareos, vómitos, diarrea, incontinencia o necesidad urgente de utilizar el baño.

Estas situaciones pueden generar vergüenza.

La intervención debe preservar al máximo la dignidad y evitar comentarios que puedan aumentar la incomodidad.

Los cuidados de higiene deben realizarse con discreción y respeto.

La humanización se hace especialmente visible cuando la persona se encuentra en una situación de mayor vulnerabilidad.

Pacientes mayores y frágiles

Una proporción importante de personas en hemodiálisis presenta edad avanzada y múltiples comorbilidades.

Pueden existir problemas de movilidad, alteraciones visuales o auditivas y deterioro cognitivo.

La comunicación debe adaptarse a estas necesidades.

Elevar la voz innecesariamente o dirigirse al paciente de forma infantilizada no constituye una estrategia adecuada.

Debe favorecerse el máximo grado de autonomía posible y proporcionar ayuda únicamente en aquellas actividades que lo requieren.

La valoración periódica de fragilidad y situación funcional permite ajustar los cuidados.

Toma de decisiones compartida

La toma de decisiones no debe limitarse al inicio de la diálisis.

Durante la evolución pueden surgir decisiones relacionadas con accesos vasculares, cambios de modalidad, trasplante, reducción de determinados tratamientos o planificación anticipada.

Las conversaciones deben iniciarse con suficiente tiempo y no solamente durante una crisis.

Una revisión publicada en 2024 destaca que muchos pacientes perciben haber tenido una participación pasiva en decisiones relacionadas con el comienzo de la diálisis, lo que evidencia oportunidades de mejora en la comunicación y participación.

Una relación consolidada facilita abordar progresivamente estos temas respetando las prioridades de cada persona.

Planificación anticipada de cuidados

La hemodiálisis puede prolongarse durante muchos años, pero algunos pacientes presentan enfermedades avanzadas y un pronóstico limitado.

Hablar sobre preferencias futuras no significa abandonar el tratamiento.

La planificación anticipada permite conocer qué considera importante el paciente y cómo desea ser atendido si posteriormente pierde capacidad para decidir.

Una atención centrada en la persona de mayor calidad se ha relacionado con una mayor participación en estos procesos entre pacientes sometidos a hemodiálisis.

Estas conversaciones deben realizarse de manera progresiva, respetuosa y adaptada a la disposición del paciente.

Cuidados paliativos y control de síntomas

Los cuidados paliativos pueden integrarse junto con la hemodiálisis.

Su finalidad no consiste exclusivamente en atender las últimas etapas de la vida, sino también en controlar síntomas y mejorar bienestar.

El dolor, prurito, disnea, insomnio, ansiedad y fatiga pueden tener un impacto considerable.

Los síntomas deben ser preguntados y tratados incluso cuando no modifican directamente parámetros de adecuación dialítica.

Utilizar herramientas de resultados comunicados por los pacientes puede facilitar la identificación de necesidades que no aparecen durante una valoración rutinaria.

Formación de los profesionales

La humanización requiere competencias que pueden aprenderse y perfeccionarse.

La formación debe incluir comunicación, manejo de situaciones difíciles, atención al duelo, toma de decisiones compartida y reconocimiento de necesidades emocionales.

Las habilidades técnicas continúan siendo imprescindibles, pero no son suficientes para garantizar una atención de calidad.

También resulta importante prevenir el desgaste profesional.

El contacto prolongado con pacientes crónicos, situaciones de deterioro y muerte puede producir una importante carga emocional sobre los trabajadores.

Cuidar el bienestar de los profesionales facilita mantener relaciones terapéuticas empáticas y respetuosas.

Participación de los pacientes en la mejora de la unidad

Las personas que reciben tratamiento conocen aspectos del funcionamiento cotidiano que pueden pasar inadvertidos para los profesionales.

Encuestas de experiencia, grupos de discusión o reuniones con representantes de pacientes pueden proporcionar información útil.

Preguntar qué aspectos modificarían puede identificar problemas relacionados con información, tiempos de espera, privacidad, ruido o trato interpersonal.

Las medidas de resultados y experiencia comunicados directamente por los pacientes permiten complementar los indicadores clínicos tradicionales y acercar la evaluación del servicio a aquello que realmente perciben las personas atendidas.

La humanización debe evaluarse de manera continua y no depender únicamente de iniciativas puntuales.

Conclusión

La hemodiálisis constituye un tratamiento altamente tecnológico que permite mantener la vida de las personas con insuficiencia renal avanzada, pero implica una elevada carga física, emocional y social. La calidad asistencial no puede evaluarse exclusivamente mediante la eficacia técnica de las sesiones.

Humanizar significa reconocer a la persona que existe detrás de los parámetros analíticos y del monitor de diálisis. La comunicación, escucha, respeto, privacidad, confort y participación en las decisiones deben integrarse dentro de la asistencia habitual.

La relación continuada que caracteriza a las unidades proporciona una oportunidad excepcional para conocer las necesidades individuales y detectar síntomas físicos y emocionales que pueden permanecer infravalorados. La incorporación de la perspectiva del propio paciente mediante entrevistas y herramientas de resultados comunicados directamente permite mejorar esta identificación.

Enfermería desempeña un papel especialmente relevante por su presencia constante durante las sesiones. Los cuidados técnicos del acceso vascular y del circuito deben acompañarse de una atención que preserve la autonomía, dignidad y bienestar.

La humanización también requiere considerar a la familia, el contexto social, la salud emocional y las dificultades que el tratamiento genera sobre la vida cotidiana. La flexibilidad organizativa, cuando resulta posible, permite adaptar la asistencia a las prioridades del paciente.

Finalmente, una unidad humanizada no es aquella que sustituye el rigor técnico por el trato cercano, sino aquella capaz de integrar ambos elementos. La seguridad, la eficacia y el conocimiento científico deben coexistir con la empatía, la escucha y la participación. Este enfoque permite avanzar desde una asistencia centrada exclusivamente en realizar correctamente una técnica hacia un modelo que busca también que la persona se sienta respetada, informada y acompañada durante todo su proceso de tratamiento.

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