Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 222
Autor principal (primer firmante): Lizeth Fabiola Aguilar Ale
Fecha recepción: 20/09/2026
Fecha aceptación: 17/10/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 222
Autores:
- Lizeth Fabiola, Aguilar Ale
- Ana Isabel, Cuesta Navarro
- María Pilar, Ledesma Portero
- Gemma Abadía García
- Alejandro López Artigas
- Nuria Esteban Catalán
Categoría: Enfermería, TCAE, celadores, administrativo, técnico superior de laboratorio, servicios generales.
Palabras clave: huesos, cuerpo humano, esqueleto, movimiento, estructura.
Introducción
El hueso escafoides es uno de los ocho huesos que forman el carpo de la mano y constituye una pieza fundamental para la anatomía y la biomecánica de la muñeca. Se localiza en la fila proximal del carpo, en el lado radial, es decir, hacia el lado del pulgar. Se encuentra entre el radio y los huesos de la fila distal del carpo, actuando como un importante elemento de conexión entre ambas filas. Su nombre procede del griego skaphos, que significa barca o esquife, debido a su forma alargada y curvada. Es el hueso más grande de la fila proximal y tiene una especial importancia clínica porque es el hueso del carpo que se fractura con mayor frecuencia.
El carpo está constituido por ocho huesos que se distribuyen en dos filas. La fila proximal está formada, desde el lado del pulgar hacia el lado del meñique, por el escafoides, el semilunar, el piramidal y el pisiforme. La fila distal está formada por el trapecio, el trapezoide, el hueso grande y el ganchoso. El escafoides ocupa la posición más lateral de la fila proximal y mantiene relaciones articulares con varios de los huesos que lo rodean. Esta posición permite que funcione como un puente mecánico entre las dos filas del carpo.
Desarrollo
El escafoides tiene una forma irregular, alargada y ligeramente curvada. Anatómicamente puede dividirse en diferentes regiones: polo proximal, cintura, polo distal y tubérculo. La cintura es la parte más estrecha del hueso y constituye una zona especialmente importante porque es el lugar donde se producen la mayoría de las fracturas. Aproximadamente entre el 65 y el 80 % de las fracturas del escafoides afectan a esta región. El polo proximal se encuentra más cerca del radio, mientras que el polo distal se continúa con el tubérculo y se encuentra próximo a los huesos trapecio y trapezoide.
Una característica muy importante del escafoides es que gran parte de su superficie está cubierta por cartílago articular. Aproximadamente el 80 % de su superficie puede estar recubierta por cartílago, lo que deja relativamente pocas zonas disponibles para la entrada de vasos sanguíneos. Esta elevada proporción de superficie articular está relacionada con las numerosas articulaciones que establece con los huesos vecinos y contribuye a explicar su peculiar vascularización.
El escafoides se articula proximalmente con el radio. Esta articulación forma parte de la articulación radiocarpiana, que permite transmitir las fuerzas desde el antebrazo hacia la mano. El radio recibe la mayor parte de las cargas procedentes de la mano y las distribuye hacia el carpo. El escafoides participa de forma importante en esta transmisión gracias a su superficie articular proximal y a su posición en el lado radial de la muñeca.
Medialmente, el escafoides se articula con el hueso semilunar. Esta articulación pertenece a la fila proximal del carpo y está estabilizada por el ligamento escafolunar. El ligamento escafolunar es una estructura esencial para mantener la coordinación entre ambos huesos. Si se produce una lesión importante de este ligamento, pueden aparecer alteraciones en el movimiento de la fila proximal y una inestabilidad progresiva de la muñeca.
Distalmente, el escafoides se articula con el trapecio y el trapezoide. Estas articulaciones permiten conectar la fila proximal con la fila distal del carpo. El trapecio se encuentra situado en la base del pulgar y el trapezoide se encuentra inmediatamente medial a él. Por tanto, el escafoides tiene una relación funcional importante con el primer y segundo radios de la mano.
En determinadas zonas, el escafoides también se articula con el hueso grande. De esta manera, establece relaciones con prácticamente todos los elementos principales que forman la parte central y radial del carpo. En total, se describe que el escafoides puede articularse con cinco huesos: radio, semilunar, grande, trapecio y trapezoide. Esta elevada cantidad de contactos articulares demuestra su importancia dentro de la arquitectura de la muñeca.
El tubérculo del escafoides es una prominencia situada en su región distal y palmar. Puede palparse en la zona radial de la muñeca, cerca de la base del pulgar. Esta estructura sirve como punto de inserción para diferentes ligamentos y constituye también una referencia anatómica importante. El tubérculo forma parte de la pared lateral de la región palmar del carpo y está relacionado con el retináculo flexor.
El retináculo flexor, también denominado ligamento transverso del carpo, es una banda fibrosa que se extiende por la cara palmar de la muñeca. Se inserta en diferentes prominencias óseas del carpo y forma el techo del túnel carpiano. El tubérculo del escafoides constituye uno de los puntos de inserción del retináculo flexor en el lado radial. En el túnel carpiano pasan el nervio mediano y los tendones flexores de los dedos y del pulgar.
El escafoides también desempeña una función fundamental en los movimientos de la muñeca. La muñeca puede realizar flexión, extensión, desviación radial y desviación cubital. Estos movimientos no dependen exclusivamente de la articulación entre el radio y el carpo, sino que son el resultado de pequeños desplazamientos coordinados entre los diferentes huesos carpianos. El escafoides participa en estos movimientos gracias a sus relaciones con las dos filas del carpo.
Durante la flexión de la muñeca, el escafoides tiende a adoptar una posición de flexión respecto a los huesos vecinos. Durante la extensión, se desplaza en sentido contrario. Estos movimientos están controlados por los ligamentos y por las fuerzas que se transmiten a través de las articulaciones. La capacidad del escafoides para modificar su posición resulta fundamental para que la muñeca pueda combinar movilidad y estabilidad.
El escafoides también actúa como un elemento de conexión entre la fila proximal y la fila distal del carpo. Su polo distal está estrechamente relacionado con el trapecio y el trapezoide, mientras que su polo proximal se relaciona con el radio y el semilunar. Esta configuración hace que el escafoides funcione como un puente mecánico. Durante determinados movimientos, puede transmitir fuerzas y coordinar los desplazamientos entre ambas filas carpianas.
La estabilidad del escafoides depende en gran medida de sus ligamentos. Entre los más importantes se encuentra el ligamento escafolunar, que une el escafoides con el semilunar. También existen ligamentos que conectan el escafoides con el radio, el grande, el trapecio y el trapezoide. Estos ligamentos permiten que el hueso mantenga su alineación mientras se producen los movimientos de la muñeca.
El ligamento escafolunar tiene una importancia especial. Está formado por diferentes componentes y constituye una de las principales estructuras estabilizadoras de la fila proximal del carpo. Cuando el ligamento funciona correctamente, el escafoides y el semilunar se desplazan de manera coordinada. Si se rompe, ambos huesos pueden adoptar posiciones anormales y producir una alteración de la mecánica de la muñeca.
El escafoides también está relacionado con ligamentos radiocarpianos, entre ellos el ligamento radioescafo-capitado. Este ligamento pasa cerca de la cintura del escafoides y participa en la estabilidad de la muñeca. Las fuerzas ejercidas por los ligamentos sobre el hueso ayudan a explicar algunos patrones característicos de desplazamiento cuando se produce una fractura.
La vascularización del escafoides es una de sus características anatómicas más importantes. La mayor parte de su aporte sanguíneo procede de ramas de la arteria radial. Los vasos penetran principalmente por la región dorsal de la cintura del hueso y por el tubérculo en la zona palmar. La rama dorsal de la arteria radial proporciona aproximadamente entre el 70 y el 80 % del aporte sanguíneo intraóseo y tiene una importancia especial para el polo proximal.
El flujo sanguíneo del escafoides tiene una característica denominada circulación retrógrada. Esto significa que parte importante de la sangre que llega al polo proximal procede de vasos que entran en zonas más distales y después se distribuyen hacia el extremo proximal a través del interior del hueso. Esta disposición explica por qué una fractura de la cintura puede poner en riesgo la vascularización del polo proximal.
La vascularización retrógrada tiene una gran importancia clínica. Si una fractura interrumpe los vasos que atraviesan la cintura, el polo proximal puede quedar con un aporte sanguíneo insuficiente. Esto puede favorecer la aparición de necrosis avascular, también llamada osteonecrosis, y dificultar la consolidación de la fractura. El riesgo es especialmente importante cuando la fractura afecta al tercio proximal.
Las fracturas del escafoides son las fracturas más frecuentes de los huesos del carpo. Pueden representar una proporción importante de todas las fracturas carpianas. Son especialmente frecuentes en adolescentes y adultos jóvenes y suelen aparecer después de traumatismos en los que la persona cae sobre la mano extendida. Este mecanismo genera una combinación de extensión de la muñeca, desviación y carga que puede someter al escafoides a fuerzas suficientes para producir una fractura.
La localización más frecuente de las fracturas es la cintura del escafoides. Después se encuentran las fracturas del polo proximal y las del polo distal. La localización de la fractura tiene importancia porque influye en la vascularización, la estabilidad y la capacidad de consolidación. Las fracturas del polo proximal suelen presentar un mayor riesgo de complicaciones debido a la dependencia de este segmento respecto al flujo sanguíneo retrógrado.
El síntoma más característico de una fractura de escafoides es el dolor en la región radial de la muñeca, especialmente en la denominada tabaquera anatómica. Esta zona se encuentra en la parte posterior y lateral de la muñeca, cerca de la base del pulgar, y puede hacerse dolorosa a la palpación después de un traumatismo.
También puede existir inflamación, disminución de la movilidad y dolor al realizar determinados movimientos del pulgar o de la muñeca.
Una dificultad importante es que las fracturas del escafoides pueden pasar desapercibidas inicialmente. En ocasiones, las radiografías realizadas inmediatamente después del traumatismo no muestran claramente la fractura. Esto puede ocurrir porque el trazo es pequeño, porque existe una orientación desfavorable o porque todavía no se han producido cambios visibles. Por este motivo, cuando existe una sospecha clínica importante, pueden ser necesarias pruebas de imagen adicionales.
La tomografía computarizada permite estudiar con gran detalle la estructura ósea y puede ser útil para identificar el trazo de fractura, determinar si existe desplazamiento y valorar la consolidación. La resonancia magnética permite observar el hueso y los tejidos blandos y puede detectar lesiones óseas que no son visibles en radiografías convencionales. La elección de la prueba depende de la situación clínica y de los protocolos utilizados.
Una fractura de escafoides que no consolida correctamente puede evolucionar hacia una pseudoartrosis. La pseudoartrosis significa que los fragmentos no consiguen establecer una unión ósea adecuada después del tiempo esperado de consolidación. Esta complicación es especialmente importante en el escafoides debido a su vascularización y a las fuerzas mecánicas que atraviesan la muñeca.
La pseudoartrosis puede producir dolor persistente, disminución de la fuerza y limitación de la movilidad. Con el tiempo, una alteración de la posición del escafoides puede modificar la distribución de las cargas en el carpo y favorecer el desarrollo de cambios degenerativos. Por este motivo, las fracturas del escafoides requieren una valoración adecuada y un seguimiento que permita comprobar que la consolidación se produce correctamente.
Otra complicación importante es la deformidad denominada humpback o deformidad en joroba. Puede aparecer cuando una fractura de la cintura provoca una flexión excesiva del fragmento distal y una posición anormal respecto al fragmento proximal. La deformidad modifica la geometría del escafoides y puede alterar la relación entre las dos filas del carpo.
La necrosis avascular es otra complicación especialmente relevante. Se produce cuando una parte del hueso pierde su aporte sanguíneo y el tejido óseo deja de recibir suficiente oxígeno y nutrientes. En el escafoides afecta principalmente al polo proximal cuando una fractura interrumpe el aporte vascular retrógrado. Puede provocar colapso del fragmento y dificultar todavía más la consolidación.
El tratamiento de las fracturas depende de diferentes factores, como la localización, el desplazamiento, la estabilidad y el tiempo transcurrido desde la lesión. Algunas fracturas estables pueden tratarse mediante inmovilización y seguimiento radiológico. Otras, especialmente las desplazadas, inestables o con determinadas localizaciones, pueden requerir fijación quirúrgica para mantener los fragmentos correctamente alineados.
La inmovilización suele buscar limitar los movimientos de la muñeca y favorecer la consolidación. La duración depende de las características de la fractura y de la evolución observada durante los controles. En algunos casos se utilizan sistemas de inmovilización que incluyen el pulgar, mientras que en otros puede emplearse una inmovilización de la muñeca con diferentes configuraciones.
La cirugía puede consistir en la fijación de los fragmentos mediante tornillos u otros sistemas de osteosíntesis. En fracturas con pérdida de hueso o pseudoartrosis pueden ser necesarios procedimientos más complejos, incluyendo el empleo de injertos óseos. El objetivo es recuperar la continuidad del escafoides, mantener la alineación del carpo y favorecer una consolidación adecuada.
Además de las fracturas, el escafoides puede verse afectado por lesiones ligamentarias. La lesión del ligamento escafolunar es especialmente importante porque puede modificar la relación entre el escafoides y el semilunar. Una alteración mantenida puede producir inestabilidad carpiana y, a largo plazo, cambios degenerativos. Por ello, una lesión aparentemente pequeña de la muñeca puede tener consecuencias importantes si afecta a las estructuras estabilizadoras del escafoides.
El escafoides también tiene una importancia especial durante la prensión. Cuando una persona agarra un objeto, las fuerzas generadas por los músculos del antebrazo y de la mano se transmiten hacia los metacarpianos y el carpo. El escafoides recibe parte de estas cargas y las transmite hacia el radio. Su posición permite distribuir las fuerzas entre las diferentes estructuras y mantener una adecuada estabilidad durante la utilización de la mano.
La biomecánica del escafoides es compleja porque sus superficies articulares se encuentran orientadas en diferentes direcciones. Esta configuración permite que el hueso participe simultáneamente en los movimientos de la fila proximal y en la relación con la fila distal. Debido a su forma y a sus conexiones ligamentosas, el escafoides tiene tendencia a adoptar una posición de flexión cuando recibe determinadas cargas longitudinales.
Durante la desviación radial y cubital, el escafoides experimenta desplazamientos coordinados con los restantes huesos carpianos. En la desviación radial, el escafoides puede flexionarse y desplazarse dentro de la fila proximal, mientras que durante la desviación cubital se produce una reorganización diferente del carpo.
Estos movimientos son pequeños pero esenciales para que la muñeca pueda alcanzar un amplio rango de movimiento.
El escafoides también contribuye a mantener la forma del arco del carpo. En la superficie palmar, el tubérculo forma parte de las prominencias óseas que sirven de apoyo al retináculo flexor. Esta disposición permite que el carpo forme un conducto osteofibroso por el que pasan estructuras tendinosas y nerviosas. Por ello, el escafoides participa indirectamente en la protección y organización de estructuras importantes de la mano.
Desde el punto de vista clínico, la localización del tubérculo y de la tabaquera anatómica proporciona referencias importantes durante la exploración física. El dolor localizado en la tabaquera después de una caída sobre la mano debe hacer sospechar una posible lesión del escafoides, aunque otras estructuras también pueden provocar dolor en esta zona. La exploración debe completarse con pruebas de imagen cuando exista sospecha de fractura.
El escafoides puede presentar variaciones anatómicas en su forma, tamaño y vascularización. Estas diferencias pueden explicar por qué algunas personas presentan mayor riesgo de determinadas complicaciones después de una fractura. Sin embargo, la presencia de una vascularización colateral en algunos individuos demuestra que el riesgo de necrosis no es idéntico en todos los casos.
Conclusión
En conclusión, el hueso escafoides es uno de los ocho huesos del carpo y ocupa la posición más radial de la fila proximal. Tiene una forma alargada y curvada y se divide en polo proximal, cintura, polo distal y tubérculo. Se articula con el radio, semilunar, grande, trapecio y trapezoide, por lo que constituye una importante conexión entre las dos filas del carpo. Participa activamente en los movimientos de flexión, extensión y desviación de la muñeca y desempeña una función esencial en la transmisión de las cargas entre el antebrazo y la mano.
Su característica más importante desde el punto de vista clínico es su particular vascularización, en gran parte retrógrada, que hace que el polo proximal sea especialmente vulnerable cuando se produce una fractura. El escafoides es el hueso del carpo que se fractura con mayor frecuencia y las lesiones suelen producirse después de una caída sobre la mano extendida. Las fracturas de la cintura son las más habituales y pueden complicarse con pseudoartrosis, deformidad, artrosis o necrosis avascular, especialmente cuando afectan al polo proximal. Por todo ello, el conocimiento detallado de la anatomía, vascularización y biomecánica del escafoides es fundamental para comprender tanto el funcionamiento normal de la muñeca como las consecuencias de sus lesiones.
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