Hematemesis grave en un paciente anticoagulado con trasplante renal: cuando un síndrome de Mallory-Weiss requiere hemostasia endoscópica urgente

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 180

Autor principal (primer firmante): Blanca Navarro Leach

Fecha recepción: 16/09/2026

Fecha aceptación: 13/10/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 180

Autor/a:

Blanca Navarro Leach

Categoría profesional:

Médico de urgencias

Resumen

Introducción

El síndrome de Mallory-Weiss constituye una causa frecuente de hemorragia digestiva alta no varicosa y habitualmente presenta una evolución favorable. Sin embargo, la coexistencia de anticoagulación, enfermedad renal avanzada y comorbilidad cardiovascular puede incrementar significativamente la repercusión clínica de un episodio hemorrágico y dificultar su manejo.

Caso clínico

Varón de 66 años con antecedentes de doble trasplante renal, enfermedad renal crónica avanzada, fibrilación auricular en tratamiento anticoagulante, marcapasos, hipertensión arterial y hepatitis C previamente tratada, que acudió al Servicio de Urgencias por hematemesis de gran cuantía precedida de un episodio de vómito alimentario. A su llegada presentaba hipotensión arterial, palidez y diaforesis. La analítica mostró anemia aguda, enfermedad renal avanzada e hiperpotasemia leve, con descenso de la hemoglobina de 11,1 g/dL a 9 g/dL durante la evolución inicial. Se realizó reversión de la anticoagulación mediante sulfato de protamina y fueron necesarios dos concentrados de hematíes.

La gastroscopia urgente evidenció esofagitis grado D de Los Ángeles y dos desgarros ulcerados en la unión esofagogástrica, con coágulo adherido, compatibles con síndrome de Mallory-Weiss. Se realizó tratamiento endoscópico mediante inyección de adrenalina y colocación de hemoclips, consiguiendo un adecuado control de la hemorragia. La evolución posterior fue favorable, sin nuevos episodios de sangrado. La endoscopia de control confirmó la cicatrización de las lesiones y mostró además una gran hernia de hiato tipo III.

Conclusiones

El síndrome de Mallory-Weiss puede producir hemorragias digestivas clínicamente graves cuando concurre con factores que aumentan el riesgo hemorrágico. En pacientes anticoagulados y con enfermedad renal avanzada, la valoración precoz, la estabilización hemodinámica y la realización de endoscopia terapéutica urgente son fundamentales. La combinación de técnicas endoscópicas puede conseguir un control eficaz del sangrado y evitar procedimientos invasivos adicionales.

Palabras clave: síndrome de Mallory-Weiss; hemorragia digestiva alta; trasplante renal; enfermedad renal crónica; anticoagulación; hemostasia endoscópica; hemoclips.

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Introducción

El síndrome de Mallory-Weiss se caracteriza por la aparición de laceraciones longitudinales de la mucosa en la región de la unión esofagogástrica, habitualmente relacionadas con un incremento brusco de la presión intraabdominal producido por vómitos o esfuerzos repetidos. Estas lesiones pueden originar hemorragia digestiva alta, que suele manifestarse en forma de hematemesis y, en menor medida, de melena.

En la mayoría de los casos, el sangrado asociado al síndrome de Mallory-Weiss es autolimitado y presenta una evolución favorable. Sin embargo, determinados factores pueden aumentar la gravedad del episodio y favorecer la persistencia o recurrencia de la hemorragia. Entre ellos adquieren especial importancia la anticoagulación, las alteraciones de la hemostasia asociadas a la enfermedad renal avanzada y la presencia de comorbilidades cardiovasculares.

La endoscopia digestiva alta desempeña un papel fundamental tanto en el diagnóstico como en el tratamiento. Además de identificar directamente la lesión responsable del sangrado, permite realizar diferentes técnicas de hemostasia en aquellos pacientes con hemorragia activa o con signos endoscópicos de alto riesgo.

Presentamos el caso de un paciente con enfermedad renal crónica avanzada, antecedente de doble trasplante renal y anticoagulación crónica que desarrolló una hemorragia digestiva alta grave secundaria a síndrome de Mallory-Weiss, precisando estabilización inicial, reversión de la anticoagulación, transfusión sanguínea y tratamiento endoscópico urgente.

Objetivos

Objetivo general

Describir el manejo diagnóstico y terapéutico de una hemorragia digestiva alta grave secundaria a síndrome de Mallory-Weiss en un paciente con enfermedad renal avanzada, trasplante renal y tratamiento anticoagulante.

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Objetivos específicos

  • Analizar los factores clínicos que pueden incrementar la gravedad de una hemorragia secundaria a síndrome de Mallory-Weiss.
  • Destacar la importancia de la estabilización hemodinámica y la corrección de los factores modificables de riesgo hemorrágico.
  • Describir el papel de la endoscopia digestiva alta urgente en la identificación y tratamiento de la lesión sangrante.
  • Revisar la utilidad de la terapia endoscópica combinada mediante inyección de adrenalina y colocación de hemoclips.
  • Poner de manifiesto la importancia del seguimiento endoscópico en pacientes con lesiones esofagogástricas complejas.

Métodos

Se presenta un caso clínico de hemorragia digestiva alta atendido en un Servicio de Urgencias. Se realizó una revisión descriptiva de los antecedentes del paciente, las manifestaciones clínicas iniciales, los parámetros analíticos, la evolución hemodinámica y las pruebas diagnósticas realizadas durante el episodio agudo.

Se analizaron especialmente los hallazgos de la endoscopia digestiva alta y las medidas terapéuticas empleadas para conseguir el control de la hemorragia, así como la evolución posterior y los hallazgos obtenidos en la endoscopia de control.

Los datos clínicos se presentan de forma anonimizada, evitando información que permita identificar al paciente.

Resultados

Varón de 66 años con antecedentes de doble trasplante renal, enfermedad renal crónica avanzada, fibrilación auricular anticoagulada, implante de marcapasos e hipertensión arterial. Como antecedente adicional presentaba infección por virus de la hepatitis C previamente tratada.

Consultó en el Servicio de Urgencias tras presentar un episodio de vómito alimentario seguido de hematemesis de importante cuantía. A su llegada presentaba signos clínicos de compromiso hemodinámico, con presión arterial de 89/60 mmHg, palidez cutánea y diaforesis.

La valoración analítica inicial puso de manifiesto anemia aguda en el contexto de la hemorragia digestiva, asociada a enfermedad renal avanzada e hiperpotasemia leve. Durante la evolución inicial se objetivó un descenso de la concentración de hemoglobina desde 11,1 g/dL hasta 9 g/dL.

Dada la situación clínica y el antecedente de tratamiento anticoagulante, se consideró necesario realizar medidas dirigidas a controlar el riesgo hemorrágico. Se llevó a cabo la reversión de la anticoagulación mediante sulfato de protamina y fue necesaria la transfusión de dos concentrados de hematíes.

Tras la estabilización inicial se realizó una gastroscopia urgente. El estudio endoscópico evidenció una esofagitis grado D según la clasificación de Los Ángeles y dos desgarros ulcerados localizados en la región esofagogástrica, con presencia de coágulo adherido, hallazgos compatibles con síndrome de Mallory-Weiss como origen de la hemorragia.

Se realizó tratamiento hemostático endoscópico mediante inyección de adrenalina y posterior colocación de hemoclips sobre las lesiones. Se consiguió un control completo del sangrado, sin complicaciones relacionadas con el procedimiento.

Durante el ingreso, el paciente permaneció clínicamente estable y no presentó nuevos episodios de hematemesis ni otros datos de resangrado. La evolución fue favorable.

Se realizó posteriormente una gastroscopia de control, que mostró cicatrización de las lesiones previamente descritas. Como hallazgo adicional se identificó una gran hernia de hiato tipo III, considerada un elemento anatómico relevante en el contexto de la patología esofagogástrica observada.

Discusión

El síndrome de Mallory-Weiss es una causa habitual de hemorragia digestiva alta no varicosa. Clásicamente aparece después de episodios de vómitos o arcadas intensas, que generan un aumento brusco de la presión intraabdominal y favorecen la aparición de laceraciones de la mucosa en la unión esofagogástrica. La manifestación clínica característica es la hematemesis, aunque la intensidad del sangrado puede ser muy variable.

El caso presentado resulta relevante por la coexistencia de varios factores potencialmente relacionados con una mayor repercusión hemorrágica. La enfermedad renal crónica avanzada puede asociarse a alteraciones de la función plaquetaria y de la hemostasia, mientras que el tratamiento anticoagulante añade un factor adicional de riesgo de sangrado. En este contexto, una lesión mucosa que habitualmente podría presentar una evolución autolimitada puede ocasionar una hemorragia con repercusión hemodinámica.

La presentación clínica, con hematemesis de importante cuantía, hipotensión, palidez y diaforesis, obligó a realizar una valoración inicial centrada en la estabilización hemodinámica. La caída de hemoglobina durante la evolución y la necesidad de transfusión confirmaron la relevancia clínica del episodio.

En pacientes que reciben tratamiento anticoagulante y desarrollan una hemorragia digestiva significativa, el manejo requiere valorar individualmente el riesgo hemorrágico y el riesgo trombótico asociado a la interrupción del tratamiento. En este caso fue necesaria la reversión de la anticoagulación como parte del abordaje inicial de la hemorragia.

La endoscopia digestiva alta constituye una herramienta fundamental en el manejo de la hemorragia digestiva alta, ya que permite localizar la lesión responsable y, cuando está indicado, realizar tratamiento hemostático durante el mismo procedimiento. En el paciente descrito, la gastroscopia urgente permitió identificar dos desgarros ulcerados con coágulo adherido, estableciendo el origen del sangrado y posibilitando una intervención terapéutica inmediata.

La utilización combinada de inyección de adrenalina y hemoclips permitió conseguir un control eficaz de la hemorragia. La adrenalina puede contribuir inicialmente a disminuir el sangrado mediante vasoconstricción y efecto de taponamiento local, facilitando la posterior aplicación de una técnica mecánica. Los hemoclips permiten realizar una hemostasia mecánica dirigida sobre el vaso o la lesión responsable del sangrado.

La presencia de una esofagitis grave constituye otro elemento de interés. En este paciente se objetivó una esofagitis grado D de Los Ángeles, además de una gran hernia de hiato tipo III en la endoscopia de control.

La hernia de hiato puede favorecer alteraciones mecánicas y de exposición de la mucosa esofagogástrica, aunque la relación causal directa entre este hallazgo y el desarrollo concreto de las lesiones de Mallory-Weiss no puede establecerse únicamente a partir de este caso.

La evolución favorable y la ausencia de resangrado después del tratamiento endoscópico ponen de manifiesto la importancia de realizar una identificación precoz de la lesión y aplicar una estrategia terapéutica dirigida. El control endoscópico posterior permitió confirmar la cicatrización y valorar otras alteraciones estructurales potencialmente relevantes.

Este caso recuerda que el diagnóstico de síndrome de Mallory-Weiss no debe asociarse automáticamente a un episodio hemorrágico leve. La gravedad final depende también de las características del paciente y de los factores que condicionan la hemostasia. La presencia simultánea de enfermedad renal avanzada y anticoagulación debe favorecer una valoración especialmente cuidadosa y un abordaje multidisciplinar.

Conclusiones

El síndrome de Mallory-Weiss puede ocasionar hemorragia digestiva alta con importante repercusión hemodinámica, especialmente cuando coexisten factores que alteran la hemostasia.

La enfermedad renal crónica avanzada y el tratamiento anticoagulante pueden incrementar la complejidad del manejo de estos episodios y requieren una valoración individualizada del riesgo hemorrágico y trombótico.

La estabilización hemodinámica, la corrección de los factores modificables y la realización precoz de endoscopia digestiva alta constituyen elementos fundamentales del tratamiento.

La endoscopia permite confirmar el origen del sangrado y realizar tratamiento hemostático durante el mismo procedimiento. La combinación de técnicas, como la inyección de adrenalina y la colocación de hemoclips, puede proporcionar un control eficaz de la hemorragia en lesiones de alto riesgo.

El seguimiento endoscópico puede ser útil para confirmar la cicatrización de las lesiones y detectar alteraciones anatómicas o mucosas asociadas.

Conflicto de intereses: Los autores declaran no presentar conflictos de intereses relacionados con la elaboración de este trabajo.

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