Índice
Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 3–Marzo 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 3: 225
Autor principal (primer firmante): Silvia Alebesque Cortés
Fecha recepción: 12/02/2026
Fecha aceptación: 09/03/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(3): 225
Autores:
SILVIA ALEBESQUE CORTÉS
ANDREA LIZAMA CASTROVIEJO
LAURA PESCADOR BERNAL
EMILIANO LAJUSTICA BUENO
JUAN CARLOS GASPAR ANDREU
JUANA LÓPEZ ALCAIDE
Categoría profesional: FISIOTERAPEUTA
Resumen
La fisioterapia aplicada al deporte se parece más a un “idioma con tres acentos” que a “tres idiomas diferenciados” cuando comparamos fútbol, balonmano y baloncesto, que serán el objeto específico del artículo. Cada uno arrastra patrones de lesión, demandas físicas y contextos de carga que condicionan tanto la prevención como la rehabilitación.
En fútbol predominan los problemas de extremidad inferior, con especial peso de las lesiones musculares de isquiosurales, los esguinces de tobillo y las lesiones de ligamento cruzado anterior, asociadas a sprints, cambios de dirección y contactos a alta velocidad.
En balonmano, el contacto intenso en espacios reducidos se traduce en alto riesgo de lesión de rodilla y tobillo, pero también en una lista considerable de lesiones de hombro y muñeca por lanzamiento repetido.
El baloncesto, por su parte, combina saltos, aterrizajes y cambios de ritmo, con un perfil donde las lesiones de rodilla (incluido el dolor femoropatelar) y los esguinces de tobillo son protagonistas, junto a contusiones y lesiones de mano y dedos.
Para el fisioterapeuta, estas diferencias no son meras curiosidades epidemiológicas, ya que marcan el énfasis del trabajo de fuerza, el control neuromuscular, la propiocepción y el reentrenamiento específico del gesto en cada deporte.
Palabras clave:
Fisioterapia deportiva; fútbol; balonmano; baloncesto; patrones de lesión; prevención de lesiones; rehabilitación específica; ligamento cruzado anterior; esguince de tobillo; hombro del lanzador.
Introducción
Cuando un fisioterapeuta trabaja con diferentes deportes de equipo, aprende pronto que “no es lo mismo un tobillo de fútbol que un tobillo de baloncesto, ni un hombro de jugador de balonmano que uno de portero de fútbol”. Las demandas mecánicas, la frecuencia de contacto, la superficie de juego y el patrón de gestos predominantes generan paisajes de lesiones distintos que obligan a matizar tanto la evaluación como los objetivos de tratamiento. Este artículo propone una comparación práctica entre fútbol, balonmano y baloncesto desde la perspectiva de la fisioterapia: qué se lesiona más en cada deporte, qué exige eso a nivel de valoración y qué líneas de trabajo tienen más sentido cuando se piensa en prevenir recaídas y en devolver al deportista a un rendimiento razonable.
Panorama general de lesiones en deportes de equipo
Los deportes de equipo con balón concentran una parte muy alta de las lesiones deportivas atendidas en servicios de urgencias y en consultas especializadas. Un informe europeo sobre la carga de lesiones deportivas situaba los “team ball sports” como responsables de cerca del 40% de todas las lesiones deportivas tratadas en hospitales, con fútbol a la cabeza, seguido de baloncesto, balonmano y otros. Los patrones, sin embargo, no son idénticos: aunque rodilla y tobillo son zonas comunes de conflicto, la frecuencia relativa de lesiones musculares, tendinopatías, contusiones y lesiones por sobreuso cambia de forma notable de un deporte a otro. Entender estos matices lleva al fisioterapeuta a anticipar riesgos y no limitarse a “tratar lo que viene”, sino a ver el cuadro completo de demandas del deporte concreto.
Fútbol
En fútbol, la mayoría de lesiones se concentran en extremidades inferiores, en particular rodilla, tobillo y musculatura posterior del muslo. Revisión tras revisión señalan que las lesiones musculares de isquiosurales, los esguinces de tobillo y las lesiones del ligamento cruzado anterior ocupan las primeras posiciones, tanto en fútbol profesional como en categorías inferiores. Los mecanismos típicos incluyen sprints a máxima velocidad, desaceleraciones bruscas, cambios de dirección con el pie fijo y contactos laterales que generan valgo de rodilla y rotación.
Desde la fisioterapia, esto configura un “núcleo duro” de trabajo en el que destacan la fuerza excéntrica de isquiosurales, la fuerza y el control de cadera, la estabilidad de rodilla y la propiocepción de tobillo. Programas como el FIFA 11+ han mostrado reducciones relevantes de lesiones en futbolistas al introducir en el calentamiento ejercicios de fuerza de tronco y cadera, saltos y cambios de dirección con buena técnica, lo que refuerza la idea de que el trabajo neuromuscular no es un extra, sino parte del idioma propio de este deporte. Además, el fútbol añade particularidades como el gesto de chute, que somete a alta tensión la musculatura flexora de cadera y extensora de rodilla, y las disputas aéreas con contactos en salto, que condicionan muchos esguinces y contusiones en rodilla y tobillo.
En la práctica, el futbolista que acude a consulta tras un esguince lateral de tobillo o una lesión muscular de isquiosurales no se beneficia solo de protocolos estándar; el fisioterapeuta debe pensar en términos de retorno a carrera, cambios de ritmo, giros sobre la pierna de apoyo y golpeo de balón. La valoración de fuerza y control en cadena cerrada, las pruebas funcionales tipo salto unipodal, test de triple salto o cambios de dirección cronometrados tienen mucha más relevancia que la simple ausencia de dolor en la camilla.
Balonmano
El balonmano se caracteriza por un alto volumen de contactos intensos en espacios reducidos, saltos con caída en apoyo monopodal, cambios de ritmo y un gesto de lanzamiento explosivo repetido innumerables veces. Epidemiológicamente, diferentes estudios señalan que el tobillo es la región más frecuentemente afectada (aproximadamente un 25% de las lesiones), seguida de rodilla y muslo, con una carga nada despreciable de lesiones de hombro y extremidad superior que superan, por ejemplo y de manera lógica, al fútbol. Además, datos de Juegos Olímpicos sitúan al balonmano de forma sistemática entre los deportes de mayor riesgo lesional, solo por detrás de fútbol y algún otro deporte de contacto intenso.
Para la fisioterapia, esto se traduce en dos focos claros: El primero es el miembro inferior, muy castigado por saltos y aterrizajes en desequilibrio, contactos en el aire y cambios de dirección con oposición física.
Aquí, el trabajo de fuerza de cuádriceps e isquiosurales, estabilidad lumbopélvica, control de rodilla en el plano frontal y propiocepción de tobillo es casi una “línea base” en cualquier programa de prevención y postlesión. El segundo foco, menos evidente para quien no vive el balonmano de cerca, es el complejo articular del hombro: el gesto de lanzamiento, con aceleración y frenado repetidos del brazo, se relaciona con tendinopatías del manguito rotador, lesiones del labrum y dolores mecánicos glenohumerales.
En la rehabilitación de un hombro de lanzador, el fisioterapeuta debe pensar en cadena cinética completa: no solo en rotadores internos y externos, sino en escápula, tronco y cadera, que aportan gran parte de la potencia del lanzamiento. Los ejercicios de estabilidad escapular, trabajo en planos diagonales y reentrenamiento progresivo del gesto de lanzamiento son piezas habituales en la terapia. Además, en balonmano se ven con cierta frecuencia traumatismos de mano y dedos (bloqueos, contactos con el balón a alta velocidad), por lo que la fisioterapia de la extremidad superior distal también tiene su nicho.
Baloncesto
El baloncesto combina saltos frecuentes, aterrizajes en espacios congestionados, cambios de dirección rápidos y contactos en el aire. No sorprende que, en estudios epidemiológicos, la rodilla y el tobillo aparezcan como las regiones más afectadas una vez más. En un análisis de lesiones en jóvenes deportistas, el baloncesto mostró tasas de lesión por 1000 exposiciones competitivas moderadas, con predominio de lesiones de rodilla (alrededor de dos tercios de las lesiones) y de tobillo (en torno al 20%), y un perfil de problemas donde el dolor femoropatelar, los esguinces y las tendinopatías rotulianas ocupaban un lugar destacado.
Desde el punto de vista de la fisioterapia, los aterrizajes tras salto y los cambios de ritmo son gestos clave. Un valgo dinámico marcado en el descenso, con rodilla que colapsa hacia dentro y tronco que cae en flexión, se asocia con mayor riesgo de lesión del ligamento cruzado anterior y con sobrecarga femoropatelar. Por eso, la evaluación funcional del jugador de baloncesto suele incluir tests como saltos unipodales, drop jump con análisis de alineación en vídeo y pruebas de fuerza y control neuromuscular en planos frontal y sagital.
Las lesiones de tendón rotuliano, el clásico “jumper’s knee” o rodilla de saltador, son frecuentes por la suma de saltos, frenadas en flexión de rodilla y cargas altas de cuádriceps. La rehabilitación debe combinar trabajo de fuerza en cadena cerrada (sentadillas, zancadas) con énfasis en control de rodilla y cadera, además de programas excéntricos o de carga progresiva específicos para tendón rotuliano cuando está implicado. A esto se añaden los esguinces de tobillo en caídas sobre el pie de un rival o en aterrizajes desalineados, por lo que la propiocepción y el entrenamiento de estabilidad de tobillo son temas que se repiten consulta tras consulta.
Comparación de patrones lesionales
Si comparamos los tres deportes, aparecen similitudes claras y diferencias que condicionan el foco del trabajo fisioterápico. En los tres, rodilla y tobillo concentran una parte importante de las lesiones, con predominio de esguinces, lesiones ligamentosas y problemas femoropatelares en contexto de saltos, cambios de dirección y contacto. Sin embargo, el “orden de prioridades” cambia: en fútbol pesan mucho las lesiones musculares de isquiosurales y las roturas ligamentarias de rodilla; en balonmano, la combinación de miembro inferior y hombro lanzador; en baloncesto, la rodilla saltadora, el tobillo inestable y las contusiones en manos y cara en acciones de juego.
En términos de tipo de lesión, las revisiones señalan que los esguinces, las tendinopatías y las contusiones son, en conjunto, las entidades más atendidas por los servicios de fisioterapia en contextos olímpicos y de alto nivel, independientemente del deporte, aunque con variaciones en la localización anatómica predominante. El fisioterapeuta que trabaja con varios deportes se encuentra, por tanto, con un repertorio de diagnósticos similar en nombre, pero muy diferente en mecanismo, en contexto y en exigencias para el retorno al juego.
Implicaciones para la valoración en fisioterapia
Saber qué se lesiona más en cada deporte orienta la valoración, y así en fútbol, tiene poco sentido evaluar solo el rango articular y el dolor, y es casi obligado valorar fuerza excéntrica de isquiosurales (por ejemplo, con pruebas tipo Nordic o dinamometría), fuerza de glúteo y control de rodilla en tareas dinámicas. En balonmano, junto al miembro inferior, la evaluación detallada del hombro (rango glenohumeral, rotaciones, fuerza de rotadores, control escapular) y del gesto de lanzamiento es un punto indispensable para entender tanto el origen como el riesgo de recaída. En baloncesto, los tests de salto, la observación de aterrizajes y la valoración de tendón rotuliano (dolor a la palpación, pruebas funcionales de carga) forman parte de una exploración adaptada al perfil de riesgo.
Además, la frecuencia y el contexto de las lesiones condicionan el tipo de pruebas funcionales que tienen sentido. Por ejemplo, los tests de agilidad con cambios de dirección y frenadas cortas se ajustan bien a las demandas de fútbol y balonmano, mientras que en baloncesto cobra especial importancia el comportamiento en doble apoyo tras salto, tanto en recto como en desplazamientos laterales.
Diferencias en el abordaje preventivo
Si bien los principios generales de prevención (fuerza, control neuromuscular, gestión de cargas, calentamientos estructurados) son compartidos, su traducción concreta varía según el deporte. En fútbol, los programas tipo FIFA 11+ han conseguido integrar ejercicios de fuerza de tronco y cadera, saltos controlados y cambios de dirección en el calentamiento para reducir de forma apreciable las lesiones de extremidad inferior. En balonmano, el trabajo preventivo combina rutinas de fuerza y estabilidad de miembro inferior con programas específicos para hombro del lanzador (rotadores externos, estabilidad escapular, trabajo excéntrico de frenado), en respuesta a la alta carga de lanzamientos y contactos.
En baloncesto, los programas orientados a rodilla y tobillo enfatizan la técnica de salto y aterrizaje, la fuerza de la cadena posterior y de abductores de cadera, y la propiocepción de tobillo. Muchos equipos incorporan ejercicios de balance en apoyo monopodal, saltos en diferentes direcciones con atención a la alineación de rodilla, y trabajo de fuerza excéntrica para preparar tendón rotuliano y musculatura extensora de rodilla. En todos los casos, la clave está en que el fisioterapeuta sepa “hablar el idioma del deporte”: diseñar tareas que recuerden a situaciones reales de juego y que se puedan integrar sin fricción en los entrenamientos.
Consideraciones sobre el contexto de competición
La intensidad y el contexto del partido también matizan el trabajo de fisioterapia, y así, datos recogidos en contextos olímpicos y de grandes eventos señalan que deportes como balonmano y fútbol presentan tasas de lesión más altas en competición que en entrenamiento, por la combinación de contacto intenso, alta velocidad y presión competitiva. En baloncesto, aunque la diferencia entre entrenamiento y partido también existe, muchas lesiones aparecen en sesiones de práctica con alta carga de saltos y cambios de ritmo, especialmente cuando se acumulan partidos y viajes.
Para el fisioterapeuta que acompaña a equipos, esto implica estar atento a los “picos” de carga competitiva: fases con muchos partidos en poco tiempo, torneos concentrados, cambios de superficie o viajes largos. Estos momentos son propicios para que aparezcan lesiones por fatiga y recaídas de lesiones previas; ajustar el trabajo de fuerza, la carga en entrenamientos y las estrategias de recuperación se vuelve especialmente relevante en esos tramos de la temporada.
Conclusiones
Comparar la fisioterapia según el deporte no es un ejercicio teórico, sino una forma de recordar que el contexto manda, y así, el mismo esguince de tobillo se “vive” distinto en un lateral de fútbol, en un extremo de balonmano o en un base de baloncesto. Fútbol coloca el foco en la extremidad inferior, con un panorama donde isquiosurales, rodilla y tobillo son protagonistas, ligados a gestos de sprint, cambio de dirección y contacto en alta velocidad. Balonmano añade a ese guion un componente fuerte de hombro y lanzamientos, junto a un riesgo elevado de lesión en partidos por la intensidad de contactos en espacios reducidos. Baloncesto, por su parte, se presenta como “tierra de rodillas y tobillos”, con una mezcla de saltos, aterrizajes y movimientos laterales que ponen a prueba tanto la estabilidad articular como la resistencia de tendones y estructuras femoropatelares.
Para el fisioterapeuta, estas diferencias se traducen en matices en la valoración (qué articulaciones y gestos se observan con lupa), en el contenido de los programas de fuerza y control neuromuscular, y en las prioridades de prevención a lo largo de la temporada. Saber que un extremo de balonmano va a vivir con su hombro lanzador al límite, que un central de baloncesto saltará y caerá decenas de veces por partido, o que un lateral de fútbol acumulará sprints y cambios de dirección en banda, ayuda a afinar los ojos y el criterio al diseñar programas y decidir el retorno al juego. Adaptar la fisioterapia al deporte no es otra cosa que respetar las reglas particulares del juego al que ese cuerpo se somete semana tras semana.
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