Índice
Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 8–Agosto 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 8: 965
Autor principal (primer firmante): Miriam Agúndez Fernández
Fecha recepción: 27/07/2026
Fecha aceptación: 23/08/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(8): 965
Autores: Miriam Agúndez Fernández, Francisca Fabiana Oliveira Da Costa, Diego Rodríguez Gil, Inés Peiró Cabañas, Sofía Serrano Pascual.
Categoría profesional: Enfermería.
Resumen
La esperanza es un constructo multidimensional y dinámico esencial en la adaptación a enfermedades graves y procesos de pérdida. Esta revisión analiza su papel como recurso terapéutico en diversos contextos clínicos, desde la salud mental y la esclerosis múltiple hasta los cuidados paliativos y el embarazo tras una pérdida perinatal.
La evidencia indica que la esperanza no es un estado emocional pasivo, sino un proceso cognitivo-motivacional que puede cultivarse mediante intervenciones estructuradas. Los resultados demuestran que mantener expectativas realistas o participar en la planificación anticipada de cuidados no disminuye los niveles de esperanza en pacientes terminales. Se concluye que la esperanza es una herramienta fundamental para mejorar la calidad de vida y la resiliencia del paciente.
Palabras clave:
Esperanza, Cuidados Paliativos, Salud Mental, Identidad de la Enfermedad, Enfermedad Crónica.
Introducción
La esperanza ha sido definida clásicamente como una "fuerza vital dinámica multidimensional" caracterizada por la expectativa de alcanzar un bien futuro de forma realista y significativa (3, 4). En el ámbito de la psicología positiva, Snyder la conceptualiza como un proceso que incluye el pensamiento dirigido a objetivos, la capacidad de identificar rutas para alcanzarlos (vías) y la motivación para seguirlas (agencia) (1, 7).
Su importancia radica en su función protectora: se asocia con mejores habilidades de afrontamiento, mayor resiliencia y una reducción de la ansiedad y la depresión en pacientes con enfermedades crónicas o terminales (5, 6). A pesar de su relevancia, a menudo existe un "miedo a quitar la esperanza" por parte de los profesionales de la salud al comunicar noticias difíciles, lo que puede limitar la planificación adecuada de los cuidados (6, 7).
Objetivos
Objetivo general
- Analizar la función de la esperanza como recurso clínico y de promoción de la salud en pacientes con enfermedades crónicas, terminales o en procesos de duelo perinatal.
Objetivos específicos
- Identificar las dimensiones y herramientas de medición de la esperanza en la práctica clínica.
- Evaluar la relación entre la esperanza y factores como el estado de ánimo, el apoyo social y las expectativas de la enfermedad.
- Explorar modelos de intervención estructurados para fomentar la esperanza en poblaciones vulnerables.
Métodos
Se realizó una síntesis de evidencia científica basada en el análisis de ocho fuentes seleccionadas por su relevancia en el estudio de la esperanza como recurso clínico. La búsqueda de la información original en las fuentes primarias abarcó bases de datos internacionales, incluyendo PubMed, Scopus, Web of Science, Cochrane, MEDLINE y CINAHL.
Los criterios de inclusión se centraron en:
Estudios en población adulta (≥ 18 años) que abordaran la esperanza en contextos de enfermedad crónica (esclerosis múltiple, salud mental), terminal (oncología, cuidados paliativos) o procesos de pérdida perinatal.
Artículos que incluyeran tanto modelos conceptuales y descriptivos como análisis empíricos.
Se analizaron diversos diseños metodológicos, incluyendo revisiones sistemáticas con síntesis narrativa, estudios de alcance (scoping reviews), investigaciones correlacionales de corte transversal y análisis secundarios de ensayos clínicos controlados aleatorizados.
Finalmente, la información fue integrada de manera narrativa para identificar dimensiones comunes, factores determinantes y la efectividad de las intervenciones basadas en la esperanza en la práctica clínica.
Resultados
La esperanza se manifiesta a través de diversas dimensiones: cognitiva, afectiva, conductual, contextual y espiritual (3, 4). Instrumentos como el Índice de Esperanza de Herth (HHI) se han consolidado como herramientas válidas para medir este constructo en poblaciones oncológicas y crónicas (1, 3).
En pacientes con esclerosis múltiple, se ha observado que la esperanza actúa como un predictor positivo de la identidad de la enfermedad (aceptación y enriquecimiento), mientras que bajos niveles de esperanza se asocian con la "reproducibilidad" y la "asimilación" negativa de la patología (5). Asimismo, el apoyo social y la autoestima correlacionan positivamente con la capacidad de mantener una actitud esperanzadora (5).
En el contexto de enfermedades terminales, los estudios demuestran que la planificación anticipada de los cuidados (ACP) no reduce la esperanza; de hecho, en algunos modelos ajustados, el compromiso con estas conversaciones se asocia con un ligero aumento de la misma al otorgar al paciente una sensación de control (6). De igual forma, el mantenimiento de expectativas realistas sobre el pronóstico no conlleva necesariamente una pérdida de esperanza, sugiriendo que los pacientes pueden sostenerla incluso ante diagnósticos desafortunado (7, 8).
Para el embarazo después de una pérdida, se ha propuesto un modelo de cinco componentes que incluye: validación emocional, normalización de la coexistencia miedo-esperanza, refuerzo sistemático del progreso, facilitación de la coexistencia duelo-esperanza y promoción de la agencia (1). Este modelo subraya que la esperanza puede ser una meta terapéutica activa facilitada por la matrona (1).
Discusión
La evidencia revisada desafía la noción de que la esperanza es frágil frente a la verdad clínica. Tanto en cuidados paliativos como en oncología, la honestidad y el realismo no son antagonistas de la esperanza, sino que pueden ayudar al paciente a redefinir sus objetivos hacia metas alcanzables, como el control de síntomas o la paz interior (2, 7).
Un hallazgo crítico es la influencia del estado de ánimo básico; los pacientes con un humor "alegre" muestran mayores niveles de esperanza en dimensiones de salud y objetivos, mientras que los pacientes con humor "triste" son más vulnerables a la desesperanza y requieren mayor apoyo psicológico (8). Además, en salud mental, la esperanza es un pilar de la recuperación, permitiendo al individuo ver posibilidades más allá del diagnóstico de una enfermedad mental grave (4).
Conclusiones
La esperanza es un recurso terapéutico activo que debe ser cultivado intencionalmente por los profesionales de salud mediante habilidades de comunicación avanzada y la tolerancia a la incertidumbre. No depende exclusivamente de la probabilidad de curación, sino de la capacidad del paciente para encontrar significado y propósito. Resulta necesario integrar la evaluación de la esperanza en la práctica clínica rutinaria y desarrollar intervenciones que, lejos de ofrecer una falsa tranquilidad, validen la realidad del paciente y fortalezcan su agencia personal.
Bibliografía
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