Conocimiento sobre ITS y métodos anticonceptivos en adolescentes de una escuela de educación media superior de Zacatecas

Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 10–Octubre 2026.

Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 10: 333

Autor principal (primer firmante): Gustavo Adolfo Hinojosa Zavala

Fecha recepción: 13/10/2026

Fecha aceptación: 25/10/2026

Ref.: Ocronos. 2026;9(10): 333

https://doi.org/10.58842/UTUU8487

Autores:

  • Hinojosa-Zavala Gustavo Adolfo¹. ¹ Instituto Mexicano del Seguro Social, OOAD Zacatecas, Zacatecas, México.
  • Correa-Sánchez Claudia Angélica¹. ¹ Instituto Mexicano del Seguro Social, OOAD Zacatecas, Zacatecas, México.
  • Márquez-Castillo José Carlos¹. ¹ Instituto Mexicano del Seguro Social, OOAD Zacatecas, Zacatecas, México.

Resumen

  • Introducción: El conocimiento sobre infecciones de transmisión sexual (ITS) y anticoncepción es relevante para la prevención en adolescentes, pero la información puede coexistir con barreras para acudir a planificación familiar.
  • Objetivo: Determinar el nivel de conocimiento sobre ITS y métodos anticonceptivos en adolescentes de 15 a 19 años de una escuela de educación media superior de Zacatecas.
  • Material y métodos: Estudio observacional, analítico, transversal y prospectivo con 284 adolescentes seleccionados mediante muestreo probabilístico por conglomerados. Se aplicaron cuestionarios de conocimiento y barreras para planificación familiar.
  • Resultados: El 70.8 % (201/284) presentó conocimiento alto sobre métodos anticonceptivos y el 56.3 % (160/284) sobre ITS. Ambas dimensiones se asociaron (χ ² = 42.429; p < 0.001). El 39.4 % había iniciado vida sexual y el 70.8 % no había acudido a planificación familiar. El índice medio de barreras socioculturales fue 51.36 %, frente a 47.04 % para las personales.
  • Conclusión: Predominó el conocimiento alto en ambas dimensiones, pero no se observó asociación significativa con el uso de anticonceptivos ni con la asistencia a planificación familiar. La educación debe acompañarse de servicios accesibles y confidenciales para adolescentes.

Palabras clave: adolescentes; infecciones de transmisión sexual; métodos anticonceptivos; conocimiento; planificación familiar.

Abstract

  • Background: Knowledge of sexually transmitted infections (STIs) and contraception is important for adolescent prevention, yet information may coexist with barriers to family planning services.
  • Objective: To determine STI and contraceptive knowledge among students aged 15 to 19 years at an upper secondary school in Zacatecas.
  • Methods: Observational, analytical, cross-sectional and prospective study of 284 adolescents selected by probability cluster sampling. Questionnaires assessed knowledge and barriers to family planning.
  • Results: High knowledge was identified for contraception in 70.8 % (201/284) and for STIs in 56.3 % (160/284). Knowledge levels were associated (χ ² = 42.429; p < 0.001). Sexual activity had begun in 39.4 %, and 70.8 % had not attended family planning services. Mean sociocultural and personal barrier indices were 51.36 % and 47.04 %, respectively.
  • Conclusion: High knowledge predominated in both domains but was not significantly associated with contraceptive use or attendance at family planning services. Education should be paired with accessible, confidential adolescent services.

Keywords: adolescents; sexually transmitted infections; contraceptive methods; knowledge; family planning.

Introducción

La adolescencia es una etapa en la que aumenta la autonomía para tomar decisiones sobre salud sexual. Las ITS y los embarazos no planeados siguen siendo problemas de salud pública; la información y la consejería oportunas pueden favorecer decisiones informadas. En México, la atención a la población de 10 a 19 años contempla orientación preventiva con respeto a la privacidad y los derechos de los adolescentes. [1] La Organización Mundial de la Salud destaca la carga mundial de ITS y la importancia de disponer de métodos anticonceptivos e información apropiada. [2-4]

El conocimiento, por sí solo, no describe el acceso efectivo a servicios ni las condiciones en las que se usan los métodos. Temor a efectos secundarios, comunicación familiar, contenidos escolares insuficientes y experiencias con los servicios pueden influir en la búsqueda de orientación. Los servicios amigables para adolescentes ofrecen un marco de atención pertinente. [5] Conocer estas dimensiones en una población escolar concreta permite identificar temas para la educación y la consejería. El objetivo fue determinar el nivel de conocimiento sobre ITS y métodos anticonceptivos en adolescentes de 15 a 19 años de una escuela de educación media superior de Zacatecas y describir las barreras relacionadas con la planificación familiar.

La evidencia nacional disponible muestra que el uso de anticonceptivos y la búsqueda de orientación varían según edad, contexto y experiencia. Los adolescentes pueden recibir información en la escuela o el hogar sin disponer de un espacio para resolver dudas específicas. Por ello, analizar simultáneamente el conocimiento de ITS y anticoncepción, junto con las barreras personales y socioculturales, ofrece una visión más útil para planear intervenciones locales que una medición aislada de conocimientos. [6-9]

Material y métodos

Se realizó un estudio observacional, analítico, transversal y prospectivo en una escuela de educación media superior de Zacatecas. La recolección de datos se efectuó del 1 de septiembre al 31 de octubre de 2025. Se incluyeron 284 adolescentes de 15 a 19 años seleccionados mediante muestreo probabilístico por conglomerados. Se aplicaron cuestionarios impresos sobre conocimientos de métodos anticonceptivos (11 reactivos), ITS (nueve reactivos puntuables) y barreras para la planificación familiar.

Cada acierto recibió un punto. Para métodos anticonceptivos, la categoría baja comprendió 0 a 4 aciertos y la alta 5 a 11; para ITS, la categoría baja comprendió 0 a 4 aciertos y la alta 5 a 9. Se calcularon frecuencias, porcentajes y medidas de tendencia central. Las barreras se resumieron con índices proporcionales de respuestas afirmativas por dimensión. Se utilizaron tablas de contingencia y prueba de chi cuadrada para examinar asociaciones; se consideró significativo p < 0.05. Cuando hubo frecuencias esperadas pequeñas, los resultados se interpretaron con cautela. La consistencia interna se estimó mediante KR-20.

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Se obtuvieron permisos administrativos de la unidad de medicina familiar y de la escuela. Se documentaron el consentimiento informado de padres o tutores y el asentimiento de los adolescentes, además de participación voluntaria, anonimato y confidencialidad. En la documentación disponible, el folio de registro institucional figura pendiente de asignación.

Los cuestionarios se aplicaron en una sesión escolar. El análisis de barreras de servicios y del profesional de la salud se restringió a quienes declararon haber asistido a planificación familiar; para los demás participantes, estas dimensiones se consideraron no aplicables. Esta distinción evita interpretar como experiencia de atención las expectativas de quienes nunca acudieron.

El punto de corte de cinco aciertos para ITS se fijó antes del análisis como criterio operacional complementario. Para la dimensión de anticoncepción se recodificó la escala original del instrumento. Por ello, la categoría alta del presente estudio describe el umbral analítico utilizado y no representa necesariamente dominio completo de todos los contenidos.

Se eligieron al azar 12 grupos escolares como conglomerados. Los participantes contestaron en una sesión en la escuela y se excluyeron cuestionarios incompletos. La muestra procede de una sola institución, por lo que las estimaciones describen a esa población y no a todos los adolescentes de Zacatecas.

Resultados

Participaron 284 adolescentes. El grupo de 17 años fue el más numeroso (25.4 %); 50.7 % eran hombres y 45.4 % cursaban tercer grado. El 89.4 % refirió información previa sobre sexualidad, 39.4 % había iniciado vida sexual y 70.8 % no había acudido a planificación familiar. Entre los 112 participantes que habían iniciado vida sexual, 81 (72.3 %) informaron utilizar algún método anticonceptivo, 29 (25.9 %) no y dos no respondieron.

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Tabla 1. Características de los participantes

Ver tabla al final del artículo.

La distribución por sexo fue cercana a la mitad en cada grupo. La mayor concentración en tercer grado permite examinar un gradiente escolar, aunque las comparaciones por grado reflejan grupos distintos observados en un mismo periodo y no el seguimiento de una cohorte.

Tabla 2. Nivel y puntaje de conocimiento en 284 adolescentes

Ver tabla al final del artículo.

El conocimiento alto predominó en ambas dimensiones (Tabla 2). Sus categorías se asociaron (χ ² = 42.429; p < 0.001; V de Cramer = 0.387). Entre quienes alcanzaron conocimiento alto sobre anticoncepción, 68.7 % también tuvo conocimiento alto sobre ITS. Las proporciones de conocimiento alto aumentaron con la edad y el grado escolar (p < 0.001 para ambas dimensiones).

Tabla 3. Asociación entre niveles de conocimiento de anticoncepción e ITS (n = 284)

Ver tabla al final del artículo.

Nota: χ ² de Pearson = 42.429; gl = 1; p < 0.001; V de Cramer = 0.387. Porcentajes por fila.

Tabla 4. Conocimiento alto por grado escolar

Ver tabla al final del artículo.

Entre quienes habían iniciado vida sexual, el conocimiento alto sobre anticoncepción fue 79.5 %, frente a 65.1 % entre quienes no la habían iniciado; para ITS fue 67.9 % frente a 48.8 %. Las diferencias fueron significativas (p = 0.009 y p = 0.002, respectivamente). En cambio, dentro del subgrupo sexualmente activo, no se observó asociación significativa del conocimiento alto con el uso de un método (p = 0.449 para anticoncepción; p = 0.615 para ITS). Tampoco se encontró asociación con la asistencia a planificación familiar en la muestra total (p = 0.617 y p = 0.360, respectivamente).

Tabla 5. Conocimiento alto según edad

Ver tabla al final del artículo.

El incremento también apareció al comparar edades. A los 15 años, 36.2 % tuvo conocimiento alto sobre anticoncepción y 20.7 % sobre ITS; a los 19 años, las proporciones fueron 100.0 % y 84.6 %, respectivamente. La asociación con la edad fue significativa para anticoncepción (χ ² = 57.602; p < 0.001; V = 0.450) e ITS (χ ² = 67.109; p < 0.001; V = 0.486). No hubo diferencias significativas por sexo en anticoncepción (p = 0.286) ni en ITS (p = 0.354).

La información previa sobre sexualidad se relacionó con conocimiento alto de anticoncepción: 74.4 % entre quienes la recibieron frente a 40.0 % entre quienes no (p < 0.001). Para ITS, las proporciones fueron 58.3 % y 40.0 %, sin alcanzar significación (p = 0.056). Cuando los participantes refirieron que la escuela había abordado ITS, 81.7 % presentó conocimiento alto sobre anticoncepción y 61.8 % sobre ITS, frente a 51.1 % y 47.9 % entre quienes respondieron que no. Algunas celdas esperadas fueron pequeñas y esta comparación requiere cautela.

Tabla 6. Conocimiento alto según información recibida

Ver tabla al final del artículo.

Entre los 112 adolescentes con vida sexual iniciada, 81 refirieron uso de un método anticonceptivo. El conocimiento alto fue más frecuente entre usuarios que entre no usuarios, pero las diferencias no fueron significativas: 81.5 % frente a 72.4 % para anticoncepción (p = 0.449), y 70.4 % frente a 62.1 % para ITS (p = 0.615). La asistencia a planificación familiar tampoco se vinculó con el nivel de conocimiento: 74.1 % frente a 69.7 % para anticoncepción (p = 0.617), y 59.3 % frente a 54.7 % para ITS (p = 0.360) en quienes asistieron y quienes no, respectivamente.

Tabla 7. Barreras personales y socioculturales más frecuentes

Ver tabla al final del artículo.

El índice medio de barreras socioculturales fue 51.36 % (DE = 17.39), superior al de barreras personales, 47.04 % (DE = 23.20); la diferencia pareada fue de 4.32 puntos porcentuales (p = 0.009). Entre los 81 adolescentes que acudieron a planificación familiar, 60.5 % señaló falta de espacios específicos para adolescentes, 46.9 % trato poco cordial o percibido como crítico y 42.0 % falta de privacidad. Los coeficientes KR-20 fueron 0.546 para anticoncepción y 0.481 para ITS.

En las respuestas sobre barreras, además de los tres factores principales de la Tabla 7, se informaron desconocimiento del uso correcto de métodos (58.1 %), vergüenza para solicitarlos o utilizarlos (56.0 %) y experiencias negativas cercanas con planificación familiar (52.1 %). Entre quienes acudieron al servicio, los índices medios fueron 49.69 % para barreras socioculturales, 48.89 % para personales, 37.28 % para servicios y 33.95 % para el profesional de salud. La prueba de Friedman indicó diferencias globales entre estas cuatro dimensiones (χ ² = 19.308; p < 0.001).

Tabla 8. Barreras de servicios y del profesional entre quienes asistieron

Ver tabla al final del artículo.

La Tabla 8 se refiere exclusivamente a experiencias de los 81 adolescentes que declararon haber acudido a planificación familiar. No describe la percepción de los 203 restantes, incluidos dos sin respuesta sobre asistencia. La distribución muestra obstáculos de organización y trato aun entre quienes lograron acceder al servicio.

El índice sociocultural fue mayor en mujeres que en hombres (54.38 % frente a 48.44 %; p = 0.004); la diferencia en barreras personales no fue significativa (p = 0.160). El conocimiento bajo sobre anticoncepción se relacionó con índices más altos de barreras personales (p = 0.018) y socioculturales (p = 0.026). Para ITS, el conocimiento bajo se relacionó con mayores barreras socioculturales (p = 0.003), sin diferencia significativa en las personales (p = 0.105). Estas asociaciones no indican dirección causal.

Tabla 9. Índices de barreras por dimensión

Ver tabla al final del artículo.

* Las dimensiones de servicios y profesional se analizaron solo entre quienes acudieron a planificación familiar.

Discusión

El predominio de conocimiento alto fue mayor para anticoncepción que para ITS. La asociación entre ambas dimensiones sugiere contenidos educativos relacionados, pero el menor porcentaje en ITS muestra que saber de anticonceptivos no equivale a comprender suficientemente la prevención de infecciones. La comparación con otros estudios exige cautela, pues los instrumentos y puntos de corte no son equivalentes; en este estudio, la categoría alta de anticoncepción integra puntuaciones de cinco a once aciertos.

La edad y el avance escolar mostraron una relación consistente con el conocimiento. Esta pauta es compatible con las observaciones de Tixe Manobanda y Fernández Nieto en escolares ecuatorianos y de Pérez-Blanco y Sánchez-Valdivieso en adolescentes del medio rural mexicano [10,11], aunque el diseño transversal no permite atribuir el aumento a la escolaridad. El antecedente de información sexual se asoció con mayor conocimiento sobre anticoncepción. La educación continua puede aprovechar esta exposición, prestando atención específica a la prevención de ITS y a la diferencia entre prevención de embarazo y de infecciones. [9]

El conocimiento alto no se vinculó de manera significativa con uso de anticonceptivos o asistencia a planificación familiar. Las barreras más comunes estuvieron relacionadas con temores, contenidos escolares y comunicación familiar, mientras que entre quienes acudieron a servicios destacaron espacios insuficientemente adaptados, trato y privacidad. Los resultados orientan la consejería hacia dudas prácticas y apoyan el desarrollo de servicios confidenciales y adecuados para adolescentes. [5] La presencia de información no garantiza por sí misma el uso de un método ni el acercamiento al servicio.

Las diferencias entre edad y grado escolar pueden reflejar una combinación de exposición a contenidos, experiencias personales y trayectoria educativa. La fuerte gradación observada, especialmente para ITS, señala la conveniencia de comenzar la enseñanza antes del último grado y repetir información práctica durante los tres años. Sin embargo, no se midió longitudinalmente la adquisición de conocimiento; por ello, no puede atribuirse el cambio a una intervención educativa concreta.

El análisis de barreras añade una dimensión operativa: la mayor frecuencia de temor a efectos secundarios y de deficiencias percibidas en la escuela sugiere que las sesiones informativas deben ofrecer respuestas específicas, no solo definiciones. La mala comunicación familiar y la vergüenza para pedir métodos muestran que la información puede no traducirse en una consulta o una decisión protectora. Entre quienes sí llegaron al servicio, la falta de espacios adaptados, la percepción de juicio y la privacidad insuficiente ayudan a explicar qué condiciones deben revisarse en la atención adolescente.

Los resultados también ayudan a precisar la relación entre las dos dimensiones de conocimiento. Si bien 68.7 % de quienes tuvieron nivel alto de anticoncepción también presentó nivel alto de ITS, cerca de un tercio de ese grupo tuvo nivel bajo de ITS. A la inversa, 73.5 % de quienes quedaron en nivel bajo de anticoncepción también quedó en nivel bajo de ITS. Santín Vilariño y colaboradores mostraron que conocer métodos anticonceptivos puede coexistir con confusiones sobre protección frente a infecciones. [12] En consejería conviene comprobar contenidos específicos en cada área, en lugar de asumir que una puntuación favorable en anticoncepción cubre la prevención de infecciones. [4,12]

Las comparaciones con el uso de métodos se restringieron a quienes habían iniciado vida sexual y contienen dos respuestas faltantes. Por ello, las proporciones no deben extrapolarse a todos los 284 participantes. La ausencia de significación estadística tampoco prueba que el conocimiento sea irrelevante para decisiones individuales; únicamente indica que este estudio no detectó una asociación en esas comparaciones. La conducta depende de otros factores que el diseño no permite aislar, como disponibilidad, negociación con la pareja y oportunidad de la consulta.

Los hallazgos se circunscriben a una sola escuela. El autorreporte puede introducir sesgo de recuerdo o deseabilidad social; el diseño transversal impide establecer causalidad. Además, los coeficientes KR-20 indican consistencia interna limitada, por lo que la clasificación dicotómica de conocimiento debe interpretarse junto con los puntajes. Algunas comparaciones tuvieron frecuencias esperadas pequeñas.

La diferencia entre 201 adolescentes con conocimiento alto en anticoncepción y 160 con conocimiento alto en ITS merece atención práctica. El contraste de las dos dimensiones permite detectar vacíos específicos que una medida general de “conocimiento sexual” ocultaría. Los puntos de corte operacionales de cinco aciertos no equivalen a dominar todos los temas y la consistencia interna limitada de los cuestionarios reduce la precisión de la clasificación. Por ello, una evaluación posterior debería revisar los reactivos y examinar si los hallazgos se reproducen en otras escuelas.

Conclusión

En los 284 adolescentes estudiados predominó el conocimiento alto sobre métodos anticonceptivos y sobre ITS, con mayor proporción en la primera dimensión. El conocimiento aumentó con edad y grado escolar, pero no se asoció significativamente con el uso de anticonceptivos ni con la asistencia a planificación familiar. Las barreras socioculturales superaron a las personales. Se recomienda reforzar la educación sexual continua, aclarar temores sobre efectos secundarios y facilitar servicios confidenciales y receptivos para adolescentes.

Conflicto de intereses y financiamiento

Se declara ausencia de conflictos de intereses. El estudio se realizó con recursos personales, sin financiamiento de empresas, instituciones o particulares.

Bibliografía

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