Incluido en la revista Ocronos. Vol. IX. N.º 11–Noviembre 2026.
Pág. Inicial: Vol. IX; N.º 11: 52
Autor principal (primer firmante): Saudy Mauden Gómez Álvarez
Fecha recepción: 05/10/2026
Fecha aceptación: 01/11/2026
Ref.: Ocronos. 2026;9(11): 52
Autores:
- Saudy Mauden Gómez Álvarez
- Awa Kouyate Diabate
- M. Angeles Barrachina Abós
- María Carmen Casas Aler
- Ana Cristina Saz Bazaco
- Natalia Miro Ferrer
Palabras clave: neutropenia febril, pediatría, fiebre, inmunosupresión, infección, antibioterapia, cuidados hospitalarios
Resumen
La neutropenia febril constituye una urgencia clínica frecuente en pacientes pediátricos sometidos a tratamientos oncohematológicos y en otras situaciones de inmunosupresión. Se caracteriza por la aparición de fiebre en un paciente con un recuento disminuido de neutrófilos y puede evolucionar rápidamente hacia una infección grave, sepsis y fallo orgánico, incluso cuando inicialmente no existen signos clínicos llamativos.
La atención debe comenzar con una valoración rápida del estado general, constantes vitales, perfusión, presencia de signos de infección y antecedentes recientes de tratamiento. La obtención de cultivos y otras muestras microbiológicas debe realizarse precozmente, pero no debe retrasar de forma significativa el inicio de antibioterapia empírica cuando existe una sospecha clínica suficiente. El tratamiento antimicrobiano inicial debe cubrir los microorganismos más relevantes según el riesgo del paciente y los protocolos locales.
Los cuidados hospitalarios incluyen monitorización estrecha, control de accesos vasculares, vigilancia de mucosas y piel, prevención de infecciones, manejo del dolor y mantenimiento de una hidratación adecuada. La estratificación del riesgo permite diferenciar a los pacientes que necesitan ingreso convencional o cuidados intensivos de aquellos que, en situaciones seleccionadas, pueden continuar el tratamiento de forma ambulatoria. La educación de la familia y el reconocimiento precoz de signos de alarma resultan fundamentales para reducir complicaciones y retrasos asistenciales.
Abstract
Febrile neutropenia is a frequent clinical emergency in paediatric patients receiving haemato-oncological treatment and in other situations of immunosuppression. It is characterised by the occurrence of fever in a patient with a reduced neutrophil count and may rapidly progress to severe infection, sepsis and organ failure, even when there are initially few obvious clinical signs.
Care should begin with rapid assessment of general condition, vital signs, perfusion, signs of infection and recent treatment history. Blood cultures and other microbiological samples should be obtained early, but should not significantly delay initiation of empirical antibiotic therapy when clinical suspicion is sufficient. Initial antimicrobial treatment should cover the most relevant pathogens according to patient risk and local protocols.
Hospital care includes close monitoring, management of vascular access devices, surveillance of mucous membranes and skin, infection prevention, pain management and maintenance of adequate hydration. Risk stratification makes it possible to distinguish patients requiring conventional admission or intensive care from those who, in selected situations, may continue treatment on an outpatient basis. Family education and early recognition of warning signs are essential to reduce complications and delays in care.
Introducción
La neutropenia febril representa una de las principales complicaciones infecciosas en niños sometidos a quimioterapia y otros tratamientos capaces de producir inmunosupresión.
La disminución del número de neutrófilos reduce la capacidad del organismo para responder frente a determinadas infecciones bacterianas y fúngicas.
Además, los signos inflamatorios pueden ser menos evidentes de lo habitual.
Un niño con una infección significativa puede presentar únicamente fiebre, sin eritema, pus u otros signos locales llamativos.
Por ello, la aparición de fiebre en un paciente neutropénico requiere una valoración rápida y estructurada.
El riesgo no es igual en todos los pacientes. La profundidad y duración esperada de la neutropenia, tipo de enfermedad, tratamiento recibido, estado clínico y presencia de comorbilidades influyen sobre la probabilidad de complicaciones.
La atención debe combinar rapidez, estratificación del riesgo, tratamiento empírico adecuado y vigilancia estrecha.
Desarrollo
Definición de neutropenia
La neutropenia se define por una disminución del recuento absoluto de neutrófilos.
El riesgo infeccioso aumenta conforme disminuye el número de neutrófilos y especialmente cuando se espera una neutropenia prolongada.
Las formas más profundas presentan un riesgo particularmente elevado. El valor analítico debe interpretarse junto con la evolución prevista.
Un paciente con un recuento bajo que comienza a recuperarse puede presentar un riesgo diferente de otro en el que se espera una caída progresiva durante varios días.
Fiebre
La fiebre puede constituir la única manifestación inicial de infección.
Las definiciones exactas pueden variar ligeramente entre protocolos, pero habitualmente se considera relevante una temperatura elevada mantenida o una única determinación suficientemente alta.
La técnica de medición debe ser fiable.
No deben utilizarse métodos que puedan producir traumatismos en mucosas cuando existe neutropenia o trombocitopenia significativa.
La aparición de fiebre debe comunicarse inmediatamente y activar el circuito asistencial establecido.
Valoración inicial
La primera valoración debe centrarse en detectar signos de inestabilidad.
Es necesario registrar frecuencia cardíaca, frecuencia respiratoria, presión arterial, temperatura, saturación de oxígeno y estado de conciencia.
También debe valorarse la perfusión periférica, llenado capilar y diuresis.
La taquicardia persistente, hipotensión, dificultad respiratoria o alteración del nivel de conciencia pueden indicar sepsis.
La ausencia de hipotensión no excluye una infección grave, especialmente durante las fases iniciales.
Historia clínica
Debe conocerse el diagnóstico de base, último ciclo de tratamiento y fecha prevista de nadir hematológico.
También deben revisarse antibióticos recientes, profilaxis antimicrobiana y antecedentes de infecciones previas.
La existencia de colonización o aislamiento previo de microorganismos resistentes puede modificar la elección inicial del tratamiento.
Debe preguntarse por tos, dolor, diarrea, vómitos, disuria, lesiones cutáneas y molestias relacionadas con dispositivos vasculares.
Exploración física
La exploración debe ser completa pero cuidadosa.
Deben revisarse piel, cavidad oral, región perianal, accesos vasculares y aparato respiratorio.
La ausencia de inflamación evidente no descarta infección.
Las mucosas pueden presentar lesiones relacionadas con la quimioterapia que actúan como puerta de entrada bacteriana.
La exploración rectal invasiva debe evitarse en pacientes con neutropenia significativa debido al riesgo de lesión y bacteriemia.
Accesos venosos centrales
Muchos pacientes oncohematológicos portan catéteres venosos centrales. Estos dispositivos pueden convertirse en un foco de infección.
Debe valorarse la zona de inserción, presencia de dolor, eritema, secreción o alteraciones del funcionamiento.
Los hemocultivos deben obtenerse según el protocolo, incluyendo muestras de los diferentes lúmenes cuando esté indicado.
La ausencia de signos locales no excluye una bacteriemia relacionada con el catéter.
Hemocultivos
Los hemocultivos constituyen una de las pruebas iniciales fundamentales.
Deben obtenerse antes de comenzar los antibióticos siempre que esto pueda realizarse sin un retraso clínicamente significativo.
La técnica aséptica resulta esencial para evitar contaminaciones. Las muestras deben identificarse correctamente.
Cuando se utilizan varios accesos, el origen de cada muestra debe quedar claramente registrado.
Los resultados posteriores permiten ajustar el tratamiento empírico.
Otras muestras microbiológicas
Las pruebas adicionales deben dirigirse según los síntomas.
Puede ser necesario realizar cultivo de orina, estudio de secreciones respiratorias u otras muestras.
Las pruebas víricas pueden resultar especialmente útiles durante periodos de elevada circulación de virus respiratorios.
No deben realizarse cultivos indiscriminados sin una indicación clínica. La estrategia debe adaptarse al foco sospechado y al grado de riesgo.
Inicio de antibioterapia
La antibioterapia empírica debe iniciarse rápidamente en los pacientes con neutropenia febril de riesgo significativo.
El objetivo es proporcionar cobertura frente a bacterias potencialmente graves antes de disponer de los resultados microbiológicos.
La elección depende de protocolos locales, epidemiología y antecedentes del paciente.
Los regímenes iniciales suelen incluir cobertura frente a bacilos gramnegativos, incluido Pseudomonas aeruginosa, en los pacientes de mayor riesgo.
No retrasar el tratamiento
La obtención de pruebas no debe producir retrasos innecesarios.
Si el paciente presenta signos de sepsis, el tratamiento debe priorizarse.
La identificación microbiológica resulta importante, pero el deterioro puede ser rápido.
Los circuitos hospitalarios deben facilitar la valoración, obtención de cultivos y administración precoz del antibiótico.
La coordinación entre urgencias, pediatría, Enfermería, laboratorio y farmacia resulta especialmente importante.
Estratificación del riesgo
No todos los episodios presentan el mismo riesgo de complicaciones.
La estratificación considera estado clínico, duración esperada de la neutropenia, enfermedad de base y otros factores.
Los pacientes clínicamente inestables o con neutropenia prolongada requieren hospitalización y vigilancia estrecha.
Determinados pacientes de bajo riesgo pueden ser candidatos a tratamiento ambulatorio si cumplen criterios estrictos y existe capacidad de seguimiento.
La decisión debe realizarse mediante herramientas validadas y protocolos especializados.
Paciente de alto riesgo
Se consideran especialmente preocupantes los pacientes con inestabilidad hemodinámica, dificultad respiratoria o sospecha de infección focal grave.
También presentan mayor riesgo aquellos con determinadas leucemias, trasplante hematopoyético o neutropenia profunda y prolongada.
Estos niños necesitan un tratamiento hospitalario intensivo.
La evolución puede cambiar rápidamente, por lo que la monitorización debe ser frecuente.
Sepsis
La neutropenia febril puede evolucionar hacia sepsis. Los signos iniciales pueden ser sutiles.
La aparición de taquicardia desproporcionada, mala perfusión, oliguria, alteración neurológica o hipotensión requiere una respuesta inmediata.
Debe seguirse el protocolo de sepsis pediátrica.
La reposición de volumen, soporte vasoactivo y otros tratamientos se adaptan a la situación hemodinámica.
El ingreso en cuidados intensivos debe realizarse precozmente cuando existen criterios de gravedad.
Monitorización durante el ingreso
Las constantes deben controlarse con una frecuencia adaptada al riesgo.
Debe vigilarse especialmente la temperatura, presión arterial, frecuencia cardíaca y saturación de oxígeno.
El balance hídrico y la diuresis también son importantes. Cualquier nuevo síntoma debe reevaluarse.
Un paciente inicialmente estable puede desarrollar deterioro en pocas horas.
La observación clínica repetida constituye una de las principales herramientas de seguridad.
Control analítico
El hemograma permite conocer la evolución del recuento de neutrófilos y otras líneas celulares.
También pueden controlarse función renal, hepática, electrolitos y marcadores inflamatorios según la situación.
La función renal resulta especialmente importante cuando se administran medicamentos potencialmente nefrotóxicos.
Los resultados deben interpretarse mediante tendencias.
La recuperación del recuento neutrofílico suele formar parte de los criterios considerados para modificar posteriormente el tratamiento.
Mucositis
La mucositis es frecuente durante algunos tratamientos quimioterápicos.
Puede producir dolor, dificultad para comer y lesiones que favorecen la entrada de microorganismos.
La cavidad oral debe revisarse cuidadosamente.
La higiene debe mantenerse mediante técnicas suaves.
El dolor necesita tratamiento adecuado para permitir la ingesta.
Las lesiones extensas pueden requerir soporte nutricional y aumentar el riesgo infeccioso.
Higiene oral
La higiene bucodental debe adaptarse al estado de las mucosas y del recuento plaquetario.
Se recomienda mantener la boca limpia evitando traumatismos. Los cepillos deben ser suaves.
La utilización de determinados productos debe seguir los protocolos de la unidad. Una higiene adecuada ayuda a disminuir la carga microbiana y mejora el confort. Las lesiones nuevas deben registrarse y comunicarse.
Piel y región perianal
La piel constituye otra posible puerta de entrada. Deben revisarse lesiones, heridas y zonas de presión.
La región perianal necesita una higiene cuidadosa, especialmente si existe diarrea. Las fisuras y lesiones pueden facilitar infecciones.
Debe evitarse cualquier procedimiento rectal innecesario.
El paciente debe recibir cuidados suaves que reduzcan la aparición de nuevas lesiones.
Prevención de infecciones
La higiene de manos constituye la medida preventiva fundamental.
Debe realizarse antes y después del contacto con el paciente y los dispositivos.
Los accesos vasculares requieren una manipulación estrictamente aséptica.
Las medidas de aislamiento dependen del microorganismo sospechado o confirmado y de los protocolos institucionales.
No todas las personas neutropénicas necesitan medidas de aislamiento extraordinarias más allá de una correcta prevención estándar.
Alimentación
La alimentación debe adaptarse a la tolerancia y estado de las mucosas.
Las dietas extremadamente restrictivas denominadas tradicionalmente neutropénicas no han demostrado un beneficio claro frente a unas prácticas adecuadas de seguridad alimentaria.
Debe priorizarse una alimentación segura y equilibrada.
Los alimentos deben manipularse correctamente y evitar productos con riesgo microbiológico elevado.
La nutrición debe mantenerse siempre que sea posible.
Hidratación
La fiebre, vómitos y disminución de ingesta pueden favorecer la deshidratación. Debe registrarse la ingesta y valorar la necesidad de fluidoterapia intravenosa.
En pacientes que reciben tratamientos nefrotóxicos o presentan sepsis, el balance adquiere especial importancia.
La reposición debe individualizarse.
La sobrecarga de volumen también puede ser perjudicial.
Dolor
El dolor puede relacionarse con mucositis, procedimientos, infecciones focales o la propia enfermedad.
Debe valorarse mediante escalas apropiadas para la edad. El tratamiento analgésico debe adaptarse a la intensidad.
Un dolor nuevo puede proporcionar una pista sobre la localización de una infección. La analgesia no debe sustituir la investigación de su causa.
Antitérmicos
Los antitérmicos pueden utilizarse para mejorar el confort, pero no deben retrasar la valoración.
La disminución de la temperatura después de administrar un antitérmico tampoco indica que la infección se haya resuelto.
Debe mantenerse la vigilancia clínica.
La familia debe comprender que la fiebre tiene una relevancia especial durante la neutropenia.
Persistencia de la fiebre
La fiebre puede persistir durante varios días pese al tratamiento inicial. Esto no implica automáticamente fracaso antibiótico.
Debe reevaluarse el estado clínico, resultados microbiológicos y posibles focos.
En pacientes de alto riesgo con neutropenia prolongada puede ser necesario considerar infección fúngica invasiva.
La decisión de ampliar estudios o tratamiento debe basarse en la evolución y factores de riesgo.
Infecciones fúngicas
Los hongos adquieren especial relevancia en pacientes con neutropenia profunda y prolongada.
Las infecciones invasivas pueden afectar pulmones y otros órganos.
La fiebre persistente sin causa identificada puede motivar estudios específicos.
En determinados pacientes se utiliza tratamiento antifúngico empírico o estrategias guiadas por pruebas diagnósticas.
La elección depende del perfil de riesgo y de la profilaxis recibida.
Ajuste de la antibioterapia
Cuando se identifica un microorganismo, el tratamiento debe ajustarse según sensibilidad y foco.
La reducción del espectro puede disminuir toxicidad y presión selectiva. También deben considerarse los resultados negativos y la evolución clínica.
La duración del tratamiento depende del tipo de infección, recuperación hematológica y estado del paciente.
El programa de optimización de antimicrobianos puede colaborar en estas decisiones.
Efectos adversos farmacológicos
Los antibióticos utilizados pueden producir reacciones alérgicas, nefrotoxicidad y otras complicaciones.
Debe vigilarse la aparición de exantema, dificultad respiratoria, alteraciones renales y diarrea.
La medicación concomitante puede aumentar determinadas toxicidades.
La función renal y hepática deben controlarse cuando el tratamiento utilizado lo requiere.
Alta hospitalaria
El alta depende de la evolución clínica, riesgo individual y protocolo aplicado. Debe existir estabilidad hemodinámica y ausencia de signos de infección grave.
En determinados pacientes también se considera la evolución del recuento neutrofílico.
Cuando se continúa tratamiento fuera del hospital deben quedar claramente establecidos dosis, horarios y seguimiento.
La familia debe disponer de acceso rápido a atención sanitaria en caso de empeoramiento.
Educación de la familia
La familia debe conocer la relevancia de la fiebre durante los periodos de neutropenia. Debe saber cuándo medir la temperatura y cuándo acudir al hospital.
No es recomendable esperar varias horas para comprobar si la fiebre desaparece espontáneamente cuando el paciente se encuentra en un periodo de riesgo.
También debe conocer las medidas básicas de higiene y cuidado de los accesos. La educación debe reforzarse antes de cada periodo de neutropenia esperada.
Signos de alarma
Además de fiebre, deben considerarse signos de alarma la dificultad respiratoria, decaimiento intenso, somnolencia, sangrado, dolor importante y disminución de la diuresis.
Los vómitos persistentes o la incapacidad para mantener hidratación también requieren valoración.
En los lactantes y niños pequeños puede ser especialmente importante observar cambios de comportamiento.
La familia debe disponer de instrucciones escritas claras y teléfonos de contacto.
Apoyo emocional
Los episodios repetidos de neutropenia febril pueden generar ansiedad tanto en el niño como en la familia.
La necesidad de acudir urgentemente al hospital ante cualquier fiebre puede condicionar la vida cotidiana.
Los profesionales deben explicar el motivo de estas recomendaciones y evitar mensajes contradictorios.
El apoyo psicológico puede resultar útil en pacientes con hospitalizaciones frecuentes. Mantener información clara ayuda a reducir la incertidumbre.
Papel de enfermería
Enfermería desempeña un papel central en la detección precoz del deterioro.
La toma de constantes, valoración de perfusión, vigilancia del catéter y observación de mucosas permiten identificar cambios relevantes.
También participa en la obtención de cultivos y administración precoz del tratamiento antibiótico.
La educación a la familia forma parte de los cuidados.
Un registro preciso permite conocer la evolución y facilitar las decisiones del equipo.
Conclusión
La neutropenia febril constituye una urgencia clínica en pediatría debido al riesgo de que una infección inicialmente poco sintomática evolucione rápidamente hacia sepsis y fallo orgánico.
La valoración debe realizarse de forma inmediata e incluir constantes vitales, perfusión, estado general, accesos vasculares y búsqueda de posibles focos infecciosos. La ausencia de signos inflamatorios llamativos no excluye una infección significativa.
La obtención de hemocultivos y otras muestras microbiológicas debe realizarse precozmente, pero nunca retrasar de forma innecesaria la administración del tratamiento antimicrobiano.
La estratificación del riesgo permite adaptar el nivel de vigilancia y decidir qué pacientes requieren hospitalización. Los niños clínicamente inestables, con neutropenia profunda o prolongada y aquellos con determinadas enfermedades de base necesitan una atención especialmente estrecha.
Durante el ingreso deben vigilarse accesos vasculares, mucosas, piel, hidratación y signos de deterioro. La persistencia de fiebre obliga a reevaluar la situación y considerar nuevas etiologías, incluida la infección fúngica invasiva en pacientes de riesgo.
La higiene de manos y la manipulación aséptica de los dispositivos constituyen medidas fundamentales de prevención. Las restricciones alimentarias excesivas no sustituyen unas buenas prácticas de seguridad alimentaria.
Finalmente, la educación de la familia resulta esencial. Reconocer la fiebre como un signo que requiere atención inmediata y conocer los síntomas de alarma permite reducir retrasos y complicaciones. El trabajo coordinado entre oncología o hematología pediátrica, Enfermería, microbiología, farmacia y cuidados intensivos garantiza una atención más segura durante estos episodios.
Bibliografía
- Lehrnbecher T, Robinson P, Fisher B, Alexander S, Ammann RA, Beauchemin M, et al. Guideline for the Management of Fever and Neutropenia in Pediatric Patients With Cancer and Hematopoietic Cell Transplantation Recipients: 2023 Update. J Clin Oncol. 2023;41(9):1774-1785. Disponible en: https:// pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/36689694/
- National Institute for Health and Care Excellence. Neutropenic sepsis: prevention and management in people with cancer. Clinical guideline CG151. London: NICE. Disponible en: https://www.nice.org.uk/guidance/cg151
- European Society for Paediatric Oncology. Supportive care guidelines in paediatric oncology. SIOPE. Disponible en: https://siope.eu/
- Freifeld AG, Bow EJ, Sepkowitz KA, Boeckh MJ, Ito JI, Mullen CA, et al. Clinical practice guideline for the use of antimicrobial agents in neutropenic patients with cancer. Clin Infect Dis. Disponible en: https:// pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/21258094/
- World Health Organization. Infection prevention and control. Geneva: WHO. Disponible en: https://www.who.int/health-topics/infection-preven tion-and-control
- Centers for Disease Control and Prevention. Preventing infections in cancer patients. Atlanta: CDC. Disponible en: https://www.cdc.gov/cancer/ preventinfections/



